5 meses después…

-¡Corre, que nos están llamando!

Cosima corrió hacia el sofá y le dio un beso en la mejilla. Le dieron al botón verde y al cabo de pocos segundos las caras de sus hermanas se mostraron. Tres cámaras diferentes; la de Sarah, donde estaba ella, Kira y Felix. La de Alison donde estaba ella sola y la de Cosima donde estaban Cosima y Delphine.

-¡Hola a todos!- saludaron la pareja.

-¿Cómo va por París?- preguntó Sarah.

-Bastante bien. Ya casi hemos decorado toda la casa… Aunque en nada nos queremos volver a mudar- explicó Cosima.

-Cuando vengáis traedme algún perfume caro, que dicen que son muy buenos los de ahí.- dijo Ali mientras estaba escribiendo en su pizarra convertida en horario.

-¿Sabéis que Cosima ha entrado en una universidad pija?- dijo Delphine rápidamente antes de que Cosima la pudiera hacer callar.

-No es pija, simplemente es privada.-intentó corregirla.

-¿Y eso?- dijo Felix –No es nada de tu estilo, querida.

-No, ya lo sé, bueno. No es pija, quiero decir, simplemente es una universidad donde solo se habla inglés, ¿sabes? El francés aún no lo domino muy bien y me han ofrecido una plaza para que imparta unas clases. Ya sé que tampoco tengo la carrera de profesora ni nada, pero su sistema es muy diferente al de los demás y no necesito nada de esas cosas. Además, me contrataron porque dicen que aparte de tener el doctorado, soy joven y guay, y así las clases son más amenas.-

-¡Eso está muy bien! Me alegro por ti, Cos- dijo Sarah.

Cosima asintió contenta.

-Y Delphine sigue trabajando en el DYAD, pero nada sobre clones- aseguró Cosima.

-Sí… Nada de clones- se como en el principio, trabajando y haciéndome la tonta. Pero al menos me aseguran la faena.

-Seguro que en nada estaréis viviendo en una mansión.- comentó Felix.

-En Paris no hay sitio para mansiones- contestó Delphine. –Aunque hay edificios grandes. Pero aún estamos mirando…

-Es cierto, ¿ahora dónde estáis viviendo?- preguntó Alison.

-En la antigua casa de mis padres. Ahora ellos viven en las afueras y nosotras nos hemos quedado el piso. –contestó Delphine amablemente. –Hay habitaciones de sobras para cuando vengáis. –sonrió.

Todos estuvieron hablando durante casi una hora hasta que colgaron.


-¿Quieres té o café?- preguntó Delphine.

-M… Café.- contestó Cosima mientras se acomodaba en el sofá. Apagó el ordenador y encendió la tele.

Delphine volvió al cabo de cinco minutos con dos tazas de café. Se tumbó al lado opuesto de Cosima y le dio la taza de café.

-¿Qué dan por la tele?- preguntó Delphine tapándose con una manta. Guantes vino a los pies de las chicas.

-Los Juegos Olímpicos- dijo desde la otra punta del sofá. Pusieron los juegos y se entretuvieron comentando las coreografías de las nadadoras.


-Nosotro tuvimos claro des de un principio que queríamos tener hijos.- comentó un chico mientras se bebía una cerveza.

-La verdad es que nos ha cambiado la vida.- añadió una chica que estaba a su lado.

Cosima y Delphine estaban sentadas una al lado de la otra junto a una pareja que tenían delante. Estaban en la terraza de una cafetería apartada del centro. Entre unos callejones sofisticados y tranquilos. Cosima tenía en las faldas a un pequeño niño rubio que reía todo el rato.

-¿Vosotras no habéis pensado nada aún?- preguntó la chica. Se llamaba Aurore.

Delphine rió y Cosima miró confusa a la pareja mientras jugaba con las manitas del niño.

-Bueno, a ver, nunca lo hemos hablado. Pero o sea, no me importaría. No digo ahora, pero ya sabéis, en unos años. No sé qué piensa Delph.- Cosima hablaba nerviosamente mientras jugaba con el niño.

Delphine la miraba mientras intentaba no reírse. Cosima estaba graciosa cuando se ponía nerviosa por temas así.

-¿Y qué piensas tú, Delphine?- preguntó Alfred, el chico.

-Sí que me haría bastante ilusión. Mi madre y yo siempre hemos hablado de cómo sería mi boda perfecta y mi familia. Los nombres de los niños y todas esas cosas…- termino callándose con una leve sonrisa. –Ya veremos, ¿no?- dijo mirando a Cosima. –De momento ya estamos bien cuidándoos a Philippe.

El pequeño Philippe miró a Dephine sonriendo porque escuchó su nombre. Era un niño muy gracioso. Rubio con los ojos oscuros y unas mejillas levemente rosadas. Tenía un año y pocos meses.

Las dos parejas charlaron durante un rato más hasta que los franceses tenían que irse.

-Cena sobre las siete de la tarde y a las ocho, seguro que ya estará dormido.- informó Aurore mientras se ponía la chaqueta.

-No tardaremos mucho. Sobre la una ya habremos terminado. Creedme, no quiero ir a esa estúpida cena de empresa…- añadió Alfred.

-Alfred- Aurore le dio un codazo al su marido con cara de enfadada.

-Vale, perfecto, nosotras estaremos en casa.- dijo Delphine mientras cogía el bolso de Philippe que le daba Aurore.

-Bueno pequeño, papá y mamá se van.- Alfred besó la cabeza d su hijo. Al niño ya se le empezaban a empañar los ojos. Aurore le dio otro beso y comprobó que no le faltaba de nada. El niño empezó a llorar en cuanto los padres se fueron.

-Hey, ¿vamos al parque?- le dijo Cosima al niño para que se calmara.

Delphine pagó las bebidas y regresó. Puso la bolsa de Philippe encima del cochecito.

-Va, vamos. Y veremos los pajaritos y los patos del estanque.- dijo dulcemente Delphine. Se acercó al niño, que ya se estaba calmando y le besó la manita.

Empezaron a andar por las calles. Cosima llevaba al niño en brazos y Delphine empujaba el carrito. Las chicas entretenían al niño enseñándole cosas como los perros que eran paseados por sus dueños y los músicos callejeros. Eso le divertía mucho. Después de andar un rato, llegaron a un gran parque verde con un pequeño lago. Las chicas se sentaron en el césped y dejaron a Philippe de pie, ya que ya andaba solo.

Delphine sacó de su bolso la cámara de fotos y la encendió.

-Seguro que les hará gracia tener un par de fotos.- dijo mientras la encendía.

-Estás muy mona cuando te pones maternal con este niño- comentó Cosima mientras miraba a su chica. –Y muy responsable.

-¿Es que a casa no lo soy en general?- reprochó Delphine mientras cerraba los ojos con aires de listilla.

-Más de lo habitual- contestó Cosima. Se acercó a Delphine y le dio un beso corto. Ambas chicas desearían continuar besándose si no fuera porque el pequeño Philippe se abalanzó hacia ellas torpemente.

-Eh, hueles mal- dijo Delphine con un tono de voz infantil. La chica miró por dentro de los pantalones del niño y vio que el pañal estaba manchado. –Vamos a cambiarte.

Cosima preparó en el suelo un cambiador improvisado con lo que Aurore había puesto en la bolsa del niño. Al cabo de un par de minutos Philippe ya volvía a corretear por el césped. Los tres fueron cerca del estanque para dar pan a los patos que nadaban por ahí. Al principio Philippe estaba asustado pero después se entretuvo mirándolos. Pasaron la tarde en el parque divirtiéndose con el bebé hasta que fue la hora de ir a casa. Fueron andando y tardaron un poco en llegar. El niño se había dormido en el cochecito así que las chicas fueron hablando durante el camino.

Llegaron a casa. Dejaron todas las cosas en el salón. Cosima fue a la cocina con un plato y una cuchara de plástico y un puré que había en un pote de cristal. Lo echó en el plato y después lo puso en el microondas. De mientras, Delphine puso a Philippe al suelo y este empezó a correr por el salón. Le gustaban las alfombras suaves. Delphine le puso el babero al niño y lo sentó encima de sus faldas. Estaba sentada en el sofá mientras buscaba algún canal interesante.

Cosima volvió con el plato y se sentó al lado de Delphine.

-Vamos a ver, pequeñín.- dijo Cosima. Le enseñó una cucharada de puré y el niño la rechazó a la primera pero después abrió la boca y se lo comió todo. A los cinco minutos el niño ya había cenado.

Pusieron el pijama al niño y lo tumbaron en su cochecito, al cabo de poco rato ya estaba durmiendo como un lirón.


Los padres de Philippe ya habían venido a buscar al pequeño. La pareja de chicas ya estaba metida en la cama.

-Así que con tu madre siempre habías planeado tu boda y familia, ¿eh?- Cosima se giró hacia Delphine, que estaba leyendo.

Delphine dejó de mirar el libro y miró hacia Cosima.

-Sí, ¿y qué pasa?- contestó sonriendo.

-¿Cuáles eran tus planes?- preguntó mientras se sacaba las gafas y las mantenía en la mano. Cosima sin los ojos pintados estaba rarísima.

Delphine suspiró mientras pensaba.

-Pues principalmente yo siempre había pensado que me casaría con un hombre.- río.

-Tan hetero tú…- rodó los ojos.

-Casarme por la iglesia y después hacer una gran fiesta con muchos invitados. Después formar familia y tener un perro. Tener un niño y una niña; Annete y Hugo. Y vivir felices para siempre.- suspiró –Y mírame ahora.

-¿Tan mala es tu vida ahora?- comentó Cosima mientras sonreía.

-¡No!- le dio un codazo. Delphine se tumbó finalmente en la cama y dejó el libro en la mesita de noche. –Es perfecta. Estoy con una chica inteligente, divertida y preciosa. En una casita para las dos…- lo explicó con un tono místico.

-¿Y la boda y los hijos?- preguntó seria Cosima. Interesada en la respuesta de su pareja.

-La boda y los hijos… Ya veremos. Quiero decir, a mí me encantaría casarme contigo y tener hijos. Me encantaría. Pero no sé si pensamos lo mismo.- Delphine se estaba poniendo nerviosa.

-Nunca he sido fan del matrimonio, ya sabes, alma libre. Pero contigo… no necesito a nadie más. Y sería divertido tener a mini Delphines corriendo por la casa.- Cosima lo comentó mientras miraba al techo y jugaba con sus propias manos.

-¿Me estás pidiendo matrimonio indirectamente?- dijo Delphine incrédula pero bromeando.

-No… oficialmente. Hay maneras mejores de pedir matrimonio.- Cosima le guiñó un ojo.

-Eres estúpida…- Delphine se río.

-Lo sé, pero soy tu estúpida.- Cosima se aproximó a Delphine para abrazarla por las caderas. –Y… esta… estúpida te quiere… mucho…- dijo mientras besaba a su chica.