SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 12,
Sacrificio.
Servil se encontraba casi feliz. Tarareaba mientras se dedicaba a sus labores habituales, algo que le relajaba sobremanera y le daba la seguridad de lo habitual. El amo parecía no haber dormido anoche. Había pasado horas en secreto conciliábulo con Callhai, leyendo y releyendo algunas entradas del Diario Ancestral. Una finísima pluma metálica atrajo su atención. Suspiró. Y en vez de enviarla al cubo de la basura, la metió en un cajón.
El estanque vacío le recordó las pocas horas de felicidad y realización física que había pasado con su chica-pez. Sacudió la cabeza. Había vuelto a estar solo, y esa era la realidad ahora, pero… ¿Cómo olvidar sus besos, las caricias de sus aletas, el universo en miniatura contenido en el fondo de sus ojos azul platinado?.
Megamente había llegado a una decisión. Dolorosa, pero decisión al fin. Cumpliría con el deber que le debía a su raza. Concebiría un hijo blunariano puro, entregaría sus genes, pero no su corazón. Después de cumplido el cometido, intentaría que Roxanne lo perdonara y comenzaran de nuevo, aunque tuviera que raptarla para ello. Se le hacía agua la boca al recordar con nostalgia los raptos de antaño.
La chica reportera amarrada, indefensa, sensual, con sus piernas largas y temblorosas, pero la boca de un camionero y el ingenio de una víbora.
Su incipiente relación. El olor a manzana y canela de su clóset, esa vez que allanó su departamento, lo encontró vacío y se dedicó a hurguetear entre sus cosas…
Sus sonidos secretos, los gemidos entrecortados y angustiados que emitía su fina garganta en el clímax, la forma rendida en que lo abrazaba después, y lo cubría de besos tiernos y agradecidos… la forma en que parecía no cansarse nunca de acariciar y recorrer su piel azulada con sus dedos y su lengua juguetona.
¡Roxanne! Si vida estaba teñida de su esencia desde tanto tiempo, que no concebía su vida sin la presencia de Roxanne Ritchie.
Pensó en Killariann. Lo sentía mucho, pero aunque su raza lo atrajera, nunca podría amarla debidamente, porque su corazón estaba ocupado.
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Madeline horneaba tartas de manzana para una vecina. A pesar de que su hija parecía estar triste, no comía con poco apetito. Se sirvió un buen trozo de tarta mientras miraba distraídamente las noticias.
Ahí estaba. Atrapando a un par de granujas inexpertos que había osado intentar robar la caja de seguridad del banco. La inocente simpatía y desfachatez parecían haber perdido algo de brillo en sus ojos. Servil y su amo se veían, de alguna manera, más maduros. Ya cómodos en su papel de héroes y protectores de la ciudad.
No sabía como podía ser, pero echaba de menos incluso a los molestos e insistentes Cerebots.
-Lo amas, dijo su madre después de contemplarla un rato. A pesar de lo que pasó en la graduación y de sus molestias constantes, y de que nunca te dejó vivir una vida tranquila y normal.
-¿Quién quiere una vida normal, si puede tener una emocionante? Roxanne sonrió con picardía. Inconscientemente su mano acarició su vientre con ternura.
Madeline la miró en silencio. Ya se lo sospechaba. Va a tener un hijo suyo. Por eso ha venido a esconderse para evitar decírselo, tiene vergüenza y tiene miedo…
Le alargó un frasco de analgésicos.
-Toma uno, para el dolor de tu tobillo.
-No gracias, un amigo me recetó una pomada de masajes, y es muy efectiva…
-Dime la verdad, temes hacerle daño a la criatura.
-¡Pero qué dices! ¿Cuál criatura? Los ojos le escocían y amenazaban lluvia. Oh, está bien, es cierto…Estoy esperando un bebé, mamá, pero no quería darte más problemas.
-¿Es… es de él? Dijo señalando al sonriente hombrecillo azul en la pantalla del televisor.
¿Te drogó o algo? No podía dejar de pensar en las antiguas películas de abducciones alienígenas de su época…
-¡Oh, no, mamá… ¿Cómo se te ocurre? Sólo hicimos el amor… varias veces. Sus pecosas mejillas estaban sonrojadas. Con un micrófono en mano, podía hablar de lo que fuera, pero con las manos desnudas, y frente a su madre… Se indignó consigo misma porque volvía a sentirse una niña pequeña, culpable e impotente.
-Oh, Roxanne… siempre esperé el momento que me dijeras que iba a ser abuela, pero en estas condiciones, no es tan fácil… No puedo decir que estoy feliz, pero… voy a apoyarte en lo que me necesites. Abrazó a su "pequeña compañera". Juntas habían luchado solas para salir adelante desde lo de Samuel. Ahora no sería la excepción.
No importa cuál sea su aspecto, ¿acaso no lo amaríamos igual aunque fuera un bebé deficiente o minusválido? Lo amaríamos igual aunque fuera un bebé verde y con tentáculos, porque será un hijo tuyo… Ah… tú y esa obsesión por los extraterrestres.
-Mamá…
Es verdad. Cuando la vida era difícil, cuando tenía dificultades en la escuela, cada vez que se burlaban de mí porque a pesar de que mi ropa estaba limpia no iba a la moda… Cada vez que a un chico "bien" le prohibían jugar conmigo porque mi padre había estado en la cárcel… Yo miraba el cielo y pensaba que un chico de otro mundo vendría a buscarme y me iría con él, ¡jajajajaaa! Porque no le importarían las pequeñeces mezquinas de este mundo, y yo lo amaría sin juzgar su aspecto, feliz por su comprensión y su ternura.
Estas palabras lo describían tan bien… Como estando de acuerdo, el extraterrestre en la pantalla del televisor, hizo un impercetible gesto aprobatorio al reportero que le hacía preguntas.
Nunca pensé que alguien vendría a quitármelo… dijo enjugándose los ojos.
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Wayne dormía en su enorme cama King-size. Sus ronquidos eran algo estruendosos, las paredes parecían contraerse con las super-aspiraciones y super- expiraciones de sus voluntariosos pulmones.
Silenciosa como un ratoncillo en puntillas, Mel intentaba por enésima vez huir de la vergüenza que le significaba contarle a un ex héroe retirado, que su familia era delincuente.
Se acercó sigilosamente. La respiración parecía regular. Agitó una mano cerca de su rostro. Nada. Tropezó ligeramente, y casi cayó sobre él. Uff! De repente, el gigante abrió los ojos, medio adormilado.
-¿Y esto, que es? ¿El desayuno? La cogió entre sus brazos y la apegó contra sí, acostada sobre la mole de sus músculos.
Se sintió enrojecer. El calor de su cuerpo enorme le traspasaba la ropa. El olor de su piel era profundo, almizclado, mareador… Se sentía como un ratoncillo escuálido en las zarpas de un león. Los nervios y la excitación recorrían sus miembros y ponían a fuego vivo su femineidad, le dio verguenza y se soltó como pudo.
Lo miró. Seguía dormido. ¿Y eso que fue? ¿Un sueño? Su pecho temblaba. Decidió ir a prepararle algo de comer.
Algo repuesta, se dijo que tal vez no intentaba huir lo suficiente porque le apetecía quedarse, y porque no le simpatizaba la idea de marcharse de su lado. Observó la tetera. ¡Vaya! ¡Otra vez! Se había distraído y el objeto estaba estrujado como una toalla. Espero tener dinero en algún lado para pagar todo esto, se dijo aturdida.
Por la tarde, salieron a dar un paseo. Habían estado en la biblioteca, pero sólo se habían quedado un rato, porque Wayne alegaba que el encargado del museo lo miraba de manera sospechosa. Firmó algunos autógrafos.
De repente, vagando con la mirada, descubrió que un niño pequeño se había alejado del picnic familiar y se aventuraba peligrosamente cerca de la calle. Un auto a gran velocidad se aproximaba y el pequeñuelo, totalmente ajeno al peligro, bajó del bordillo y comenzó a dar unos pasitos por el asfalto.
-¡Oh, Wayne!, ¡El bebé, van a atropellarlo!
El primer impulso de éste fue dar un gran salto y salvar el espacio que lo separaba del menor para ponerlo a salvo, empero, su reacción fue gritar para dar aviso a los padres…
-¡No llegarán a tiempo! Mel se soltó de su brazo y flotando, saltó en el aire, cogió al chiquillo y lo depositó en los brazos de sus llorosos parientes.
-¿Mel, puedes volar?
-Oh, Dios, estoy volando… miró sus pies a un metro del suelo, se mareó y cayó sin sentido. Al menos su acompañante llegó a tiempo para cogerla y evitar que su cabeza se golpeara nuevamente.
¡Tiene poderes! Pero no han reportado ninguna superheroína desaparecida… la tetera de acero, retorcida en el cubo de basura y el candelabro de plata… Ahora todo cobraba sentido. Al menos, vuelo, velocidad y superfuerza. Pero no los conoce ni los controla…¿Sería esto fruto del accidente, o incluso los poderes mismos serían fruto del accidente? Tantos misterios en este cuerpo pequeño y frágil, dijo mirando con ternura a la chiquilla en sus brazos. No era una niña, ni siquiera una adolescente, podría tener unos 20 años a lo sumo, pero su cuerpo delgado le producía una extraña ternura, a caballo entre un deseo de protección paternal y una necesidad física que creía olvidada...
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Esta tarde, de nuevo, estaba junto al sapiente catedrático del Museo. Derivann gruñía mientras miraba desganado unos video sobre las costumbres terrícolas y observaba de reojo como su Ama sonreía bobamente mientras "el tipo de raza inferior" le narraba historias.
-¡Caramba! Ha hecho reír al jefe… ¡De verdad que es una chica extraterrestre!
-¡Sí! Hasta se ve guapo…
-A mí me ha puesto la carne de gallina…
Los comentarios de los encargados, caían como la lluvia en el sensible oído del pez serpiente, que parecía cada vez menos conforme con la conducta de Killariann.
-Sr. Summers… la chica extraterrestre lo miró muy seriamente, con las mejillas encendidas y los párpados bajos.
-¿Sí, Princesa?
-Quisiera saber cómo son los ritos de cortejo…
-¿Eh? Los ojos de Bernard se abrieron desmesuradamente. Eh… bueno, voy a mostrarle unos videos y unos libros, pero sólo tenemos información sobre el Amor entre los humanos.
Rato después, ésta estaba embelesada mirando unas fotos e ilustraciones de parejas besándose, abrazándose, con sus bebés…
Se había hecho tarde. En estos dos días de conocimiento y descubrimiento se había acordado muy poco de Lexterionn, y se sentía ensimismada con todas las curiosidades del mundo de lo humanos que iba descubriendo. Parecían simples y poca cosa, atrasados en tecnología, pero tenían cosas interesantísimas, paisajes, animales y poesías, y la moda…
Salió con Bernard a la terraza o mirador. Estaban muy alto, desde ahí podían contemplar la coronilla de la enorme estatua que habían erigido en honor de su prometido.
Eso la llenaba de orgullo, por él y por su raza. No entendía del todo su significado, pero le hacía pensar que los humanos reconocían su superioridad tecnológica.
El catedrático le explicó que era un Monumento al valor, al heroísmo de Megamente por proteger a su ciudad y a la raza que lo había acogido.
Lexterionn ama a su planeta adoptivo, se dijo ella, y estoy empezando a entender porqué.
Bernard trajo fuera un telescopio y estuvieron un par de horas mirando el firmamento. Vio con profunda pena el hoyo negro donde reposaban los restos de Blunaria. Le mostró al literato la ubicación de Namek, y las estrellas y soles que eran visible desde allá.
-A veces miraba la Tierra, y fantaseaba sobre qué cosas habrían en ella y cómo serían sus habitantes… lo miró a los ojos y su cuerpo tembló, involuntariamente.
Él se quitó la chaqueta, y la posó sobre los hombros desnudos de ella, no sin antes mirar de reojo la esquina en que dormitaba Derivann.
-Princesa… estaba encandilado por los ojos que era color malva a la luz y violeta en la oscuridad.
-Quisiera saber cómo se siente un beso, tal vez un poco de práctica no me hiciera tan mal, dijo abanicando las pestañas, mientras el firmamento cuajaba de estrellas sus ojos luminosos, ¿Podría Ud. enseñarme?...
-No tengo mucha práctica…
Se acercó a ella, que de a poco se había ido convirtiendo más que en sujeto de estudio en objeto de adoración. La abrazó, mientras, una corriente eléctrica recorría sus dedos posados en su espalda. Rozó con los suyos esos labios prohibidos de color frambuesa, y lentamente su beso fue subiendo en decibeles hasta que se sintió desfalleciente y mareado… Ella aprendía rápido, respondiendo a sus avances en forma alternada con los suyos. Tanteó la suavidad de sus brazos, la estrechez de su cintura… Sintió las manos de ella, algo frías, posadas sobre su suéter.
-Lo siento, dijo, separándose de Killariann, tal vez le he faltado el respeto.
Los ojos de ella estaban húmedos y sus mejillas ardían.
-¿Son todos los besos así? Parecía estar mareada y sin aliento.
-No sabría decírselo, dijo él, retirándose al interior, compungido… Había besado a la novia de Megamente… y lo que más le dolía, es que tal vez nunca más podría hacerlo.
