LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 16,
Cinco minutos de paz.
Esa noche, debido a la copiosa lluvia, nuestro héroe terminó alojando en casa de la familia Ritchie. Madeline recibió feliz, pero sin sorpresa, la noticia del presunto matrimonio de su hija.
-¡Ya era hora! Dijo con soltura.
Megamente la miró, entre avergonzado y divertido. Las camisas de Samuel le quedaban algo grandes, así que llevaba una polera rockera y un polerón holgado de su nueva "novia oficial". Las prendas aún conservaban la esencia fantasma de la piel cálida y suave de Roxanne.
-Te ves "mono", le decía la reportera y no dejaba de tocarlo cuando acertaba a pasar cerca suyo.
El alienígena sonreía. Las dos mujeres se esmeraban en cocinar una cena especial para él. Todo era natural y feliz, pero una parte de él esperaba que las cosas se desarrollaran bien para su ayudante, ojalá que el quedar a solas con Marla le sirviera para limar asperezas.
La madre de Roxanne hablaba muy poco… parecía vivir en el mundo interior, donde unas voces le comentaban todo lo que iba a suceder.
-"¡Samuel está feliz con lo del matrimonio y del bebé!" dijo de repente.
Roxanne miró a su novio con algo de extrañeza e incomodidad… "Son cosas suyas" pareció decirle con un encogimiento de hombros.
-¿Samuel? Vaya… yo conocí a un Samuel una vez y era una persona estupenda.
-¡Es el mismo! Dijo Madeline, y luego, como oyendo algo en el éter: Le manda saludos al pescadito.
-Dígale que "el pescadito" está muy bien, y que encontró novia, dijo Megamente, para seguirle la corriente con ecuanimidad.
Aun pensaba en Servil, mientras degustaba su segundo plato de pavo relleno y observaba con extrañeza como le apretaba un poco en la cintura el pantalón.
Y eso que aún le esperaba expectante un bavarois de piña y arándano en una bandeja…
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El pez agorilado, estaba empecinado en quedarse solo en su cuarto. Ya que Marla quería tanta privacidad, él iba a dársela hasta que se hartara.
Estaba enojadísimo. Una vez más, se sentía en deuda con ella, y ella mantenía las distancias en una especie de "corre que te pillo" que a él le dejaba un gusto amargo.
Empezó a escuchar un suave canto en su mente, a la distancia. Quiso sentirse molesto, o al menos ignorarlo, pero era dulce, tierno y suave… relajante. Tal vez ni la sirenas pudieran cantar con tan tierno alborozo.
¿Estaría Marla llamándolo?
Finalmente, no pudo resistirlo más y acudió al cuarto de la pececilla.
Sus ojos se quedaron enceguecidos por un segundo.
En el cuarto, casi a oscuras, la chica pez reinaba en el estanque nuevo, y parecía jugar y danzar con unas pequeñas esferitas, levemente traslúcidas, que brillaban con una sutil fosforescencia en al oscuridad, eran muchas, y al parecer, cantaba para ellas…
¿Me estaré volviendo loco? Se dijo Servil. Ella se volvió a mirarlo.
-¡Oh!¡Servil! ¡Has llegado justo a tiempo para conocer a nuestros bebés!
-¿Qué?
-Son nuestros huevitos. Creo que son como treinta y cinco. Nos demoraremos muchísimo en encontrar nombres para todos…
-¿Tenemos 35 bebés? ¡No puedo creerlo!
Servil se sentía mareado, dichoso y asustado, todo a la vez. La cabeza le daba vueltas… -Entonces, cuando tú… yo… nosotros, la otra vez…
¡Oh, cielos! ¿Qué va a decir el Señor?
-Disculpa, no quería decírtelo antes, pero tenía miedo que no fueran viables y no quería causarte ningún dolor… por eso me marché hasta que estuvieron maduros para alumbrarlos. Tuve mucho miedo en la mañana, estaba tan asustada cuando esa anguila te estaba mordiendo y asfixiando, que creí que me ponía de parto…
Pero ahora está todo bien, dijo con una sonrisa lacrimosa.
Marla, y muchos hijos… la cabeza del pez piraña extraterrestre parecía a punto de hacer "¡plop!" y reventarse como una burbuja. Se puso hecho un manojo de nervios.
Tomó el comunicador y se decidió a contárselo al Amo. Eso pondría las cosas en perspectiva.
-Ya tenía alguna idea, Servil… ¡Pero felicitaciones! No podía decirte nada, porque ella me lo pidió.
Roxanne también dio sus parabienes a la sufrida pareja de pececitos. Además, les contaron de la feliz coincidencia de su hijo o hija.
-¡Parece que aumentará la familia, Señor!
-Tal vez debamos cambiar de casa… meditó Megamente.
Cuando cortaron la comunicación, un asombrado Servil se deslizó dentro del estanque de Marla con delicada suavidad.
-Gracias por todo, mi chica dorada, dijo besando con sumiso respeto las aletas de ella.
Rozó con ternura las pequeñas promesas de alevines.
¿Serían parlantes? ¿Pensantes? ¿Ambos? ¿O ninguno? Sólo el tiempo le daría una respuesta.
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Esa noche, una sonrojada Roxanne condujo a su novio a su cuarto de jovencita. Él se deleitó hasta muy tarde, examinando fotos, recuerdos, recortes… Sus juguetes de niña. Se emocionó mucho cuando vio algunos dibujos de sí mismo con su ropa de niño-prisionero.
Madeline se había retirado satisfecha y discretamente, y en la pequeña casita reinaba un silencio monacal.
Se pusieron pijamas y camisón respectivamente. Se sentían como una pareja de recién casados…todos formalidad y discreción. Una sonrisa de amor tierno flotaba entre los dos.
Abrazados en la oscuridad, hicieron castillos en el aire, hasta que las cercanías de sus pieles dijeron: basta de palabras…
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Muy temprano por la mañana, un conocido personaje esperaba nerviosamente que se abriera el horario de visitas en la Cárcel para Criminales Dotados de Metrociudad.
El alcaide en persona debió acceder a concederle veinte minutos para visitar a la ilustre prisionera.
Ésta estaba cabizbaja y decaída, derrotada. Cuando sus ojos se encontraron, un diminuto rayito de felicidad, y de esperanza cuajó en su espíritu. Acomodó su brazalete y se acercó a la ventanilla.
-Bernard…
-Voy a luchar por su causa, princesa Killariann, voy a bogar para que la liberen, de seguro hay algún resquicio, inmunidad diplomática, algo se me ocurrirá…
La chica azul bajó la cabeza.
-No serviría de nada… musitó. Tal vez debería irse a su trabajo Sr. Summers, o llegará tarde… Ella quiso dar por terminada la entrevista, avergonzada entre otras cosas, por el vistoso mono anaranjado que cubría sus curvas.
-"Deberii havir faih, Nameniia"
-¡Lunas de Namek! Dijo ella con lágrimas en sus ojos… ¿Cómo es que está aprendiendo blunariano?
Derivann se sobresaltó en el rincón que se encontraba enroscado en su esfera y ajeno a todo. El individuo de raza inferior parecía más inteligente y capaz de lo que él creía. Además de considerado con su Ama.
- No es nada… Olvida que me dejó a cargo de su tableta… y he repasado todas las grabaciones que hicimos juntos la semana pasada.
-Oh, Bernard… no me haga concebir falsas esperanzas de libertad… El Consejo Blunariano se aproxima y nos encontrará vulnerables e impreparados. ¿Qué voy a decirle a los demás? Moriré de vergüenza cuando les cuente que mi prometido se emparejó con una humana… no lo tome a mal, pero estaba todo tan planificado… demasiado… dijo mirando intensamente al fondo de los ojos ámbar de él.
-¿Entonces es verdad? ¿Hay más sobrevivientes de Blunaria?
-Sí… y se supone que este año se cumple el plazo límite para contactarnos y reunirnos los ocho… Yo sólo tengo la información que me ha entregado Femhar, y he tenido algo de contacto con las damas… una Princesa Émpata, una princesa Guerrera y la Princesa de la Casta Progenésica.
-Todos criadas en diferentes planetas… daría lo que fuera por poder ver esa reunión.
-Lo siento, sólo blunarianos, dijo ella con el asomo tímido de una sonrisa.
-Bueno, hasta pronto… debo irme al trabajo, pero volveré.
-¿Bernard?
El bibliotecario se volvió con premura. El corazón le había dado un salto, y se agitaba como el de un cervatillo tímido.
-¿Sí Señorita Killariann?
-Gracias por la visita.
El literato dobló la esquina del Bloque de Visitas y se perdió de vista.
Killariann apoyó la cabeza en el vidrio del cubículoy meditó en silencio.
Si me viera el Gran Patriarca ahora…
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Melissa estaba encerrada en su departamento. Hecha un ovillo, con los brazos alrededor de sus piernas, se balanceaba de adelante hacia atrás.
Llevaba dos días sin probar bocado. Y no sentía debilidad ni apetito. "Maldita invulnerabilidad", se dijo, ni siquiera morir sería fácil así…
Wayne estaba tras la puerta. Sentía el latido regular y angustiado del corazón de la chica. No quería presionarla, pero hasta él se sentía cansado de su terquedad. Bostezó.
Volvió a tocar el timbre por enésima vez. No quería irrumpir por la fuerza si es que esto era posible.
-Melissa… sé lo que sientes, pero no hablar conmigo sólo empeorará las cosas…
-¿Empeorar? Gritó de repente la reportera, ¿Tú crees que las cosas pueden empeorar? Si soy la peor persona del mundo…
-Solo quiero hablar un poco. Si me dejas entrar, me iré y te dejaré hacer lo que quieras.
La puerta, ¡por fin! Se entreabrió un par de milímetros. Qué fácil habría sido derribarla con dos dedos, pero hasta él entendía, que lo que se necesitaba en estos momentos era un tacto exquisito.
-Está bien, pasa, voy a hacer un poco de té, hablemos.
El cuarto ofrecía un aspecto desolado. Todos los muebles habían sido sistemáticamente destrozados. Se sentó en un pedazo libre de alfombra.
Mel trajo las únicas tazas, un par de bellas flores de porcelana fina, que habían quedado relativamente ilesas, cargadas de un té aromático y reconfortante.
Aún pálida, derrotada y ojerosa, lucía bonita, pero triste.
-Nunca conocí a mi padre. Mi madre era ladrona… y yo vivía rodeada de lujos a costa de la desgracia ajena, ¿Qué maravilla de familia, No?
-Mel…
¿Aún no te das cuenta que aún estás a tiempo? Puedes reparar todo ese daño en un día…
Como superheroína puedes hacerle un gran beneficio a las personas y a la ciudad.
-¿Tú de verdad crees eso? Una pequeña parte de ella casi quería creer…
Él se acercó un poco más, de rodillas dejando de lado la taza vacía. Atrapó entre las suyas las manos entumecidas de Melissa. Ésta levantó los ojos, y el azul empañado de los suyos, enfocó por fin el azul turquesa de los ojos de Wayne.
-Quiero que te quedes conmigo un tiempo, voy a entrenarte, para que seas la mejor superheroína de Metrociudad…
-¿De verdad harías eso por una escoria como yo?
-Eso y mucho más, mi niña, ¿Acaso no amas como yo a Metrociudad?
-¿Y mi trabajo?
-Vamos a conseguirte una licencia médica y te entrenaré en tus ratos libres, cuando no estés cubriendo algún reportaje. Vas a tener una identidad secreta… Supongo que eso fue lo que me faltó a mí, un refugio para ser yo mismo cuando no estuviera bajando gatos de los árboles.
-No sé si podré volver a esos reportajes frívolos y faranduleros…
-Entonces cambia de Área de trabajo.
-Gracias, Wayne.
-De nada, linda.
Besó la frente de la muchacha por un brevísimo instante, pero eso bastó para estremecer su gigantesca anatomía.
Wayne Scott, has hecho tu buena obra del día, se dijo con el alma agradecida el ex superhéroe. Y aún tenía tiempo para ir al ensayo para el concierto de esa tarde…
