Intento

Acababa de bajarse de aquel transporte público que lo había dejado frente a frente al océano. El atlántico lo había dejado estupefacto. Precia un manto de color turquesa que se expandía hasta el infinito. A veces cuando terminaban los entrenamientos y se duchaba se imaginaba como seria el mar, sin duda jamás imagino algo tan impresionante.
Se había escapado de la mansión repitiendo las pocas palabras que comprendía, subió al bus que sus compañeros le habían indicado y le repitió al conductor un sinfín de veces la misma palabra "Copacabana".
Se sujeto su sombrero paraguayo y se levanto aquel pantalón de lino beige, soltó su camisa y se quito los zapatos para poner el primer pie sobre la arena. Raspaba, tímidamente refregó el pie una y otra vez para observar como miles de partículas doradas volaban a su alrededor. No puedo evitar sonreír.
Un grupo de jóvenes le llamaron, le sonreían, no entendía su idioma, no les importaba ellas, solo sujeto el sombrero y corrió hasta la orilla, más antes de llegar se detuvo y una extraña sensación de temor a lo desconocido se apodero de él, más respiro agitado para lentamente introducir sus pies en el agua. La ropa se le mojo con el quebrar de una ola y la espuma le inundo los pies y Tristán sonrió, el agua no estaba tan fría como imaginaba.
Saboreaba cada inalada de aire, aquel olor a sal. Abrazo el sombrero para que sus bucles dorados se despeinaran con la brisa. Introdujo las manos al mar para echarse el agua a la cara, era extraña, sabia mal y le irritaban sus ojos azules, tan claros como aquel mar que lo enamoraba.
Y miro el sol que brillaba en el cenit del cielo. Aquel era el día, su maestro llegaría. Estaba ansioso, tan ansioso que se había escapado, había abandonado a sus plantas, a su espíritu y a sus camaradas por estar ahí.
Sonrió como en su infancia jamás lo hizo. Sería uno de los guardianes, lo sabía, confiaba ciegamente en ello, lo sabía, seria siempre leal y obediente con su rey y protegería a su reina, sobre todo a su reina seria a quien estaría dispuesto a proteger con su propia vida. Y quizás así, su madre dejaría de sentir vergüenza de él y sentiría orgullo por él. Su hijo estaría al lado del redentor del mundo. No todas las madres podrían esperar algo así de sus hijos.

-Yo no juego en equipo-Le susurro la joven soltando humo por la boca frente a la cara de Gastón el cual se encontraba rojo de las iras por la actitud de la muchacha.

Las habían seguido, Penélope era una joven cariñosa y agradable la cual demostraba su enorme alegría ante la compañía, pero el hueso duro de roer no era ella, sino la otra joven. Esta vez estaban ahí gracias a la terquedad de Cé, el cual estaba empeñado en que Azucena era la adquisición perfecta que necesitaría su equipo, sin embargo Gastón se veía ya casi irritado por aquello, dudaba que todo valiera la pena. Había demostrado una buena pelea, pero ¿Cómo sabían que no había sido una casualidad? Además, la encontraba tan desagradable.

-¿Y si te atacan?-Pregunto serio Cé
-Les saco la mierda-Contesto haciéndose la tonta mientras apagaba el cigarrillo, con fuerza lo aplasto en el cenicero.
-Hay matones, no sabemos cómo trabajan, si son fuertes o si están solos-Capacito Cé preocupado como siempre-¿Qué pasara con Penélope?
-Es verdad-Hablo la pequeña-A mi no me gusta pelear Azucena, me sentiría más segura con más chicos-Sonrió mientras miraba a Gastón-Fue muy heroico como intentaste salvar a mi prima, me sentiría muy segura con ustedes.
-Con gusto las protegería-Hablo entusiasmado el joven, se sentía alagado ante aquello-Todo sea por la seguridad de ustedes señoritas.
-¿Señoritas?-Les bufo Azucena de mala gana-No entiendo que fue más idiota, si lo de señoritas o lo de heroico-Se paso los dedos por el cabello, el cual se deslizaba como si se tratase de chocolate con leche-Dime una cosa, ¿Qué hizo este inútil? Además de joderme con los ladrones, claro.
-¡Oye! El señor Gastón es…-Chillo ofendida Lucy, más la joven siguió ignorándola por completo.
-Acaso si nos atacan tres chicos malos-Hablo en tono burlón-¿Tú crees que este inútil podrá con ellos?-Se rio como si fuera el mejor de los chistes-Vamos Pé, si él puede con los tres tipos, te aseguro que yo puedo con nueve.
-Azucena, no seas así, lo que hicieron estos chicos con nosotros fue un gran gesto.
-¿Y tú que te crees? Trate de ayudarte y ni me conoces y no paras de criticarme. Eres insoportable.
-Gastón, para-Le susurro por lo bajo Cé
-Párala a ella-Reprocho indignado-Ella empezó y yo la trate de ayudar.
-No es que no confié en ti-Rogo la menor-Pero vamos, ¿no te sentirías más segura con un chico que nos haga compañía? Ya sabes.
-Me sentiría más segura en la compañía de un hombre poderoso que me folle cuando se me dé la gana-Agrego risueña.

Ambos jóvenes se miraron a los ojos un poco incómodos ante aquel comentario. La joven tomaba té como si el comentario haya sido lo más natural del mundo. Disfrutaba del silencio incomodo, se notaba, sonreía y tarareaba la música de fondo. A Gastón le dieron ganas de matarla ahí mismo.

-Vamos-Hablo intentando controlarse el joven-Démonos una segunda oportunidad. Soy Gastón Franchi y…
-Y soy un pobre debilucho que jode a la gente para impresionar a una pequeña, porque tengo la autoestima tan bajo que necesito hacerme la estrella-Dijo rapidísimo de un tirón.
-Se acabo- Irritado empujo la silla para ponerse de pie-¡Teniente Carlson! ¡Mátala, mátala ahora, haz que se ahogue en ese estúpido té o con los cigarros, me da lo mismo.
-Joven Gastón-Hablo serio-Mi deber es cumplir sus ordenes, pero no puedo hacer eso señor, usted comprende que habla desde el enojo-Irritado Gastón la miro sonriendo, arranco su camisa para tomar su rosario y llamar a Lucy.
-¡Si señor! Esta señorita es insoportable, vamos a mostrarle nuestro poder.
-Gastón-Le hablo serio Cé-Nos vamos
-Que divertido-Agrego sonriente la joven-El idiota luchara con su espíritu la idiota. Al menos tienes buenos pectorales-Le guiño el ojo para volver a tomar té.
-Azucena-Reclamo nerviosa la pequeña-Estas siendo muy mal educada con Gastón, por favor detente. Esto no es necesario.
-Para que sea alguien dispuesto a follarte a ti tendrás que bajar tus estándares de poderoso. Y de hombre.
-Eso lo veremos-Le hablo molesta poniéndose de pie ella también-A ver qué tan hombrecito eres peleando.

Instintivamente Penélope y Cé corrieron a separarlos mientras ambos no paraban de gritarse cosas. Con todas sus fuerzas el joven mexicano se llevo a rastras al joven fuera del local.

-¿Qué miércoles haces?-Le grito enojado-¡Se supone que eres mi amigo!
-Lo soy-Hablo frustrado-Pero no puedes pelearte con Azucena, menos adentro de un bar lleno de gente-Intento sonar lo más racional posible-Menos aun siendo un shaman, ¿No ves el escándalo que se armaría?
- -No quiero ver a esa tipa nunca más en la vida-Hablo irritado mientras caminaban apartándose del bar, más a las pocas cuadras algo los detuvo.
-¡Esperen!
-Oh dios-Maldijo Cé al solo imaginar como aquel panorama podría seguir complicándose.
-Azucena quiere pedirles perdón-Jadeo Penélope que corría tras ellos.
-Pues no la veo aquí-Hablo molesto Gastón
-Se quedo en el bar-Hablo avergonzada la joven-Yo les dije que no tenía dinero para pagar y ustedes dijeron que…
-Que las invitábamos-Hablo frustrado Cé, mientras Gastón se limitaba a golpear su cabeza contra un árbol.
-No puede estar pasándome esto-Se lamento Gastón, a su lado Lucy lo miraba apenada.
-Animo Gastón-Susurro por lo bajo, mientras los jóvenes volteaban para regresar. La fantasma se quedo mirando fijo como volvían guiados por la jovencita-Yo soy más bonita que ella-Reprocho celosa.
-Pero ella está viva-Le consoló Quetzali.
-Y a ella le corre la sangre por las venas. Ya sabes lo que quiero decir-Agrego risueño Serp.
-Cállate, desubicado-Reprocho el ave.
Gastón caminaba molesto tras Cé, con las manos escondidas en los bolsillos y mordiéndose el labio inferior. La marcha la llevaba la más joven, alegre como era su costumbre. Por lo bajo el norteamericano hablo.

-Espero que hallas notado que ellas dos ni tienen espíritu. No se para que la quieres tanto Cé.
-Es evidente que lo están ocultando-Hablo sin querer seguir aquello, sabía que Gastón haría lo que sea con tal de devolverse. O de pelear- Claramente, al menos Azucena tiene uno. Lo que hizo fue increíble y…
-Y necesitamos ser más-Le imito agudizando su voz y pateando una piedrita para entrar al bar molesto.

Y la vio una vez más, fumando un cigarro y sonriéndole al llegar, se iba a dar la vuelta molesto, más Cé le tomo de la mano.

-Pagaremos, si eso es lo que te preocupa, Azucena-Hablo con seriedad Cé, aquel comentario le quito la sonrisa de los labios a la joven, la cual claramente esperaba que rogaran una vez más. Gastón en aquel momento sintió deseos de abrazarlo-Cumpliré con lo que prometí- Rápidamente abrió la billetera para tirar un par de billetes a la mesa. La joven lo miro impresionada-Y te voy a pedir a ti que cumplas con lo que Penélope nos dijo.
-¿Yo?-Hablo intentando evitar el mal trago.
-Azucena….-Le reprocho serie Pé.
-Discúlpate con mi amigo-Alego Gastón. Incomoda la joven soltó humo por la boca para hablar.
-Te pido perdón Gastón por haber sido grosera contigo-Molesta se llevo el cigarro a la boca-Pero tu deberías disculparte por haberte metido en mis cosas.
-Yo no me metí en nada-Se defendió molesto Gastón, intentando evitar la mirada inquisitoria de Cé-Solo trate de ayudarte, a ti y a tu prima.
-Pero yo no necesitaba tu ayuda
-Pero yo si-Intervino la menor-Tu te fuiste y yo gritaba y estaba desorientada y estos jóvenes me ayudaron a buscarte y estaban dispuestos a pelear por ayudarte. Mira Gastón ya estaba entrando en la pelea. Yo estaba preocupada por ti. ¿Qué hago si te pasara algo?
-No me pasara nada-Intento calmarla su prima
-No lo sabes-Nerviosa se seco las lágrimas de los ojos. Incómodos los jóvenes miraron-Si a ti te pasa algo, ¿Qué será de mí? Y lo sabes prima, lo conoces todo, sabes que yo, no, no… no soportaría algo así.

Azucena reacciono rápido tomando a la joven de la mano para salir del local. Estaban paradas en la puerta, discutían, la pequeña lloraba y la joven la miraba preocupada, le daba soluciones más todas en vano. Incómodos ambos chicos se miraron.

-¿Qué rayos está pasando aquí?-Pregunto dudoso Cé
-No tengo la más pálida idea.

Pasaron un par de minutos para que la puerta del bar se abriera estrepitosa, ahí estaba Azucena frente a ellos. Confundidos miraron por los vidrios como Penélope saltaba y les levantaba los pulgares. Gastón se vio venir lo peor.

-Probaremos-Hablo seria cruzada de brazos-Entrenaremos juntos un tiempo, nos probaremos en pelea, veremos si funcionamos como equipo y si pudo soportar-Susurro por lo bajo-Sin presiones, pero me esforzare. Se lo prometí a Penélope. Cé no pudo evitar pegar un salto entusiasmado hacia ello. Azucena sonrió y miro a Gastón, el cual se encontraba bastante más preocupado que su amigo-¿Qué pones esa cara debilucho? Vamos a ser amigos, ¿no era es lo que querías?
-Digamos-Agrego por lo bajo el joven de lentes.
-Bueno-Hablo alegre-Acompáñenos, deben ayudarnos a cargar todas nuestras cosas, ¿No?
-¿Perdon?
-¿No somos un equipo? Además le dijeron a Penélope que podríamos vivir todos juntos y…

Tristán se encontraba sentado en la taza del baño. Se refregaba la toalla en los pies mirando como la arena caía. Era como si nunca se acabase. El viaje de vuelta había sido más difícil, pero había llegado. Y la arena molesta en sus pies lo había acompañado.
Su cabello rubio aun estaba húmedo, se disponía a abrir la ducha caliente, cuando escucho su poderosa voz correr por la mansión. Tiro la toalla y corrió hasta las escaleras, ensucio de arena, pero no lo importo. Ahí estaba, su maestro entrando triunfal. Sus súbditos lo saludaban y lo aplaudían, el simplemente miraba el horizonte. Tras él estaba ella, tímida saludando. La miro y estaba seguro que sus ojos se clavaron en los de ella. Nervioso le sonrió.

Como había sido de esperarse, las jóvenes se habían apoderado de lo que una vez fue la habitación de Cé Alcalt. De mala gana el mexicano tomaba asiento en el sillón, que de ahora en más seria el lugar en donde pernoctaría. Al menos en el suelo a su lado estaría Gastón recostado en un colchón.

-Me guardo opinión de esto, Anacleto-Se quejo hundiéndose en las frazadas. Frustrado su amigo lo miro.
-Si-Alego Gastón quitándose los lentes-Dormir será mi refugio de la terrible realidad.

Sonó el timbre, resignado Cé fue a abrir, ahí estaba Penélope llena de bolsas, entro animada saltando hasta la cocina.

-¡Por fin pude comprar tofu!-Exclamo contenta-Ahora podremos tener una vida saludable, una dieta vegetariana y rica en alimentos crudos….¡Y tofu! ¡Seremos los más poderosos!

Odio aquella idea, pero le fue imposible dar opinión, el ruido de Gastón pateando el colchón le despisto, ahí estaba él, frente a la ventana, con la misma abierta.

-Se acabo-Habló preocupado-Puedo soportar dormir en el suelo, que me levanten temprano a entrenar, tus miedos a que los matones nos agarren y a deberte una suma de dinero que jamás podre pagarte. Incluso, puedo tolerar a la bruja de Azucena. Pero no podre vivir con esa…. Cosa. Me niego, yo necesito comida con calorías para pelear, comida de verdad, no pienso-Molesto apretó los puños-No pienso comer esa mierda.
-Yo tampoco-Le consoló Cé-Pero sería educado esta noche aceptemos la cena que Pé está invitando.
-¿Pero tú crees que soy una oveja que come hojitas?-Pregunto preocupado Gastón. Instintivamente se imagino en una pelea mortal, con el estomago vacio, solo había rastro del tofu en su vida. El enemigo era un tipo fortachón que se acercaba a él, comía chorizos indiscriminadamente, le daba una paliza derrotando a Gastón. Lo lapidaban en tofu-No puedo luchar así. Créeme-Contesto consternado antes la visión.

Resignado se tiro sobre el sillón desarmando parte de la cama de Cé, se disponía a hablar pero fue interrumpido por el violento andar de los tacones de Azucena.

-Listo, me largo-Les sonrió-Hasta mañana, cuiden a Penélope.

Ahí estaba ella, con un escotado y corto vestido rojo que se le ajustaba al tiempo, calzaba tacos de aguja negro y llevaba el cabello revuelto. Disfruto pasando la lengua sobre aquellos labios rojos al ver la cara de los jóvenes. Parecían atónitos son saber bien que contestar, se acomodo la cartera para mirarlos fijo.

-¿Qué me miran?-Hablo divertida-¿Acaso esperaban que me quede acá y pierda la posibilidad de conocer la noche de Rio? Menos ahora que se que Penélope estará segura.
-Pero-Hablo preocupado Cé parándose para caminar junto a ella-Pense mañana entrenaríamos juntos todos y…
-No, no, espera, yo nunca te dije eso-Ágilmente comenzó a marcharse hacia la puerta-¡Hasta luego! Disfruten la noche de tofu que les prepara mi prima.
-¡Mierda!-Grito Gastón oprimiendo su cabeza entre las manos con tan solo recordar la idea del tofu.

Le siguió el paso pensando que palabras usar, ella parecía ignorarlo por completo. Apreto el botón del acensor para darse la vuelta y mirarlo fijo a los ojos.

-¿Piensas acompañarme?
-No, es que… pensé entrenaríamos contigo mañana.
-Pues amigo, claramente no será mañana-Le contesto coqueta para entrar al ascensor, instintivamente Cé corrió hacia el impidiendo que se cierre
-No creo esto sea buena idea, Azucena.
-Dijiste que me querías-Le puso un puchero-Y quedamos en probar-Coqueta le llevo su dedo a los labios-¿Ya no me quieres acaso?
-Somos un equipo, te puede pasar algo-La alarma de el ascensor comenzó a sonar. Azucena abrió su cartera y saco su abanico para lentamente moverlo sobre su pecho, hizo lo mismo que su tabla-Estoy equipada, no te preocupes. Los matones no me harán nada malo-Contesto graciosa.
-No es eso, no conoces la ciudad y…
-Por favor-Le miro casi en un ruego-Quiero hacer esto y Pé no me lo permitía, ella estará bien con ustedes, solo dejarme ir, ¿si? No me pasara nada-Agrego molesta.
-Está bien-Se corrió
-Hasta luego queridito-Le soplo un beso mientras el ascensor se cerraba.

Frustrado Cé volvió al departamento, cuestionándose si lo que había hecho era correcto o no. Quizás Gastón tuviese razón y aquella joven solo les traería problemas.
Se encontraban sentados en la pequeña mesa comiendo la cena que la joven les preparo. La shaman sonreía y no paraba de conversar, incluso tenia apoyado en su hombro a su pequeña espíritu, un hada de las aguas, llamada Clara, hablaba poco, pero la pasaba bien jugando con Serp y Quetzali. Lucy parecía molesta con la nueva adquisición y el teniente no hablaba como era la costumbre. Y por insólito que fuera, Gastón incluso disfruto del tofu.

-Son tan diferentes, que no sé ni cómo se entienden-Hablo Gastón con su boca llena de tofu
-Bueno, es que nos criamos juntas, ella es como una hermana para mí.

Disfrutaron y compartieron anécdotas, se rieron y jugaron incluso. Lentamente fueron cayendo por la hora, hasta que todos quedaron dormidos.

No sabía bien qué hora eran exactamente, pero sintió como un sacudón lo hizo despertar de su sueño. Vio por la ventana y ya era de día, preocupado miro los ojos celestes de Penélope que lo miraban preocupado.

-¿Qué sucede?-Pregunto refregándose los ojos
-Es Azucena-Hablo preocupada la joven, instintivamente el chico la miro serio-Azucena no volvió.
-¿Qué hora es?
-Son las ocho de la mañana. Ella en España siempre salió de festejo, pero esta en un lugar que no conoce y…
-¿Y?
-Y el gps del oráculo la indica hace un par de horas quieta en un mismo lugar-La miro en ruego-Debemos ir a buscarla Cé, puede pasarle algo.

Y sintió como toda la magnitud del problema había recaído sobre sus hombres. Él fue el de la idea de unirla, insistió pese a todo, la dejo irse, no tenía manera de saber que le pasaba. No podía saber si estaba viva o no.
-Vamos-Rápidamente patio con suavidad a Gastón-Despierta, despierta Gastón. Azucena no ha vuelto.
-No molesten-Apretó la almohada contra su rostro-Son las dos de la mañana, es perfectamente normal…
-Gastón, son las ocho-Lloriqueo la joven. Sorprendido levanto la vista para ver la luz del día.
-Carajo…

Ágilmente patio las sabanas para ponerse de pie, se encontraba desnudo, lo cual impresiono bastante a la joven, no era que Cé se lo esperaba, pero no podía recriminar que lo sorprendiera. Ambos jóvenes se pusieron algo decente para salir llamaron a sus espíritus y comenzaron la marcha juntos.

Pasaron horas hasta que lograron encontrar el lugar en donde se encontraba, era un lugar lejos de la ciudad, más en aquel momento se agradecía la buena tecnología de los oráculos.
Para la vergüenza de todos, la joven se encontraba tirada tras un bar, lo suficientemente borracha como para dormir plácidamente, a su lado había cigarros y preservativos usados. Espantada Penélope intento despertarla.

-Tenemos que hablar esto-Reprocho molesto Gastón al joven.

Más no hubo respuesta por ninguno de los lados. Los jóvenes la tomaron entre sus brazos para subir a un taxi y cargarla hasta aquel lugar que podrían llamar hogar.