SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 14,
Más allá de una simple confusión...

Edile y Charlie se habían retirado temprano de sus respectivos trabajos, si bien era habitual que hicieran horas extras sin decir ni pío, últimamente no les apetecía el cumplimiento del deber más allá del deber.

Era delicioso sentir cierto adormecimiento y suave cansancio en el cuerpo, que poco a poco se convertía en una alerta excitada, en cada músculo ligeramente adolorido, por los efusivos ejercicios sexuales del día anterior…

Tenían días dulces y tiernos, en que se arrullaban como palomas con ternura frente a alguna tardía película, y otros en que uno le tendía una erótica emboscada al otro, para luego dormir el dulce y pacífico sueño de los justos, relajados, distendidos… no sólo felices de la coincidencia y creciente sabiduría de sus pieles, sino también de la evidente penetración y complementación de sus espíritus.

Esa noche, tras una efusiva batalla de almohadas, el científico había asaltado el clóset de la psicóloga para sustraer cinco pañuelos de seda y amarrar las cuatro extremidades de ésta a la cama y vendarle los ojos. Unos cubitos de hielo se habían deslizado por las rotundas curvas, derrapando y derritiéndose sobre ella, causándole pequeños escalofríos y espasmos de sorpresa, tras lo cual, su hombre había emprendido la tarea de estimular y degustar con su boca y su lengua las partes más ocultas de su anatomía…

Charlie se sentía deslizar como por un tobogán sedoso hacia el clímax, mientras las ávidas manos de él masajeaban y estrujaban sus pechos… Sus esfuerzos se estaban viendo recompensados con cortos jadeos, cuando fueron interrumpidos por el timbre… que sonó con repetida insistencia.

-¡Quien sea, lo mataré! Dijo Char furiosa, calzándose sus calzones de encaje y cubriendo su desnudez con una bata gruesa de satín opaco.

Ed se resignó con desgano a volver a ponerse el pantalón del pijama, mientras miraba con nostalgia las bamboleantes caderas que se alejaban con rumbo hacia la puerta.

La chica, amostazada, abrió de forma intempestiva.

-¿Wayne? Se quedó de una pieza.

-Eh… creo que no es el mejor momento para molestar… dijo éste, rascándose la nuca con una bobalicona media sonrisa.

-Una gran cortesía de tu parte que lo notes, dijo ella con evidente acritud.

Por su parte, él le echó un buen vistazo, casi tentado de usar la visión de rayos X, mientras ella se cruzaba de brazos y lo miraba con cara de "¿Y? ¿Qué es lo que quieres?

-Este… tengo una amiga que necesita tu ayuda, es una buena y simpática jovencita que ha perdido la memoria y requiere algo de tratamiento o hipnosis, tú sabes…
De paso alargó el brazo y atrajo a la persona hacia el marco de la puerta.

Los ojos de Char aumentaron de tamaño.
-¿Melissa? ¿Es Melissa quien ha perdido la memoria?

-¿Sabes quién es? – Wayne parecía exultante, sin percibir el rechazo evidente de la terapeuta, que había retrocedido dos pasos…-Oh, eso lo hará todo más fácil.

-¿Quien soy? La chica parecía asustada y esperanzada a un tiempo, irreconociblemente inocente, como si hubieran borrado de un plumazo toda la malicia y egoísmo que podrían su corazón del mismo modo que una carie persistente se ensaña con una muela.

-¿Qué quién eres? ¡Menuda pregunta la tuya! Una periodista incompetente, capaz de vender a su familia por ascender en un puesto o en la escala social, una mercenaria y oportunista que aserruchaba constantemente el piso de sus colegas para quitarle las exclusivas y los puestos… Capaz de encontrar el momento preciso para fotografiarse con un famoso para provocar un escándalo social y farandulero de proporciones… En resumen, eres la criatura más fría, egoísta, cruel y malintencionada que habita esta ciudad… no podía olvidar todo lo que le había hecho a su Roxanne.

Melissa se había ido poniendo pálida de manera paulatina, mientras su mandíbula había ido descendiendo y de sus ojos apretados brotaban algunas lágrimas. Su barbilla tocaba su pecho, cuando tomando impulso, se alejó a gran velocidad, casi volando.

-¡Pero qué has hecho! Wayne parecía furioso.

-Ella preguntó… dijo Char, avergonzada de haber dejado escapar aquella fílpica, la verdad, la habían pillado mal parada y había reaccionado con excesiva saña.

-Muy profesional de tu parte.

-Esta es mi casa, no mi consulta, se justificó ella, aún picada.

-¿Pasa algo? Oí unos gritos… Edile se asomó tímidamente, mientras terminaba de abrochar la chaqueta de su pijama de popelina a rayas, alcanzando a ver una silueta masculina de proporciones que se alejaba.

-¡Cielos! Metí la pata, cariño… me siento pésimo.

-Vamos a la cama. Te daré un masaje y te sentirás mejor, propuso el científico poniendo su mejor sonrisa.

-No te merezco…

-¿Te sientes celosa de Melissa? Aún… (No se sentía con ganas de formular la pregunta, las palabras se atravesaban en su garganta, y parecían querer anidar allí por siempre, negándose a salir)… ¿Aún sientes algo por Metroman?

Charlie lo meditó por dos segundos, su visión se hizo introspectiva, mientras, al mismo tiempo, miraba los límpidos y puros ojos de canela que la habían hecho volver a creer en que el romance era algo mundano y posible… El fino y sedoso cabello algo desgarbado, la piel pálida y lampiña, las ligeras aureolas bajo los ojos de Edile que daban fe de que en las últimas semanas no dormía demasiado, una ligera arruga de preocupación surcando su frente… estaba conociendo y amando todo eso, segundo con segundo y día con día.

-Para nada… solo me irritó que nos interrumpieran por su causa.

-Tal vez aún puedas ayudarla, eso te hará sentir mejor, dijo él abrazándola, con esa calidez que lo hacía único y precioso… Que la hacía mirar con cierta desconfianza hacia atrás o hacia el lado… ¿Cómo era posible que nadie quisiera quitárselo? ¡No saben lo que se pierden! Se decía a menudo con autocomplacencia.

Volvieron al cuarto, y los espejos, mudos y asombrados testigos, contemplaron como volvían a anidarse con ternura, como de los suaves besos pasaban a caricias más osadas y hacían el amor con abandono y alegría.

Estaban hechos un ovillo, retornando a los susurros, cuando fueron interrumpidos por las explosiones en la calle.

-¡Esto es inaudito! ¿Qué demonios pasa ahora? Char se quitó el cabello de los ojos y se asomó a la ventana.

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La enorme araña blanca avanzaba rauda y e inexorablemente por las calles, ahora en caos, de Metrociudad. La cabina giraba a diestra y siniestra repartiendo rayos por los brazos, y en el único ojo rojo de cristal, una despechada y dolida princesa, casi en estado de zombie, controlaba los mandos, sin mirar el objetivo.

El robot multifunción, una maravilla de la fusión tecnológica namekiana y blanariana, era principalmente, transporte y defensa, pero también parecía eficaz a la hora de destruir. Una araña más pequeña iba a la zaga, donde Derivann parecía en su elemento, aburrido de ser un chaperón, su sueño se había cumplido y por fin podía ejercer como guerrero.

Al menos una centena de "killbots" blancos y redondos se habían desprendido de la nave, y ahora se enfrentaban a los imperfectos pero entrañables "cerebots" de nuestro protagonista.
Al doblar una esquina, se encontraron con Megamente, quien, pilotando su propio robot gigante, el negro con pinchos, pensaba controlar la situación, con facilidad. "Después de todo, es sólo una chica", había confidenciado por el interfono a Servil. Éste último, montado en el Arañabot, se encontró a boca de jarro con el Servo de la princesa.

-¡Detén a tu ama! Espetó el pez piraniforme.

-¡Nunca! ¡Debe desssstruir a la raza que cobija al que ha mancillado ssssu honor!, Derivann disparó contra Servil uno de sus microlásers, pero este logró esquivarlo, algo tambaleante.

-¿De qué hablas, anguila? ¡Mi Amo ha tratado con guante blanco a la princesa! Dijo agachándose en el preciso momento que recibía un golpe directo a la cápsula acuática, propinado por uno de los brazos aracnoides de la armadura de su Némesis.

-¿Te parece poco? ¡Ha desssscuidado todossss lossss deberessss que le indicaron para preparar la gloriossssa venida de "Nueva Blunaria"!
¡No sssssabe nada de su planeta nativo, no conoce su idioma, sussss ancestrossss, ni tenía idea de la exisssstencia de Killariann hassssta que aterrizamossss en essssta bola de lodo!
Derivann, enfurecido, enviaba golpe tras golpe, mientras, Servil, usaba sus gruesos y peludos brazos de gorila para mandoblar el ataque.

-Eso es… porque el diario nos fue robado… las palmas del simio apuntaron por unos segundos al cielo, impotentes.

-Es difícil de creer, porque cuando llegamos, posssseían tecnología y el diario esssstaba en ssssu poder…

-¡Mi amo no miente! Ahora era personal, podía aceptar con tolerancia cualquier cosa, menos que ofendieran al pequeñito azul que había criado como compañero y hermano.
-¡Sus inventos los ha hecho sólo de su memoria y habilidad científica…!

-Cassssi te creo… pero ahora ya no importa. La vertiginosa armadura de araña se había encaramado con sus múltiples patas en el cuerpo de Servil, inmovilizándolo y haciéndolo caer de espaldas.

Perdía el control del robot por momentos, la presión y las descargas eléctricas, estaban cortocircuitando los chips, y en eso estaba enfocado, para redirigir la energía de su exotraje y recuperar la movilidad cuando…

La larga cola de Derivann, rápida y mortal como un látigo, se introdujo en la pecera del gorila-pez y comenzó a ahorcarlo.

-¡No essss nada personal, "Amigo"! Pero vassss a morir con gloria, como un guerrero de nuesssstro planeta nativo…
Vamossss a desssstruir todo, porque la Princessssa ha ssssido desssshonrada, no podrá cumplir con ssssu "Divina Missssión" de repoblar, porque tu esssstúpido Amo no tiene la "Ssssemigli Blunari"… ¿Cómo nossss habríamossss pressssentado frente al Conssssejo Blunariano de essssa forma?

¿Nueva Blunaria?¿Consejo Blunariano? ¿Semilla Blunar?
La cabeza de Servil daba vueltas. Sentía la sangre reconcentrada y los ojos hinchados y pugnando por salirse de sus órbitas. Le era imposible girar para morder la cola que atenazaba su cuerpo. "Adiós, Megamente" Su amo estaba ya bastante ocupado, intentando parar su propia araña blanca gigante como para pedirle ayuda.
Su visión se hacía borrosa, a medida que su cerebro comenzaba a acusar la falta de oxígeno.

-¡Sssseré clemente! Voy a darte una desssscarga y todo terminará rápido.
Derivann, Guerrero, Servo y Belugaciano, jamás había desobedecido una orden. Estaba dispuesto a detener a quien se interpusiera en el camino de Killariann o la hiriera… pero deploraba tener que eliminar a alguien de su propia raza, a quien sólo estaba empezando s conocer. Era claro que Servil y su Amo no aceptarían la destrucción de la ciudad y darían hasta su último aliento para que esto no sucediera… Era una pena.

"Adiós Marla, si he de morir, moriré pensando en ti". Los esquivos encantos de la pecezuela se dibujaron en su mente.

Derivann se preparaba mentalmente para concentrar su electricidad en una descarga mortal, cuando una sombra que se proyectaba sobre su armadura, distrajo su atención.

-¡Nadie morirá hoy! La voz más dulce y angelical, aunque nunca lo reconocería, aún más que la de la princesa, llegó directo a su cerebro y lo paralizó por un segundo.

-¡Suelta a mi novio! Unas poderosas garras metálicas, estrujaron la carne anguilar, haciendo presa en ella y la elevaron por los aires.

-¡Marla! Seguro morí y estoy en el cielo… La visión aún borrosa del pececillo podía distinguir la silueta alada de la exoarmadura, y la voz en su cabeza…
El oxígeno y la sangre llegaron a raudales a su cerebro, tendría dolor por un par de horas, pero no había muerto…

La chica pez, a varios metros de altura, y con su presa colgando de sus garras, esquivaba la cabeza de Derivann, quien intentaba morderla para recuperar su libertad.

-Si te suelto, te harás papilla… te lo advierto. La voz en su cerebro sonaba hermosa y amable, pero no por ello menos decidida, dejó de forcejear.

-¡Pero debo ayudar a mi Princessssa!

Voy a dejarte en la fuente hasta que te calmes, dijo Marla en su mente. Lo arrojó de forma que quedara algo dolorido, pero ileso, luego voló a ver a su hombre.

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Hacía un buen rato que había dejado de pedir ayuda a Servil porque el comunicador sólo emitía débiles pitidos en banda. Debía haberse estropeado…
Ojalá Servil estuviera bien, al menos…

Con los brazos de su robot, Megamente intentaba contener la avalancha de patas de araña que se le venía encima. Para complicar aún más las cosas, Killariann seguía transmitiendo en blunariano y se negaba a escuchar sus explicaciones en idioma de la tierra…

Se sentía despechado porque sus cerebots, cargados de armas y herramientas, huían gimoteando de los mortales rayos láser de los killbots. Al menos no han "matado" a ninguno, se dijo, todo es reparable…

Tampoco la Princesa parecía interesada en matar a nadie de momento. Su corazón en esencia, era bueno, pero estaba dolida y confundida, avergonzada…

Con rabia, estrujó una pierna del Megarobot, y le disparó en la rodilla, hasta hacerla puré.

Si tan sólo con eso pudieras sentir daño, Lexterionn… pensó la chica pielazulada.

Ahora un cojeante héroe de la ciudad la perseguía como un perrito, mientras ella seguía su monserga de insultos en el idioma de más allá de las estrellas.

-¿No estás preocupada?

Madeline y Roxanne estaban pegadas hace más de una hora al televisor. Esta última ya podía caminar sin cojera y preparaba su vuelta al trabajo para unos dos días a lo sumo…

-Ella "lo ama" no creo que vaya a hacerle daño… Peleas de enamorados, supongo…

-Estas nuevas cámaras auto-sustentables, basadas en la tecnología de los cerebots son una maravilla. Obedecen las órdenes del periodista y filman contra viento y marea… ¡Ya ansío probarlas personalmente!.

La imagen era de nitidez perfecta y patente. Megamente aparecía como inminentemente derrotado y a ella le hacía algo de gracia. No le guardaba rencor, pero era un gusto verlo menos seguro y ligeramente humillado, como en los viejos tempos…

Nunca supo como esa pequeña sed de justicia o venganza, volvió a dar paso a un amor en flor… después de que el capullo había sido desgarrado y desprendido de la rama en forma tan abrupta en su adolescencia. Ahora volvía a saborear un sentimiento parecido.

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Inexorable y con los ojos anegados, casi sin ver adonde iba, la araña de Killariann proseguía su loca carrera en pos de la destrucción de la ciudad.
El techado de la alcaldía parecía un gigantesco queso gruyère azul, desfasado y plagado de agujeros. Tacleó las piernas de la estatua de Megamente con un brazo y la estatua se desplomó, mientras la cabezota se rompía en mil pedazos… sollozó y suspiró con algo de alivio.

-¡Mi hermosa efigie! Se dolió el presumido protector de Metrociudad, aún gateando en pos de la princesa, con la pierna buena y arrastrando la otra en un retorcido muñón metálico.

Iba a continuar con su labor destructiva, cuando divisó una diminuta pero conocida figurilla a ras del piso, temblorosa pero decidida, y armada de un megáfono.

(Continuará)