Hola, hola, aquí Luna de Acero reportándose. Lo mismo de siempre, escribiendo a la nada, ja. Me pregunto si algún día alguien leerá esto? Y si es así, si podrá dejarme un review. Como sea, este capítulo es el punto de inflexión de la historia, habrá demasiado lemon, super explícito, por lo que si no es el tipo de lectura de su agrado será mejor que no lean, es mi primer lemon, realmente espero que esté bien escrito.

Disclaimer: Los personajes le pertenecen al sádico de Hajime Isayama, claro, si me pertenecieran a mí todo sería yaoi hard.

Advertencia: Lemon – Fascetas SM – Algo de gore – Recuerdos retorcidos – Para mayores de 18, no me responsabilizo por nadie. Nos vemos abajo.

Capítulo 5: Dolorosa pasión

Levi no era una persona que se asustaba con facilidad, de ninguna manera, él era un tipo centrado, que después de vivir los terrores más diversos había logrado escapar y volver a tener una vida más o menos decente y tranquila. No se metía con nadie, no buscaba problemas, y se había ejercitado a lo largo de los años en diversas disciplinas para estar lo suficientemente preparado para patear cualquier trasero que quisiera hacerse el listo con él. Antes le pasaba seguido, cuando era un débil y frágil renacuajo de poco tiempo. Se había criado en los peores lugares, ya que su madre había sido una prostituta, de delicadas y preciosas facciones, era lo que se llamaría la flor de un pantano, pero que al ser analfabeta y vivir sometida psicológicamente, no tuvo el tino de educarse y buscar una mejor forma de ganarse el pan. Quedó embarazada de él por culpa de un preservativo que se terminó rompiendo. De hecho, la mujer no tenía ni la más remota idea de quién podía ser el padre, pero cuando se enteró que sería madre, fue para ella una gran alegría. Por fin tendría algo que le pertenecería siempre, o al menos eso creía.

Su proxeneta se enojó mucho, y trató por todos los medios que abortara, pero para cuando se supo, ella ya estaba de seis meses, era imposible realizar un procedimiento en ese estado, lo había tenido bien escondido. La golpeaba a diario esperando que de esa manera el niño muriera, pero la mujer era bastante resistente. Finalmente se cansó y la abandonó a su suerte. La mujer consiguió irse a vivir a un burdel de mala muerte, donde la dejaron conservar a su hijo, siempre que no interfiriera en su "trabajo", por lo que Levi aprendió desde muy pequeño a estar en silencio. Su madre lo escondía en el ropero de la mísera habitación que compartían, y a través de la delgada puerta se acostumbró a los gemidos, los gritos, los reproches y todo aquello que involucrara sexo sucio y asqueroso. Pero cuando todo eso terminaba, ella abría la puerta de ese rincón obscuro, le sonreía cándidamente, aunque tuviera un pómulo hinchado, o el labio partido, y le tomaba de la mano para sacarlo de allí. No era una persona que demostrara su afecto físicamente, nunca lo abrazaba o lo acariciaba, excepto para bañarlo, por lo que Levi siempre relacionó "el amor" con el olor del jabón y el shampú. Eran los únicos minutos del día que podía sentir que estaba cerca de ella de verdad.

Para cuando tuvo cuatro, su madre enfermó gravemente, tuberculosis. Sin la medicación adecuada o los cuidados necesarios, su salud desmejoró en poco tiempo, con lo cual la terminaron corriendo del burdel por miedo a que contagie a los clientes. Vagaron por un par de días, refugiándose debajo de puentes o dentro de canales, Levi ocasionalmente conseguía algún pan o galletas cuando mendigaba por las calles. Aprendió que para la gente es más fácil ignorar a los necesitados. Finalmente terminaron viviendo en una especie de pieza de madera roída, con un colchón sucio que habían conseguido de un basurero. Su madre agonizó semanas, hasta que finalmente murió. Se quedó sentado al lado del cadáver, no supo por cuanto tiempo. Su menudo cuerpecito se empezaba a dar por vencido, y creyó que lo mejor que podía pasarle era morirse, estaba completamente resignado a su suerte.

No supo ni cómo lo rescataron. Sólo que se despertó en un cuarto acogedor, al menos al compararlo con sus experiencias anteriores. Al parecer una anciana se había apiadado de la bolsa de huesos que era en ese momento. Le hablaba con cariño y le daba de comer, Levi hizo lo que siempre había hecho hasta ese momento, aceptar su destino.

La anciana era de apellido Ackerman y tenía un hijo que no andaba en buenas compañías. Era alcohólico y drogadicto. Siempre dormía con un cuchillo bajo la almohada. Levi le tenía algo de miedo, cuando se quedaban solos solía patearlo si se lo encontraba en el camino.

La anciana lo inscribió en la escuela con lo único que él recordaba que era su nombre: Levi, y le cedió su apellido. Por lo que empezó a cursar regularmente. Poco a poco, el niño se volvió obsesivo con su aseo personal y el de la casa, quería de alguna manera devolver el favor a esa mujer por haberle dado acogida. La anciana le dijo que debía leer, que nunca dejara de hacerlo, que eso iba a abrirle las puertas en un futuro. Levi no entendía muy bien el significado de esas palabras, pero para él "abrir las puertas", significaba algo bueno, de manera que le hizo caso. Si no estaba limpiando, estaba leyendo, quieto en algún rincón sin hacer el menor ruido, a pesar de todo era una existencia bastante cómoda, hasta ese fatídico día lluvioso que regresó a casa. La anciana no estaba, y no estaría más. Tuvo que acostumbrarse a vivir con el hijo, normalmente ni siquiera lo tenía en cuenta, aunque lo obligaba a cocinar, el problema es que a veces no había ningún alimento en la casa y lo golpeaba de igual manera. Muchas veces lo dejaba durmiendo afuera para "castigarlo", hasta que se le pasaban los efectos del alcohol. Levi aguantó esa vida durante 5 duros años.

Cuando ya estaba cumpliendo los diez, se había vuelto un niño sombrío y obscuro, sus pares lo evitaban y lo dejaban de lado para cualquier actividad. La escuela le permitía seguir yendo por sus excelentes calificaciones, pero por más notas que mandaran nadie venía a hacerse cargo de él.

Cierto día que estaba sentado en una plaza, cosa que hacía regularmente porque por lo general demoraba bastante antes de llegar a la casa, con la esperanza de no cruzarse con Leny, tal el nombre del hijo de la anciana, un hombre se sentó a su lado. No había nadie más en ese lugar. Levi lo miró con sus tristes y apagados ojos azules. El señor tenía un traje impecable, su cabello rubio y bien peinado brillaba con los últimos haces del sol de la tarde, le sonrió con calidez, una extraña mueca que el niño no sabía cómo interpretar, no estaba acostumbrado a que las sonrisas se dirigieran a su persona. Pero le gustaron sus ojos celestes, parecían gentiles.

El hombre conversó con él, se presentó como Erwin y le dijo que lo había visto muchas veces sentado solo en ese lugar. Sacó un emparedado caliente de su bolso y Levi tragó saliva al verlo. Se lo ofreció y el niño aceptó de inmediato, atragantándose con el manjar. Le parecía la cosa más rica que hubiera probado en su vida. Erwin le dijo que él también se sentía solo, y que si lo dejaba hacerle compañía por las tardes en la plaza, él compartiría siempre su merienda, que podían llegar a ser amigos. Al pequeño le latió fuerte el corazón, él jamás tuvo un amigo en su corta vida, eso sonaba bien.

Pronto se le hizo costumbre la presencia de Erwin. Poco a poco, como un gatito asustado, empezó a confiar en él, y comenzó a contarle, entre emparedados, gaseosas y dulces, acerca de su vida. A veces el hombre se mostraba en verdad dolido por las cosas que para Levi eran totalmente normales. Le dijo que no estaba bien que lo golpearan, y hasta le enseñó un par de cosas para defenderse de abusivos. Al cabo de un tiempo indefinido, el hombre dijo que quería hablar con ese tal Leny.

-: Levi, tengo una casa muy grande, ¿no te gustaría venir a vivir conmigo? Nunca más volverías a pasar hambre, ni miedo, ni frío, podrías ir a un mejor colegio. ¿Y sabes? Tengo un cuarto lleno de libros, del piso al techo, podrías leer incansablemente. Yo… te haría muy feliz… Déjame hablar con Leny, y si él está de acuerdo, y por supuesto, si tú quieres, le pediría que te dejara a mi cargo… ¿Qué dices, Levi?

El niño sintió algo que hacía años estaba muerto dentro de él, alegría, y por primera vez en muchos años le sonrió al hombre. Aceptó dócilmente, esperanzado, inocentemente confiado. Por supuesto lo guio a la casa. Presentó a los adultos y luego ellos le pidieron que los dejaran a solas. En ese momento no lo supo, lo supo ya de grande, que Erwin ofreció una suma muy considerable de dinero por él, y por supuesto Leny aceptó de inmediato. Esa misma noche se fue con el rubio a su casa.

El auto de Erwin era enorme y pulcro, y además tenía otro hombre al frente al que llamaba "chofer". Su mano derecha portaba un anillo grande y fastuoso de oro con una piedra roja incrustada. Levi sólo tenía un pequeño bolso de mano con unas míseras mudas de ropa y uno que otro libro.

La casa estaba alejada de la ciudad y era enorme, tal como le había contado Erwin. Le dio una habitación preciosa, con las paredes pintadas de verde agua, una cama mullida, un escritorio y un baúl lleno de juguetes. Tenía televisión propia. Esa noche Leví se hizo un ovillo en una esquina de la cama y lloró de felicidad. Normalmente él no lloraba por nada, excepto muy contadas veces (esa era la segunda en su vida), porque cuando algo le producía una calidez en el pecho no podía evitar que se le aguaran los ojos.

Los siguientes tres meses fueron como estar en el paraíso. El chofer lo comenzó a llevar a su nuevo colegio, Erwin consiguió que le hicieran los documentos donde figuraba como su tutor legal. Levi comía tres veces al día lo que la ama de llaves cocinaba, que siempre eran platillos de su agrado. Y su parte favorita del día era cuando Erwin llegaba de trabajar, le encantaba recibirlo en la puerta, aunque con su semblante serio, el mayor se daba cuenta que se estaba esforzando por ser un buen niño, exactamente lo que él quería.

De a poco, casi sin darse cuenta, se acostumbró, aunque aún le costaba, a que Erwin le demostrara su afecto con caricias sutiles. Un apretón de hombros, de manos, un beso en la mejilla, en la frente, a veces se sentaban en un amplio sillón en la sala de estar para ver películas de dibujos, Levi nunca había visto eso en su vida y le complacían bastante. Por lo general Erwin le pedía que se sentara en su regazo o entre sus piernas. Al principio a Levi le costaba mucho, sentía un rechazo extraordinario a que las personas lo tocaran, pero con Erwin estaba bien, él era su amigo, era su salvador, era la única persona en ese mundo que lo cuidaba.

-: Levi – le susurró una de esas tardes – Te quiero… - El niño se quedó de piedra ante esa confesión – Te quiero, Levi – el adulto se lo repitió incontables veces, el pequeño no sabía muy bien que significaba querer, creyó que tenía que ver con dar de comer, cuidar y preocuparse por el otro - ¿Tú me quieres, Levi? – le preguntó mientras lo abrazaba y aspiraba fuerte sobre el cándido y pálido cuello.

-: Sí – fue la corta respuesta que generó una sonrisa enorme en el mayor. Levi supo que lo estaba haciendo feliz y eso le hizo sentir bien – Er-Erwin… me, me estás apretando mucho…

-: Lo siento, lo siento, es que estoy tan contento, Levi, por favor, quédate conmigo para siempre… Oye, ¿quieres que nos bañemos juntos?

El niño aceptó con regocijo, le hacía recordar mucho a esos hermosos momentos que compartió con su madre hacía tanto. Al principio Erwim solo le tallaba la espalda y lo ayudaba a lavarle la cabeza, pero con el correr de los días insistía en enjabonarlo por completo, aduciendo que él no lo hacía bien. Levi no entendía, él siempre se esmeraba por estar limpio, y no creía que las manos del adulto hicieran un trabajo mejor que el suyo, pero por no contradecirlo se dejaba hacer. A veces se sentía en verdad incómodo cuando tocaba en sus partes íntimas, le molestaba y rehuía.

-: ¿Qué sucede, Levi? ¿Te molesta que te toque? – le preguntaba el mayor con una expresión de tristeza en el rostro, al niño eso no le gustaba.

-: No, es que… ahí… ahí, no… no me gusta, no me toques ahí.

-: De acuerdo, no lo haré más… pero no debes sentir pena, yo te quiero y tú me quieres, y estamos tratando de ayudar al otro a estar limpio, eso es todo, no es nada para avergonzarse. ¿Quieres ayudarme?

Erwin le pedía a diario que enjabonara sus partes íntimas, a veces resoplaba y su cara se ponía algo roja como si hubiera corrido. El niño no entendía y la primera vez se asustó mucho, porque pensó que lo había lastimado o algo. Pero luego Erwin sonreía y le decía que eso significaba que lo estaba haciendo bien. Cierta vez salpicó el pecho del niño con un líquido caliente y blanquecino que había salido de su cuerpo. Le dijo que eso era algo que sólo podía hacer con él, y que le eso lo hacía feliz. Levi se sintió extraño, un poco asqueado, no le agradaba demasiado, y se lo dijo. Fue la primera vez que vio a Erwin molesto.

-: No es mucho lo que te pido, ¿o sí Levi? Tal vez prefieras volver a la pocilga donde vivías antes, donde Leny te golpeaba a diario, ¿quieres eso?

-: No, yo… no quiero eso…

Pronto logró acostumbrarse a ese tipo de sucesos. El problema era que cada vez se sentía peor. La llegada de Erwin a la casa empezó a convertirse en algo que quería evitar. Trataba de bañarse temprano y se iba a dormir para no tener que lidiar con el adulto. Algo en su instinto le decía que las cosas no marchaban como deberían. Cierta noche Erwin entró en su habitación, trató de hacerse el dormido pero el adulto le quitó las colchas y lo sujetó con fuerza de los hombros.

-: Levi, despiértate.

-: Si, si, ya. Bienvenido a casa Erwin – le susurró algo asustado.

-: ¿Qué mierda te pasa? ¿Estás evitándome? ¿Por qué?

-: No, no es eso…

-: ¿Ya no me quieres?

-: No, Erwin, yo sí, yo te quiero, de verdad, pero…

-: ¿Pero qué?

-: Yo, ya… ya no quiero que… no quiero que nos bañemos juntos… es eso.

-: He sido paciente contigo, pero ya estoy cansado de esperar. ¿Acaso no te traté bien? ¿Acaso no cumplo cada uno de tus caprichos? ¿Qué tiene de malo si quiero que me demuestres tu amor como corresponde? ¡Maldito niño!

Las grandes manos se cerraron sobre tu cuello apretando con fuerza y Levi tembló mirándolo con sus ojos desorbitados.

-: Er-Erwin… m-me las-lastimas… - le hablaba con su voz diminuta y quebrada, sin poder entender qué había hecho mal.

Erwin lo beso con fiereza y Levi quiso escaparse de él, pero no había manera que un niño de once años pudiera medirse con la fuerza de ese enorme hombre. Después de esa noche, Erwin nunca volvió a ser el mismo con él. Lo mantenía encerrado en la casa, por lo que lo obligó a dejar los estudios. Lo sometió a las más perversas prácticas, doblegando su fuerza, lastimándolo, disfrutando de sus lágrimas. Dos años completos de terror constante. Aun, después de veinte años casi imperceptiblemente se notaban las cicatrices que habían dejado los grilletes en sus muñecas y tobillos a los que permanecía encadenado en ese tiempo.

Hasta que una vez, armándose de valor, lo sedujo, usó todas sus herramientas disponibles, el mayor le creyó, llevaba tanto tiempo tratando de dominar su alma, que realmente pensó que lo había logrado. Cuando dormía plácidamente, Levi se escapó. Robó todo el dinero y las cosas valiosas que pudo y huyó en la madrugada. Sólo recuerda haber llegado corriendo a la estación de trenes y tomar uno tras otro hasta que se sintió lo suficientemente lejos. Su vida no fue mucho más fácil luego, pero al menos pudo tomar algunos exámenes libres para tener un título secundario y conseguir trabajos de medio tiempo para poder vivir. Siempre se lamentó no haberlo matado esa misma noche. Debería haberlo hecho.

A pesar de haber ido terapia muchas veces, nunca pudo sacarse la obsesión en su cabeza de vengarse, de volver y destruirlo, de destrozarlo por completo.

El segundo motivo por el que Levi siempre era acosado, era por su complexión diminuta, delgada, por sus facciones delicadas, similares a los de una mujer y su pequeña estatura, cosa que odiaba en extremo. Por lo que por muchos años se entrenó a sí mismo, boxeo, artes marciales, combate, solía levantarse temprano y correr hasta no tener energías, ahora sólo lo hacía por costumbre cerca de treinta minutos por día.

Y ahora, después de tantos años, de tantos errores cometidos, de tanta mala suerte, venía a caer en las manos de un mocoso que quería pasarse de listo, y lo peor de todo que el alcohol lo tenía debilitado. Se dio cuenta que tal vez se le había pasado la mano, que había subestimado a Eren, pensando que era tan fácil de domesticar como un cachorro. Sería inevitable, después de todo era hijo de ese detestable monstruo, sin duda por sus venas corría la misma sangre y las mismas intenciones de dañar.

Pensó rápidamente, no era buena idea resistirse, ese joven estaba fuera de control, si insistía en defenderse, iba a devorarlo y de la manera más tenebrosa. Por lo que en vez de seguir forcejeando, aflojó su cuerpo y se puso lánguido ante el agarre del menor. El joven lo miró sorprendido, Levi le sonrió complaciente y le habló de la manera más sensual posible.

-: No seas estúpido, Eren… yo no quiero que te detengas, pero no hagas cosas innecesarias tampoco. Es verdad, lo admito, me atraes y estuve buscando llamar tu atención desde un primer momento. Sí, me subí a tu auto porque esperaba que algo pasara entre nosotros, sí te hablé de esa estúpida perra que me tiraba de vez en cuando, sólo porque quería saber si en verdad te afectaba… Aaahh… soy un gran idiota, ¿no crees? Comportándome como un adolescente – Apoyó su cabeza sobre el pecho del menor, rogando a todos los cielos que su actuación sonara creíble y luego lo miró directo a los ojos – Bésame, Eren… haz que olvide a todos los que han estado antes que tú, dame lo que necesito… ahora…

El muchacho unió sus labios apasionadamente, pero no con la violencia anterior, soltó sus muñecas y lo abrazó contra su cuerpo, mientras intentaba mostrarle todo lo que ese hombre le provocaba a través de ese dulce contacto. Eren tenía la mente nublada, nunca se había sentido de ese modo, escuchar esas palabras salir de Levi lo había calmado por completo, tenerlo entre sus brazos, respondiendo tan bien a ese beso lo estaba trastornando. El de piel blanca metió una de sus piernas entre las del joven y frotó su muslo contra la entrepierna del menor que reaccionó de inmediato, lo tuvo así varios minutos, Eren sentía que si lo seguía friccionando lo haría eyacular dentro de su pantalón, pero grande fue su sorpresa cuando Levi le dio un fuerte rodillazo a sus partes íntimas. Cayó doblado gruñendo de dolor, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas, sentía que el estómago se le iba a salir por la boca, mientras gemía en el suelo, el hombre aprovechó y le propinó una feroz patada en la boca del estómago.

-: ¡Mocoso inútil de mierda! – Le gritó iracundo - ¿Acaso crees que vas a poder hacer lo que se te ocurra conmigo? ¡Idiota! ¡IDIOTAAAAAA! ¡Aaarrggh! – Aulló enardecido - ¡Estoy tan furioso! Debería matarte a golpes, hijo de puta, ¿qué me querías hacer, eh? ¿Acaso si me negaba pensabas violarme? ¡Estúpido, imbécil! ¿Con quién mierda crees que te metiste?

Se alejó y fue a sentarse en el capó del auto, mientras encendía un cigarrillo, no volvería a bajar la guardia tan fácilmente. Maldito mocoso que no puede dominar a su propio falo. Tenía ganas de ir a bañarse, de tragar lavandina y borrar cualquier bacteria que el muchachito hubiera dejado en él.

Suspiró pesado, mientras le temblaban las piernas, eso había estado malditamente cerca, todas sus pesadillas llovieron sobre él, sentía que le ardían las muñecas justo donde Eren lo había apresado con su gran fuerza, se miró, estaban marcados aún sus dedos.

-: ¡Mierda, mierda, mierda, mierda! – empezó a patear el auto con bronca, mientras seguía bufando. Así estuvo un buen rato hasta que volvió a retomar el control de sí mismo. Si se dejaba llevar por la ira terminaría matando al bastardo insolente.

-: Le-levi… - escuchó la voz lastimosa del joven que se venía sujetando del auto con una mano y la otra se agarraba del estómago, se quedó estupefacto cuando vio su rostro arrasado por lágrimas – Lo… lo si… snif… lo… snif, lo siento… snif… No de-debí… no debí… - Luego agachó la cabeza mientras el llanto lo hacía convulsionar. El mayor cerró los ojos, suspirando fuerte y se le acercó, debía hacer algo o su plan se iría al tacho. Se le acercó con cautela – Me-merezco q-que me mu-muelas a gol-golpes… (llanto)… perdón… perdón… no pu-pude detenerme… soy de… de lo peor (llanto).

Levi sacó un pulcro e inmaculado pañuelo blanco, que siempre llevaba consigo y se acercó para limpiarle el rostro, como cuando una madre le limpia la cara a su hijo que jugando se cae y se hace daño. El menudo hombre tampoco era de piedra, y debía aceptar que verlo quebrado de esa manera le afectaba un poco… ¿pero qué mierda estaba pensando? ¿No se suponía que eso es lo que buscaba en primer lugar? ¿Y por qué ahora lo estaba abrazando?

-: Ya cállate, estúpido – le dijo con voz autoritaria y Eren se aferró a él con fuerza, mientras seguía descargando su llanto en su hombro, que alguien le explicara qué le vía de bueno su novia a ese llorón de mierda – Que nadie se ha muerto, sólo metiste la pata horriblemente, ya cálmate, vas a mojarme entero.

Eren trató de respirar y se apoyó contra el capó abriendo un poco las piernas y sosteniéndose con sus brazos.

-: ¿Estás bien? – preguntó Levi con más tranquilidad.

-: Bueno… pegas duro… probablemente pierda mi capacidad para ser padre, ¡auch!

-: Tal vez te lo mereces, mocoso alzado.

-: Eres bueno para consolar, ¿eh? – dijo Eren mientras en medio de los surcos de lágrimas esbozaba una semi sonrisa.

-: Te lo advierto desde ahora, idiota, no vuelvas a intentar forzarme a nada, porque te juro que la próxima vez te castro, y créeme que voy en serio.

-: Ya olvídalo, no volveré a ponerte un dedo encima, lo prometo.

Levi se le acercó muy rápido y Eren dio un respingo por la sorpresa, lo tomó de la solapa de su camisa con rudeza y lo miró con seriedad.

-: Escúchame escoria inútil, te dije que no me forzaras, eso quiere decir que si yo estoy de acuerdo puedes avanzar, te queda claro ¿o te lo dibujo?

-: Levi… Levi… me gustas… me gustas mucho…

El hombre aflojó el agarre de sus manos, esa declaración lo había tomado por sorpresa. No pudo evitarlo pero sintió que algo se removía dentro de él.

-: ¿Pu-puedo besarte? – suplicó Eren, mientras la luna se reflejaba en sus pupilas.

-: ¿Ahora vas a preguntar por cada pequeña cosa? – respondió el otro con debilidad.

El joven tomó el rostro del mayor entre sus manos con delicadeza y lo besó con suavidad, como si tuviera miedo que se evaporara en el aire. Levi sintió que se le contraía el estómago, ¿qué era esto? No era la primera vez que se besaban, pero sin duda ese roce… se sentía completamente diferente… Extrañamente agradable. Abrió un poco su boca para profundizar el beso. Ahora no se sentía asqueado, al contrario lo estaba disfrutando, sin dudas sería el alcohol, sí, era eso. Incluso sentir las mejillas húmedas de Eren no le molestaba en absoluto. El mocoso era bueno dando besos, después de todo. No supo en qué momento estaba abrazando la fornida espalda del menor, mientras Eren acariciaba sus brazos desnudos con suavidad enviándole pequeñas corrientes eléctricas a lo largo de su columna. Tal vez era que jamás se dejaba acariciar por otros, incluso cuando se acostaba con sus amantes solo dejaba que tocaron sus partes íntimas, odiaba los besos y todo lo que involucrara intercambio de fluidos de una boca a otra, al menos hasta hoy. El sexo era simplemente la acción de desfogarse cuando se sentía caliente, disfrutaba más bien escuchando los gemidos de sus compañeras de noche, y las hacía llegar al clímax con sus hábiles manos y movimientos de caderas, luego era su placer y fin. Y a pesar de que todo formaba parte de un macabro plan, le estaba permitiendo al joven hacer todas aquellas cosas que no le permitía a nadie más, al menos no bajo su consentimiento… Y debía admitir que le gustaba… bastante…

-: Levi… - resopló Eren sobre el rostro del mayor – Eres lindo… me gustas, me gustas – lo abrazó con suavidad, mientras besaba su cuello delicadamente, el mayor intentaba no retorcerse ante los ataques del menor, pero es que su cuerpo prácticamente reaccionaba solo, esas palabras, lo estaban afectando. No era la primera vez que alguien le decía "me gustas", ni que lo besaban, o lo acariciaban, pero antes sentía tanta repulsión… porqué ahora… ¿por qué así? – Levi, eres tan lindo, me gustas tanto… tanto…

El hombre deslizó una de sus pálidas manos sobre la entrepierna del muchacho, frotándolo suave contra la tela.

-: Oi… ¿te sigue doliendo? – le dijo apenas en un susurro, Eren no dejaba de besar su cuello, su oído, aspirar su cabello, y el ojiazul estaba cayendo ante su hechizo.

-: U-un poco… - respondió extasiado el menor mientras deslizaba sus manos dentro de la remera de Levi para poder encontrar la cálida y sensible piel, las yemas de sus dedos trazaban largas líneas indefinidas, haciendo que el mayor se estremeciera, mientras se mordía el labio inferior para apagar los gemidos de satisfacción que querían escaparse de su garganta. Con habilidad abrió la hebilla del cinto de Eren y el botón de sus jeans para luego, con tortuosa lentitud bajarle la cremallera. El joven subió hasta su boca para beber de nuevo de su caliente acuosidad. Se removió inquieto cuando sintió la fría mano de Levi envolver su henchida hombría – Oh, Levi… - suspiró con deseo mientras volvía a devorar esos finos y deliciosos labios, sus gemidos se apagaban en la boca del otro. El mayor comenzó un cadencioso vaivén apretándolo gentilmente, encendiéndolo por completo. Eren detuvo el beso para arquearse ante un suculento espasmo de placer, sus ojos estaban cerrados y Levi quiso ver mucho más de esas eróticas expresiones que el menor le estaba enseñando.

Eren tomó su mano derecha y la acercó a su boca, empezó a besar su tatuaje subiendo por toda su extensión, le habían dicho muchas veces que su tatuaje era lindo, pero nadie lo había besado así antes, sintió que se ruborizaba. ¡Esperen un momento! ¿Ruborizarse? ¿Él? ¿Un hombre de más de treinta? ¿Qué demonios? La boca del joven siguió escalando por parte de su hombro que quedaba expuesto por la remera, el cuello, su quijada hasta encontrar de nuevo su boca. Las manos de eren también le abrieron el cinto y el pantalón, un poco más desesperadas, y Levi semi sonrió al notar la ansiedad del menor. Sus pantalones cayeron hasta sus pantorrillas y se estremeció con el frío de la noche, los dedos calientes de Eren se metieron dentro de sus apretados bóxer para darle placer también.

-: M-más suave, i-idiota… - le pidió Levi y dejó escapar un quejido de satisfacción, bruto y todo, el mocoso lo estaba acariciando deliciosamente. Grande sería su sorpresa cuando sintió que algo tibio y pegajoso se deslizaba entre sus dedos. El joven se arqueó temblando ligeramente – Oh… - dijo Levi mirando su mano – Eso fue… rápido…

-: Es… es que eres tú… - respondió el joven derrotado – Pero tú aún…

-: Está bien – respondió el pelinegro sonriendo – No hace falta yo…

-: ¡No! Déjame hacerlo – Eren lo giró tan rápido que le dio un breve mareo, sin duda el alcohol había sido demasiado. Lo apoyó contra el capó y se arrodilló ante él.

-: Oi, mocoso, ¿qué mierda piensas hacer? ¡Aaammm! – no pudo continuar porque Eren había puesto su falo dentro de su boca y lo estaba succionando con algo de fuerza. Poco podía hacer el mayor para reprimir sus gemidos, sin dudas el joven no era muy bueno, pero tenía potencial.

-: Lo… aaah, lo siento si… (volvía a meterlo en su boca y luego sacarlo) si no soy bueno, perdóname Levi, pero (repetía la acción), es mi primera vez… ¿Eshtá gbien ashí?

-: Mocoso idiota – dijo Levi golpeando con el puño su cabeza – No hables cuando lo tienes en la boca… está bien, así que continúa… S-solo ten… ten cuidado… tus di-dientes…

Pero Eren no lo lastimó, puso todo su empeño y trató de hacerlo de la mejor manera posible, lamiendo, chupando, masajeando, estuvo más de quince minutos en la faena, y aunque Levi siempre se mofaba de lo aguantador que era al momento de mantener una erección, verlo haciendo eso, a la luz de la luna, mirándolo suplicante con sus ojos, atento a darle todo el placer posible, no olvidemos el maldito alcohol causa de este "problema", Levi enterró sus dedos en la espesa cabellera marrón y trató de mantener la cordura algunos segundos más.

-: Eren, Eren… Es-espera, voy a… me… me voy a venir… de-deten-detente… Oi, mocoso, no aguanto… Ey, te digo que… pares… - tiró con algo de fuerza de sus cabellos pero el joven succionó con más determinación y finalmente se derramó en un grito corto y agónico en la boca del joven. Le costó un poco regular la respiración, pero finalmente pudo volver a pararse, las piernas le habían quedado algo débiles. Se arregló su ropa interior y se subió los pantalones. Eren de puso de pie y lo imitó.

-: Mocoso de mierda, escupe eso, no puedo creer que aún lo tengas en tu boca… asqueroso.

-: ¿Mmm? No tengo nada en mi boca, Levi – dijo Eren sonriéndole con picardía.

-: ¿Te lo… te lo tragaste?

-: No sabe tan mal – fue toda la respuesta del joven y Levi se puso completamente rojo.

-: ¿Pero qué sucede contigo, imbécil? ¿Cómo pudiste hacer algo tan repugnante?

Eren lo abrazó de improviso, el mayor podía incluso escuchar su corazón palpitando con furia dentro del trabajado pecho del ojiverde.

-: Puedo, porque me gustas, Levi… me gustas tanto, quiero todo de ti… todo…

Levi se dejó abrazar, después de lo que había sucedido no se iba a poner tímido.

-: Ni se te ocurra besarme ahora, mocoso cochino – fue toda la advertencia que le dió.