Hola, hola, aquí Luna de Acero reportándose. Aunque es mi primera historia estoy algo decepcionada que nadie haya tenido ganas de leerla aún, es un golpe a mi kokoro, pero bueno, es el primer día, supongo que tengo que tener un poquito de paciencia. Por favor denle una oportunidad. Tal vez el comienzo es un poco lento, pero prometo que se pondrá más interesante, en el capítulo tres tal vez ponga algunas escenas lemonosas, si al menos tuviera aunque más no fuera tres reviews… ¿Me ayudan? Besitos…

Disclaimer: Los personajes le pertecen al sádico de Hajime Isayama, claro, si me pertenecieran a mí todo sería yaoi hard.

Advertencia: Es un relato yaoi, habrá drama, muchos feels dolorosos, pero aún así espero cumplir con sus expectativas, toda crítica constructiva es bienvenida. Ahora así, puedes leer bajo tu propia voluntad, no me hago responsable de traumas y/o afectaciones mentales, nos vemos abajo.

Capítulo 2: Tácticas de acercamiento

Ganarse la confianza del jovencito no fue tarea complicada en absoluto, tal como lo supiera desde el primer día, Eren había depositado su confianza plenamente en el mayor. Era su mayor referente, al que recurría por cualquier consulta o complicación, y él no podía mostrarse más solícito y solidario ante cualquier requerimiento del chico, cosa que lo exasperaba rayando en la histeria. Estaba hastiado, tenerlo cerca lo enervaba y debía hacer esfuerzos sobrehumanos para no ceder a los impulsos de tomarlo del cuello con ambas manos y estrangularlo de una maldita vez, que su voz se apague de una vez por todas… Oh, sí, y que su puto padre llore amargamente, que se deshaga en gritos de ardoroso dolor… tal como le había hecho padecer cuando sólo tenía doce años…

-: ¿Levi? – la voz del jovencito lo devolvió a la realidad, últimamente le resultaba bastante fácil perderse entre sus retorcidas creaciones mentales.

-: Disculpa Eren, estaba algo distraído, ¿qué decías?

-: No era nada especial, sólo que estabas sonriendo y me dio curiosidad, ¿te estabas acordando de algo bonito?

Mocoso metiche, pensó Levi.

-: Sí, algo así, bueno, ¿ya terminaste con la carga de la planilla?

-: Sí, así es, pero mira, aquí en la tercera columna la fórmula usada me da un error, lo revisé y lo cargué dos veces más, pero sigue apareciendo.

Levi se acercó lentamente y apoyó una mano en el respaldo de la silla del menor y otra sobre el escritorio tomando el mouse, no parecía un movimiento con dobles intenciones, pero lo cierto es que hacía lo posible para estar lo más cerca posible del jovencito, todo estaba debidamente calculado, paso 1) invadir poco a poco su espacio personal. Eren por supuesto no se dio cuenta, aunque su olfato refinado estuviera deleitándose con el perfume amaderado de cedro y sándalo que exudaba su compañero a cargo, era muy atrayente. Lo miró de reojo, mientras Levi parecía concentrado en encontrar la falla, aunque estaba más que atento a las reacciones del ojiverde, todo marchaba más que bien.

-: Oh, aquí está – dijo como si recién se diera cuenta del error y no fuera otra de sus tantas planificaciones de antemano, de hecho le había llenado de ellos a propósito, sólo para que el muchacho requiriera de su presencia de manera casi constante. Aunque no era tan tonto como esperaba, muchas veces salía airoso con su propia resolución – como el dato tiene un cero delante de la cifra el sistema lo toma como un error para ejecutar la fórmula, te sugeriría que en estos casos omitas poner el cero delante, ¿así ves? – y al decirlo se acercaba osadamente hasta el rostro del menor, Eren tragó en seco al poder apreciar tan de cerca ese par de afilados ojos entre azulados y grises – Mira la pantalla, Eren – dijo Levi casi arrastrando las palabras y pudo regodearse en satisfacción al ver como el joven había dirigido inconscientemente sus grandes ojos hacia sus labios.

-. Oh, sí, ahora lo veo – respondió el pupilo con ese leve sonrojo que le quedaba tan bien.

Levi sonrió complacido y se alejó despacio.

-: Voy por una gaseosa, me dio sed, ¿te traigo algo de la cafetería? – ofreció el mayor.

-: No, muchas gracias, estoy bien – Eren intentó concentrarse de nuevo en la planilla y sus gráciles dedos se movieron con inusitada rapidez, sin dudas el mocoso era bueno para eso.

Ya siendo el cuarto día, Levi ya le había sacado suficiente información como para hacer un perfecto perfil policíaco, incluso hasta podía adelantarse a la cantidad de veces que iba al baño el joven de acuerdo a las bebidas que tomaba. Compró un agua tónica para él y una empalagosa coca cola para el otro, sabía que le gustaba casi al tiempo, las cosas frías le hacían doler su dentadura perfecta pero sensible.

-: Oi, Eren – dijo con suavidad de nuevo, le costaba forzar la voz, pero era necesario – Bebe un poco, a esta hora la intensidad de la jornada disminuye las energías, un poco de azúcar te vendrá bien.

-: Gra-gracias, Levi, no te hubieras molestado – dijo el menor apenado – A veces siento que me abuso de tu amabilidad.

-: No pienses cosas innecesarias, Er – como si no fuera su nombre suficientemente corto, ya le había puesto un apodo – Quiero recuperar mi reputación después de lo que Moblit te dijo de mí.

-: Ja, ja, ja – se rió candorosamente el joven – No hace falta, Levi, puedo ver con mirarte a tus ojos que eres una buena persona, estos días no has hecho más que ayudarme a más no poder, no me quedan dudas que eres un gran compañero.

Levi sonrió complacido, de tanto usar esa mueca se estaba acostumbrando a ella, pero no sonreía porque le pareciera halagador, sonreía porque ese muchacho no podía ser más estúpido, no tenía ni la más mínima experiencia leyendo a la gente alrededor. Punto a favor suyo.

-: Pero miren eso nada más – la odiosa voz de su jefa se inmiscuyó logrando que ambos giraran sus cabezas en su dirección - ¿Levi sonriendo? No sé si decir que es lindo o aterrador.

-: Tch… - Levi solo chistó cruzando los brazos sobre su pecho, lo único que faltaba es que esa odiosa le viniera a arruinar el teatro que venía manteniendo tan bien.

-: Levi, acompáñame, tengo trabajo para ti, creo que Eren puede sobrevivir algunas horas sin ti.

El joven agachó la cabeza y esta vez el sonrojo fue mayor, Levi siguió a su jefa a su despacho, donde le entregó una cuantiosa cantidad de carpetas. El ojiazul miró con seriedad el trabajo, era un exceso, sabía que se estaba aprovechando de su efectividad ya que tres de sus compañeros estaban ausentes y eso hacía que se acumularan los pendientes (Auruo estaba de vacaciones, Petra con licencia por enfermedad y Connie de licencia por matrimonio).

-: ¿Es en serio? – fue todo lo que se permitió decir, no era de quejarse, pero al menos esto merecía una réplica, sin dudas iba a tener que quedarse después de hora, a pesar de ser increíblemente veloz las carpetas eran demasiadas.

-: Por favor, Levi, prometo que te daré un bonito bono de compensación a fin del trimestre, sabes que siempre cumplo. Además no hay nadie esperándote en casa.

Levi fulminó con la mirada a la odiosa cuatro ojos, apodo cariñoso debido a los lentes que usaba la mujer.

-: No te enojes, cariño, eres el único con el que siempre puedo contar, ¿verdad?

-: Lo haré – fue toda la respuesta mientras procedía a tomar los papeles.

-: Oye, mira que ha empezado a cambiar tu semblante, cuando estás alrededor del novato eres todo verano, pero cuando estamos a solas vuelves a ser el desolador invierno de siempre – El hombre la miró de reojo pero tratando de restarle importancia – Es al menos curioso, ¿sabes? Nunca te había visto tan interesado en ninguno de tus compañeros o compañeras antes, y si no fuera porque sé de sobra que te gustan las mujeres pechugonas, diría que estás cautivado por Eren.

-: ¿Cautivado? ¿Por ese mocoso que apenas debe saber limpiarse más o menos bien su culo? No digas cosas estúpidas, Han, ni de coña me fijaría en un mequetrefe como ese, empezando porque tiene pene y eso no es para nada atractivo.

-: Vamos, admite que lo tratas diferente al resto.

-: ¿No fuiste tú la que me pidió que le dé una mano? ¿Y que fuera en extremo cauteloso porque es el hijo mimado de un acaudalado empresario que quieres captar como socio? Sólo cumplo órdenes, no pienses demás.

El hombre tomó la montaña de carpetas y se dirigió a la salida. Hange se cruzó de piernas y dejó salir un pesado suspiro.

-: Algo estás tramando, Levi, te conozco. No sé porque buscas la atención del muchacho, pero a mí no me engañas tan fácil.

Eren se aflojó la corbata y estiró sus músculos abarrotados, apenas si había tomado un breve break para masticar un insulso sándwich de jamón y queso de la cafetería, eran las tres de la tarde y ya había cumplido su horario laboral. Buscó con la mirada, ya casi no había gente en el piso, todos estaban almorzando y los de media jornada se habían retirado, excepto Levi, que en su box estaba trabajando con ahínco, se acercó con cautela y vio un pequeño vaso térmico con algo así como café adentro. No había que ser un genio para darse cuenta que estaba inundado de trabajo.

-: ¿Levi? – lo llamó casi con ansiedad, el mayor se giró y lo miró con calidez.

-: ¿Ya te vas, Eren? ¿Pudiste terminar con la planilla?

-: Sí, así es, ya terminé, pero por lo visto te toca una ardua tarde.

-: Sí, con tantas ausencias en el sector, el trabajo se acumula rápido. Nos vemos mañana, ve a descansar.

-: Oye… mmm… sabes… si quieres puedo… podría darte una mano con eso.

-: Pero ya cumpliste con tu jornada, no te preocupes, estoy acostumbrado a que Hange me dé un poco de trabajo extra siempre. Además, ¿no empiezan tus clases a las cinco?

-: Bueno, estamos en receso de exámenes, yo promocioné las materias, así que estoy relativamente libre estas dos semanas.

-: Pues aprovecha y vé a descansar – realmente no tenía muchas ganas de tener que pasar las próximas tres horas con el niñato encima, que a lo mejor en vez de ayudar le complicaba la tarea.

-: Me ayudaste tanto estos días, déjame que te compense un poco… p-por favor… - su voz le pareció dulcemente suplicante y lo miró por sobre su hombro auscultando sus intenciones, tal vez debería aprovechar para acercarse a él, no muchas veces tendría la oportunidad de estar prácticamente a solas con el jovencito.

-: Oi, ¿tu novia no se va a enojar? Deberías invitarla a salir y disfrutar en vez de atascarte aquí con un viejo como yo – lo hizo a propósito, solo para satisfacer su ego, porque ya adivinaba de antemano la respuesta que el ojiverde le daría. Los labios de Eren balbucearon un poco y se acercó unos pasos.

-: Está bien, Levi, Mikasa tiene que estudiar para rendir ahora, así que de todas maneras no voy a verla hasta el fin de semana, digamos que estoy con tiempo disponible, pero si en verdad te molesta…

-: Bueno, ya que eres tan insistente…además, ahora que lo pienso, podría serte de ayuda para que vayas practicando el control de los activos. Aceptaré tu ayuda... – luego lo miró profundamente girando su silla con rueditas para tenerlo frente a frente – Gracias… Eren… - internamente se alegró cuando vio que el muchacho se había estremecido ligeramente cuando había pronunciado su nombre con voz grave y carrasposa, casi sensual – Busca una silla y siéntate aquí - dijo señalando a su izquierda – Luego te explicaré lo que debes hacer.

El muchacho acató dócilmente la orden. Levi disfrutaba de sentirse superior al ojiverde, en cierta manera a pesar que dentro de la empresa sus puestos tenían la misma categoría, era evidente que el que llevaba el control era el mayor, y que ese dulce muchacho fuera tan sumiso le brindaba cierta morbosa satisfacción.

Esa tarde Levi se cansó de invadir el espacio personal del joven, siempre mostrándose supuestamente interesado en las tareas y en enseñarle de la mejor manera, podía notar la incomodidad de Eren ciertas veces, entonces retrocedía un poco, no podía permitirse fallar, no podía perder la confianza que se estaba ganando ni un milímetro. El muchachito aprendía muy rápido, y era gratamente eficiente, por lo cual Levi comenzó a palmear con suavidad su hombro para felicitarlo por sus avances y logros, y el pelimarrón sonreía a cada ovación sintiéndose cada vez más seguro en su rol administrativo. No se daba cuenta que estaba cediendo terreno demasiado fácil, dejando que ese lobo con piel de cordero lo acechara cada vez más y más cerca.

-: Ya son las cinco, Eren, deberías irte – dijo luego de acercarle una taza con café batido que el joven aceptó con gusto.

-: Pero aún te quedan tres carpetas más…

Levi sonrió candorosamente, aunque internamente su demonio interior se riera a carcajadas, la intervención había sido todo un éxito, el joven pujaba por quedarse más tiempo a su lado.

-: No te preocupes, las liquidaré antes de las siete, ya has hecho más que suficiente. No sería bueno que te estresaras el primer mes de prácticas, como tutor tuyo – dijo adjudicándose un honorífico que no le correspondía – es mi deber velar por tu salud también, ha sido suficiente. Vamos, ve.

Eren suspiró, se puso de pie y apuró la taza con dos últimos largos tragos, Levi no le quitaba la vista de encima, sabía que su mirada era intimidante, pero no de aquellas que normalmente regalaba en la que el mensaje implícito era "aléjate la mayor distancia posible", no, esa mirada era una especialmente creada para su pupilo, una que decía "me interesas mucho". Eren lo miró y bajó la vista, era obvio quién dominaba de los dos, a pesar de ser más alto y estar de pie, el joven inconscientemente se sometía a esos ojos afilados.

-: Bien, me iré, si puedo ser de utilidad, en lo que sea, no dudes en avisarme, te dejaré mi número de celular, ¿está bien? Es decir, yo tampoco quiero que te estreses.

-: De acuerdo, anótalo aquí – le dijo alcanzándole un post it de colores, ni de chiste le iba a dar su número privado de celular. El muchacho anotó con diligencia y excelente caligrafía los diez dígitos.

-: Nos vemos, Levi, que termines pronto – cuando se estaba girando para marcharse, el hombre habló con voz firme y segura.

-: Eren… - esperó que el muchacho lo mirara, se relamió rápidamente los labios, más como un reflejo y no una invitación – En verdad, muchas gracias por tu ayuda… no lo olvidaré…

-: Me alegra poder ser útil – respondió con inocencia Eren y se retiró.

Apenas se fue, Levi marcó el número de Annie, una jovencita con la que retozaba de tanto en tanto, necesita descargar un poco sus frustraciones, y ver si la damita tendría alguna conexión entre sus conocidos que le fuera de ayuda, no quería apresurar las cosas, pero sin duda debía empezar a prepararse para la segunda fase de su plan.

Eren subió al ascensor, la corbata yacía doblada en uno de sus bolsillos, apoyó la espalda contra una de las paredes mientras miraba los números cambiar en el tablero led frente a él, suspiró muy quedo. Estaba bastante satisfecho, a decir verdad le estaba yendo más que bien en este nuevo trabajo. Obviamente no lo necesitaba, pero a pesar de haber nacido en cuna de oro se había prometido demostrarle a su estúpido padre que él podía arreglárselas por su cuenta, no era un bebé dependiente, él era inteligente, era muy capaz, él también podía mostrarle que con su esfuerzo y habilidades podía llegar lejos. Su padre… Ese hombre enorme, rubio y de fría mirada, que siempre lo trataba con desdén, era obvio que tenía una preferencia que rayaba en la obsesión por su primo Jean, al que trataba mejor que a su propio hijo, lo que había creado una rivalidad entre los dos jóvenes. Su padre se pasaba alabando a ese idiota de cara alargada y equina, siempre comparándolos y menospreciando sus logros. Ahora tenía una oportunidad para callarle la boca. También estaba este sujeto, Levi… él que siempre tuvo una naturaleza curiosa se sentía atraigo por el halo de misterio que emanaba de esos escasos… ¿qué? ¿1,60 mts? ¿1, 65?, sí, no más de eso. Esa mirada insistente que escondía mucho más de lo que aparentaba, a pesar de que lo trataba con tanta animosidad… había algo dentro de sus ojos que no lograba descifrar, algo perverso tal vez… Se rió un poco, ya estaba actuando paranoicamente de nuevo, no era para tanto, pero admitía que quería acercarse al mayor, quería ganarse su confianza… admitía que disfrutaba cuando lo felicitaba, que había sido ciertamente muy generoso en enseñarle y guiarlo en sus tareas… pero… quería saber más, siempre respondía con evasivas a sus preguntas personales, se daba cuenta de eso. En esa casi semana a su lado le había contado muchas cosas sobre su vida, sin embargo él no sabía prácticamente nada de su compañero. Y ahora mismo se estaba preguntando por qué le generaba tanta intriga. De seguro eran ideas suyas, pero le había parecido que se acercaba más de la cuenta algunas veces… Se despeinó el flequillo, lo mejor sería restarle importancia a sus suposiciones sin fundamento. Levi era un buen hombre, que solo trataba de ayudarlo, fin del tema.

Las puertas del ascensor se abrieron y caminó dos cuadras hasta su auto, un coqueto Peugeot 306. Una vez adentro cogió su móvil y miró la pantalla, estaba lleno de mensajes de whatsapp de Mikasa, empalagosos y largos mensajes contándole las estúpidas novedades de las insulsas conversaciones con sus amigas, lo muchísimo que lo había extrañado, como si no se vieran prácticamente todos los días por los últimos 10 años de su corta vida. Suspiró hastiado. Mikasa era una buena chica, linda a más no poder, pero lo encabronaba esa obsesiva sobreprotección que ejercía sobre él todo el tiempo como si fuera una madre primeriza. Hacía un año que eran oficialmente una pareja. Su familia se puso muy feliz con la decisión, para ellos Mikasa era como una hija. Había perdido a sus padres siendo muy pequeña y su tía que trabajaba a tiempo completo no podía cuidarla como era debido, de manera que Carla, su propia madre, la había prácticamente adoptado. Siempre la había visto como una hermana, pero los últimos tiempos, cuando las hormonas revolucionaban a los jóvenes, la chica lo acosaba prácticamente. Estaba a gusto con su compañía, pero internamente sabía que no estaba enamorado de ella, lo que le generaba algo de culpa a decir verdad. ¿Entonces por qué había aceptado esa relación? Simple, el cara de caballo de su primo estaba perdidamente enamorado de ella, y por el simple hecho de ganarle, por la satisfacción de verlo derrotado ante él, fue que decidió aceptar los constantes ofrecimientos de la mujer. Lo único que le permitía seguir resistiendo, era ver esa mueca de dolor en el rostro de Jean cada vez que le comía la boca a Mikasa delante de sus narices, pero últimamente se estaba volviendo una pesadilla.

Manejó hasta su residencia de tres pisos. El mayordomo tomó las llaves de su auto, y se adentró en la casa. No había nadie, probablemente su madre estuviera en alguna clase de yoga o de hierbas aromáticas, o alguna de esas locuras temporales que tenía de tanto en tanto para matar su tiempo libre. Se calzó el jogin y sus zapatillas y se fue al cuarto de gimnasia. Corrió en la cinta por una una hora y ejercitó un poco sus músculos, luego se fue a duchar en el baño de su cuarto. Grande fue su sorpresa cuando al salir se encontró a Mikasa en paños menores sobre su cama.

-: ¿Qué haces aquí? – la amonestó antes de saludar.

-: Hola mi amor, si yo también tenía ganas de verte – le respondió ella con sarcasmo.

-: Me refiero a que deberías estar estudiando, Mikasa, ¿acaso no acordamos que esta semana te dedicarías a ello?

-: Estoy preparada, amor, realmente sólo estoy repasando prácticamente, hace tres largos días que no te veo, te extrañaba demasiado, ¿tú no? – se acercó felinamente, mientras veía ese glorioso torso aún húmedo y la blanca toalla que se ceñía indecorosamente a esa cadera deliciosa, los músculos en forma de "v" se perdían en la mullidez del algodón y ella se relamió gustosa.

-: Detente, teníamos un acuerdo, Mikasa, por favor, vete, realmente estoy agotado, hoy tuve que ayudar a un compañero y estuve trabajando largas horas, además recién vengo de hacer ejercicio, de verdad, hoy no es el mejor día… sólo quiero cenar algo rápido e irme a dormir…

Pero como siempre pasaba ella no escuchaba nada, ni sus reclamos, ni sus negativas, cuando la joven tenía ganas de tener acción, no había Dios que la frenara. Como sucedía la mayoría de las veces, Eren se dejó hacer, prácticamente se tiró sobre el colchón y ella usó su cuerpo a su gusto, no iba a mentir, su erección no se lo permitía, también disfrutaba un poco, pero después de acabar se sentía miserable, realmente como un juguete sexual usado por la joven. Después que lo besó a su antojo y le dedicó las frases más cursis y melosas del mundo, se vistió y se retiró de su habitación. Estaba sucio y sudado, otra vez, por lo que tuvo que bañarse de nuevo. Elsa, la cocinera, le preparó una deliciosa hamburguesa de pollo con un enorme licuado de banana con leche, y luego de que su estómago se llenó, se retiró a descansar. Puso pasador a su puerta y se tiró en su cama, sacó debajo de su colchón un pequeño libro de manga BL. Lo leía a escondidas, por supuesto, le daba cierta vergüenza una secreta afición que tenía desde hacía un tiempo. Su mejor amigo Armin, un rubio de cara aniñada y costumbres refinadas, le había confesado hacía un tiempo que era un Fudanshi, según la jerga japonesa y de otakus, se refería a los hombres heterosexuales que gustan del yaoi, o el amor entre homosexuales. Lo descubrió cierta tarde que se juntaron a estudiar, y mientras el rubio se iba a preparar un poco de té y galletas para merendar, Eren se había puesto a urguetear en el cuarto ajeno. Era su naturaleza curiosa. Armin siempre le había parecido por demás de inocente y tranquilo, pero como hombre que era, con necesidades como todos, quería descubrir donde guardaba el porno. Claro que grande sería su sorpresa al encontrar un compartimento secreto en el placard de su amigo, realmente quería ponerlo en evidencia y tal vez molestarlo un poco un par de días, pero lo que encontró lo dejó perplejo. El receptáculo estaba lleno a más no poder con cuantiosa literatura del género BL (Boys Love). Tomó uno de los libritos y apenas reparó un par de hojas un furioso sonrojo le colmó el rostro, mientras su corazón se aceleraba. Cuando su amigo regresó, casi voltea la bandeja sobre la mullida alfombra color beige.

"-: Armin, ¿qué carajos es esta porquería? – le dijo con indignación.

El rubio balbuceó un poco y su rostro se coloreó de un furioso carmín.

-: N-no es nada malo… - trató de defenderse en vano – E-es so-solo ma-material de investigación.

-: ¿Material de investigación? Armin, mira esto – dijo abriendo uno de los mangas – El puto falo de este tipo está dentro del ano de este otro, ¿qué tipo de investigación estás haciendo?

-: Por favor, Eren, baja la voz, te lo suplico, no quiero que mi abuelo se entere. Te lo ruego, no se lo cuentes a nadie, por favor.

-: Dime la verdad, ¿eres gay?

-: No, claro que no.

-: No me jodas Armin, ¿qué mierda es esto entonces? No son precisamente cuentos infantiles, esto es muy explícito, y no es sólo este, TODOS, todos los mangas que escondes son de lo mismo.

-: Pues no debiste ponerte a revisar cosas ajenas en primer lugar – lo amonestó con molestia, pero los celestes y gentiles ojos se empezaban a llenar de lágrimas – No es nada malo, me gustan los argumentos, me entretienen, eso es todo.

-: "Oh, Shintaru, más profundo, dame más duro" – leyó Eren en voz baja mientras el sonrojo lo cubría por completo – Sí, seguro, esto es puro argumento, vamos Armin… No me mientas, eres mi mejor amigo, no voy a juzgarte por tus elecciones sexuales… es sólo que estoy algo… algo sorprendido.

-: ¡Que no soy gay! – Dijo con mayor énfasis el rubio – Mira, no espero que lo entiendas, pero yo soy… soy un fudanshi…

-: ¿Un qué?"

Y así es como fue la cosa. A pesar de que quería creer en la explicación de su amigo, ese descubrimiento lo dejó bastante perturbado. Luego de un par de semanas, ante la insistencia sobre qué le veía de interesante a ese tipo de lectura, Armin lo invitó a leer una serie, Koi Suru Boukun, que según su amigo no era de las más explícitas, al menos en dibujos y que la trama de la historia era divertida e interesante. Al principio Eren se negó, pero ante la insistencia de su amigo terminó aceptando leer uno y solo uno de esos libros. Por supuesto, al llegar al final le quedó la intriga de saber cómo seguía la historia, y después de varias vueltas terminó por pedirle el segundo tomo. Ahora en sus manos yacía el número cuatro, y estaba seguro que cuando terminara la serie iba a seguir queriendo leer más. No que se considerara un puto fudanshi él mismo, pero joder, había que aceptar que incursionar en uno de esos mangas era la perdición misma. Siempre se quedaba con hambre de más, y entonces comenzó a entender, al menos un poco mejor, la afición de su amigo. Incluso ahora se permitían tener escuetas charlas acerca de la historia donde ambos exponían sus puntos de vista. En fin, era divertido, aunque algo morboso. Armin le había dicho que había dos ovas en youtube sobre la historia, pero que eran algo explícitos, pero Eren no se encontraba lo suficientemente envalentonado como para animarse a ver esos videos, no por el momento, suficiente tenía con ver, incómodamente como Morinaga sometía a su Sempai de tanto en tanto. Tenía sueño, pero se obligó a llegar hasta el final, definitivamente su curiosidad lo iba a condenar cualquier día de estos.