SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 09,
Gala de la Rosa y la Perla.
Todo el que era o se creía algo en Metrocity se había reunido para el Evento Anual de Caridad. Si alguien quería hartarse de chisme, bastaba con que se paseara por el mesón de Prensa.
Entre las noticias que circulaban se rumoreaban varias cosas, como la extraña desaparición de una conocida reportera, la repentina torpeza de otra avezada, quién se estaba volviendo algo enfermiza y alicaída… Pero que asistiría a la Ceremonia acompañada de nada menos que de su mejor amigo, el héroe de la ciudad. La aparición de Musicman junto a una despampanante morena que al parecer era una supervillana reformada, les dio bastante comidilla por un rato. También esperaban la anunciada aparición de la princesa blunariana, Killariann.
-¡Allí está! Señaló un gordito que hace rato asaltaba la elegante mesa de bocadillos.
Killariann llevaba un hermoso vestido drapeado rosa, bordado de perlas. Miró a un lado y otro. Al parecer Lexterionn aún no llegaba. Se sentó en una mesa a comentar con Derivann lo que veía.
Megamente y Roxanne llegaron poco después. La reportera estaba algo pálida, ojerosa y parecía necesitar el apoyo del héroe para sostenerse. Aún no hablaban, pero debían poner su mejor cara para los fotógrafos… Ella llevaba un vestido negro, de corte oriental, con rosas bordadas.
-¿No te sientes bien, cheriè?
-Horrible, pero no voy a darles el gusto a esas pirañas… ¡Perdón Servil!
-No es necesario que se disculpe, Srta. Ritchie, dijo el belugaciano, cuyo único arreglo en su gorilesca exoarmadura era un cuello y una corbata de moño.
-Oh… dijo Roxanne empalideciendo… ¡Ahí está tu prometida, "Lexterionn"! Dijo remedando la satinada voz de la princesita.
-No me gusta demasiado ese nombre, realmente prefiero Megamente.
-Aunque Lexie suena adorable, me recuerda a un vllano del cómic… dijo ella.
-Hmmm… vaya, es como si Lex Luthor hubiera conquistado a Luisa Lane y hubiera dejado a Superman sin pan ni pedazo… Rió el héroe azul.
Pero Lex Luthor nunca embarazó a la reportera, se dijo con pesar la "Conejita".
-Princesa Killariann, Roxanne Ritchie, Roxanne, la princesa Killarian de Blunaria, dijo Megamente, haciendo la presentación de rigor.
Ambas contendoras se dieron la mano y midieron miradas por un segundo.
Si tan sólo supieras, muchachita, se comentó a sí misma Roxie.
Parece insignificante, pero peligrosa, fue la elucubración de la chica azul.
-¿No has traído a tu novia? Dijo Derivann a Servil.
-Aún no se acostumbra a los eventos sociales…
-¿No será que es imaginaria? Celebró con malignidad la anguila.
-Es la envidia quien habla por ti, replicó el pez agorilado.
Tras un intenso lobby social, los encargados del evento pudieron poner orden y la radiante esposa del alcalde anunció que comenzaba el concurso de baile.
Cada pareja se acercó a la pista, luego de haber recibido un número.
El resto de los asistentes también podía bailar en una pista circundante, claro, sin la presión de la competencia.
La chica reportera divisó a Char y Edile, muy acaramelados bailando, y a Servil tratando de seguir el ritmo sin pisar la cola del vestido de una jovencita.
Killariann aparecía pensativa en su silla. Todo esto era nuevísimo para ella. La ropa, el brillo, las flores… Incluso la comida… Hasta entonces su vida había sido extremadamente sencilla.
Alguien se acercó a su mesa.
-Hola, perdón si me presento personalmente, soy Bernard Summers, encargado del Museo de los Héroes de Metrocity, y realmente deseaba conocerla… ¿Habla Ud. español?
-Nada, sólo uso un pequeño traductor en mi brazalete, ¿Lo ve?
-Oh es interesante… ¿Pero no le gustaría aprender el idioma?
-Realmente, no sentía especial interés en su raza hasta que llegué aquí Sr. Summers, mi estadía solo es fruto de venir a reunirme con mi prometido, Lexterionn, dijo señalando al héroe azul, que bailaba con Roxanne, momentáneamente transportado de felicidad en la pista. Pero acá me he enterado que el no habla Blunariano ni Namekuseí, así que me he visto forzada a esto…
-Sabe, a mí me encantaría saber más sobre esos idiomas y planetas lejanos… Y también estudiarle un poco a Ud, si no es molestia, hasta ahora sólo habíamos tenido a su novio como sujeto de estudio, de hecho, yo escribí mi tesis y mi doctorado sobre Megamente, sus orígenes y motivaciones…
-Ya veo, tal vez sería interesante leer su trabajo, Sr. Summers, y tal vez podría Ud. enseñarme algo más sobre su planeta y la idiosincrasia de sus individuos, ya que Lexterionn parece más humano que blunariano en su actuar y pensamiento… Es muy distinto de lo que lo había imaginado.
En su interior, se encontraba algo perturbada y por qué no decirlo, desilusionada… Aún cuando sólo tuviera el concepto de príncipe que leyera en las viejas historias de su diario blunariano.
-¿Consideraría un atrevimiento si la invito a pasar la tarde en el Museo?
-No se preocupe, me interesa tanto como a Ud. intercambiar información, incluso, me averguenza decir que, hay muchas cosas que no sé… me crié en un planeta donde la vida es muy diferente…
En ese momento, la orquesta comenzaba a tocar "La llave de mi corazón" de Juan Luis Guerra, y los participantes del concurso estaban tratando de demostrar la superioridad de sus pasos de merengue y salsa.
-¿No baila Ud., Sr Summers?
-Muy poco, Señorita, mi vida son los libros, muy rara vez saco mi nariz de la biblioteca del museo.
-En el planeta que me crié había muy pocos de esos, será emocionante conocer su lugar de trabajo, pero ahora, realmente me apetece bailar, dijo haciendo pucheros hacia la pista la princesa.
-Si me lo permite, puedo acompañarle, pero le advierto que soy muy mal bailarín, dijo el catedrático bajo una súbita emoción que embargaba su pensamiento, estirando su mano con elegancia hacia ella.
-Supongo que nadie me ha sacado a bailar pensando que mi novio va a pulverizarle…
-O a convertirle en un cubo azul para ser más precisos… Dijo él con una semisonrisa…
-¡Vaya que sabe cosas sobre Lexterionn!
-La verdad, ya viví esa experiencia, dijo él con sus intensos ojos azules perdidos en la lejanía, y no fue demasiado agradable.
-¡Estrellas de Namek! ¿Es eso cierto?
-Desgraciadamente sí…
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La chica a quien llamaban Anais, estaba inmersa en el glamour fantasioso de la pantalla. A ratos divisaba a Wayne bailando como un príncipe, y sus ojos se iban tras sus evoluciones en la pista.
Deseaba profundamente que él ganara. Apenas aparecieron los mensajes publicitarios, se puso de pie y fue a la bien surtida cocina a prepararse un café. Tenía un poco de sueño, últimamente se desvelaba mucho, forzando a su cerebro a recordar, pero en vano.
-¡Cielos! ¡Se ha acabado el café favorito de Wayne! Seguro estará molesto cuando llegue si no hay café…
Temía muchísimo salir a la calle, pero, con tal de complacerlo, decidió ser valiente por esta vez…
Cogió un par de billetes de un tarrito de dinero para emergencias, se puso una gruesa chaqueta que le quedaba gigante y salió. Sabía que a dos cuadras de allí había un surtido minimercado.
Penetró en el lugar, y comenzó a recorrer las estanterías. ¡Ah! ¡Aquí estaba el café! Pero cuando sus manos tropezaron con el tarro, una fuerte cefalea la atacó, y estuvo a un tris de caer al suelo del mareo…
"-¿Es malo eso, mamá?
-No, Mel, no es pecado quitarle las cosas a la tienda, ellos tienen demasiado… Una hermosa mujer rubia, con labios rojísimos y dientes perlados, le sonreía, mientras metía en lo pliegues de su abrigo chocolates finos, joyas, perfumes, unas botellas de whisky…"
-¡Oh, Dios!, gimió Anais, no puede ser, mi familia eran ladrones…
Pasó rauda por la caja, pagó y se alejó de prisa, confundida.
-¿Se siente bien, señorita?
-Eh… sí, gracias, señor, no se preocupe, dijo sujetándose la cabeza.
Cuando llegó al escondite de Musicman, temblaba de pies a cabeza. Apenas alcanzó a depositar el tarro sobre la mesilla, y un ataque de llanto nervioso la remeció como una tormenta marina de proporciones gigantescas.
-¡No puede ser, no puede ser… Él no puede enterarse, es algo horrible…!
Tengo que marcharme de aquí…
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Mientras, la orquesta tocaba ahora un tema romántico, y Bernard había tomado tímidamente entre sus brazos a Killarian, su piel luminiscente resplandecía a la luz de los reflectores, y sus enormes ojos color violeta parecían las flores homónimas cuajadas de rocío mañanero.
-¡Es hermosa! Se dijo, totalmente ajena a este mundo.
Esta observaba con alarma, la naturalidad con que "su novio" cogía a Roxanne Ritchie, y la facilidad con que sus cuerpos parecían comunicarse en el baile, como anticipando el movimiento del otro, girando y enroscándose, como flotando…
Ya habían sido eliminadas varias parejas, y en su interior, casi deseaba que Lexterionn fuera eliminado, para que saliera del campo de hechizo de esa bruja.
Sin embargo, si hubiera estado más cerca, habría visto con sorpresa, que esta no sonreía. A ratos suspiraba con abandono. Se sentía laxa, desganada y enferma. A cada vuelta sentía que iba a vaciar el estómago, a pesar de que Megamente la conducía con exquisita delicadeza. Este susurraba palabras dulces en su oído, aprovechando la lejanía de la Princesa blunariana.
-¡Vamos, Roxanne! Sólo dos canciones más y ganaremos la copa para el "Hogar de Niños Desvalidos".
-Oh, lo siento, pero creo que voy a… ¡Auch! En un intento por mantener la cabeza fría y despejada, se había tropezado y torcido el tobillo…
Roxanne cayó lentamente al piso, el héroe azul hizo cuanto pudo para frenar su caída, y empalideció de preocupación.
La orquesta dejó de tocar.
-¡Paso, paso por favor, soy médico! Edile se hacía camino con educado pero urgente talante entre los asistentes y curiosos, mientras se quitaba la chaqueta y arremangaba la camisa… La menuda psicóloga iba la zaga, muy preocupada por su amiga, y recibiendo las cosas de su hombre.
El doctor se agachó a examinar el tobillo de la reportera. No pintaba bien, ya que se hinchaba a ojos vistas. Extrajo una venda del pequeño maletín portátil que cargaba Char y lo envolvió con cuidado. Cuando la ayudaron a levantarse, dio un gritito de dolor.
El alcalde Goodman y su esposa se acercaron a curiosear.
-Lo siento muchísimo Megamente, dijo con secreto regocijo la organizadora del evento. Si no pueden seguir quedarán descalificados…
El chico azul reprimió lo que más pudo una mueca de disgusto. Ya era feo no ganar el concurso de baile, fallarle a los peques, quedar en ridículo, pero ser derrotado por Metroman…
Eran una de las cuatro parejas clasificadas para el penúltimo baile del que sólo avanzarían a la final los últimos dos. Habían estado tan cerca.
-Eh, no importa preciosa, lo hiciste increíble…
-¡Esperen!, dijo una voz, si no es contra las reglas, ¡yo bailaré contigo!
Killariann estaba de pie junto al héroe de Metrociudad.
-Me parece que es aceptable, dijo la esposa del alcalde.
-Hazlo por lo niños, gana esa copa, por mí no hay inconveniente, musitó la chica de las noticias con los ojos húmedos. La mano que nadie veía estaba empuñada hasta casi hacerse sangre. Es el destino, se dijo.
Las cuatro parejas tomaron ubicación en la pista, las otras dos parejas desconocidas, eran el primer y segundo lugar en el campeonato de "Ballroom", pero el favorito del baile, era, definitivamente, nuestro protagonista, aunque Musicman también cosechó su propia salva de aplausos.
Un movido Jive se encargó de electrizar el ambiente, las parejas daban lo mejor de sí sin reservas, cada vez que los campeones hacían un lift, Megamente y Metroman lo reproducían con mayor eficacia y espectacularidad. La chica que acompañaba a Wayne no consideraba justo el cambio de parejas del chico azul, ya que ella, humana nada más, aunque bailarina consumada, se agotaba segundo con segundo…
Edile y Charlie llevaron cuidadosamente a Roxanne al auto.
-Llévenme a casa, por favor, tengo que hacer las maletas…
-¿¡Qué!?
-¿Te vas de viaje? Como médico no te lo recomiendo, señaló el doctor Watson.
-Oh, no es un viaje tan largo, rió la reportera, sólo quiero pasar unos días con mamá, de todas maneras así no estoy en condiciones de trabajar…
¡Cielos! ¿Que irá a decir Madeline? Se preocupó la psicóloga.
-¿Pero chica, es que no vas a dar la pelea?
-Yo… Creo que es mejor así.
-Pero… ¿Y el bebé?
Roxanne miró a Edile, que bajó los ojos confuso y avergonzado.
-Lo siento, se me salió… Tu amiga es psicóloga, recuerda, posee excelentes métodos para conseguir información, se excusó, volviendo a mirar el volante. Si estás decidida, creo que debemos hacer algo antes, dijo alegre, alentado por una idea súbita y volteando la dirección hacia el lado contrario del que pensaba originalmente.
-¿Adónde nos llevas?
-¡Ya verán, es una sorpresa!... y no abrió la boca hasta que se estacionaron frente a u edificio cerrado cuyas únicas luces debían corresponder al cuarto del Rondín.
-Este es tu laboratorio, dijo Charlie, ¿Qué tramas ahora?
-Menos preguntas y entren conmigo, expresó alegremente el bioquímico.
Había acondicionado un pequeño apartado con unas cortinillas blancas, que usaba para echar una cabezadita las noches que se quedaba trabajando de corrido. La camilla tenía algo de polvo ahora, lo que demostraba que eso hacía algún tiempito que no sucedía, al parecer el doctor había encontrado un lugar donde dormía más a gusto, si es que dormía…
Y junto al camastro, había hecho instalar el ecógrafo refaccionado por Megamente, sin saber que era para algo relacionado íntimamente con él mismo…
Char ayudó a la chica lastimada a subirse a la camilla, y a levantarse la ropa para dejar descubierto el vientre, que había apenas perdido un poquito de su llaneza.
Edile empapó de gel la zona demarcada y deslizó el lector ultrasónico sobre la pancita de Roxanne.
La cavidad abdominal parecía estar perfectamente, pero ¿Qué es lo que había ahí?
-Miren en esta pared, dijo feliz y emocionado el científico…
En una de las paredes ventrales, un pequeñísimo porotito azulado se había adherido y ramificado para no caer…
-¡Es mi bebé! Dijo Roxanne sollozando, en un paroxismo de amor, ternura, tristeza… una vorágine de todo ello junto…
-¡No pudo creerlo!, dijo Charlie, enternecida también, es tan pequeñito e indefenso…
-Hasta para mí es el triple de emocionante, dijo Edile, es primera vez que realizo una Eco a una amiga, y obviamente, es la primera vez que alguien contempla un embrión humano-blunariano…
Te amo, mi pequeño porotito, pensó Roxanne acariciando la pantalla tridimensional del Ecógrafo. Con o sin tu padre saldremos adelante juntos.
Las lágrimas de emoción le brotaban y resbalaban por su cara sin vergüenza alguna, con sus amigos no tenía que hacerse la dura, y ambos compartían ahora el secreto más insólito e inesperado de toda su vida, pero de ahora en adelante, el más amado…
