Victorias y Derrotas
Eran casi la una de la madrugada y Gastón se encontraba escondido en la cocina atacando el refrigerador. Sabía que al otro día habría reclamos, ¿Pero quién sabría que había sido él? De todos modos, el día de entrenamiento había sido complejo y mañana sería una ocasión importante. Tenía que mantenerse fuerte. Pero lo más importante era que había visto a Azucena escabullirse en la oscuridad del living para marcharse del apartamento. De seguro la mujer había salido a una noche de excesos, no podía esperar otra cosa, entonces, ¿Por qué no podría darse el un festín?
-Mañana es mi primera batalla-Pensó mientras esa sensación de temor le inundaba el corazón. Claro, no tenía por qué pensar en lo peor, de hecho, él era un tipo confiado, ¿Qué le estaba pasando?
En su mente la voz de Azucena le resonaba como el mismo demonio, reclamándole todo lo que sucedió en el local de hamburguesas antes de aquella pelea, ¿Y si el enemigo tenía el nivel de aquel loco que estaba atacando? O el tipo que apareció a llevarse a Magda, tampoco parecía amigable.
-Naaa-Susurro mientras masticaba-La posibilidad es baja, mañana cuando vea a la tal Gretel, mi seguridad volverá mágicamente.
Pero no era solo eso, quizás el segundo motivo fuera el que realmente más le tuviese así. Incrédulo volvió a mirar el oráculo, para re leer el mensaje de la joven y mirar su imagen como un estúpido. Si, tenía que creérselo, la chica linda lo había invitado a salir.
No era que Gastón no fuera popular con las mujeres, su carisma y simpatía eran ya un mito entre las damas shamanes en Miami, sin hablar que tenía un físico más que aceptable, él era guapo a su manera y nunca faltaba la que lo miraba y le gritaba en la calle. Sin embargo su historial amoroso no era tan intachable como podría imaginarse. Cada vez que le interesaba una mujer y comenzaban a salir, todo acababa rápido, "Eres genial como amigo". Estupefacto escupió el refresco que tenía en la boca, no solo porque desde ya se estaba planteando una salida de agradecimiento como algo con un futuro más romántico, sino por el hecho de que la puerta se abrió par en par violentamente.
-¿Qué se supone que es esto?
Pero aquella voz no era la que imaginaba, tranquilo respiro para voltear a verle.
-¡Eh! Anacleto, ¿Insomnio?
-Un poco-Hablo el joven para sentarse a su lado- ¿Estás haciéndole homenaje a la gula?
-Algo así-Le ofreció-¿Quieres?
-No, se supone que no debemos comer por el entrenamiento-Hablo pensativo-Y si Azucena nos agarra nos…
-Azucena se fue a la mierda, ni idea, ¿Quieres o no?
Los ojos oscuros del joven analizaron la cocina como buscando algún secreto ante aquello, miro la hora, eran exactamente la una y cuarto de la mañana. Sonrió para tomar una caja de cereales y comenzar a comérsela.
-Diablos, pensé que moriría de hambre-Se lamentó el mexicano.
-Tú sí que sabes ocultarlo-Reprocho el otro chico-Espera, ¿Pasas hambre y no me ayudas a quejarme contra la bruja esa?
-Apoyo el motivo, a veces para conseguir algo hay que hacer grandes sacrificios.
-Cagarse de hambre no es un sacrificio, es una tortura-Se lamentó.
Comieron como si no pudieran hacerlo mañana, cosa que no era del todo errada, al terminar Cé sentía que su estómago explotaría y se recostó sobre la mesa.
-¿Qué habrá pasado con Azucena?
-Seguro se fue por ahí a tomar algo, o a fumar algo o a fornicar algo, yo que se…
-Eso iría muy en contra de todo lo que viene diciendo, de la conducta y…
-Y bla bla bla, ¿Te acuerdas el día que hubo que ir a buscarla y estaba súper drogada? ¿De verdad creer que ella cumple las cosas que dice?
-Bueno, si una persona suele consumir esas cosas, es difícil que este tanto tiempo sin tomarlas, pero pese a ello, ella parece tener una auto conducta impecable.
-O eso quiere que creamos Anacleto.
Y las palabras fueron interrumpidas, delicados se escuchaban los pasos acercarse a la cocina. Por un segundo ambos jóvenes cayeron en pánico completo, sin embargo tímidamente entro Penélope a la cocina.
-Ajá, así que no soy la única que se está aprovechando-Hablo inquisidora.
-Nos asustaste-Se lamentó Gastón.
-Cualquiera se asustaría si Azucena nos encuentra-Hablo mientras sacaba varias frutas de la heladera-¿Quieren?
-No, gracias-Hablo el mexicano.
-Yo si quiero-Agrego con entusiasmo Gastón.
-Ohh, el señor Gastón se verá tan sexy comiendo fruta-Agrego Lucy en un rincón.
-Estoy nerviosa por Azucena-Hablo tímidamente la pequeña-Nosotros aquí rompiendo las reglas y ella enfrentándose a su primera batalla.
-¿¡Que!?-Gritaron al unisonó ambos jóvenes.
-¿Su primera batalla?-Hablo descolocado Gastón-¿Cómo que su primera batalla?
-Claramente no nos dijo nada-Se lamentó el moreno-Quizás por eso a la mañana estaba tan irritable con el entrenamiento.
-Oh, pensé que se habían quedado por que no habían querido ir-Agrego por lo bajo la más pequeña de las primas-Ella me dijo que prefería que yo me quede, pero no sabía era un secreto.
-¡Es una irresponsable! ¿Cómo se supone que no nos dio aviso?-Protesto Gastón acomodándose los lentes.
-Somos unos pésimos compañeros-Se lamentó el mexicano-Debimos recordarlo.
-Vamos a buscarla, puede pasarle algo.
-Gastón, si no aviso es porque no quiere que vayamos-Hablo tranquila Penélope-No se preocupen, es obvio que vencerá.
Cerca de una hora después la puerta de la casa se abrió, impulsivamente el trió salto hasta la misma para encontrarse a la sonriente joven, la cual orgullosa mostro el oráculo, el cual indicaba su victoria.
Lo que quedo de la noche intentaron dormir, para Cé aquello fue complicado ya que los ronquidos de Gastón le molestaban, cada vez que lograba conciliar el sueño, aquel sonido lo traía una vez más a la realidad. Incomodo se puso de pie para marchar hasta el baño. Una vez termino la vio parada en el balcón, sigilosamente se acercó, estaba sentada en una silla fumando un cigarro con sus ojos color miel perdidos en el firmamento. Tras dar unos pasos más la joven pareció reaccionar a su presencia, sonriente le invito a su lado.
-¿No puedes dormir?-le pregunto el mexicano.
-No, aún tengo la adrenalina de la pelea en la sangre-Respondió soltando humo por la boca.
-Te entiendo.
Él era un hombre tranquilo, quizás demasiado al lado de sus compañeros, pero la entendía, sabía lo que era esa sensación de haber tenido una victoria, el sabor de una buena pelea, de sentirse poderoso. Y odiaba sentir aquello, es decirlo, lo amaba y lo odiaba. La seguridad que esas sensaciones de pasión que generaban eran demasiado fuertes y ya había caído en aquel error más de una vez siendo joven. El tiempo le enseño a Cé Ácatl que la prudencia y la reflexión serían sus armas más poderosas y los impulsos y la excesiva confianza sus peores enemigas.
-Disfrútalo-Le sonrió finalmente el joven.
-¿Quieres?-Le ofreció su cigarro-Me relaja mucho.
-No, gracias-Agradeció.
-¿Sabes?-Le miro seriamente la joven- Eres demasiado controlado querido Cé.
-Eso no es verdad-le sonrió el joven.
La joven apago su cigarro para tirar la coletilla al vacío, sonriente se acomodó el cabello para colocar sus brazos en los hombros del joven. Simpática comenzó a menear su cuerpo.
Incrédulo el mexicano la miro, ¿A dónde quería llegar con esto? Ella era su compañera de equipo, su amiga, ¿Cuál era el motivo de eso? Nervioso intento separarse.
-¿Ves que si es verdad?-Le susurro-Intentas controlarlo todo Cé.
-¿Y qué pasa con los entrenamientos, con los ejercicios, con todo?
-¿Yo he dicho en algún momento de los ejercicios que es necesario controlarlo todo?-Le remarco esta última palabra-Quizás para este equipo sea bueno que te descontroles un poco.
Frustrado se apoyó contra la pared para mirar las estrellas y recordar aquellos incidentes. Sigilosa la chica lo miro.
-Créeme que en un momento de mi vida si fui como tú o como Gastón, por decirlo de una manera.
-¿Y no te gusto la libertad?
-No se trata de libertad Azucena-Se lamentó-Se Trata de que era un joven guerrero apasionado y feroz y me dejaba llevar únicamente por mis instintos.
-Excelentes condiciones para ser uno de los cuatro guerreros.
-Y para ser un pobre asesino-Hablo frustrado.
-Eso sí que no lo esperaba-La joven se cruzó de brazos-Nunca he hecho eso aun y estoy segura que el bobo de Gastón tampoco.
-No es lo que crees-Contesto serio. ¿Qué le pasaba que la joven tomaba esas palabras como algo tan ligero?
-¿Y que es entonces?
-En peleas de shamanes con gente de otros pueblos, torneos, entrenamientos, llámale como quieras, me desquiciaba, seguía esos instintos y llegue a lastimar mucho a otros chicos. Una vez estaba entrenando con un vecino y me pase, me deje llevar y casi lo mato Azucena.
-Interesante-Hablo sorprendida la chica.
-Y comencé el largo trayecto del entrenamiento de mi psiquis, para controlarme, para cambiar, para dejar de lado a la bestia que se despierta en las peleas.
-Encantador-Agrego algo sarcástica-Pero sería bueno que aprendas cuando puedes liberar a la bestia, ¿No te parece?
…
Aquella mañana Cé parecía estar profundamente dormido, pero a Gastón no le importaba, eran las ocho de la mañana y ágilmente se puso de pie para caminar hasta la cocina. Debía comer el desayuno, ducharse, arreglarse. Hoy era el gran día. Se batió el cabello con las manos para abrir la puerta y encontrarse a la pequeña Penélope sentada en una de las sillas. Sus ojos celestes se veían impactados mirando la pantalla de oráculo virtual.
-¿Qué paso?
-Hubo una serie de asesinatos-Hablo sorprendida la joven-Hubo shamanes entre las víctimas.
-Hace varios días que no pasaba esto-Respondió el joven tomando del pico de la botella de leche.
-No es solo eso-Prosiguió asqueada la chica-Mejor míralo tú mismo.
Tomo el oráculo virtual de la joven para anonadado mirar la pantalla. Podía ver a uno de los apaches, a los cuales reconocía como los mentores, tirado en el suelo, varias estacas le atravesaban el cuerpo, sin embargo, ello no era lo más terrorífico de todo, sus ojos habían sido arrancados y sus labios se encontraban cosidos.
-¿Mataron a uno de estos tipos?-Habló sorprendido el joven- ¿Y cómo lo mataron? Rayos, será mejor que Cé no se entere de esto.
-Sin duda esos grupos de shamanes deben ser demasiados fuertes-Se lamentó Penélope-Tenemos que ir con cuidado.
Y continúo mirando la imagen. A su lado no tardó en aparecer el teniente Carlson.
-Joven Gastón, no debe olvidar que los apaches solo han aparecido ante nosotros para la prueba para entrar al torneo-Hablo serio el espíritu-Y el día que el joven Cé lucho podía verse la sombra de aquel hombre a lo lejos.
-¿Estás diciendo que están tomando distancia a propósito?-Hablo Penélope-Ahora que lo pienso, yo solo lo vi cuando luche para entrar al torneo
-Y nunca más-Agrego Clara.
-Entonces quizás ellos sepan algo-Dudo Gastón-O realmente exista una crisis mayor de la que nosotros conocemos.
-¡Es que todos le temen al señor Gastón!-Grito ilusionada Lucy. Gastón sintió como la vergüenza invadía su cuerpo.
…
Se encontraba sola en la habitación, estaba sentada frente al tocador peinándose el cabello. Se tomaba su tiempo, era como si nada la apurara. Cuidadosamente se colocó perfume en el cuerpo para quitarse la bata y quedar desnuda, camino ligera hasta el placar para abrirlo y mirar cuidadosamente cada uno de los vestidos. Tenía que elegir bien, debía servirle para el día y luego para la noche. Su primera pelea se acercaba. Eligio un vestido blanco que le caía hasta los tobillos y le dejaba al descubierto los hombros en su totalidad. Podría decorar su pecho con aquella cadena en cruz. Lo acaricio para sentir como la fina tela se deslizaba por las manos. De aquello dependería su primera impresión en todo. Lo necesitaba más que nunca.
Una vez su ropa interior se encontraba perfectamente ubicada paso a vestirse, estuvo un rato frente al espejo mirándose de diferentes ángulos. Y no se fue hasta que no estuvo segura. Una vez más abrió los armarios del placar para sacar un par de guantes negros, un cinturón y por las dudas saco un gran sombrero negro el cual acomodo en la cama.
Una vez más se dedicó a mirarse el vestido, acariciarlo, ver como se movía al dar pequeñas vueltitas. Y sintió como tocaron la puerta suavemente. Y ella reaccionó. Anoche había sido la primera victoria de su hermano y alegre lo había recibido. No había bajado a desayunar ni a entrenar a la hora acostumbrada. Seguramente Tristán estaba buscándola.
-Puedes pasar Tristán- Habló sin prestar demasiada atención, continuaba mirándose al espejo.
-Te ves linda-Hablo sereno apoyándose contra el marco de la puerta-¿Para qué te preparas?
Y volteo a verle, no lo esperaba, su rutina no contaba con visitarla por las mañanas ni desayunar juntos. Sobre las seis de la mañana Adrián se ponía de pie para cumplir con una rigurosa rutina de entrenamiento físico y psicológico. Luego se encerraba un rato en la oficina para cerrar algunos negocios. A veces ella se dedicaba a estos últimos mientras su hermano se preparaba. Desde que era muy pequeña lo recordaba así.
-Hoy es mi primera batalla hermano-Le respondió ilusionada-Debo ir preparada.
-Ya estas preparada-Le sonrió el hombre.
-No por fuera-Dio una pequeña vueltita-¿Te gusta?
-Me gusta-Se acercó.
-También me veré con Gastón en la tarde.
-¿Gastón?
-Sí, el chico que nos ayudó a Tristán y a mí en la batalla. Cuando fuimos atacados.
-Ese inútil-Agrego serio-Te lastimaron y estaba medio muerto junto a sus amigos. No encuentro la necesidad de todo esto.
-Quizás algún día lo entiendas-Le sonrió ella-¿Me lo abrochas?-volteó para hacerle entrega de un cinturón de seda negro.
-No confió en eso de hacer amigos-Hablo serio mientras cumplía el pedido-No me gusta te relaciones con extraños tampoco.
-Ya soy una adulta-Hablo cautelosa.
-No quiero que te hagan daño-La miro serio-No quiero que te lastimen.
-Adrián-Le hablo seria-Voy a estar bien.
-No entiendo a qué estás jugando.
La joven le sonrió para mostrarle su cadena con la cruz, aquella que había heredado tantos años atrás, sonriente le dio la espalda para sentir las manos de su hermano enganchando la protección de la cadena.
-Ya tengo nueva oponente en la batalla-Le conto el joven.
-Lo sé.
-Así que estas revisando mis cosas, ¿Eh?
-Soy una profesional-Le susurro-Al igual que tu-Agrego con una risita.
…
Estaba sentado en el banco de la plaza, se encontraba nervioso. Eran las cinco de la tarde como habían quedado. Tenía al espíritu de Lucy sellada. No le gustaba haber hecho eso, ¿Pero qué más podía hacer? El espíritu estallaba ante un ataque de celos cada vez que podía.
-¿Qué tiene ella que no tenga yo?-Lloraba indignada la joven.
-Lucy de verdad no es lo que crees-Se lamentaba diciéndole.
Ante cualquier emergencia tenia al teniente Carlson a su lado.
-Rayos Teniente, ¿Sabes algo de citas?-Hablo agobiado el joven-Si es que esto es una, claro.
-Creo que el señor Gastón debería tomarse las cosas más en serio.
-Sí, sí, claro-Lo silenció con un gesto.
Y a lo lejos la vio venir, con su paso coqueto y el vestido blanco que se meneaba con el viento. Un sombrero negro la cubría del sol y le cubría parte del rostro. Y el cabello le caía cubriéndole la espalda como una cascada de cobre. Se dio cuenta que estaba mirándola como un estúpido e intento reaccionar rápido, a lo lejos la joven solo se limitó a saludarlo dulcemente.
-Muy buenas tardes joven Gastón-Le beso la mejilla-Perdona la tardanza.
-Este bien-contesto nervioso el chico.
Los primeros minutos fueron inmensamente incómodos para el chico, no sabía que decir ni cómo actuar y temía profundamente decir alguna estupidez. Sin embargo, pese a la apariencia snob que Magda Tepes pudiese tener, mostraba ser una mujer sumamente educada y dulce. Le agradeció demasiadas veces por su ayuda, le pregunto por el estado de sus compañeros y poco a poco el joven fue retomando la confianza contándole toda o casi toda la historia de él y los jóvenes.
-Parecen ser muy bueno equipo-Hablo sonriente.
-Sí que lo somos, pero todo equipo maneja su determinación dependiendo de su líder-Le sonrió el joven, aunque imaginaba a Azucena acogotándolo con tan solo escuchar aquello-Digo ya sabes.
-¿Sabes?-Lo miro fijo y en aquel momento al joven le costó diferenciar que brillaban más, si sus intensos ojos verdes o las esmeraldas que colgaban de sus orejas-Envidio a la gente como tú-
-¿Por qué?-Consulto sorprendido, le costaba imaginar que a una mujer como ella le faltara algo.
-Se tienen el uno al otro, para protegerse, para luchar juntos-Hablo calmada, pensando cuidadosamente que decir- Son felices juntos.
-Bueno…-Aquellas palabras realmente habían dejado estupefacto a Gastón, realmente nunca creyó que aquel equipo fuera tan especial-¿Acaso tu no? Digo los hombres del otro día…
-Tengo a mi hermano, sí. También me acompaña Tristán y varios amigos de mi hermano…
-Son un equipo muy grande-Se rio, no tenía idea de que se reía exactamente.
-Un grupo grande-Le devolvió la sonrisa-No es lo mismo que un equipo-Delicadamente comenzó a jugar con su cabello-El día de la pelea fue increíble como operaron juntos…
-Bueno, pero fue tu hermano quien… bueno ya sabes…
-Mi hermano no es muy caballeroso, pero solo quería protegerme. A veces siento que en su deseo de protegerme no deja que viva, ¿Sabes?
-Se preocupa por ti, supongo.
-Sí, bueno, desde que somos pequeños, ha sido difícil para él, siempre estuvimos solos. La vida del shaman es difícil, ¿Lo sabes, verdad?
Y silencioso asistió. Quizás esa era la parte que menos comentaban, pero sin duda ver muertos en un mundo en donde el común de los humanos no los ve, era un tema complejo. Para Gastón lo había sido sin duda alguna, sobre todo en su etapa más joven, en donde aún no sabía controlar su don.
-Cuando uno es un niño no sabe mentir-Habló pensativo Gastón-Rayos, tengo lamentables anécdotas de la escuela-Agrego riendo.
Y las anécdotas de la infancia de la joven en las calles de Bucarest seguro eran más lamentables, sin embargo prefirió sonreír y tomarle las manos. Gastón pareció tomar este acto completamente por sorpresa.
-Lo importante es que pudiste salir adelante. Y para ti todo cambio.
El joven se sintió completamente culpable en aquel momento, era verdad que Azucena era una cascarrabias y quizás se aprovechaba un poco de Cé, pero nunca les había agradecido por ser sus amigos.
-Si quieres-Hablo entusiasmado-Puedo presentártelos, seguro les agradaras mucho Magda. Aunque Probablemente Azucena no te agrade, ella no es como tú.
-¿Y cómo soy yo?-Hablo algo preocupada la pelirroja.
Y las manos comenzaron a temblarle, rayos, ¿Qué debía decirle? Era como si un bombardero con palabras lo atacara. ¡Y ninguna de las que le decía le servía! Podía decirle que era bella, inteligente, dulce, sensible, humilde, sencilla, ¿Seria lo correcto? Estupefacto se disponía a abrir la boca, pero los ojos se le salían de la impresión de lo que acababa de suceder. La joven se había acercado a él para dulcemente besarle la mejilla y sonreírle tiernamente.
-Eres muy simpático Gastón.
Si, lo era. Y eso que en aquella reunión se había comportado lo más normal que pudo. Y ahora estaba ahí pasmado como un tonto.
-Espero podamos volver a vernos. Estoy segura que me encantaría conocer a tus amigos.
Estaba al límite del infarto, ¿Qué le estaba pasando? Rápidamente el teniente Carlson se materializo a su lado para tomar las riendas de la situación.
-Sin duda a la señorita Magda le agradaran nuestros amigos-Hablo seguro el teniente-Es un verdadero placer conocerla.
-Es un gusto conocerte teniente-Sonrió ella-Gastón, ¿Te encuentras bien?
-Magda… yo…-Hablo casi en transe- ¿Sabías que si me quito la camiseta soy un 3.4% más rápido?
…
Casi corría al punto en donde había quedado en juntarse con los muchachos. Aun no podía creer pese a la última estupidez que dijo que hayan quedado para volver a verse. Y quería saltar de alegría, rayos esas cosas nunca le pasaban a él. Pero ya podría festejar todo, debía apurarse o llegaría tarde a su primera batalla.
-Señor Gastón, ¿No noto algo extraño en la señorita Magda?
-¿Qué se fijó en un ser como yo?-Hablo emocionado.
-Nunca pude sentir su poder espiritual. Ni a su espíritu.
-Tonterías teniente, de seguro lo tenía en su tabla mortuoria. Como yo con Lucy por cierto-Rápidamente la libero.
-Señor Gastón, ¿Cómo fue capaz de traicionarme así?-Se lamentó histérica ella.
…
Eran cerca de las nueve de la noche y los jóvenes se encontraban en la playa lejana esperando que el shaman llegara. Inicialmente habían temido por la hora del encuentro y en un lugar de tan sencillo acceso, pero suponían que ellos sabían lo que hacían.
-Deberíamos venir más seguido a este lugar-Habló alegre Penélope-Se ve tan relajante.
-Se supone esto es una playa de surf-Hablo serio el mexicano-Aun me sorprende eligieran este lugar.
-Pé tiene razón-Hablo risueña Azucena-Deberíamos venir más seguido, sobre todo si está lleno de surfistas…
-¡Azu!-Se quejó Penélope.
Tomaron asiento en la arena para conversar un rato, claramente se habían apresurado un poco en llegar, no había señales ni de Gastón ni de su joven oponente.
Divertida Penélope comenzó a entregar unas pancartas a sus compañeros.
-¿Go Gastón?-Leyó entre risas Cé.
-¿Es una broma verdad?-Se quejó la española
-No, claro que no-Se defendió la jovencita-Pensé que a Gastón le gustaría que así sea…
Sin darle demasiada importancia la mayor tomo la pancarta para tirarla.
-No voy a ser partícipe de esta estupidez.
Cé se disponía a explicarle de amable manera como aquello les daría animo a su amigo cuando la vieron venir. Caminaba como extraviada, con sus ondas rubias sueltas al viento y sosteniendo su pequeña boina roja.
-Esa chica debe ser-Susurro Penélope-¿Qué debemos hacer?
-Nos detectara por sí misma-Hablo Calmado Cé.
Sin mucho apuro la joven se quedó parada cerca de la orilla, los jóvenes como si nada pasara continuaron con su conversación. Y cuando menos lo esperaban apareció Gastón desesperado corriendo.
-¡Chicos! ¡Chicos!-Exclamo acelerado-¡No tienen idea lo que me paso!
Y se quedó estupefacto mirando a la joven, su camisa blanca que transparentaba su cuerpo y aquellos ajustados pantalones negros. Parecía que aquel día tendría toda la suerte que jamás en su vida había tenido.
-¿Gretel?-Pregunto estupefacto, en aquel momento olvido por completo todo lo que acababa de pasar con Magda.
-¿Gastón?-Sonriente la chica volteo para sonreírle y entusiasmada caminas hasta él-Es un gusto conocerle.
Preocupada Azucena miro a Cé, el cual parecía intentar contener la risa de lo que estaba pasando.
-¿Solo yo le vio la cara que puso?-Hablo seria-¿Esto es enserio?
-Bueno, es Gastón, lo más probable es que intente ser amable…
-Van a hacerlo pedazos.
-¡No seas pesimista, prima!
Cortes la joven le dio la mano, para ansioso el joven tomarla y saludarla. Era joven, era bella y seria su primer oponente en la pelea. Eso último pareció olvidarlo por completo.
-No sabes la alegría que siento de que mi primer oponente sea alguien como tú-Hablo la joven ruborizándose- Estaba muy asustada…
-¡No debes tener miedo!-Habló heroico Gastón-Un caballero nunca le hace daño a una damisela.
Molesta Azucena volvió a mirarlos.
-¿Realmente creen que no lo harán pedazos?-Irritada Penélope la miro, para ponerse de pie y tomar las pancartas.
-¡Vamos Gastón! ¡Por la victoria!
-¡Vamos amigo!-Grito emocionado Cé. Azucena solo pudo mirarlos para esconder su rostro por la vergüenza.
Temerosa la chica miro su oráculo para hablarle.
-Faltan solo dos minutos para la batalla-Habló nerviosa-Veo que tienes amigos. En cambio yo estoy tan sola aquí…
-¡Cuando termine la batalla puedes venir con nosotros! Un caballero no deja solo a una dama, ¿No?
Intentaba ser lo más cortes que podía, sin embargo dentro de él se encontraba en una enorme lucha interna, no solo por lo sucedido horas antes con la otra joven, sino porque Lucy histérica intentaba posesionarlo ante cualquier circunstancia ante lo que estaba pasando. Y no era necesario que el teniente digiera nada con respecto a lo que estaba pasando. A Gastón poco le importaba.
-Me alegra que seas un caballero-Seductora acomodo su cabello-¿Comenzamos?
-Por supuesto, espero que no te sea incomodo esto…-Rápidamente saco su remera, para dejar su torso completamente desnudo-Espero no intimidarte, me gusta lucha así.
-Para nada-Hablo sorprendida ella-Tienes un cuerpo muy bonito-Agrego tímidamente.
-Bueno, es el resultado de un riguroso entrenamiento, tanto mental como físico. Y la parte de contenerse con las comidas es la más difícil, pero los hombres de verdad resistimos esas cosas, ya sabes.
Penélope parecía no tener reparo con lo que estaba pasando, a su lado Lucy lloraba y se lamentaba por todo lo que había pasado en el día, pero ella y los demás espíritus no paraban de alentar. Dudoso Cé se acercó a Azucena.
-¿Qué se supone que está haciendo?
-Imbecilidades, como siempre-Habló molesta- Que se contiene con la comida, es un desgraciado…
Y la alarma del oráculo comenzó a chillar, la batalla había comenzado.
-Te presentare a mi espíritu-Hablo Gastón-Pero insisto en que vayas tu primero, eres una dama.
-La caballerosidad es algo que se agradece en los hombres el día de hoy-Le guiño un ojo-Te presento a mi espíritu acompañante, Pupy-A su lado materializo a un hámster obeso, apenas podía moverse-Él fue mi primer hámster, gracias a él hoy los amo con todo mi corazón.
-Gretel, Hoy seré tu hámster-A su lado apareció el teniente-¡Él es mi espíritu acompañante, el caballeroso y adorable Teniente Carlson!
-Señor Gastón, le ruego no se dirija a mí con esas palabras en un combate, me quita respeto, señor.
-Cállate y obedece y se amable con ella, te ordeno-Agrego serio-Soy un shaman poderoso, divertido y carismático. ¡Podremos conquistar al mundo!
-Sí señor.
-Que divertido eres, Gastón.
A lo lejos el equipo miraba.
-Pero que tarado es, por dios-Se lamentó Azucena.
-Déjalo ser-Lo defendió Cé-Seguro ganara, vamos. No puede perder contra un shaman con furyoku tan bajo…
Los jóvenes se miraron para al mismo tiempo hacer sus movimientos. Gastón utilizo la posesión sobre los guantes, mientras la joven posesiono su boina roja.
-¿Estas lista?-Hablo galante Gastón.
-Eso creo…
-No lo tomes como personal, lindura.
Gretel tomo la boina para lanzarla como boomerang, el ataque era lento, pero grácil el joven lo esquivaba sin ningún problema.
-¡Eres realmente rápido!-Hablo asombrada la joven-¡Era verdad lo de la ropa!
-¡Claro que lo es! ¡Mira!-Sin dudarlo Gastón se sacó el pantalón para arrojarlo sobre el equipo, Lucy frenética gritaba por la emoción. Y ahí estaba a la vista de todos ,el joven con solo puesto un ajustado bóxer color naranja estridente. Solo el rosario le cubría el pecho-¡Y también el resultado del intenso entrenamiento!
-¡Así que ahora puedo atacarte directamente!-La joven corrió contra él para intentar atacarlo con la boina, pero Gastón la esquivo perfectamente haciéndola caer-Eres demasiado rápido.
-Ella es asquerosamente lenta-Le hablo irritada Azucena a Cé-No entiendo como Gastón no la derroto ya.
-Tranquila-Hablo el mexicano-Le va a ganar, déjalo divertirse.
Y así siguieron por un rato, la joven intentaba atacarlo de todas maneras posibles, pero él lo esquivaba, se defendía, hacia poses y la endulzaba con diferentes palabras.
La joven se encontraba agotada arrodillada contra la arena. Difícilmente había ganado su oráculo, sabía que no pasaría a la segunda ronda, sabía que no ganaría, pero no podía rendirse sin luchar.
-Ya me has vencido.
-Aun tienes la posesión, vamos linda.
-No puedo… eres demasiado poderoso.
-Sin duda lo soy, pero es gracias al duro entrenamiento, mira.
Y comenzó a dar golpes al aire, a tirar ataques a dar lagartijas, la ayudo a levantarse, uso a la propia joven como pesa, la hizo sonreír, la cargo a su espalda y se lució como nunca. Y nadie sabría decir que llego primero, si la voz del apache otorgando la victoria o los insultos de Azucena.
-¡La ganadora del combate es Gretel Schdmit! ¡Gastón Franchi ha perdido su posesión!
-¿¡Que!?-Gritaron al unísono los jóvenes.
-¿¡Teniente, como mierda hiciste esto!?
-No es mi culpa señor, fue usted quien se desconcentro y disolvió la posesión, no hay nada que yo haya podido hacer.
Y la joven abrazaba a Gastón emocionada ante lo que acababa de pasar. Los ojos miel del joven estaban perdidos, mirando el vacío. Se encontraba atónito, no entendía como había pasado esto. Y sintió lo terrible que sería su futuro cuando su mirada se cruzó con las de su equipo…
…
Magda se encontraba arrodillada junto al joven norcoreano. Había sido valiente y poderoso en aquella batalla. Por un segundo pensó que con su posesión la derrotaría. Pero el señor había querido que ella se llevase esa victoria. El encuentro había sido en una iglesia cristiana, desde el primer momento la pelirroja sintió que la suerte estaba de su lado. Había interactuado con el shaman y tenía el noble deseo de salvar a su país de la cruel dictadura que se encontraba. Pero había sido esa misma pasión la que lo cegó.
-Tus intenciones son buenas, sé que el señor te ayudara-Le habló la mujer ayudándolo a ponerse de pie. Tenía un corte en la pierna que le sangraba mucho.
Dae-Hyun con dificultad caminaba. Y se sentía estúpido, había conversado con la joven, ella era dulce y pacífica y la había visto en menos. De primer paso utilizo todo su poder espiritual en un ataque que fallo. Y el mismo construyo su tumba.
-El deseo por salvar a mi gente es muy fuerte-Se lamentó el chico-No puedo creer halla pasado esto.
-Aún hay dos batallas más, las cuales sé que vencerás.
-Gracias-Contesto con amargura el chico.
La joven insistió en ayudarlo, pero él se negó, su ego había quedado lo suficientemente herido con la recién batalla. Una mujer lo había derrotado, no podría tolerar que sea ella misma quien le ayude.
-Eres una gran shaman y una gran humana-Habló cauteloso-Espero que el planeta tenga más como tú, será el mundo que deseo construir-Saludo formal para seguir su camino, insegura la joven lo observo.
-Déjame ayudarte por favor.
Debía entenderlo, estaba frustrado y temía por el futuro de sus sueños, no quería molestarle, era hora de marchar.
-Vámonos María-Susurro la chica a su espíritu para desaparecer en el camino.
Se encontraba sentado en el taxi, había inventado que lo habían asaltado y pidió que lo lleven al hospital as cercano. Temía que lo descubrieran, no como shaman, si como extranjero y le asaltasen. El corte en la pierna le sangraba mucho. Pero no era capaz de palpitar el dolor, la cólera lo opacaba.
-Fui un imbécil
Y solo quería cerrar sus ojos y despertar de aquella pesadilla, ¿Cómo había perdido? ¿Cómo se había dado aquel lujo? Fue un extraño sonido el que lo saco de sus pensamientos. Pudo sentir al taxista que miraba extrañado hacia todos lados. Y la luz brillante los cegó, estaba ciego, la explosión fue totalmente aturdidora, el calor abrazador. Y nada más sintió.
