CAPITULO 12:
"Cosas extrañas suceden aquí y en mi corazón"
-Bueno… Pues aquí estamos dijo Fighter, cerrando la puerta del pequeño departamento que había alquilado con tantas prisas.
Si bien la gente las miraba raro cuando subían en el ascensor, dado que Ella iba de enfermera y su amiga de paciente, con un batín abierto en la espalda, tal vez se creyeron que venían disfrazadas de algún lado.
-¿Quieres recostarte un rato? Dijo, estaba nerviosísima y no sabía que decir. La otra chica asintió con un movimiento apenas perceptible. Ahora parecía decaída y débil.
Serena se había dejado caer como un bulto sobre la cama, cabizbaja. Su intuición le decía que pronto vendrían las lágrimas.
Había aprendido a aceptar y a apreciar la fragilidad emotiva de la Princesa de la Luna, que contrastaba demasiado con su fuerza feroz en la batalla.
"Sólo es fuerte cuando defiende a otros, se dijo, la última a la que apoya es a sí misma. No cree en su propio valor y no lucha por su propia felicidad"
Suspiró. Hasta Ella se contagió de melancolía. Sería un rato y ambas volverían a sus vidas separadas por el espacio infinito…
Sintió que la propia emotividad la sorprendía en medio de sus pensamientos.
-¡No tiene por qué ser así! Casi gritó.
Su amiga rubia levantó la cabeza sorprendida.
-Perdón, dijo Fighter, paséandose y dándole la espalda para ocultar su propia desazón. -ya sabes lo que siento… No puedo evitar que mi amor por ti nuble mi buen juicio.
Serena enrojeció. Ahora había escuchado una confesión amorosa de las dos partes de quien fuera su mejor amigo, masculina y femenina.
-Todo es mi culpa, dijo en un susurro.
Ella se arrodilló a los pies de su adorada Bombón.
-¿Aún amas a tu novio con todo tu corazón?
_...
-¿Por qué te estabas haciendo daño? Una ternura infinita se reflejaba en los ojos de la guerrera estelar. Sus pupilas dilatadas, y perladas de gotitas húmedas y brillantes.
Se atrevió a acariciar uno de los odanguitos rubios y despeinados.
¿Cómo explicarle a Él /Ella que ya no sabía qué hacer?
Al menos había que hacer el intento… trató de ser clara.
Un par de meses atrás, cansada de llorar y desvelarse hasta el amanecer, había encontrado el frasco de calmantes que le había recetado a su hermano cuando se había quebrado una pierna jugando soccer.
Había dormido bien.
Se sentía como un zombie, no sentía pena, dolor, ansiedad… Todo le daba igual. Dormía toda la noche de un tirón y ya no pensaba.
Trató de dejarlo pero todo volvía a ser como antes.
-¿No le habías contado esto a nadie?
Fighter estaba ahora sentada a su lado y una de sus manos estaba sobre la suya, acariciándola con suavidad. Sus mejillas se habían teñido de suave rosa.
Serena miró alrededor. Se sentía nerviosa. ¿Por qué era tan encantador/encantadora? ¡Era injusto! No podía decirle que de ahí le había venido la pena…
De extrañar su amistad, su cercanía, su olor, la calidez luminosa que emanaba de Seiya y que le hacía sentir en cada gesto y en cada sonrisa. ¿Será porque es una estrella?
Cada vez que Él/Ella estaba cerca, sentía que el mundo se iluminaba y todo era posible….
Darien a quien tanto había amado, había cambiado mucho al marcharse. Ya no sentía aquella conexión espontánea con él. La amargura frente al inevitable futuro juntos… se había convertido en una carga muy pesada de llevar para sus hombros.
Había sucumbido.
Era balsámico sentir el brazo de la guerrera, acariciando su espalda a través de la suave y delgada tela de la bata médica… parecía que sus problemas se evaporaban. Así había sido el año que compartieron juntos. Seiya había sido "su" calmante, sin contraindicaciones.
Quizás… tal vez… podía provocar sentimientos no esperados, una cierta adicción a su compañía.
Miró a Fighter. El rubor aún no huía de sus adorables mejillas.
Sintió su rostro acercándose. Se puso algo nerviosa. ¿Iría a besarle la mejilla? Tragó saliva con dificultad.
Pero ella sólo se agachó un poco y apoyó su frente ardiente en su mejilla.
Con los ojos cerrados y abrazándola le expresó a grandes rasgos que también la había echado de menos, callándose las partes más dramáticas, (patéticas, pensó), su imposiblidad de compartir la alegría de los kinmokianos, la falsa sonrisa externa, el vacío en su corazón cuando cantaba con sus hermanas… Aquella sensación de inútil laxitud, la incapacidad de sentirse feliz por estar de vuelta con los suyos… pero sin ella.
-Tengo muchas amigas… murmuró Serena. Cada una es especial, amo a cada una de ellas, y cada una ha sabido ganarse un lugar en mi corazón… Pero ninguna podía notar cuánto te extrañaba. Tú también tienes un lugar en mi corazón…
Un lugar que ha estado vacío desde que te marchaste.
Se agachó, dejando que el cabello le cayera sobre los ojos y disimulara sus lágrimas.
-No pediría más… respondió la estrella cogiendo su mano.
La chica rubia se estremeció.
-¡Qué tonta! Deberíamos cambiarnos de ropa… podrías resfriarte, dijo Fighter posando suavemente sus dedos en la mejilla de manzana en sazón de su amiga. Riendo al recordar que aún vestía de enfermera.
-Pero antes…
Rebuscó entre sus prendas, tiradas al tuntún al llegar.
-Tengo algo para tí, un pequeño recuerdo, dijo sacando una cajita.
Serena la miró con desconfianza. Ahora no se fiaba así como así, de esos cepos de cartón adornados con lazos, en que te podías coger el dedo y el alma.
Fighter la miró con una gota casi visible sobre la cabeza…
-¿Qué piensas, bobita? Dijo abriendo el embalaje primoroso y sacando un colgante.
Lo examinó.
Era una luna y una estrella, esmaltadas de brillantes colores, casi fundiéndose la una en la otra.
-¡Es muy bonito! Serena se lo puso de inmediato, y lo tomó en sus dedos para contemplarlo mientras le daba vueltas. Aunque ese diseño le provocaba algo de conmoción e inquietud.
-¿De dónde lo sacaste?
-Lo compré en Kinmoku… es de Arabea, supongo que es parecido a la Plata de la Tierra. El joyero que los vendía me dijo que sólo hacía dos de cada diseño. Era un viejo charlatán… dijo avergonzada la guerrera, me dio un tremendo discurso sobre lo que lo inspiró: Una vieja leyenda sobre un príncipe infeliz de nuestro mundo, hace muchos eones estelares...
-Supongo que con el afán de que le comprara otro, así que para líbrame del viejo, me decidí comprarle el que hacía juego, acto seguido, sacó un colgante similar y se lo puso con un guiño.
Lo que se calló, fue que cuando pasó por ahí de nuevo le pareció que la tienda ya no estaba… Supuso que sólo había equivocado el lugar…
-¡Qué extraño! Serena vio que el colgante comenzaba a brillar con fuerza, los colores del arcoiris se reflejaban en todas las paredes de la minúscula habitación, como una bola de disco en miniatura ¿Es normal que haga eso?
-¡Para que eso ocurriera debería ser mágico! Fighter se asustó y tironeó del suyo tratando de quitárselo al ver que reaccionaba igual que el de su bombón… -¡Quítalo! Le gritó a Serena.
Florencia, Italia.
Mina se llevó la mano al pecho, y cayó de rodillas. Luna y Artemis corrieron a ver que le sucedía.
-¿Qué sucede? Los gatos parecían espantados, antes de caer desmayados de igual manera.
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París, Francia.
Amy salía de una coqueta mercería en los Campos Elíseos.
Su cabeza le empezó a doler con insistencia…
-¿Madmoiselle? Un guapo francés la cogió al vuelo al ver que perdía el sentido.
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Universidad de Tokyo, Japón.
Lita estaba ultimando los detalles de su Tesis con su guapo profesor guía. Ambos sonreían mientras tomaban café y degustaban de sus ricas galletas.
-Ah…
-¿Qué le sucede, señorita Kino? ¿Quiere que la lleve a su casa? ¡Dios mío! Llamó a la secretaria,
¡Shizuka! ¡Que venga alguien de la enfermería! Agregó al verla caer inconsciente.
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Vevey, Suiza.
-¿Rei? Nicholas sujetaba a la desmayada Diosa del Planeta Marte, desesperado por ayuda, mientras la llevaba en brazos al Lobby del lujoso Hotel Resort "Four Seasons"…
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Hokkaido, Japón.
En una pequeña cabaña adonde habían ido para pasar el fin de semana, los cuerpos aún tibios de Hotaru, Haruka y Michiru reposaban en una posición poco natural, luego de haber sido noquedadas. Habían percibido el impacto, pero ni aún siendo las más veloces habían podido evitar que las golpeara el fenómeno.
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Nueva York, Estados Unidos.
Setsuna acababa de percibir la oleada, parecida al shock eléctrico que recorría el planeta, a pesar de sus esfuerzos, fue alcanzada y derribada por el pulso electromagnético espacial-temporal-espirirtual, mientras intentaba cocinar algo, y junto a su mano yacía el teléfono móvil…
-¿Setsuna? ¿Setsuna? ¿Estás ahí? ¿Qué ha sucedido?
La voz de Darien sonaba asustada. Él también había percibido algo extraño. Y se sentía dividido entre la prometida que había desaparecido y a quien reportaba en esos momentos en la estación de policía y la amiga y compañera de trabajo que compartía su departamento hace dos meses…
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-¡Tengo miedo, Fighter! ¿Qué está sucediendo?
Serena sentía que su cuerpo se volvía intangible y etéreo, y miraba la cara de espanto de Fighter que al parecer sentía lo mismo…
Se agarró con una mano del cobertor de la cama, con uñas y todo tratando de evadir la fuerza que la estaba haciendo flotar y tiraba de ella, y con la otra mano cogida fuertemente de su amiga, sentía su corazón latiendo enloquecido y se sentía impotente de hacer nada más…
-¡Serena!
Fighter la logró abrazar con fuerza, mientras sus cuerpos se deshacían en una miríada de luces multicolores.
Una voz murmuró en la oscuridad. Un relámpago gigante iluminó por un momento el cielo de Tokyo, seguido de un trueno estremecedor que removió los edificios hasta sus cimientos.
-¡Sea!
Las dos chicas terminaron de evaporarse como si nunca hubieran estado allí…
Continuará… O.O
