SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.
Capítulo 50, Guerra interplanetaria.
Vespassiaxx pasó orgullosamente entre los dos enormes robots que custodiaban la entrada para dirigirse a las jaulas que contenían a los individuos de su propia especie. No era un genocida. En verdad deseaba la supervivencia de su raza, siempre y cuando esta se elevara con superioridad por sobre las otras razas y tuviera la posibilidad de dominar la mayor parte del Universo conocido.
-"Soy blunariano de nacimiento – se dijo – pero mundobelicista de crianza. En Mundobélico solo el más fuerte sobrevive".
Su orgulloso y cultivado bigote vibraba de emoción. Al fin años de planificación daban fruto. No habían sido en vano los duros años de dolor y supervivencia en un planeta hostil, donde matar o morir era la premisa.
Contempló las jaulas con desdén. A pesar de estar drogados, las miradas de odio que le dirigían sus congéneres le tenían sin cuidado. Podría haber prescindido de los varones, pero lamentablemente necesitaba al menos un donante masculino más para evitar la degradación genética que conllevaba las relaciones entre parientes. Y su plan iba mucho más allá de un corto plazo. Si hubiera sabido del pequeño retoño híbrido que descansaba pacíficamente en el vientre de cierta reportera, hubiera mandado eliminar de inmediato a toda competencia de su propio género. Sus retorcidas intenciones implicaban aparearse con al menos tres blunarianas y ser el padre de casi todos los nacidos en Nueva Blunaria. Adaptaría el próspero planeta que había adoptado a Lexterionn para convertirlo en una fortaleza militar, habitada por inteligentes blunarianos con sed de conquista, criados a su imagen y semejanza.
La curiosa mirada de admiración que percibió en el rostro de Athennaii, la blunariana criada en Apokolips lo sacó de balance y lo hizo detener por un segundo con el pie en el aire. No parecía asqueada, asustada ni cargada de odio. Entonces recordó que ella era la única que no había opuesto resistencia ni mascullado una sarta de improperios al ser tomada prisionera. La prometida de Iseriann, el cultivador de patatas, como solía llamarle Vespassiaxx con desprecio, era una excelente representante de su raza, su cuerpo fornido y musculoso sin una gota de grasa inútil, se movía con la seguridad y orgullo de un felino, con su enhiesta y bien modelada cabecita azul mirándole casi retadoramente. ¡Qué desperdicio!. Su boca se puso seca y deslizó la lengua sobre los labios. Hizo señas a los robots para que llevaran la prisionera, bien encadenada y con represores de extremidades a su cámara. Necesitaba interrogarla, se dijo para justificar sus propias y retorcidas motivaciones.
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Los robots habían caído sobre la ciudad en forma tan rápida e implacable, que el toque de queda había sido establecido casi sin bajas. Se había pedido a los humanos que siguieran con sus pedestres actividades con normalidad, siempre y cuando no se acercaran a puntos de reunión masiva, no conspiraran contra el nuevo orden mundial ni se acercaran a los centros de actividad militar que estaban siendo desmantelados.
Edile suspiró con desaliento. Charlie estaba tan nerviosa de la inactividad que creía estar a punto de enloquecer. Además, lo enrarecido del aire y la falta de oxígeno habían terminado por dejarla en un embotamiento que se le hacía malsano… Pero… Siempre era preferible a haber caído prisioneros o luchar a muerte.
El general se acercó de nuevo a verificar el estado de sus avances. La base subterránea contaba con casi todas las comodidades de la que estaba siendo destruida sobre la superficie, pero gracias al trabajo de cientos de científicos y el apoyo de Megamente y la tecnología blunariana aplicada, habían podido crear el búnker perfecto e indetectable.
-Falta muy poco para terminar de actualizar el Sistema operativo y la cadena de comando de nuestras armaduras – Explicó el científico secándose una gota de sudor sobre la frente – Gracias a lo que hemos aprendido de la holotableta, lo más importante será fortalecernos lo suficiente como para no ser infectados o hackeados por ningún virus hostil del enemigo- concluyó.
El maduro militar asintió. Era lamentable, pero muchas batallas se perdían por falta de preparación. En este momento, lo más importante no eran las prisas. La ciudad ya había sido tomada por completo. La contraofensiva debía ser rápida y efectiva. Se estaba jugando el futuro de la raza humana.
El científico le echó un vistazo preocupado a su prometida y volvió a concentrarse en la pantalla.
Char no podía dejar de pensar en Roxanne. Ojalá estuviera aún en la seguridad del Canal. Al menos ahí tendría alimentos, ayuda de otros y no estaría sola. Se estremeció al pensar en la angustia que debía sentir justo ahora la reportera, después de la transmisión alienígena que había saturado todos los medios de comunicación para mostrar al puñado de blunarianos prisioneros. Los principales líderes del planeta habían aceptado rendirse, con el fin de ganar algo de tiempo, e impedir que sus países fueran atacados con armas de destrucción masiva y se encontraban ahora prisioneros en varios complejos alrededor del mundo, custodiados por feroces robots sin corazón.
Todos vamos a morir…, se dijo, aovillada en el suelo, mirando las lóbregas paredes de metal reforzado, sin poder plasmar sus negros pensamientos para no quitarle las esperanzas que brillaban en la mirada de su amado Edile.
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La reportera se mojó el rostro con un poco de agua helada y se enjuagó la boca. Aún sentía algo de náuseas y vómitos, y la situación actual había intensificado sus malestares. Acarició su vientre con preocupación. Algo debía haber salido condenadamente mal allá arriba en la Luna, pensó, mientras elevaba el rostro y una improvisada plegaria hacia el punto del espacio donde se encontraba el padre de su bebé. Había dejado la puerta entreabierta y por el rabillo del ojo percibió movimientos en el cubículo gemelo al otro lado del pasillo de servicios del canal. Llevaban ya casi cinco días transmitiendo en directo, haciendo pequeñas pausas para comer, dormir o refrescarse. Querían mantener informada a la población para que se mantuvieran tranquilos y nadie fuera hacer ninguna locura, aunque ya se habían reportado incendios, saqueos, suicidios y uno que otro intento de rebelión que había sido reprimido en forma brutal por los robots de Vespassiaxx.
Lance salió del otro lavabo, arreglándose el cabello con afectación. Su perlescente y blanca sonrisa bailaba en su rostro de manera impecable. Roxanne sintió asco y creyó que volvería a vomitar la escasa comida que había podido tragar en las últimas horas, un par de bocadillos del vendomático y como tres tazas de café azucarado. No pudo resistirlo más. Se acercó a él y lo empujó, enterrándole en el pecho ambos puños, haciéndole trastabillar y chocar contra la pared.
-¿Qué te pasa, estás loca, mujer? – El reportero se alisó la ropa y volvió a acomodar el cabello con estudiada afectación – Si no estuviéramos en medio de un conflicto, te juro que te demandaría- concluyó.
-¡El que está loco eres tú! ¿Cómo puedes seguir sonriendo de esa manera estúpida? ¿Es que no sabes lo que está sucediendo? ¿Acaso no viste el holocomunicado?
-Si te refieres al ultimátum del General Vespassiaxx, donde pedía que se le entregara el dominio del planeta de forma pacífica, es obvio que lo vi… fue el momento de mayor rating de mi carrera, ¿Cómo podría habérmelo perdido? Por cierto, bien inútil resultó Megamente, dejándose capturar en menos de cinco minutos apenas puso el pie en la Luna- Se echó a reír con desprecio – Creo que nosotros somos más heroicos que él, transmitiendo las novedades de forma ininterrumpida las 24 horas del día – concluyó, echándose una última mirada crítica al espejo.
-¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso hubieras arriesgado tu vida por nosotros como hizo él?
-¿YO? ¡Por supuesto que no, tontuela! Soy una verdadera mina de oro en potencia. No sé por qué te preocupa tanto Megamente, está acabado. Me imagino que pronto se anunciará su ejecución, al menos, si yo estuviera en la posición del invasor alienígena, sería una de las primeras cosas que haría, ¿No recuerdas lo que dijo el analista político? ¡No lo dije yo! – se excusó, protegiéndose el rostro con ambas manos perfectamente manicuradas, al ver la mirada asesina que volvía a rondar la faz oronda de la reportera.
Roxanne se dejó caer con un gemido desaliento, apoyando la espalda en la pared, y haciéndose un ovillo. Su suerte no podía ser peor, estar encerrada en el canal con este maldito idiota.
-¡Vamos cheriè! No es para tanto, ven ponte de pie, es hora de nuestro informe… - se detuvo sobresaltado y no alcanzó a tocarla, al ver la expresión asesina en los ojos de la muchacha, en vez de la llorosa que esperaba naturalmente ver.
Ella se puso de pie casi de un salto, lo cogió de las solapas y lo arrinconó contra la pared.
-¿Sabes por qué me preocupa, imbécil? Porque, no solo soy un ser humano cuyo planeta acaba de ser invadido, no sólo soy una reportera cuyo trabajo se está yendo al garete por trabajar con escoria como tú… ¡Me preocupo porque el padre de mí hijo está allá afuera intentando salvar a malditos hipócritas como tú que ni siquiera lo merecen!
-Mais…Oui – Lance estaba pálido – El padre de tu hijo es un militar, ne pas? Yo no lo sabía, no has querido soltar prenda de quien es a ninguna revista del corazón y eso que te han ofrecido un dineral por la exclusiva, ni siquiera lo has dicho a tu propio equipo de trabajo, se supone que hay confianza – Terminó con un dejo de resentimiento (no es que le importara realmente, pero un notición de ese tamaño le habría significado una gran cantidad de pasta y le habría asegurado varias portadas y entrevistas exclusivas si hubiera sido de los primeros en saberlo y anunciarlo)
-¡NO, IDIOTA! – La chica simplemente no podía más de angustia y simplemente explotó – EL PADRE DE MI HIJO NO ES NINGÚN MILITAR… ¡ES MEGAMENTE! ¿LO OÍSTE BIEN CON TUS SUCIAS OREJAS, LANCE? ¡ES MEGAMENTE! ¡ME-GA-MEN-TE! ¿TE QUEDA CLARO, INMUNDA BABOSA?
Roxanne lo soltó como si de un muñeco de trapo se tratara y Lance resbaló hasta el suelo donde se quedó un rato sumido en la más total perplejidad. Intentó varias veces reagrupar sus ideas, y buscar al menos un uso práctico para la candente revelación que acababa de recibir. Cuando por fin hilvanó el esqueleto de un plan, su sonrisa volvió a aflorar impoluta e imperecedera en sus labios.
Claro, había pensado varias veces en anunciar que él era el padre misterioso del hijo de la más afamada y querida reportera, eso le habría acarreado notoriedad instantánea, aún si eso hubiera significa después tener que dar disculpas públicas o un desmentido. Pero ahora, con esta información jugosa y exclusiva entre manos… Su anterior planificación no le serviría de nada. Debía trabajar en base al presente.
Se puso de pie y sacudió su ropa cuidadosamente.
Oh, sí. Este sería un gran día para Lance Lafontaine.
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Hace un par de días se paseaba como un león enjaulado en su refugio. Sabía que afuera la miseria y la desesperación se acumulaban entre las personas, que había necesidad de alguien que les diera esperanza… Y él no se sentía capaz de dársela a nadie. ¿Cuántas veces había ya mirado de reojo su viejo traje? Blanco y dorado… algo pomposo, pensaba ahora ("Ridículo" la vocecilla de Lord Scott siempre le acompañaba a cada momento, machacando sus más ardientes ilusiones de ser algo más que un niño perfecto) Cada sueño que había tenido, cada idea divergente había sido aplastada de raíz pro el deseo de complacer a alguien que en realidad nunca estuvo ahí. Juntas de negocios, reuniones políticas, por el ¡Amor de Dios! Si hasta el diario "The economist" era siempre más importante que hablar con su propio hijo… El perfecto heredero de los negocios familiares.
He sido una decepción, tras una decepción. Pensó. Las primeras veces que, inspirado por Charlie, había dedicado su tiempo hacer el bien pro los demás ciudadanos, su padre simplemente había exigido más, como si de un pasatiempo común o una mascota se tratara. Siempre debía cumplir, ya fueran deberes escolares, ceremonias, Harvard… Pero jamás llegó el beneplácito, la aceptación, la sonrisa de orgullo. Por ello este brote de rebeldía. Ser cantante rockero en plena crisis existencial, frisando los 40. Podía volar, ¿Pero de qué le servía si el peso de la inconformidad eterna de Lord Scott le cortaba las alas? Suspiró.
Se sobresaltó al sentir golpes en la puerta.
Al abrir, la espigada figura de la rubia reportera se recortó contra la puerta. La luz directa del sol le cegaba los ojos, En verdad llevaba varios días, (demasiados) encerrado.
-¿Wayne? ¿En verdad pretendes quedarte aquí enterrado? ¿No vas a hacer nada?
Silencio.
-¿No vas a ponerte tu traje? No finjas conmigo, sé que aún posees tus poderes, juntos podemos derrotar a ese ejército de robots…. Sabes que sola no puedo, hay demasiados civiles protestando en las calles ¡Alguien debe al menos dedicarse a ponerlo a salvo, son demasiados!
Más silencio.
-¡Ven conmigo! Se que escogiste retirarte, no conozco tus motivos, pero podemos arreglarlo después ¿Acaso no fuiste tú quien me entrenó? ¿Acaso no fuiste tú quien me dijo que siempre debíamos poner por encima el bien del prójimo? Metrociudad nos necesita Wayne…
Miró su delicada mano enguantada extendida hacia él. Apenas si se atrevió a alzar la vista hacia los ojos azul claro, llenos de vida y esperanza de Melissa… Una mirada que había vuelto a brillar, tras darse cuenta que su vida no era un total desperdicio si podía ayudar a los demás. Le había enseñado demasiado bien se dijo, tan bien, ¿Por qué no era capaz de recuperar lo mismo para sí?
-Lo siento – Musitó, mientras le daba la espalda – No puedo hacerlo.
-¡WAYNE! – La ira y la decepción se mezclaban con el desconcierto - ¿¡EN SERIO VAS A QUEDARTE AQUÍ SIN HACER NADA!?
Ella lo miró por nos segundos, y luego salió volando echa un cohete. No le importó destrozar la ya maltrecha puerta de "La escuela de jóvenes talentos". No quería que nadie viera sus lágrimas de impotencia y de furia. "Está bien – se dijo – de alguna manera me las arreglaré yo solita…"
Sacudió la cabeza al pensar que solo tendría que destruir cientos de robots, salvar millones de civiles y rescatar a Megamente de la Luna… ¡Pan comido!
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-¿Servil?
-¿Servil?
-¿Puedes oírme, cariño?
Ojalá apagaran esa alarma – pensó con malestar – Hace rato que me aburre esa canción.
En medio de nebulosos pensamientos, que le hacían sentir flotando entre algodones, aparecía entre tanto y tanto esa molesta letanía. Pero esa voz dulce… Había algo familiar, tierno y aprehensivo en ella.
-¿SERVIL? ¿Me escuchas, amor? ¿Puedes oírme?
Esa voz… ¿La he oído antes? De pronto tuvo conciencia de algo. Estaba flotando en líquido. No sentía las extremidades. Apenas si podía sentir conciencia de sus aletas. ¿Dónde estoy? Sus ojos se negaban aún a abrirse, pero esa voz en su cabeza…
¿Qué soy? Recordaba vagamente haber caminado a gran altura. Haber sentido fuertes brazos y musculosas piernas conectadas a su cuerpo, pero ahora este estaba lacio y sin fuerzas.
-¡SERVIIIIIIL! – gritó la voz en su cabeza.
-¡YA TE OÍ. MARLA, NO GRITES! – pensó.
Eso fue raro. ¿Marla? ¿Quién es Marla? Intentó evocar. Lo único que vio fue una silueta difusa que de a poco fue definiendo sus bordes. Pequeña, tan pequeña como él. Con aletas. Esas aletas… Por un minuto recordó que eran suaves y húmedas. Aletas que podían acariciar con amor. ¿Qué es el amor? Por alguna razón Marla y el amor eran uno sólo en su débil recuerdo. Un beso... un beso de pez largo y profundo. Unos ojos carmesí… El rojizo brillo húmedo de esos ojos lo hizo desear abrir los suyos. "Marlassius Escarlata" - la voz de Fred en su cerebro. Por alguna razón ahora odiaba a Fred. ¿Acaso Fred no era su amigo?
Una jaqueca punzante y dolorosa agobió su lastimado cerebro por el esfuerzo realizado para recordar. Las aletas. Puedo mover las aletas. Se dijo. Flotaba. O subía. Daba igual. De pronto, el agua se cortó cuando llegó a la superficie. Aspiró una bocanada de aire y la boca y las branquias le ardieron y tosió.
Por fin pudo abrir los ojos. Parecían velados por una gasa, pero lo que vio y comenzó lentamente a tener algún sentido le dejó helado. Había seis tanques más. En cada tanque había un pez diferente. Todos estaban igual de drogados que él, con válvulas que los mantenían bajo un suministro constante de droga. Volvió a respirar solo un poquito de agua del acuario y luego a aspirar aire de la superficie hasta ahogarse en una tos seca.
-¡Marla! ¡Niños! ¡SEÑOR! – Ahogó un grito.
Los recuerdos acudieron en masa como un rebaño de reses asustadas que corre hacia el redil huyendo de los lobos.
-¡TENGO QUE AYUDAR A MI SEÑOR! – Concluyó al recordar cómo habían sido capturados. Seguramente Megamente estaba igual de drogado y más desorientado que él mismo, pensó.
La voz de Marla se escuchó en su cabeza, cada vez más débil, el esfuerzo de su mujer debió ser enorme para poder alcanzarlo tras esa espesa cortina de narcóticos y a miles de kilómetros de distancia. Un ramalazo de amor y preocupación lo sacudió.
-¡Bienvenido de vuelta, Servil!
Respondió con el pensamiento, como pudo, con la jaqueca perforándole las sienes como un destornillador eléctrico.
-Marla, cuida a los niños, aún no sé cómo voy a salir de aquí, ni cuanto me demore, pero iré por ti.
CONTINUARÁ (¡Yay!)
NOTA DE LA AUTORA:
Bueno, no puedo hacer más que pedir disculpas. Hay muchas muchas muchas razones para haber dejado botado este fic, a pesar de que no faltaba tanto para terminar el libro dos. No voy a justificarme como una cobarde, solo decir, que entre otras cosas, mi pareja de más de 12 años con quien tengo un maravilloso hijo me abandonó. El mundo se derrumbó bajo mis pies y busque otros fandoms que me trajeran menos recuerdos dolorosos, ya que este estaba plagado de recuerdos de nuestra vida familiar junto a Megamente. (No en vano hemos visto como 100 veces la película)
Además, la mayoría de los fans sufrimos el gran dolor de enterarnos que Dreamworks (cobardes) nunca harán la segunda parte… Hubieran podido sacar muchísimas ideas del excelente material disponible en los muchos fanfics que pululan en la red y que dan fé del profundo amor por nuestro foquillo azul U.U pero bueno…
Como sea, chicas, gracias por sus reviews y cartas de petición para que lo continuara. Encontré al fin un príncipe que está ayudándome a sanar de poco mi alma lastimada por la traición. Espero seguir sana de espíritu para traerles (si aún la quieren leer) pedazo a pedazo la conclusión de esta historia, porque, Uds. lo merecen y Megsy lo merece. Aún lo amo con todo mi ser. Y a Uds, por amarlo también, mil disculpas y mil gracias.
