ETERNAMENTE A TU LADO

CAPÍTULO III. EL REY FERNANDO Y ELIZABETH

Reino de Nápoles, Italia, agosto de 1825.

A la joven edad de 15 años, Fernando se coronaba como el Rey de Napóles, dejando atrás su legado como un príncipe, ahora enfrenta nuevas responsabilidades. La vida ya no es un juego, ahora, debía de dirigir todo un reino.

Tras la muerte de su padre, se viene enterando de todo el desorden en el que colocó al reino de Nápoles, como uno de los más pobres del continente Europeo. Sus súbditos, esperaban en el nuevo rey muchos cambios positivos para mejorar su calidad de vida, depositaron toda su fe y esperanza en él, para salir adelante en el reino.

Por consiguiente, el estrés, la desesperación y la amargura se apoderaron del joven rey, pero eso no significó que se desentendiera de sus responsabilidades.

Antes de llegar a ser Rey, era tan solo un chiquillo que jugaba y correteaba encantado por todo el castillo, haciendo una que otra broma a los sirvientes, siempre muy simpático y amiguero, situación que enfadaba en demasía a su padre, pero al chico parecía no importarle.

Pero una vez asumiendo una responsabilidad de gran extensión, su carácter nunca más volvió a ser el mismo.

Elizabeth, era una mujer de 21 años de edad, de figura esbelta, cabello castaño y un angelical y bello rostro. Recién hace un año llegaba al reino inmigrando del continente americano con sus padres para encontrar en Europa un nuevo estilo de vida, más próspero.

Con el paso de los días, semanas y meses, su padre no encontraba empleo alguno. Lo único para lo que se consideraba bueno era para el comercio, sin embargo, necesitaba de una buena suma de dinero para comenzar con un negocio propio.

Ante la desesperación de la familia, la joven Elizabeth decidió no quedarse de brazos cruzados y buscar por sí misma el porvenir que tanta falta le hacía a su familia.

Por otro lado, en el castillo, el rey Fernando de tan sólo quince años de edad, muy inquieto por su nuevo título nobiliario, no tenía ni la más remota idea de cómo dirigir todo un reino.

-Su majestad – le habló el mayordomo real – su tío, el Duque de Italia, me ha encargado decirle que desea salir con usted en estos momentos.

-No quiero ir a ningún lado – respondió

-No te lo preguntaré – se escuchó una fuerte y potente voz de la entrada – vienes conmigo quieras o no – aseveró el Duque, un hombre maduro muy apuesto, imponiendo su autoridad.

-Te recuerdo que yo soy el rey – dijo en forma de mofa

-No me importa, eres un mocoso inexperto – mencionó el Duque al mismo tiempo que se acercaba a abrazar a su sobrino – y no sabes cómo te he extrañado. Vamos, acompáñame.

Al joven Rey no le quedó más remedio que levantarse de su aposento y acatar la orden de su tío.

-Fernando – comenzó a conversar el duque, mientras se ponía cómodo dentro del carruaje que los llevaría a las calles de Nápoles – seré directo contigo. Eres muy inexperto para la enorme tarea que se te ha encomendado. No cuentas con la suficiente madurez para gobernar todo un reino entero, y no te culpo por ello, nadie imaginaba que tu padre perecería tan pronto.

-Mmhmm – fue su escueta respuesta

-He venido para encargarme personalmente…

-¡Tú no eres el Rey!

-¡Y tú dejarás de serlo tan pronto como la gente se percate de tu notable incompetencia!

El muchacho solamente frunció el entrecejo, en silencio, molesto por el atrevimiento de su tío.

El carruaje se detuvo por fin y los varones procedieron a apearse del mismo. El Duque tuvo la intención de invitar a su joven sobrino a un bar.

-Te recuerdo que soy menor de edad – dijo en tono insolente

-Y yo te recuerdo que a mí no me importan las opiniones de un mocoso – le respondió en burla

En automático, el personal del lugar dirigió al par de hombres a una de sus mesas más apartadas para asegurarles privacidad y tranquilidad.

-¿Qué desean de tomar, sus altezas? – preguntó el mesero

-A mi tráeme lo de siempre – dijo el Duque – y para el Rey, un whiskey doble

-¿Desean sus altezas alguna acompañante?

Y antes de que el duque respondiera, lo interrumpió Fernando

-¿Acompañante? ¿Qué clase de lugar es éste?

Sin hacer caso de las preguntas de su sobrino, el Duque simplemente respondió de manera afirmativa al mesero.

-Deja de estar de insolente, Fernando. Necesitas comenzar a vivir, madurar, tomarte en serio tu papel de Rey, pero sobre todo, tu papel de hombre.

Sin dejarle emitir opinión alguna, se percata de que se acerca a la mesa una bella doncella de ojos castaños a juego con su cabello ondulado, dirigiéndose a ellos con movimientos sensuales en su caminar.

El Rey Fernando y la jovencita cruzaron miradas sin que éstas fueran de gran atención al Duque, quien solamente estaba interesado en que su sobrino conociera de cerca las bondades que una bella dama es capaz de ofrecerle.

Continuará…