CAPITULO 22:
"Trabajo en Equipo"
(Tokyo, En el presente.)
Miró por segunda vez el edificio. Le daba pereza entrar. Seguro el Agente lo atosigaría a preguntas, además, al ser un edificio de oficinas, donde varios representantes de estrellas famosas residían, seguro más de alguno lo reconocería y se colgaría de él para intentar convencerlo de tomar un contrato ¡Qué fastidio! – Se dijo Yaten con un bostezo - ¡Todo por culpa de ese cabeza de repollo de Seiya!... ¿Por qué tendría que venir a vacacionarse a este peladero de planeta? Ah, claro… Por la rubia - Él y su mal gusto… - suspiró.
Miró al cielo para hacerlo testigo de su desaprobación. En verdad, ya no pensaba así, pero no era de su grado andar desdiciéndose por ahí. La chica, que al final era una Princesa y más encima les intentó proteger del enemigo y hasta los revivió. En verdad no era tan mala persona. Demasiado pegote y melcocha, no tenía la elegancia y delicadeza de Kakyuu, eso sí. ¡Pero las amigas! Sobre todo cierta rubia, que parecía poseer energía y alegría para repartir. A pesar de todos sus esfuerzos por ignorarlo, había dejado una pequeña huella en su espíritu. ¡Pero hubiera preferido la muerte a reconocerlo!
Tal vez… - Una idea genial se le vino a la mente - ¿Y si se convertía en su yo femenino? Los agentes jamás habían visto a la platinada Healer – barruntó.
Luego se imaginó que la agarraban igual, para que saliera de sonriente modelo de algún producto con un diminuto bikini… ¡No! ¡Qué horror! ¡Si al menos pudiera teletransportarse a la oficina del condenado! ¡Demonios! – El platinado pateó una lata y se metió las manos en los bolsillos.
En eso… unas largas piernas de chica llamaron su atención. Una cabellera rubia larga, despampanante… La dueña se le hacía conocida. ¿Era posible? Se eclipsó lo más que pudo. Lo que menos deseaba en ese momento era encontrarse con ella, justo ahora que la había estado pensando. Sus mejillas adquirieron un molesto color carmesí - ¡Que no me vea! – se dijo.
Como si ella hubiera percibido su presencia, se volteó hacia su dirección y justo, como el platinado temía, sus ojos se fijaron en él.
-Ah, hola Yaten.
Apenas una sonrisa se dibujó en los labios de Mina. El joven se sintió confundido. ¿Era la misma Mina Aíno que él conocía? Levantó la mano y la saludó.
-¿Cómo es que llegaste acá?
-Recordé que esta era la dirección de su antiguo agente, y me pregunté si Seiya se habría puesto en contacto con él – Explicó, callándose lo mucho que había rondado este lugar hace años, buscándolos con insistencia. Ya no había caso. Sabía de sobra que ya tras marcharse a su planeta no volverían más. Había sido una sorpresa capaz de remecerle el piso el saber que estaban de vuelta (Buscando a Seiya, nada más, se recordó a sí misma, no era una visita social). No volvería a ilusionarse como antaño.
-Estás… hmm…. Diferente – Musitó Yaten – Le era difícil expresarle con palabras la extrañeza que le producía esta nueva parquedad. Estos silencios incómodos que antes eran llenados cómodamente y con colmo por la verborrea incesante y entusiástica de la rubia.
-Se llama "madurar" – murmuró Mina, que observaba atentamente el edificio NEWSTARS y se volvió hacia él envolviéndolo en su mirada azul líquido – Como verás. Ya no soy una adolescente. Estoy preocupada por mi futuro y por la salud de cierta amiga desaparecida.
-¡Pero de seguro, ella está igual! Igual de boba, igual de poco interesante, igual de impuntual… igual de enamorada de su prometido ¿No?
La rubia dejó pasar por alto los insultos hechos a su amiga y se quedó procesando la última parte con atención reconcentrada.
-¡Claro! Tu "amiga" estaba tan fascinada con haber vuelto a la vida al inútil de su novio que ni siquiera se despidió apropiadamente de Seiya… Estoy seguro que fue eso lo que lo ha tenido desvelándose estos últimos años. Pensar que las cosas podrían haber sido diferentes. No sé cómo puede aferrarse tanto a cosas como esas. Nos ha sido imposible lograr que siga adelante con su vida.
-¡Pero es que ahora las cosas SÍ son diferentes! – Masculló ella, molesta – ¡Serena al fin se ha dado cuenta de que se basta a sí misma y que no necesita ningún príncipe que venga a su rescate o que le dé ordenes de último minuto! - cogió aliento – Ella también ha madurado… Se ha dado cuenta de bastantes cosas en verdad. Y aún le queda conocer la peor - recordó avergonzada – Los príncipes azules, no existen. Son tan fútiles e imperfectos como cualquier tipo común y corriente…
-Mina…
Yaten estaba sorprendido de la cantidad de amargura que destilaban las palabras de su amiga. El mundo ideal que se habían forjado las chicas, se había fundido como el hielo bajo sus pies, y baja él había descubierto un suelo barroso nada atractivo en realidad. ¿Será que Serena Tsukino también se habría dado cuenta?
¿Cabría la esperanza de que Seiya tuviera al menos una oportunidad? Había sentido tanto miedo… de volver a verla llegar a Kinmoku derrotada, herida, inmovilizada por la inutilidad de sus sentimientos. Profundos y prohibidos sentimientos hacia la Princesa de la Luna. Que jamás podrían ser evidenciados y/o correspondidos. La muchacha era demasiado tonta y feliz para darse cuenta de ellos. Por eso la culpaba amargamente. Como si hubiera danzado alegre e inconscientemente sobre los pedazos rotos del corazón de su hermano/hermana.
-Había perdido toda esperanza de volver a verte – Suspiró ella, sintiendo que se hundía peligrosamente en el océano verde de esa mirada atormentada y sumergida en el caldero de sus propios demonios – Después de todo, no ha sido tan malo.
-¿Entramos? ¿Quieres… que entremos… juntos?
Mina lo miró sorprendida. Barruntó que el viejo Yaten nunca habría propuesto algo así. Tal vez habría dicho. "Iré solo, tú solo me estorbas" Y se habría alejado con las manos en los bolsillos, sin darle la más mínima oportunidad… ¿Será que él también la había extrañado, aunque fuera un poquito? Tranquilo, corazón mío, se dijo a sí misma. Sólo un pequeño montón de fichas al número de la suerte. Apostaría una esperanza del tamaño de una habichuela, así podría retirar indemne su corazón si las cosas no salían de la manera esperada. Una apuesta mezquina, pero al menos era segura, parte de su nueva madurez.
-¡No necesitas cogerme de la mano! – protestó el platinado, enrojeciendo.
-¡No quiero que te pierdas, chiquitín!
-¿Qué has dicho? – El verde líquido se había vuelto un infierno de lava color esmeralda.
-Son viejas mañas – replicó ella con una carcajada. No podía evitarlo. Una pequeña porción de su corazón estaba indomablemente entusiasmado y feliz.
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-El Sr. Muburo saldrá en un momento – dijo la recepcionista, que, acto seguido, les trajo un par de capuchinos y volvió a sus labores.
La vista de Yaten divagó en una revista. Se sentía nervioso. El cuerpo y la mente de su acompañante se veían felizmente relajados. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta lo atractiva que era Mina? Se preguntó. Tal vez porque la boca no le paraba nunca es que no había reparado en ese pequeñísimo detalle… Bueno, era mentira. La verdad si se había dado cuenta aquella vez, cuando la vio bailando y cantando "La ruta de Venus" dando lo mejor de sí. Tal vez no era algo importante ser una estrella. Para él sólo había sido un método para buscar a su Princesa. Si lo analizaba bien, un método un poco improbable, de todas formas, había sido idea de Fighter. ¿Cómo es que Taiki y él, siendo tan inteligentes, siempre terminaban siendo abducidos a la vorágine de energía de la audaz belleza morena? Por eso había dolido tanto. Eso. Verla apagarse día con día. Como si hubiera perdido un miembro de su cuerpo y el dolor de su ausencia navegara en cada gesto palpable. No podía perdonarle eso a Sailor Moon. Consciente o inconsciente, era la culpable.
-¡YATEN KOU! ¡PE-RO QUE SOR-PRE-SA! – El agente no cabía en sí mismo de alegría - ¿Sabes que eres justo la persona que necesitaba ver?
-¿Qué?
-¡Necesito una persona exactamente como tú para un comercial! ¡No puedes decir que no!
-Bueno, la verdad, necesito un poco de efectivo ya que estaré en la ciudad unos días, pero, pero vine a hablar contigo por otros motivos…
-¡Dije – que- no – podías – decir – que - no! – El agente cambió drásticamente su expresión a algo parecido a un demonio. Sus ojos echaban llamas amenazadoras en este preciso momento, hasta Mina se asustó - ¡Te necesito con urgencia para esta publicidad de platillos congelados!
-¿Platillos congelados?
-Sí… - la expresión del Sr. Muburo se volvió ensoñadora como por ensalmo – "Tan buenos como hechos en casa con amor" delicias "Tako roko"…
-Los anillos de pulpo "Tako roko" son celestiales – se saboreó Mina ensoñadoramente - ¡Debes hacerlo Yaten! Es un honor representar a esa marca…
-¡Yo no vine a promocionar delicias de pulpo! Vine a averiguar sobre mi hermano, ¿recuerdas?
-Tsk, tsk… Bueno, no has cambiado nada, Yaten, veo que continúas exactamente igual de difícil de convencer. ¿Debo incluir un auto en el convenio? A tu hermano le pareció bien la prima de ese contrato…
-¿Entonces mi hermano sí estuvo aquí? – El joven se puso en pie de un salto y cogió al amanerado agente de las solapas - ¡Vamos! ¡Habla de una vez!
-Ara, ara, ¿Entonces los hermanos Kou no son tan comunicativos como yo creía? Se veían unidos… ¿serán celos profesionales?
-¡Muburo idiota! ¡Solo estoy buscando a Seiya porque necesito hablar con él con urgencia!
El agente se soltó de la presa de Yaten y se retrajo sobre sí mismo en obstinado silencio.
-Hmm… Si aceptaras hacer el comercial, yo… Lo pensaría, ¿No? Entregarte la información del último contrato de Seiya, tal vez, lo consideraría, sí.
-¡Grrrrrr!
El hermano platinado parecía a punto de explotar.
-Eh, Sr. Muburo, perdone la actitud de mi acompañante – surgió una voz, intentando poner paños fríos y el agente por primera vez paró mientes en forma cabal de que Yaten no se encontraba sólo, tal había sido su concentración en representar el papel de agente insoportable que casi no había notado a la rubia parada enfrente de él – Es claro que Yaten aceptará encantado hacer el comercial de "Delicias tako roko" – Ella se volvió disimuladamente al platinado con una expresión asesina que no aceptaba un no como respuesta.
-¡Bien! – Sendoh Muburo se recuperó rápido y cogiendo el comunicador con presteza, llamó a sus ayudantes - ¡Kenziki, Yubaki! ¡Vengan de inmediato! Necesito maquillaje, caracterización y estilista para Yaten Kou, ¡de inmediato!
-¿Qué has hecho? – Yaten se revolvió desesperado y furioso contra el brazo de la chica que lo contenía – ¡No tengo gana alguna de rodar ese comercial de ese odioso pulpo…!
-¡Más respeto con Takoyaki san! – refutó Mina, mientras la mascota de "Delicias tako roko" se abalanzaba sobre ambos para abrazarlos con sus ocho patas.
-¡AGGGHHH! – El platinado se soltó de inmediato como si le hubiera dado un choque eléctrico – ¡Vuelve a tocarme, fenómeno y te quiebro los brazos de verdad!
El pulpo rosado se alejó con celeridad.
-¿Por qué tienes que ser tan grosero?
-¿Yo? ¿Grosero? ¿Quién me incluyó en esta locura sin siquiera consultarme? ¡Eso si fue grosero! – Alcanzó a gritar Yaten mientras los asistentes lo abducían hacia la sala de vestuario y maquillaje.
Mina se sentía culpable. (Bien, sólo un poquito) Al menos se entretuvo mirando como Yaten era torturado, o sea, vestido, maquillado, peinado… Se veía muy natural con el suéter color azul índigo y los jeans grises que había elegido para él. El escenario simulaba la cálida cocina familiar de un apartamento. Sugería la idea de algo tradicional, casero y entrañable.
-¿Y la chica? – El señor Muburo le gritaba a su móvil con franca desesperación.
- Lo siento, señor – la asistenta parecía totalmente alicaída – Anika se encuentra muy enferma. Acaban de ponerle una inyección y tendrá una semana más de licencia – culminó, viendo como su jefe también se desmoronaba.
-¡AHHH! ¿Qué voy a hacer? El dueño de la fábrica de delicias de pulpo va a demandarme si no le envío lo demos del comercial hoy mismo… ¡Llama a todas las chicas de la agencia!
-¡Pero solo Anika daba el tipo, señor! Las otras se verán muy falsas si les ponemos una peluca rubia o las teñimos… Recuerde que el comercial debe hacer énfasis en lo auténtico…
-Rubia auténtica – mascullaba el agente para sí mismo, cuando por ir distraído se tropezó con las largas piernas de Mina - ¡Tú!
-¡Perdone Sr. Muburo! – La rubia se disculpó con una reverencia – no lo vi venir…
-¿Has actuado en algún comercial antes?
-¿Yo?
-Vamos, no te hagas la sorprendida… - ¡Kenziki, Yubaki! Preparen a esta chica para una prueba de cámara, ¡Ya mismo, para hoy!
Mina estaba mirando a Yaten que la observaba entre horrorizado y divertido.
-¡Todo es culpa tuya! ¡Aguántate ahora! – Él le hizo un gesto de adiós mientras las asistentes la arrastraban hacia el tráiler de maquillaje y vestuario.
Media hora más tarde, traían a Mina de vuelta. Le habían puesto un vestido y un delantal de ama de casa tradicional japonesa. Habían puesto un maquillaje muy suave en sus ojos, rubor en las mejillas y brillo gloss en sus labios.
-¡Ja! ¡Pareces una señorita! – Se carcajeó Yaten.
-¡Parezco la viva imagen de mamá Ikuko! – Corrigió ella, mirándose al espejo – la mamá de Serena… - agregó mientras una gota gigante se insinuaba sobre su frente.
-¿Y por qué no tu propia madre?
-Mi madre es una fashionista – aclaró Mina – le gusta estar a la última moda, de ella heredé la belleza y el estilo… ¡Jamás se vestiría así!
-No te ves tan mal…
La parte difícil vino después. Luego de mucho ensayo y error, y de tirarse los pocos pelos que aún quedaban en la cabeza, el productor legró que Yaten y Mina hicieran una actuación convincente de ser una joven pareja de casados, que disfrutaba de las delicias congeladas de pulpo, hechas con tanto amor como si fueran hechas en casa. Los jóvenes debían mirarse con arrobo cómplice, sonrojarse, y el marido agradecerle a la esposa por la exquisita comida que le había preparado. Luego agregarían por computadora a la mascota de la empresa guiñando un ojo y varios pulpos animados por computadora.
-De esta manera nos ganaremos al segmento universitario y a los recién casados, explicó el dueño de la empresa "Tako roko", los jóvenes disponen de poco tiempo para cocinar ¿Qué hay de malo en usar todos los recursos disponibles? Las dueñas de casa sacrificadas son una especie en extinción. Ver la novela, salir de compras y revisar las redes sociales son parte de la vida de una ama de casa moderna…
-¡Te mato si me das pulpo congelado cuando nos casemos! - murmuró Yaten entre dientes en una toma.
Mina se puso tan nerviosa que le dio un ataque de risa y no pudo seguir filmando hasta casi 40 minutos después.
-¡Perdón, perdón! – se disculpó haciendo reverencias - Es culpa de Yaten…
-¡Esta es la buena! – exclamó el director haciendo sonar la claketa por enésima vez. Quería que la toma fuera perfecta.
Una vez que el comercial terminó de filmarse, interrogaron al Productor. Ahora sí les contó como Seiya había ido hace algunos días a pedirle algún trabajo y que él se lo había conseguido de inmediato. Que parte del pago había consistido en un auto nuevo y par de meses de arriendo de un pequeño departamento. Por lo visto su hermano pensaba quedarse bastante tiempo… ¡No figuraba dentro de sus planes desvanecerse en el aire!
La tarde comenzaba a ponerse fría y oscura cuando al fin lograron dejar el edificio de NEWSTARS.
-¿Qué te sucede ahora? ¡Estás pálida!
-Tengo – mucha – hambre… - Mina se agarró el estómago – No como nada desde el almuerzo.
-Hay un café por aquí cerca, ¿Quieres acompañarme?
-Yo…
-No habrá otra oportunidad – se impacientó el chico platinado - ¿Vienes o no?
-Está bien – Respondió Mina. Por más que intentaba que sus bonos se mantuvieran en "cool y calmado", definitivamente amenazaban con arrasar de entusiasmo debido a esa invitación.
-¡Gracias por invitarme! – dijo mientras se sentaban a una mesa.
-¡No es nada! Además tenía que agradecerte pro ayudarme a sacarle la información a Muburo, en general suele ser bastante complicado para sus cosas, además…
-¿Además?
-Te veías muy fea con la cara grisácea… por cierto, ¡nada de pulpo!.
-¡Está bien! – Masculló la chica con un leve temblor de enojo. Mantenerse fría era lo mejor – Nada de pulpo. Quiero Soba, onigiri y camarones fritos ¿Te parece?
-¡Bien! Yo quiero lo mismo – le explicó a la mesera- Y dos coca-colas.
-¡La mía Light! – recordó Mina.
-¿Así que no quieres engordar? ¿Todavía quieres ser una artista famosa?
-La verdad, estoy estudiando Historia de Arte – señaló la rubia – Me encontraba en Florencia cuando ocurrió el Pulso Espacio Temporal…
-¿Acompañada? – Él se volvió hacia otro lado. No quería que de pronto le traicionara un leve temblor en la barbilla, pero ella no lo notó.
-Sí- Yaten la miró de reojo – Por dos gatos. Luna y Artemis me acompañaron. Parte del recorrido lo hice "mochileando" y pidiendo aventón. Ellos cuidaron de mí.
-Eres muy irresponsable – Él se cruzó de brazos y simuló examinar a otra chica sentada varias mesas más allá – Te podría haber sucedido algo malo.
-Europa es caro. Y quería usar mis propios ahorros. Trabajo en un pub sirviendo las mesas.
-¿Y en eso se ha quedado tu sueño de ser una artista? Eres una mediocre…
-No es cualquier pub, una vez al día me subo al escenario a cantar. Ya tengo… ya tengo algunos fans que van sólo a verme, aunque no entiendo por qué rayos estoy contándote esto a ti, si ni siquiera te interesa…
Yaten estaba mirando hacia otro lado y fingía estar distraído.
-Sé que tú me invitaste, pero no me parece que eso justifique que seas tan evidente… - Mina se puso de pie y caminó hacia la salida.
Él dejó un billete sobre la mesa y la siguió.
-¡Espera! – Cogió el brazo de ella en el preciso momento en que se alejaba taconeando por la acera. Ella bufó y se volvió a mirarlo.
-¿Qué quieres? ¿No te burlaste suficiente ya de mí?
Las plateadas guedejas de su flequillo le tapaban los ojos. Yaten se sentía sonrojado como un idiota.
-Aguarda… yo… No quería ser tan antipático contigo. Siempre has sido tan independiente, supongo… Supongo que te tengo un poco de envidia – Reconoció.
-¿Envidia? ¿De qué?
-Bueno… la reconstrucción de Kinmoku no ha sido fácil. Las labores de Guardiana de la Princesa no son precisamente glamorosas ni edificantes… Es sólo una rutina de vigilancia constante. Tus amigas y tú parecen haber madurado mucho en estos años, nosotros, estamos igual. No ha habido sueños que perseguir ni metas que alcanzar para Taiki, Seiya y yo.
-¿Así que he madurado? – Mina sonreía con los ojos.
-Pero estás más vieja también…
-¡Enano malcriado! – Ella le tiró las guías del flequillo e intentó escaparse.
-Eh… de todas formas, tengo que encontrarme con Taiki para informarle…
-Y yo con las chicas… Creo que… ¿Te veré otro día, no?
-Tal vez – Sonrió Yaten – De momento no me apura verte de nuevo – agregó rascándose la nuca.
-Eres un tonto, como siempre…
Mina se alejó taconeando calle arriba.
Yaten se quedó mucho rato observando el espacio por donde la muchacha había desaparecido. El aroma de su cabello se le había quedado impregnado en la nariz. Y algo le decía que, tarde o temprano, volverían a encontrarse. Sólo podía suspirar de momento, esperando y prometiéndose que la próxima vez no se comportaría tan odioso. ¿Quizás?
Continuará ^_^º
