LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 18,
Un nuevo comienzo.

Roxanne peinaba sus cabellos, mientras meditaba en lo insólito que era tener a Megamente en su departamento, en la ducha.
Tal vez, en el pasado, habría sido como aquella escena de una vieja película de terror, pensó riendo, pero ahora… Era una de las personas que más amaba, junto a su madre y al recuerdo de su padre.

Servil se había quedado junto al veterinario, que aún cuidaban de Marla, y había sido muy emocionante y triste al mismo tiempo cuando esta había despertado del coma y había recuperado a los cuatro pequeñines sobreviventes.

"Este es nuestro legado, pensó ella y todos escucharon su mensaje en el fondo de sus mentes, una nueva raza de peces y al mismo tiempo, una forma de preservar nuestra herencia y de formar una familia"

-Siempre estaremos juntos, dijo el pez extraterrestre, acariciando la esfera que contenía a su amor y a sus pequeños.

El alienígena azul, había deslizado sus dedos entre los suyos, y ella los había dejado permanecer ahí, presionándolos con ternura, mientras su otra mano tocaba disimuladamente su incipiente pancita.

-¿Cómo está la madre más bella de Metrociudad?

El extraterrestre, apenas cubierto con una pequeña toalla, y con gotitas resbalando por toda su codiciable anatomía, salía de sopetón del cubículo y la había sobresaltado, interrumpiendo su remembranza.
Le entregó una rosa roja, con un leve enmorecido que hacía más adorables sus prominentes pómulos. Ella lo recorrió con sus ojos ávidamente y por completo.

-Creo que me parece muy mono, señor, pero tendré que castigarlo por mojar el alfombrado…

-¡Oh, oh…! El chico azul desvió la mirada y vio el reguero de agua que formaba un caminito tras de sí, ¡Ooops!
Luego, con una sonrisa ligeramente villanesca y su irresistible ceja levantada, ordenó a la "troupe" de Cerebots que pululaban a ras del cielorraso:
-"Chicos, fuera". Los robots salieron de estampida.

-Qué interesante, dijo la reportera, tocándose el mentón.

-¿Qué es tan interesante? Dijo él, entre divertido y desconcertado.

-Me parece que está Ud. usufructuando de un bien ajeno, sin autorización, así que tendré que solicitarle amablemente que lo devuelva, dijo ella, estirando la mano.

-¿Qué cosa?

-Eso, dijo Roxanne apuntando a la toalla rosa que envolvía su huesuda pelvis.

-Ah…. No! Si lo quiere de vuelta, tendrá que quitármelo. Aún tengo fresco mi pasado de villano, robar una toallita como esta es un pelo de la cola para mí…

-Ah.. ¿Sí? Pues vamos a ver…

Comenzaron a perseguirse dentro de lo que les permitía el departamento, con jadeos, codazos, risas, Roxanne que tironeaba la toalla y Megamente que la defendía…
-Ay… Roxanne se dejó caer sobre el sofá con un gemido.

El extraterrestre se puso pálido y se acercó a ella, preocupado...
-¿Te sientes, bien? Dijo acercándose, y apoyando su palma en la mejilla de la reportera.

-Sí, gracias, dijo ella con una pícara sonrisa y arrancándole la toalla con un solo gesto rápido y decidido.

-¡Tramposa! Creí que le pasaba algo a nuestro bebé… dijo él, molesto…

-Oh, perdón, voy a ponerme de rodillas para que me disculpe, señor…

-¡R-Rox…Roxanne!

Ella comenzó por lamerle todo el torso y bajar abruptamente, hasta tenerlo todo tembloroso y jadeante, porque había puesto a trabajar en cierto sitio su lengua y su olvidado reflejo de succión…

Entonces, escapó sin más.

Cuando por fin la acorraló en el cuarto, el sudoroso joven de piel azul, la increpó:

-¡Esto no está bien!

-¿Ah? Roxanne lo miró sorprendida y extrañada.

-¡Exijo igualdad de condiciones! Se explicó, arrancándole a tirones la camisola de dormir… Cuando la tuvo tal cual vino al mundo, se dedicó a aplicarle el mismo trato que ella a él.

-Oh….¡Megamente! la chica suspiraba y jadeaba intermitentemente, mientras él hacía de las suyas, estrujando suavemente sus pechos con sus manos y estimulando otras zonas con su sentido del gusto, todo ello gracias a sus flexibles y largos brazos.

Luego, se incorporó y dio fin a la tarea, poseyéndola ardorosamente, mientras la explosión de placer dejaba a ambos extáticos por un largo e indefinido período de tiempo…

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"Minimalista", pensó. Un reportero de modas habría quedado sorprendido si hubiera sido invitado a entrar. Echó una mirada alrededor. Su reconstruido departamento aún tenía lo más básico para vivir, pero nada más. Un sofá, un televisor, un ordenador, un par de sillas auxiliares, un par de mesas, un refrigerador, un mueble de cocina y una mullida cama, pero prácticamente nada más. Había embutido en bolsas, más de la mitad de su frívolo guardarropa. Creía que no usaría esas prendas nunca más.

Se había quedado con la ropa más sencilla y la de fin de semana, calculaba que ya nunca más usaría todos esos vestidos de fiesta que solía lucir en cuanto evento social o de farándula había en metrociudad, con el fin de colgarse de algún famoso antes del consabido estallido del flash… ¿A cuántos le había hecho eso antes de hacerse conocida? Brrr…. Se estremeció. ¡No quería saberlo!

Estaba más nerviosa por la entrevista con la psicóloga de Wayne que por su próximo estreno superheroico a la luz pública. Todos esos recuerdos… que la lacerarían y la harían avergonzarse de sí misma.

Su teléfono celular sonó de forma intempestiva, sobresaltándola.

-¿Sí, diga?

-¿Melissa? Soy yo, tu agente. ¿Oye, nena, que te habías hecho? ¿Estuviste en alguna clínica de rehabilitación para curarte del stress o alguna droga?

-Algo así, respondió con un suspiro.

-¡Te tengo grandes noticias! ¡Al fin hemos socavado la base de piedra de la Ritchie! Pidió que la sacaran de la calle por un par de meses… Y adivina a quién están fichando para que ocupe su puesto al pie del cañón, donde las papas queman…

-No lo sé… dijo Mel, distraídamente.

-¡A tí, pues, preciosa! ¡Al fin tendrás lo que siempre has deseado! ¡Tu hermoso rostro en pantalla 24/7! Y después de un flamante desempeño, ¿Quién sabe? Tal vez Roxie nunca vuelva ni siquiera a oler el puesto… y el reemplazo se convierta en trabajo estable ¿Te imaginas?

-No te pases películas tan anticipadas, hombre… está bien, diles que tomaré el reemplazo (de todas formas, aún necesitaba una coartada).

-Pero Mel… Creí que ibas a dejarme sordo con tus chillidos de alegría y celebración… Incluso había bajado el volumen de mi auricular ¿Eres la misma Melissa Payne que me contrató para convertirla en Reina del Metro Jet-set?

-Claro que sí, Stan, es sólo que… me pillaste medio dormida aún…

-Está bien, lindura, vuelve a la cama, conserva fresca tu belleza, mira que mañana será un gran día.

-Adiós, Stan.

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El editor en jefe del canal, aún no lo podía creer. Su mejor reportera se había presentado temprano en la mañana, sólo para contarle un secreto que habría sido un bombazo informativo y que estaba obligado a callar. ¡Roxanne Ritchie, embarazada! ¡Oh, Dios mío! Habría sido delicia para la prensa, miel para los pasquines del corazón.

En vista de su venidero Pre-natal, debía sacarla del peligro y ponerla en un sitio seguro. ¿Tal vez en el estudio? Roxanne, aún con dos meses de embarazo era una preciosidad digna de voltear la cabeza para cualquier hombre. El problema radicaba en el acompañante. Claro, había que exponer carne fresca para la dueña de casa, y Al Simmons estaba por jubilar.
Necesitaban algo tan apetecible y digno de contemplarse como la chica Ritchie.

En ese momento, alguien golpeó la puerta de su oficina. Era su asistente.

-¿Rob? ¡Mira qué buena noticia, mira quien ha vuelto a la ciudad… nada menos que Lance Lafontaine… no recuerdo demasiado su historial noticioso, pero recuerdo que hizo algo grande y luego lo nominaron Agregado Cultural en París por cinco años…
¿Lo hago pasar?

-¡Increíble! ¿Y es televisivo?

-¡Bastante! Alto, delgado, facciones regulares, cabello castaño bien cuidado y dientes originales… ¿Lo hago pasar?

-Está bien.

El joven entró con un aire de seguridad no exento de presunción. Sus gestos eran precisos y estudiados, se notaba una añosa relación con las cámaras y la iluminación. Su voz tenía un timbre agradable, aterciopelado y ligeramente gutural sin ser felino, profundo sin ser ronco… obviamente era una impostación, pero tan buena y habitual que sonaba natural. No era en extremo hermoso, lo que era bueno porque el acoso femenil no sería aberrante, ni produciría engorrosos celos en los hombres de la casa ¡Era casi perfecto para el puesto! Incluso el remoto aire de acento francés lo haría atractivo… Obviamente el duro Rob no iba a decírselo.

-Mire joven, estuve echando un vistazo a sus antecedentes e historial, veo que ha hecho varias cosas, y se da la casualidad que necesito a alguien para el noticiero principal del canal. Me gustaría mucho probarlo, hacerle algunas pruebas de cámara y de audio, también necesitamos saber si hay feeling en pantalla con nuestra reportera estrella, Roxanne Ritchie…

Lance se volvió ligeramente de lado, no quería que el Editor en Jefe viera la sonrisa algo cruel que se deslizó por sus labios.

-¿Roxanne Ritchie? Ah… Me parece haberla conocido en la Universidad. Era una chica guapa y con un futuro prometedor, pero no creí que llegara tan alto… Esa nariz curiosa debe haberle ayudado.

-¡Es fabulosa! Era capaz de arriesgar su propia vida con tal de conseguir una exclusiva de Megamente…

¿Megamente? Sí tenía alguna vaga idea de que el villano de pacotilla que había sido al marcharse a París había ido de menos a más, y que ahora se las daba de héroe…
El joven periodista se deslizó la mano por el mentón y meditó. Interesante, incluso había escuchado vagos e insistentes rumores de que Roxie y él estaban liados. ¡Absurdo!

-Bien, entonces, en eso quedamos, preséntese mañana para las pruebas de cámara, señor Lafontaine, consulte detalles con mi asistente. Como hombre de mundo comprenderá que no puedo perder el tiempo en formalidades sociales, ¡Mi tiempo es oro!.

-¡Por supuesto! Se despidió brevemente estrechando la mano de Rob Halter, y salió escindiendo el aire con una enigmática sonrisa… "Roxie, cariño, tenemos una cita con el destino mañana", pensó.

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Las orejas de la reportera deberían haber ardido, pero no era así. Tendida en su sofá, disfrutaba su día libre, con una oreja cerúlea adherida a su vientre.

-¿Escuchas algo?

-Sólo un leve gorgorito…
"Pequeño bebé, soy tu papá, espero te encuentres bien. No sabemos aún si serás un príncipe o una princesa, sólo sabemos que debemos preparar al mundo para tu llegada. Tengo apenas unos meses para encarcelar a cuanto villano pulula por ahí, porque quiero que Metrocity sea segura para ti, te amamos…"

-¿Estás loco? Es imposible atrapar a todos los desquiciados villanos de esta ciudad…
Muchos de ellos no pasan ni dos días adentro antes de escapar. Lo único bueno es, que siempre son noticia.

El timbre sonó, sobresaltando a ambos.

El exvillano y actual protector de la ciudad, corrió a desaparecer el en cuarto, llevándose a cuanto Cerebot encontró en el camino.

-¿Señorita Ritchie? El desgarbado cabello y los anteojos, característicos de Bernard, se encontraban tras la puerta.

-¿Eh? Hola, Bernard, dijo ella descorriendo el cerrojo cuidadosamente y echando un vistazo al pasillo para asegurarse de que no había ningún curioso husmeando por ahí. Pasa, por favor, ¿Qué te trae por aquí?

-Disculpe que me presente sin avisar, pero necesito con urgencia ubicar a Megamente, y al parecer, su guarida se encuentra temporalmente destruida e inhabitada.
¿Ud. tiene alguna noticia de su paradero? ¿Puede ayudarme a contactarlo?

-Er… ¿A Megamente? Roxanne enrojeció violentamente y se mordió vivamente el labio. ¿Tendría que compartir su resguardado secreto con el encargado del Museo?

El chico azul se encontraba muy atareado intentando contener a los más porfiados de sus asistentes voladores. Estos pugnaban por escaparse de la habitación y salir volando… Después de varios escarceos y malabares, el más rebelde se le escapó, y cuando logró cogerlo de una pata, este se revolvió contra el Amo y…

-¡AYYY! ¡Mordelón!
-¿Qué ha sido eso?

-¿La tele? (Insegura)

Un cerebot salió volando del dormitorio, muy satisfecho de haber encajado sus metálicos dientes en la sensible piel del Amo.

- ¿Y ese robot…? Dijo el catedrático con los ojos desmesuradamente abiertos.

Oh… No hay remedio… Está bien, musitó desconsolada la reportera cogiéndose la frente. Supongo que puedo confiar en ti.

El alienígena de piel arándano se asomó a la puerta del recibidor a saludar con una sonrisa de circunstancias y aún sobándose los lastimados dedos.

-Está alojándose aquí, tu comprenderás, como su guarida fue destruida, intentó justificar la muchacha, que había enrojecido hasta casi hacer imperceptibles sus pecas.

-Hmmm… miren, sus asuntos no son de mi incumbencia, dijo Bernard, acomodando nerviosamente sus lentes con el índice, tengo cosas más trascendentes de qué preocuparme.

-¿Sí? ¿Entonces no le dirás a nadie? Expresó el héroe con un hilito de voz.

El literato examinó de hito en hito al extraterrestre. Por años se había obsesionado con él, preparado ponencias, dado conferencias y escrito libros y ensayos sobre el personaje que estaba frente a sus ojos. A pesar de ello, ¡Nunca dejaba de conocerlo! O peor aún… ¡Aún estaba empezando a conocerlo! Era un personaje decidido, seguro y a ratos presuntuoso, pero también, en agudo contraste, a momentos, inocente, ingenuo y hasta medroso… A pesar de todo, no podía evitar sentir por el un creciente afecto.

-Por supuesto que no. Además, he venido a pedir su ayuda…

Roxanne y su hombre se acercaron inquisitivamente, atraídos por la curiosidad.

-¿Y de qué se trataría? Ella fue la primera en reaccionar.

-¡De la princesa Killariann! ¡Tiene que sacarla de la cárcel! Es injusto que se encuentre allí por, lo lamento, pero es cierto, su culpa.

-Megamente no es responsable de que ella haya enloquecido y tratara de destruir la ciudad, lo justificó Roxanne. Yo creo que está bien donde está, agregó con una semi sonrisa.

El defensor de Metrocity analizó sus sentimientos. Bernard no carecía de razón. La última vez que la había visitado ella le había expresado que el planeta entero corría grave peligro y que le era imperativo hablar con "Lexterionn".

-Además, esgrimió el responsable del Museo, ha escapado de la cárcel innumerables veces, para Ud. será un juego de niños orquestar una fuga…

Una sonrisita demencial comenzó a dibujarse en los labios del extraterrestre. ¡Sería la mar de divertido organizar un escape para alguien más! Ah… ¡Los viejos tiempos!

-¡No te atrevas! Lo advirtió la chica reportera, ¡Te lo prohíbo! (Bernard dio un respingo, no eran sus asuntos, pero ¿hasta dónde llegaba la intimidad de estos dos?)
¡Por el amor de Dios! Recuerda que estás Condicional… se lamentó nominalmente, viendo que su pareja ya se había decidido a ayudar a su coterránea.

-¡Roxanne, como héroe de la ciudad, es mi deber rescatar a una frágil damisela en apuros…! remarcó Mr. Blue con el dedo en alto, mientras, la madre de sus hijos se cogía la cabeza con ambas manos, impotente.

-¡Haz lo que quieras, no quiero saberlo!, dijo esta dándose por vencida y marchándose de la habitación.

Megamente la miró irse con un aire de pena un par de segundos, para luego volverse hacia Bernard con los ojos brillantes y las mejillas encendidas:

-¿Por dónde comenzaremos? Se cogió la perilla y la frotó por un breve lapso de tiempo, meditando. Ah… ¡Ya lo sé!
Apretó los mandos de su reloj, tras lo cual, lo acercó a su boca y ordenó:

-Servil, ¿Estás ahí? ¿Cómo marcha todo? ¡Qué bien! Necesito tus servicios.
Código: ¡Hazme llegar todo el juego de planos de la prisión!

-¡Código: Entendido, Señor! Por fin la voz de su asistente volvía a sonar alegre, el también deseaba, de un modo u otro, volver a la normalidad, y esa forma era tan buena como cualquier otra…¡O Mejor!