CAPITULO 18:
"Rumbo a Resplandor"

5.000 años hacia el pasado, en Kinmoku (de nuevo)

Cuando el cerebro de Seiya se despertó, el aire ya estaba tibio, y sentía los rayos del sol colarse por el ventanuco. Su primera impresión fue que había tenido el más maravilloso sueño del mundo y ya no quería abrir los ojos, quería volver a sumirse en esa dimensión de ensueño, donde era factible amar a princesas estelares y arrebatárselas a sus novios.

Luego, cuando se reacomodaba, como un gato perezoso, tuvo conciencia de que… su cuerpo se sentía agradablemente relajado y acusaba cansancio y fatiga…

¿Entonces fue real?

Abrió los ojos de golpe. Su bombón dormía profundamente a su lado, sobre la mullida y cálida paja dorada del granero. Su gesto primero, fue acariciar su mejilla. Hubiera querido acariciarla por completo, despertar sus sentidos besándola por todos lados… ¡Pero ya no había tiempo! La envolvió en las mantas que se habían traído, la cargó en sus brazos y recorrió, como un bandido silencioso, el espacio que lo separaba con su preciosa carga. ¡Ella ni se inmutó!

La depositó sobre la cama del cuarto. Salió a asearse y cuando volvió vestido ella aún dormía como una piedra. Se le escapó una risita. Serena gruñó como un oso y se volvió a acomodar.

-¿Bombón?

Entonces ella sí que se despertó.

Abrió los ojos enormes, recordando todo lo que había ocurrido la noche anterior. Sentía aún la piel hormigueante de tantos mimos y caricias que había recibido… y aún tenía algunas marcas leves que le rememoraban los sucesos.

La segunda cosa que sintió al verlo junto a ella fue vergüenza. Se tapó los ojos con la sábana.

-Ya es tarde para eso, le confirmó el cantante, sonriendo y sentándose a su lado.

-Seiya…

Él la miró, alarmado, deslizando sus dedos por las sonrojadas mejillas.

-¿Estás arrepentida?

-No. Musitó ella, con voz apenas perceptible, aunque aún eran una enormidad de cosas por digerir.

La mano de la estrella atrajo su cabeza hacía Él, y principió a besarla muy despacio. Sintió de nuevo esa sensación de perderse profundamente en sus sentidos a medida que aquél beso avanzaba en forma y consistencia. El calor la invadió, tomando por asalto su cuerpo y su espíritu, hasta que, un ligero jadeo, intentando recuperar el aire, la volvió a la realidad.

-Hmghfg…

-¿Qué dices bombón?

-Cuprimus, le recordó.

Seiya se palmeó la frente, avergonzado.

-¡Es verdad! Debemos alistarnos para partir temprano a Resplandor… - supongo que será un viaje largo y cansador, agregó, cambiando de ánimo. Si tuviera sus poderes de Fighter, habría llegado en segundos…

Tal vez, lo que le dolió, no era tener que viajar. Sino saber que este diminuto interludio con sabor a Luna de Miel se acabaría, apenas tuvieran sus medallones funcionando y retornaran al Presente… "la verdadera realidad".

Serena lo observó algo confundida al ver como golpeaba la pared con el puño. No podía imaginarse que clase de ideas le habían hecho ponerse de pronto de tan mal humor. Tal vez las cosas habrían acabado en discusión, pero en ese momento…

-¡POR LAS TRES LUNAS!

La exclamación venía del sector de la cocina. Seiya se aventuró raudo a averiguar que sucedía, y ella se dignó usar por fin el jarro y la jofaina, llenos de agua fría, para poder volver a vestirse con desgano.

Cuando por fin se reunió con los dos kinmokianos, éstos estaban intentando limpiar un desastre de pequeñas proporciones. ¡Al parecer el pobre sabio no sabía cocinar! Serena se puso feliz, y espontáneamente, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.

-¡Yo tampoco soy buena en la cocina! Y le guiñó un ojo para hacerlo sentir mejor, luego recordó - ¿Hoy no vendrá Lucero?

-Le di el día libre, pensé que podría hacerme cargo sin problemas…

El cantante a veces podía ser muy energético y ejecutivo merced a su energía positiva. En un tris limpió todo, calentó agua, tostó el pan lai e hirvió unos enormes huevos de kasirau.

-¡Me has impresionado, Seiya! La chica estaba feliz y devoraba a dos carrillos el improvisado desayuno, parecía tener un apetito lobuno.

-Siempre será un placer prepararte de desayunar, mi bombón, respondió Él y le guiñó el ojo con picardía.

A Cuprimus también se le coloreó el rostro, sintiendo que estaba de más. Carraspeó.

-Creo que iré a preparar la carreta, comentó de pasada al salir.

-¿Por qué has dicho eso? Serena estaba roja y parecía molesta.

El chico estrella se le acercó por detrás, abrazándola haciéndole sentir cosquillas en la nuca con su aliento, mientras contenía sus impulsos, para declarar con seriedad:

-Ahora eres mía, bombón. Voy cuidar de ti para siempre…

A ella le entró un poco de pena y risa nerviosa. Tal vez, mañana mismo estuvieran de vuelta en el presente. ¿Cómo le haría para asumir que había cometido una falta gravísima con su compromiso? ¿Por qué era todo tan difícil? Acá la vida es tan simple… las cosas se habían dado de forma tan fluida y natural con Seiya.

Salió al aire libre.

Los hermosos caballos Kinmokianos la dejaron sin aliento. Uno era negro y el otro de un color similar a dorado, parecían criaturas purasangre, nerviosos y piafantes, impacientes por darse a la carrera. En la frente, bridas y bocados llevaban adornos con forma de estrella. Se acercó y acarició las largas y sedosas crines de ambos.

-El negro se llama "Noctámbulo" y el castaño "Tesoro", son mis favoritos, le explicó el sabio con orgullo.

-¡Son maravillosos! Respondió ella, reprimiendo el impulso de abrazarse a sus cuellos.

-¡Hola, amiguitos! Seiya traía un par de manzanas azules y le pasó una a Serena para darles una pequeña golosina para recompensar a los cuadrúpedos antes del viaje.

Al rato después, rodaban por un camino rural, rodeado de árboles amarillos y anaranjados. Ya llevaba un par de horas arriba de la carreta y divisaban las primeras casitas de la aldea de Civol. En vez de frenar, Cuprimus parecía ansioso por pasar rápidamente de largo, rumbo a Resplandor.

-¿Qué sucede, porqué azuzas a los caballos? Le preguntó la chica.

-Este…. No quiero que ella nos vea, murmuró con voz queda apenas perceptible.

-¿Ella? ¿Lo dices por Lucero? Consultó Seiya, perplejo.

-No puedo explicarles ahora, se dolió el joven, intentando cruzar la calle principal del poblado a la mayor velocidad posible, mientras los reclamos de los caballos se hacían escuchar.

-¡MI SEÑORRRR! Un grito proveniente de una garganta fuerte se escuchó a la lejanía.

-¡Demasiado tarde! El sabio enrojeció, y aminoró la marcha de la carreta.

Seiya y Serena se volvieron: vieron a la moza cargada con un bulto, corriendo tras ellos a toda la velocidad que le permitían sus piernas.

Cuando los alcanzó, Lucero tenía las redondas y sanotas mejillas rojo fuego y estaba sin aliento.

-¡Por favor! Pidió, déjeme acompañarlo a la ciudad, Mi Señor, culminó con una reverencia.

Cuprimus, molesto y con la cara aún roja de vergüenza, replicó, entre dientes, con severidad:

-Ya sabes que tengo servicio de sobra en mi palacio de Resplandor, Lucero.

-Pero Mi Señor, no me fío de ellos, son demasiado elegantes para cuidar bien de Su Señoría…

-Ay, Lucero… una gran gota casi resplandecía sobre la frente del joven sabio - ¡Está bien, sube de una vez!

La aldeana, acostumbrada a este tipo de transportes, se subió de un salto a la zona de carga de la carreta, con el saco que cargaba con sus pertenencias.

Serena y Seiya se miraron y luego contemplaron a Cuprimus con interrogativo silencio.

Éste sencillamente volvió la vista al camino y siguió manejando las riendas, pero era evidente su silente malestar.

Otro par de horas y cuando el hambre arreciaba sobre los viajeros, contemplaron por fin la gloria de la floreciente ciudad, una de las principales de Kinmoku.

Muchísimos edificios de altura, palacetes de resplandeciente cristal, torres de un material muy parecido al mármol, fuentes de alabastro…

-¡Vaya, es muy diferente a mis tiempos! Murmuró Seiya, emocionado.

Su compañera de viaje espacio temporal se quedó muda de impresión.

-¡Bienvenidos a Resplandor! Señaló Cuprimus con gesto amplio. –Quisiera decir que es el mejor lugar para vivir, pero ya saben que prefiero la tranquilidad del campo.

-¿Adónde iremos primero? Consultó el cantante.

-Es obvio, dijo Serena con voz desmayada, a almorzar a su casa… unos gruñidos inquietantes salían de su estómago.

A todos les apareció su gota de vergüenza ajena, aunque tuviera razón.

-¿Pero qué clase de comida le van a dar esos truhanes? Preguntó la aldeana, que había estado calladita sin decir "esta boca es mía" en todo el viaje.

-Algo improvisaremos, replicó el sabio con un suspiro resignado, dirigiendo el carruaje hacia un sector poblado de palacios y fincas de gente importante.

Los viajeros espaciotemporales quedaron impactados de la magnificencia del fabuloso palacio revestido de placas de metal rojizo que brillaba implacablemente al sol anaranjado de Kinmoku. Un jardín espeso y semi salvaje rodeaba una espectacular nave central que tenía las dependencias comunitarias y dos torres acristaladas que dominaban orgullosas dominando el paisaje.

-Torre de mujeres y torre de hombres, les señaló Cuprimus a la izquierda y la derecha cuando entraban en el patio de la entrada principal.

Seiya tironeó nerviosamente la manga de Serena, que le respondió con una sonrisa forzada.

Apenas los cascos retumbaron en las bellas baldosas marmoleadas, seis figuras bellamente vestidas con túnicas muy ornamentadas, se formaron con expresión solemne para recibir al Consejero Real. Primero saludaron los hombres y luego las damas:

-Brillante, presente, mi Señor ¡Muy Buenos días!

-Destello, presente, mi Señor ¿Ha tenido buen viaje?

-Fulgente, aquí mi Señor, ¡Todo preparado para recibirlo!

-Centella, presente, ¿Trae invitados?

-Radianta, presente, ¿Servimos la comida, mi Señor?

-Astralia, presente mi Señor, ¿Qué hace "esa cosa" aquí?

La última servidora miraba con una mueca espantada de asco y apuntaba con sus finos dedos manicurados hacia Lucero que acaba de bajar de la carreta y observaba al elegante grupo de Servidores del palacio. El resto también la observó con reprobación.

Sin decir nada decidió adelantarse a revisar las cocinas.

-¡Pero mi Señor! Prometió que ya no vendría esa peste! Se quejó alguien.

-¡Es indigna de su servicio! Dijo otro.

-¡Su ropa es espantosa! Resopló otra.

-Sus modales dejan mucho que desear, acotó un hombre.

-¡No nos deja trabajar en paz, nada le parece bien!

Cuprimus, resignado, se encogió de hombros, e invitó a sus amigos a entrar, mientras él, a grandes zancadas, huía del malestar de sus empleados.

-Son muy malos, murmuró Serena.

Lucero, inmune a las críticas, metió mano en todo y organizó el almuerzo en un dos por tres. Luego de asearse, los viajeros degustaban una rica comida Kinmokiana, ignorando las caras reprobatorias del servicio.

Una pena que la aldeana debiera comer en la cocina, como dictaba la etiqueta, casi extrañaban su risa y su chispa, aunque Serena ya tuvo bastante que hacer, alejando una mano imprudente que casi cierto rato pugnaba por posarse en su rodilla y la hacía ponerse colorada y perder el hilo de la conversación.

El resto de la tarde, el erudito estuvo mandando mensajes a los otros tres Consejeros que vivían en diferentes polos cardinales de Resplandor, mientras Seiya y Serena disfrutaban del hermoso ocaso de Kinmoku paseando por los jardines del palacete, donde crecían enormes y vaporosas plantas parecidas a los helechos terrícolas y piaban aves exóticas entre su follaje.

-Me deja sin aliento, dijo Seiya.

-En verdad, es un hermoso paisaje…

-Me refería a tu belleza, bombón, respondió Él, tomando su mano…

Ahora fue ella la se quedó sin aliento al contemplarlo en medio de esa luz anaranjada… Su cabello se teñía de oro y diminutos soles danzaban en su rostro, que resplandecía, y una alegría pícara bailaba en sus ojos.

-Quisiera grabar este momento para siempre en mi memoria, agregó Seiya, con reverencia, cerrando los ojos.

Pronto las tres damas de la noche comenzaron a emerger y surcar el firmamento, cuajado de estrellas.

Los servidores les invitaron a entrar y degustar la cena que ya estaba preparada.

Los viajeros tenían grandes esperanzas de que su problema se solucionara al día siguiente… Sólo una noche más en Kinmoku del pasado, parecían latir sus corazones con ansiedad….

Una noche que se acercaba de manera prodigiosa, trayéndoles más romance y misterio.

Continuará :D!