SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 13,
Del Orden al Caos.

Un nuevo día despuntaba. Siempre había cumplido sus obligaciones con una corrección envidiable. Nunca se reportaba enfermo y siempre llegaba a la hora exacta o aún más temprano para fiscalizar la llegada de sus asistentes. Resfriado y aún con fiebre, aún así cumplía sus obligaciones con férrea responsabilidad. Porque amaba su cargo, y porque no había nada más para él en el mundo.

Hasta ahora…

El agua tibia y dulce lamía su cuerpo fibroso, mientras lavaba su fino cabello color trigo en sazón. Nunca se había dado demasiado tiempo para peinarlo, era un cabello algo rebelde, casi su única expresión de desorden en un mundo perfecto que giraba en torno a su trabajo, sus estudios acerca de los alienígenas residentes en la tierra y sus funciones.

Pero Killariann…

Había sido una ráfaga de aire fresco y espontaneidad que le había encontrado mal parado. Una sonrisa de dientes perlados en una boca húmeda. Una piel finísima y celestial suave como la seda… Por unos segundos había paseado sus dedos por la nuca desnuda y las mejillas de la Princesa, y el beso… Su cuerpo reaccionó al recuerdo. Miró hacia abajo compungido.

Sacudió la cabeza. No eran pensamientos propios para un catedrático de su categoría. Aún en la ducha, era el Encargado en Jefe del Museo de los Héroes.

Se secó, y esperó pacientemente con la mente en neutro para que esa parte de su anatomía volviera a la normalidad, y se vistió.

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Megamente hablaba con Killariann a través de la tableta. El holograma de ésta había enmorecido. Habían acordado salir para finiquitar los ritos de cortejo.

¡Es una pena! Pensó. Esta tarde no podré pasarla en el museo con Bernard.
Suspiró.
Tal vez nunca más pasara una tarde con él. Sobre todo, porque después sería responsable de la seguridad de la primera criatura blunariana pura engendrada tras la destrucción de su planeta…

Se preguntó si él la echaría de menos… Ella lo extrañaría, aún más que a los Namekianos que la habían criado. Con bondad, pero con cierta indiferencia, como si un letrero "no tocar" estuviera impreso en su frente. Su constante meditación y búsqueda de la perfección no casaba muy bien con los alegres jugueteos infantiles de una niñita, a quien mandaban a jugar sola a las desiertas colinas en compañía de su servo.

Él héroe sentía alivio. Si bien estaba nerviosísimo por lo que iba a pasar, ya que Roxanne había sido su único amor y su única pareja, creía que realizado este "trámite" podría de alguna forma volver a los brazos de su reportera.

Servil no podía estar de acuerdo ni en contra. Sólo deseaba la felicidad del amo aunque le parecían retorcidos y anómalos los giros que les había llevado a hacer el destino.

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Wayne se encontraba sentado en un tronco. Él y Mel se encontraban solos en un descampado. La había convencido de testear sus superpoderes. Podía correr muy rápido. No podía dejar de sentir envidia por ver su cuerpo joven y grácil alcanzar esas velocidades sin esfuerzo.

Una roca de gran tamaño reposaba en las palmas de Mel sin gran esfuerzo. La arrojó a varios metros. Sus mejillas estaban encendidas. Estaba excitadísima. Levantó el tronco con él sentado y lo bajó con suavidad.

-Ahora, el vuelo, cariño. Cuántos recuerdos afloraban a su mente…

-¿Hasta qué altura debo volar?

-Hasta que sientas que te falta el oxígeno. No queremos que te quedes inconsciente allá arriba, dijo señalando la estratosfera.

La chica subió y subió. El aire rasante le quemaba la piel de las mejillas, y comenzó a sentir mucho frío. Comenzó a boquear. El aire era delgadísimo, debía estar a mucho metros de altura… Al mirar hacia abajo vio que el bosquecillo había desaparecido e incluso Metrocity era un punto marrón difícil de distinguir…
-Aghhhh… los oídos le zumbaron con insistencia. Comenzó a caer con poco control de velocidad…

Al entrar a la atmósfera, el roce le incendió la ropa. Asustada, comenzó a regular la velocidad… Una extraña ráfaga de airecillo fresco le apagó las llamas. Casi totalmente desnuda, se detuvo sobre el pasto.

-¡Lo hice!

Wayne se tapó los ojos y le tendió su gigantesca camisa. La camiseta sin mangas de algodón dejaba ver sus músculos esculpidos en roca. Miró a Mel. Se veía sexy y tierna con su blanca camisa sobre su cuerpecillo. Desvió la mirada al ver que ella se sonrojaba.

-Creo que necesitarás ropa especial… y sé donde hacen la mejor de la ciudad…
Le alargó un volante.

"Heroes y villanos"
La mejor ropa superheroica y supervillanesca para cada ocasión.
Atención las 24 hrs. – Descuento cliente frecuente – Héroe (o villano) de alto riesgo.
Las mejores telas de moléculas inestables del mercado, Ignífugas, Antihumedad, Antivisión de rayos X, Antielementos químicos de la tierra y extraterrestres conocidos.
También se hacen disfraces y trajes de época.

-Uy… ¿En serio existe un lugar así?

-En serio, y no es el único, hoy por hoy, es un mercado en alza, replicó él con una gran sonrisa, mientras le ofrecía su brazo galantemente.

-Pero… Wayne… ¿Y mi memoria?
-No te preocupes por eso, chica, conozco alguien que puede ayudarte… había olvidado por completo a mi terapeuta, estoy seguro que ella podrá hacer algo por ti.

De paso por el centro, la tarjeta del señor Scott se hizo cargo de comprar un vestido, una falda, una blusa, zapatos y algo de ropa interior para la señorita.

La vendedora los miró con curiosidad. Sabía que los artistas eran excéntricos, pero… ¿De dónde había sacado "Music man" a una chica sin ropa, papeles ni cartera?

Una vez vestida correctamente, Mel fue conducida al subterráneo de una tienda, por un ascensor que descendía unos dos pisos hacia el centro de la tierra. El excéntrico lugar poseía varias entradas (por ejemplo, dos entradas especiales para seres voladores), y por una calle tenía los accesos para héroes, y por otra, para supervillanos.

Una encargada se dedicó a tomar las medidas de la muchacha, y luego, con unos aparatos especiales, midió la fuerza, la velocidad y la fricción a la que estaría expuesta la "nueva ropa". Luego pasaron a una Terminal informática donde seleccionaron color, brillo y modelo para el traje superheroico de Mel. Todo era nuevo y entretenido… pero ella no creía prudente que estrenara sus poderes sin saber aún quién era. ¿Y si era una villana? Wayne parecía tan feliz… sería terrible darle una decepción así.

Durante el almuerzo, le comunicó sus temores. No seas tontita, eres demasiado bonita para ser una villana… y dulce, dijo mirando a sus ojos color agua tropical.

Ella no estaba demasiado segura. Recordó las visiones en que ayudaba a robar y desvalijar a su madre…

De improviso, la túnica de un juez apareció ante sus ojos.
"Aún eres joven como para ir a la Cárcel, pero eres muy mayor como para ir a un hogar sustituto. Con tu madre detenida, sólo puedo darte una última oportunidad. Tendrás un trabajo pequeño por las mañanas, con el que te sustentarás, y una beca para hijos de criminales para estudiar en un Instituto Vespertino. A la menor falla, serás retirada del programa de beneficios, y tenlo bien claro, otro ocupará tu lugar… y tú obviamente, entrarás de inmediato a la Penitenciaría de Metrocity.
-¡Oh, Gracias Señor juez! Sintió de nuevo el camino de las lágrimas fluyendo, no fallaré, me convertiré en la mejor periodista de esta ciudad, y Ud. va a verlo…."

-¡Soy periodista!, gritó Mel de improviso.

-Has recordado, pequeña, eso es genial… Él recordaba la masa ingente de periodistas que lo seguía de continuo cuando era Metroman. A pesar de sonreírles, odiaba a esos buitres rastreros. Con razón no recordaba su cara. Para él eran una multitud hambrienta de noticias, que se alimentaban de sus éxitos, pero también deseaban, aunque fuera un pequeño error, una migaja, un renuncio, el conato de una catástrofe para echarle los medios encima…

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Esa noche, un pequeño e íntimo restaurant era testigo de una pareja de azulados seres que reían, algo nerviosos y bastante pasados de copas.
"Tal vez, si me emborracho, puedo pensar que estoy con mi chica periodista"
"Tal vez, si bebo suficiente, pueda imaginar que estoy con Bernard", pensaban.

Un desconocido cantante cantaba una romántica canción sobre el estrado, su voz susurrante invitaba al romance…

"…Hoy hago el amor, con otra persona…
Pero el corazón, por siempre tuyo es.
Mi cuerpo se da y el alma perdona,
Tanta soledad, va hacerme enloquecer…

Contaré que es amor, juraré que es pasión
y diré lo que siento con todo cariño y en ti pensaré…

Dejaré el corazón, seré todo emoción...
La verdad es que miento, que vivo pensando si te olvidaré…

Cuando al fin acabó la ilusión que inventé
y se va la emoción yo quisiera también ver el tiempo correr,
ya no se quien me amó ¿Qué habré dicho? No sé,
Desde entonces que empiezo a sentir el amor
Cuando acaba el placer…

Sigues dentro de mi pecho y vivo recordando,
Cuando pienso en ti, yo pienso que te estoy amando,
y cuando llega el deseo, es tu nombre el que llamo,
Puede que no seas tu pero es a ti a quien amo…

Contaré que es amor, juraré que es pasión
y diré lo que siento con todo cariño y en ti pensaré…

Dejare el corazón, seré todo emoción...
La verdad es que miento, que vivo pensando si te olvidaré,
Cuando al fin acabó la ilusión que inventé,
y se va la emoción yo quisiera también ver el tiempo correr,
ya no se quien me amó ¿Qué habré dicho? No sé.

Desde entonces que empiezo a sentir el amor

Cuando acaba el placer…

Sigues dentro de mi pecho y vivo recordando,
Cuando pienso en ti, yo pienso que te estoy amando,
y cuando llega el deseo, es tu nombre el que llamo,
Puede que no seas tu pero es a ti a quien amo…

A ti a quien amo…

(Alexandre Pires)

El auto invisible, llevó a Megamente y a Killariann al hermoso Penthouse que ésta habitaba en Metrotower.

-Espera un poco, Lexterionn, dijo ella arrastrando las sílabas.

El héroe azul se desciñó la corbata. Estaba mareado, se miró en un espejo y éste le devolvió su rostro enmorecido y avergonzado.
"Perdóname, Roxanne", se dijo, volviéndole la espalda a su reflejo.

Se quedó deslumbrado, muy a pesar suyo. La celeste y delicada piel de la alienígena estaba apenas velada por un kimono-bata de gasa color rosa, de evidente transparencia, recorrida por ramas de cerezo en flor, bordados en reluciente seda, mostacillas y perlas. Apenas un diminuto calzón de encajes rosa cubría el virginal vergel.

Megamente se desvistió con torpeza.

El kimono resbaló como un suspiro, dejando ver en todo su esplendor el cuerpo de la muchacha.
Se acercó a ella. Acarició su rostro suavemente. Las orejas, las mejillas, la amplia y despejada frente. Su cuerpo estaba encendiéndose de a poco, como esas viejas ampolletas defectuosas que necesitan calentarse para alumbrar.

La besó con cuidado, mientras la abrazaba y sentía el resplandor luminiscente de su piel tierna y cálida contra la suya.

Es como mi hermana, pensó. Como mi reflejo en un espejo. No me costaría nada enamorarme de sus ojos violeta, si mi corazón no tuviera dueña…

Killariann cerró los ojos. No podía dejar de imaginar y recordar el beso de Bernard. Ese beso había sido realmente un fuego prohibido y concomitante que había horadado su interior. Sintió las manos de él sobre sus pechos y deseó fervientemente que fuera el literato. Había tan poco deseo y fuego en las caricias de su prometido… Abrió los ojos y miró al blunariano. No se suponía que el frenesí fuera así. Se sintió tan desnuda y fuera de lugar…

De repente, una idea terrible se cruzó por su mente. Extendió el brazo hasta la mesilla de noche y alcanzó su brazalete. Lo apuntó al héroe azul que aún la tocaba laxamente, con los ojos semicerrados.

-¡Gerrat eti degracifullia uper nnose! En su impacto, había olvidado por completo las lecciones de idiomas humanos.

El chico azul abrió los ojos sorprendido.

-¡Gio estati condenattinna! Blunari Simigli esti loserii…. Nnose failurr nostri sacrria misinnii…

La remeció un poco, asustado, pero Killariann parecía en trance. Si al menos hubiera estudiado el blunariano…

-¡Derivann! La princesa se vistió en un dos por tres, con su traje espacial de guerra, pero este se volvió completamente negro.

Megamente luchaba por volver a ponerse su ropa, cuando el servo entró a la habitación presurosamente, ignorando su malestar, desnudez y vergüenza.

-¡Nnose estati condenatti…! ¡Debraii distrotti deste worlio per cubrirri nostri varagguianci!

Un estruendo se escuchó en el exterior… Megamente, aún a medio vestir, vio como la princesa saltaba por la ventana y aterrizaba limpiamente sobre un robot gigantesco de color blanco reluciente. Al parecer era la cápsula o nave espacial, a la que le habían brotado seis patas de araña y dos brazos armados de lásers.
Las explosiones comenzaron a remecer la hasta ahora tranquila noche metrocitadina.

Buscó desesperadamente el reloj, hecho aún un lío con sus ropas.

-¡Servil! Código: ¡Emergencia! ¡Trae el robot gigante y la moto o el arañabot para tí!

-Código. ¡Al momento, Señor! ¿Pero qué ha pasado?

-Algo ha salido condenadamente mal, Servil, pero no hay tiempo para explicar…

(Continuará…)