CAPITULO 15:
"Reflexiones"

Serena se sentó en una butaca del estudio de Cuprimus. Desde allí, gracias a una ventana circular, podía contemplar el paisaje. Pensó que tal vez así podría encontrar paz para ordenar sus pensamientos.

No podía seguirlos evitando por siempre.

¿Debería tal vez, decidir de una vez por todas que hacer con su vida?

Meditó y meditó mucho. Pensó su familia, en su compromiso, en su amigas… ¿Cómo iba a decirle a Darien que ya no deseaba casarse con él cuando volvieran?

¿Qué le dirían Luna, Artemis y las chicas?

Sintió que su cabeza echaba humo de tanto darle vueltas al asunto.

Para rematarla, estaba varada aquí con Seiya. La tentación era grande. Por más que buscaba pretextos para evadirlo, estos se hacían cada vez más débiles.

Tanto pensar, sumado al cálido sol de la hora de la siesta de media mañana, se quedó dormida.

-¡Es muy hermosa la señorita!

Serena abrió los ojos…

-¿En verdad me dormí?

-¡Perdóneme señorita! Una pequeña aldeana regordeta y sonriente de redondas mejillas y cabello castaño recogido en un moño, la observaba con sus ojos color chocolate.

-Hola, soy Serena.

-¡Encantada de conocerla! Soy Lucero, vengo todos los días a ayudarle al Señor con las cosas de la casa y la granja, le dijo con un amplia y honesta sonrisa.

-La comida está casi lista… ¿Ha visto Ud. a mi Señor Cuprimus?

Serena reprime una risa. Recuerda que el joven sabio de pelo azulado les dijo que a pesar de todo lo que estudiaba, sus mejores ideas le venían al internarse en el bosque a cortar leña, y que Seiya se ofreció a acompañarlo.

-Creo que fueron al bosque… Él y mi amigo.

-¡Qué contrariedad! Siempre me hace lo mismo… ¡y justo a la hora de la ordeña! Suspiró.

La rubia muchacha podía escuchar los mugidos ansiosos de las vacas estelares de cuernos de oro. Una idea feliz se le vino a la mente.

-¡Tengo la solución! ¡Yo les llevaré la merienda!

-Oh, señorita Serena, no quisiera molestarla, Ud. es una invitada…

-¡No es molestia!

Así que Serena partió como toda una caperucita con un canasto cargado de víveres bajo el brazo y una manta a internarse en el bosque. El aroma que llegaba a su nariz era delicioso.

¿Se encontraría con el lobo? Pensó recordando las palabras de Haruka.

No había andado mucho rato cuando escuchó golpes de hacha.

Al parecer, Cuprimus y Seiya amenazaban con desforestar el bosque, compitiendo por quien cortaba más leña. Sonrió divertida con ganas, por primera vez desde que llegaran al pasado.

El lugar, era hermoso, verde y apacible al mediodía. Algunas aves de muchos colores exóticos cantaban en medio del follaje.

Decidió no delatar aún su presencia. Ambos jóvenes se había despojado de las túnicas y sólo llevaban ajustados leotardos.

La muchacha, sintiendo subir el tono ruboroso de su rostro, se asomó.

Cuprimus era muy delgado, pero su cuerpo era fibroso. Igual algunos músculos se le notaban con el esfuerzo.

Contempló a Seiya. ¡Su cuerpo era tan alto, esbelto y armónico! Cada vez que bajaba el hacha sin esfuerzo, se demarcaba la incipiente musculatura juvenil de sus brazos y tórax. Una fina película de sudor cubría su torso, y se alejaba el flequillo negro con el dorso de la muñeca cada vez que este se le iba a los ojos.

Al parecer estaban conversando… Sin querer queriendo, escuchó:

-De verdad es una muchacha muy hermosa.

-¡Es un verdadero bombón! Recalcó Seiya.

-¿Un bombón?

-Jejeje, es una expresión terrícola… explicó, sonriente, Quiere decir que es preciosa, dulce, genuina... ella es… ¡simplemente perfecta! Agregó con arrobo.

Serena sintió que aumentaba el rubor en sus mejillas.

-¿Son prometidos? Preguntó Cuprimus luego de arrojar un tronco al montón.

Seiya dejó de atacar la leña, y apoyando el hacha en el tronco se quedó pensativo y cabizbajo un par de minutos antes de responder.

-Es un poco complejo de explicar, su expresión era seria, ella es una Princesa y está prometida desde muchísimo tiempo a la reencarnación del Príncipe de la Tierra. Cuando la conocí no sabía esto, y aunque lo hubiera sabido…

-Veo que te he entristecido, mi buen amigo, ¿tú la amas?

Seiya se quedó callado unos instantes antes de responder. Parecía estar midiendo la fuerza de sus sentimientos e intentando calmar el latido de su corazón.

Serena, oculta, sentía el alma en un hilo. Por un lado la dulzura, la bondad y el cariño desinteresado de Seiya que la derretían, por el otro, la ardiente necesidad que ya sentía en su cuerpo de su cercanía…

Ya en la época del Colegio había experimentado ese desasosiego… El imperio de las emociones que ejercían una violenta atracción, que la hacía desafiar a todo y a todos, monstruos, amigos, gatos consejeros, novio, leyenda y destino escrito para correr a ÉL y saborear por escasos minutos, el néctar prohibido de su compañía…

Su pecho dolía por la intensidad desacompasada de la emoción que experimentaba.

-Todo nos separaba. Mis hermanos se burlaban diciendo que era un capricho pasajero, sus amigas le prohibían estar cerca de mí… pero nada era capaz de mantenerme alejado de su luz… desde la primera vez que nuestros ojos se encontraron.

ÉL bajó la vista con pesadumbre.

-Solía echarlo a la broma y decirle cosas pesadas a veces, y era porque sencillamente estaba aterrado. Es difícil manejar tus sentimientos cuando se es tan joven. A veces me digo que si hubiera ocurrido ahora habría habido dos posibilidades. O me jugaba el todo por el todo…

-O la hubieras dejado en paz, ¿no?

-Bueno, ¡No pardiez!… Su novio no estaba y ella necesitaba apoyo.

Y yo quería ser ese apoyo. Yo quería haber sido el primero en descubrirla, como la primera flor que abre sus pétalos tras la lluvia, y cuidar de ella y darle todo de mí. Pero fue imposible…

-Y ahora esa extraña fuerza los ha arrastrado al pasado… juntos.

Los jóvenes guardaron silencio.

La chica tras el árbol, enjugaba las traicioneras lágrimas de emoción que asomaban a sus ojos.

Se estaba tapando aún el rostro cuando…

-¡BOMBÓN!

-¡AAAHH!

Estiró los brazos involuntariamente por el sobresalto.

Su presunto atacante perdió el equilibrio y cayó sobre ella, aplastándola contra el árbol.

-¿Qué estabas haciendo? Dijo el cantante entre jadeos mientras la sujetaba de los brazos para ayudarse a recuperar la postura -¿Me estabas espiando?

Su cuerpo sentía la cercanía del torso desnudo de Seiya. De éste emanaba el calor y el perfume almizclado y poderoso de su piel. Sus ojos azules estaban a escasos centímetros y bebían de los suyos. Su boca contraída en una mueca maliciosa parecía a punto de impulsarse y besarla.

¿Es que no tenía piedad? Pero prefería estar muerta que reconocerse a sí misma, que ya cedían sus defensas a semejante tortura...

-Yo…

Su mente estaba en blanco.

De pronto sus ojos tropezaron con la canasta al pie del tronco.

-¡Vine a traerles el almuerzo!

-Es verdad, ya debe ser la hora de merendar, dijo la voz de Cuprimus acercándose.

Invitó al otro kinmokiano a refrescarse en un arroyuelo cercano de límpidas aguas cantarinas que se deslizaban entre piedras rojizas y anaranjadas. El efecto final era como de aguas de fuego.

Serena jugueteó con las manos y los pies en el agua, intentando no mirar demasiado el improvisado "toilette" de los chicos.

Ya vestidos convenientemente, y sentados cómodamente sobre la manta, al fresco de un frondoso árbol de hojas de oro y naranja, los tres le hicieron honores a las viandas enviadas por Lucero.

Fiambre de almizerac, ensaladas surtidas, pan lai y unas frutas exquisitas y jugosas que parecían fresas del tamaño de una manzana.

Serena las consumió con delectación.

-¡Me encantan las fresas!

-¡Son bayanas! Dijeron los muchachos a coro.

-Hmm… bayanas… ¡Que ganas de llevarme algunas de vuelta a mi casa! ¿Crees que se puedan preparar en tarta?

-Bueno… Cuprimus se rascó la cabeza, yo no soy muy enterado respecto de la cocina, reconoció, si no fuera por esa niña Lucero, ni siquiera recordaría qué comer, agregó avergonzado, mientras su mejillas se encendían.

-Es una muchacha simpática, dijo la chica rubia sonriendo.

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Al atardecer, Seiya se encerró con el sabio en su estudio, mientras Serena y Lucero hacían conciliábulo culinario en la cocina.

Estuvieron revisando cuidadosamente viejos y polvosos libros transcritos a mano hace siglos.

Luego de algunas horas de cansadora lectura, muchos estornudos y búsqueda infructuosa…

-¡Creo que aquí hay algo! Gritó con entusiasmo Cuprimus.

-¿De qué trata?

-Aquí hay una teoría que fue escrita hace varios siglos, dice:

"Si hipotéticamente se pudieran reunir la fuerza de los cuatro elementos de alma metálica con el poder de cuatro fuerzas elementales, durante la alineación estelar de cuatro cuerpos celestes el día cuarto del cuarto mes, existen grandes posibilidades de que el dueño de semejante poder pudiera controlar el tiempo, el espacio o en el mejor de los casos, una combinación de ambos"

-¿Y traducido al kinmokiano sería?

El estudioso se dio una palmada en la frente, mientras una gota de vergüenza ajena resbalaba por su cabeza.

-¿No lo entiendes, estimado Seiya?

El muchacho de cabello negro sacude vigorosamente la cabeza… de izquierda a derecha.

-¡Sus medallones! Fueron elaborados seguramente con los cuatro metales principales, y con la venia del Consejo y el poder de los cuatro Consejeros de Resplandor… Y Uds debieron ponérselos el día cuarto del cuarto mes, durante la alineación de cuatro cuerpos estelares…

La información de a poco se hizo camino en el cerebro del cantante y estrella luchadora.

-¡Caray! ¡El anciano loco me engañó! ¡Me dijo que sólo eran bonitas piezas de artesanía!

Cuprimus puso cara de cansancio.

-¡Estos artefactos son únicos! La orfebrería mágica es sumamente difícil de elaborar, y si has comprendido bien, se necesitan poderes mayores para activarlos.

-Creo que eran como las cuatro de la tarde cuando nos los pusimos… barruntó Seiya.

-Necesitaremos sí o sí la ayuda del Consejo. En estos libros viejos apenas si sale la teoría, el que logró llevar estos planos a la práctica debió ser un genio… o un loco. No será nada fácil, reflexionó, puede llevarnos mucho tiempo conseguir las condiciones ideales.

-Quiero pedirte un favor… Aún no le digas todo esto a Serena. No quiero que su ánimo decaiga. Ella cree que nos marcharemos mañana mismo. Al menos dejemos que su espíritu se mantenga intacto por esta noche.

La dulzura y preocupación de Seiya conmovieron al estudioso.

-Al menos todo esto ha servido para relajarla de sus propios problemas, agregó sonriendo al escucharla reír en la cocina.

-Todo se solucionará, agregó el joven de pelo azul, con las gafas a caballo sobre la nariz y tocándole el hombro amistosamente.

Las chicas, muy orgullosamente, vinieron a invitarles a probar su experimento "transplanetario"

Una crujiente masa de lai, horneada con una capa de crema aromatizada y delgadas rebanadas de bayana apenas cocidas en el horno de leña los esperaba en el diminuto comedor.

-Es como la tarta de fresas, dijo Seiya saboréandola con fruición.

-¡Mmmhucho Memmjor! Replicó Serena, golosa, con la boca llena.

-Sus invitados sí que le hacen honor a su mesa, mi señor, comentó la aldeana, radiante y satisfecha.

-En verdad, yo soy muy distraído, pero siempre encuentro delicioso lo que me preparas, Lucero…

-¡Qué gracia! Siempre se traga todo en dos bocados apurados, ni saborea lo que le cocino.

-¡Perdóname! Respondió, compungido… siempre me apura volver a los libros. Prometo poner más atención, el entusiasmo goloso de ellos es contagioso, agregó disimulando una risa.

Seiya y su bombón, se quedaron detenidos en medio de su deleite, avergonzados. Casi había olvidado que estaban en otro lugar y en otro tiempo. La simpatía de sus anfitriones, los hacía sentir como en casa.

Los cuatro se echaron a reír de buena gana.

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Por la noche, Lucero se encaminó a la cercana aldea de Civol, con su cesta bajo el brazo.

Cuprimus se volvió a mirarlos con actitud de embarazo.

-Bueno, como no recibo visitas, sólo tengo un cuarto de invitados… Espero no se problemático.

-No será la primera vez que compartimos una habitación, ¿cierto bombón? Digo Seiya con displicencia.

Serena enrojeció hasta la raíz del cabello.

-¡No digas esas cosas! ¿Qué va a pensar de nosotros? Por favor, no le creas, sólo está bromeando, suplicó.

-No te preocupes, bombón, esta noche seré como tu hermanito.

El sabio se sonrojó, divertido de ver la soltura y el canon de sus diálogos.

-Que pasen una buena noche, dijo haciéndoles un guiño y alejándose.

-¿Qué? ¿has visto eso? ¿nos ha guiñado?

-Ideas tuyas, bombón, se rio Seiya, guiándola de la mano en la oscuridad, hacia la habitación donde brillaban unas velas encendidas.

Continuará ^_^ wiii!