SER TUYO
LIBRO 1º: Los 20 días perdidos.
Capítulo 14,
Una noche de Ciencias.
Servil parpadeó, y casi dejó caer la guitarra. Miró para todos lados. ¿Sería una
broma de Fred?
-No tonto, estoy aquí, en el tanque. Dijo la voz en su mente.
Observó a la chica- pez. Miraba directamente hacia él y sus ojos parecían más
vívidos.
El pececito tragó saliva y carraspeó.
-¿Puedes entender lo que digo?
La pescadilla evolucionó su cabeza de alto a bajo.
-¿Pero no puedes, hablar?
-No puedo hablar, sintió de nuevo en su cabeza, creo que no tengo... una dura
concentración se marcó en sus rasgos, él comprendió que analizaba a toda
velocidad sus pensamientos - cuerdas vocales.
-¿Puedes leer mi mente? La respuesta lo asustaba un poco.
-Algo, recién acabo de descubrir que puedo "escuchar" tus pensamientos y
emociones, dijo ella feliz. Pero no sé como lo he aprendido ni porqué, mi mente está... ...
confusa, concluyó.
-¿El otro día, cuando vine, sabías lo que pensaba? Ella movió su cabeza de
nuevo, aún le era más fácil asentir o negar de esta forma. ¿No tienes miedo? Ella sacudió
su cabeza de izquierda a derecha, dos veces.
-No te tengo miedo, le hizo saber, estaba turbada, pero me pareció... ... ha-la-
ga-dor.
-¿Cómo te llamas? Inquirió el pez agorilado.
-No lo sé... ¿Qué pone el tanque? Se agitó la pecezuela.
-"Marlasiuss Escarlatta". ¿Puedo llamarte "Marla"?
Yo soy "Servil", un placer conocerla señorita Marla.
¿Quieres nadar conmigo, Señor Servil?
El ayudante de Megamente acercó su cuerpo de gorila al estanque y sin dudarlo,
saltó dentro del acuario.
Durante unas horas, fue el más feliz de los peces parlantes o no parlantes,
nadando, "conversando" y jugueteando despreocupadamente, como nunca lo hiciera desde que
le asignaron su misión.
Fred pareció ver visiones.
-EH, bien por ti, chico pez, dijo alejándose al pasillo.
Pero media hora más tarde, volvía, con el semblante demudado y una fría luz de
determinación en los ojos.
-Oh, quisiera llevarte conmigo, le decía Servil a su enamorada de ojos azules,
conocerías a todos mis amigos.
-¡Nada de eso! Dijo Fred, sacando una pistola, ¡vete y no vuelvas!.
Servil, confundido y dolido, saltó rápido a su exoarmadura.
-¿Qué pasa Fred?, ¿Es algún tipo de broma?
El primer disparo casi rozó su tanque, el segundo le hizo una grieta, mientras
Servil intentaba escapar. Se ha vuelto loco, se dijo.
El tercer impacto, que le dio cerca de los anteriores, abrió un boquete y el
vital líquido comenzó a manar irreversiblemente de la cápsula.
Sujetándose el casco, no tuvo más remedio que escapar, no sin pensar hacia su
chica. "Volveré mañana, lo prometo"
La chica pez, parecía en estado de shock. Al menos a ella no le hará daño, un
pobre consuelo, pero es algo.
Cuando Servil llegó a la guarida, solo una nota esperaba por él.
"Te hemos esperado todo lo que pudimos, pero recuerda que esta noche son los
oscares científicos y por primera vez no voy a verlos encarcelado y en la tele.
Ponte una corbata y alcánzanos allá, MM"
Megamente estaba radiante. Estar allí, ya era un logro de tomo y lomo para él.
Toda la crema y nata de la ciencia metrociudadana estaba allí, y conversaba y se codeaba
con las eminencias que había estudiado en su niñez, en carne y hueso.
Edile también resplandecía. estaba tímidamente en un rincón, pero el hecho de
respirar el mismo aire que sus ídolos lo hacía sentir fabuloso.
Como todos los años, la parte mayor de los premios, se la llevó el eminente
profesor Von Manchester. A pesar de ello, lo aplaudían tibiamente, porque su frialdad
apagaba cualquier intento de efusión.
Pero cuando la jornada culminaba, el presentador indicó que aún faltaba un
galardón por entregar.
..." - Y este año, hacemos entrega de una "Mención Honrosa" especial, al genio
científico creador del rayo deshidratador de basura, nuestro nuevo paladín de la
justicia, que pone muy alto a la ciencia por sobre la fuerza bruta, estoy hablando de
MEGAMENTE"
-Los científicos reunidos aplaudieron calurosamente al chico. Es sabia nueva, se
decían entre ellos algunos.
El muchacho azul, subió a la tarima a recibir su galvano. Los flashes lo amaban.
Su guapa y delgada apostura, realzada con un traje color perla y una camisa índigo
oscuro, resaltaba divinamente contra el telón de pesado terciopelo granate oscuro.
-¡Muchas gracias! (Estaba emocionadísimo) No lo esperaba, son muy buenos
conmigo, yo sólo vine a ver la ceremonia, y me salen con esto...
Bajó de la tarima, y estaba mirando de lejos a su sonriente "Conejita", que
vestía un envolvente vestido de satén y lentejuelas azul eléctrico, cuando sintió un
fuerte pero disimulado pisotón.
Al darse la vuelta, los fotógrafos lo retrataron justo cuando se volvía, y quien
estaba detrás, era nada menos que la rubia Melissa, que lo abrazó para "felicitarlo"
por su premio. La chica parecía un pulpo, lo abrazó de la cintura y se volvió con él,
ante cuanta cámara quisiera retratarles.
Cuando volvió a mirar hacia Roxanne, esta ya no estaba ahí.
Bueno, no habría celebración esta noche, al parecer.
Edile lo abrazó.
-¡Muchas felicitaciones!, lo mereces.
-¿No viste a Roxanne? Preguntó el héroe, angustiado.
-Dijo que ya había terminado su reportaje y había visto suficiente, y se marchó.
Desolado, se marchó solo a la guarida, donde encontró a su fantástico pez. Este
se había cambiado la cápsula, muy dificultosamente, por sí solo, y estaba viendo las
últimas noticias del día.
-Señor, tengo algo importante que comunicarle.
-Ahora, no Servil, estoy muy cansado.
-¿Y la señorita Ritchie?
-No lo sé, se marchó a su departamento, tal vez.
-Debería dejar de coquetear con esa jovencita, Señor.
¡P-p-pe- ero si no he hecho nada!
-Síii, claro, dijo su pez, el diablo hablando de aureolas.
Megamente, desolado y abatido, marco varias veces en su móvil un número
telefónico, hasta que lo desconectaron de la línea:
"El número que Ud. marca, está temporalmente fuera del área de servicio"
Y de veinte mensajes de texto, ninguno recibió respuesta.
SER TUYO
LIBRO 1º: Los 20 días perdidos.
Capítulo 15,
Era día de gatas.
Era temprano en la mañana cuando comenzaron a acudir, su golpeteo molesto,
terminó asociándose en su mente a la lluvia, de manera que cuando al fin salió a ver que
querían, se asombró un poco de ver todo seco.
Nueve cerebots levitaban frente a su ventana, cada un portaba una bellísima rosa
azul y Un cartelito con una letra:
"P - E - R - D - O - N - A - M - E".
-Ah, les dijo la reportera, pasen a dejar su carga y se van de una vez por
todas...
Tenía los ojos hinchados y enrojecidos, el maquillista me regañará, se dijo a si
misma, algo divertida. La vida debía continuar. Recibió una llamada del Bioquímico.
-Roxanne, es imperativo que hablemos hoy, manifestó Edile.
-¿Quieres ayuda para conquistar a una psicóloga? Sabía que esto le haría
enrojecer hasta las orejas.
-¡N-n-o! ¡No se trata de eso! Es algo relacionado contigo y con Megamente...
dijo carraspeando el científico.
-Si has descubierto la forma en que podemos hacer el amor, sin que el cerebro
nos haga ¡PUMBA!, creo que es algo tarde para eso...
-¡ES ALGO MUCHO MAS SERIO! De verdad que tengo que hablarte.
-¡Bien! Almorcemos en Luigi's y me cuentas. ¿ok? Ahora tengo que irme a
trabajar.
Mientras tanto, en otro lugar, Servil miraba a su Amo, que pasaba de un estado
frenético en que daba vueltas con desesperación a todo el cuarto, a otro en que se quedaba
cariacontecido y apenas pellizcaba el desayuno.
-Alimente el cerebro, Señor, así podrá pensar con claridad, dijo su pez-gorila,
cansado de sus evoluciones dicotómicas.
-Roxanne... suspiró el héroe azul.
Aprovechando que se estaba quieto un rato, su ayudante aprovechó de contarle sus
propios problemas.
-Las dos cosas son rarísimas...
-¿No te parece extraño, que el mismo día que el pez puede comunicarse contigo,
al conserje le cambie la personalidad y decida meterte una bala?
Un misterio entre manos, había hecho que de momento olvidara su propia
tribulación.
-¡ Es verdad! ¿Estarán los dos hechos relacionados? Era una reacción muy
exagerada, aun creyendo que pensaba robarla, nuestro Fred habría dicho:
"Ey, amiguito, yo que tú no haría eso, además, no pensarás en poner al viejo
Fred en peligro de quedar de patitas en la calle", completó Megamente, imitando al
conserje.
Ambos sonrieron ante esta semblanza.
-Bien mi fantástico pez, hoy tengo que dar una clase de baile, pero apenas me
desocupe, iremos a investigar ese misterio. Por mientras, chequearemos las bases de datos
de la guarida a ver si podemos encontrar alguna información adicional.
Mientras el chico arándano examinaba la información disponible, el listín
telefónico de Metrociudad, y los mapas de la zona aledaña al acuario, buscando algo que
relacionara a Fred con el embrollo, su pez "navegaba" en la red.
Encontró algo de información sobre el "Marlasiuss scarlata", un pez raro por
escaso, pero sin nada especial que lo disociara de los otros peces.
Un individuo vivo de esta especie, puede llegar hasta los $3.000 dólares en una
subasta ilegal, ya que se trata de una especie en peligro de extinción.
Una foto algo borrosa, le arrancó un suspiro a los altoparlantes de su exotraje.
¿La robaría Fred para venderla? No era su estilo...
Mientras, en dos habitaciones de chicas, totalmente diferentes, ambas personajes
conocidos de Metrociudad, comenzaba una guerra de vanidad sin cuartel, con ambas
arreglándose con sus mejores ropas.
-"Voy a levantar esa pieza de caza de una buena vez, se decía una, mientras
cepillaba cuidadosamente su reluciente cabello, esta noche no escapará. Va a ser mío, si o
sí. Entonces veremos quien gobierna esta ciudad".
-"Vamos a demostrarle a esa chica quién es novio en verdad, aunque tenga que
darle un beso, verá cuánto vale la pena el famoso esmirriado ése", se decía la otra
mientras se arreglaba excitada, llevaba muchos años sin salir así vestida, era una persona
recatada y casera, pero si la ocasión lo ameritaba, se maquillaría y se pondría hermosa.
La reportera Nº 1 de Metrociudad, esperaba ansiosamente al dr. Watson.
Este llegó, al menos sin su delantal, que casi siempre olvidaba quitarse,
esbozando una sonrisa algo nerviosa.
Mientras comían, un fogonazo intempestivo y el ruido de una carrerilla
posterior, alertaron a Roxanne.
-¡Paparazzi!, advirtió, de seguro seremos portada de algún folletín de la prensa
rosa... Ya puedo imaginar los titulares:
-"La Ritchie parece haber olvidado a Megamente, y se consuela con modesto genio
científico"
"La Nº 1 de la prensa, supera el síndrome de Estocolmo, ¡Bien por ella!
Averiguamos en qué clínica privada se trató para recomendarla, hablan los expertos"
-¡Vaya! Que imaginación tienes... Con razón trabajas en esto, dijo admirado el
bioquímico.
-¡Solo llevo unos años en esto, pero no se necesita demasiada imaginación para
saber lo que escribirán esos cabezas de pollo!
Y no es broma, espera a mañana y verás... dijo la chica, en plan tenebroso, tu
foto en una portada, y no por un premio a la ciencia...
-¿Estoy muy despeinado? Manifestó Edile mirándose en el vidrio.
Esto último la hizo reír. Aunque se echara laca, el fino cabello castaño claro
de él, parecía cobrar vida propia y desmelenarse de su cola de caballo al desgaire, lo
que a alguna mujer debería parecerle encantador.
-Es bueno que estés de humor, dijo él, por lo que voy a decirte.
-¡Ya no le des más vueltas!, ¿Qué es? Me estás poniendo muy nerviosa...
¿Tengo cáncer? ¿Voy a morir? ¿A quedar estéril? Bromeaba, pero le producían
inquietud las últimas muestras de sangre que le tomara "el día de la cachetada".
-¡No seas dramática, muchacha!, no es ninguna de esas opciones, aunque no sé que
tal te venga esto, porque son condiciones muy excepcionales, pero debo decirte
que...
-¡Estás esperando un bebé!.
La cara de Roxanne enrojeció y luego palideció ostensiblemente.
Y a pesar de su torpeza, Edile tuvo el tiempo justo para rodear la mesa y
alcanzar a sujetarla, cuando todo le daba vueltas y se desmayaba.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Charlie estaba frente al espejo más grande de su departamento. Era una solitaria
que solía reflexionar y hacerse comentarios a sí misma frente al mismo, sin que por
ello le pareciera patológico.
-Recuérdame de una vez por todas porqué estás haciendo esto, se dijo, arreglando
el revelador escote de su vestido.
Por mí, por él, por Roxanne... se convenció.
La primera vez que él fue a verla, le arrancó un gritito al entrar de improviso
por la ventana y quedarse allí, flotando.
Entre encantador y desafiante, su cabello negro y brillante, sus dientes
perfectos y su sonrisa de dentífrico, pero un leve temblor en esta última le sugirió que solo
era un reflejo social, y que detrás de toda esa invulnerabilidad, había algo de
inseguridad.
-¿Tú? ¿para que necesitas una psicóloga tú?
-Quisiera conversar, doctora, si le molesta vuelvo otro día... mi padre me contó
que le ayudó a mamá con sus nervios...
-Está bien, conversemos, de todas formas es hora de almuerzo, no tengo pacientes
a esta hora, expresó, aceptando el desafío de atender a alguien que a pesar de sus
cortos años era toda una personalidad.
Le contó como desde pequeño soportó las altas expectativas de papá.
"Desde que naciste, tienes poderes, puedes volar, nada puede dañarte, no has
conseguido nada de eso con tu esfuerzo, ¿qué vas a hacer por ti mismo, por tus
propios logros, por tu esfuerzo personal?
Todas esas cosas le hacían reflexionar cómo llegar más allá. Los mejores
colegios moldearon su razón y conocimientos. Pero ya que tanto se le había dado al nacer,
nada parecía satisfacer a su padre.
"De seguro tú, puedes hacer algo mejor que eso", fue el elogio que recibió tras
cada premiación escolar, solo su madre, obediente y temerosa, se atrevía a abrazarlo
y decirle al oído: "Muy bien mi amor, lo has hecho bien, ambos te amamos".
Saber que era adoptado, a los quince años, solo empeoró las cosas. Empezó a amar
la música ruidosa, rockera y rebelde, buscando alguna reacción, aunque fuera
negativa, en la masa pétrea e impenetrable de su padre adoptivo.
"¡Apaga eso Wayne! Le suplicaba mamá. A mámá le duele mucho la cabeza".
Él sabía, por su superolfato que parte de este dolor no provenía de su música,
sino de las rencillas de pareja y de la licorera de ginebra, que descubriera cuando pequeño,
en el elegante y femenino secreter, donde ella solía encerrarse a escribir cartas
sociales a sus conocidas y amigas.
Incluso una vez escapó de casa. Recorrió el mundo en pocos días, volando a
ratos, bajando y pernoctando en ciudades pequeñas y aldeas. Descubriendo de a poco la
miseria y el dolor humano, la pobreza, la iniquidad, todo aquello que nunca
había conocido en el protegido reducto de la mansión familiar.
Finalmente volvió.
Lo cansó el constante monitoreo de la policía secreta de su padre.
"Eres nuestro hijo, le dijo su padre una vez, debes hacernos sentir orgullosos,
y por ningún motivo, hacer nada que empañe la imagen y el abolengo de la familia
Scott".
No necesitaba trabajar, pero intentó hacerlo con un nombre falso, sin el
auspicio familiar. Pero fracasó.
En un negocio de comida rápida, su desarrollado físico apenas cabía en la
cocina, los platos se trizaban si los apretaba con mucha fuerza, al tratar de apagar un
pequeño conato de incendio de un soplido, arrasó con las existencias. Y lo echaron a la
calle.
A pesar de todo lo que se pudiera creer, era duro ser él mismo.
Debía aprender Administración y manejos bursátiles si quería proseguir con la
tradición y preservar el patrimonio familiar.
Ahora, por lo que había visto en su viaje, deseaba algo más, ayudar al ciudadano
promedio, ser una especie de héroe.
En esa disyuntiva se encontraba, cuando fue a pedirle su consejo.
Charlie, a pesar suyo, se enjugó una lagrimita al terminar su relato.
-¡Oh, Metroboy! Y yo pensaba que tu vida era tan fácil.
Trató de confortarlo como pudo. Primero con palabras, pero sabía que tras ese
corpachón superdesarrollado, latía el corazón confundido de un niño de
diescisiete años.
Lo abrazó con ternura. El roce de sus pechos le provocó al jovencito una
reacción involuntaria.
- Lo siento, dijo, cohibido.
-No importa, dijo Char, no importa. Vuelve cuando quieras. O mejor, vuelve
cuando necesites hablar, pero a esta misma hora.
Y la necesitó cada quince días más o menos, y su consuelo y apoyo, más que de
una psicóloga, terminó convirtiéndose en el de "una amante secreta de alivio" porque
de su consulta, volvía a salir etéreo, confiado y deseoso de enfrentar la vida,
mientras ella se quedaba, algo triste, adolorida en más de una forma, pero feliz de ayudarle como
fuera...
Nunca ninguno de los dos se avergonzó de esta retorcida simbiosis, pero nunca
hablaron de ello, ni entre sí, ni a nadie, y sabían que era de un valor terapéutico, pero
nada más.
Si su padre se enteró, no dio muestras de ello. De seguro para el terrateniente,
era como para algunos patrones o jefes de empresa, como "acostarse con la empleada". Una
manera en que el chico se haría hombre, pero con la virtud de evitar el contagio
de alguna ETS, ya que era una mujercita limpia, de buena familia de clase media.
Un "te quiero" que nunca salió de la garganta de Charlie, se quedó allí para
siempre, amargando su existencia, endureciendo su crítica ácida, decepcionándola de
todos los hombres.
Siempre te interesas en el chico equivocado, Char, incluso cuando le envidiaste
al dulce Samuel a tu amiga Madeline. Pero Madeline terminó casi en el sanatorio, y ese
"Indiana Jones" que parecía de película estaba ahora varios metros bajo el césped del
Cementerio parque de Metrociudad...
Sentía como su deber personal salvar a Roxanne de enlazar su vida para siempre
al asesino de Wayne.
"Muerte Accidental", ¿que jurado se creería eso? Me lo debes, maldito arándano
azul, nunca fui su novia, pero lo amaba... dijo frotando su camafeo, y vas a pagar
por esto, ¡Aunque la justicia te haya absuelto, yo no seré tan benevolente, no voy a
perdonártelo, nunca, nunca!
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Nuestro héroe azul se apresentó en la Academia de baile Shuster, vestido como un
figurín, con una camisa blanca entreabierta, un gilette gris plata que ceñía su
privilegiada cintura y un pantalón al tono.
Si bien se sentía cómodo siendo el foco de las miradas, el elevado número de
mujeres de diversa edad que le esperaba, le hizo sentir algo asustado y tuvo que darse
valor para dar lo mejor de sí.
-Pocos chicos se atreven en esta pista de baile, le codeó otro instructor, esas
fieras están dispuestas a devorarlos con todo y zapatos.
-Ven chico, dijo llamando a su ayudante, un poco de apoyo no nos vendría mal
aquí...
Servil se acercó tímidamente.
Entre las damas que esperaban por una lección, dos figuras conocidísimas
destacaban en la primera fila. Melissa Payne, con un ajustado vestido de color rosa y encaje
negro, y la Dra. Strongbold, con un escotadísimo vestido rojo que dejaba muy poco a la
imaginación.
Tras varios bailes, tuvieron a nuestro héroe a tiro de piedra, y cuando Charlie
casi alcanzaba a coger la muñeca de Megamente para solicitarle la siguiente pieza, un
doloroso codazo en el estómago, la hizo perder el aliento y retroceder muy a
pesar suyo.
Melissa se aferró al chico color arándano con uñas y dientes, nadie iba a
quitarle ese privilegio, sobre todo después que vio que varios fotógrafos, enfocaban sus
lentes curiosos hacia ellos.
Una luz cenital de color oro los alumbraba primorosamente cuando, a una pregunta
de los ejecutantes de la orquesta, solicitó un tango. Nuestro chico adoraba bailar
cuanta música hechizara sus pies, pero se sintió algo incómodo al tener que tomar entre
sus brazos a la hermosa, pero venenosa muchacha.
Muy a su pesar, se fue entusiasmando a medida que "la Cumparsita" elevaba sus
revoluciones, mientras, su fantástico pez, se enredaba en la cola del vestido de
Charlie, y maniobraba lo mejor que podía, considerando que el enorme cuerpo que movía no
era en verdad el suyo.
Roxanne y Edile, que no habían logrado ser admitidos, debido a que el ballroom
estaba lleno, atisbaban desde una ventana.
La primera había venido con la intención de enterrar el hacha de guerra y volver
a los brazos del presunto padre de su hijito o hijita. El segundo, había venido con
intención de acompañar a la reportera, pero quedó extasiado al ver "la pinta" de Charlize.
En el clímax de la canción, la calculadora Melissa, envolvió la escena con una
visión estroboscópica, la gente mirando y vitoreando, los camarógrafos y fotógrafos
apuntándolos, y con gran placer, pudo ver la cara de Roxanne asomada en un
rincón.
Ahora es el momento, se dijo, y cuando Megamente se encontraba concentrado en la
figura final y debía reclinarla hacia el piso con suavidad, lo agarró firmemente
de la cabeza y le plantó un señor beso, con toda la boca.
En pocos segundos, el panorama cambió. Roxanne se marchó, seguida del
científico, mientras la gente aplaudía y vitoreaba.
El chico arándano se separó bruscamente de su bailarina y al ver a su amada irse
herida y enojada, le espetó:
-Eso no está permitido en este salón señorita, nada de besar al profesor...
Un quejido de desilusión entre las damas, surcó el aire.
¡Roxanne! Suspiró para sus adentros. Enrabiado con la muchachita imposible, la
cogió de la muñeca.
-Pero bien, ma cheriè, si tanto deseas saber lo que hay bajo la capa del héroe,
y ser mi prometida oficial, entonces, supongo que es momento de formalizar lo nuestro, y
pasar la noche juntos en mi Guarida del mal...
-¡Nooo! Dijo la horrorizada Melissa, suéltame...
-Pensé que ese era tu sueño, expresó malignamente Megamente, esperando rescatar
su mejor cara de villano para espantar a su acosadora.
-Aghh... qué asco, no quiero dormir contigo, sólo déjame ir...
-Creí que estabas ansiosa por ocupar el lugar de Roxanne Ritchie en mi cámara de
torturas, la sonrisa cruel y maliciosa del joven azulado no dejaba lugar a
dudas... Ya sabes, ella adoraba las armas láser, las macanas de pinchos, las pirañas...
-Y el foso de cocodrilos, señor, no olvide el foso de hambrientos cocodrilos,
agregó Servil, sonriendo.
-¿Co- co-cocodrilos? El rostro de Melissa estaba grisáceo y descompuesto.
-Sin contar el Rayo Mortal Satelital, el que masacró a Metroman.
-Quedó apenas su esqueleto seco, Señorita Payne, es un arma poderosísima, dijo
el pez gorila.
Melissa mordió el brazo de Megamente, y escapó de estampida. Los flashes se
dispararon y la siguieron mientras tropezaba en su huida.
El chico azul suspiró aliviado.
-Un problema menos, Servil, ahora vendrá lo difícil, reconquistar a mi dama.
-Y salvar a la mía, Señor.
-Claro, mi fantástico pez, había olvidado que tenías novia, dijo codeando a su
ayudante.
Se dirigieron a la guarida, raudos, sin darse cuenta que un taxi les seguía los
pasos.
Empezaron los preparativos para dirigirse al Acuario, Servil fue por algunos
implementos y Su Señor se quedó indagando en las computadoras.
Sintió un ruido tras de él, en la semipenumbra, y habló sin volverse
-Ja, ¿Ya terminaste con eso? Sí que te apura ver a tu pececita, no, pez
travieso? Yo creo que...
Se interrumpió bruscamente. Un brazo enroscado en su cuello le atenazaba la
garganta, y el frío cañón de una pistola se alojó en su occipital izquierdo.
-Ahora vas a saber lo que es bueno, Megamente, ya has hecho demasiado daño,
prepárate a conocer a los angelitos...
Le dijo una voz llena de odio, que le congeló la sangre...
Servil, asomado desde un rincón, veía todo asustadísimo, no se atrevió a
intervenir, por poner nervioso al atacante y que a éste se le disparaba la pistola.
Sin pensarlo, se alejó un poco y mandó un mensaje de texto a Roxanne.
"Señorita Ritchie, por favor, ayuda, el amo está en grave peligro, Servil".
"¿Peligro de qué? ¿De ser devorado por una arpía rubia? RR".
"Asesina con pistola lo tiene de rehén, Servil".
"Voy enseguida, no hagas nada alocado, RR".
La chica reportera, guió a Edile por la entrada secreta.
Se acercaban sigilosamente, cuando escuchó una voz familiar.
"...Así que, nunca podría haberle dicho a mi mejor amiga que era amante de su
novio, le habría hecho mucho daño.
Y luego llegas tú y lo pulverizas, y pides perdón, y nada, como si nada hubiera
pasado. ¿Quién te crees que eres? ¿Crees que puedes ir matando gente por ahí
impunemente?
Pero ahora, vamos a hacer hablar la justicia, cariño, ¿creíste que te ibas a
escapar, no?".
Roxanne se espantó de todo esto, pero no tenía tiempo que perder.
Retrocedió un poco por el pasillo, y sacando su teléfono móvil, envió un
mensaje, esperando que aún funcionara la señal.
Al recibir la respuesta, salió afuera y Edile, en la oscuridad, alelado, la vio
volver cinco minutos después, con un papel.
-¿Y eso?, le dijo en un susurro.
-Shhhsss, no puedo explicarte demasiado, pero espero que esto baste.
-¡Charlie! Gritó Roxanne, entrando de improviso en la oscurecida estancia.
Los ojos de su amiga estaban fríos y opacos, tenían un brillo inusual.
-Ya es tarde, dijo con voz enronquecida. Voy a librar al mundo de este mal
bicho. Voy a vengar a Wayne y a salvarte de este malnacido...
-No voy a intervenir con la justicia, dijo la chica "Conejita", conciliadora.
Los ojos de su amante la miraron confundidos y dolidos.
-Pero solo voy a pedirte un último favor, como amiga.
Por favor, lee esta nota, y después de leerla, puedes hacer lo que quieras.
-Si es solo eso... Pero no intentes nada extraño, dijo Char, desconfiada,
recibiendo la misiva.
Era un papel curioso. El texto, en vez de estar escrito, impreso o grabado,
parecía calado y quemado en el papel, como si un finísimo láser caliente lo hubiera prepicado,
y decía así:
"Charlize, estoy con vida, nadie me ha matado. Fingí mi muerte para empezar de
nuevo. Te recomiendo hacer lo mismo, es lo máximo. W.S."
A Char se le doblaron las rodillas y la pistola se le cayó de las manos.
-¡Miserable! Dijo sollozando... C-c-co-omo p-pu-pudo hacerme esto, dejarme llo-
llorar asíii por éeel...
Soltó a Megamente, avergonzada, e inmediatamente se desmayó.
-¿Charlie, Char? Dijo Roxanne, arrodillándose junto a ella. ¡Algo le pasa a
Char!, gimió.
-No vas a denunciar a mi amiga a la policía, ¿No? Le preguntó al chico azul,
desafiante.
Edile, médico y científico ante todo, se arrodilló y levantó a la psicóloga,
poniéndola en un mesón. Le tomó el pulso, le chequeó la pupila, y midió la presión en la
carótida. Miró su reloj.
-¡Está inconsciente y drogada! Concluyó. Le bajó el vestido buscando alguna
marca de pinchazo.
-¡Fuiiiu!, se le escapó a Megamente, mínimo un 44C, dijo, echando un vistazo
furtivo al sostén de color rosa de la chica y guiñándole el ojo a Edile, quien se puso
como un tomate.
-¡Señor! Dijo escandalizado Servil, sacando la voz, recién después que había
sido conjurado el peligro. Había tenido tanto miedo por su amo, que casi se había
paralizado.
-¿Qué haces?, dijo Roxanne, amostazada.
-Busco alguna herida pequeña o señal de inyección, se disculpó el chico de
ciencias, nerviosísimo.
Finalmente, encontró una marca reciente en la nuca, en el nacimiento del
cabello.
-Es raro, dijo, ¡Esto no se lo hizo ella misma! Es prácticamente imposible
autoinyectarse así.
Necesitaré algunas cosas de tu laboratorio, Megamente, necesitaremos analizar su
sangre.
El resultado tentativo fue una droga compuesta muy peligrosa, mezcla de droga de
la verdad, supresora de voluntad y un hipnótico poderosísimo.
Al levantarla un poco para acomodar su cabeza con un cojín, una pequeña tarjeta
cayó de su brassière...
"Esto ha sido apenas el primer asalto, alienígena infecto, C."
Roxanne se sujetó protectoramente el vientre en un gesto involuntario, mientras,
un escalofrío premonitorio recorrió a todos los presentes.
SER TUYO
LIBRO 1º: Los 20 días perdidos.
Capítulo 16,
Juego de Escondidillas.
Edile se encontraba genuinamente preocupado. Una fiebre altísima sacudía en
tersianas el cuerpo de la dra. Strongbold.
-¡Ah, no! ¡Esto es demasiado! Gimió. Lo que le inyectaron estaba contaminado con
una toxina, al parecer quien le hizo esto, sólo esperaba que hiciera su trabajo... y
muriera, terminó diciendo desalentado.
La fiebre es la reacción de su cuerpo para liberarse de la toxina, pero puede
que así como así, no lo logre, lo siento Roxanne.
La reportera se encontraba al lado de su amiga, que se veía empequeñecida e
insignificante entre las negras sábanas de raso de la cama de su hombre. Sus
ojos preguntaron antes que sus labios.
-¿Y qué podemos hacer?.Supongo que trasladarla a un hospital solo empeoraría las
cosas...
Megamente y Servil, sintiéndose algo inútiles, habían dejado el cuarto y volvían
con algo de café y tostadas para todos. Llevaban varias horas en vela, y el
cansancio y la desesperanza, empezaban a hacer presa en todos ellos.
-Sólo sé un poco de medicina por lo que he aprendido de manuales, Internet y la
televisión, expresó tímidamente el chico-pez, pero creo que lo que se debe hacer
en estos casos, es limpiar la sangre, ¿No, Sr. Watson?
-Es cierto, pero lo guardaba como último recurso. Veamos, tenemos aquí, dos
extraterrestes, y Roxanne, que es receptor universal, sólo nos deja como
alternativa, yo que soy donante Universal, no es lo óptimo, pero es lo más parecido a su sangre
que encontraremos por el momento.
Además, la transfusión va a debilitarme y no estaré en óptimas condiciones si
ocurre algo grave, concluyó seriamente.
Pero es mejor intentarlo. Llévame al laboratorio, Servil, vamos a buscar los
implementos necesarios.
Megamente y su chica, se quedaron solos con la desdichada psicóloga.
-Roxanne, dijo algo tímido, quisiera que aclararamos nuestros malentendidos...
-No es el momento, dijo ella, tensa.
-Pero yo no hice nada, esa chica me perseguía a todos lados... pero le di una
buena lección, dijo recordando lo ocurrido y esbozando una sonrisa. Tras lo cual le
narró todo el incidente.
La reportera cogió su fina y delicada mano azul. Este la apretó con fuerza.
"Te quiero, te apoyo, estoy aquí para ti" era el mensaje que con este gesto y
sus ojos deseaba transmitirle.
¿Era este el momento de comunicarle la noticia? Dudo unos minutos, y el
instante pasó.
-¡Llegamos! ¿Eh, interrumpo algo? El científico se rascó la cabeza, incómodo, si
quieren vuelvo en cinco minutos...
Roxanne miró a su doliente amiga.
-No, Edile, ¡Hazlo pronto!
El doctor conectó el aparato de transfusión entre él y Char. Servil se
encargaría del monitoreo. La sangre contaminada sería vaciada en parte en un cubo de plástico.
-¿Quién diría que mi lujoso dormitorio se convertiría en una enfermería?
-Si te preocupan tus sábanas, yo puedo lavarlas, se ofreció la "chica curiosa".
-Preferiría, que empezaramos por bañarnos mutuamente, cheriè... le confidenció
en voz grave su amante alienígena.
-¡Eh, Uds. Dos! Les advirtió Edile, ¿No se cansan de contar sus monedas delante
del pobre?
Todos rieron nerviosamente. Sólo querían que todo saliera bien.
El científico empalidecía a ojos vistas.
-¿Es suficiente, Señor? Preguntó el pez-gorila-enfermero.
-Aún, no, espera un poco más.
Cinco minutos después, se encontraba al borde del desmayo, pero se encontraba
dispuesto a no cejar.
-Señor, este nivel de desangramiento sería peligroso hasta para Metroman, voy a
desconectarlo...
Servil retiró el aparato y detuvo la hemorragia del científico.
-¡Cielos, se desmayó! Dijo alelado el ET azulado.
Charlie, al contrario, recuperaba poco a poco el color. Algunas ideas nebulosas
rondaban su mente. El sol sobre su cabeza, el aire en su cabello, mientras hacía
el amor entre las nubes... Como había reído esa vez... No puedo creerlo, ¿soy el único
ser humano que ha vivido esto?
-Tú y la gente en el baño de los aviones, se había reído él, con su magnífica
dentadura y sus ojos azul metalizado.
Pero en el ahora... Su mano se movió inquieta para arrancarse el camafeo del
cuello y no lo encontró.
-¿Buscas esto? Roxanne le mostró su relicario, suspendido a pocos centímetros de
su rostro.
La cara de su amiga se veía algo borrosa todavía, pero se veía algo extraña,
pálida, ojerosa, llorosa, ¿Qué había pasado?.
Charlie cogió el camafeo entre sus dedos y lo arrojó lejos.
-¡Bota esa porquería!, dijo haciendo una mueca.
Lo segundo que percibió es que estaba acostada. Lo tercero, no tenía idea donde
demonios estaba. Lo cuarto... que Edile estaba recostado a su lado, durmiendo o
incosciente.
-¿Qué está pasando aquí? La cabeza le dolía
-Alguien te drogó, dijo con lentitud y mucha calma, su amiga- paciente. Estás en
la Guarida de Megamente, porque te trajimos aquí para que Edile te desintoxicara.
Eso explicaba algunas cosas. Tal vez una autohipnosis le ayudara a recordar todo
lo acontecido, pero no estaba segura de querer recordar...
-Sólo recuerdo haberme puesto este vestido para ir a las clases de baile, y nada
más...dijo, avergonzada de lo fuera de lugar que se veía con esa ropa.
-Baila Ud, divinamente el tango, le dijo amablemente Servil.
-Pero yo nunca he bailado tango, se maravilló Char.
Roxanne la envolvió en la bata blanca de su hombre, y Servil le trajo una
bandeja con algo de jugo, té y unas sencillas tostadas.
-¿Y a éste, que le pasa?
-Solo cansancio, nada más, dijo Edile, incorporándose y reacomodando sus lentes,
disculpe el atrevimiento de tenderme a su lado Srta. Strongbold.
Los cerebots trajeron una bandeja para el hombre de ciencias.
-¿No se ven muy lindos en mi cama? Dijo pícaramente el héroe azul. Parecen
recién casados en la mañana después de la boda.
Roxanne y el fantástico pez, reían a carcajadas, con alivio.
Doctor y psicóloga enrojecieron hasta la raíz del cabello, separándose lo que
más les permitía la monumental cama del ex villano.
-Eh, bueno, muchas gracias, doctor Watson, disculpe si el otro día fui muy dura
con Ud. Yo... creo que empiezo a cambiar mi perspectiva de las cosas.
-¡Y tú!, le dijo al héroe azul, quien se sobresaltó al recordar a "la Charlie"
de la noche pasada, cuida bien a mi muchacha...
El bipper de Roxanne y su celular comenzaron a sonar enloquecidos.
-¡Caramba! Me necesitan el en trabajo, chicos, voy a abusar de Uds., me daré una
ducha relámpago y en cinco minutos debo partir a hacer un reporte...
-Servil, te ves agotado, descansa un poco, mientras yo reparto a toda esta gente
por la ciudad, se ofreció el jefe, afectuosamente.
Cuando el fantástico pez quedó sólo, no pudo pegar un ojo. Se encontraba
sobreexitado en demasía. Resignado, tomó el control remoto y puso las noticias de la mañana.
El zapping lo llevaba sin ton ni son de un noticiero a otro, cuando vio una cara
familiar que lo hizo retroceder de canal
¡Sí! Ahí estaba la señorita Payne, con la cara aún descompuesta a pesar del kilo
de maquillaje que habían puesto sobre ella.
Servil, todo el tiempo amable, se rió un poco. La chica lo merecía por hacerle
daño al Amo. Subió el volumen.
-... Y en otras noticias, un curioso robo ha afectado esta mañana al Acuario de
Metrociudad, un pez exótico, conocido como "Marlasus Escarlatia", digo,
"Marlasiuss Scarlatta", ha sido robado de su tanque, presumiblemente durante la noche.
...Este espécimen pertenecía al a la nueva muestra de peces tropicales,
recientemente montada para renovar el interés del público en las especies marinas que...
Los oídos le zumbaron y perdió la motricidad de su exocuerpo. Habría caído
redondo al suelo, de no ser por tres Cerebots, que casualmente merodeaban por allí y lo
sostuvieron.
-¡Qué excelente laboratorio tienes allá! le dijo el científico al ex villano.
-No es nada comparado con éste, dijo Megamente, para devolver el cumplido.
Recorrió las instalaciones de un lado a otro, metiendo su elongada naricita en
cuanto frasco, preparado y aparato se ofrecía a sus ojos.
Una etiqueta le llamó la atención.
-Esta muestra... ¿Es de Roxanne?, se volvió a mirar a Edile.
-Eh, sí, unos exámenes de rutina, tú sabes, muestra de orina, de sangre, un
chequeo médico vulgar y corriente.
Ah, dijo para cambiar de tema, fuiste muy amable con la Dra. Strongbold, al no
decirle como había tratado de matarte anoche...
-¿Para qué? Además tú no lo hiciste nada de mal, al no contarle que le salvaste
la vida, eres admirable.
Al compartir estos secretitos y sonreírse uno al otro se dieron cuenta de que ya
eran amigos.
-Bueno, debo marcharme, si alguna vez necesitas que te salven el pellejo...
-Y si tú necesitas dos brazos extras en tu labo... Agregó Edile, estrechando con
su mano, algo quemada por los químicos, la enguantada y fina mano del héroe.
Al volver a la Guarida, la encontró vacía y desolada. A pesar de que Servil
solía salir de compras a menudo, le dio mala espina.
De vuelta en su departamento, Roxanne podía hacer un orden metal.
Así que Char había tenido un romance secreto con Wayne. Para ella no era
doloroso el hecho en sí, sino, tal vez, el que se lo haya ocultado, pero había motivos para
ello.
Ahora lo importante para ella era cimentar su nueva relación, pero las cosas
habían variado algo de perspectiva, en las últimas cuarenta y ocho horas. Ahora había
un tercero, alguien que podía ser más importante que su alienígena azul y ella
misma.
¿Cómo sería su bebé? ¿Tendría esas adorables orejas? ¿Tendría cabello? ¿ojos
azules o verdes? ¿Tendría... la piel azul?
Esta última inquietud la preocupaba un poco. Una criatura tan fácilmente
identificable, podía tanto ser amada como ser el blanco de bromas crueles o del plagio de algún
enemigo psicopático.
Acarició su vientre con ternura, sabía que era tan pequeño que aún no podía
percibir esto, pero sabía que si pensaba en él con amor y pensamientos positivos, podría
influir en su buen desarrollo.
No importa como seas, te amaré mi bebé, te amaré con la misma locura que he
amado a tu padre, desde siempre, y que nunca se lo he dicho.
Puso la radio y una sorprendente canción se escuchaba pro el altavoz:
"Mira niñita, te voy a llevar a ver la luna brillando en el mar,
Sube hasta el cielo y olvida es lánguido temor que fue permanente emoción...
Ah, fue permanente emoción..."
(Letra y Música, "los Jaivas")
Papá, pensó, Samuel solía cantarme esa canción, por la conexión que produjo con
su padre, de alguna manera sintió que su bebé podría ser una dulce niñita.
Una chiquita que correría a la siga de su papá y lo abrazaría de la pierna,
mirándolo con ojos arrobados, de la misma forma que lo había hecho ella y muchas, muchas
niñitas del mundo...
Debo decírselo. Se dijo, ¿Pero como reaccionará él? Se imaginó que Megamente
reaccionaba con excesiva alegría y hacía que toda la ciudad se enterara. O con
demasiado celo, y la encerraba encadenada en la guarida hasta el nacimiento del
bebé.
Cielos, tal vez sea mejor esperar un poco. Si se parece a mí, al menos no
correrá peligro.
De todas, maneras, se sorprendió ansiosa por verlo nuevamente. Es natural, se
dijo, también influye el "Síndrome de abstinencia".
Sacó su móvil y tipeó:
-¿Almorzamos en Luigui's? RR.
-Condición: Que mi reportera favorita sea el postre MM.
-A mi también me apetecen los arándanos tiernos RR.
-Apenas puedo esperar a la una de la tarde. Lol. MM.
-No te preocupes, voy a hacer que la espera valga la pena RR.
-¿Es esa una promesa de honor? ¡Espero se cumpla! MM.
La chica reportera sonrió. Si no juntaba el suficiente valor para contarle del
"pequeño secreto", de todas maneras se auguraba un rato agradable.
Estaba esperando en la mesa habitual, cuando un hombre se acercó a su mesa, y
Roxanne dio un respingo. Aún quedaba algo de cabello en su aristocrática cabeza
bronceada, y su cuerpo fino y delgado, pulcramente vestido, le hacían ver aún
más esbelto de lo que era.
Unos ardientes ojos verdes y un monóculo con cadena dorada, dominaban el rostro
donde un bigote negro y una perilla se enseñoreaban de la parte inferior.
El hombre señaló su reloj.
-Es el perfil de un viejo amigo, dijo guiñándole el ojo. Me debe algunos
favores, así que no le molestará que me apersone como él algunas veces. El lugar está hasta las
masas de reporteros y paparazzis, dijo, disimulando un gesto alrededor de ellos.
-Oh, dijo Roxanne, ya veo, me vigilan para ver si me hago harakiri por haber
perdido al héroe de Metrociudad... pero porqué tenías que elegir justo el aspecto de...
-¡Conde Ennio Capitalino! Dijo Melissa, tendiéndole la mano para que la besara.
Pensé que se encontraba en Europa. ¿Puedo...?
-Oh, no, dijo Roxanne, me temo que "No puedes", cariño, esta es una cita
romántica y no queremos interrupciones.
El conde confirmó esta aseveración mirándola intensamente.
La rubia se alejó echando pestes.
-¿De dónde conoces al Conde? Dijo interesada y divertida.
Mientras almorzaban, el chico azulado se remontó a su adolescencia, cuando tenía
un pequeño taller de reparaciones milagrosas, y apostó con el Conde que podía
arreglar su Lambourghini favorito en tres horas.
Fue Ennio quien notó el parecido, y me dijo que si alguna vez quería ser bien
recibido, no tenía problema en que me disfrazara de él. Claro, en ese tiempo aún no había
inventado esta preciosidad, dijo, mirando con ternura al aparato en su muñeca.
-Hablando de preciosidad... te ves muy linda, ma cheriè... expresó mirándola con
ojos radiantes... Su chica vestía un primoroso vestido blanco, estilo Marylin.
-Yo... me averguenza decirlo, pero creo que puedo pasarme sin postre ni café,
dijo ella, mirándole con ojos lánguidos.
Pagaron la cuenta y al salir, abordaron el rojísimo Lamburghini del "Signore"
Capitalino.
-¿Qué te parece esta monada? Dijo el chico azul, feliz, señalando el nuevo
dispositivo de "disfraz" de su coche. Un caballero no es nadie sin su montura.
-Oh, y ahora ¿Todo el mundo verá el Lambo rojo de Ennio Capitalino frente a mi
edificio?
-Tengo otra idea en mente, cariño, expresó el Conde...
El rugiente auto deportivo se detuvo a las puertas del mejor Motel de Metrociudad.
Un lugar tan discreto que solo al hacer sonar el claxon de manera especial, un
estacionamiento subterráneo los acogió, sin preguntas.
La habitación dejó a la muchacha sin aliento. Un bello cuarto con luminosos
ventanales de visión unilateral, con molduras barrocas, una cama con dosel de tules y
sedas... Un bellísimo quilt bordado a mano con aves y flores, sábanas de algodón egipcio...
pero lo más maravilloso, era el hombre azul que la contemplaba sonriendo.
Lo abrazó con ternura.
-Te extrañé, musitó en su oído.
El comenzó a besarla como si no hubiera mañana, como si el fuego que los
consumía fuera a apagarse en vez de avivarse con sus caricias.
La fue desnudando poco a poco, besándola por todas partes...
Ella también lo besaba con deleite, recorría esa etérea piel sedosa, con
cariños, con besos, con mordisquitos, mientras sus dedos bajaban deslizándose colina abajo
por su terso vientre... y anidaban en la parte baja de su pantalón.
Desnudos y algo jadeantes, se metieron entre las frescas sábanas con un
escalofrío, pero el calor reconcentrado de sus cuerpos pudo más y siguieron jugando hasta que se
desearon tanto, que prolongar estas caricias previas, era a la vez, delicia y
tortura.
El chico azul se encontraba arriba de su nena, cosquilleándole con su
masculinidad, mientras sus manos acariciaban su espalda, y su boca rozaba deleitosamente sus
pechos.
-Creo que voy a morir...dijo la chica reportera, ¿Va Ud. a atravesarme con su
espada, señor?
-Sin misericordia, pequeña aldeana!, replicó él, jadeante, mientras entraba en
ella de lleno, enseñoreándose de toda su cavidad interior, mientras ambos suspiraban de
alivio.
La cadera de Roxanne se encontraba tan frenética, que a pesar de encontrarse
debajo no podía reprimir los espasmos de placer que le causaba su amante y colaboraba
proactivamente del vaivén amatorio.
Ambos terminaron al unísono, y se abrazaron con ternura al acabar de satisfacer
tanto deseo reconcentrado.
-Una pequeña siesta no me vendría mal, dijo el diablillo azul, bebiendo agua
mineral de una jarra que había sobre la mesilla.
-Apoyo la moción, acotó ella.
Dos horas más tarde, tomaban un delicioso baño en el Jacuzzi. Las cosquilleantes
burbujas cubrían y lamían sus cuerpos de manera deliciosa, de forma que les
costaba bastante no reiniciar sus contoneos eróticos.
Finalmente se rindieron ante las presiones del infame bañadero.
El diablillo puso a su chica encuclillada sobre sus piernas. Aún le maravillaba
la belleza y suavidad de su piel, la sedosidad de sus senos cuando los apegaba contra su
azulado torso desnudo. Con sus manos podía acariciar su espalda, la suave colina que
bajaba hasta su cintura y la contudente curva que bajaba desde allí, pellizcándole a su
sabor.
Ella comenzó a manipular algo, como jugando, y lo fue deslizando poco a poco en
el divertido tobogán que para estos usos le había dado la naturaleza.
Luego comenzó a saltar como una conejita, hundiéndose y soltando, una y otra
vez, sintiéndose atrapada, ensartada, envainada, capturada...
Más que por el objeto mismo, por el placer que le producía el roce en su
interior, la forma en que se sumergía hasta lo más profundo de su ser, y la embargaba de
estremecimientos al rozar el fondo, mientras el la forzaba a hundirse más y más,
sujetándola de sus caderas rotundas...
Ambos se mordieron los dedos, mientras emitían algunos grititos y suspiros al
concluir su ayuntamiento...
