Hola!
Siento mucho el retraso pero he tenido mucho trabajo…
Quisiera saber que piensan de la historia, si les gusta o no…
Si, tienen alguna duda con gusto la responderé :)
Besos! Disfruten la lectura.
Capítulo 3
La Soledad de La Reina
Llorar era una tarea difícil, ¿cuándo fue la última vez que lo hizo?... quizás nunca. Su madre ha muerto y ella no logra sentir. Vio como la vida se le escapaba y no pudo salvarla. Que inútil se sentía en ese momento. Las palabras de Cora la perseguían "lárgate, no te quiero cerca, te has vuelto tan débil, puedo oler a kilómetros tus dudas. ¿de qué me sirves?, tanto poder desperdiciado… Déjenme morir, prefiero estar en una tumba que ver como conviertes este reino en un ejército de peleles".
El tiempo no la curaría, ya nadie podría hacerlo; las heridas que había dejado su madre en ella la abrigaban cada noche. Estaba dolida con ella misma y con el resto del mundo mágico que la condenaba por los pecados de Cora. Ella, solo fue un títere más que se movía bajo los hilos de su perversa madre. Malditos todos, especialmente Snow, a quien le debía gran parte de su miserable vida.
Estaba sola, llena de odio y llevando un reino que parecía no interesarle, a veces ansiaba que todo terminara. Había perdido, la lucha constante con el Gran Reino Unido había llego a su fin y con ellos todo un reino quedo exiliado, personas que no tenían nada que ver con esa guerra fueron condenados al igual que ella.
De repente el cielo se ilumino, pudo vislumbrar unos destellos azules y naranjas, había olvidado que le cielo podía tener otros tonos además de grises. Se levantó del tronco donde estaba sentada, adoptando una pose rígida, hacía ya dos semanas que sucedía lo mismo los primeros días no le presto mucha atención. Era consciente de que las Hadas llegaban cada verano a fortalecer la barrera con sus estúpidas varitas, conocía muy bien el proceso, los destellos y la magia que desprendía. Esta vez era distinto, una descarga de luz atravesaba de un lado a otro la barrera, dando como resultado unos hermosos destellos dorados y blancos tan luminosos como estrellas. La ferocidad de la magia era tangible, un poder que se expandía con demasiada rapidez para luego disiparse dejándole solo una sensación de calidez.
Ese comportamiento no es normal.
Camina hacia la barrera cautelosa, mirándola con desesperación como si esta tuviera algo que decirle.
Ni siquiera advierte esa presencia, esta tan abstraída en sus pensamiento que no lo nota.
Emma lleva varias semanas asistiendo al mismo lugar. Lo peor del caso es que no sabía que la conduce constantemente a ese sitio, quizás es la curiosidad de verla, sus fríos y oscuros vestidos la fascinaban, al igual que sus cabellos recogidos en peinados elaborados. Ese día, llevaba puesto un escultural vestido negro del que resaltaba un acentuado escote lleno de bordados y fina pedrería, el vestido iba ajustado hasta su cintura haciéndose más holgado en sus caderas; en la parte del frente una gran abertura que dejaba ver unos pantalones negros de cuero. La rubia la vio remover las hojas con la punta de su bota, se veía molesta y a pesar que una pequeña llovizna comenzaba a caer, la morena no se movío de su lugar; se despojó de su guante negro, para posar la palma de la mano sobre la barrera, ve como la aleja con rápidamente, algo parece lastimarla. lo supo por esa mueca en su rostro.
Emma continuaba refugiada tras un matorral, contemplando desde una corta distancia cada movimiento de esa dama oscura. Se habia atrevido a acercarse más ese día, la curiosidad la llevaba a ser más osada; aunque no estaba muy segura de que excusa le daría a su madre cuando viera sus ropas empapadas y sucias.
Un poderoso trueno provoco que Emma se removiera asustada.
-¿Quien anda allí?-esa voz fue como una gruñido que la asusto, su corazón comenzó a galopar desaforado- será mejor que salgas por voluntad propia.
La imagen de una pequeña chica saliendo de su escondite con las manos apretando la tela mojado de su vestido azul, aparece frente a ella. La mirada penetrante de Regina es acompañada por una frialdad que se instala en sus pupilas, el rostro adquiere un gesto de fastidio.
En cambio la intrusa parece tranquila, ni un ápice de miedo se asoma en su rostro, no puede creer que no le tema, que su apariencia no logre asustar a esa pequeña.
-¡Hola!
La figura de la morena se pone rígida. Duda antes de poder contestar. La estudia atentamente, una salvaje melena rubia cae por sus pálidas mejillas, donde resaltan unos llamativos y profundos ojos verde azul. Sus ropas, un vestido de seda azul elegante pero no muy elaborado, solo un pequeño cinturón dorado adornaba su traje. Definitivamente son los atuendos de un hada; los colores azules y verdes eran característicos de ellas. Extrañamente no siente su magia, tampoco ve sus alas, en cambio, le llama la atención ver como sus pies se hunden en la humedad de las hojas, ¡un hada tocando suelo, definitivamente, no!. Ella, no es un hada.
-Hola- repite molesta casi enseñando los dientes.
Esa apariencia dulce e inocente no borrar el hecho de que es una extraña que está en su territorio.
-¿Vives por aquí?
-¿Qué haces tú aquí?-pregunta Regina sin ocultar un tono cortante.
-Mmm... Cuidando de Heyden y Hebian-contesta con inocencia como supiera de quien estaba hablando.
-Ahhh... ¿y ellos son?
-Huevos, mi amiga dice que perdieron a su madre.
-¡Huevos!- matiza molesta-entonces ve a vigilar a tus amigos.
-Ellos están bien, ¿y tú?
-¡¿Yo que?!
-Tu pareces triste ¿lo estás?
-No-gruñe enfrentando a esos peculiares ojos -ahora vete.
-¿Porque?
-Creo que estas perdida, no deberías estar aquí, el Bosque Encantado es muy peligroso ¿acaso tus padres no te lo han advertido?
-No estoy perdida ¿tú lo estás?-pregunto.
El interrogatorio comenzaba a exasperar a la mujer.
-Oh vamos engendro me haces perder el tiempo-suspiro controlando sus ganas de desaparecerla.
-¿engendro?, ¿eso es algo malo?
Era casi cómico escucharla hacer esa pregunta, a continuación la comisura del labio de la morena se eleva en una media sonrisa.
-No-se sienta en un madero-pero no repitas esa palabra a nadie.
-Entonces es malo y mientes.
-Acusar a alguien de mentiroso, eso sí es algo descortés señorita.
-Lo siento-baja la cabeza avergonzada.
Suspiró con impaciencia al ver ese rostro contraído.
-¿De dónde vienes?
-De…-pero se muerde el labio acallando sus palabras recordando las advertencias de su madre, las que olvido antes de acercarse a esa desconocida-¿De dónde vienes tú?
-Si te digo la verdad saldrías corriendo-escudriña su reacción; pero la criatura frente a ella no parece inmutarse, se sorprende al verla tomar asiento sobre el césped cruzando los pies bajo su trasero.
-Prometo que no.
Esas simples palabras, acompañada de esa mirada risueña y llena de inocencia le provocan una sensación que le revuelven las entrañas y la hacen estremecer.
-Soy la reina malvada y tú estás en mi territorio.
-¡Lo sabía!- salta emocionada y la reina da un respingo sin entender cuál era la razón para que esa niña saltara con tanta felicidad-Sabía que eras una reina.
La reacción es absolutamente contrario a lo que esperaba, acaso no había escuchado la otra parte. Era ella, el ser oscuro y más odioso de ese mundo mágico; pero al parecer esa criatura le restaba importancia.
-Las reinas son bellas y tú lo eres-esos ojos la vuelven a mirar con esa intensidad que parece traspasarla, no le importaba la belleza, lo importante era la maldad y si no era capaz de asustar a una niña; entonces tenía que empezar a preocuparse.
-Soy mala-las palabras se escabullen de sus labios-Muy, pero muy mala, ¿entiendes eso?
-Pensé que los malos eran feos-se ve pensativa- Tu eres hermosa ¿Debería tenerte miedo? ¿Quieres hacerme daño?-esa inocencia en su pregunta cala la voluntad de la mujer.
-No-murmura casi sin voz-Jamás te haría daño-su propio ser la hostigaba por aquella estúpida respuesta, ¿Qué demonios le estaba pasando?
"Emma" la voz estallo por todo el bosque, el cuerpo de la morena se puso en alerta, quien fuera no podía verla allí hablando con esa niña "Emma" los vellos se le erizan.
¿Pero de donde llegaba esa voz?
-Debes irte-ordena.
-Pero no quiero.
-Mocosa testaruda es hora de irse.
-Quiero quedarme más, me gusta hablar contigo-sla pequeña se cruzó de brazos sin hacer ningún intento por querer moverse, podría irse y dejarla; permanece unos instantes meditándolo, pero no logra mover las piernas, le causaba mucha frustración. Se da la espalda aprieta los puños hasta que sus largas uñas parecen convertirse en garras.
-Me iré, pero, prométeme que volveré a verte-Regina boquea un par de veces sin coordinar muy bien lo que saldrá por su boca y su cerebro. Se gira para enfrentarla.
-¿Y qué te hace pensar que tú me puedes chantajear?
-Mmm… No sé lo que significa chantajear solo quiero verte ¿es malo eso?
-Este lugar no es para una niña como tú, es malo-responde ronca-¿Cuántos años tienes?
-Once-responde entusiasmada.
La ve encogerse de hombros, realmente no parecía importarle mucho donde estaba, esa indefensa y pequeña criatura de once años, es muy vivaz, pero demasiado inocente. Su encanto y bondad la fastidiaban, era imposible imaginarse volviendo a verla, ¿porque querría ella verse con una mocosa?
-Es oscuro pero bonito… como tú-susurra, mirando con firmeza el rostro contraído de su acompañante, para todo el mundo esa mujer es mala, pero ella no logra ver nada de maldad, lo único que ha visto en cada visita a ese bosque es a una reina triste y sola.
Regina entrecierra los ojos calibrando esa respuesta, solo encuentra sinceridad en sus palabras. Suspira, mira a su alrededor, el paisaje es tan lúgubre, los rayos de luz son casi escasos y parecen batallar contra la copas de los árboles para poder invadir todo ese bosque; pero sus intentos no dan resultados, no hay color allí, solo un gran rastro de soledad, luego fija su mirada al frente, más allá de la pequeña criatura, el colorido casi golpea sus ojos, un paisaje tan contradictorio, parece que la naturaleza entera vibrara acompañado de tanta luz…la luz
-Siempre estoy aquí-ese pequeño y dulce susurro resuena en el aire.
"Emma deja de jugar, debemos volver con la abuela" la voz está más cerca.
-Nos vemos dentro de cinco días-se despide la pequeña.
La reina oscura obliga a su cuerpo a no retroceder. La siente estamparse la delicada figura contra su cuerpo, aprieta los parpados abrumada. Una calidez se enreda en su cintura por causa de ese abrazo y a esos pequeños dedos que se estaban ciñendo a su espalda, solo cuando siente que se aparta logra recuperar el aire. Gime porque este regresa como un fuerte golpe en su estómago. Es dificil saber cuanto tiempo estuvo con los ojos cerrados, solo recuerda ver esos salvajes cabellos rubios alejarse agitados por el viento y pasar la barrera mágica.
¡¿Cómo diablos esa niña pudo pasar la barrera mágica?!
Continuará...
