Hola, hola, aquí Luna de Acero reportándose. Trayendo el nuevo e inesperado capítulo, ja.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen al sádico de Hajime Isayama, claro, si me pertenecieran a mí todo sería yaoi hard.
Advertencia: Relato yaoi, +18 años, no me responsabilizo… bla, bla, bla… ya saben…
Capítulo 7: Convivencia forzada
Eren bostezó por quinta vez, miró el reloj, eran las once la noche, ya había avisado en su casa que estaba con trabajo y volvería muy tarde. A pesar de ser el más joven, su aspecto estaba bastante desmejorado, no así Levi que se veía bastante enérgico.
-: ¿Demasiado trabajo para un cachorro? – dijo mientras seguía escribiendo y corrigiendo la presentación.
-: Levi, hemos trabajado sin parar por seis horas, te lo suplico, tomemos un receso, muero de hambre.
-: Ya sabes dónde está la cocina, pasa y sírvete.
-: No tengo ganas de cocinar.
-: Yo soy pésimo cocinando, y aunque fuera bueno no lo haría para ti… Ah, supongo que no queda opción, llamaré a un delivery – tomó su celular y marcó el número de siempre – Si, del quinto A… bien, lo primero… si, lo mismo de siempre… no, la ración regular, no tengo cambio, bien – corta.
-: ¿Qué comeremos? – preguntó Eren curioso.
-: Tú, no sé, yo una ensalada César con croassaints.
-: ¿No pediste para mí?
-: ¿Encima que te tomas mi té y ensucias mi cocina, tengo que comprarte la cena?
-: ¡Levi! ¡Qué grosero! Yo puedo pagar mi comida, pero pídeme algo.
-: No soy tu maldito niñero, y ya es muy tarde, levanta tus cosas y lárgate a tu casa, ¿hasta qué condenada hora piensas quedarte?
Eren estaba rojo de la furia, pero cuando estaba por recriminar su actitud egoísta los distrajo el timbre. El pelinegro frunció el ceño y se levantó para ver, imposible que fuera el delivery, ni que tuvieran a Flash trabajando en las entregas. Abrió la puerta y se encontró con una sensual Annie.
-: ¿Qué mierda haces aquí? – fue la grata bienvenida del más bajo, pero la chica ya conocía de sobra todas sus malas actitudes, se abrió paso entrando a la casa, dejando sus zapatos y poniéndose las pantuflas, Levi gruñó, pero para cuando cerró la puerta, la rubia estaba perpleja frente a Eren que la miraba sorprendido también – Oi, mierdosa, ¿estás sorda o qué? Te pregunté algo…
-: ¿Quién eres? – dijo la rubia ignorando a Levi.
-: Es Eren un compañero del trabajo, ¿quién te dijo que podías pasar?
-: Ya, Levi, no fastidies – dijo la rubia rolando los ojos con hastío – Hola Eren, soy Annie. ¿Qué estaban haciendo? – preguntó mientras se sentaba en el sillón y dejaba una bolsa que traía a un costado.
-: No vengas a ensuciar mi casa – advirtió el de ojos azules con no muy buen semblante.
-: Trabajo… estamos adelantando trabajo – contestó la tímida voz del joven.
-: ¿Y hasta qué hora piensan trabajar? – la mujer seguía ignorando a Levi, quien se estaba molestando de su actitud altanera, nadie tenía esos aires en su casa, excepto él, por supuesto.
-: Ya estábamos terminando – habló, Levi – Eren ya se iba.
-: ¿Qué? – Dijo el muchacho – Claro que no, aún hay mucho para hacer, y no me has pedido la cena.
-: ¿Levi pidiendo cena para otra persona? No sueñes, ja, ja, ja – metió su comentario Annie – Por eso yo me traje la mía, así de tacaño y egoísta es este hombre.
-: Si tan malo soy puedes irte por donde viniste, nadie te obliga a quedarte – habló agresivamente el dueño del departamento.
-: Siempre a la defensiva, pero sabes Eren, después de que tiene el estómago lleno se vuelve una bestia en la cama.
El joven primero se ruborizó y luego le dedicó una mirada dolida al más bajo.
-: Si no vas a comportarte mejor te quedas callada, mujer sin modales.
-: En tu cuarto no escucho tantas quejas, ¿no, Levi? – Levantó la apuesta la rubia cruzándose de piernas de forma sensual – Igual traje demasiado, ¿quieres compartir la cena conmigo, Eren?
-: Acepto – dijo el joven con el semblante serio mientras cerraba los puños de la frustración, ¿esa era la amante de la que había hablado Levi? ¿Qué hacía allí? No parecía que hubiera ningún problema entre ellos, ¿entonces, qué? Estaba molesto.
Dispusieron la mesa, entre murmuraciones y resoplidos del más bajo. Para cuando Annie estaba abriendo las bandejas que había llevado, la comida de Levi también llegaba. Comieron en un clima tenso, mientras las miradas volaban de uno a otro lado.
-: Oh, ya sé de donde te conozco – dijo Annie de repente mirando fijamente a Eren – Tú eres el novio de Mikasa, ¿verdad? El niño rico hijo del magnate de electrónica.
Eren abrió grandes sus ojos y solo asintió como toda respuesta.
-: Somos compañeras de la facultad, te vi ir a buscarla un par de veces.
-: Qué buena memoria – acotó Eren con voz apagada.
-: Bueno, ya terminen de atragantarse de una vez – habló Levi con molestia, mientras Annie le dedicaba una significativa mirada.
Después de terminar y ordenar, por supuesto, Levi intentó que Eren se fuera mientras Annie había ido al baño.
-: ¿Es tu amante? – preguntó el joven de manera directa y en voz baja.
-: No es tu maldito asunto, ahora vete de una vez.
-: No.
-: ¿No? ¿Quiere que te raje a patadas en tu trasero, mocoso idiota?
-: Si yo me voy, ella también – el muchacho se cruzó de brazos y se plantó frente a Levi.
-: Escucha, maldito malnacido, no estoy para juegos ahora, bórrate o te borro.
-: Si me voy lo harás con ella, ¿verdad?
-: Que no es tu maldito asunto, te dije.
-: No, no te compartiré de ninguna manera.
-: ¿Lo dice él que sigue de novio? – Levi casi se abofetea a sí mismo al no detener las palabras a tiempo – Tú con tus asuntos y yo con los míos, te vas ahora mismo.
-: No, me tienes a mí, no la necesitas a ella.
El pelinegro estaba desconcertado, por un lado quería estrangular al muchacho, por otro quería reírse de lo estúpidamente posesivo que era.
-: Me tienes al límite de mi paciencia, Eren, no me obligues a… - se quedó callado cuando Annie volvió junto a ellos, por lo visto no le molestaba interrumpir conversaciones ajenas.
-: Bueno, ¿ya se pusieron de acuerdo quien va primero? – dijo sonriendo con sorna y Eren se puso rojo – No me molesta en absoluto, de hecho podría ser interesante.
-: Ya basta de decir cosas inconvenientes, mujer sin cerebro – la retó el pelinegro.
-: ¿Por qué no? – dijo Eren mirando con molestia al ojiazul – Pienso lo mismo, puede ser interesante…
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-: ¡Maldito enano gruñón! – Dijo la rubia levantando sus cosas del pasillo – Esto es tuyo – dijo alcanzándole el saco a Eren.
-: Bien, supongo que colmamos su paciencia – respondió el ojiverde suspirando profundo.
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¡Mocosos mierdosos aquellos dos! Levi estaba furioso, y ahora estaba tallando el piso de su casa como si no hubiera un mañana. Al final había explotado en cólera y los había echado a patadas a los dos. Todavía recordaba la forma descarada en que ese estúpido le había exigido que sacara a la rubia, ¿quién carajos se creía que era? Dejó de pulir por un momento y se sentó sobre sus piernas. Se había sentido bien, que alguien peleara por su atención. Eso jamás le había sucedido en su vida, tampoco que necesitara algo así… pero… esos celos repentinos de parte del joven… habían tocado sentimientos que no creía que tenía. Se sonrió con tristeza, ¿qué estaba mal con él? ¿Iba a tirar veinte años planificando su venganza por unas míseras palabras de un casi adolescente? No se supone que las cosas se tornaran en "eso", no podía darle un nombre, pero de sólo pensar que el idiota se había visto algo tierno con esa actitud de mierda, sólo podía significar que estaba mal de la cabeza. Bueno, sí, estaba mal de la cabeza, pero no tanto como para aceptar al otro.
Su celular sonó y lo agarró para chequearlo, ya eran más de las doce de la noche.
"Te quiero, Levi, te quiero, mírame solo a mí por favor… Buenas noches…"
Bloqueó la pantalla y se descubrió sonriendo a la nada, se golpeó la frente con la palma abierta, "eso" era una jodida mierda.
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-: Buenos días – dijo el joven con una gran sonrisa – Fui hasta "After sun" y traje el mejor café de la ciudad, te va a encantar, Levi. Y también los mejores sándwiches del mundo mundial, espero tengas hambre.
-: Pasa – fue todo lo que le dijo el mayor. Tenía una remera azul mangas cortas y unos jeans gastados, estaba descalzo, el pelo aún húmedo. Eren tenía ganas de oler sus cabellos, pero se contuvo. Había puesto su celular en modo silencio, desde la noche anterior Mikasa lo estaba atosigando con decenas de mensajes, todo porque él le había dicho que tenían que tener una charla muy seria. Sin dudas su "todavía" novia era ansiosa.
Desayunaron en silencio y comenzaron con la ardua jornada. Como siempre trabajaron de manera brutal, con Levi no había respiro más que para tomar un sorbo de agua e ir al baño. Ya pasado el mediodía hacía bastante, Eren se levantó estiró sus músculos y habló.
-: Levi, vamos a almorzar, yo invito, hay un lugar aquí cerca en la que preparan comida francesa muy buena, sé que te va a gustar.
-: No, vamos a demorar demasiado.
-: Vamos, Levi, sabes que estamos haciendo más que horas extras, si nos tomamos una hora o un poco más nadie lo va a lamentar, por favor. Además tengo una reserva para las dos.
-: ¿Ya lo tenías planeado acaso?
-: Bueno, sí… vamos, no quiero comer solo.
Levi se puso de pie y se fue a cambiar, volvió con un traje impecable negro de corbata fina.
-: ¡Oh, realmente te queda muy bien! – Dijo el joven sorprendido – Pero así me haces quedar mal vestido, ja, ja.
-: ¿Vamos a ir o qué?
-: Sí, vamos, pero antes… solo una cosa… - Eren se acercó y tomó el rostro del mayor entre sus manos para besarlo profundamente. El pelinegro se sorprendió al principio pero luego se relajó disfrutando del momento. ¿Era su idea o ese mocoso besaba cada vez mejor? Pero él no se quedaba atrás, de manera que entre ambos lograban una sincronización perfecta con sus bocas y lenguas, tan perfecta que pronto Levi estaba con la espalda contra una de las paredes y Eren aprisionándolo apasionadamente. Una parte de él quería alejarlo, gritarle un par de palabras soeces para ponerlo en su lugar, pero la otra quería más, más besos, más… piel… Levi delineó con la yema de sus dedos la musculosa espalda, el fornido torso… después de los penosos eventos de su vida había quedado asqueado de tocar el cuerpo de otro hombre, y hasta hace no muy poco también le incomodaba. Ahora, sería su cercanía, la increíble tozudez, la incorregible y caprichosa personalidad del muchacho, pero no se sentía tan mal… para nada mal… Sus respiraciones estaban agitadas, Eren apoyó su frente contra la suya y le habló con la voz cargada – Levi… Levi… - lo miró directo a los ojos, el pelinegro observaba esos iris verdes que brillaban más que una esmeralda – Te amo, Levi.
-: ¿Qué, qué dices, idiota? No me conoces, no puedes decirle eso a alguien a quien no conoces.
-: Sí, sí puedo.
Le molestaba la confianza con la que ese niñato le hablaba, tan seguro de sí mismo, como si fuera posible que enamorarse de la persona más huraña y asquerosa de la tierra, es decir de él.
-: No sabes lo que dices… Yo no… yo no me siento así…
-: Ya te lo dije antes, no me importa, sólo te pido que me des la oportunidad de ser todo para ti.
-: ¿Qué con ese discurso tan patético y cursi, mocoso? – la voz de Levi era diferente, su boca decía una cosa pero su cuerpo estaba aceptándolo, no lo había empujado, no le había pegado, ni le había gritado, en esos momentos la voz del mayor sonaba absolutamente dulce.
Eren volvió a unir sus bocas, con lentitud, sintiendo que el corazón quería salir volando de su pecho en cualquier instante, y se sintió completamente dichoso cuando sintió los brazos de Levi rodear su cuello. ¡Ah, la gloria misma! Sentía que de alguna manera estaba filtrándose en el témpano de hielo que el mayor mantenía a su alrededor. Se besaron por largos minutos, sin apuro, como si la prisa y la urgencia se hubieran disuelto como una cucharada de sal en el agua.
-: Oi, suficiente… - dijo el pelinegro alejando con suavidad al joven, sus finos labios estaban algo hinchados y rojos por la reciente acción – Vamos o perderás la reservación.
No dijeron nada en el camino al restaurante. "Bon vogaye", decía un bonito letrero en el frente, el lugar era moderno y tenía un aire a pulcritud que a Levi le agradó de inmediato. Comieron pato a la naranja, junto a un delicioso vino blanco.
-: No deberíamos beber en horas del trabajo – recriminó Levi – Por cierto, la comida estuvo bien, gracias por invitarme, aunque calculo que debe salir una fortuna comer aquí.
-: Es caro, pero valió la pena, ¿no crees?
Luego volvieron al departamento a seguir con sus labores, Eren estaba más que feliz.
Para cuando eran las diez de la noche, y después de dos suculentos cafés que tomaron durante la tarde, ambos estaban agotados. Pero habían terminado el dichoso informe. Eren sentía que necesitaban darle un suero para volverlo a la vida.
Levi fue a su cuarto para darse una ducha, cuando volvió, el joven estaba durmiendo sobre su costoso y siempre acomodado sofá. Los almohadones desparramados en el suelo. ¡Los almohadones en el suelo por la Virgen de Guadalupe! A Levi casi que le da un síncope. Levantó con bronca sus bellos, costosos y siempre inmaculados almohadones, los colocó en los otros sofás de un cuerpo, y cuando estaba a punto de levantar a puntapiés al inmundo inútil que había profanado su perfecta decoración, se detuvo. Se arrodilló frente a la figura durmiente y lo contempló por varios minutos.
Era un monstruo de casi jodidos 21 años, pero a la vez era bastante infantil, propio de su inmadurez mental. Él a los 16 ya estaba lavando asquerosos baños de bares para no morir de hambre, escuchando las propuestas más asquerosas y detestables de viejos verdes libidinosos, estaba muriéndose de bronca porque el único paquete de bollitos que había podido comprar se había llenado de moho y el paquete de arroz estaba lleno de gorgojos (por cierto, estuvo cerca de tres horas para quitárselos a todos), estaba durmiendo con un ojo abierto y una navaja en el bolsillo para que en el correccional de menores no le robaran o intentaran propasarse, estaba vendando sus muñecas para cubrir esas odiosas cicatrices… Recordaba que en ese tiempo odiaba tanto a los que tenían oportunidades, a los holgazanes que renegaban de sus padres sobreprotectores, a los que podían ir al supermercado y elegir lo qué querían comer, o la ropa que querían comprar, él… odiaba al mundo… Él estaba marcado, mancillado, eternamente sucio, por mucho que lavara su cuerpo, por mucho que frotara su piel, estaba arruinado… Miró de nuevo a Eren, su apacible manera de dormir, incluso ahora lo envidiaba, porque él ni siquiera podía disfrutar de una maldita noche para dormir sin pesadillas. Eren era hermoso, era puro, y él sólo quería contaminarlo, corromperlo, hacer estallar su corazón en miles de fragmentos, verlo consumirse en lágrimas… y a la vez quería besarlo. Acarició el cabello mal peinado y algo desordenado del muchacho, Eren ni siquiera se removió.
-: Eres demasiado confiado – dijo apenas en un susurro. Se levantó, buscó una manta y lo cubrió. Luego tomó su celular y llamó al delivery, por primera vez en su vida pidió una ración doble, pollo con puré, algo simple.
Repasó el informe una vez más, hasta que sonó el timbre, el pelinegro recibió la comida, la dispuso en la mesa y luego se fue a despertar al bello durmiente. Estaba dividido entre las ganas de abofetearlo y de acariciarlo. Finalmente palmeó su mejilla sin ser demasiado brusco.
-: Oi, mocoso dormilón, levántate.
-: Mmm… - Eren pescó la mano del mayor y entrelazó sus dedos mientras abría los ojos somnoliento y tiró de él llevándoselo al sofá, lo abrazó con fuerza contra su cuerpo mientras el pelinegro forcejeaba.
-: ¿Pero qué mierda? ¡Suéltame, idiota!
-: Levi, esss taaaan lindooooo… - aspiró sobre los cabellos húmedos y el olor a limpio mezclado con el shampoo de bamboo le encantó – Huele tan ricooo…
-: ¡Ey, estúpido, que olisqueas tanto! ¿Eres un maldito perro?
-: Noooo, soy un cachorro, el cachorro de Levi – lo giró con habilidad y lo apretó contra el respaldar del sofá, quedando con sus piernas entrelazadas – Mí amo es taaan buenooo – decía mientras refregaba su cara en el cuello del mayor.
-: ¿Qué te pasa, imbécil? ¡Deja! ¡Déjame! – Eren movió la pierna que tenía aprisionada entre las de Levi rozando en su hombría - ¡Ah! – el pelinegro quería morirse, acababa de gemir como una necesitada sin poder evitarlo. Eren lamió sobre su cuello mientras sus manos se escabullían debajo de las axilas del hombre para abrazarlo y así impedir que le pegara - ¡Basta, Eren!
-: Soy desobediente, amo, pero a usted le gusta así, ¿verdad? – Lo besó apasionadamente y Levi sintió que perdía sus fuerzas, sólo su orgullo era lo único que le impedía dejarse llevar, pero bueno, un beso antes de la cena no estaba mal. ¿El cachorro quería jugar? Bien, era hora de enseñarle que nadie provocaba a Levi y se iba sin recibir su merecido.
Usando sus habilidades de combate y parte de su gran fuerza, apretó la pierna de Eren con las suyas con ahínco y se giró bruscamente para quedar encima del muchacho, Eren cortó el beso y lo miró sorprendido, sintiendo que le dolía su extremidad que estaba siendo prácticamente exprimida por los músculos del otro. Levi apretó con fuerza con sus dedos en sus hombros y el joven chilló adolorido, entonces cubrió su boca con la suya para besarlo hasta dejarlo sin aliento. Hasta entonces había dejado que Eren dominara los besos, pero lo cierto es que él tenía técnicas que superaban ampliamente al menor. Eren estaba abrumado, trataba de seguir el exigente ritmo de los labios y la lengua de Levi, pero lo cierto es que le estaba costando respirar, sin darse cuenta comenzó a gemir repetidas veces, hasta que Levi descendió con sus besos, lamiendo y succionando tentadoramente por su mandíbula, hasta su cuello, el joven se retorció excitado, ya no podía pensar en nada, más que en su entrepierna atrapada en los pantalones que dolía mucho. Levi le susurró al oído con la voz más condenadamente sensual que el ojiverde había escuchado en su vida:
-: ¿Así que quería jugar, cachorro mío?
-: ¡Ah! – Sinitó que la palabra "mío" lo llenaba por completo, como si se multiplicara e hiciera eco dentro suyo. "Soy de él", pensó, si es que podía pensar aún, "le pertenezco a Levi".
El pelinegro lamió los bordes de su oído, metiendo su caliente y resbalosa lengua en cada recoveco, y Eren se revolvía lo máximo que le permitía el hombre encima de él. El joven trataba en vano de refregar su hombría para aliviarse un poco, pero Levi no se lo permitía, trató de meter una mano entre sus cuerpos para poder desprenderse el pantalón, deliraba de ardiente deseo y ya no se aguantaba. El pelinegro lo agarró con fuerza de su muñeca y la llevó por encima de su cabeza presionando con fiereza para susurrarle de nuevo sobre su oreja:
-: ¿Acaso te dí permiso para que te tocaras, cachorro sucio?
Eren era un desparramo de gemidos, suspiros calientes y pómulos rojos, sus ojos estaban inundados de lágrimas.
-: Levi… - dijo con voz quebrada y suplicante.
-: ¿Levi? ¿Qué manera es esa de llamarme?
-: A-amo… Amooo… por favor… por favor… - una lágrima se escapó, mientras el hombre volvía a lamer indecentemente su oído.
-: ¿Estás tan desesperado que vas a llorar? Sólo por esta vez seré indulgente.
Aflojó un poco el agarre de las piernas del joven, mientras que con la mano libre y con increíble rapidez, desabrochaba el cinto, el botón, bajaba el cierre y metía su mano para tocar el enorme falo de Eren que palpitaba caliente y mojado. ¿Era tan jodidamente "grande"? La verdad es que la vez anterior estaba algo nublado por las cervezas, por lo que no recordaba demasiado. Mientras su boca hacía estragos con el oído del joven, su mano acariciaba deliciosamente su miembro, ni siquiera llegó a cumplirse un minuto que Eren arqueó su cuerpo y con un gemido ronco se vino copiosamente. Levi se puso de pie mirando su mano con algo de asco, mientras el ojiverde trataba de respirar con normalidad de nuevo.
-: Tch – chasqueó la lengua molesto – Mocoso de mierda, tenías que ser precoz, no resistes nada.
Se fue al baño para lavarse un par de veces sus manos. A Eren le llevó varios minutos poder sentarse, las piernas le temblaban, esa vez en el descampado lo había disfrutado tanto, pero ahora se había consumido en las llamas de la pasión con tanta profundidad, nunca había experimentado el sexo de esa manera tan ardiente, estaba aturdido, y pegajoso.
Levi volvió con una toalla y una muda de ropa que le arrojó al rostro.
-: Ve a bañarte, me da asco de sólo verte. Tendrás que conformarte, no tengo ropa que sea de tu talla. Calentaré la cena, mientras tanto, no demores.
El joven bajó la cabeza, apenado, e hizo caso. Levi puso la comida en una bandeja y la metió en el microondas. Se sonrió un poco estando solo, de verdad que se había aprovechado de ese inútil, ahora se lo pensaría dos veces antes de hacerse el superado. Por otra parte su cuerpo estaba algo caliente también, la cara de éxtasis del mocoso, sus expresiones eróticas, su súplica, habían hecho mella en él. Pero claro, él podía controlarse, no era un púber de hormonas desatadas, tenía autocontrol. Cuando escuchó el calefón apagarse, puso cinco minutos a media potencia la cena y se fue al balcón a fumar un cigarro, lo necesitaba con urgencia.
Estaba apoyado en la baranda terminando su vicio cuando sintió al joven caminar por detrás hasta abrazarlo con suavidad y apoyar su torso y cara en su espalda. El calor del cuerpo más grande lo atravesaba, ya que corría un viento frío que le había bajado la temperatura un poco.
-: Levi… - dijo suspirando – Te amo, Levi.
El pelinegro roló los ojos, pero no lo alejó, ni tampoco le respondió a eso, ¿qué podía saber ese niño sobre el amor? Lo había toqueteado un poco y ya se sentía enamorado, era un crío. Terminó de fumar con tranquilidad, y luego se giró para compartir un corto pero delicioso beso con el otro.
-: Ahora vamos a cenar, muero de hambre, ya suéltame.
Levi se rió internamente de lo corto que le quedaban sus pantalones de gimnasia al muchacho, la remera le quedaba más o menos bien. Comieron en silencio hasta que Eren se sonrió con candidez.
-: ¿Qué pasa? – preguntó el hombre.
-: Nada… me compraste la cena…
-: Un detalle tan simple, es en agradecimiento por el almuerzo, eso es todo.
El celular de Eren comenzó a sonar y atendió.
-: ¿Papá? – El pelinegro casi se atraganta con su bocado al escuchar eso – Nada, estoy con un compañero de trabajo. Oh, ¿está allí?, dile que ya la llamaré, no, hoy no voy a dormir, vamos a terminar con esto y… - Eren suspiró con hastío – Ya lo hemos hablado, papá, no dejaré este trabajo. No, no está interfiriendo con la universidad, te mostré mi libreta ayer… lo sé… de verdad, no fastidies con eso, no cambiaré de opinión. En zona sur. Estoy perfecto, de hecho estoy cenando en estos momentos, dile a mamá que retire mi traje de la tintorería mañana por favor… de acuerdo, le escribiré. Sí, mañana hablaremos, adiós.
-: Oi, ¿dónde estás pensando quedarte a dormir? Aquí ni de coña – le dijo el hombre apenas cortó.
-: Vamos, Levi, no seré una molestia lo prometo, usaré tu sofá, por favor.
-: Mañana tenemos que ir a trabajar, idiota, vuelve a tu casa y no me causes problemas.
-: Mira mañana podemos revisar el informe por la mañana, Hanji no lo precisa hasta pasado. Podemos volver a la oficina por la tarde, ¿no dijiste que había algunas inconsistencias que corregir?
-: No trates de manipularme con el trabajo, todo eso lo podemos hacer allá.
-: Por favor, Levi, por favor, ¿quieres que te suplique? – dijo mirándolo con la cara más lastimera posible. El hombre bufó.
-: Dormirás en el sofá, y más vale que madrugues, no soy tu maldita nana, te levantas solo y te encargarás del desayuno también.
Eren sonrió espléndidamente.
-: Por supuesto que sí. Te haré el mejor desayuno de tu vida, Levi.
-: Ahora lavarás los platos y tráeme tu ropa así la pongo a lavar.
Eren obedeció. Cuando terminó de lavar los platos, encontró a Levi frente al lavarropas, poniendo el suavizante y programando la máquina. Se acercó furtivamente por detrás y lo capturó entre sus brazos.
-: ¿Qué haces? ¿No tuviste suficiente?
-: No, nunca tengo suficiente de ti – Miró el piercing de Levi resplandeciendo en su nuca y no pudo resistirse a lamerlo y succionarlo un poco, tanto tiempo había fantaseado con eso, que prácticamente tuvo una erección instantánea, que fue alentada cuando sintió al hombre temblar un poco mientras se mordía los labios para no dejar escapar un gemido. Sin querer había descubierto uno de los puntos más débiles del cuerpo del ojiazul.
-: No, no hagas eso, duele, no…
Eren reforzó el abrazo con mayor posesividad y atacó ese punto una y otra vez, mientras ahora era Levi el que se retorcía ante sus ataques.
-: Levi… Levi… te deseo…
