Disclaimer: One Piece y sus personajes son propiedad de Eiichiro Oda

Hola, gracias por entrar n.n

Segundo capítulo de la historia, los personajes todavía están planeando cómo ir a buscar a sus nakamas. Más que la geografía del Grand Line, sabemos que el principal problema será la concienzuda desorientación del espadachín u_uU

Aprovecho el espacio para saludar al anónimo nn, me alegra que te divierta la propuesta, espero que puedas seguir disfrutándola. Muchas gracias por leer y comentar :)

Espero que les resulte entretenido. Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


II

A ponerse en marcha

.

La tarea impuesta a Zoro y la sensatez de la pequeña Wicka


Tal y como le aconteciera a Zoro cuando años atrás se propuso localizarlo, ninguno de los más calificados y poderosos oficiales de la Marina encargados de atrapar a Luffy después de la derrota de Doflamingo consiguió discernir en la espesa nebulosa de las versiones en torno a su ubicación. Cimentadas por sus allegados, erigidas por quienes lo conocían cabalmente y fortalecidas por los rumores y especulaciones típicas cuando se trataba de una figura de su fama, no hubo dios ni hombre capaz de dar con su escurridiza cabeza en el entretejido de las posibilidades.

Fue lo mejor que pudo pasarles. A esas alturas, dudaban que de capturarlo una institución como la Marina fuese a tomarse las molestias de someterlo a un proceso, pues les daría la oportunidad a sus nakamas de rescatarlo y a él mismo de escaparse. Para el gobierno, Monkey D. Luffy se había convertido en un virus a erradicar, por lo que el enigma de su paradero terminó por reportarles una ventaja.

Por eso habían decidido volver a separarse, esta vez de motu propio. Desandar el peligroso y complejo derrotero que habían recorrido suponía un riesgo casi tan grande como el incansable acecho de las autoridades, pero los motivó lo suficiente para aceptar la necesidad de repensar sus objetivos y acondicionarlos a la trascendencia que habían adquirido. El único inconveniente se suscitaría entonces a la hora de reagruparse, pues Luffy se quedaría irremediablemente dormido.

Cuando empezó a notar la demora, al principio Zoro le restó importancia, la tripulación a la que pertenecía era de todo menos seria empezando por el mismísimo capitán. Sin embargo, cuando el almanaque ya corría en años, comenzó a irritarse y a preguntarse indignado por la situación del muy estúpido, que no aparecía.

Fue entonces cuando, ya en Dressrosa, tomó la costumbre de ir cada tarde a beber a una aislada taberna portuaria, por si a Luffy se le daba por reaparecer. Iba cada tarde, metódicamente, hasta bien entrada la noche, pero pasaron dos años más sin que hubiera novedades. Zoro simplemente terminó por resignarse, por emborracharse, por perderse y estancarse sin solución de continuidad.

Wicka y los tontatta le dieron un lugar donde dormir. Ella, en particular, se sintió un poco responsable por él y trató de apuntalarlo… mejor dicho, de orientarlo en los enrevesados caminos del desaliento moral. Cuando podía lo acompañaba, cuando correspondía lo peleaba, y cuando ya no le quedaba nada más que hacer por él, lo dejaba solo rogándole al cielo que le devolviera la tripulación que añoraba tanto aunque lo disimulase bajo la máscara de la indiferencia.

Sus deseos se hicieron realidad, lógicamente, cuando menos se lo esperaba. El día que Luffy reapareció y la noche que pasaron celebrándolo sería otro hecho inolvidable en la peculiar historia de su reino, no sólo por la emoción del reencuentro sino también por ser testigos de una de las tantas decisiones insólitas del futuro Rey de los Piratas.

-Zoro lo hará –afirmó Luffy.

El espadachín permaneció cruzado de brazos, meditabundo. Luego de algunos instantes de estupor generalizado, se dirigió a su capitán.

-Antes de definir si lo haré o no lo haré dime por qué te has puesto en movimiento recién ahora –pidió-. Si dormías tan profundamente, tuvo que pasar algo importante para despertarte.

Luffy sonrió ampliamente ante la perspicacia de su mano derecha.

-Escuché un rumor bastante interesante –respondió.

Los tontatta sirvieron más bebida y los piratas se pusieron serios, señal de que hablarían de temas importantes.

-¿De qué se trata esta vez?

Luffy tomó una nueva pieza de carne y empezó a engullirla.

-Cuando desperté fui a comer a la taberna, ¡nunca había sentido tanta hambre! –explicó con la boca llena-. Los viajeros que pasan por Villa Fosha traen muchas novedades, incluso de lugares tan lejanos como el Nuevo Mundo.

-Será porque nunca pasaste tanto tiempo dormido –masculló Zoro con reproche, refiriéndose a lo primero-. Y en todas partes se habla del Nuevo Mundo, y con mayor asiduidad que antes. Pero si te quedas roncando nunca te enteras de las cosas –agregó refiriéndose a lo segundo.

-Como sea. El asunto es que mientras almorzaba escuché cierta plática que me hizo decidir.

-¿Acaso escuchas algo mientras estás atiborrado de carne?

Esta vez Luffy no supo pasar por alto el reclamo y volvieron a tironear entre sí, envalentonados. Cuando el desahogo terminó, el capitán retomó la conversación.

Básicamente, Luffy había escuchado ciertas referencias confusas acerca del One Piece y de la reunión de los piratas más poderosos en los confines del Nuevo Mundo, dispuestos a iniciar la batalla definitiva para obtenerlo. Mientras se hartaba de carne y otras pocas variantes nutritivas, pudo oír con ansiedad creciente lo que para él constituía la proximidad de los tiempos y fue entonces cuando decidió empezar a movilizarse.

Zoro, con mucho tino de su parte, le preguntó si en ese momento de determinación no se le había ocurrido la maravillosa idea de comenzar a reunir a sus nakamas más cercanos, teniendo en cuenta que por sus lares la geografía jugaba a favor. Luffy compuso un infantil gesto de concentración, sopesando el detalle, para responder con absoluta naturalidad que había olvidado la ubicación de cada uno de ellos.

El espadachín volvió a irritarse y a reclamarle tal descuido.

-Hubiera sido más fácil juntarlos si te hubieses percatado de eso –le reprochó-, ¡pero es como pedirle peras al olmo!

-Vamos, Zoro, ¡será divertido!

-¿Divertido para quién?

-Viajar es divertido.

-Ya hice ese viaje, de ida y de vuelta, cuando nos separamos y cuando quise ir a buscarte.

-¿Y no fue divertido?

-¡Fue un infierno!

-¿Un infierno divertido?

Una nueva andanada de correctivos fueron intercambiados entre ambos piratas, y hasta que no se sintieron satisfechos no retomaron el tema principal.

-¿Por qué no vas tú a buscarlos, ya que te parece tan divertido? –propuso Zoro entonces, cada vez más malhumorado.

-¡Porque dijimos que es peligroso!

-¿Por lo que, si lo hago yo, no importa?

-Eres fuerte, nadie podrá atraparte.

-¡Tú eres más fuerte! –se indignó Zoro, agitado.

Pero prolongar una discusión de ese nivel sería inútil. Zoro sudó frío de sólo pensar en sí mismo navegando de nuevo por esos mares del diablo. En cuanto Luffy diera la orden ya no habría marcha atrás, por lo que a pesar de conocer el tipo de testarudez que lo caracterizaba de todos modos hizo un último intento por razonar con él.

-A veces… los caminos… se vuelven complicados –masculló con ambigüedad, y Wicka, que seguía la conversación sentada a su lado, le dirigió una mirada cargada de ironía. Sin importar los años que ya llevaba encima, ese sujeto jamás reconocería la clase de "complicaciones" que realmente lo aquejaban.

Luffy se echó a reír.

-Te refieres a que siempre te pierdes –manifestó entre risas, pues él sí que sabía decir la verdad con todas las letras, con cada una de las dolorosas letras que el alfabeto dispensaba.

Zoro apretó las muelas, levemente sonrojado, y lo miró con renovado encono.

-¡Digo que viajar en reverso es más riesgoso que navegar por el Estigia, idiota! ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo?

-No me importa.

-¡Pues a mí sí!

-¡Es una orden! –lanzó Luffy por fin, y esta vez Zoro tuvo que tragarse todas sus aprensiones-. Zoro, ¡te ordeno que los busques y que reúnas de nuevo a mi tripulación!

Ya estaba, la sentencia había sido pronunciada y el reo tendría que cumplirla irremisiblemente. El espadachín gruñó, insatisfecho, pero como el hombre que era esta vez se abstuvo de protestar. En cambio, procuró sosegar sus impulsos homicidas y enfocarse en la nueva misión que, para su suplicio y desgracia, le habían asignado. Y maldita sea su condenada suerte.

Luffy bebió y engulló su comida, ceñudo, por si al otro se le ocurría objetar de nuevo. Al ver que Zoro finalmente se calmaba y aceptaba la orden, igual siguió comiendo con el ceño fruncido debido a la concentración que le demandaba la operación.

Wicka, por su parte, se sintió desalentada. ¿Qué destino les aguardaba a los dispersos Mugiwara cuando dependían del sujeto más desorientado del universo para volver a reunirse? Si supieran… Pero no lo sabían aún, y a veces la ignorancia era una bendición.

¿Podía existir alguien más perdido que Zoro? Su proverbial desorientación adquiría en ocasiones proporciones apocalípticas, hacía que preguntas tan simples como ¿Dónde estoy? o ¿Hacia dónde voy? desbordasen los parámetros meramente existencialistas. Wicka lo había sufrido en carne propia en más de una oportunidad y por eso se sentía responsable, quizá como Pellona en su momento. Se preocupaba por él. Más que recelo, el estropeado radar que llevaba adentro y que lo conducía siempre a los costados opuestos de la vida le generaba pasmo y consternación.

Para peor Luffy, temerario como él solo, le daba la insólita orden de salir a ese enrevesado mundo para buscar a sus compañeros. Como si no lo supiera, como si no acabara de expresar con su propia boca el defecto fatal que dificultaría hasta lo inconcebible la consecución exitosa del proyecto. La pequeña se admiró por milésima vez de la capacidad de un muchacho como ése para formar una tripulación tan fuerte y tan fiel. Tal vez a la tripulación misma le faltase un tornillo.

A pesar de todo, Wicka discernió que quizá fuese esa idiotez precisamente lo que los convirtió en lo que eran, los piratas más célebres y más buscados de su generación. Con todos los defectos y las desprolijidades posibles, con la negligencia y la insensatez más absolutas, pero también con la determinación más férrea que hubiese conocido.

Cuando quiso darse cuenta, tanto Luffy como Zoro sonreían abiertamente y brindaban por las nuevas aventuras que estarían esperándolos, como si nunca hubiesen reñido ni existiesen ingratos azares en la futura misión. Qué poco que les duraban las inquietudes.

-¿Y cómo van a hacerlo? –creyó atinado preguntar.

Aquí los piratas se miraron entre sí interrogativamente.

-Habrá que conseguir un barco –dijo Zoro.

-Eso es lo de menos –repuso Wicka, aún preocupada por el otro problemilla-. Deberían planear muy bien la ruta a seguir y el orden en que irás recogiendo a tus nakamas.

Los piratas volvieron a intercambiar interrogativas miradas. Esta vez fue Wicka la que se irritó al notar ese grado de indolencia.

-Pues empezaremos por el que esté más cerca, ¿no? –sopesó Zoro, considerando la cuestión.

-Ya deberías saber que cerca o lejos no son categorías fundamentales ni aquí ni en el Grand Line –señaló Wicka, a quien le corrió un escalofrío al oír semejantes términos en boca de él-. En principio deberías asegurarte el transporte, y que yo sepa ustedes ya tienen un barco.

Por fin los tipos dieron muestras de entender la idea.

-Entonces habrá que buscar en primer lugar a Franky –determinó Zoro.

-Muy bien, ¡en primer lugar a Franky! –celebró Luffy con los brazos en alto, como si fuera él quien hiciese el trabajo.

-Franky se quedó con el Sunny y de seguro lo tendrá escondido en Water 7 –comentó Zoro-. Si voy a buscarlo antes que a nadie, al menos tendré asegurado el transporte.

"Entre otras cosas", pensó Wicka con alivio. Habría que rezar mucho para que Zoro llegue a Water 7 en menos de un año, pero de allí en más ya contaría con un nakama capacitado para guiarlo de isla en isla hasta reunir al resto.

La pequeña se alegró tanto por ello que olvidó el detalle de la búsqueda por tierra. En fin…

Una vez decidido esto, se pusieron a evaluar el orden de los restantes nakamas. En el medio surgieron algunos interrogantes, por ejemplo la ubicación de Robin y la de Brook, ya que carecían de un lugar de origen al cual volver o les había quedado demasiado lejos en el tiempo. De hecho, el mismo Zoro erró por aquí y por allá hasta anclar en Dressrosa a falta de una mejor opción.

El asunto comenzó a tener visos de incertidumbre extra, como si depender del peculiar radar de Zoro fuera poco. Pero, como de costumbre, Luffy se rió de los inconvenientes y se divirtió de lo lindo al imaginar los percances del espadachín navegando a ciegas por los mares.

Más allá de la tirria de tener que apañárselas para buscarlos cuando tendría que ser el capitán quien se encargase, Zoro no le dio mayor trascendencia a los huecos que tendría la aventura. Lo único que le molestaba en realidad era moverse, le hubiera gustado aprovechar el tiempo que le llevaría la travesía en entrenar.

Él era el único de los allí reunidos, aparte de Luffy, que reducía a cero el nivel de importancia de su problemático mecanismo de orientación. Lo más relevante era la meta, el objetivo, y cualquiera de los senderos que lo condujesen hasta allí sería igualmente bueno… aunque algunos resultasen particularmente enrevesados.

El anterior e inusual rapto de lucidez que lo llevó a señalar que los caminos se le "complicaban" era lo máximo que se podía esperar de un sujeto como él. Mientras lo guiase la determinación –a falta de un artilugio indicador más apropiado- siempre sería capaz de alcanzar sus propósitos.

Después de Franky, entonces, iría por Chopper. Luego por Sanji, Usopp y Nami, en ese mismo orden. Robin y Brook aparecerían en el mapa en algún momento del recorrido, por lo que ni Zoro ni Luffy se preocuparon más. Para Wicka, que pertenecía a un ejército rigurosamente organizado, semejante desaprensión le generó un gran desconcierto, aunque ya los conocía lo suficiente como para, al final, pasarlo por alto también.

-Sólo falta conseguir un barco –señaló-. Water 7, por lo que dicen, queda muy lejos de aquí.

-Un barril es buena opción –sugirió Luffy como al pasar.

-Ni de coña –repuso Zoro, también como al pasar.

-Si tuviésemos un barco de la Marina sería más sencillo –comentó la pequeña-. Ellos tienen medios para trasladarse de un mar a otro saltándose los obstáculos naturales.

-No saben divertirse –señaló Luffy.

-Pero saben moverse mejor que nosotros –dijo Zoro-. Habrá que confiar en Franky, supongo que en estos años habrá realizado modificaciones en el Sunny.

-¡Me muero por verlas! –exclamó el otro con ilusión infantil.

-¡El asunto sigue siendo hacer que Zoro arribe de la mejor manera posible a la otra parte del Grand Line! –reclamó Wicka, procurando mantenerse lúcida en medio de aquel intercambio.

Así, la discusión se prolongó durante un buen rato y, como era lógico, no se llegó a ninguna conclusión hasta que intervino un especialista en barcos de los tontatta y dirimió la cuestión. Recomendó un balandro especialmente acondicionado para las exigencias de esa travesía y los Mugiwara procedieron a llenarlo de alcohol a modo de agradecimiento.

Wicka volvió a suspirar. Podían ser dos de los hombres más fuertes y atemorizantes de la Era Pirata, pero si los dejaban actuar solos no llegarían ni a la esquina. Zoro, en especial, sería incapaz de hacerlo, por lo que el aspecto más sensible de la aventura seguía sin solución.

Él se manifestó conforme con la idea del balandro, despreocupado como de costumbre cuando se trataba, según su perspectiva, de meros detalles náuticos. Si Mihawk andaba de un lado a otro en un simple féretro flotante, él se manejaría perfectamente con el tipo de navío recomendado. Además, tenía experiencia conduciendo uno de esos, y si algo fallaba, siempre podría apañárselas como polizón.

En el transcurso de la velada se le fue disolviendo la irritación y ocupó su lugar la ansiedad y el entusiasmo. Que Luffy le hubiera echado el fardo de reunirlos a todos desentendiéndose con tanta facilidad al principio le fastidió según su perezoso carácter. Sin embargo, una vez que se hizo a la idea, supo entrever el nivel de confianza que depositaron en él y la gran responsabilidad que tal misión conllevaba.

Esta vez le tocaba a él reunir a algunos de los piratas más poderosos de aquellos mares… Ni siquiera la separación anterior había requerido de una iniciativa semejante. Además, había tenido sus propios matices.

Por empezar, aquellos dos años fueron transitados en localizaciones muy diversas y azarosas. Por más que la Marina se hubiese esforzado, nunca pudieron hallar ni siquiera una pista de los desaparecidos Mugiwara. Desde luego, el primer lugar donde buscaron fueron las islas de donde eran originarios, pero tal despliegue resultó evidentemente infructuoso.

Por otra parte, la tripulación fue sorprendida con esa dispersión, no le dejaron alternativa. Quién sabe qué clase de fuerzas cósmicas operaron finalmente a su favor y supieron sacarle provecho, pero nunca podrían decir que esa suspensión de sus aventuras hubiera figurado entre sus planes.

Por último, esos dos años transcurrieron en un pestañeo. Ellos terminaron viviéndolo más como un sueño que como una fastidiosa eventualidad, e incluso les deparó un crecimiento individual cuyos resultados no tardaron en manifestarse en sus batallas.

En definitiva, el saldo había sido positivo. Siguiendo con este optimismo podía pensarse que esta nueva, aunque más larga, separación, les redituaría de la misma manera. Sólo que la única forma de comprobarlo sería juntándose nuevamente. Y el mismísimo Roronoa Zoro se encargaría de hacer los honores.

-Me rindo –gimió Wicka, desalentada. Si ningún tifón podía contra ellos, ¿por qué podría hacerlo la humilde sensatez de una joven preocupada?

Luffy rió alegremente, restándole importancia al asunto.

-Zoro lo hará bien –repitió.

Ella quiso creer en sus palabras, de veras quiso creer.

El espadachín en cuestión chasqueó la lengua, indiferente. ¿Cuándo no se había desempeñado según lo demandaba la situación? Si pensaba convertirse en el mejor del mundo, no podía andar holgazaneando por ahí ni preocupándose por cuestiones banales.

-Entonces partiré mañana –determinó-. Cuanto antes, mejor.

Luffy apoyó la iniciativa y Wicka volvió a experimentar cierta impotencia. Con Zoro vagando solo por allí quién sabe qué tipo de calamidades se abatirían sobre el universo. Entonces, percibiendo sus inquietudes, al capitán se le ocurrió una idea.

-¿Por qué no vas con él?

Zoro, que estaba bebiendo, escupió todo de la impresión. Wicka, por su parte, lo miró perpleja, jamás se le hubiera ocurrido una cosa así.

-Luffy, ¡qué diablos estás diciendo! –le recriminó Zoro, que en el fondo sabía por dónde venía la cosa aunque lo reprimiese con esmero.

-¿Qué tiene de malo?

-¡Puedo hacerlo solo!

-Pero sería una buena compañía –sugirió el otro, hurgándose la nariz.

Wicka apenas si logró salir del estupor. ¿Ella acompañar a Zoro en ese apoteósico viaje? ¿Salir de su país? ¿Conocer otros mares? ¿Hacer de Lazarillo?

Mientras los otros dos intercambiaban rencorosas miradas, realmente se lo pensó. Conocía a Luffy lo suficiente para apreciar su nobleza y a Zoro lo necesario para comprender la importancia radical de involucrarse en la misión. Más allá de la ligereza del comentario y la protesta posterior, esos aspectos calaron hondo en el corazón de la muchacha.

Además de ser una guerrera, conservaba un alma gentil y básicamente femenina, la clase de inquietud que le hacía sentir responsable y necesaria. Y a pesar de las apariencias, Zoro era el primer Mugiwara al que había conocido y el que más le preocupaba, tal y como había demostrado a lo largo de la conversación.

Sentía un arraigo muy firme hacia su tierra, pero la posibilidad que le ofrecía Luffy, inesperada bajo todo punto de vista, la movilizó profundamente. Que hubiese crecido formándose únicamente para la recuperación y defensa del país no borraba el hecho de que experimentase una gran curiosidad por lo que había más allá de su isla. O mejor: precisamente por esas antiguas limitaciones, ya inexistentes, es que comenzó a considerar la propuesta.

Tanto ella como sus congéneres habían vivido demasiado tiempo confinados, aterrorizados y enfocados en un único objetivo, una forma de vida en cierto sentido precaria y limitante. Ahora que por fin habían eliminado esas barreras, ahora que también consiguieron conocer hombres excepcionales, generosos y comprometidos, ¿por qué no lanzarse al mundo para indagar del otro lado de las fronteras?

-Luffyland… –musitó, reuniendo resolución. Él la miró con cierto desconcierto, pues había estado ocupado peleándose con Zoro-. Luffyland, a mí realmente… realmente me gustaría hacerlo.

Zoro le dirigió una mirada fulminante, pero al advertir la verdadera índole de sus sentimientos, desistió de su amenaza. El capitán, por su parte, sonrió de lado.

-Ya veo. Entonces, ¿irás con Zoro?

Ella cerró los puños, acumulando aún fuerza y decisión. A pesar de que hubiera querido negarse, Zoro fue capaz de percibir lo que a la chica le abrumaba. El espadachín era una persona muy poco afectiva, pero en verdad la consideraba como una aliada valiosa y especial. Sería un fastidio y un maldito grano en el trasero, pero tal vez a ella el viaje le reportaría algún crecimiento.

-Me gustaría… No, quiero hacerlo. Si a Zoroland no le molesta, quisiera ir con él.

Luffy rió de nuevo de manera apagada, como si se hubiese salido con la suya. Zoro, en cambio, se limitó a terminar la bebida de su vaso.

-Bien, ¡está decidido! A ti también te encargaré la reunión de mis nakamas.

Wicka, admirada de esa confianza, sonrió entusiasmada. Le había costado hacer acopio de valor, pero la generosidad y el ánimo de Luffy terminaron de barrer cualquier atisbo de duda. Partiría con Zoro, se iría de viaje. ¡Apenas podía creérselo!

Luego miró a su amigo con expectación contenida. Para ella era igualmente importante contar con su aprobación. Zoro, parco hasta la médula, la confrontó ceñudo durante algunos tensos instantes, hasta que se dignó a mostrarse siquiera resignado.

-Me da igual –manifestó.

Para Wicka fue más que suficiente. Empezó a dar saltos de alegría. Aunque fuese por un tiempo, sería como una nakama más de aquella increíble tripulación.

Pero sería mucho más que eso. Embarcados en un periplo por demás problemático, a los obstáculos naturales se le sumaría la ya señalada desorientación del pirata a cargo. La misión de Zoro consistía en reunir a sus nakamas, pero la misión de Wicka consistía en orientar a Zoro. El éxito de una dependía irremisiblemente de las habilidades –y la sacrosanta paciencia- de la otra.

De repente, el viaje adquirió para ella una nueva envergadura. Sería mucho más que una simple compañía. Una palabra, una indicación, un dedo apuntando en una dirección determinada podrían convertirse en el salvataje definitivo del derrotero o en la categórica caída a los abismos del extravío, la diferencia entre el cielo de la ubicación espacial y el infierno de hallarse en el medio de la nada misma.

En definitiva, Wicka sería la brújula, el radar, el Pepito Grillo del pirata desorientado. De ella dependería en gran parte que se cumpliese con el plan y que, entretanto, no terminasen en la incertidumbre de cada una de las encrucijadas del destino.

Sus compañeros brindaron afectuosamente por ella y la felicitaron por la oportunidad. Tratándose de los Mugiwara, incluso siendo los piratas más buscados, nada les generó temor. Al contrario, todos reconocieron con profunda admiración el hecho de que fuese la encargada de reclutar al Héroe, al Dios, a uno de sus más queridos salvadores. A ella aquel detalle le deparó un júbilo compensatorio: haría las veces de niñera, pero al menos vería al Salvador una vez más. Los ojos le brillaron de expectativa.

Fue una noche muy movilizante para todos. Zoro, después de reiterados brindis y sesiones de pelea, terminó roncando sentado abrazado a sus katanas. La perspectiva de un viaje tan peligroso ya no lo amilanaba y la tarea encomendada le devolvió la tranquilidad que el desmedido paso del tiempo le había jaqueado. Antes que ubicarse en el espacio, ubicarse en los objetivos constituía para él el basamento de su fuerza.

¿Su capitán se había quedado dormido retrasando hasta el colmo la reunión de la tripulación? Nadie podría sorprenderse demasiado. ¿El susodicho se aparecía de súbito en un barril pidiéndole que se ocupe de ir a buscarlos? Bueno, a fin de cuentas él era quien mandaba. ¿Iría acompañado de una muchachita frenética y mandona por alguna clase de razón que a él se le escapaba? No había nada que hacer al respecto. Lo fundamental para una voluntad como la suya era saber hacia dónde dirigirse…

Aunque la vida y buena parte de su dignidad se le fueran en ello.

.

.

Al día siguiente, entonces, los tontatta se ocuparon personalmente de los preparativos para el viaje a primera hora de la mañana. Hábiles, hacendosos y de obrar espontáneamente colectivo, no demoraron mucho en ultimar detalles para que los viajeros sólo tuvieran que abordar. Además, siendo Wicka una de ellos, se esmeraron todavía más.

Un pequeño grupo en particular se encerró con ella a solas para estudiar el mapa y determinar la mejor ruta para llegar a Water 7, y ella puso todo su empeño en aprendérsela. Aun así, mientras estudiaba, supuso que habría que considerar un margen de error, por cualquier desvío "fortuito" que pudiese acontecer.

El mundo adquirió ante sus ojos su cabal dimensión. Emprender un viaje de ese tipo sin duda sería maravilloso, pero entendió también que no era un desafío para improvisados o ingenuos. De sólo pensar que Zoro había andado un tiempo por aquí y por allá en ese vasto y aleatorio mar le corrió el vigésimo escalofrío del día por la espalda.

Él, por su parte, se dirigió con Luffy hasta el atracadero concertado para la partida. Iba calmo, despreocupado, aunque enfocado en el objetivo. Los Mugiwara por fin se ponían en movimiento y eso era todo lo que importaba. Sería un viaje largo, arduo y de seguro peligroso, pero pensó en eso como otra forma de entrenamiento.

-Ah, Zoro: y que no se te olvide ninguno –pidió Luffy con pueril severidad.

El susodicho se crispó.

-¿Incluso Vivi? –lo desafió.

-¿Crees que querrá? –se ilusionó el otro infantilmente-. ¡Sería genial! ¿En verdad lo querría?

El espadachín pasó automáticamente de la paz interior a la irritación contenida, como cada vez que departía con su atolondrado capitán. Ni siquiera se tomó la molestia de corregir su ingenua ansiedad y apretó el paso ignorando olímpicamente sus absurdas preguntas.

-En todo caso, tú preocúpate por no meterte en problemas, el resto déjamelo a mí –masculló.

-¿Por qué siempre me dicen lo mismo? –refunfuñó Luffy.

-Y mantén el bajo perfil.

-No quiero.

-¡Prometiste que nos esperarías aquí sin rechistar!

-¡No quiero!

-Maldita sea…

Como de costumbre, fue inútil tratar de razonar con él. Que Luffy permaneciera en un lugar seguro y amigable como Dressrosa le brindaba cierta tranquilidad, pero bien sabía él cuán poco podía durar cualquier intento de quietud. Aun así Zoro lo confrontó y sostuvieron otra muy poco edificante riña al respecto.

Se la pasó gruñendo todo el resto del camino. Luffy, en cambio, sonrió a diestra y siniestra retribuyendo con afable simpatía el cálido saludo de los lugareños al pasar. Todos lo conocían y habían llegado a apreciarlo lo suficiente para darle la bienvenida alegremente después de tanto tiempo desaparecido.

Zoro, encerrado la mayor parte de sus días en la taberna, no había tenido que pasar por ningún apuro, pero quién sabe qué líos podrían sucederse gracias a la temeraria espontaneidad de Luffy. En su corazón trató de consolarse con la idea de que, pasara lo que pasase, podía contar con la ayuda de muchos amigos para contenerlo y, llegado el caso, para resguardarlo. Con tanta circulación de gente, nativos y visitantes, su rostro jamás pasaría desapercibido.

Cuando llegaron al atracadero suspiró con desaliento. De allí en más no tenía más remedio que desentenderse de Luffy y concentrarse en el resto de la tripulación. El balandro especialmente construido para el viaje se balanceaba suavemente acompañado de una pequeña muchedumbre de tontattas.

Wicka y su reducido equipaje también lo esperaban. Al verlo corrió hasta él y con un par de saltos se acomodó sobre su hombro, desde donde saludó a sus compañeros con alegres muestras de entusiasmo. Luego, sin más preámbulos, abordaron y se dedicaron a recorrer las instalaciones.

Al concluir el recorrido, Zoro asintió con aprobación. Después de algunas indicaciones más de índole práctica, los técnicos y carpinteros que aún permanecían allí descendieron rápidamente.

Todos los presentes se despidieron con las manos en alto y una gran sonrisa en el rostro, incluso Zoro a su escueto estilo. La inminencia de una nueva aventura solía tener esa emotividad. Luffy, en particular, vociferó augurándoles diversión. A continuación se desearon lo mejor a puro grito mientras el navío iniciaba su apacible desplazamiento.