SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 41, Milagro de "Nabidad".

Se levantó en puntillas a mirarla. Ya era la cuarta vez. Será la última, se aseveró a si mismo con impaciencia. Su piel hermosa y delicada empalidecía a la escasa luz de la madrugada. ¿Cómo era posible que él durmiera normalmente con esa muchacha extraterrestre allí tan cerca, en su sofá? Su gruñona anguila roncaba y hablaba en sueños. Aún le temía un poco, no quería volver a experimentar los dientes de Derivann en su muslo…

Como Killariann era pequeña, se había enroscado primorosamente y al parecer estaba cómoda, aunque destapada. Le subió la cobija… el Servo gruñó guturalmente con un serpentino siseo...
Y Bernard dejó toda compostura escapando a su cuarto corriendo de puntillas y cerrando bien la puerta.

Ya dentro, se relajó con un suspiro, apoyando la espalda en el marco. Casi se arrepentía de haberse ofrecido a darle cobijo a alguien que huía de la justicia. Pero esos ojos que a ratos parecían jalea de frambuesa, rubíes velados o jugo de berries lo tenían embrujado.

Es culpa tuya, se dijo, nunca has tenido una chica, por eso te sobreexcita tener una en tu casa. Claro, el que fuera Killariann, Princesa de la Casta Vitalis y una de las únicas sobrevivientes de Blunaria, más inteligente que la mujer promedio y ex novia de Megamente, también tenía su peso…

Olvida como se veía durmiendo con tu chaqueta de pijama y sus blanquísimos calzones… tomó un libro con desgano y poniéndose los anteojos se preparó a leer un rato para distraer y relajar su mente y por fin dormir un par de horas… Le esperaba un largo día en el Museo. Un día de trabajo del que volvería excitado y expectante.

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Melissa, aún dormida, sintió unos golpeteos en la puerta. Con desgano, se levantó a abrir arrastrando las pantuflas.

-¿Wayne? ¿Qué haces aquí? ¿No sabes que hora es?

Estrujando el sombrero con que acompañaba sus correrías ajenas a la vida de Music Man, el muchachón ocupaba todo el marco de la puerta. Le echo un vistazo a la reportera. Una reveladora camisola de suave satín rosa, la cubría hasta la mitad del muslo. Un tirante pugnaba peligrosamente por deslizarse de uno de sus hombros.

-¿Y bien?

-Ah, hola Mel. Escuché que tuviste una pelea con supervillanos ayer… ¿Cómo anduvo todo?

-¿Viniste por eso? Bastaba con que vieras la tele o el diario de mañana, sonrió satisfecha. Está bien, te contaré. Pero antes prepararé algo de café…
Atareada en la pequeña cocina, la chica gorjeaba como un pajarillo, como en la época que viviera en su refugio. Extrañaba esos tiempos…

Luego, se sentó a su lado y comenzó su relato.
Mientras la escuchaba, no podía evitar escuchar su corazón, los latidos fuertes y regulares de un corazón luchador… Mel tenía la energía de una sobreviviente. Deseó que todas sus misiones fueran igual de exitosas. Parecía orgullosa y excitada de contarle a su mentor cómo se las había apañado para reducir a "los malos". Es sólo una chiquilla, pensó él.

-Pero Psychodelic escapó…

-No te preocupes, niña, a mí me lo hacía todo el tiempo, dijo Wayne con una sonrisa paternal. Hay que esperar que se encuentre totalmente sólido y aturdirlo para que le pongan un traje de contención. Desgraciadamente solo es tangible cuando tiene un rehén o cuando va a coger un armo o botín, y la mayor parte del tiempo utiliza a sus aliados para estos menesteres, concluyó.

Me siento como el lobo feroz acechando a Caperucita, pensó el señor Scott… hacía tanto tiempo que el deseo no le hacía sentir los labios resecos, el corazón destemplado y las piernas temblorosas… De nada le servía la superfuerza o la invulnerabilidad para estos casos.

-Mel… ¿Te gustaría almorzar conmigo mañana?

-Ah, Wayne, lo siento, me he comprometido a hacerlo con el señor Lafontaine, se lo debo, porque lo lastimé ayer por la mañana… Y le contó el incidente, divertida.

¿Un compromiso? La negativa le laceró como un piquete de alfiler, claro, en el hipotético caso que fuera posible picar con un alfiler a Metroman, invulnerable y hasta la fecha sin punto débil… A pesar de que Megamente le había intentado todo el tiempo y con brío, nadie había descubierto en él debilidad alguna… hasta ahora, una rubia debilidad, razonó y sonrió amargamente con la ironía.
No le gustaba nada lo que oía. Decidió investigarlo en secreto.

-Bueno, lo dejamos pendiente entonces, hasta luego, Melissa. Ojalá todo siga saliendo de perlas…

-Gracias por la visita y los buenos deseos. Me voy a la cama, dijo con inocencia cerrando la puerta.

"Me voy a la cama"… la frase y sus evocaciones y posibles vericuetos le provocaron una reacción involuntaria... Como hubiera deseado que ella se fuera a la cama… pero a la suya… Se sintió un monstruo, de repente, una sumergida fugaz en el lago más frío de Metrocity se le antojaba muy seductora.

Lo que leyó más tarde, no lo dejó muy tranquilo. Al parecer, el chico tenía fama de utilizar a las mujeres y luego dejarlas a su suerte… Y una de sus víctimas había sido nada menos que una joven e inexperta Roxanne, en los tiempos de Universidad.¡Qué pequeño es el mundo!

Luego de ganar un premio periodístico de proyección internacional, había partido a París como Agregado Cultural, donde había vivido a cuerpo de Rey a costa de una Princesa franco-rusa que había tenido la mala fortuna de conocerle en Metrocity. Cuando, según los diarios, la familia había presionado para hacer público el compromiso… la liebre se había escabullido, pues había sentido repentina nostalgia por su ciudad natal.

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Los primeros rayos del sol acariciaron a una yaciente pareja, que dormían abrazados, enlazados como sus destinos desde antes que sus ojos vieran la luz.

-Cariño… Roxanne acarició tiernamente el óvalo azulado del rostro de su amado. Este aún farfullaba en sueños. Estaba pensando… podríamos hacer una pequeña fiesta de Navidad para nuestros amigos, ¿Que te parece? Serviría para distraernos de toda la agitación de los últimos tiempos…

-No es mala idea… contestó el alienígena con los ojos aún cerrados. Los Cerebots y yo aún intentamos rastrear a Cerebron y no hay trazas de su presencia, es como si se lo hubiera tragado la tierra. Supongo que podemos relajarnos un poco sin peligro al menos por unos días. Podemos aprovechar el recinto, ya que la obra gruesa de la nueva Guarida está casi lista.
¿Y puede ser una parrillada? Di que sí, por favor, Roxanne…

-Hmmm… la verdad yo pensaba en lago más familiar, con pavo relleno… la imagen de postal que había imaginado se disolvió en su mente. Era obvio que él terminaría por transformarlo en un malón… pensó frunciendo el ceño y supuso que la lista de invitados les traería varios dolores de cabeza y tiras y aflojas…

Megamente abrió los ojos y acarició la naciente barriga de casi tres meses que adornaba el frontis de su adorada. No podía evitar sentir que era milagroso que un pequeño ser, que contenía ADN de ambos se estaba gestando ahí, a puertas cerradas. La primera ecografía le había dejado gusto a poco y secretamente miraba cuanto faltaba para la siguiente en el calendario del improvisado taller que había instalado en la sala de estar… ¿Porqué había que esperar tanto? Tarareó para su precioso bebé.

-¿Qué quieres que sea, niño o niña? Ambos se acariciaban con ternura.

-Cualquiera de los dos me haría muy feliz… Por lo que he podido leer, en Blunaria ni siquiera los padres tenían la última palabra respecto de sus bebés. En la mayoría de los casos, antes del Frenesí, las mujeres debían presentarse a un examen donde el óvulo era examinado para comprobar su pureza genética y se asignaba el género del bebé con una microinyección que estimulaba el género deseado.

-Es muy distinto de la Tierra, acá dejamos actuar a la naturaleza, o al azar de la genética, como lo prefieras.

-Mi madre hizo una pequeña trampita. Por alguna razón, deseaba tener un niño, así que se puso de acuerdo para pasar en el lugar de otra blunariana. Al parecer, ni ella ni mi padre se sentían tan cómodos con los rígidos estándares de la sociedad Blunar.

-Estoy tan feliz de su rebeldía, que desearía poder agradecerle personalmente, dijo Roxanne, que comenzaba a sentirse deseosa y hace un rato que sus caricias se habían empezado a hacer menos inocentes…

Los besos húmedos de gata sobre su piel le hicieron estremecer. Roxanne le estaba lamiendo la cara interna de los brazos, y su cuerpo reaccionaba felizmente al estímulo… un volumen empezaba a destacarse nítidamente bajo las mantas.

El chico azul emitió un ligero jadeo. Al parecer el embarazo aumentaba las ganas de su chica, que estaba estrujando ya directamente sus partes nobles.

-Pequeña diablilla… la puso sobre él para no cargarle el vientre, y sus gimoteos de placer mientras lo cabalgaba como a un joven e indomable potrillo azul fueron música para sus oídos… Se contuvo mientras pudo, pero el roce de su cuerpo, el perfume de su carne, el vaivén de sus caderas y el hipnótico balanceo de sus pechos, hicieron que acabaran rápidamente, ambos al unísono, deshechos en suspiros de alivio y gratitud…

Tras ronronear satisfecha, y hacerle algunos mimos, la reportera corrió a la ducha, se estaba retrasando para el trabajo.
Mientras ella se vestía, el tomó un rápido baño.

-No puede ser… Al mirar por la ventana, de vuelta en el cuarto, la Megaseñal destacaba nítidamente en el cielo. Con un pequeño silbido, llamó a los "intrusos voladores", como los llamaba Roxanne y estos entraron en tropel, y lo vistieron en tres segundos…

-No deberías depender de los cerebots para vestirte, eres como un bebé… Roxanne salió corriendo mientras se arreglaba el cabello con los dedos.
Megamente le sacó la lengua.

-"Es envidia, lo que tiene la gente…" canturreó.
Luego le habló al comunicador.

-Código: Problemas en la bahía Servil, desde aquí veo el humo, trae el auto.
-Código: Voy enseguida Señor.
-¿Cómo ha amanecido tu gente, chico pez?
-¡Todos bien, Señor! La voz del servo sonaba alegre. ¡Pronto los darán de alta!
-¡Qué bien!

Algunas horas más tarde, luego de ayudar en la contingencia en que un carguero lleno de explosivos e incendiándose amenazaba con volar el muelle, Amo y Asistente pudieron conversar. Así decidieron tratar de coincidir la fiesta de "Nabidad" con el alta de la familia nadadora.

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Era una estupidez espiarla así, pero no podía evitarlo. Ahí estaba Melissa, sentada en un primoroso cafetín francés, en compañía del galancete de pacotilla, que no dejaba de chapurrearle en un dialecto salpicado de palabras franchutes.
La chica hizo un mohín.

-No me importa si paso por "No chic", pero no va Ud. a hacerme comer caracoles, Sr. Lafontaine…

-Sólo dime Lance, por favor, cariño, recuerda que ya nos conocemos bien… ¿Puedes llevarte esa fuente Pierre? Dijo pasándosela al garzón.

Ni por asomo, pensó Melissa. No sabes de la misa más de la mitad…

-Quiero brindar con champagne por el destino que nos ha reunido, por nosotros, las dos super estrellas "tres chic" de la prensa metrocitadina…

Un reportero de pasquín se asomó a la pasada, felicitándose por su buena suerte.
Lance rodeó la mesa presuroso y abrazó a la rubia, poniendo su mejor cara de foto. El reportero se fue feliz y Melissa intentó soltarse con un empujoncito suave… que terminó con el afrancesado golpeándose la cabeza en una esquina de la mesa…

¿Porqué a mí? La chica lo tomó en brazos, lo que causó la extrañeza de los meseros.
-Como todas mis verduras, ¿Ven?
Acto seguido, llamó un taxi, que los llevó raudamente al hospital.

Wayne, oculto en las sombras, se alegró. El corazón de Mel sólo se agitaba porque estaba nerviosa. Además, por lo visto, no podría tener una relación normal con un petimetre como ese, a no ser que le gustara verlo lleno de vendas y él fuera masoquista.

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Los Cerebots ronroneaban mientras colgaban las últimas decoraciones. La obra gruesa de la guarida estaba lista, así que todo lucía muy bien, con guirnaldas de acebo y muérdago, con adornos en forma de relámpago azul y esferas azules y plateadas pro tods lados.
De a poco los invitados comenzaron a llegar. Charlie y Edile, Bernard y Killariann, los chicos de la banda de Kevin…

Todos se pusieron de pie para aplaudir cuando Rommer entró portando una pecera con Marla y los cuatro huevitos sobrevivientes. El chico era la mar de discreto. Con todas esas rarezas a su alrededor y él, que practicaba algunos de los preceptos del Reggae, no preguntaba ni curioseaba por nada. "La vida fluye" y para él no había nada mejor que hacerla fluir ayudando a los hermanos animales. Miró a Marla con ternura.

-Cuídala, chico fuerte. Tras depositarla en un mesón, le dio un golpecito en el hombro peludo a Servil antes de marcharse.

-Gracias, Señor Adams, la cuidaré con mi vida…

Megamente le dijo con una sonrisa:
-¿No le gustaría quedarse a la fiesta?

El veterinario sacudió sus rizos y sonrió.
-Lo siento, tengo que operar a una foca, pero si me necesitan de nuevo no duden en llamarme.

-Gracias, viejo amigo, te debo una… Edile le dio un abrazo antes de que se marchara.

-No sé como agradecerle por salvarme, mis hijitos me necesitan…

Rommer se fue con la voz de Marla rondándole en la cabeza. A pesar de lo raro que era a él sólo le importaba ayudar a los animalitos sufrientes.

Con el doctor, con quien compartían Campus, solían pasear por las áreas verdes y cuando de casualidad encontraban algún pajarillo, perro o gato en dificultades ponían en juego sus habilidades, haciendo el bien sin mirar a quién. Ambos caían en la categoría de "nerds" así que la amistad mutua los había mantenido a flote en un ambiente universitario semi-hostil.

Una vez que unos chicos habían bebido demasiado y atropellaron a un perro, recordaba cómo la impotencia y el dolor se mezclaban en sus lágrimas al tener que sacrificarlo. Así, prefería no comer ni dormir si tenía un caso grave, deseaba ser el mejor veterinario no por la gloria, ni por el dinero, sino por los hermanos animales.

Una sonrisa se expandió en su rostro esculpido en chocolate. Al menos esta vez habían vencido exitosamente a la Parca.

La fiesta prosiguió, con el alienígena azulado presumiendo de lo bueno que era para asar carnes, mientras repartía generosamente entre sus invitados.
Roxanne y Charlie se habían encargado de las ensaladas y las salsas.

Killariann miraba todo maravillada. Estaba muy agradecida de la reportera, que le había mandado algo de ropa. Un enorme árbol de navidad reinaba en el salón.
Había leído un poco sobre estas costumbres de la Tierra, pero aún le intrigaban.
Bernard le contó un poco sobre Jesús. El había escrito un ensayo en que comparaba un poco la llegada de Megamente con la historia del Salvador del Mundo. La coincidencia de la estrella, el bebé de otro mundo que había venido… con la diferencia en que el Mesías había sido bueno desde el principio.
También le contó sobre la Paz y el Amor que parecían hacer mejores a las personas en esas fechas.

-Es muy triste para los que están solos en este mundo, dijo la princesa, por lo visto es una fiesta para las familias…

-Nunca estarás sola, Killariann, ya tienes amigos y personas que te aprecian, incluso la señorita Ritchie se preocupa por tí.

-Y de alguna manera todos somos tu familia, ¿No? Ahora eres como mi hermanita, acotó el Héroe de la ciudad abrazándola.

-Gracias, expresó ella, emocionada. Derivann siempre fue fiel y cuidó de ella, pero no podía evitar sentir que algo le faltaba… los Namek eran buenos a su manera, aunque demasiado reservados, casi fríos…

Luego, cuando la banda puso algo de música, bailaron un poco.
-A veces, quisiera que estos momentos nunca terminaran, musitó Roxanne en la sensible oreja de su hombre, mientras bailaban un tema lento y sinuoso.

-Pronto tendremos que organizar otra fiesta, le contestó él, feliz y enmorecido.
-¿Te refieres a…
-¡Eso mismo! ¡Cómo me gustaría poder invitar a todo Metrociudad!
-No es posible… recuerda a los villanos, supervillanos y a Cerebron.
-Es verdad, no sólo podrían arruinar la fiesta, también podrían hacer daño…
-Por el momento no le veo solución…
-No quiero exponerte a ti o al bebé a ningún peligro por mi culpa.
-Lo importante es que estamos juntos. Lo demás tendrá que esperar.

Charlie y Edile también saboreaban de la dulce tranquilidad del momento, mirando de reojo a sus amigos. Bernard y Killariann también disfrutaban del baile, era un momento de idílica paz, de esos que hay pocos en la vida.

De improviso la voz mental de Marla inundó el espacio:
-¡OH! ¡Ya está sucediendo, vengan por favor!

Todos se acercaron presurosos al estanque donde reposaba la chica pez y su camada…
Los huevecillos parecían eclosionar. Las mandíbulas de un alevín sobresalían nítidamente, mordiendo la envoltura.

-¡Dios mío! Están naciendo los pequeñines…Servil se paseaba nervioso, con grandes zancadas, de un lado a otro…

Derivann contemplaba el pequeño milagro con aparente frialdad. Pero definitivamente sentía algo de envidia. En su distracción, no vio como Killarian y Bernard se tomaban de la mano, llenos de emoción.

Unos minutos más tarde, tres de los pececillos habían logrado salir del huevo. Sus restos se habían aconchado al fondo del acuario mientras ellos comenzaban a estrenar sus diminutas aletas.

-¿Y ese más pequeño, no va a lograrlo? Charlie miró a su doctor inquisitivamente.

-Lo siento Char, la experiencia demuestra que es un proceso que deben superar ellos solos, si le ayudamos lo estaríamos condenando a morir de todas formas…

-Lucha, mi amor, esfuérzate… Marla concentró toda su energía en su último huevo. Tú puedes, amor mío… ya perdí a demasiados de Uds… lo tocó suavemente con sus aletas.

De pronto, unos dientes diminutos surgieron de la envoltura, ¡Lo estaba logrando!.

-¡Vamos bebé! Roxanne sentía los ojos humedecidos, ella sería la siguiente en alumbrar. Se tocó la barriguita, mientras Megamente la abrazaba, nervioso.

Finalmente, los cuatro alevines estuvieron fuera del huevo. Aún eran muy pequeños y grisáceos, y sus ojos empezaban a enfocar el mundo.
Servil no aguantó más y se deslizó con suavidad dentro del tanque. Él y Marla acariciaron a sus pequeños milagros.

Un profundo sentimiento embargaba a todos. Definitivamente esa lección de vida era uno de los más espléndidos regalos que se podía recibir esa Navidad, o Nabidad, como decía Megamente.