Capítulo 4: El regreso.

El tiempo nunca se había hecho tan largo como en esta ocasión, era claro que el interés por Koneko iba en aumento, estaba acostumbrado a que las mujeres lo miraran, pero ella parecía no tener interés en él, se la pasaba tras Naruto o entrenando. Podía verla entrenar por horas, reírse de sus ocurrencias, ella le hacía las cosas tan sencillas — sonrió— de algo estaba seguro, la extrañaba.

Ahora lo veía claro, se estaba enamorando de alguien que no conocía, había bajado un momento la guardia y era claro que le habían dado de lleno en el pecho. — recostado en su cama, cerró los ojos.

— Una parte de él le decía que era un tonto, que dejará de pensar en eso, que solo hiciera lo que Tsunade le había mandado, pero la otra parte de él la que hablaba con más fuerza le decía que buscara a Koneko la abrazara y nunca la dejara irse de nuevo —suspiró— cuándo me he vuelto tan cursi— se reprendió.

Un nuevo suspiro salió de los labios de Koneko, iba caminando rumbo a la aldea — por fin — era la primera vez que sentía un deseo tan grande de llegar, esos días fuera le habían parecido eternos, concluyó su misión con éxito, con varios golpes pero nada preocupante en realidad.

— Kakashi— volvió a susurrar, no había dejado de pensar en él, esa cercanía le estaba causando estragos— era tan guapo—después de pensar en eso no pudo evitar sonreír.

— Bueno, su ojo era tan guapo— jajaj el jōnin era lo único que dejaba ver de su rostro y aun así la tenía trastornada. Él era tan sereno nada parecía perturbarlo, pero a la vez era tan divertido, caballeroso y ¿ya había mencionado guapo?

Pensar en él hacía que su corazón se acelerara pero no podía perderse en ese mundo de ilusiones que hasta ese momento no había conocido y que por otra parte se lo estaba inventando, ella era para él solo una misión, alguien a quien debía vigilar de quien tenía que desconfiar, él no pasaba el tiempo con ella porque quisiera sino porque era una orden. — No puedo seguir así, tendré que hablar de lo acordado con Tsunade-sama al llegar—

—Hola Kakashi— con gran entusiasmo Gai levanto una mano para saludarlo.

— Ah hola Gai— apenas y lo miró.

—Kakashi mi eterno rival, que te parece si vamos a comer— sonrió elevando el pulgar — No mejor aún que te parece una competencia de comida y el que pierda paga—

— Ahora no puedo Gai, estoy ocupado — miró hacia la puerta de la aldea.

—No podrás escapar de mi Kakashi ya nos veremos en otra ocasión— levanto una mano despidiéndose y se fue.

— Adiós Gai — viéndolo irse, en el momento que giro la mirada a la puerta justo en ese instante Koneko la iba atravesando.

Koneko traía una capa de viaje negra con la pesada mochila a la espalda y su cabello no estaba tan arreglado como siempre pero a él se le antojo una imagen preciosa, sin saber lo que hacía avanzó hasta ella sonriendo.

Cuando Koneko atravesó la puerta el corazón le empezó a latir con fuerza, lo primero que vio fue a Kakashi recargado en una pared con sus manos en los bolsillos, hablaba con Gai quien al parecer ya se iba, al verlo pensó en esconderse pero el ya se dirigía hacia ella, estaba tan nerviosa, se tenía que tranquilizar o él escucharía su corazón a un metro de distancia.

—Hola Kakashi—le miró, ¿acaso él estaba más alto, más limpio y más hermoso que antes? fue cuando cayó en la cuenta que ella llevaba 2 días sin bañarse, que estaba llena de tierra sudor y sangre.

—Hola Koneko— se sentía tan contento de verla, sus ojos debajo de esa mascara eran tan bonitos, tan limpios ¿Se le habían llenado de lagrimas?— ¿Koneko te encuentras bien?—

—Yo… yo — lo que le faltaba se había puesto tan nerviosa, no esperaba verlo aún no en esas fachas, el cansancio que tenia junto con la vergüenza se le quería salir por los ojos en forma de lagrimas ¿Por qué? Por qué si ella no era así.

—Déjame ayudarte— Kakashi le quito la mochila del hombro.

Oh no —pensó— ahora sí que va a escuchar mi corazón o verá como me tiemblan las piernas.

— ¿Estás bien? — volvió a preguntar, era la primera vez desde que la conocía que ella había permanecido tanto tiempo callada.

— Si es solo que estoy algo adolorida— no era del todo mentira, si le dolía pero había pasado por cosas peores, solo era para despistarlo de lo que realmente pasaba.

— Entonces sube— Kakashi se puso de espaldas y se inclino haciéndole un gesto para que ella se subiera a su espalda.

—No… yo no, soy un ANBU recuerdas, no puedo andar por la aldea en tu espalda— agradecía tanto estar usando su máscara para que el no viera que su rostro, se había puesto del color de su pelo, si no es que más rojo.

—Sube, yo me encargare de que no nos vean—volteó y le guiño el ojo.

Ella giro la cabeza para revisar que nadie los viera y sin pensarlo más se subió a la espalda de Kakashi quien de forma inmediata le sujetó las piernas a sus costados.

¡Dios que hombre!—pensó — estaba sobre la espalda de Kakashi no lo podía creer, era tan fuerte y el aroma de su cuerpo le llegaba como una deliciosa brisa, pero de pronto su cabeza se lleno de preocupación, evitando así que disfrutara del momento una maldita voz en su interior le decía— No te has bañado en 2 días ¡2 días!—

—Andando—dijo Kakashi, apenas y era consciente de lo que decía y hacia desde que la vio llegar, estaba actuando en automático, cuando ella subió a su espalda sintió el reconfortante peso de su cuerpo, su tibieza y cuando ella lo sujeto con más fuerza y pego más su pecho a la espalda, pudo sentir como el calor se extendía por todo su cuerpo y aferro con más fuerza las fuertes y torneadas piernas de Koneko.

— Gracias Kakashi, por cierto qué hacías en la puerta — le preguntó.

— Te esperaba, me enteré que regresabas hoy a medio día—

— Ah, es cierto son ordenes de la Hokage—

—No en realidad quería verte, esto no es por mi misión—Koneko por un momento se soltó de la espalda de Kakashi—Cuidado—dijo Kakashi sujetándola con más fuerza— creo que estas más cansada de lo que creías, ya estamos por llegar a tu casa.

— Si, ya llegamos—dijo bajándose de la espalda de Kakashi, vaya que rápido habían llegado hubiese querido que el trayecto fuera más largo.