Capitulo 16
LUNA DE HIEL
La situación de los santos estaba un tanto confusa, no podían considerarla mala, pues a pesar de todo, tenían algo de tranquilidad, podían ir a cuidar de Yared siempre y cuando tuvieran el cuidado de no levantar sospechas, bueno con excepción de Afrodita quien se había inventado un viaje de meditación y entrenamiento en solitario a en Suecia, razón por la cual podía pasar todo el tiempo junto a la pelirroja, pero las cosas estaban mal pues no habían tenido oportunidad de hablar con los gemelos, además que Sonia seguía acosando terriblemente a Mu, y en verdad era una mujer sumamente necia, pues no perdía ocasión de ir a plantársele al primer santo o de alardear frente a las Amazonas sobre que pronto el dorado caería presa de sus encantos, aquello le ponía los nervios de punta a Mu pero prefería hacer oídos sordos que decirle nada, pues Sonia tomaba cualquier comentario proveniente del dorado para pegársele como chinche.
_ Bien parece que pronto tendré un buen día_ Aioria miraba por la ventana de la casa de virgo hacia la explanada donde estaban un grupo de amazonas, y obviamente Sonia, sus compañeros voltearon a verlo.
_ ¿Y porque tendrás un buen día si se puede saber?_ Shaka miro la expresión de su camarada como esperando que ese buen día que el leonino esperaba también significara un buen dia para los demás.
_ Es que le aposte a mi hermano que esa chica no se rendiría tan fácil con Mu, y el dijo que le daba dos semanas para que perdiera el interés y mañana se cumplen y ella aun sigue en sus trece.
_ Oye tú y tu hermano deberían dejar de divertirse con mi desgracia, ya es bastante molesto esto como para que ustedes lo tomen como juego_ Mu se cruzo de brazos y miraba reprobatoriamente al santo de leo.
_ Vamos no te molestes, además el que ellos apuesten no quiere decir que le den alas a la chica, así que déjalos divertirse. _ Shaka le dio una palmada en el hombro a Mu quien solto un suspiro de cansancio.
_ Por cierto, sabes cuando les darán el alta a aquellos dos, o al menos a uno_ Mu cambio el tema pues le importaba más que las apuestas de Aioria.
_ Si es verdad habían dicho que solo sería poco tiempo y siguen ahí._ Aioria se alejo de la ventana para concentrarse en la conversación que inicio el primer caballero.
_ Pues Kanon sigue mal, en verdad que se está recuperando pero a paso de caracol, Saga esta mejor pero los doctores no quieren apresurarse así que como mínimo a Saga le queda otra semana y media de Kanon no lo sé.
_ Qué envidia, yo quiero enfermarme también y estar al cuidado de una linda enfermera que me dé de comer en la boca y me de baños de esponja_ Aioria hizo una mueca de amargura.
_ Si claro, pero con tu suerte seguro te tocara una enfermera de esas que parecen carceleras.
Todos soltaron a reir al imaginarse al leonino bajo el cuidado de una enfermera enorme y ruda que lo trataría como un preso más que como un paciente.
Ya por la tarde Mu estaba esperando a Milo para ir a relevar a Camus, le parecía que la tarde estaba tornándose demasiado fría y húmeda, quizás pronto se presentaría una tormenta, pensaba mucho últimamente, ¿Que harían cuando Saga y Kanon salieran del hospital? ¿Qué clase de enfermedad aquejaba a la pelirroja? ¿Lo perdonaría en algún momento? Aquella última pregunta era la que más le martillaba el pensamiento, pero esa pregunta le traia mas a la cabeza, ¿Realmente había algo que perdonar? A pesar de lo que dijera Afrodita, el jamás obligo a Yared a nada, las cosas se dieron por sí mismas, además la joven también estuvo de acuerdo, fue ella quien le dijo que no quería que la viera al despertar por la mañana en su cama, pero ella si lo veía a él al despertar, ¿Y si ella quería que él la quisiera ver al despertar? ¿Era posible que esperara que el buscara? Su cabeza era un lio no podía responder a ninguna de esas preguntas, y como la joven no quería hablar con él, pues cada que él se acercaba a la recamara ella cerraba con llave y se negaba si quiera a responder nada, cosa contraria con los demás, quienes como mínimo recibían algún monosílabo como respuesta a sus preguntas, bueno todos excepto Afrodita quien después de pasar horas sentado junto a la puerta de la joven consiguió al menos que le abriera la puerta para poder hablar, aunque el doceavo santo era quien más hablaba.
Recordando aquellos días, no podía describir mejor aquella escena que como un cuadro de un loco en un psiquiátrico, pues el santo de Pissis le hablaba a aquella puerta cerrada, hacia pregunta y esperaba un poco a obtener algún tipo de respuesta y después continuaba con la conversación, era entre deprimente y perturbador, pues durante el tiempo que paso después de la supuesta muerte de la joven lemuriana, Afrodita se había visto bastante mal y sumido en la depresión y después la furia que desato contra Mu cuando se entero de lo que había pasado entre ellos. De pronto un sonido lo saco de sus pensamientos, parecía que alguien estaba en la recamara de Yared, el dorado camino hacia la habitación pensando en que se trataría de Kiki pues el pequeño pelirrojo a veces entraba para recordar a Yared, la cortina estaba abierta y la luz del atardecer entraba lánguida por los cristales dibujando una silueta con un vestido color verde, el corazón de Mu dio un vuelco ante aquella aparición, con un movimiento rápido encendió la luz y ahí frente a él se encontraba Sonia vistiendo aquel vestido, al verla así, podía notar claramente la diferencia entre ambas.
El cuerpo de Sonia era más voluptuoso, tenía las piernas largas y torneadas y los brazos delgados y suaves, no se había dado cuenta tenía un tatuaje en el tobillo, en aquel vestido se dio cuenta que tan diferente era Sonia de Yared, mientras que la rubia era una mujer con un cuerpo que invitaba a explorarlo, la joven lemuriana era más inocente y delicada, se sacudió de la mente aquellas comparaciones que hacia mentalmente, de nuevo miro a Sonia y fue entonces que reacciono, aquel vestido era el mismo que Yared usaba aquella noche.
_ ¿Se puede saber que haces aquí y quién te ha dado permiso de usar esa ropa? _ Mu intento sonar severo pero podía notarse el nerviosismo en su voz.
_ Por favor, solo es cuestión de tiempo para que tu y yo estemos casados así que no está de más que sepa lo que hay en mi nuevo hogar, aunque he de decirte me siento sorprendida que te molestaras en comprarme toda esta ropa, aunque no es ni mi estilo ni mi talla.
_ Nadie compro eso para ti, todas son cosas de alguien mas así que haz el favor de quitarte eso e irte._ Al escuchar aquellas palabras Sonia no pudo evitar descomponerse un poco pero volvió a tomar su postura.
_ ¿De otra persona? Espero que se trate de alguna familiar tuya, porque me sentiría terriblemente mal que tuvieras las cosas de otra mujer en nuestra casa.
_ "MI CASA" esta es mi casa, y no tengo por qué darte explicaciones sobre de quien son estas cosas, así que quítate eso y vete.
Sonia apretó la mandíbula como si mordiera las palabras que intentaban salir de su boca, se quedo mirando al lemuriano por un momento antes de reacomodar sus rasgos en una sonrisa, como si de pronto una maravillosa idea se le hubiera pasado por la cabeza.
_ Que malo eres conmigo, pero bueno si es lo que quieres_ Sin ningún pudor la rubia se saco el vestido quedando solo en una diminuta pantaleta, y le extendió el vestido a un impresionado pero también molesto caballero de Aries, quien se quedo petrificado._ ¿Qué pasa? Pensé que querías que te diera el vestido.
_ Solo vístete en lárgate de aquí_ Mu dio media vuelta con la intención de salir de aquella habitación, pero Sonia no estaba dispuesta a dejárselo tan fácil.
_ No tengas miedo cariño no voy a morderte_ Sonia lo abrazo por la espalda, y el santo de Aries no pudo evitar sentir un escalofrió recorrerle el cuerpo.
_ Hazme el favor de vestirte e irte de mi casa_ Aquella respuesta no fue la que Sonia esperaba por lo que de un empujón hizo que Mu la mirara y después le planto una bofetada, la rubia tenía la cara roja y la mueca de furia en el rostro, era evidente que no soportaba sentirse rechazada.
_ Eres un idiota, tienes a una mujer hermosa aquí enfrente de ti y lo que mas parece importarte es que deje en paz ese asqueroso vestido, ¿Es que acaso ese otro caballero te llama mas que una mujer?_ Aquellas palabras dejaron a Mu de una pieza, evidentemente se refería a afrodita.
_ Estás loca, no me emparejes con Afrodita, solo no quiero que estés de entrometida en mi casa y no quiero que toques estas cosas…_ Mu guardo silencio de inmediato, pues estaba dándole demasiada información a Sonia.
_ ¿Por qué no? ¿De quién son? ¿Es que acaso tiene a alguna mujer viviendo aquí contigo y me lo estas ocultando?_ La voz de Sonia era un grito incontrolable, le temblaban las manos y tenía la mandíbula apretada._ Escúchame bien, aquí yo seré tu esposa te guste o no, y no seré el hazme reír de nadie, así que si tienes a alguna estúpida por aquí, más le vale que se esfume porque nadie me quitara la oportunidad de ser la mujer de un dorado.
Dicho esto, Sonia tomo su ropa de la silla y se la fue poniendo camino a la sala, cuando Mu salió, encontró a Milo en la puerta de la cocina con la boca abierta, obviamente había visto a Sonia salir a medio vestir del cuarto y quizás también había escuchado los gritos de la rubia, esperaron un poco antes de irse por si acaso la rubia seguía por el lugar, Milo quiso saber de qué iba todo aquello, Mu le conto lo que había pasado.
_ Que lastima que lo que quiere es casarse, si fuera otra cosa con todo gusto yo me sacrificaría por ti amigo mío_ Mu hizo un ademan de resignación pues Milo siempre era así._ ¿Pero en verdad aun tienes todas las cosas de Yared?
_ Si, la verdad no me sentí con el valor de sacarlas de la casa, ¿Crees que deba llevarle algunas?
_ Quien sabe ya vez como esta que no quiere ni hablarte quizás después, pero volviendo al tema de la loca, ¿Cómo diablos es que puedes contenerte con semejante mujer enfrente?_ El lemuriano se puso rojo como un tomate al escuchar la pregunta del griego_ Vamos no te pongas así, si hubiera sido yo no la dejo irse viva.
_ Eres un idiota, no me interesa meterme con cualquier mujer, además no quiero problemas, de por si esta empecinada en casarse, ahora si le doy un motivo para achacarme algo y obligarme a casarme… no quiero ni pensarlo.
_ Bueno en eso tienes razón, aunque además de ser el primer dorado en casarte serias el primero en tener hijos._ Milo soltó una carcajada a lo que Mu le metió un codazo en señal de que aquello no le había hecho ninguna gracia.
Milo sigio dando la lata con el asunto de Sonia durante todo el camino, al llegar se toparon con que Camus y Mascara de Muerte estaban hablando en el comedor, al parecer tenían malas noticias por la expresión de sus rostros.
_ Que bueno que han llegado, ya pensábamos que algo había ocurrido._ Camus se puso en pie para saludar a sus compañeros.
_ Disculpen la demora, es solo que he tenido un pequeño contratiempo con esa chica Sonia, pero nada que meresca la pena tomar en cuenta._ Mu tranquilizo a Camus quien al escuchar las palabra "contratiempo" puso una expresión de preocupación.
_Conque no te haya seguido aca, ya tenemos bastante con Yared como para soportar a una loca aquí._ Mascara de Muerte se paso las manos por el cabello con fastidio al parecer habían tenido un mal rato.
_ ¿Qué es lo que les paso? ¿De nuevo Yared te lanzo algo?_ Milo pregunto con tono de burla al santo de cáncer quien le hizo un gesto con la mano al griego.
_ Algo así, digamos que se ha puesto un tanto mas agresiva, no quiere que nadie se acerque cuando habla con Afrodita, ya en una ocasión le atrapo los dedos con la puerta cuando escucho que yo subía por la escalera, no ha sido nada serio, pero si nos preocupa, su cosmos sigue inquieto casi como si estuviese en pie de lucha.
Los cuatro santos se quedaron en silencio pensando en aquel nuevo síntoma de la pelirroja, pero en un momento aquel silencio fue roto por un golpe en el piso de arriba, seguido de la voz desesperada de Afrodita, los cuatro dorados subieron rápidamente, al llegar al segundo piso, encontraron la puerta abierta de par en par, el santo de Pissis ya estaba adentro junto a Yared quien estaba tirada en el suelo de la habitación, todo en aquel lugar parecía oscuro y lúgubre, Mu se había imaginado que el lugar estaría algo mas desordenado, pero todo estaba en orden a excepción de la cama la cual estaba destendida, Afrodita intento ayudar a la pelirroja a ponerse de pie pero esta lo aparto, pero al intentar ponerse en pie un espasmo la hizo caer de nuevo al suelo y retorcerse de dolor, Mascara de muerte sin dar tiempo a nada se acerco y tomo a la lemuriana en brazos la llevo a la cama y la cubrió con las sabanas, Afrodita no tardo en pararse junto a la cama, Camus miro a Mascara de muerte con expresión seria, casi como si lo interrogara en silencio.
_ A esto me refería con que tenía malos días_ El cuarto dorado dijo aquello sin dirigirse a nadie en realidad, Yared tenía el rostro empapado en sudor y se encogía bajo las sabanas debido al dolor.
_ Pues esto termina ahora, no vamos a esperar a esos dos, la llevaremos a un hospital en este mismo momento_ Mu miro a sus camaradas, todos con excepción de Mascara de Muerte asintieron a las palabras del primer dorado, pero apenas dio un paso un frasco voló por la estancia y por cosa de nada casi golpea la cabeza del santo de Aries, Yared estaba sentada en la cama, tenía el dolor marcado en el rostro y el sudor le corría por la frente empapando los mechones de cabello escarlata que se pegaba a su frente, con voz cansada les dijo que se fueran de la habitación, pero ninguno se movió, al ver que nadie se retiraba de nueva cuenta comenzó a lanzar los objetos que tenía a su alcance, por lo que de inmediato todos salieron de la habitación, fueron varios minutos que intentaron convencer a la joven de que debían sacarla de ahí pero no recibían mas que gritos y objetos como respuesta, al final decidieron dejarlo por la paz, pues aquel arrebato podría terminar afectándola más.
Después de aquel episodio, los dorados se pasaron a quedar en la cocina, solo Afrodita se quedo como era su costumbre sentado fuera de la habitación para estar seguro de que Yared estaba bien, tardo un buen rato en bajar, cuando los demás lo vieron llegar, lo miraron con expresión preocupada.
_ Se ha ido a descansar, dijo que se sentía mejor, pero que necesitaba dormir.
Todos se quedaron pensando, nadie se atrevía a decir nada, pues al parecer todos tenían la misma idea en la cabeza: Sacar de ese lugar a Yared.
_ Bueno, al menos se calmo, pero esto está muy mal, aun y cuando no quiera hemos de sacarla de aquí._ Camus miro a los demás y dejo caer su mirada en el italiano._ Tu no pareces muy apresurado en que la llevemos a un hospital.
_ Yo solo me limito a lo que dijeron esos dos, pero si ustedes quieren sacarla, se los dejo a ustedes._ Aquella respuesta fue cortante y con un tono de fastidio casi como si no le interesara.
_ ¿Bueno, pero como pretenden sacarla de aquí? En el peor de los casos podría intentar luchar y eso sería un desastre._ Milo abordo aquella posibilidad pues si no había dudado en defenderse con lo que tenía a la mano, seguro que tampoco dudaría en pelear si fuere necesario.
_ Pero, que tal si lo que ha pasado hoy, ocurre de nuevo y de peor modo _ Mu hablo con la mayor tranquilidad que pudo pues aquella posibilidad lo aterraba, el pensar que llegara a sufrir de aquel dolor y no saber si quiera que lo provocaba.
_ Pues estamos en un dilema muy serio, si la intentamos sacar de aquí, nos arriesgamos a que se defienda y termine empeorándose ella misma, pero si la dejamos no sabemos que tanto mas puede empeorar, ni que es lo que le ocurre._ La voz de Afrodita era serena, pero con un manto de amargura, todos entendían la seriedad de la situación, pero estaban entre la espada en la pared.
Esa noche ninguno se retiro, se quedaron para vigilar que Yared no se pusiera peor, en la habitación había dos camas, Mascara de Muerte dejo claro que no cedería su lugar, de modo que dos estarían en las camas y los demás en el suelo, la noche en aquel lugar era extraña, pues a pesar de estar mucha profundidad una luz azulada se filtraba hasta ahí, el movimiento del cielo acuático sobre sus cabezas hacia parecer que la noche estaba vigilada por tenues luces, Mu no podía conciliar el sueño, estaba tumbado boca arriba en el suelo junto a Milo y Camus, pensaba en que hacer, dejo escapar un suspiro pues no se le ocurría nada.
_ ¿Tu tampoco puedes dormir?_ A su derecha Camus se volvió a mirar a su compañero en la oscuridad.
_ No, me preocupa_ Respondió en un susurro el lemuriano.
_ Creo que no eres el único, a todos nos preocupa_ Afrodita se asomo desde la cama.
_La situación es delicada, no es para menos que nadie aquí pueda dormir._ Camus miro a los dos santos quienes asintieron_ Bueno, solo Milo y Mascara, parecen poder dormir.
_ Yo también estoy despierto pero como nadie me ha hablado pues me siento ignorado_ Milo levanto la mano para hacerse notar por sus compañeros.
_ Corrijo, solo Mascara de Muerte puede dormir en una situación como esta_ Todos se quedaron en silencio como si esperaran que el santo de Cáncer también se hiciera notar, pero no ocurrió nada, de pronto Milo ahogo una risa, los demás también soltaron a reír quedamente, pues se dieron cuenta que aquello parecía un juego como cuando eran niños y uno a uno iban dándose cuenta que todos estaban despiertos hasta que Aioros aparecía a callarlos.
_ Silencio o despertaran al cangrejo_ Afrodita les hizo un ademan a los tres que estaban en el suelo.
_ ¿De cuándo a estas fechas te preocupas por la jaiba?_ Milo volteo a mirar a la cama donde Mascara de muerte dormía y después a Afrodita
_ Pues desde que debo soportar su mal genio más de cerca.
_ No sabía que ahora eras tan "cercano"_ Camus le gano el comentario a Milo y de nuevo soltaron a reír tapándose la cara e intentando hacer el menor ruido posible.
_ Ya déjense de tonterías, o no dormiremos en toda la noche_ Mu se acomodo para tratar de conciliar el sueño pero su brazo resbalo en la colcha que lo separaba del suelo y golpeo el hombro con un ruido seco, el primer dorado hizo una mueca y se toco el lugar donde se había golpeado.
_ Pues creo que igual al menos nosotros no dormiremos, esto de dormir en el suelo es incomodo_ Milo palmeo el suelo_ Este suelo parece un piedra
_ Es piedra Milo, pero yo me preocuparía más que apareciera algún insecto_ Camus movió los dedos como imitando a una araña.
_ No seas ocurrente Camus, aquí no hay insectos, quizás alguno que otro cangrejo pero no insectos.
_ Gracias pescado, ahora si no podre dormir_ Milo lanzo un resoplido de disgusto._ El solo pensar en el "cangrejo" sobre mí me da escalofríos.
Los demás no entendieron de inmediato a lo que se refería Milo hasta que señalo la cama de Mascara de muerte.
_ ¿Van a estar toda la noche con sus idioteces?_ Mascara de Muerte hablo con voz fastidiada, obviamente los había estado escuchando desde hacía un buen rato, al descubriste despiertos todos, comenzaron a reír a viva voz, Mascara de muerte les arrojo una almohada y les mando callar, paso un buen rato antes de que pudieran dejar de reír y sacar comentarios, mas parecía una pijamada.
En el piso de arriba, Yared escuchaba las risas de los dorados, por un momento se sintió tentada a bajar a ver que estaban haciendo pero se contuvo, no sabía qué hacer más que esperara a que Saga o Kanon regresaran, por lo que Afrodita le había contado sabia que seguían enfermos, se sentía culpable porque era por causa suya que estaban en aquella situación, un dolor le recorrió la espalda, respiro profundamente esperando que pasara, detestaba sentirse así, pero no le quedaba más que esperar, y mantener alejados a los dorados lo más posible hasta que regresaran los gemelos, confiaba en que ellos sabrían que hacer.
A la maña siguiente Camus se retiro al santuario a primera hora para no levantar sospechas, Mascara de Muerte también se fue pues por estar discutiendo con sus compañeros poco fue lo que consiguió dormir, pero al poco que transcurrió la mañana grande fue la sorpresa de los tres dorados, pues Yared bajo de su habitación y salió al jardín de corales a caminar, Afrodita como siempre fue el único que consiguió quedarse cerca de ella, Milo y Mu prefirieron quedarse aparte para evitar incomodarla.
_ Se ve muy pálida, pero si quiere salir a caminar es una buena señal_ Milo miraba a Yared y a Afrodita por la ventana.
_ No creo que sea señal de nada, quizás solo ya no soporto estar todo el tiempo encerrada ¿Por que traerá eso puesto?_ Mu señalo el suéter color gris pardo que seguramente era de Canon pues a ella le quedaba inmenso.
_ Creo haber escuchado que decía tener frio, deberíamos tomarlo en cuenta quizás sea un síntoma de lo que tiene.
_ Porque demonios si Afrodita puede hablar con ella y es al único que permite estar cerca, ¿Por qué no ha intentado averiguar qué le pasa?_ Mu golpeo levemente la mesa con el puño, intentando contener su frustración.
_ Vamos, no dudo que el pez dorado ya se le hubiera ocurrido, pero si le toca el tema tan a la brava seguro ella lo evade, quizás solo es cuestión de tiempo para que le suelte algo a Afrodita.
Aquello no dejo muy conforme al primer dorado, pero no tenía más que confiar en que su compañero tuviese razón, al cavo de una hora Yared se retiro a su recamara nuevamente, se le veía agotada, pero a pesar de que el subir las escaleras le suponía un esfuerzo bastante grande, se negó rotundamente a que la ayudaran, incluso que la tocaran, Afrodita no bajo hasta que considero que la pelirroja se había quedado dormida.
_Algo esta mal_ Fuero las palabras del doceavo al entrar a la habitación donde lo esperaban sus compañeros
_ No me digas, fíjate que si no lo mencionas no me hubiera dado cuenta_ Milo dejo salir su lado sarcástico.
_ ¿Qué quieres decir?_ Mu ignoro el comentario de Milo y se concentro en Afrodita
_ No lo se, parece enferma, pero no se ve enferma del todo, es como si estuviera triste.
_ Bueno pescadito, si solo esta triste ¿Como explica lo de ayer?_ Milo de nuevo se adelanto a picarle la paciencia a Afrodita._ No me digas que el dolor fue cosa de la tristeza.
_ Eso no puedo explicarlo, pero a pesar de que come poco y como dijo Mascara, en ocasiones no tolera siquiera el agua, no parece tan demacrada, esperaba que estuviese muy delgada.
_ Pero entonces eso es algo bueno ¿No? _ Milo puso cara de fastidio pues para el significaba que no estaba del todo mal y que tenían más oportunidades de ayudarla.
_ Mientras sigamos sin saber qué es lo que le ocurre todo es malo. Afrodita, ¿Has averiguado algo mas algo que te haya dicho o que hayas notado?_ Mu pregunto con algo de impaciencia.
_ ¿A qué te refieres? Hasta ahora no me dice mucho, solo que se sentía atrapada en el santuario y que quiere saber cómo están Saga y Kanon, obviamente le preocupan, pero tal como dijeron los médicos, lo que tienen esos dos es una fatiga extrema, ella también dice que dormían muy poco por estar al pendiente de ella.
_ ¿Y ya te ha dicho como es que escapo del santuario fingiendo su muerte?
_ No exactamente, dice que Saga la ayudo, aunque a veces se confunde y dice que fue Kanon, pero lo que siempre coincide es que si tenía pensado lanzarse del acantilado, en lo que respecta a Mascara de Muerte no sé si jugo algún papel en su escape o en que momento se entero y paso a ayudar a los gemelos.
_ Deberías preguntarle cosas más concretas, si no la podemos sacar de aquí al menos deberíamos saber más detalles_ Al primer santo se le notaba ansioso. _ Y dinos ¿Qué fue lo que la movió a salir por fin de su recamara?
_ Nada en especial, dijo que estaba aburrida_ Afrodita volteo a mirar por la ventana tenía una expresión nostálgica, al parecer todo aquello lo estaba afectando, pues siempre era a él a quien le pedían explicaciones, además era evidente que extrañaba su jardín de rosas, había traído unas para tratar de animar a Yared pero en aquel ambiente salado habían muerto casi de inmediato.
_ Pues esto es una tontería, estamos aquí rompiéndonos la cabeza, viendo como ella se está dejando a esa enfermedad que nadie sabe que es._ Mu por fin estallo, arrojo lo que había sobre la mesa al suelo con un estruendo, Afrodita y Milo se quedaron petrificados pues aquella reacción tan inesperada, no coincidía con la personalidad del lemuriano.
_Mu, nada ganas poniéndote así._ Milo intentaba guardar la calma pero eso lo único que consiguió fue alterar mas el estado del primer dorado.
_ De ningún modo gano nada, guarde la compostura con esa estupidez que se le ocurrió al Patriarca y mira a lo que llevo, y ahora me dices que no gano nada poniéndome así, entonces el único modo es sacarla de aquí y terminar con esta locura. _ Tras esas palabras Mu se encamino casi corriendo hacia la habitación de Yared, Afrodita y Milo se apresuraron a seguirlo pues estaban seguros de que echaría la puerta abajo.
_Basta, no puedes hacer esto, ¿Qué acaso te has vuelto loco? _ Afrodita lo alcanzo a mitad de la escalera, lo sujeto por la muñeca para detenerlo.
_ ¿Qué no puedo? Tienen todo el tiempo diciéndome lo que puedo y no puedo hacer, ya estoy arto, nadie hace ni ara nada más que esperar, y puede que esos dos no estén mejor que nosotros y también solo estén esperando. Te guste o no voy a sacar a Yared de aquí y llegare al fondo de esto. Primero averiguare que es lo que le ocurre y después veré porque es que escapo del modo que lo hizo.
_ ¿Y qué esperas ganar con ello? Estas haciendo lo mismo que nos trajo a esto desde un principio, la trajeron contra su voluntad, no le permitieron elegir que es lo que deseaba hacer, y ahora ni si quiera vas a respetar el que ella quiera permanecer aquí, si ella quisiera ir a otro lugar ya lo habría dicho o aun más sencillo, ya se habría ido.
Mu temblaba de pies a cabeza, se sentía frustrado, deseaba más que nada darle un golpe a Afrodita y que lo dejara en paz, pero las palabras del duodécimo santo le cayeron como una lluvia de piedras, pues todo era verdad, de un se solto de la mano de Afrodita y se fue buscando estar solo para calmar sus nervios, Milo y Afrodita se quedaron aliviados de que hubiera desistido, en verdad pensaron que echaría la puerta abajo y sacaría a Yared de aquel lugar, que obviamente la pelirroja no se lo dejaría fácil y el único resultado que tendrían seria un desastre.
Yared había escuchado lo que había ocurrido en la escalera, tenía la mano puesta en el seguro y recargaba todo su peso en la puerta consciente de que aquello sería inútil si Mu en verdad intentaba entrar en la habitación, el tiempo paso sin que escuchara nada, hasta que un suave golpe en la puerta la despertó, se había quedado dormida, Afrodita estaba al otro lado de la puerta con la cena, al parecer pensaba que ella no se había enterado de lo que había ocurrido porque le hablaba con toda calma, ella prefirió dejar las cosas así, que el siguiera fingiendo que no paso nada y ella seguiría fingiendo que nunca se entero de la actitud de Mu.
La noche era cerrada y sin luna, en la habitación un pensativo Saga miraba hacia la oscuridad mientras jugueteaba con un par de píldoras en su mano, en la cama contigua Kanon intentaba estar cómodo pero no encontraba el modo, aquella aguja clavada en su brazo lo tenía arto, miro a su gemelo y luego a las píldoras en su mano.
_ Mejor trágate eso o escóndelo, si esa enfermera llega a ver que no las has tomado va a ponerse pesada de nuevo._ El menor de los gemelos compuso una mueca de fastidio.
_ Descuida, créeme que las enfermeras y los medicamentos son lo último que me preocupa en este momento._ Saga cerro el puño y se enfoco en su hermano_ Lo que me preocupa es que Mascara no ha venido ni una sola vez.
_¿Crees que haya ocurrido algo?_ Kanon se incorporo con gesto de preocupación.
_ No lo sé, creo que si de verdad hubiera pasado algo realmente malo ya nos hubiéramos enterado, ya veremos que ocurre mañana.
_ Si te dan el alta me sentiré muy solo.
_ Kanon, en primer lugar tu tiene la culpa de estar asi, si me hubieras echo caso seguro no estaríamos metidos en este lio, y en segunda si me hubieran dicho desde el principio de que iba todo no hubieras tenido que cargar todo el peso tu solo.
_ Lo se, pero pensé que seria lo mejor, además Mascara de muerte fue quien lo supo primero y esta bien.
_El no se desvivió dia noche, mejor duérmete o ahora si vendrá la enfermera.
Kanon sonrio y termino de acomodarse, Saga miro de nuevo las píldoras y des pues de un momento se las echo a la boca y las paso con un poco de agua y se dispuso a dormir.
Hola soy Madaraki:
Saga consigue salir del hospital y lo que se encuentras no le es para nada agradable, Sonia hace una nueva estrategia para envolver al primer santo y se desata una batalla entre ella y Yared, el caos se desata y la misteriosa enfermedad de Yared sale a la luz.
El próximo capitulo
La sacerdotisa de hielo
