CAPITULO 19:
"Una noche estrellada"

Tras una opípara cena, todos los viajeros se sentían algo adormilados. Lucero organizó el retiro del a mesa y el lavado de la preciosa vajilla de cristal y cubertería dorada del Palacio de Cuprimus, mientras este disfrutaba de un brebaje bajativo parecido al café terrícola junto a los improvisados huéspedes que le había traído el destino.

Seiya apreciaba el trabajo manual de los hermosos libros encuadernados a mano que poblaban las estanterías, mientras observaba de reojo a su bombón, y cuando ésta volvió la vista, le guiñó un ojo, haciéndola sonrojar. Ella estaba sentada cómodamente en una chaise longe de filigrana, tan delicada que parecía tejida por arañas, tanto que parecía un milagro que se sostuviera en sus cuatro patas. La hermosa túnica bordada de ciudad que le habían puesto las servidoras, la hacía parecer una mariposa envuelta en sus alas. Serena sintió una breve brisa mental acariciando su ser y respondió de igual forma mientras sus ojos se encontraban.

El sabio hojeaba unos libros y les mostró una ilustración:

-Como ven aquí, estos artefactos mágicos están basados en la misma teoría de sus medallones. En esta época pasada, se creía que uno incluso podía encantarlos, de forma que no pudieran funcionar de nuevo hasta cumplirse determinada misión o hasta una determinada fecha o suceso.

-¡Increíble! Los ojos de Serena se abrieron enormes.

-Incluso una vieja leyenda dice que hay unos cuatro de estos, perdidos quien sabe dónde, y que un aventurero viajó a la Corte del pasado con uno de ellos y conoció al fundador de Resplandor, aconsejándole ubicar la ciudad más cerca del río, y que con esto se modificó el pasado.

En el hipotético caso de que no pudiéramos reactivar sus medallones o no conozcamos la "Misión" o cuando va a cumplirse, tal vez podríamos buscar unos artefactos.

-¿En verdad, son reales? Preguntó la estrella.

-HHmmm… toda leyenda tiene algo de verdad… pero de todas formas, es mejor esperar a ver si contacto a los tres consejeros y nuestros poderes abren el portal a través de sus colgantes. Buscar estas viejas reliquias podría ser tiempo perdido – Bostezó – Bueno, mañana será un nuevo, día, creo que es hora de dormir. ¿Vienes Seiya?

-Si, claro… ¡Buenas noches, Bombón!

-Buenas noches, Cuprimus. buenas noches, Seiya, les respondió la muchacha de rubias coletas.

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Rato después la chica se encontraba en el espacioso dormitorio que le había asignado, y a pesar de todo el lujo y la comodidad del lecho, le era imposible dormir. Los recuerdos de la noche pasada se venían a su mente con vívida persistencia. Tal vez lo que necesitara fuera un buen vaso de leche para que su mente dejara de divagar con las caricias de Seiya. ¡Sí, eso era!

Se levantó, con los pies descalzos sobre las mullidas alfombras y armada de una vela, recorrió el pasillo que la separaba de las cocinerías del edificio.

Se felicitaba de su éxito, hasta que tuvo una segunda idea.

-Tal vez debiera acompañar esta leche con un trozo de ese exquisito pastel, se dijo abriendo la despensa con una expresión golosa en su rostro.

-¡Bombón!

-¿Seiya? – A Serena casi se le cayeron el platillo y el vaso de la mano de la impresión - ¡Seiya idiota! Shhh… ¡Vas a despertar a casi todo el mundo!

-Perdón bombón… se rascó la cabeza avergonzado – yo también venía por un bocadillo nocturno… o tal vez dos, dijo mientras la punta de su rosada y húmeda lengua se asomaba de sus labios, haciendo insinuante su pícara expresión.

-¡Oh, Seiya! Ella sintió que se sonrojaba, mientras el cantante le quitaba ambas cosas y las ponía sobre el mesón. Miró con lástima su tentempié, pero luego se volvió a mirar intensamente el rostro de ÉL.

El chico la abrazó mientras sentía su mejilla ardiente sobre la suya. Instantes después, ella sentía la punta de su lengua recorriendo su rostro, la línea de su barbilla, sus orejas, la mejilla, y finalmente, introduciéndose de rondón entre sus labios, masajeándolos y punzándolos, hasta poseer al completo su boca toda.

Sus manos tampoco habían estado ociosas que digamos… Serena jadeó, mientras sentía los dedos de Seiya recorrer golosamente sus curvas por sobre la delgada tela del camisón de dormir.

-Seiya… sus suspiros subían de tono, entrecortados. Sentía como se paseaban sus manos en círculos sobre sus caderas, apropiándose de sus pechos, anidando sobre su derrière… mientras los besos crecían en urgencia e intensidad.

Se apegaron tanto que sus pulsos latían al mismo ritmo, y podía sentir claramente la inflamada masculinidad de su amante, reclamándola.

-¡Te deseo tanto, mi bombón! ¿Qué será mejor? ¿Tu torre o la mía?

¡No podía creer que meditara seriamente sobre una proposición así! Sin embargo, lo hizo. Ya se sentía hechizada de nuevo, enamorada con el alma y la piel. Aunque se había prometido firmemente a sí misma no caer de nuevo en la tentación, esta era demasiado fuerte para resistirse.

-Hmmmm… ¿La tuya? supongo que los servidores hombres tendrán el sueño más pesado, meditó en voz alta, sintiéndose algo mareada y enfebrecida del puro vértigo en su entrañas.

Esa respuesta tan positiva era más de lo que podía esperar el cantante. La levantó en vilo entre sus delgados pero fuertes brazos.

Ella se abrazó a su cuello y dejó de contenerse, besándolo a su vez.

Un ruido sordo y luego el estrépito de un vaso de cristal partiéndose en el piso los sobresaltó y a Él casi se le cae su bombón del puro susto.

-¡Lucero! Exclamó Serena, sintiendo que se ponía más colorada que una amapola – nosotros… er… yo… ¡Suerte que eras tú!

-¡No he visto nada! Respondió la aldeana, también en un largo camisón de dormir, largo hasta los tobillos, recogiendo los pedazos y volviéndose a otro lado con una sonrisa para darles tiempo de escapar.

-¡Esos dos!... me dan envidia – meditó - se nota que están hechos el uno para el otro, pero algo me dice que todo intenta separarlos… ¡ojalá su amor resista todo y supere toda dificultad! Un suspiro se escapó de su pecho abundante. En toda su vida jamás nadie la había besado ni tocado de la forma en que ellos se expresaban su mutua necesidad. ¡De ella sólo se esperaba trabajo y más trabajo! Una inesperada lagrimita resbaló y cayó sobre el vaso roto.

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Seiya y Serena entraron en la torre de puntillas, sigilosamente, como dos ladrones. Una risita nerviosa se les atravesaba de pensar que pudieran encontrarse con algún noctámbulo servidor del Palacio.

El cantante casi la empujó dentro de su cuarto, entró y cerró la puerta con rapidez, disculpándose de la brusquedad con una mirada tierna fugaz.

Serena miró alrededor. Unas velas perfumaban el ambiente, el cuarto era casi idéntico al suyo, con un espacio abundante para guardar enseres, mesillas con arreglos florales y adornos y… una magnífica cama grande (cuya sola vista la sonrojaba), adoselada, con cortinas de una tela vaporosa parecida a la gasa terrícola, con sólidas columnas talladas que invitaba al descanso… o tal vez… a algo más.

Entonces se volvió hacia ÉL y sus ojos tenían el brillo de un lobo hambriento. De alguna manera una pared de timidez se había instalado entre ellos, noveles, amantes, y debían reiniciar los acercamientos, como si de un baile o un juego de ajedrez se tratara.

Para disimular la turbación, Seiya escanció un líquido dorado que centelleaba en dos copas de cristal con base tallada de Arabea y le ofreció una.

Ella lo miró con expresión dudosa.

-¿Pretendes emborracharme?

¡Para nada bombón! Este licor kinmokiano es más suave que la cerveza de la Tierra, sólo abre un poco más los sentidos para hacer más disfrutables las experiencias. ¡Ah! Y mañana no tendrás dolor de cabeza lo garantizo. En nuestra época era muy escaso, pero había leído que en el medioevo era de consumo común en las casas de la nobleza.

Serena dio un breve sorbo desconfiado. El suave néctar le acarició las papilas con su sedoso burbujear. ¡Era exquisito! Parecido a la champaña sin ser amargo, y al Ginger Ale…

-¡vaya! ¡Es el jugo más rico que he probado! Apuró el resto de la copa.

Su acompañante, riendo, se la rellenó.

-¡Suficiente, bombón, o te quedarás dormida! Se preocupó, viendo que ella se tendía en la cama, vencida por el leve mareo de las burbujas subiendo a su cerebro.

Sus sentidos se habían adormecido un poco, pero se sorprendió al ver que las percepciones "no físicas" de su mente se habían ampliado. Si cerraba los ojos podía sentir el brillo y el calor de Seiya como si de una verdadera estrella se tratara y la presencia de su poder mental era perfectamente nítida. Era como si pudiera percibir todos los sentimientos manando hacia ella, amor, ternura, preocupación… y cada uno tuviera un color y una textura diferente.

-¡Wow! Vio una especie de serpiente carmesí que se enroscaba suavemente en sus tobillos. ¿Qué se supone que es eso? No estaba asustada, sólo curiosa.

-Es mi deseo por ti bombón, dijo Seiya dejando su copa. Él apenas lo había probado porque deseaba disfrutar de la experiencia al natural.

Comenzó a besar sus pies descalzos, lamiendo cada dedo por separado, mientras ella se extasiaba al sentir unas cosquillas tan deleitosas que le subían la temperatura. Gimió de delectación, y al cerrar los ojos, vio que el color rojo seguía aovillándose en su cuerpo y aumentaba con cada segundo.

Luego, tras subirle un poco el camisón, su lengua traviesa y sus dedos masajearon y besaron sus pantorrillas, con pequeñas punzadas y largas lamidas desde el tobillo hasta la rodilla, que le produjeron escalofríos de placer. Para cuando Seiya llegó a sus muslos, su apetito era demasiado patente. Ya no bastaban sus manos para acariciar y su boca para degustar… fue por todos sus muslos dando pequeños mordiscos que la hacían saltar entre el sobresalto y la humedad que comenzaba a hacerse presente entre sus piernas.

Él pareció adivinarlo. Con una gran sonrisa, fue bajando su ropa interior con los dientes, mientras mordisqueaba y lamía alternadamente el hueso de la cadera. Finalmente, terminó de arrancarle el calzón, ayudándose de las manos para desatascarlo de sus tobillos.

-¡Seiya! Lo reprendió, por mera fórmula.

-Shhhh… tranquila bombón… dijo ÉL, tapándole la boca con un dedo.

Se abrió paso hasta la zona poco explorada, y principió a lamerla y acariciarla.

-¡Oh, Dios! Se le escapó a la princesa de la luna entre sus labios entreabiertos.

-No Dios, sólo Seiya, le replicó el cantante, dejando la labor.

Aunque hubiera querido enojarse, era imposible… la boca de su amante había vuelto a estimular su entrepierna, lamiendo, succionando, punzando… su botón de amor se estaba dilatando y abriendo, entre quejidos y suspiros de delectación.

Sus piernas temblaban espasmódicas… Ahora, cuando cerraba los ojos, el rojo la envolvía por completo, y sabía que era el deseo de ambos, que flotaba en el ambiente. Ya sencillamente no podía más se sentía al borde… ¿Acaso debería pedírselo?

Como si adivinara sus pensamientos, Seiya se detuvo y se bajó de la cama, clarificó su boca con un poco de agua y volvió. Su silueta apenas se dibujaba a la luz de las velas, pero se sintió aún más excitada al verlo sacarse el camisón, deslizándose por sobre la cabeza. Su torso brillaba en gloria y majestad, al dejarse caer sobre ella como un halcón sobre su presa.

Lo recibió sobre su cuerpo con alegría. ÉL la besó sin timidez alguna, poseyendo su boca con su lengua, enroscándola en la suya y atrayéndola al interior de la su propia cavidad. Ella ya había aprendido bien la lección, respondió de igual forma, acarició sus encías, succionó la lengua de él, y combatieron ambas, en una lidia sin cuartel, sin heridos ni vencidos, donde sólo se ganaba placer y más placer…

Serena temblaba al sentir la rígida masculinidad de Seiya frotándose sobre ella, y sus pechos acariciando el torso de ÉL. Mientras el cantante le succionaba y mordía los dedos de una mano, con la otra, ella comenzó a bajarle el calzoncillo, perdido ya todo pudor.

-¿Me deseas bombón? Preguntó ÉL, ya sólo por mostrar educación.

-¡No juegues! Las lágrimas asomaron a los ojos de ella, tal era su intoxicada emoción - ¡Sólo tómame, Seiya, tómame… soy tuya!

Con una sonrisa casi dulce, sin ostentación, ÉL le arrancó el camisón a Serena y terminó de despojarse de la prenda que a Él le restaba, y dirigiendo su hombría hacia ella, penetró de rondón en la gloria de su femeneidad, donde la sedosa cavidad lo recibió con un abrazo húmedo y febril. La poseyó con menos suavidad esta vez, sus cuerpos ya se conocían, y sus embates cortos y suaves fueron rápidamente evolucionando en profundas punzadas. Muy pronto, los gemidos roncos de ella le confirmaron la cercanía del clímax. Los grititos de Serena al terminar, que él acalló un poco besándola, eran la señal que su propio cuerpo esperaba para dejarse ir… un solo quejido grave… y todo su amor se vació en espasmos en el interior de su amada.

-Lo siento, bombón… supongo que esperabas más de mí… se disculpó, mientras la cubría de besos y sus brazos la envolvían, llenos de cariño.

Ella aún temblaba. Suspiraba aún, intensamente, cuando se enroscaron bajo las mantas. Había cerrado los ojos, al ver un aura nueva que parecía surgir del ambiente, gracias a sus sentidos aún aumentados, miró hacia la ventana.

-¿Qué es eso? Señaló, bajándose del lecho y asomándose para mirar mejor. El cantante la siguió, y protegió su espalda desnuda con el abrazo de la suya.

Las tres lunas de Kinmoku, brillaban en todo su esplendor. Pero poco a poco, fueron opacándose con una cortina de diminutas estrellas fugaces que parecían llover luz sobre la superficie del planeta.

-¡Está lloviendo luz! Los diminutos puntos titilaban intensamente por todos lados, hasta apagarse a centímetros del suelo.

-¡Es verdad! Susurró Seiya, no sólo emocionado, sino consternado.

Había escuchado muchas veces de ese fenómeno, y casi tenía una idea clara de que podía ser, pero hasta estar seguro, era mejor no hablarle a Serena de él. Ya en su infancia era muy poco frecuente y sólo un par de veces lo vio en su vida antes del ataque de Sailor Galaxia. ¿Acaso era posible? Sacudió la cabeza en negación.

No. no podía ser…

Cuando la pluviosidad lumínica perdió intensidad, y luego cesó por completo, guio a su bombón de regreso al lecho, donde se durmieron abrazados. Ella extrañó un poco que no le abriera el portal de sus pensamientos, como la vez anterior, pero Él le explicó que de seguro estaban muy cansados y era mejor dormir lo antes posible, porque mañana sería un día importante y necesitarían de todas sus energías. De todas formas, podía sentir como los pensamientos de Seiya acariciaban dulcemente su espíritu, así que se sintió reconfortada y se durmió sonriendo.

El chico estrella casi no durmió, preocupado y cavilando, mientras abrazaba al hermoso tesoro que había tenido a bien devolverle el destino.

Continuará O.O