CAPITULO 3:
"Aquella vieja magia"
Leyenda de la Estrella Fugaz…
Un día, antes de los tiempos, una hermosa estrella brillante, contempló desde lejos a la Luna y se enamoró de ella. A pesar de su brillo modesto, su pequeño tamaño y todos su defectos... Aún con la burla y el escándalo de las otras brillantes y orgullosas estrellas del firmamento.
Se convirtió en estrella fugaz y viajó por el espacio miles de kilómetros en busca de su amada, y su corazón saltó de gozo con solo contemplarla desde cerca.
Pero ¡Ay! la Luna era de la Tierra, y la triste estrella, que había viajado tanto para dar su luz y su calor a su amada Luna, debió marcharse de nuevo, porque la Tierra y la Luna eran inseparables ( a pesar de todos sus esfuerzos y de lo desabrida y pedestre que fuera la Tierra), y contentarse con entregarle su luz y titilar para ella desde lejos, en recuerdo del dulce sentimiento que habían compartido.
La leyenda dice que un día sus destinos volverán a juntarse…
Serena contempló a su amigo y ex compañero del Colegio con ojos muy abiertos, y se quedó un par de minutos sin decir palabra.
El corazón de Seiya también latía desacompasadamente, y estaba expectante, deseaba conocer la reacción de la chica, saber si se alegraba un poco al menos de volver a verle, después de más de dos años sin tener noticias el uno del otro.
El tiempo parecía haberse detenido, como si un hechizo los hubiera aislado del resto del mundo y ese momento del reencuentro fuese a durar, congelado en el vacío, por toda la eternidad.
Ella fue la primera en reaccionar. ¡Tenía tantas preguntas que quería hacerle!
¿Por qué está aquí?
¿Por qué has vuelto?
¿Hay algún problema?
¿Vas a quedarte?
¿Por cuánto tiempo?
Pero ella temía a las respuestas.
Así que con su nueva y estrenada capacidad de tragarse su emoción, tragó saliva, respiró profundo y restringió la agitación de su espíritu al mínimo para preguntar:
-Vaya, Seiya, ¿desde cuándo puedes circular con tanta tranquilidad por la calle sin que te persigan tus fans? ¿Será que te han olvidado? Esbozó una sonrisa pícara.
Ellos no se habían percatado, pero varias muchachas y mujeres se habían ido acercando con curiosidad y murmuraban. Bastó con que Serena dijera estas palabras para que se desatara el caos.
-¡Es verdad! ¡Se los dije, es Seiya! ¡De Three Lights!
Él se volvió a mirar contrariado.
-¿Bombón?
-¿Sí? Su cara era toda medrosa interrogación.
-¡Corre!
La tomó de la mano, y sintió de nuevo la sedosidad y la tibieza de sus dedos largos y finos, que tanto extrañaba. Corrieron con alegría, entregados, como unos colegiales de nuevo, escapando como unos críos, riendo.
-¿Por dónde?
Ella señaló un recodo que desembocaba en un rincón apartado del Parque. La mayoría de la gente no pasaba por ahí, porque estaba detrás de la caseta donde se guardaban los utensilios de jardinería de los encargados. Se ocultaron en silencio en ese reducido espacio.
La muchedumbre pasó de largo. Una estrella famosa no se metería en un recoveco tan estrecho porque sí. En la penumbra, sus ojos se encontraron y no pudieron separarse por un rato, mientras resollaban, batallando por recuperar el aliento. Las mejillas de ambos estaban encendidas. Podían sentir el rastro tibio del cuerpo del otro.
-¡Gracias, Bombón!
-No fue nada, se disculpó ella, bajando y desviando la vista, de todas formas, yo te puse en evidencia…
-¿Será seguro salir?
Estaba sumamente nerviosa. Ya había pasado por situaciones similares junto a Él tantas veces, pero ahora era un poco distinto, eran mayores de edad. Si alguien los veía salir de ahí se imaginaría cosas raras…
Serena se asomó. Demasiada gente circulaba por los alrededores. Era un día muy hermoso. El Parque rezumaba Primavera, los pájaros cantaban, los cerezos en flor dejaban caer delicadamente sus pétalos…
Seiya se acercó por detrás y puso la mano sobre su hombro para espiar también. Sin quererlo aspiró el perfume del cabello de ella. ¡Fresa! Mezclado con el de su nuca tibia… Se acercó demasiado…
-¿Qué haces?
-Seiya enrojeció.
-¡Bombón! Yo solo… trataba de explicar lo inexplicable.
-¡Si te ven de nuevo, estaremos en aprietos!
Él sonrió en silencio.
-Creo que me transformaré. Así no perseguirán a una chica, ¿no?
Ella intentó mirar para otro lado, con el corazón saltando en el pecho, mientras la luz de diminutas estrellitas doradas planeaban sobre su silueta y mágicamente lo convertía en una chica adorable y hermosa: Sailor Star Fighter.
-Sí, dijo Serena, los hotpants de látex negro son taaaaaaaaaaan discretos…
Fighter se sonrojó, molesta ¿Y qué propones que haga?
Serena pensó un poco. Su procesador central era reconocido por su lentitud, pero a veces daba a luz ideas brillantes.
-¡Ya lo tengo! Su amiga la miró con curiosidad, mientras ella trasteaba en su bolso.
–Casi nunca la uso, dijo feliz, mostrándole una pluma de color rosa.
-¿Y qué se supone que haré con eso? ¿Firmar autógrafos? Tenía una sonrisa entre burlona y decepcionada entre sus labios.
-Ah, tontuela, fingiré que no oí eso… Esta es una pluma de transformación de aspecto…
Seiya tenía cara de interrogación aún. Casi podían verse los signos interrogativos rondando su morena cabeza.
-¡Pídele el atuendo que quieras y te disfrazará!
Serena miró como mágicamente la ropa de Fighter se volvían unos botines de cuero negro, con leotardos de serpiente, una camiseta holgada de bonita caída, un un tatuaje de dragón en uno de sus brazos y mechas de color cobre se despeglaban en su cabello corto y su coleta.
-¡Pero qué bonita! No pudo menos que admirar el "look" que se había ideado su "amiga". Luego recordó que si halagaba a Fighter, Seiya podría pensar otra cosa y contuvo su entusiasmo.
-Vaya… dijo rascándose la cabeza, un poco envidiosa, no sé por qué a mí nunca se ocurren cosas tan fantásticas para usarla…
Salieron sin problemas del Parque. ¡Era un día tan lindo!
-¿Te gustaría comer algo? Fighter quería mostrarle su agradecimiento con lo que Serena más apreciaba después de la amistad.
De sólo mencionarle la comida, el estómago de ella comenzó a rugir. Se sonrojó de nuevo, avergonzada.
-Uyy… no digas eso… tengo que irme a clases en el Pre-Universitario… Si hago "novillos" me van a dar una reprimenda, agregó haciendo pucheros. (Mis padres y aún más, Darien, pensó para sí)
-¡Vamos! Insistió la beldad morena, tirándole de la manga, sólo esta vez, celebremos que estoy de visita…
Serena se permitió culpar a su estómago. Tomadas del brazo como buenas amigas entraron a comer a una nueva y lujosa pastelería del Centro de Tokyo.
Mientras devoraban los exquisitos pasteles de chocolate, crema y fresas, Se sonreían y miraban a los ojos con esa vieja complicidad de camaradas que comparten gustos y placeres culpables comunes, y Serena se permitía sonreír con ganas (como no hacía en tanto tiempo) y contarle algunas de las trastadas que le habían ocurrido tras su separación de años.
La chica de cabello oscuro le contó un poco de su vida en su planeta.
-La vida de cantante no es tan glamorosa como parece, bombón, dijo quitándole un poco de crema de la mejilla, mientras ella, perdida toda compostura y sintiéndose en confianza, devoraba a carrillos llenos.
Disimuladamente saboreó con la lengua el sabor en sus dedos. La gula de ella siempre la había parecido tan adorable y excitante… ¡Qué de ganas tenía que ese momento durara para siempre!
Continuará…
