Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.

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El Valle de los Lobos es propiedad de Laura Gallego.

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Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

"Pensamientos"

Recuerdos

[***] Cambio de escena.

»Continuación de un dialogo

... (entre párrafos) pequeños cambios de escenas


..»[FINAL]«..

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Capítulo 6: Hasta que mi corazón vuelva a encontrarte…

...

El hermoso cielo de primavera dio cobijo a cientos y cientos de pájaros aquella mañana, el canto de las aves se escuchó de manera cálida en todo Hyrule. El viento que provenía desde el sur anunciaba cosas buenas y el aroma de las flores impregnaba todo aquello cuanto tocaba.

El castillo de Hyrule que hace tres meses había sido destruido comenzaba recién sus reparaciones, los carpinteros y constructores de la ciudadela se habían ofrecido voluntariamente lo cual le quitaba al rey Daphnes un enorme peso de encima.

Todo parecía ir viento en popa. Bueno, casi todo.

Cuando los ojos violáceos de Aragón se pegaron a las nubes, lo hicieron con una tristeza muy profunda. Había estado ahí todos los días desde hace tres meses y su corazón simple y sencillamente no podía salir de ese letargo tan amargo.

No era como si se hubiera cernido en un ambiente de depresión infinita, aunque ahí en el cementerio todo se sentía nostálgico. El pequeño gimoteo sacó al joven Sabio de sus cavilaciones, y nuevamente esos ojos tristes se posaron sobre su protegida.

Aunque había tratado de ser fuerte, Zelda no podía negar algo que su corazón le imploraba a gritos, desde que Link se había ido se sentía destrozada, y al igual que hace años, instintivamente había ido ahí para pegarse a su tumba. Abrazó a su lobo de piedra y trató de no llorar demasiado, sabía que Link estaba bien, pero su alma lo extrañaba como nunca y su corazón se hacía pedacitos sabiendo que nunca más lo vería.

Un suspiro ahogado provocó que Aragón se virara, a sus espaldas las dos mujeres le dedicaron una mirada tierna.

– ¿Qué tal?

–Igual que siempre– susurró.

La reina Zelda desvió un poco la mirada, no podía entender por qué las cosas habían salido de esa manera, su mente recorrió el tiempo, y como si hubiera sido en ese preciso instante, revivió aquella peculiar escena.

La sombra trastabillando a lo lejos, el enorme espíritu de Lanayru emprendiendo vuelo hacia el sur de los territorios. Y después, el repiqueteo de unos pasos cansados saliendo desde la rajadura, Aragón había emergido desde ese sitio, con la princesa Zelda cargando en brazos llorando desconsoladamente, aferrándose a su cuello tratando de no desmoronarse, e Impa completamente desmayada a sus espaldas.

La imagen de esa escena había invadido su memoria durante semanas y semanas. Los ojos más tristes que alguna vez había visto en su vida estaban ahí presentes; con una respiración jadeante y una expresión indescifrable en el rostro. Ese día, la igual que muchos días extraños dentro de las leyendas, la reina de Hyrule pensó que una nueva página de tragedia se volvería escribir en el libro de la familia real.

Desde entonces el transcurrir de los días se había vuelto monótono, la princesa iba todas las mañanas al cementerio y se quedaba horas y horas abrazada a su lobo de piedra.

– ¿Qué tal el rescate?– la voz de él quebró el silencio del ambiente.

–Bien… los arqueólogos de la ciudadela le han dado el gusto bueno, el noventa por ciento de las cosas están en buen estado y solamente tres libros se han dañado irreparablemente, lo que el demonio trató de destruir fue salvado por la naturaleza, que extraño ¿no?

–Al final, todo tiende a volver a su sitio. Parece ser que Makivelo encontró ese lugar buscando la grieta que conectaba los mundos, y también… creyó que arrojando ahí la historia de Hyrule desaparecería de su camino cualquier peligro. Los tesoros de hace trecientos años volverán a casa finalmente y todo gracias a que cayeron en ese extraño agujero, seguramente si el joven Link hubiera prestado atención habría visto que había un sin número de cosas ahí abajo, aunque claro, de lo único que estaba pendiente era de la princesa Zelda.

–A veces pienso… y me da miedo– susurró ella– ya pasaron tres meses pero no sabemos cuánto tiempo ha pasado para mi pequeña, perdió al amor de su vida y no creo que nunca se reponga, Daphnes ha…

Cierto ajetreo interrumpió la conversación, ella se viró de forma molesta y clavó la mirada en el horizonte, un carruaje real se había detenido en la entrada del cementerio, el rey descendió desde adentro, y a pesar de la distancia, la reina Zelda alcanzó a percibir que venía muy bien acompañado.

–Y ahí va de nuevo…

– ¿Espantara de nuevo a esos tipos?– preguntó Aragón con cierta gracia.

–Lo que menos necesita Zelda ahora es a esos pretendientes vagos– bajó la mirada y suspiró pesadamente– Daphnes cree que si le trae a otro chico ella se repondrá, pero esto no es como comprar dulces o caramelos.

–Sólo está preocupado, ha estado convaleciente durante mucho tiempo, es normal que ahora que puede moverse trate de hacer algo por su hija.

– ¿Tú que piensas, pequeño Aragón?

–Yo…

Miró a Impa por largos instantes y de manera graciosa le tapó los oídos con las manos.

–Yo...– volvió a murmurar–… tengo un corazón terco, incluso si perdiera a la persona que amo le sería fiel toda la vida, cada día de mi vida…

»Creo que la princesa también es esa clase de persona. Su corazón nunca renunciara a Link aunque él se encuentre lejos. – Impa se movió de manera atolondrada y se libró de las manos de Aragón– Creo alteza, que su intuición es más acertada.

–Entonces iré a espantar a los pretendientes de mi hija.

– ¿Y la princesa?

–Bueno, no sé si alguna vez pueda despegarla de esa efigie.

–Pero ahora que se ha ido el joven Link, ese lobo es lo único que queda– musitó Impa de modo triste.

–Si… y, esto. –Los guardianes de la princesa prestaron atención a la reina. Ella removió unas cuantas veces el contenido de uno de los bolsillos de su vestido– uno de los Arqueólogos me entregó esto, parece ser que no es una pieza común y corriente, tampoco están seguros si pertenece al conjunto de cosas que datan de hace trescientos años, como está hecho completamente de rupia y pequeños metales no han podido autentificar eso, aunque alguna vez escuche que la princesa del Crepúsculo solía cargar a todas partes con una brillante mariposa.

Impa extendió las manos y recibió el objeto, los ojos carmesí se perdieron entre la elaborada figura, cada corte y cada injerto parecían haber sido hechos con sumo cuidado.

–El collar de la Mariposa– profirió Aragón tratando de que la voz no se le quebrara, se viró de forma indecisa como si de cierta manera le doliera ver el objeto– ¿Por qué?

Eh!, no entiendo cómo fue que seccionó un material tan duro.

–Vaya, vaya, pero si ese es mi pequeño secreto.

–Pero yo soy un Sabio de la familia real, debería tener el mayor número de conocimientos posibles, me he quedado un poco perplejo así que por eso se lo pregunto.

–Hmmm

–Vamos Señor Héroe, si lo supiera a ciencia cierta podría hacer óculos más sensibles sólo con conseguir el cristal en bruto.

–No creo que funcione.

– ¿Por qué!?

–Porque los óculos son redondos y los tajos de la espada sólo son verticales.

–Eeehhhh! ¡Con la espada!

Y el joven héroe se había echado reír aquella tarde, Aragón creía que era simplemente imposible, aunque Link nunca le había mentido antes y no tenía por qué hacerlo en aquel entonces.

Los recuerdos que guardaba sobre el joven héroe también eran una inmensa carga, aunque su relación siempre hubiera sido respetuosa, para él, Link era más que alguien a quien servir en su destino, era una amigo… uno verdaderamente irremplazable.

Impa despidió a la reina con la mano y después de un rato terminó por posarse al lado de su compañero, sabía bien que las cosas tardarían muchísimo tiempo en calmarse. Link había dejado un hueco en más de una vida, el corazón de la princesa no era el único que se sentía vacío. El joven Sabio que solía reservarse sólo a la Shaikah, había encontrado en el joven héroe un símbolo de admiración desmedida. Y en tanto a ella, lo que más le preocupaba era que Zelda siguiera resistiendo, incluso con la promesa en pie y el juramento de que no se suicidaría, Impa ya no estaba segura de nada.

–Anímate– le susurró mientras lo tomaba por la cintura

Él se viró de manera un poco ausente, aunque al final le regaló una sonrisa. Se había posado a su lado pacientemente por casi veinte años esperando el día en el que ella lo tomara de esa manera, pero ahora…

Simplemente no podía ser feliz de esa forma.

– ¿Qué piensas?

–Pienso en algo que me dijo la diosa… ese día. Lealtad eterna.

– ¿Si?

–Me quedare al lado de Zelda, siempre… Y compartiré sus sentimientos, si algún día vuelve a sonreír, entonces, dejare a éste corazón libre para hacer lo que desea.

–Entiendo.

–Lo siento…

–Yo también. Pero creo… creo que quiero compartir eso contigo.

– ¿Cómo podríamos olvidarlo todo?, Cómo podríamos ser felices sabiendo que ella se quedara sola siempre, pavoneándonos por ahí como si nada importara.

–Ella no lo vería de esa forma.

–Aun así no soy capaz de hacerlo. De besarte de manera apasionada y presumir que te tengo a mi lado. Tal y como ella hubiera deseado tener a su Link siempre.

–Eso sería…

–Egoísta e inmaduro.

Y aunque ambos sabrían lo que vendría aceptaron afrontarlo. Nuevamente Aragón pegó la vista en las nubes y susurró melodías tristes.

– ¿Por qué siempre tarareas hacia las nubes, Aragón?

–No lo sé… está en mi naturaleza.

–Siempre que estas a mi lado, por las noches sueño con nubes.

–Debe ser tu imaginación.

–Debe serlo… ¿Qué hay de las noches de té y lectura?

–Creo que, no importan mucho. Conservémoslas– y aunque ahora sonreía, se seguía sintiendo triste.

El sonido de unos cascos extraños se cernía a la distancia, el aire primaveral trajo consigo ciertas caricias, y Zelda que había perdido toda su atención en el entorno de pronto levantó la mirada, los curiosos ojos del Link de piedra la miraron con ternura.

– ¿Qué haces en el otro lado, Cielo?– susurró mientras sus manos acariciaban la efigie

Aunque Farore le había quitado gran parte de sus recuerdos, todavía había quedado algo… Los sentimientos de Link grabados en su alma, el dolor que había sentido hace trescientos años cuando ella simplemente se despojó de su vida. No quería que Link volviera a sentir eso, aunque ahora ya no sabía qué hacer con su vida.

–Quería salir del castillo…

»Pero solamente para ver tu sonrisa. Porque sabía que me esperabas aquí afuera. Siempre, sin importar que hubiera sol o lluvia, incluso cuando se cernían las tormentas me esperaste aquí parado dedicándome esa sonrisa

»Quería aprender magia. Pero solamente porque tus manos se entrelazaban con las mías. Porque a tu modo querías enseñarme muchas cosas, aunque tú mismo fueras un poco torpe para eso

»Quería que hiciéramos tantas cosas juntos…Y ahora. Ya no quiero nada. Solamente estar a tu lado, pero no se puede.

Entonces volvió a gimotear de forma bajita. "Quiero estar contigo Link" repetía igual que todas las mañanas. Y a sus espaldas a Impa se le rompía el corazón al escuchar eso.

Nuevamente un viento cálido sopló llevándose cientos de hojas, las florecillas silvestres que habían caído de algunos árboles remolinearon por todo el cementerio, algunas hojas ambarinas cruzaron cerca del patíbulo de los héroes, Zelda alzó la vista y se limpió las lágrimas. Esa sensación de calidez volvía a su memoria a pesar de que habían pasado muchos años. Ahora que lo recordaba, a Link le encantaba manipular el viento de esa manera, le gustaba fundir su esencia con la naturaleza para guiarla a donde él quería.

Entonces, Zelda se preguntó si Link de verdad la estaría observando desde el otro lado, tal vez ese viento cálido y armonioso era su manera de abrazarla y de darle consuelo, irguió una pequeña sonrisa y chocó su frente contra la roca.

–Me quedare a tu lado siempre. Hasta que mi corazón vuelva a encontrarte, hasta que nuestros ojos se crucen de nuevo y nuestros labios repitan nuestro juramento de "Te amo". Hasta entonces mi cielo. – musitó despidiéndose de la efigie, era temprano pero había escuchado los cuchicheos de sus acompañantes y sabía que si se quedaba demasiado tiempo, de nuevo terminaría preocupándolos.

No sabía si era su imaginación pero había escuchado cierto respingo detrás de ella, los cascos que había oído a la distancia se habían detenido de forma abrupta. Era un sonido muy muy extraño, no estaba segura si de verdad era un caballo, y si lo era, seguro seria el caballo más gordo que hubiera visto en su vida.

–A.A...Aaaltaeza, ¡Alteza!

– ¿Qué pasa, Aragón?– musitó aletargadamente.

Se levantó despacio y respiró profundo. Nuevamente el viento la acarició insistentemente como si le suplicara por sí mismo que volteara.

[***]

Entonces cuando ya se había vuelto sumamente notorio se obligó a virarse, había algo enorme y blanco moviéndose entre las tumbas de la lejanía, parecía un poco perdido, aunque de un momento a otro tomó dirección hacia el fondo del cementerio. Aragón irguió una ceja y ladeó la cabeza con cierta ternura.

– ¿Qué demonios es eso?

– ¿Qué?

–Eso… no es humano.

Y el sonido de los cascos se volvió sumamente audible, era tan pesado que Aragón desenfundó un florete que había estado cargado desde hacía varios días, sin el joven héroe cerca, alguien tenía que proteger a la princesa cuando estaba fuera del castillo.

Impa tomó posición de batalla y ambos retrocedieron un paso cuando la cosa blanca se internó en la poca floresta que colindaba con el patíbulo de los héroes.

Entonces había sonado algo inesperado, un pequeño grito gracioso seguido de un…

– ¡Ese no es el camino!– clamó una voz, asustada y perpleja.

Impa y Aragón pusieron los ojos como platos cuando el enorme bulbo Blanco salió de entre los arbustos, el jinete del animal le jaló las riendas justo a tiempo para que no aplastara a los pobres ocupantes del cementerio.

El enorme ser rechistó con cierta gracia y su jinete soltó cierto alarido enojado. Cuando Aragón cruzó la vista con el extraño sintió algo sumamente curioso, la imagen de la diosa diciéndole cosas extrañas en el umbral de los mundos volvió de forma instantánea a su cabeza.

– ¡Oye!, ¡Fuera de aquí!– gruñó Impa– ¡Esta parte del cementerio es propiedad de la familia real!– alzó la vista para enfrentar al extraño, pero solamente vio una capucha alborotada.

El pobre chico que estaba encima de la bestia se acomodó la vestimenta e irguió una sonrisa, lo primero que hizo fue dar un brinco hacia el césped, pero era mucha altura y se tambaleó de modo torpe. Sin saber por qué, el joven sabio dio tres zancadas y lo abrazó antes de que diera de lleno contra el suelo.

–Gracias Aragón– clamó de una manera feliz y boba.

Ambos se quedaron petrificados.

–Esa voz– Impa retrocedió un poco y se llevó una mano a la cabeza, creía que se había vuelto loca o que había escuchado mal las palabras.

Aragón siguió mirándolo con ojos perplejos, hasta que su cuerpo lo obedeció nuevamente y sin siquiera pedir permiso le arrebató la vieja capucha de la cabeza.

El otro joven se sacudió de forma graciosa dejando que sus cabellos se alborotaran. Al instante Aragón lo soltó de forma asustada y retrocedió con una cara indescriptible

–A.A..Aaaltaeza, ¡Alteza!– gritó sin siquiera pensar en sus palabras.

A lo lejos, Zelda se levantó con parsimonia, con una porte digna de una verdadera princesa, aunque su mirada no se despegó del piso y caminó sin saber el rumbo, solamente siguió de largo hasta que la cosa blanca llamó su atención de modo muy curioso.

Solamente una vez en su vida había visto un bulbo, pero no había sido cerca de los territorios centrales de Hyrule. Un poco de lado, estaban sus guardianes dando traspiés en reversa, y dándole la espalda, un curioso pueblerino de cabello alborotado, incluso en esa posición parecía tener una expresión alegre y llena de vida.

Zelda ladeó la cabeza y se acercó sintiendo que su corazón se alborotaba.

– ¡Alteza!– volvió a clamar Aragón de manera atolondrada.

Y la princesa se acercó aún más para tomar al joven del hombro, ¿Qué tenía de terrorífico como para que aquellos dos se espantaran?, incluso si lo miraba detenidamente, sólo lograba ver algo que ni ella aceptaba. Se parecía a Link en toda la extensión de la palabra, pero lo había visto tantas veces de reojo en otros chicos, que a esas alturas entendía que su corazoncito herido lo veía y lo buscaba en todas partes.

Cuando lo tocó, su corazón se alboroto de nuevo, él se viró de forma alegre y en menos de un segundo ya le había puesto los brazos en la cintura y había arrellanado su cabeza contra su pecho. Zelda se quedó petrificada ante el atrevimiento, hasta que sus ojos se cruzaron con los suyos y descubrió que por primera vez en meses no estaba alucinando.

–L..L..Link…. – el aliento se le cortó al sentir que la apachurraba más y más entre sus brazos.

–Mi princesita hermosa, que bueno que sigues en éste mundo, tenía miedo de no llegar pronto. ¡Pero cumpliste tu juramento!

Esperando cualquier cosa, se quedó un poquito pasmado al no recibir ninguna respuesta, la soltó de manera lenta y ella trastabilló torpemente para después llevarse las manos a la cara, se había puesto a llorar y a llorar descontroladamente y Link se alborotó de modo torpe ante aquello.

– ¡Que pasa!

– ¡Perdóname!– contestó con el llanto a todo lo que daba

– ¡Eh!

– ¡Es que!... de verdad eres tú.

–Claro que soy yo.

–Eso significa, que me he muerto de forma torpe y descuidada. Seguramente que me dio un paro cardiaco allá en la efigie y ni siquiera me di cuenta…

– ¿Qué?

– ¿Estamos en el otro lado?– masculló quitándose las manos del rostro. – Todo se ve exactamente igual…

–No estas muerta Zel… y yo tampoco– Clamó mientras la abrazaba nuevamente, Zelda siguió gimoteando hasta que su respiración se calmó completamente.

–Pero entonces… ¿Cómo?– lo toqueteó de pies a cabeza tratando de encontrarle alguna lógica, definitivamente ya no era un espíritu.

–Larga historia…. Laaarga.

–Link… ¿Qué hiciste?

–Salte el umbral sin permiso y me castigaron… y tú hermosa, usaste una magia prohibida que le molesto mucho a Nayru y a Farore, eso fue lo que pasó. El orgullo de las Diosas no se mide con nada. Aunque al final no sé si pueda perdonarla, pero por el momento creo que lo dejare pasar de largo. Zel.

– ¿Sí?

–Perdóname por haber tardado demasiado, no sé cuánto tiempo ha pasado en éste mundo, estaba muy preocupado por ti, pero veo que de verdad cumpliste tu juramento.

–Casi…

– ¿Casi?– musitó de forma triste.

–Al inicio no quería, pero después recordé que si hacia una tontería tú te pondrías muy triste, aunque no sabía si mi corazón lo estaba soportando de buena manera. De verdad pensé que me había muerto hace unos momentos.

–Si... lo sé, te ves mal amor. — susurró poniendo sus ojitos tristes.

–Es que no puedo dormir si no estás conmigo, ¿Qué no te lo dije?, mi alma te extraña y no puedo conciliar el sueño.

–Si… Por eso estas aquí… ¿Abrazándome?– Clamó de manera graciosa señalando al lobo de piedra con la mirada. Zelda asintió con la cabeza, lo rodeó con sus brazos y lo apachurró muy fuerte.

Durante mucho, mucho tiempo, se quedaron ahí pegados, hasta que Link comenzó a trastabillar de forma constante y Zelda alzó la vista, pero los ojos de su héroe la miraron con amor infinito como si nada más en el mundo importara, por unos segundos estuvo a punto de preguntarle la cosa más curiosa que se la había ocurrido en la vida, "¿Farore te hizo un cuerpo nuevo?", pero la pregunta se quedó atragantada en su garganta cuando lo observó detenidamente y se dio cuenta de algo, la cicatriz en el arco derecho de su ceja seguía ahí. Lo acarició de manera curiosa y Link parpadeó evitando proferir un respingo, la herida era real y evidentemente le dolía, incluso cuando habían pasado meses no parecía haber cicatrizado del todo. Dio unos cuantos pasos alejándose de él, para nuevamente inspeccionarlo, tenía el cabello un poco más largo de lo que recordaba y un semblante cansado que denotaba que no había estado muy bien en los últimos tiempos, la curiosa vestimenta que llevaba puesta le recordó mucho a la que traía ataviada cuando recién se habían conocido, exceptuando el hecho de que esta estaba completamente rota, le faltaban varios botones a la camisa lo cual permitía que asomara una parte de su pecho, y ahí fue donde Zelda impregnó su mirada, había un tono rosáceo que descuadraba por completo, y con una de sus manos apartó la tela para poder ver más de cerca.

Link soltó una pequeña risita y la miró con ojos juguetones.

Zelda volvió a parpadear de forma confusa, bajo la tela estaba la otra cicatriz, la misma que había descubierto en su pecho cuando aún era un espíritu.

–Estas perpleja y confundida– Clamó el con un tono travieso.

–Más que perpleja…– contestó tratando de que no se le fuera el aire.

Link la tomó de la mano y la guió hasta la tumba, con pasos pequeños y cuidadosos.

–No puedes venir a éste mundo y ocuparlo con cualquier cuerpo…

– ¿Qué?

–Debes empezar de cero igual que todos, éste chico rubio que ves aquí ha estado vagabundeando en éste lado cerca de dieciocho años.

Entonces ella lo miró aún más perpleja, estaban por sentarse sobre la tumba cuando ella lo detuvo de forma abrupta.

– ¿Dieciocho años?

–Sí, de hecho es tu gemelo astral en más de una manera, yo...– se viró para tratar de explicarle pero la fuerza en las piernas se le fue completamente, puso los ojos como platos al sentir que se caía, Zelda lo tomó por un brazo, pero como no estaba bien parada terminó yéndose con él hasta el suelo. El árbol de manzanas que había crecido al lado de la tumba del héroe por mucho tiempo recibió a los jóvenes con un pequeño respingo gracioso, en el momento en el que Link se fue de lleno con todo su peso y el de Zelda, un sin número de frutas comenzaron a caerse de las ramas. La princesa soltó un pequeño gritito pero no se lastimo gracias a que Link le cubrió la cabeza con los brazos. Normalmente el escenario se hubiera llenado de quejidos pero a Link simplemente le ganó la risa tonta.

–Lo siento– farfulló sobando la cabeza de Zelda.

– ¿Estas bien, Link?

–Si…– frunció la ceja y miró hacia la copa del árbol– éste es el cuerpo del otro Link– soltó sin previo aviso haciendo que el escenario se quedara un poco helado.

– ¿El otro Link?

–El otro Link… pero como mi espíritu es más fuerte se ha sobrepuesto al otro, literalmente me siento como un huésped en el que debería de haber sido desde siempre mi hogar, de manera notoria te abras dado cuenta de que no puedo controlarme como quisiera.

–Creo que ahora si ya no entiendo nada.

–No, yo sé que no...– clamó con una sonrisa risueña– pero es una larga, larga historia.

–Tenemos tiempo de sobra para eso.

–Sí, pero antes. Hay algo que muero por hacer desde que puse un pie en éste lado.

La tomó de forma atrevida por la cintura y con un movimiento ligero le planto un beso verdaderamente apasionado, Zelda le correspondió de la misma manera sintiendo que su corazón se alocaba nuevamente, durante mucho tiempo creyó que solamente había podido darle un verdadero beso en toda su vida, pero ahora estaban ahí completamente pegados, literalmente comiéndose el uno al otro como si en lugar de tres meses hubieran pasado tres siglos.

[***]

– ¡Zelda, otra vez dejaste que huyera un perfecto candidato!

– ¡Silencio, Daphnes!, ¿Qué no sabes leer el corazón de tu propia hija?

–Sí pero… ¿en dónde le encontrare un nuevo novio?– gruñó mientras ambos caminaban lado a lado.

Aragón, Impa y Zelda llevaban demasiado tiempo desaparecidos, el rey confiaba en el buen juicio de los guardianes de su hija, pero en cambio no podía dejar de pensar en la historia que hacía poco le habían narrado, una historia triste que databa de la familia real de hace siglos, tenía miedo como cualquier padre lo hubiera tenido.

Aragón e Impa volvieron de modo tambaleante por uno de los caminos.

– ¡Hey ustedes!, ¡Que hacen aquí!, ¿Y Zelda?, ¡La dejaron sola. Bien saben que ella…!

Impa suspiró de manera pesada dejando que se le saliera por completo el aire.

– ¡Se ha ido con Link!– exclamó con una expresión indescifrable en el rostro.

–Y con el susto que me ha pegado– espetó Aragón. — Todavía no entiendo ni como, pero creo que no podre cenar ésta noche.

– ¿Qué?–Los reyes se pusieron pálidos.

– ¿Zelda se ha ido con Link?, ¿Al más allá….?— la voz de la reina sonó temblorosa.

–No, ¡como permitieron que ocurriera!– Clamó el rey de manera desesperada y desconsolada, tomó a Aragón por los hombros y lo zarandeó hasta que el pobre se mareó por completo.

– ¡Ay, no!– farfulló Impa soltando una risotada– no está en el más allá mi reina, están allá tirados junto al árbol, del otro lado de la tumba de la efigie.

La Sheikah se quitó de en medio del camino, y la reina vio a lo lejos dos cabecitas rubias muy pegaditas y juntas. Avanzó unos pasos hasta corroborar que era cierto. El suspiro de alivio que salió de su boca se unió al alegre viento primaveral que surcaba en Hyrule aquella mañana, ese viento cálido que amaba seguir la sombra del héroe, para convertirse en sus susurros y sus palabras, y llevar mensajes alegres a su princesa.

–Eres un cálido Sueño

–Entonces no intentes despertarte, sigue soñando, para que estés siempre conmigo.

Como debió de haber sido siempre desde el momento en el que renacieron en ese mundo.

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Fin.~

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Comentarios del Capitulo:

Si...

Esta es la parte en la que todo mundo dice "WTF"

Jajaja porque realmente no explique nada, lo sé, tranquilos. Lo que sucedió fue que de repente me costo machismo trabajo elegir cuales eran las cosas que quería narrar en el capitulo final y cuales en el Epilogo, al final de cuentas y sin mayor remedio uno de los dos tenia que Spoilear un poquito al otro, incluso cuando trate de hacerlo lo menos posible, fue irremediable. Aunque de ser así, creo que al final opte por la mejor secuencia, porque de haber sido de otro modo la primera parte de este capitulo se abría quedado completamente sin sentido.

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En fin, aunque es el FIN, aun no voy a despedirme, los espero con ganas en el Epilogo para finalmente dar desenredo a todos los inconclusos que quedaron a lo largo de esta narrativa.

Aun así, quiero dar las gracias, por haber seguido esta historia de inicio a fin, en todas y cada una de sus partes, y no perder la esperanza de que las cosas terminarían de manera alegre. más allá del final aun quedan cosas interesantes.

»»»

por cierto que, para quienes se habían preguntado ¿Qué cosa era lo que había descubierto la reina al final del precipicio?, pues bueno, básicamente lo que brillaba desde el fondo, era precisamente el collar de la Mariposa, ahí abajo estaban todos los libros de la biblioteca y la lira original que había pasado de mano en mano entre las herederas del reino de Hyrule xD. En resumen todo lo que el demonio se había robado