CAPITULO 20:

"Una verdad del porte de un transatlántico"

(Sé que ha pasado mucho tiempo sin actualizar este fanfic, espero volver a ponerle el hombro, mi imaginación divagó por otros derroteros los últimos meses con aquella loca historia llamada "Sailor Moon Twisted" Mis más sinceras disculpas T.T.

En el capítulo anterior, vimos como en Kinmoku del Pasado, Seiya y Serena habían llegado por fin a la Ciudad de Resplandor, donde habitaban los cuatro sabios elementales que podrían activar sus medallones, lo que les permitiría volver a su época y lugar, y tuvieron una interesante noche en el Palacio citadino de Lord Cuprimus, donde Serena quedó intrigada al ver que a altas horas de la madrugada llovía luz. Veamos ahora que sucede con sus amigos, más concretamente, con su prometido, jaja… ¿O debo decir ex prometido? ¡Bueno! ¡vamos allá!)

(Tokyo, En el presente.)

…El malestar que sentía en el esófago no era posible de calmar con PeptoBismol. Se sentía profundamente humillado y burlado, amén de sentir una curiosidad malsana por saber que estaría haciendo su prometida estando tan lejos de él, inalcanzable para interrogarla y presionarla sobre su relación con el cantante de pacotilla.

Desde que estaban comprometidos, jamás había sentido especial interés en las actividades diarias de su novia, era obvio que eran prosaicas y aburridas, como las de cualquier adolescente preuniversitaria de su edad. Sabía que cuando Serena no estaba salvando al mundo vestida de Sailor Moon, sus mayores preocupaciones eran comer, dormir, jugar videojuegos y leer historietas cómicas. Sin proponérselo, la había concebido como un ser plano, unidimensional, fácil de comprender… Y ahora pagaba el precio por ignorar que su espíritu pudiera necesitar más estímulo o estar insatisfecho con la cómoda rutina que llevaban.

Era obvio que cuando estuvieran casados tendrían tiempo de sobra para convivir o conocerse mejor. Ella jamás le había hecho saber que estaba disconforme ¿o sí? Estrujó su mente concienzudamente en busca de una respuesta… En sus recuerdos sólo podía ver a Serena constantemente sonriendo cogida de su brazo, intentando complacerle con las cosas que cocinaba y que sabían fatal, tratando de estrujar al máximo el escaso tiempo libre que él poseía para que la sacara de paseo, al cine, al parque… Como si de una niña consentida y mimada se tratara… ¿En qué momento había cambiado? ¿En qué momento había deseado algo más? ¿Estaba en él darle ese algo? ¡No puedo ser otra persona! Se dijo. ¿Qué clase de imposible patán romántico y complaciente necesita una mujer?

Entonces se le vino a la mente "el otro". Otro que ni siquiera era un hombre de verdad, ¡Por Dios! Con esa eterna sonrisa lambiscona y anhelante hacia su prometida… Había oído que había gente que cambiaba por amor, pero si para que Serena pudiera ser totalmente feliz tenía que parecerse a ese tipo… ¡Ni hablar!

Darien estrujó el mantel que cubría la mesilla del teléfono y al hacerlo el aparato se cayó al suelo con estrépito. En verdad, tenía los nervios de punta, ya no sabía que era lo peor de todo. En eso, sonó el timbre. Respiró profundo para poder calmarse. Una, dos, tres veces. El timbre volvió a sonar. Recogió el teléfono, se arregló la corbata y se aproximó a la puerta.

Apenas abrió, una punzada de temor y angustiado disgusto atravesó casi imperceptiblemente por sus rasgos morenos. La mujer, que estaba de pie en el dintel no se andaba con chiquitas, él lo sabía bien. Conocía de sobra esa expresión en su rostro…

-¿Rei? ¿Qué se supone que haces aquí?

-Es obvio que busco respuestas – expresó la sailor de cabello color ala de cuervo, intentando pasar, a pesar de que el cuerpo del dueño de casa le obstruía la entrada - Hola Darien, ¿Cómo estás?... (Manifestó ella, presurosa, con una sonrisa superpuesta sobre su faz, casi burlonamente) Ahora que ya se han cumplido las formalidades, ¿Qué se supone está pasando entre tú y Sailor Pluto?

-No tengo nada que decir… ¿Y por qué tendría que explicarte algo a ti? - la miró con desconfianza, intentando evadir el tsunami de fuego que se le venía encima.

-En calidad de ex novia, tengo derecho a saber – replicó Rei, mientras se colaba exitosamente al interior de departamento – no te preocupes, seré breve.

Darien le echó un vistazo rápido. Empinada sobre altísimos tacones y vistiendo minifalda y un suéter casual caído sobre el hombro, su ex novia se veía imponente. Su expresión no aceptaba un no como respuesta. Capituló. Suspiró.

-No hay mucho que decir… ¿Quieres un café?

Sus pasos se dirigieron a la cocina, donde sirvió un par de tazas de hirviente líquido, y sacó una bandeja de diminutos entremeses. Ella tomó asiento como si se lo hubieran ofrecido intrínsecamente. Echó un vistazo alrededor, como si lo que veía no le gustara, o como si buscara vestigios de una presencia. Una presencia que no había puesto un pie en el edificio. Él se sintió gratificado con la esterilidad de sus pesquisas. Hacía meses que una mujer no venía a verlo.

Rei lo observó desapasionadamente. No podía creer que casi había peleado con su mejor amiga a causa de este fantoche. ¿Adónde habían ido aquellos sentimientos? ¿Había acaso simplemente jugado con ella? ¿Estaría acaso haciendo lo mismo con Setsuna? Sailor Pluto podía ser mayor que la mayoría de las Sailors. Su reposado continente, su seriedad y su madurez hacían que casi siempre las otras chicas se sintieran unas niñas de pecho al compararse a la Antediluviana sapiencia de la Sailor del tiempo… ¡Pero estaban en el mundo real, pardiez! En materia de hombres, la mujer era toda una inexperta. Y pagaría muy caro el noviciado, al parecer…Cruzó las piernas con relajo y tomó la taza que le ofrecían.

Él se sentó frente a ella, poniendo la distancia de la mesilla de centro entre ellos, por prudencia. Conocía bastante a Rei. Tal vez después que hablaran le entrara un instinto asesino y deseara sacarle los ojos. Tomó un sorbo de café. Estaba muy bueno, era obvio, si lo había hecho a su gusto… Aún recordaba las veces en que su prometida había intentado preparárselo. Los café de Serena solían ir del Agua levemente teñida al barro espeso. Suspiró.

-¿Y? ¿Cómo comenzó la cosa?

-No te andas con rodeos, como siempre. Bueno… No sé si recuerdas. Pero hace unos meses, mientras hacía mi residencia, vine por un Fin de Semana Festivo, allá por Navidad. En el avión tuve la grata sorpresa de encontrarme a la amiga de Serena.

-"Ahora es la amiga de Serena" – murmuró su interlocutora.

-¿Acaso ya no son amigas?

-Continúa por favor, Darien y deja de hacer el tonto, que ya nadie te cree…

-Bueno… Ella me dijo que se estaba aclimatando en Nueva York y que unos tipos que vivían en el Departamento del piso superior al suyo le estaban haciendo la vida imposible. Fiestas, música fuerte, y cada vez que se cruzaban con ella en la escalera, la acosaban de muy mala forma. Ella podría haber hecho muchas cosas, pero estos tipos parecían andar en algo relacionado con drogas, y luego de haberlos dejado congelados en el sitio un par de veces, se dio cuenta que no era la mejor solución a largo plazo. Me ofrecí a ir a conversar con los vecinos, creyendo que a un hombre si le harían caso, quería que ellos pensaran que Setsuna no estaba sola…

-¿O sea, te fingiste su novio? ¿Y cuándo te empezaste a creer el cuento?

Darien pudo sentir su rostro enrojeciendo. Lo que venía a continuación no era precisamente motivo de orgullo para él. Llevaba tantos años ya, sintiéndose un ser superior, Príncipe de la Tierra y todo eso, - ¿Futuro gobernante del planeta por mil años? - que a pesar de la frustración de no haber manifestado poder sobrenatural alguno (Él le echaba la culpa al accidente de sus padres y a sus problemas psicológicos) así que le fue bastante complejo admitirle a Rei que los tipos, un par de enormes y fornidos norteamericanos, habían barrido el suelo con él. Fue muy cruel de parte de ella reírse de esa forma, pensó.

-Así que quedaste hecho un guiñapo – concluyó ella, sin poder ocultar una sonrisa – Y la pobrecita de Pluto estaba ahí para sanar tus heridas ¿No?

-¡Creo que me conoces lo bastante bien como para saber que si no hubiera estado inconsciente me habría ido de inmediato! – Sus mejillas ardían inmisericordemente - Pero de todas formas, temía que los tipos regresaran. Setsuna me curó y vendó lo mejor que pudo. Llamar a la policía habría sido inútil considerando la fama del Sector. La conmine a salir de ese ambiente y mudarse conmigo un par de días mientras encontraba un nuevo departamento…

-¿Y los dos días se hicieron meses? – preguntó Rei, reprobadora.

-La verdad llegábamos al departamento desde la Universidad a casi puro dormir, pero se me empezó a hacer grato la cena caliente, la mano de una mujer femenina y dedicada, no me daban ganas de echarla a la calle. Setsuna es ordenada, silenciosa... De todas formas era bueno tener un poco de compañía. Los Fines de semana íbamos a algún Concierto, comentábamos libros de autores Americanos y Europeos e íbamos a salas de Exposición Artística…. Descubrí, con sorpresa, que a pesar de su aislamiento en el Portal del Tiempo tiene un gusto exquisito.

-¡Y ni siquiera llamabas a Serena! ¿Acaso pensaste en contarle?

-Creí que Serena se pondría celosa – Darien se rascó la cabeza con incomodidad, ambos ya sabían que las reacciones infantiles de la princesa de la Luna no era precisamente maduras – y haría alguna escena de esas... ¡Además éramos muy cuidadosos en nuestro trato! ¡Si hasta la ducha la usamos cuando el otro no está! Era un buen arreglo – Agregó, y se quedó mirando el piso –Pero…

-Pero… ¡Vamos, deja de darle vueltas! ¿Qué sucedió? – Rei lo apremiaba con ojos hambrientos. Aún alguna ceniza de celos debía quedar en el incendio de su alma ígnea.

Fue una tarde que estábamos pintando uno de los cuartos, para que Setsuna se instalara en forma definitiva. Ella se encontraba sobre una escalera de tijeras, y de pronto se fue la luz. Al parecer había sido un desperfecto eléctrico. Le ayudé a bajar en medio de la oscuridad y aterrizó entre mis brazos. Tal vez debimos salir de inmediato al exterior, no quedarnos ahí dentro solos. No en la oscuridad y el silencio en el que sólo podíamos oír nuestra respiración y el latido de nuestros corazones…

A la mañana siguiente, quería morirme. Me sentía tremendamente culpable, y ella, miserable y traidora. Sólo una pequeña parte de nosotros se sentía feliz de haber encontrado consuelo en un alma gemela – manifestó Darien, casi temblando de vergüenza con la vista clavada en el piso.

-¡Eres un imbécil! – Rei no aguantó más y llegando en un santiamén a su lado lo abofeteó, sus mejillas también ardían, pero de rabia - ¿Cómo pudiste?

-No he vuelto a tocarla desde entonces – alegó Darien con la mano sosteniéndose el rostro – No tienes derecho a juzgarme… No sabes lo difícil que ha sido asumir que tengo que pasar el resto de mi existencia con una niña tonta…

-¡Serena no es ninguna niña tonta! – gritó la sailor del fuego, intentando controlarse – Sé que la llamo así todo el tiempo, pero en el fondo es la más fuerte y buena de todos nosotros… Nos gusta creer que es una chica indefensa que necesita protección, pero… tal vez sea sólo para justificar nuestra propia utilidad. No entiendo cómo pude haber estado enamorada de ti – culminó con resentimiento - ¿Así que fue por eso que ella se marchó con Seiya?

-¡Para nada! – Él se había calmado pero su sola mención le volvió a encender la sangre - ¡No le he dicho ni una sola palabra! Al parecer ella también tenía sus propia agenda…

-Mira… - ella se estrujaba las manos con nerviosismo, miró por la ventana, donde el sol anaranjado expiraba en el horizonte, para intentar calmarse un poco y ordenar sus ideas antes de decir algo – Yo lo sabía… de alguna forma, lo sabía. Todas esas veces que los vi juntos, durante ese año que tú no estuviste y las estrellas estuvieron en la Tierra, cada una de las veces que Serena y Seiya estaban juntos… ¡Brillaban! ¿Entiendes? Como si sus auras se complementaran, tú sabes que soy una sacerdotisa, sé de esas cosas, y nos vimos en graves aprietos para mantenerlos separados, sobre todo si se veían a diario en el Colegio. Serena era inocente. Ella daba lo mejor de sí para que la cosa sólo quedara en una excelente amistad, pero… cuando no podían verse, aunque supo desde un principio que ellos se marcharían, no podía ocultar su dolor. Estoy segura que eso la ha estado corroyendo por dentro todo este tiempo. Sólo puedo imaginarme la alegría y la confusión que se le vinieron encima cuando Seiya volvió…

-¡Seiya, Seiya! - Darien comenzaba a impacientarse – ¡Ya estoy aburrido e escuchar ese nombre! ¿Cómo pudo llevarse a Serena? Según sus padres, ellos pasaron el fin de semana juntos y no conforme con eso, ¡Ahora se llevó quién sabe dónde! ¿Y dices que yo soy el irresponsable?

Rei tomó su cartera y se puso de pie.

-Yo que tú no me quejaría, piensa que ella te fue fiel a pesar de que no estabas, te esperó todos estos años para que te quedaras con ella en forma definitiva… ¡En verdad debe ser un poco tonta para haber esperado tanto!

El príncipe de la Tierra comenzaba a perder la paciencia.

-¿Te olvidas que ese tipo es medio chica? ¿No entiendes la enorme afrenta que significa todo esto para mí?

-No soy tú, así que no puedo comprender del todo el menoscabo que han significado los últimos acontecimientos para tu hombría - culminó la chica de largo cabello oscuro que caracoleó merced a las corrientes de aire que se formaron cuando abrió la puerta – Pero estoy empezando a creer que lo que dicen Mina y Michiru es bastante aterrizado, "Solo una mujer puede comprender a cabalidad el alma de otra mujer" – agregó con un guiño y salió, alejándose con rapidez, mientras sus tacones marcaban el ritmo de sus pasos con donaire.

Darien se mesó los cabellos. ¿Y ahora? ¿Qué se supone que pasaría con el tan mentado "Futuro Milenio de Plata"? Todo se estaba yendo al garete, incluido su matrimonio. Aunque para ser sincero, sabía que esto último era un alivio. Si tanto quería a su prometida el tal "Seiya" que se la quedara y con su pan se la comiera. Si ni siquiera era tan buena en la cama, se consoló. Eran su dignidad y su orgullo los que estaban más lastimados. No llegaba tanto a desearles mal, ojala volvieran luego, que ya tendrían un par de explicaciones que darle. ¡Sí, señor!

El café se había enfriado. Tiró el contenido al desagüe y lavó las tazas. Decidió tomar su chaqueta y salir a caminar un rato. De nada le serviría seguir encerrado en el departamento dándole vueltas y más vueltas al asunto. ¡Necesitaba aire!

Continuará…