CAPITULO 4:

"Remanso de paz"

Seiya (o Fighter) se preparaba para la mejor parte. Habían deambulado toda la tarde despreocupadamente, mientras la gente las veía pasar sin molestarles.

Incluso, Serena se tomó la libertad de saludar con descaro a Andrew, quien respondió desde lejos, inocentemente, desde la puerta de los videojuegos.

Sintió un leve estrujón en su brazo.

-¿Quién es ese? Preguntó la morena, posesiva.

-Ah… dijo ella, dándose aplomo y agitando una mano con desdén – Sólo un antiguo novio.

-¿Novio? ¡Rayos, bombón! ¿Así que el "poste verde" no es el primero?

-Sí, algo así, jugueteó ella con una sonrisa.

Ya estaban por llegar a casa de los Tsukino, cuando el teléfono móvil de Serena pareció revivir de pronto, repicando furiosamente. Ella se sobresaltó y luego se puso pálida al ver la foto y el nombre de quien llamaba. Se alejó un poco.

La otra muchacha se quedó como clavada en el puesto, para darle privacidad y porque una repentina punzada de celos le provocó mortal angustia.

El sol moría en el horizonte. La primera estrella, Venus, ya se podía ver brillando intensamente. Mentalmente le pidió fuerzas a su hermana. ¡No es justo, se dijo! Él apenas si se preocupa de ella…

Cuando nadie observaba, se destranformó, volviendo a ser un guapo muchacho.

Pateó una piedrita con la punta del zapato. La piedra cayó justo en la cabeza de la chica rubia.

-¿Bombón? Los ojos de Seiya estaban desorbitados. ¡Yo… no quise! ¿te has hecho daño?

Pero ella parecía no escuchar. De pronto comenzó a llorar estrepitosamente.

-Cielos lo siento!¡ Ha sido mi culpa! ¿Quieres ir al hospital? Continuó, asustado porque el llanto de Serena arreciaba y amenazaba con convertirse en un tsunami.

-¡N…No… Es eso! Articuló ella, entre hipos y suspiros – E-Es… Es Da… Darien, culminó.

-¿Qué te ha hecho ahora, Bombón? Los ojos de Él parecían los de un demonio y arrojaban llamas.

-S…soy una… tonta… Es que… mañana sábado íbamos a ir de paseo a un Balneario Termal, a Kotobukiyu, pero ya no podrá ser… agregó entre suspiros. Mi novio dijo, mirando a Seiya con un leve sonrojo, dijo que tenía compromisos que cumplir. Uno de sus futuros jefes en Estados Unidos acaba de llegar a Japón y lo necesita como intérprete… Soy muy egoísta por llorar así. Perdóname.

-Serena…

Ella lo miró sorprendida. Él rara vez la llamaba sin su sobrenombre cariñoso, aquél que tanto le fastidiaba en un principio. A su alrededor, la noche empezaba a cerrar el cerco, la luz se evadía presurosa, dando paso a un manto de ébano, donde titilaban las estrellas. Una farola derramaba su luz sobre el rostro decidido del chico.

-No eres tonta por llorar. Una promesa es una promesa, y las promesas deben cumplirse.

Yo… no sé si te parecerá una estupidez, pero… ¿Te gustaría ir conmigo? Yo apenas conozco Japón, aparte de los centros Urbanos, Hoteles y Casinos donde hemos dado recitales como "Three Lights". Me sentiría honrada si quieres ir conmigo… Como buenos amigos, terminó, deslizando delicadamente sus dedos por las mejillas quemantes y sonrosadas de ella, para enjugar sus lágrimas.

-¿En serio? ¿Irías conmigo? Serena saltó de alegría.

-Claro, es una promesa, dijo levantando su meñique. Enlazaron sus manos para sellar el convenio. Vendré mañana temprano por ti, ¡Ten tus cosas preparadas!

Serena se alejó corriendo y entró a su casa con una sonrisa en sus labios.

-Cada vez que sonríes, murmuró Seiya para sí, siento que toco el cielo… y eso que lo conozco…

Miró a Venus con sincero agradecimiento. Las estrellas protegen a las estrellas, reflexionó.

Luego, también se marchó a paso rápido. Al meter la mano en el pantalón, palpó un objeto sólido y lo sacó para examinarlo a la luz. Ya era muy tarde para devolverlo.

Tal vez lo necesitara en otra ocasión. Lo apretujó contra su corazón, y dándole un beso reverente, volvió a guardarlo en su bolsillo.

Sin saberlo, alguien había observado la escena desde las tinieblas y asentía en la oscuridad.

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A la mañana siguiente, la chica de rubias coletas estaba levantada muy temprano. Sus padres y hermano la miraron con asombro.

-¡Es sábado Serena!

-Este es el mundo al revés, dijo su padre con una sonrisa soltando el periódico.

-Está muy emocionada porque irá de paseo con sus amigas, dijo su madre sonriendo, si hubiera sido un día de escuela…

-¡…Aún estaría roncando! Terminó su hermano y todos se rieron, mientras ella, avergonzada y feliz se rascaba la cabeza. No podía permitirse enojarse por naderías. Al menos no hoy.

Desayunó muy rápido y esperaba en el dintel con su mochila, cuando sintió el rugido de un motor. Sorprendida, vio llegar un bonito auto rojo, un Hyunday Tiburón de sinuosas líneas y acabado perlado.

Seiya estaba al volante.

-¡Ya sube, Bombón, se nos hace tarde!

Ella abordó, sin dejar de mirarlo, impactada.

-¿Arrendaste un auto?

-No… dijo él con un brillo juguetón en sus ojos.

-¿Es tuyo? Serena tenía los ojos como platos.

-Sí, guiñó, me lo regalaron por firmar un comercial. Ya podrás tener el gusto de verlo, agregó.

Ella se cruzó de brazos.

-¡Tan arrogante como siempre! ¿Al menos sabes conducir?

- Bueno, no se necesita saber demasiado para conducir a esta belleza, hablaba del carro, pero miraba a Serena pícaramente. Ella se sonrojó. ¡Mira! Le mostró la licencia. Normalmente nadie muestra la licencia o el carnet, porque sale horrible, pero hasta en esta foto Seiya se veía deslumbrante.

-Te veías muy feliz… dijo ella, examinándola.

-Es que últimamente me pasan sólo cosas buenas, y me parece que este fin de semana no será la excepción, Bombón, agregó, devorándola con los ojos.

Serena llevaba su clásico short de safari color canela y una polera color de rosa con un estampado de conejito en el frente. En su mente, le hubiera gustado mil veces cambiar de lugar con ese conejo de pintura engomada, aunque fuera por un ratito.

-Suertudo… murmuró.

Serena estaba aún sonrojada, pero de repente pegó un grito, señalando con la mano:

-¡Seiya, el camino! El auto se había desviado y había ido a dar a un camino secundario.

-Perdóname Bombón… Creo que todavía necesito algo de práctica… tal vez sea bueno hacer un alto para tomar un pequeño refrigerio… Estira las piernas mientras reprogramo el GPS.

El aire ya era puro una vez lejos de la ciudad. Una brisa suave agitaba las coletas de ambos.

Seiya se sacó las gafas, para contemplarla mejor, mientras daban cuenta de unos bocadillos y unas botellas de jugo que él había empaquetado en una cesta de picnic.

-El aire puro abre el apetito… ¿Te gustaron mis sandwichs de atún?

Ella asintió con energía. No podía hablar de tan llena que tenía la boca. Deliciosos.

-Los preparé especialmente para ti, dijo él, acomodándole el rubio cabello en la frente, viendo que ésto le provocaba un nuevo carmín a sus mejillas.

-Te tomas demasiadas molestias por mí… dijo ella, muy seriamente y sintiéndose culpable.

-¿Acaso no están para eso los amigos?

Serena asintió con alivio. Mientras no le pidiera más que eso, le daría toda la amistad del mundo… y no podía pensar en otra cosa en este momento, sobre todo porque iban a pasar el fin de semana rodeados de gente, pero solos. Ellos dos. Sin miradas indiscretas. Sin amigos/amigas ni novios posesivos que interfirieran. De pronto se le antojó peligroso y tuvo la loca idea de volver a la seguridad del hogar paterno. Movió la cabeza para alejar esas ideas. Sólo iban a disfrutar sanamente. Si alguien pensaba lo contrario, estaba equivocado.

Repentinamente vió que sólo quedaba un emparedado. Él parecía haberse dado cuenta y también se arrojó sobre él… Pelearon a codazos.

-¡Es mío! ¿Acaso un eres un caballero? Dijo ella furiosa.

-¿Qué? ¡Pero si ya te comiste cinco y yo sólo tres! Seiya enrojeció, contrariado.

-¡Un caballero no le dice eso a una dama! Se enfureció ella, empujándolo.

Seiya perdió el equilibrio, alcanzó a manotear el aire para o caer y se cogió de la camiseta rosa de ella, levantándosela y alcanzando a vislumbrar un sujetador rosa con conejitos.

-Conejitos, musitó, enrojeciendo.

-¿Cómo te atreves? Serena fue a estamparle la palma en la mejilla y también perdió el pie (las zonas volcánicas son pedregosas y abundan las rocas sueltas ^_^º, es muuuuy fácil tropezar)

Y terminó cayendo sobre Él, quien se quedó mudo de estupor.

-Serena…

Seiya estaba rojo como un tomate. Sentía el calor y la fragancia que emanaban de su piel y de su aliento. Ella también parecía conmocionada. Estaban hechos un enredo de piernas y brazos.

El rugido de un motor los sacó de su abstracción.

Alguien, una señora de gafas, muy molesta, sacó la cabeza de la ventanilla de un auto y les gritó:

-¡Búsquense un motel, pervertidos!

De un salto se pusieron de pie y estuvieron a un tris de caer de nuevo. Entonces les ganó la risa. Les llegó a doler el estómago de tanto reírse.

-Ella creyó… jajajaajajajajajaja…. No puedo creerlo….. jajajajaja… Seiya no podía parar de reírse. De improviso se puso muy serio.

-Bombón…

-¿Sí Seiya?

-Será mejor continuar, la mañana ya se nos está yendo, aún nos falta camino y tenemos mucho que hacer en el Spa…

-Es verdad. Dijo ella recogiendo las cosas y sentándose en el asiento del acompañante rápidamente. Pero las últimas palabras de Él se le quedaron jugueteando y haciendo eco en sus pensamientos, aún mientras continuaban viaje.

Continuará… O.O