Hola, hola, aquí Luna de Acero reportándose. Ni un solo review, quisiera creer que mi historia no es tan mala y se debe a que aún nadie la ha leido aún, ojalá sea eso, de todas maneras voy a subir el capítulo 3, si alguien llega a interesarse, espero que sea de su agrado (se va a llorar a un rincón)

Disclaimer: Los personajes le pertecen al sádico de Hajime Isayama, claro, si me pertenecieran a mí todo sería yaoi hard.

Advertencia: Es un relato yaoi, habrá drama, muchos feels dolorosos, bla, bla, bla, nos vemos abajo.

Capítulo 3: Cuando el cuerpo reacciona

Las cadenas se tensaron… al igual que sus músculos, esa molesta mordaza que le apretaba la comisura de los labios, estaba tan ajustada que en cualquier momento le haría un tajo, apenas le dejaba tragar saliva, mientras sus ojos vendados derramaban lágrimas… su respiración era agitada… su piel se erizaba al escuchar los pasos del "monstruo" resonando en el recinto, girando a su alrededor, podía incluso escuchar su aliento pesado abrirse paso entre sus labios, el ruido del cuero siendo estrujado, su pequeña anatomía tembló de antemano y se crispó cuando el cinto lamió con violencia su espalda desnuda.

-: ¡Mmmaaahhhrrgggg! – sus gritos contenidos intentaban filtrarse a través de la roñosa tela que aprisionaba su boca.

-: Oh, Levi… - esa voz que le revolvía las tripas se metía en sus oídos e inundaba su cabeza – No tienes idea… lo erótico que luces cuando estás espantado…

Lo tomó con fuerza del cuello, la mano gigante, enfundada en un guante sedoso apretó con ahínco la blanca y pálida piel arrancando un gemido ahogado del menor, quien empezó a sentir como el aire empezaba a escasear, sabía que no importaba cuanto se retorciera, sólo lograría que el otro lo apretara aún más fuerte… Ni siquiera podía toser adecuadamente, y aunque no quería brindarle esa satisfacción, su cuerpo se revolvió con voluntad propia, buscando obstinada e inútilmente liberarse de esas garras que lo estaban asfixiando. Sus labios rosados empezaron a teñirse de suave azul. Hasta que sintió la espesa y caliente esencia salpicarle la cara, el líquido se deslizó silencioso por su suave mejilla hasta llegar al borde de su mandíbula, para empezar a gotear… solo entonces la bestia liberó a su presa…

Levi se sentó de improviso en su cama, respirando agitado, el cuerpo cubierto de sudor, horripilante y asquerosa transpiración que mancillaba su epidermis. Se levantó sintiendo el cuerpo pesado, manoteó las pastillas recetadas del primer cajón de su mesa de luz y se las tragó junto al vaso de agua que reposaba tranquilo en un costado. Miró su despertador, las cuatro de la madrugada, jodidamente tarde, y con seguridad después de revivir esos espantosos recuerdos sería imposible volver a dormir.

Se dio una larga ducha, llenó su esponja de perfumando jabón líquido y se refregó todo el cuerpo con rabia, con tanta presión que dejó su blanca piel enrojecida en varias partes. A veces incluso llegaba a hacerse heridas que sangraban por algunas horas. ¿Qué tan enfermo podía estar? No lo sabía, hacía más de tres años que había abandonado la terapia, pero con seguridad no tanto como ese hijo de puta de Erwin.

Se preparó un espumoso café cargado y se dedicó a beberlo con parsimonia en su balcón, mientras encendía un cigarrillo mentolado, de esos que le gustaban tanto. El viento del quinto piso le alborotaba el flequillo tupido y obscuro, aún húmedo. Sus manos temblaban, tenía tantas ganas de destruir lo más valioso que ese hombre tenía, pero debía ser paciente, había esperado más de quince años, podía aguantar un par de meses más… debía esperar…

-: Buenos días, Levi – saludó animosamente el muchacho y el hombre tuvo que usar esa sonrisa forzada que detestaba.

-: Buenos días, Eren-chan – el joven lo miró curioso ante ese apelativo casi ¿cariñoso? - ¿Descansaste adecuadamente? Hoy tendremos una jornada bastante pesada.

-: ¿Más que la de ayer?

-: Oh, sí, muchísimo más, apenas estás empezando a entender como son las cosas por aquí. Creo que te subestimé, realmente eres extremadamente capaz, así que creo que abusaré de tus… habilidades un poco – Levi había hecho una pausa a propósito y vió el fruto de sus palabras en un sonrojo apenas perceptible, sin dudas ese crío era de lo más inocente, que fastidio.

-: Daré lo mejor de mí – aseguró con determinación y el mayor le palmeó un hombro.

-: Eso es cachorro, eso es…

Cuando se giró, Eren levantó una ceja significativamente, ¿cachorro? ¿En serio? No le molestaba, pero en cierta manera ese acercamiento del hombre, con sus palabras, con sus movimientos empezaban a ponerlo algo nervioso… o más bien ansioso. Lo siguió, y se sintió como un estúpido perro faldero, tal vez si era un cachorro después de todo.

Los días empezaron a correr presurosos, el calor del verano empezaba a mermar, dándole paso al comienzo del otoño, pronto Eren cumpliría sus 21 años, y eso lo ponía realmente contento. Como todos los años, de seguro haría una fastuosa fiesta con sus compañeros de estudios, amigos y ahora sus colegas del trabajo. Su padre le había insistido un poco para que dejara ese empleo de poca monta, que más le hacía perder el tiempo que otra cosa, o al menos Erwin lo veía así. El único que parecía apreciar sus esfuerzos era el bueno de Levi. Siempre lo animaba si se sentía decaído, le compraba alguna masita dulce de esas que le gustaban tanto, le daba consejos desde su experiencia, lo animaba a superarse y lo felicitaba otro tanto por sus mejoras y avances. Casi sin darse cuenta se empezó a volver una parte importante de su día a día. Ya estaba acostumbrado a que invadiera su espacio personal, a que le hablara casi en el oído para contarle alguna infidencia de la oficina de la cual terminaban riéndose mucho. Pronto se descubrió pensando en él mientras estaba en sus clases de la universidad. ¿Qué estará haciendo Levi-san en estos momentos? ¿Se habrá quedado completando las carpetas que se acumularon de nuevo? ¿Ya habrá cenado? ¿Qué tipo de comida le gusta? ¿Estará casado? No le había visto anillo, y tampoco hablaba de ninguna esposa esperándolo, tal vez no lo estuviera… ¿tendría una novia? ¿Tendría un amante escondido? ¿Una mascota? Se daba cuenta que las cosas dulces no eran mucho de su agrado, de manera que una mañana le acercó un sándwich de pan integral y queso gouda, se sintió muy contento cuando el de ojos azules recibió su gesto con mucha alegría… Se sintió levemente perturbado mientas miraba de reojo como esa pulcra y blanca dentadura se hundía en el pan tostado… ¿qué rayos estaba pasando con él? Sin duda esas perturbadoras lecturas de mangas BL le estaban atrofiando la cabeza.

El joven llegó ese viernes a su casa, exhausto, pero se sintió feliz cuando el mayordomo le entregó la pequeña caja que le había llegado por correspondencia. Se encerró en su habitación para destrozar el empaque y hacerse con el contenido. Eran tres pequeños libros de manga, de un mangaka que se llamaba Harada. Armin le había comentado que había incursionado en sus obras, pero que eran demasiado perturbadoras para su gusto. Repasó con las yemas de sus dedos los títulos impresos en relieve de las cubiertas y se sintió extrañamente nervioso, y por qué no admitirlo algo temeroso. Los había adquirido por internet, de ninguna manera iría a exponerse a una librería para comprar ese tipo de literatura, ni tampoco admitiría delante de su amigo que le generaban curiosidad esas historias, ni mucho menos se los pediría prestados, antes muerto. Ya de por sí le costaba mantener el papel de ofendido cada vez que Armin le insitía con leer alguna serie nueva. Internamente, a pesar de que sabía que ser fudanshi no implicaba ser gay, le producía cierta vergüenza admitir que se había vuelto adicto a ese tipo de lectura. Su padre era un homofóbico de aquellos, tal vez también le daba cierto morbo tener un secreto que escandalizaría a ese recio hombre. Todo esto pensaba mientas olía el papel impreso, siempre le daba satisfacción el aroma de los libros nuevos, era en cierta manera algo satisfactorio.

Se sentó en la cama y agarró uno al azar, estaban en inglés, Niisan, se leía en el título, las primeras páginas le dieron escozor, era en verdad una historia de los más repugnante y perversa, y aunque su moral y su cordura lo incitaban a arrojar ese obsceno objeto lejos de sí, para luego rociarlo con alcohol y quemarlo hasta reducirlo a cenizas, su curiosidad era inquebrantable. Devorando hoja tras hoja, no pudo parar de mirar las imágenes una y otra vez, hasta que al llegar al final, se dio con que tenía una erección tremenda dentro de sus pantalones de mezclilla.

Se asustó, verdaderamente se asustó, su respiración se aceleró al igual que sus latidos, eso era malo. No, no era malo, era horripilante. Se había excitado con una historia absurda, retorcida en el sentido de la sanidad mental y espantosamente decadente. Cuando estaba por masturbarse un poco para aliviarse de esa tensión, la puerta de su cuarto sonó cuando alguien desde afuera quiso entrar, se le cayó el libro de las manos al piso y se quedó helado, agradecía a todos los dioses haber echado el cerrojo por dentro.

-: ¿Eren? – la voz de Mikasa se filtró delicadamente desde afuera.

-: ¿Mika? Espera, ya te abro – tomó los libros y el empaque, y los metió debajo de su costoso somier, para luego ir a abrirle.

La joven entró sonriente, depositando un dulce beso en sus labios.

-: ¿Desde cuándo pones seguro en tu cuarto, amor? ¿No habrás estado mirando cochinadas, no? – le dijo con un aire de gracia y el muchacho se ruborizó - ¿Lo hiciste? – le dijo sorprendida.

-: Ni que fuera una novedad – dijo el joven mientras la acorralaba contra la pared, normalmente no era de tomar la iniciativa, pero en ese momento la chica era como un ángel caído del cielo, porque no sólo quería aliviar la excitación que tenía, sino que también quería confirmar que seguía siendo un hombre normal, un hombre al cual le gustan los pechos y las vaginas.

La besó apasionado, y Mikasa respondió de inmediato, para ella era como un sueño hecho realidad, que la buscara con esa desesperación, aunque hubiera estado viendo porno antes, era algo que los chicos jóvenes hacían normalmente, se dijo. Tuvieron un grandioso encuentro pasional, Eren tuvo que poner una mano en la boca de la muchacha, no sólo le molestaba un poco lo ruidosa que se ponía al momento del sexo, sino que no tenía ganas de que todos en la casa se anoticiaran de sus actividades. Luego de que ambos disfrutaron como cerdos, se fue a dar una ducha. Se sentía un poco mal, prácticamente la había usado para tratar de borrar de su cabeza esa incómoda sensación de sentirse erecto por ver a dos hombres haciéndolo… bueno, dos personajes de un manga… Eso era peor.

Mikasa se fue luego de la cena, la acercó en su auto a su hogar, que estaba a escasas cinco cuadras. Era de noche y no sería bueno que estuviera deambulando por ahí sola, aunque era consciente de que la chica era cinturón negro de karate y que cualquier delincuente podía salir malherido en un encuentro con ella, ya había pasado antes. Pero le remordería la conciencia si por su culpa la exponía a un mal rato. Luego se fue a deambular en su auto, cosa que le encantaba hacer últimamente, ponía sus temas favoritos en el estéreo y se perdía por las calles de la ciudad, normalmente terminaba yendo hacia un sector descampado. A veces, detenía el auto, se sentaba en el capot y contemplaba un rato las estrellas. Esos ratos de soledad le sentaban bien, hoy iba acompañado de un par de latas de cerveza.

Mientras miraba el firmamento su celular sonó, esperó unos minutos para fijarse, sin duda sería Mikasa, molestándolo de nuevo con sus típicos mensajes de "me encantó lo que hicimos, la pasé muy bien, te amo, me gusta cuando eres tan apasionado" y estupideces por el estilo. Grande sería su sorpresa al tomar el móvil y ver que un número desconocido hacía su aparición.

"Oi, cachorro, ¿cómo estás?"

No había dudas de que era él, nadie más lo llamaba de esa manera, su corazón se aceleró un poco, ¿por qué? No entendía del todo sus reacciones últimamente, pero sin dudas ya le había clavado el visto y debería contestar.

"Ey, Levi, ¿qué cuentas? Yo aquí, sin planes por ahora"

Luego de unos tortuosos minutos donde sus ojos no se despegaron de la pantalla llegó la réplica:

"Estoy igual, ¿se te antojan unas cervezas?"

Se sorprendió de verse contestando prácticamente de inmediato:

"Sí, ¿por qué no? ¿Dónde estás?"

"En la diagonal 49, a la altura del 600, en un bar o algo por el estilo que se llama Memorial, ¿puedes venir?"

"Claro, en 15 minutos estaré allí"

"Te espero"

Subió de inmediato a su auto y arrancó sin pensárselo mucho, al fin tenía una buena oportunidad para saber más de su compañero. Tal vez en un ambiente fuera del trabajo Levi se animara a contestar preguntas más personales, o eso esperaba al menos.

Llegó al lugar, estaba algo concurrido al ser fin de semana, era amplio y había rock de música de fondo, las paredes adornadas con dibujos de tatuajes y bandas de rock de metal pesado. Era bastante agradable a su gusto. No demoró demasiado para verlo sentado en una de las mesas redondas de madera. Sintió una extraña electricidad recorrerlo cuando sus ojos se encontraron, Levi estaba completamente diferente a la imagen que veía a diario en la oficina. Tenía el cabello peinado hacia atrás con gel, una cadena gruesa de plata con un crucifijo negro colgando del cuello, una remera negra y una campera de cuero negra a juego, unos ceñidos jeans azules, y un par de botas negras, realmente se veía atractivo, es decir, desde un punto de vista femenino, claro. Siempre enfundado en esos aburridos trajes, verlo vestido de manera tan cool era refrescante. Extrañamente se sentía inferior a su lado, a pesar de ser más alto, y tener sus atributos. Siempre se sentía en inferioridad de condiciones.

Se acercó sonriendo y Levi le sonrió escuetamente también, su semblante era más serio de lo habitual, estaba tomando una cerveza rubia y Levi levantó el puño a modo de saludo, Eren chocó los nudillos con él y tomó asiento. Levi hizo señas a uno de los mozos para que trajera otra cerveza al joven.

Pronto estaban conversando animadamente, y nuevamente era Eren el que contaba acerca de su vida, no sabía cómo, pero Levi siempre lograba que él se abriera y le contara sus asuntos. La charla era divertido, Levi era divertido. De vez en cuando lo miraba profundamente, casi como si quisiera devorarlo con los ojos y eso lo estremecía un poco. Tenía una mirada muy poderosa sin duda.

-: ¿Tu novia te dio la noche libre? – pregunto casualmente el hombre mientras una sonrisita con sorna se asomaba a sus labios.

-: No necesito pedirle permiso a nadie para salir – respondió con suficiencia el menor haciéndose el superado – Además ya nos vimos suficiente el día de hoy.

-: Oh… no sabía que tenías que cumplir una determinada cantidad de horas con tu novia, sino fuera porque te conozco un poco diría que no suenas enamorado en absoluto…

Eren tomó un largo trago de su cerveza e hizo de cuenta que no había prestado atención a eso.

-: ¿Y tú, Levi? ¿No tienes una esposa, una novia que te esté esperando en tu casa?

Una carcajada grave tomó por sorpresa al más joven.

-: Naaaa, nada como eso. Yo no soy de los que se enamoran, Eren, yo solo… disfruto del momento. No me apetece en absoluto tener una mujer que me esté controlando cada paso… No digo que sea tu caso, no me malinterpretes, simplemente digo que las relaciones estables no son para mí.

-: ¿No? ¿Y eso por qué?

-: Me aburro con facilidad – respondió de manera directa, como era él realmente – Y cuando me aburro puedo ser un total desgraciado. Vaya, ¡qué calor hace! – dicho lo cual se quitó la chaqueta de cuero para dejarla en el respaldo de la silla.

Eren abrió sus ojos muy grande cuando quedó expuesto un enorme tatuaje de una serpiente que se enredaba en el brazo derecho de Levi. Nacía desde un poco más arriba de la muñeca y se perdía por debajo de su remera de mangas cortas. Una especie de coral o algo así, a juzgar por los colores negros y rojos. Era en verdad muy atractivo. Normalmente su cuerpo estaba cubierto con las insulsas camisas blancas de los trajes y obviamente cubrían ese arte a ojos indiscretos.

-: ¿Te gustan los tatuajes? – la voz del mayor lo trajo de su nube de ensoñación.

-: Ah, bueno, no realmente, pero ése se ve bastante bien… debe haber dolido…

-: Casi nada, créeme cuando te digo que hay cosas mucho más dolorosas, ¿le tienes miedo al dolor, Eren?

El joven lo miró desconcertado, ¿qué clase de pregunta era esa?

-: Bueno, creo que todos en menor o mayor medida le tenemos miedo al dolor.

-: Eso depende, cuando aprendes a convivir con el dolor, puede llegar a volverse algo placentero. Como sea, se terminó la bebida – se giró para llamar al mozo nuevamente y Eren clavó su mirada en la nuca blanca y nívea del hombre frente a él. Se quedó pasmado, Levi tenía un piercing en la base de la misma, una especie de puente de metal, y las dos bolitas de metal que lo adornaban brillaban casi con luz propia.

Se le aceleró el pulso, definitivamente Levi escondía muchos secretos, y definitivamente quería descubrirlos a todos. A su lado se sintió una persona muy simple, ese tatuaje indecente y esa perforación en su cuerpo le advertían de que el hombre era una caja de sorpresas, una peligrosa a decir verdad.

Eren aceptó una segunda cerveza, pero se detuvo luego, debía conducir y si un policía de tránsito lo detenía estaría en problemas, había aprendido a ser siempre obediente de las reglas, al tener una familia tan acaudalada, no era bueno andar generando habladurías o momentos incómodos que fueran la comidilla de los medios de prensa amarillistas. Explicó escuetamente que si no fuera porque debía conducir lo acompañaría con otra bebida.

-: Ni modo, si no puedes beber supongo que ya no es divertido, ¿puedes acercarme en tu auto?

-: Sí, claro, ¿dónde vives?

-: En el complejo sur de departamentos, los bloques celestes.

-: Oh, sí, los conozco, un amigo mío vive cerca.

-: Bien, vamos – dijo dejando el dinero de lo consumido junto a la propina en la mesa.

-: Levi, déjame pagar a mí - ofreció Eren llevando su mano a su billetera, pero la mano de Levi lo agarró de la muñeca. Su piel se erizó ante el toque, las manos de Levi estaban frías.

-: No, mocoso, el que te invitó fui yo, la próxima hazte cargo si quieres.

"La próxima", esas dos palabras quedaron resonando en su cabeza y se sintió bien saber que habría una próxima vez.

Caminaron hasta el auto y se subieron.

-: Linda máquina – fue todo lo que acotó Levi – Oh, estabas aprovisionado – dijo al ver las latas de cerveza en los pies del asiento delantero.

-: Sí, a veces me gusta ir a dar unas vueltas y beber un poco. ¿Quieres…? ¿Quieres ir a dar una? – se sintió algo estúpido de preguntar una cosa así, era como el chico primerizo que invita a salir a la chica que le gusta y que no sabe qué hacer para estirar el tiempo compartido. Bueno, no era su caso, a él no le gustaban los hombres, es decir, no le gustaba Levi… No le gustaba, se repetía.

-: ¿Hay algún lugar interesante para ir? – contestó el más bajo con apatía mientras tomaba una lata y la abría para beberla con rapidez, estaban algo calientes, pero la noche se había puesto fría de manera le incomodaba, ni siquiera se había tomado la molestia de preguntar si podía beberlas.

-: Pues no sé, creo que tu definición de interesante tal vez no sea igual que la mía – le dijo el joven sonriéndole.

-: Pues eso tenemos que comprobarlo, sorpréndeme, Eren…

El muchacho encendió los motores y se dirigió al lugar donde había ido horas antes. Quería compartir un momento de tranquilidad con el hombre, donde no hubiera bullicio, ni música estruendosa. Empezaba a entender que se estaba enredando demasiado en el tema, especialmente porque le estaba tomando gusto a la forma en que Levi pronunciaba su nombre, casi como si lo saboreara. Tal vez había tomado demasiada cerveza, sí, seguramente era eso.

Llegaron a la explanada y se sentaron en el capot. Levi estaba algo aburrido después de la tercera lata, pero intentaba seguirle la corriente al joven que parecía extasiado con el cielo nocturno, el estéreo había quedado sonando, al menos tenía buen gusto para las bandas. Apreció el perfil del más alto, era sin dudas un joven extremadamente atractivo, lo que le facilitaría un poco las cosas. Hacía demasiados años de que no tocaba la piel de otro hombre con intenciones poco sanas. Le gustaba la forma en que las estrellas se reflejaban en los grandes ojos verdes del Eren, debía admitir al menos eso. El joven estaba bastante parlanchín, y el hombre empezaba a exasperarse, ya se había fumado un par de cigarrillos y el chico no paraba de hablar. Lo tenía bastante cerca y la obscuridad del lugar ayudaba a que el clima se volviera algo íntimo. Debía aprovechar, era ahora o nunca.

-: ¿Te gusta mucho hablar, verdad? – le dijo interrumpiendo la diatriba del otro.

-: Oh, perdón, ¿te estoy aburriendo?

-: No, para nada, es en realidad estimulante escucharte hablar con tanta pasión de las cosas que te gustan, eres muy transparente – se empezó a acercar, acechante, clavando sus afilados ojos azules en el rostro del joven, quien a pesar de sentirse sorprendido no se alejó, eso era una buena señal, Levi bajó su voz dos octavas y continuó - ¿Alguna vez has besado a un hombre, Eren?

El muchacho se quedó estático, paralizado con esa pregunta, y su corazón empezó a latir aprisa.

-: No… yo nunca…

-: Entonces remediemos eso – fue lo último que escuchó antes de sentir los firmes y finos labios de Levi estamparse contra los suyos. No podía reaccionar, lo había tomado completamente desprevenido, una parte de él le gritaba que lo empujara y lo maldijera, pero otra parte quería seguir adelante, quería saber qué tan lejos podía llegar, porque para ser honesto ese roce le estaba gustando demasiado.

Levi lo sujetó de la nuca y apretó sus cabezas logrando que el muchacho abriera un poco sus labios, aprovechando para filtrar su húmeda lengua en esa cavidad acuosa. Usó su vasta experiencia para comerle la boca al joven, literalmente. Eren sentía que esa lengua acosadora lo saboreaba de todas las maneras posibles y aunque sabía que iba a arrepentirse luego se dejó llevar. Era cálido, era rudo, sintió el sabor de la cerveza y el tabaco mezclarse con su saliva, un beso completamente diferente de todos los que había tenido en toda su vida, era demandante, Levi llevaba el control y lo sometía a su gusto, pronto estaba respirando entrecortadamente e imitando al mayor también lo jaló del cuello, como si fuera posible estar más pegados. Se estremeció cuando sus dedos rozaron el piercing de Levi, las esferas de acero estaban heladas y de cierta forma esas protuberancias saliendo de su piel se le hacían sumamente eróticas. Enredó su lengua con el del mayor y disfrutó el momento por completo. Como si no fuera lo suficientemente malo estar haciendo eso con otro hombre, más grande que él, teniendo una novia devota y una reputación intachable, pero lo cierto era que nada de eso importaba, porque la sensación de que Levi lo estuviera prácticamente violando con su lengua era increíble, como una droga que no se puede abandonar. Pero en lo mejor del beso, Levi se detuvo abruptamente, lo miró como si pudiera perforarlo con sus ojos y le susurró sobre los labios aún calientes y rojos por la fricción:

-: Tu boca es dulce, Eren… muy dulce…