Cazar
Se despertó con el cuarto completamente a oscuras. Las sabanas se encontraban enrolladas entre sus brazos y su cabeza reposaba en la almohada. Movió la mirada para que sus confundidos ojos se lo encontrasen. La había sedado luego de la pelea, la sensación se lo decía. Los ojos verde profundo del hombre la miraban, estaba recostado a su lado con la cabellera color ébano cubriéndole parte del rostro. Solo la luz de la luna se colaba en la habitación, aquello la perturbaba un poco, no conocía el lugar lo suficientemente aún.
-¿Qué hora es?- Suspiro la joven escapando de la mirada inquisidora del hombre a su lado.
-Es casi la media noche-Le hablo acariciándole el cabello.
Logro sentarse en la cama, agacho la mirada para notar que llevaba puesto aquel camisón de seda color crema. Dudosa clavo sus ojos en los de él. A veces le preocupaba lo iguales que eran.
-¿Me puedes explicar cómo llegaste a ello?
-Ya lo sabes-Respondió seria-Me seguías.
Sin decir nada el hombre le sonrió, solo se movió un poco para acomodarse y continuar mirándola.
-Estoy esperando escucharte-Continuó.
-¿Tristán está vivo?-No entendía por que había sentido la necesidad de saber aquello.
-No veo por qué no lo estaría-Se rio él para apoyar su mano en el hombro de la joven-Si hable con él. No le permitiré que algo así suceda dos veces. De la misma manera de que con…
-María- Interrumpió ella.
-Que con María-Agrego para soltar una carcajada-Se que tu y ella pueden dar más. A Tristán no puedo juzgarlo, solo por haber sido tan tonto de aceptar irse contigo.
-Quería conocer un poco-Hablo confundida, no sabía bien que decirle.
-Querida mía, debes cuidarte-La tomo de la mano-Debes recordar el por qué estamos aquí, hay muchos como nosotros hermana, pero tenemos que reescribir nuestro destino.
-No volverá a pasar-Hablo segura tomándole de las manos-Sabia que me seguía, solo me distraje un poco.
-Y apareció más gente y te luciste-Le beso la frente-Pero no me gusta te toquen.
-Estaremos bien-Le sonrió-Dios nos va a proteger.
-¿Aun sigues creyendo semejantes cosas?-Habló él fastidiado.
-Creer es a lo que me aferro, siempre hay que creer en algo-Agrego pensativa.
-Si ese es el caso-Le acaricio el rostro-Cree en mí.
Se puso de pie para tomar una bata color bordo y negro para cubrirse el torso desnudo, se despidió de ella con una reverencia y se marcho.
-Me alegro que ella tenga los mejores rasgos de esta familia-Pensó para sus adentros para cerrar la puerta de la habitación.
Se apoyo contra la pared para vigilar el pasillo, no había nadie.
-Elizabeth, Vlad-Habló serio, junto a él aparecieron ambos espíritus, la duquesa de cabello de oro junto al antiguo emperador. Seriamente agregó-No quiero que le quiten un ojo de encima.
Tras asentir la espíritu se esfumo, mientras el hombre lo miraba, era robusto y el cabello negro como la noche le caía en su cascada ondulada. Adrian sonrió al verlo. Sus ojos eran iguales.
-Ya sabes lo que debes hacer-Sonrieron cruzando sus miradas.
…
Sujetaba la cruz fuertemente a su pecho mientras oraba lentamente. Manejaba el latín y prefería hacer en aquel idioma cada uno de sus rezos. Luego de un rato, la llamo suavemente.
-María.
-Señorita Magda-A su lado apareció un joven espíritu, de cabello largo color caramelo y un delicado vestido blanco con dorado. Parecía un ángel, al igual que ella.
-Lo hiciste bien-Le confirmo- Se que mi hermano se enojo, perdónalo.
-No tengo nada que perdonar al señor Adrian, señorita Magda. El solo se preocupa por usted como todos nosotros lo hacemos.
No podía negar que se sentía bien y segura. Durante mucho tiempo se sintió desprotegida y totalmente abandonada, pero ahora todo era diferente.
-María-Le sonrió agradecida-Yo también quiero protegerlos a ustedes.
Camino por el enorme cuarto, la seda se deslizaba por su piel y aquel camisón le llegaba solo hasta la rodilla. Tomo su bata de seda blanca para cubrirse y lentamente comenzó a peinarse. Su espíritu la acompañaba a su lado, se miraban al espejo y sonreían. Aquella había sido su primera amiga, muchos años atrás. Pero todo fue difícil. Los humanos no entendían.
-No me gusta tenerte encerrada en la tabla-alego.
-No se preocupe señorita.
-Pero aquí somos libres-Hablo apoyada contra la ventana. La noche se veía hermosa-¿Vamos al jardín?
Bajo las enormes escaleras para atravesar el comedor, la mesa de roble tenia puesto para unas doce personas. De verdad eran muchos. Se detuvo sobre la escalera que daría al subsuelo. Él estaba ahí abajo entrenando, el sonido lo delataba. Tímidamente bajo la escalera pero se detuvo. No podía acompañarlo, debía orar y pedir paz para el muerto que su hermano se había llevado.
Nerviosa se acercó a la fuente que decoraba el jardín, para introducir sus manos en ella y mojarlas una y otra vez por un buen rato.
-Señorita Magda, no creo que sea bueno hacer siempre eso.
-Los métodos de Adrian nos ensucian a todos-Hablo preocupada-Debo redimir el daño.
Se encontraba sentada en el pasto, con las manos aun empapadas, dudosa las secaba son su propio camisón. Y el cielo robo su atención.
-Es tan bello-Pensó-Es bello aquí como en Rumania.
Y continúo mirando, orando y hablando con el espíritu. Y se sentía tranquila. Fue por ello que cuando llego ella se sobresalto.
-Le pido disculpas señorita Maga-Se excuso el rubio-Me quede preocupado por la batalla y solo quería saber si se encontraba bien.
Solo los astros los iluminaban, la pelirroja volteo para mirarlo, no se atrevería a afirmarlo, pero le dio la sensación que tenia moretones en el rostro. Durante la batalla al llegar ese grupo de shamanes perdió completamente la concentración y se olvido un poco de su joven acompañante. Se preguntaba en qué momento se lo había hecho.
-¿Estas herido?-Le dijo con ternura.
-Está bien-Se defendió él-Mi deber era protegerla y le falle. Si el maestro no hubiera llegado estaríamos muertos.
-Sabes que no es así-Hablo sosteniendo su cruz-A mi Dios me protege. A mí y a mis seres queridos.
El joven la miro incrédulo. Quizás existía la remota idea que un Dios supremo la protegiera. Sin duda había pasado lo suficiente como para jactarse de ello. Sin embargo, eran muchos los que podían confirmar el nombre de aquel ser supremo la había protegido: Adrián Tepes.
Solo le sonrió ante el silencio del joven.
-¿Tú crees en Dios Tristán?
-Yo…-Balbuceó el joven-No, señorita Magda. Yo no creo en un Dios supremo ni poderoso, no creo que él nos defienda ni nos proteja, nos protegemos nosotros mismos.
-Eres como mi hermano-Cerro suavemente los ojos-El tampoco cree en nada.
-El maestro si cree lo suficiente señorita Magda-Hablo confundido-Quizás en diferentes cosas, pero, él si cree-No tenía claro que decirle-El…
-Ya lo sé, Tristán-Le interrumpió.
Preocupado se acomodo los bucles rubios, lo había arruinado, siempre lo arruinaba. El un simple jardinero, ¿Cómo pensó que podría ser algo? ¿Qué hacia ahí? No, no debía cuestionarse en ello.
Yo confió en ustedes, confió en la causa, deseo decirlo con fervor, pero no podía, no debía, sabía que ella no quería escuchar eso. Pero ella ya sabía todo lo que deseaba decirle.
-Señorita Magda-Hablo por lo bajo-El chico que entro a la pelea a ayudarnos, me ha dejado su número de oráculo, me pidió que le informe de su estado, yo…
-Que chico más bondadoso aquel, ¿no lo crees?-Hablo sonrojada-Sería una lástima no corresponder tal gesto de educación, es necesario le agradezca por lo que hizo por nosotros, ¿no lo crees Tristán?
Tímidamente asintió. Quizás si no hubiera sido por aquello, hubieran muerto. Y estaba seguro que el señor Adrian de ser necesario lo hubiera hecho revivir con el solo deseo de matarlo de nuevo.
…
Se encontraban en el living del apartamento. Había sido complejo volver hasta ahí. Ambos jóvenes estaban heridos y Azucena permaneció inconsciente por un generoso tiempo gracias al golpe en la cabeza. Eventualmente al despertar no estaba del todo lucida. Sin embargo Penélope encontró la manera de guiarlos hasta el lugar, asustada y nerviosa. Cada vez que se acercaban a intentar ayudarla se asustaba profundamente, ¿Qué respuestas entregaría a aquellos curiosos ojos? ¿Cómo lograría escapar de ahí sin que la crean una loca? Sin embargo no había quitado la vista de su meta, había intentado ser lo más dura posible y fingir que en aquel mundo no había nadie más que ella y sus compañeros. La realidad era así, era lo que más le preocupaba en aquel momento.
En un rincón Cé le contaba a Gastón el actual estado de sus destruidos lentes. Azucena se lamentaba en el sillón con una bolsa de hielo puesta sobre la cabeza y los espíritus se disponían a repartir las culpas. Histérica Lucy apuntaba contra todos sin piedad alguna.
-El enemigo era poderosos-Agrego serio el teniente-Nos supero sin duda. Hay que reconocer cuando tu enemigo es superior.
-Sin embargo-Alego Serp, el único espíritu que uso el mexicano en posesión-Quizás si cierto pajarraco no se hubiera quedado en su tabla mortuoria nos hubiera ido mejor.
-Lamento decirte que la voluntad del joven Cé no fue otra, así que si les patearon el trasero fue pura y exclusivamente por que tú, el señor este y la chiquita esa-Despectivamente apunto hacia el hada de Azucena-Son unos espíritus muy débiles.
Molesta el hada voló hasta el otro extremo de la habitación para mirar en silencio la ventana. Clara voló rápidamente a su lado. De mala gana el pájaro respondió.
-Que encima, es medio muda.
-Le prohíbo hablar idioteces-Ladro Azucena-Lo último que necesito es un espíritu acompañante como ustedes. Aunque el teniente se salva, claro.
-Ya basta-Habló por lo bajo Penélope
-Y nadie quiere ser espíritu acompañante de un shaman como tú-Alego molesta Lucy.
-Ha hablado el espíritu más competente del equipo-Sentencio seria la española.
-Paren-Susurro una vez más la chica.
-Te recuerdo que a la que se llevaron inconsciente fue a ti-Hablo de mala gana Gastón mirando hacia cualquier otro lado menos hacia donde debía ser, precavidamente Cé le acomodo el rostro hacia donde debía ser-Gracias Penélope-Hablo confundido.
-Es que si no hubiera tenido que meterme en un conflicto que no me importaba y ser la última en pie no me hubieran ni tocado-Hablo con el ego herido la joven.
-Sin embargo siempre hablamos de estar listos ante un ataque, entrenamos y miren cual fue el resultado-Agrego frustrado el mexicano.
-No creo que sea sano… chicos…
-¿Entrenamos? Hicimos su entrenamiento de maricones, porque seguro que no pueden tolerar ni un poquito más-Soltó una risita-Yo siempre les advertí que esto pasaría.
-Azucena, Muchachos….
-Nos advertiste, sí, claro, hablaste mucho y te hicieron mierda igual.
-¡Porque tu no usas tu cerebro y te tiraste contra un enemigo sin analizar nada, estúpido!
-Gastón, no creo sea bueno que…
-¿Y tú qué? ¿Ibas a dejar como matan a un shaman sin meterte? ¿Dónde está toda la preparación para un ataque sorpresa?
-¡No era nuestra pelea! ¡No quería ni meterme!
El grito inundo el apartamento y los jóvenes se miraron paralizados. Penélope se encontraba separando a ambos chicos casi llorando. Preocupado el moreno la aparto, pero fue inútil.
-¿No se dan cuenta?-Hablo con amargura-¡Están destruyendo todo nuestro trabajo! ¡No fue culpa de nadie! ¡Las reacciones de ambos fueron validas, nadie quería que nadie salga lastimado, el enemigo era más fuerte, no fue por culpa de Gastón de querer proteger a la joven o de mi prima por intentar controlar la situación!
-Tiene razón-Agrego tajante el moreno-Ya paso y no ganamos nada buscando culpables.
-Perdona-Hablo recapacitando un poco Gastón-Supongo tienen razón, tu no querías que nos pase nada, supongo.
-Está bien-Agrego de mala gana. La más joven la miro seria- Fue un lindo gesto querer ayudar a la chica esa, supongo-Respondió no muy segura.
Los ojos turquesa de la pequeña se cruzaron ilusionados con los del shaman de norte América. Instintivamente junto a todo el equipo para abrazarse entre todos.
-Desde mañana aplicaremos los métodos de entrenamiento de Azucena-Hablo convencido Cé-Los duros, digo.
-¿¡Que!?-Grito angustiado Gastón.
Tras intentar discutir en vano e indignarse por lo que sería el menú de alimentos de aquí a que todo termine, lo que para Gastón era la vida entera, resignado intentaba dormir, el solo se escuchaba el sonido de los autos pasar y las luces de la calle se colaban. Por lo menos, lo bueno de aquello era que Penélope había insistió en hacer una colecta entre todos para mañana mismo comprarle un nuevo par de lentes al joven. Claro, el se había comprometido a devolver parte de la deuda haciendo trucos como los de el día anterior. Genial, debía sumar un par de lentes a la cuenta.
Se esforzó profundamente por cerrar sus ojos y no pensar en lo que le traería el día de mañana, madrugar desayunando una miseria, ir a comprar los lentes, entrenar como un animal hasta quedar molido, que lo alimenten con una miseria…. Y no podía resistirlo, se mordía el labio y golpeaba la almohada. Y lo recordó. Tras todo ello, al día siguiente, que no dudaba lo molerían en entrenamiento y lo matarían de hambre, tendría su primera pelea de shamanes.
-Si esa tal Gretel me da un strudel caigo rendido al instante-Alegó para sus adentros escondiéndose bajo las sabanas.
Y todo se esfumo de su mente, sintió como el sueño lo arrastraba, cuando el chillido lo volvió a la realidad. Movió las manos desesperadamente hasta que alcanzo el oráculo. Pese al ruido el mexicano pareció no percatarse de nada.
-Brillante-Alego por lo bajo-Yo ciego y a alguien se le ocurre escribirme. Más vale que no sea Azucena burlándose de mí.
Alejo y acerco el oráculo todo lo posible para intentar leer, pero no había forma. A su lado apareció el teniente, el cual resignado le leyó el destinatario del mensaje.
-Magda Tepes-Susurro el teniente.
Magda, ese había sido el nombre que el joven temeroso le nombro después de la batalla. La joven que intento defender y acabo herida. Su corazón se detuvo en seco, quería leer el mensaje, podía presumir que se encontraba bien, sin embargo, prefería responder mañana mismo personalmente.
Apoyo la cabeza en la almohada para caer dormido.
…
Se encontraban en un parque lleno de árboles sobre el cerro. Gastón tenía claro lo que se le vendría encima, pero había vuelto a recuperar la vista, eso ya era algo más que bueno dado su última racha.
-Pensaba que operemos de esta manera-Hablo sonriente Azucena, sacando unas cintas color rojo, cuatro exactamente-Quiero que nos cacemos los unos a los otros, nos separaremos, nos esconderemos e intentaremos apresar a los demás. Si te pegan esto-Quito la cinta adherente de uno de las cintas rojas para mostrar cómo se pegan en la ropa-Es porque estás muerto.
-¿Y qué quieres lograr jugando a las escondidas?-Hablo dudoso Gastón.
-Cada uno cronometrara el tiempo, en este caso de cuanto demoraron en cazar o ser cazados-Le contesto obviamente-Además estamos alejados de la ciudad, estamos rodeados de vegetación, quiero medir cual es nuestra capacidad de supervivencia, de escondite, de ingenio.
-Como si lo del otro día no alcanzara…-Susurro por lo bajo Gastón.
-Es una buena idea-Habló Cé- Tenemos que ir haciendo esto más seguido, es bueno comenzar antes del entrenamiento, así iremos sabiendo cuanto mejoramos.
-¡Y estaremos mezclados con la naturaleza!-Agrego con entusiasmo la menor.
-¿Y esto es con posesión incluida?-Pregunto el castaño, acomodando sus lentes, esta vez atados en una cuerda para que no salgan volando.
-Podríamos- Sonrió maliciosa la joven.
-No creo sea el momento-Agrego Cé- Tendríamos otra resistencia, otra fuerza, ¿La idea no es medir la nuestra?
-Siempre arruinándolo todo Anacleto-Protesto por lo bajo su amigo.
-Tienes razón-Sonrió Azucena-Sin embargo, creo sería buena idea poder usar el objeto de posesión o algún objeto que nos pueda ayudar…
-Como si estos guantes me sirvan de mucho-Protesto el chico-Lo mismo digo del rosario.
-Con ese rosario podrías ahorcar a alguien, tarado.
-A ti, por ejemplo. Pensó para sonreírle.
-¿Estamos listos?-Hablo la chica adaptando el cronometro del oráculo- Sincronicen. Tenemos 5 minutos de inmunidad, luego somos un todos contra todos.
El pitido sonó y todos corrieron a diferentes direcciones.
…
Penélope corrió colina abajo. Su pequeña hada volaba a su lado haciendo volteretas. Había poca gente y si la veían, ¿Qué más daba? Clara disfrutaba mucho de aquellos ambientes, eras casi como estar en casa. Corrió y corrió hasta llegar a una quebrada, la cual otorgaba una privilegiada panorámica. Se veía la ciudad, las playas con el más cristalino color en sus aguas, los cerros tupidos de vegetación y a lo lejos resaltaba el Cristo redentor de uno de ellos.
-Es hermoso-Hablo impactada la joven para sentarse en el pasto.
-Es increíble que este sea el lugar más caótico del mundo-Le habló el hada para sentarse en su hombro.
-Sí que lo es-Susurro la joven- Es una de las ciudades con mayor población, desigualdad, inseguridades. Sin embargo, es de las más bellas que he visto.
-Si Azucena nos ve se enojara.
-No-Sonrió la pequeña-Ella es un perro al cual solo le gusta ladrar. No morder-Se comenzó a peinarse su larga cabellera con las manos-Además dijo que teníamos cinco minutos de ventaja, ¿no?
…
No tenía claro que dirección estaba tomando. En su aldea natal siempre había estado acostumbrado a entrenar en terreno abierto, nunca en un lugar tan frondoso. Tomo ambas tablas mortuorias para liberarlas. No haría la posesión, sin embargo, no habían dicho nada de poder utilizar o no a los espíritus.
-Esto nos tomara horas-Protesto el ave-Hay demasiado lugar donde esconderse.
-Y no marcamos un límite-Reflexiono el mexicano sin cambiar su ritmo.
Corrió bajando las colinas, por algún motivo asumió que sería más fácil mantenerse a la menor altura posible.
-Amo Cé, ¿no tiene hambre?
-Un poco a decir verdad-Sonrió el chico. Ciertamente la porción de desayuno que la joven les ofreció había sido más que modesta-No quiero imaginarme como estará Gastón.
Y eran sobre las once de la mañana, en un rato el sol se pondría aun más fuerte. Se detuvo para tomar el bloqueador solar y echárselo en la cara.
-¿De verdad cree que esto es buena idea?-Hablo dudoso Serp.
-Nunca tuvimos la oportunidad de luchar juntos. Y somos un equipo, aun no sabemos bien las debilidades y las fortalezas de cada uno en batalla-Tímidamente tomo la serpiente disecada de su bolso-En algún momento seria sabio nos enfrentemos realmente.
-Amo Cé, aun está a tiempo de buscar nuevos compañeros.
Y se detuvo para mirar a lo lejos el mar. Aquellas palabras le resonaron por la cabeza. No podía negar que le llenaba de temor lo que había sucedido en la última batalla. Quizás si hubiera compañeros más fuertes. Pero el ya tenía un pacto con ellos. Eran sus amigos.
-Sigamos.
…
Luego de caminar sigilosamente unos cuantos metros, comenzó a analizar lo que tenia para trabajar. Había elegido aquel lugar al azar, no quería que mal pensaran de ella. Pero la suerte la había acompañado. Desde pequeña había entrenado en los bosques de las canarias, aun más frondosos y profundos del que se encontraban, si es que se le podía llamar bosque a aquel parque nacional, claro está.
Comenzó a acercarse a los arboles para tocar la madera, golpearle y ver que tanto eco hacían.
-Necesito el más viejo y fuerte de todos-Hablo sin parar de golpear.
La pequeña hada amarilla le hizo un gesto para apuntarle a un roble. Sonriente la joven camino hasta ahí para darle un golpe y analizarlo.
-Excelente opción, querida.
Estudio un segundo más las ramas y las hojas, para pegar el primer salto y comenzar a trepar.
…
Estaba caminando de brazos cruzados y a paso lento. No paraba de putear un segundo tras otro.
-Estoy cagandome de hambre-Protesto enojado- Esto es maltrato humano.
-Señor Gastón, animo, debe resistir, puede que se enfrente a estas situaciones en el torneo.
-Pero claramente no es el momento, ¿Por qué torturarse de ante mano?
De mala gana arranco un poco de pasto para comenzar a masticarlo.
-Asqueroso-Hablo con la boca llena-Pero al menos puedo tragar algo.
Apenada Lucy lo miraba.
-Señor Gastón, usted ya está preparado para todo esto, es una injusticia que lo hagan parte de este plan tan absurdo. Usted debe alimentarse para mantenerse fuerte y bello.
-¿Verdad?-Agrego tragando más pasto-No es tan malo después de que se mastica un poco…
Continuo pateando piedras y masticando un montón de pasto que se había colocado en el bolsillo, de tanto en tanto se metía un poco en la boca. Pero todo paso cuando recordó lo de anoche.
-El mensaje.
Rápidamente corrió para sentarse bajo un árbol y sacar su oráculo virtual. No lo soñó, ahí estaba.
"Me escribió" pensaba entusiasmado.
-"Fue muy caballeroso y heroico lo que hiciste en la batalla. No tengo como agradecer tu sacrificio por intentar ayudarte. Pero por lo menos, déjame intentarlo"
Parpadeo un par de veces para analizar aquellas palabras y no pudo evitar soltar un grito de victoria. Molesta Lucy comenzó a decirle que no era necesario, que el mensaje era suficiente agradecimiento mientras el joven escribía a toda velocidad su respuesta.
-Es lo más genial que me pudo pasar en todo el jodido día-Agrego para apoyarse contra el árbol. Permanentemente esperaba que el oráculo chille notificándole que la respuesta llego-Puedo invitarla a la pelea con Gretel o no, mejor la veo antes y…
Y un fruto seco le cayó en la cabeza, era lo último que necesitaba, se puso de pie para buscar lo que lo había atacado. Sin duda seria un pájaro o una ardilla. Podría comérsela incluso. Y otra le cayó encima. Y así.
-Por la re puta madre.
…
Quizás realmente aquella derrota había marcado en ellos algo fuerte. Habían estado confiados y paso lo que paso, ¿Y si lo que le dijo la serpiente ya estaba en los planes de su equipo? Sin duda les había tomado afecto y podía llegar a perdonar la deuda monetaria, ¿Pero con lo otro qué? Y le molestaba la situación, a veces se temía que lo utilicen como un medio para que les facilite las cosas.
-Yo también se pelear-Se repitió internamente-Que sea de carácter más racional y calmado que ellos no me hace de idiota. No me engañaran-Se auto convenció.
Y la vio a lo lejos, la suave brisa le enredaba aun más su larga cabellera ondulada. Y se acerco, camino rápido, no importa si le hacía algo, la joven era pasiva por naturaleza. Y se sentiría mal atacándola de sorpresa.
-Azucena te diría que eres presa fácil-Sonrió el joven para sentarse a su lado.
-Sin duda-Soltó una leve carcajada-Pero estoy protegida por tres grandes shamanes, ¿verdad?
-Es verdad-Aseguro este-Pé, no has dicho nada de tus peleas, ¿ya has tenido un oponente o algo?
-Cé-Le hablo nerviosa la joven tomando en sus brazos a su espíritu-¿Puedo confesarte un secreto?
Sus ojos oscuros se clavaron en la temerosa mirada de la joven. Temeroso ante lo que pudiera confesarle asintió.
…
-¡Mierda!-Exclamo molesto Gastón buscando el origen de su molestia, pero nada, solo caían frutos secos en su cabeza.
Se movió unos centímetros para seguir buscando, fue hasta que el teniente hablo.
-Vienen del árbol.
-No me digas-Agrego irónico-¡Que observador!
De mala gana se acerco al árbol para comenzar a patearlo. Estaba tan molesto que no deseaba otra cosa que hacer la posesión de objetos y cocinar a aquellas ardillas molestas, comérselas todas a escondidas en un festín y ser el vencedor del juego estúpido ese. Observo cuidadosamente para ver como algo se movía, algo pesado y grande.
-Pero que mierda-Inútilmente intento recordar si existían los monos en ese lugar. Pero todo cuadro en él cuando sintió el último lote de frutos secos en su cabeza y la risita que los acompañaba.
-Si esto fuera una pelea real, ya estarías muerto-Hablo muerta de risa la joven desde el árbol.
-Si esto fuera una pelea real yo estaría muerto de hambre Azucena-Le soltó de mala gana-Bájate y hagamos lo que dijiste.
-¿Y por qué tengo que bajar? Mejor ven tu por mi-Le hablo coqueta-Vamos guapo.
-Azucena-Intento no sonar a que rogaba-Tengo hambre, estoy cansado, vamos, te encontré, me encontraste, terminémoslo rápido.
-Yo nunca dije que sería rápido.
-Baja.
-Intenta bajarme.
Comenzó a patear en tronco, a taclearlo incluso deseo hacer la posesión y hacerlo mierda, ¿Quién se reiría en ese momento? Pero no, las primeras no funcionaban y la segunda esa sencillamente inviable.
-Como sea, vas a tener que bajar-Se apoyo contra el roble, buscando la posición más comoda-Estaré aquí atento esperándote. Para casarte.
-Me parece perfecto-Agrego arrogante ella.
Pasó más de una hora y así seguían, a veces dialogaban un poco o Gastón recibía un golpe en la cabeza con aquellos frutos secos. Luego descubrió que eran perfectamente tragables y comenzó a comerlos. Y sintió el oráculo chillar y lo tomo entusiasmado.
-Magda-Pensó para sus adentros. Y miro su imagen del perfil, era hermosa, demasiado. Temeroso abrió el mensaje.
"Nada me daría más gratitud que ello. ¿Te gustaría…"
Y ahí murió todo, cayó al suelo, su rostro estaba incrustado en la tierra y su oráculo había volado unos cuantos centímetros. Azucena lo inmovilizaba sentada sobre él mientras orgullosa le pegaba la marca en la espalda.
-¡Estás muerto!-Grito eufórica.
-¡Y tú estás loca! ¡Déjame moverme!
Tras forzar un poco se soltó para correr hasta su oráculo. A su lado Azucena no paraba de reírse y jactarse de su victoria. Se alegraba de no haber usado casi energías en aquello, esa noche era su enfrentamiento con Zacarías, al cual pretendía asistir sin informarle a sus compañeros.
…
-¿Me estás diciendo que no asististe a tu primera batalla en el torneo?-Hablo Cé sin poder creerse aun lo que la joven le contaba.
-Es que tengo dudas-Hablo nerviosa ella-Realmente creo que para alcanzar la paz y la armonía debemos comenzar por nosotros mismos, ¿Cómo puedo ayudar a un rey todo poderoso a controlar el mundo caótico en base a una batalla en donde morirán personas? ¿No es eso fomentar el deslanase?
-Penélope, tus acciones no dudo que son nobles, sin embargo si quieres alcanzar tu meta, el único camino es el torneo. No siempre los caminos son agradables, hay que pensar en un bien mayor.
-Lo sé, pero yo no puedo-Reclamo la dueña de los ojos turquesas- Azucena se llega a enterar y me estrangula.
-Tranquila-Le sonrió-Por mí no se enterara.
-Si acudo a la siguiente pelea, debo ganarla-Jugo un poco con sus manos-Me siento muy insegura. De verdad que odio la violencia.
-Ahora que lo pienso, ni siquiera sé cuál es tu objeto de posesión.
-¿Lo ves? Prefiero usar mi poder de shaman para cualquier otra cosa que luchar- A veces siento que inscribirme en esto fue un error.
-Algo bueno debe haber.
-Bueno si, conocí este hermoso lugar-Le sonrió-Y los conocí a ustedes.
Se puso de pie, el mexicano la imito. Quería decirle algo, pero no tenía claro que. Lentamente comenzaron a caminar.
-Penélope-La llamo para hacerla voltear-No debes hacer nada que no desees.
-Lo sé.
-Y te apoyaremos en lo que sea que elijas.
-Gracias Cé-Amistosamente lo abrazo, para pegarle delicadamente la señal roja en su espalda-¿Buscamos a los demás?
-Vamos
…
Eran casi las nueve de la noche y la peliroja se encontraba recostada en la bañera, el vapor teñía todos los espejos del cuarto mientras ella no paraba de echar hierbas aromáticas al agua. Mañana será un gran día, lo vería y tendría su primera pelea por el torneo. Le era inevitable pensar en la violencia con lo que todo se estaba llevando desde su batalla en el centro comercial. Quizás no fuera tan sencillo. Temerosa se miro el corte de aquel día para recordar sus errores. Para su fortuna, el lugar del encuentro no sería lejos de la mansión, tendría tiempo de volver. Y tendría el apoyo de él.
La puerta se abrió lentamente, instintivamente no pudo evitar cubrirse el cuerpo de manera tensó, sin embargo logro calmarse cuando escucho su risa invadir el lugar.
-Hoy me toca luchar-Le hablo serio el hombre, tomándole de la mano.
-¿Quieres que vaya contigo hermano?
-No-Le sonrió-Estaría más tranquilo sabiendo que estas en la seguridad de la mansión.
-¿Es peligroso tu oponente?-Consulto preocupada.
-No lo creo-Le coloco el cabello tras la oreja-Pero no quiero correr riesgos.
Se miraron un par de segundos para sonreírse mutuamente. Él era solo cuatro años mayor que ella. Sin embargo siempre lo vio casi como una figura paterna, en todo momento, siempre estuvo ahí para protegerla.
-Te esperare con champagne para celebrar hermano-Le hablo dulcemente.
-No creo que sea un logro digno de festejar-Le sonrió-Sin embargo, sabes que no puedo negarte nada.
-Has que valga la pena festejarlo entonces.
