CAPITULO 24:
"Ella ocupa su lugar"
(Tokyo, en el presente)
"La paciencia es la flama que quema en el alma del cauto,
hay más fuego en aquella dolorosa espera anhelante
que en la combustión rápida y efímera de una hoguera.
¿No incendia más, acaso, el fuego perpetuo de la cancela,
del coto vedado, de la valla ajena, de la manzana brillante,
sedosa y en sazón en la rama acuciante de la heredad del vecino?
El ardor, las llamas que lamen tu esencia por eones,
la sed acuciante, el freno que restalla y te mantiene distante…
¿No son acaso acicate de tu apetito y de tu miseria?
Mi alma se retrae… Pero dentro de sí, se angustia y te busca…
Te buscan mis ojos para calmar su sed.
Te busca mi piel, pero teme rozar la tuya.
Te busca mi alma y llora en su cobardía.
Pero adivinarte siempre, en cada cosa perfecta,
saturarme de ti hasta en el roce del agua casta,
mantener siempre en vilo la terquedad de tu sombra,
de tu efigie distante, del fantasma de tu sonrisa…
¡Eso es fuego y calor, lo demás, caricia insípida!
Taiki emitió un gruñido de descontento y cerró el cuadernillo que descansaba en su regazo. Hacía mucho que no sentía el balido de esa oveja persistente, de esa abeja zumbona junto a su oído, que no lo dejaba en paz hasta que no se vaciaba en letras.
Sabía que no podría decírselo. Decirle cuánto había evitado su contacto, cuánto había luchado contra sus propios instintos, ya que (Aunque Seiya y Yaten dijeran lo contrario) él también los poseía. Nunca les dijo nada, y se decía a sí mismo que así era mejor y era tarde para echar marcha atrás.
Otra vez se encontraba atrapado en este cuerpo de hombre… Le gustaba la soltura con que se movía, la falta de cuidados que eran ajenos a su encarnación femenina, más delicada.
Además, a casi todo el mundo le parecía bien su altura, en cambio, cuando era una chica en Kinmoku, siempre, (Como solían decir los maestros de la academia) era la última en la fila y la primera en la clase. ¿Admirada? ¿Apreciada? Sí, eso estaba bien, pero amada, codiciada, invitada a una cita… nunca. EL noventa por ciento de los muchachos eran de su talla o más bajitos. Y a ella solía no importarle, no ser tema ni preocupación. Aunque a ratos se sintiera un poco sola. Veía a Seiya y a Yaten (En sus encarnaciones de guardianas femeninas) devanear con jovencitos, recibir cartas de amor, flores de fuego y mientras más solitaria se sentía, más se enterraba furiosa y empecinadamente en los libros. Siempre se juraba jamás llorar por la falta de amor. Era el último tema de su agenda.
Eso hasta ese día de su lejana pubertad… Cerró el tema en su mente cortándolo de golpe. Él ya no estaba. Era escarbar una herida dejar salir el fantasma de su recuerdo.
Había oído decir innumerables veces que las estrellas traían suerte, señalaban el destino y el amor… Pero nunca para sí mismas. ¿O sí? Detuvo el hilo de sus pensamientos y se maldijo. ¿Acaso la había llamado con el pensamiento? Se preguntó al vislumbrar, casi adivinando, su silueta en la distancia.
No era posible. Era Seiya quien dominaba mejor esa habilidad mental. Contrario a lo que se pudiera creer al verla una vorágine de energía y movimiento, ella (O él) solía alcanzar niveles de concentración y meditación mucho más profundos, tal vez porque la mente de Taiki siempre estaba rebosante de preocupaciones, nuevos conocimientos, estudio, planificación… Cuando descubrieron este hecho, fue Yaten quien zanjó socarronamente la cuestión, diciendo, que como la cabeza de Sailor Fighter estaba vacía, excepto por aire caliente, le era mucho más fácil concentrarse.
Pero el hecho concreto e ineludible, es que ella estaba inequívocamente parada frente al edificio. Llevaba un vestido floreado en tonos blancos, celestes y azules, una chaqueta de color neutro, y el adorable cabello corto peinado con esmero. Taiki no tuvo más remedio que apearse del vehículo de alquiler y acercársele.
-¿Ami? ¿Qué haces aquí? – Susurró.
-¿Taiki? – Una sonrisa tímida asomó a los ojos de la muchacha de cabello azul y desapareció gradualmente fundida con perplejidad y asombro – Estaba monitoreando los residuos energéticos de Serena y ellos me guiaron hasta este lugar… ¿Y tú?
-Bueno… - Él se rascó la cabeza, incómodo al no tener algo tan espectacular que decir – Acabo de hablar con Yaten, me dijo que el agente de Seiya le había dado esta dirección como su nuevo "cuartel general".
-Son unos departamentos pequeños pero bastante exclusivos, construidos por JFE Holdings para artistas y excéntricos amantes de la privacidad -Razonó ella – Ojalá nos dejen pasar. Creo que debieras probar suerte primero, tú eres su hermano.
Pero la suerte no parecía estar de su lado este día.
-Lo siento señor, no me importa si es sobrino de Bon Jovi o primo de los Jonas Brothers, el Sr. Kou no dejó ninguna nómina de personas que pudiéramos dejar pasar ¿Tocó el timbre? Si quiere puede dejarle una nota y yo se la entregaré personalmente cuando se apersone.
-Es obvio que no se encuentra – Taiki sintió que una vena le latía en la frente, no podía decirle a este hombre que su hermano estaba más lejos de lo que se pudiera imaginar - Le prometo que si no fuera algo urgente… - Pensó desesperadamente, ¿A qué se debía esta falta de ideas? Deseó fervientemente convertirse en Sailor Maker y dejar viendo estrellas al conserje… Tranquilo Taiki, se dijo, este hombre sólo está cumpliendo con su deber.
-Agghhhh… - Vio a Ami entrar en la recepción sujetándose el estómago - ¡Mi apéndice! ¡Ayúdenme!– Acto seguido se arrojó al suelo con suavidad y siguió gimiendo en voz baja con los ojos cerrados.
La coleta castaña del joven describió una graciosa parábola abanicando el aire, mientras se lanzaba en pos de la chica, le tocaba el pulso, la frente, y el presuntamente inflamado abdomen.
-¡Rápido! Llame a un doctor, a una ambulancia ¿Qué espera? ¡Podría ser peritonitis! ¡Imagine si la chica muere en el hall del edificio!
El hombre, que lucía una atildada apostura y un cuidado bigotillo parecía al borde del colapso, incapaz de moverse. Finalmente reaccionó y marcó el número de emergencias. Palideció.
-¿Qué sucede? – Lo increpó Taiki.
-El teléfono está muerto…
-¡Haga algo, por el amor de Dios! ¡Consiga un celular o una tableta!
El hombre salió de estampida.
Sólo eso esperaban los jóvenes. Taiki ayudó a Ami a ponerse de pie y ambos se metieron a la velocidad de la luz dentro del ascensor.
De pronto, ella estalló en carcajadas. Taiki decidió alivianar también su tensión, y la secundó hasta las lágrimas.
-Tú… - Dijo, intentando regularizar su respiración y aún hipando – Casi me creo que estabas lastimada…
-Jamás había hecho algo así – jadeó Ami – Tú estabas tan histérico que casi me da un ataque de risa…
-Es que actuabas tan bien que casi me lo creí y me preocupé – Se tapó la boca luego de decir eso - ¿Entiendes? ¿Cómo lo hiciste con el teléfono?
-Interrumpí la señal del satélite, sólo triangulé las antenas cercanas y redirigí el flujo potencial hacia direcciones opuestas… - Aseveró ella, secándose las lágrimas - Fue pan comido.
Taiki la observó con admiración. Se sentía cautivado por sus muchos talentos. Se preguntó si ya tendría alguien en su vida. Era imposible que no fuera así. Una oleada de lástima por su propia y autoimpuesta soledad lo sacudió como un ramalazo.
Ami lo observó de reojo. Las guedejas castañas de su bien peinado flequillo se habían desordenado y caído sobre su amplia frente de alabastro. Sus ojos de indefinible color jalea de moras, jugo de arándanos y fresa brillaban humedecidos como joyas amatista. Las mejillas levemente encendidas y la vigorosa respiración le daban un aire juvenil como nunca le hubiera observado, como tal vez, sólo en aquella memorable ocasión del concurso de cocina, donde le vio reír a carcajadas cuando Serena estropeó la receta. Su corazón se estremeció de ausencia y añoranza, como si no hubieran pasado años desde la última vez que viera a Taiki.
Taiki callaba. Como si el tiempo y el espacio se dilataron y muy a pesar suyo, él sintió como si su memoria diera un vuelco y se abriera hacia el pasado que en vano deseaba mantener enterrado… En su mente, la sonrisa franca, pero ligeramente torcida con malicia, la piel bronceada, el cabello exótico verde claro, la cicatriz que surcaba su mejilla y por fin, los inocentes ojos color agua tranquila, idénticos a los de Ami, parecían estarlo contemplando desde su rostro.
El ascensor se detuvo quebrando inmisericorde el momento.
-¡Vamos! – Dijo con voz que intentaba oírse firme y normal, cogió la muñeca de la chica, y la sacó al pasillo con evidente celeridad. Rápidamente dieron con el número del apartamento. Obviamente, la puerta de pulido cristal esmerilado estaba cerrada. Bien cerrada.
La respiración de Ami se normalizó. Aún sentía pequeños temblores subterráneos sacudiendo las terminales nerviosas bajo su dermis. Debía concentrarse en el problema presente, pero aún se sentía algo nerviosa y emocionada. Taiki ya era el de siempre. Volvía a ser cínicamente frío y analítico. ¿Dónde habría aprendido ese frío desplante lógico? Sus hermanos/hermanas no eran así… Debió haber una influencia importante en su vida para canalizarlo hacia ese ascetismo y profilaxis emocional. ¿Alguna disciplina? ¿Algún tutor? Se maravilló de no habérselo preguntado antes. Supuso que era una pregunta demasiado personal. Y sí que lo era.
-Así como lo veo - Analizó el muchacho – Creo que tendremos que causar un cortocircuito en la cerradura digital.
-Tienes razón… Estos departamentos se abren con una tarjeta que trae un microchip y un código de barras asociado… Si pudiéramos "engañarla" desactivando el sensor que lee la señal… - Dubitó Ami – Sí, podría funcionar. Podemos usar la batería de un celular y los cables de un audífono.
-¡De prisa! – Sacando un pequeño cortaplumas Taiki desbrozó las puntas de alambre de cobre del audífono y conectó los cables a los polos de la batería que le entregó ella tras sacarla de su tablet – Escucho voces en la planta baja. Tal vez el conserje ha llamado a los guardias de Seguridad.
Ami era algo atea, su creencia en la Ciencia y la Tecnología anulaba casi cualquier creencia religiosa, pero sus abuelos eran fervientes budistas así que, en el fondo de su corazón, pidió a Kamisama que por favor funcionara su plan.
Un chispazo salió del dispositivo de la puerta.
Luego interconectaron el móvil al chip de la puerta y procedieron a anular el sistema de seguridad ingresando un programa hackeador de contraseñas.
Las voces eran cada vez más cercanas. Como Taiki había inutilizado el ascensor habían obligado al encargado y sus acompañantes a subir por las escaleras. El sudor resbalaba por la frente de ambos. Era ridículo. No podían detenerlos por una cosa tan nimia, sólo debían desconectar el cable USB de la pared y cerrar la caja de controles y nadie vería anormalidad alguna en la puerta, pero era obvio que, el reto a sus agudas inteligencias también estaba en juego.
-¡Funciona, funciona! - Murmuraba el joven de coleta castaña, impotente de tener que solo mirar las secuencias alfanuméricas que se deslizaban a pasmosa velocidad por la pantalla.
Los pasos ya estaban a la vuelta de la esquina. En ese instante, una secuencia cambió de blanco a verde, aceptando la contraseña y la puerta se abrió suavemente con un click que fue música para sus oídos.
Ami y Taiki desconectaron el móvil, cerraron la consola de mandos, entraron de sopetón en el espacio libre y cerraron la puerta con un leve crujido.
Fuera se escuchó la voz del conserje.
-Sí – declaró – Este es el apartamento del Sr. Kou. El joven sospechoso quería entrar a cualquier costo.
-¡Aquí no hay nadie, Renard! Creo que te la pasas demasiado tiempo viendo películas y estás imaginando cosas… ¿Cierto Hobbes?
Un par de carcajadas estentóreas vibraron en el pasillo vacío.
Ami podía sentir los poderosos latidos del corazón de Taiki y le parecía que retumbaban espantosamente y que cualquiera podía oírlos desde afuera, al igual que los de su propio corazón. Su respiración agitada le cosquilleaba el cuello y la oreja, produciéndole extrañas y confusas sensaciones que hasta ahora no había experimentado nunca. A pesar del nerviosismo del momento una languidez cálida la recorría y tranquilizaba. Había olvidado la imponente presencia de Maker hecho hombre y su indescriptible aroma… Tan pocas veces percibido de tan cerca, sabía a poder, a fuerza, a valentía, pero también a equilibrio y seguridad. En medio de su agitación, aspiró profundo y se llenó de él, mareándose.
-Agradece que estamos de buen humor, Renard, deberíamos colgarte por interrumpirnos en nuestra partida de pócker – Se escuchó afuera del departamento - Vamos Calvin. Echemos un vistazo a la falla de ascensor y llamemos a mantenimiento.
Los pasos del trío de hombres se alejaron retumbando por el pasillo vacío.
-¡Lo hicimos! – Masculló la estrella, y en medio de la alegría y confusión abrazó a la muchacha.
Ésta se dejó abrazar. Pero luego apartó los brazos que la rodeaban para contemplar mejor los ojos color amatista y luego volverse de medio lado, totalmente sonrojada.
-Perdón – Murmuró Taiki – Fue un impulso, no quise importunarte…
-No me molesta – Musitó ella, realmente molesta pero por el hecho de que él se disculpara – Fue un pequeño triunfo y los triunfos se celebran, como cuando gané la Olimpiada de Matemáticas…
Él la observó de nuevo con veneración. Era claro que sus hermanos no se habrían emocionado con una declaración como esa, pero, él sí. Porque en su mundo, cuando aún existía y era una joven muchacha, nerviosa y acomplejada por su estatura, también había ganado una "Competencia de Cálculos Astrales"… ¡Dioses de Kinmoku! ¡Eran tan parecidas!
-¿Celebraste entonces? – Clavó sus pupilas de imposible color sobre las azul con un tono íntimo y cómplice en la voz, los ojos entornados, y olvidada, o pasada a segundo plano la misión, por este fugaz momento de contacto de dos almas.
-La verdad, no – Respondió la chica, con la rosada lengua asomada en los labios, que eran levemente mordidos por la blanquísima dentadura, un gesto típico de Ami, recordó él – No tenía con quien hacerlo, mis padres me llamaron para felicitarme y me dijeron que comprar pastel pero..
-…No lo hiciste porque no tenías con quien compartirlo…
-Podría haber llamado a las chicas, claro.
-Es cierto – declaró Taiki – Pero no habrían comprendido del todo la alegría de tu triunfo.
El joven la cogió de la punta de los dedos. Ya había comprendido años ha, que, a pesar de lo que se parecieran, Ami y él eran almas gemelas, complementos perfectos. Pero, curiosamente, el hecho de que fueran ambos sailor guerreras, había sido uno de los tantos motivos que le alejaran. Se preguntó el porqué de su cobardía, pero era obvio. Tenía miedo de sufrir de nuevo. ¿Acaso no había sufrido ya suficiente su joven corazón? La ilusión, el amor primero que le inspirara los primeros poemas, que había sido desgarrado por el Ataque a su planeta, dejándole furiosa y en shock, le había hecho ocultar sus nacientes sentimientos en lo más profundo de su corazón.
Ami estaba sonrojada a más no poder. Su corazón estaba latiendo tan fuerte que le hacía daño. Los sentimientos que le inspiraran Taiki y Maker, también se habían ocultado en lo más recóndito. Sólo había permitido que una inocua nostalgia la envolviera de vez en cuando, preguntándose siempre, si no habría sido maravilloso que hubiera alguna forma de comunicarse epistolarmente con Kinmoku... Así que, en su práctico corazón, la romántica porción que más celosamente guardaba, de vez en cuando la traicionaba, y mirando las estrellas a través del telescopio, le enviaba sus pensamientos, pensando en él con fuerza.
-Taiki – Murmuró.
Él la soltó y se volvió hacia la pared, contemplando por vez primera las ventanas y las vaporosas cortinas.
-Fui un cobarde – Dijo con voz entrecortada – No me di la oportunidad de conocerte mejor… Sólo lo diré una vez… Pero, hace mucho tiempo, una vez quise a alguien, esa persona me inspiraba, me daba energías para estudiar, para salir adelante, pero su vida fue segada por Galaxia – Un sollozo entrecortado paralizó el corazón de la muchacha – Así que me prometí hacerme tan fuerte, que nadie podría volver a hacerme daño, ni físico, ni espiritual, no quería jamás volver a sentirme vulnerable… Por eso lo primero que hice fue competir contigo, y odiarte, un poco.
Ami estaba sorprendida. Lo vio estrujarse las manos, desesperado por explicarse. Mayor fue la sorpresa al verlo arrodillarse a sus pies.
-¡Perdóname! – Cogió sus manos y las besó castamente – Y sus ojos húmedos la enfocaban y la hacían ver en su reflejo sus propios rasgos.
Ella se agachó y cogiendo el querido rostro besó su frente.
-Te quiero demasiado – Murmuró mientras acariciaba las encendidas mejillas del muchacho- Fuerte y orgulloso Taiki, poderosa y valiente Maker… También odié que compitieras conmigo. Pera era un desafío interesante – Su rostro ardiente bajó hasta el del joven para mirarlo intensamente y sus labios se unieron con suavidad, en un beso que era más un pacto que un beso, más la reconciliación de dos astros que se apartaban por no mostrar su propia y conjunta fragilidad… Un beso que se fue haciendo más profundo, intenso y borrador de Universos circundantes.
Cuando se separaron, Taiki parpadeó varias veces, intentando recordar porqué estaban allí. Haber sentido como hombre, lo que una vez sintió como una chica con Saiph le parecía imposible. De pronto la realidad volvió a él bruscamente.
-Creo… Creo que debiéramos continuar con nuestra pesquisa – Aseveró, poniéndose de pie.
Ami asintió. A pesar de estar conmocionada, tenía claro que su prioridad era revisar el departamento y buscar rastros de la presencia de Serena y Seiya, y a eso se dedicaron diligentemente y en silencio de ahí en más. No había gran cosa que ver, al menos en el plano físico. El departamento era nuevo y Seiya apenas se había instalado en él, sólo había lo más básico, un par de muebles, una cama, una mesa, un par de sillas, ropa en el clóset y algo de comida en el refrigerador. Así que pasaron a lo importante. Usar sus dispositivos de Sailors.
-Si lo que dijo Darien es cierto, hace menos de 48 horas que Serena salió de la Clínica y estuvo aquí, y también hay grandes cantidades de energía mágica residual.
-Es obvio que el pulso espaciotemporal que noqueó a los seres mágicos que se encontraban sobre la superficie del planeta Tierra se generó en esta habitación – Habló excitado Taiki tras ayudarle a precisar las lecturas energéticas – Kinmoku está bastante lejos, pero Healer y yo sentimos de inmediato como si algo le hubiera sucedido a nuestra hermana, o hermano, tú entiendes, como si hubiera sido herida, percibimos su miedo y su confusión y luego, como si hubiera desaparecido. El pequeño ejército de Guardianas que entrenamos se quedó a cargo de la Seguridad de nuestra Princesa, pero prometimos estar pendientes por si algo grave sucedía en nuestro planeta.
Tenemos que llamar a alguien – Musitó Ami – Estamos todas molestas con ella por lo que sucedió en Nueva York con el prometido de nuestra Princesa, pero es la que más sabe de espacio tiempo, hay que actuar con sensatez.
A pesar de no haber tenido oportunidad de conocerla en su viaje anterior, Taiki comprendió que se refería a Setsuna Meio, alias Sailor Plutón, la Sailor Guardiana del Portal de Tiempo. La mujer alta de cabello oscuro que vieran en la última y accidentada reunión.
Continuará :D
