Prompt por lunediose: Regina ha estado un poco extraña, Robin sospecha pero no cree que sea posible, entonces Regina descubre que el hechizo auto-impuesto de infertilidad se ha roto.
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Todo hechizo puede romperse
Si algo había aprendido Robin Locksley era no molestar a Regina cuando se encontraba enfadada. Además, con el paso del tiempo, descubrió que eso podía suceder muy seguido y, algunas veces, por motivos poco convencionales.
Aquel parecía ser uno de esos días: Robin despertó muy temprano para ir a la estación del sheriff y en cuanto se giró sobre la cama para abrazar a Regina y saludarla con un "buenos días, amor", como todas las mañanas, ella no estaba ahí.
Se levantó un poco confundido, sin embargo, escuchó ruidos provenientes de la cocina. Aún no amanecía, era sábado y Henry y Roland dormían en sus habitaciones, ¿por qué Regina preparaba el desayuno a esa hora?
Robin bajó las escaleras, sigilosamente. Regina se encontraba a media luz, recargada sobre la barrita de la cocina, bebiendo un vaso con agua. Tenía el ceño plegado y parecía un poco pálida.
—¿Regina? —preguntó Robin con curiosidad—. ¿Qué haces despierta a esta hora?
—Nada… sólo tengo un poco de calor —respondió ella con brusquedad.
¿Calor en pleno otoño? Robin se aproximó, aún extrañado.
—¿Estás bien?
—Sí —Regina se giró hacia la estufa y puso la tetera a calentarse antes de que él se acercara demasiado a ella—. ¿Qué haces tú levantado?
—Emma me pidió hacer guardia en el bosque, ¿recuerdas?
—Oh, sí —dijo Regina, un poco distraída—. No te preocupes, yo llevaré a los chicos a la escuela.
—¿Estás segura? Te ves un poco cansada —dijo Robin, esta vez preocupado.
—Estoy bien.
Regina se alejó de él casi por inercia. Robin entendió que algo le molestaba, quizá era uno de esos días en los que ella prefería que la dejaran sola, al menos hasta que el malhumor pasara. Así que Robin dio media vuelta y regresó a la habitación compartida, para darse una ducha antes de salir hacia la estación de policía.
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Durante los siguientes días, el comportamiento de Regina fue el mismo, estaba distante, como pensativa todo el tiempo, incluso con Henry y Roland. Robin comenzó a preocuparse, intentaba recordar si había hecho algo que la hubiese molestado tanto. Sin embargo, estaba seguro de que hasta hacía un par de semanas todo estaba bien entre ellos. En el pueblo había una aparente calma, luego, por supuesto, de haber recorrido Camelot y de haber rescatado a Emma de un feo destino como la Oscura. Además, después de que la situación con Zelena se había resuelto, descubriéndose finalmente que Robin no era el padre de su hijo, Regina y él habían podido comenzar de nuevo, hasta entonces.
Y comenzar de nuevo significaba reconstruir todo lo que esa terrible y confusa situación había derrumbado, por ejemplo: la confianza.
Robin sabía que Regina siempre sería sincera con él, así que lo que estuviese molestándola seguro ella lo diría.
Sin embargo, pasaron unos cuantos días más y Regina seguía igual de extraña. Quizá peor. Algunas veces, cuando regresaba del Ayuntamiento, se encerraba en el estudio por muchas horas, luego Robin la veía salir de allí con los ojos un poco húmedos. Durante el desayuno parecía que Regina no tenía mucho apetito, solía mirar el plato, jugar un poco con los cubiertos y luego retirarse súbitamente. Más tarde, Robin la sorprendía en la cocina, comiendo a deshoras, vaciando la despensa de las provisiones de dulces y caramelos de los chicos. Pero, definitivamente, lo que traía a Robin de cabeza, era la falta de contacto, incluso en la cama. Cada vez que él se acercaba para besarla y acariciarla, ella se quejaba un poco y se removía entre las sábanas: "hoy no, Robin, estoy cansada", solía decir. Lo cierto era que ella no sólo lo rechazaba allí, sino también en cualquier otro sitio de la casa donde él quisiera mostrar un poco de afecto.
Robin hizo algunos cálculos mentales, por su experiencia sabía que el periodo de Regina no duraba más de cuatro días, y su extraño comportamiento llevaba más tiempo que eso.
Algo sucedía, sin duda.
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Robin bajó de la patrulla de policía tan rápido como pudo. Henry lo había telefoneado hacía unos cuantos minutos y sonaba muy alterado: "¡Robin, ven rápido, por favor, se trata de mamá!".
Muchas cosas terribles pasaron por la mente de Robin, unas peores que otras. Ni siquiera se detuvo a preguntarle a Henry qué sucedía. En cuanto escuchó que Regina se encontraba mal pidió prestada una patrulla de la estación a Emma y condujo a toda velocidad.
La distancia desde la reja de la mansión parecía infinita. Robin corrió y subió los peldaños del pórtico de un salto. La puerta estaba abierta, por fortuna.
—¿Regina?, ¿Henry? —preguntó Robin con el corazón en la garganta.
—¡Por aquí! —exclamó la voz adolescente de Henry.
Robin subió las escaleras, apresurado. La voz de Henry venía desde la habitación de Regina. Robin entró rápidamente, un poco temeroso de encontrar una escena terrible. Sin embargo, Henry se encontraba de pie, recargado sobre la puerta del cuarto de baño, con un gesto de angustia.
—Mamá lleva mucho tiempo allí adentro y no me responde —explicó el adolescente.
—¿Estás seguro de que está allí? —preguntó Robin, intentando conservar la calma.
—Sí, llegué de la escuela, nos saludamos, ella acababa de llegar de la farmacia y dijo que la esperara un momento. Pero eso fue hace una hora. La puerta tiene seguro por dentro.
Henry parecía muy asustado. Robin lo tranquilizó tocándole el hombro y se hizo paso hasta la puerta.
—¿Regina?, ¿amor?, ¿estás bien? —preguntó Robin.
Sin embargo, sólo hubo silencio. El corazón de Robin palpitó violentamente: ¿y si algo le había ocurrido?, ¿si se había caído de la bañera? Últimamente estaba muy distraída.
—Apártate, Henry —pidió Robin.
El muchacho se hizo a un lado, mientras Robin tomaba impulso; luego, dio un empujón con el hombro en la puerta, y después otro más, hasta que finalmente abrió la puerta de un golpe.
Regina estaba allí, pero no se encontraba herida ni inconsciente, estaba sentada sobre la fría baldosa del cuarto de baño, en un rincón, entre la bañera y el lavabo, encogida de rodillas, con la cabeza gacha, parecía que lloraba.
Henry y Robin miraron con expectativa.
—¿Mamá? —preguntó Henry temeroso.
Regina no respondía. Robin se acercó lentamente a ella, colocándose en cuclillas hasta estar a su altura.
—¿Regina?, ¿estás bien, amor? —preguntó él, intentando tocarla suavemente, cerciorándose de que no se encontraba herida—. ¿Qué sucede?
Regina seguía sollozando. Robin no comprendía nada, miró de reojo a Henry, éste seguía de pie en el umbral de la puerta, con una expresión de susto.
—Henry, ¿podrías llamar a tu abuela y preguntarle si puede llevarse a Roland a casa con ella? Yo iré a buscarlo más tarde.
—Sí —asintió Henry, un poco nervioso—. Pero, ¿mamá va a estar bien?
—Lo estará. Lo prometo —afirmó Robin.
En cuanto el muchacho se fue, Robin se aproximó un poco más a Regina. Ésta seguía encogida, como si se tratara de una niña pequeña.
—Regina, estás asustándome, y a Henry también, ¿puedes decirme, por favor, qué sucede? —preguntó Robin, con cautela.
Regina finalmente alzó el rostro, tenía visibles lágrimas. Miró directamente a los ojos azules de Robin.
—Creí que… no era posible… no podía ser… pero… —decía ella con la voz ahogada.
—¿Qué?, ¿qué no podía ser? —preguntó Robin.
—Robin, la poción era irreversible —dijo Regina con los ojos brillantes.
—¿Qué poción?, ¿de qué hablas?
Regina extendió el brazo y abrió la mano, mostrando a Robin un dispositivo delgado que tenía dos rayas azules marcadas en el centro.
—¿Qué es esto? —preguntó él, confundido.
—Es una prueba de embarazo —respondió Regina, con aplomo—. Y es positiva.
Robin miró, todavía desconcertado, aquel objeto. ¿Embarazo?, ¿positivo? Le tomó unos segundos comprender lo que Regina estaba diciendo.
—Quiere decir que tú… nosotros… —dijo él con la voz grave.
—Sí, vamos a tener un bebé —afirmó Regina, todavía con lágrimas.
Robin se quedó boquiabierto, su corazón, que antes se había agitado de miedo, ahora palpitaba de emoción. Miró a Regina con asombro, tomó su rostro con ambas manos y luego la abrazó fuertemente. Ella siguió llorando sobre su hombro. Él también derramó algunas lágrimas.
—Pero, ¿cómo…? —comenzaba a decir él.
De pronto, en el umbral volvió a aparecer Henry. Robin y Regina lo miraron, ella se sintió un poco avergonzada de seguir en el suelo. Robin la ayudó a levantarse. Henry tenía una expresión atónita, lo había escuchado todo.
—¿Voy a tener un hermanito? —preguntó el muchacho.
—Sí, cariño —asintió Regina, enjugándose las lágrimas.
Henry se quedó quieto durante unos segundos y luego corrió a abrazar a su mamá. Ella recibió su abrazo con alivio, besó la coronilla de su cabello y suspiró.
—¡Voy a tener un hermanito! —exclamó Henry esta vez con una sonrisa de oreja a oreja—. Quiero decir, ya tengo a Roland, pero… ¡voy a tener otro!
Regina sonrió con la expresión de su hijo. Robin también. Henry lo abrazó también y luego salió corriendo de la habitación.
—¡Voy a tener un hermano!
Robin miró a Regina y tomó su rostro con ambas manos. Estaba locamente enamorado de ella. Su amor, su verdadero amor, había roto una maldición.
—Nuestro hijo es el niño más esperado del mundo —dijo Robin, acariciando sus mejillas.
—Niña —aclaró Regina.
Robin soltó una risa.
—¿Cómo sabes que será una niña?
—Estoy segura, ya lo verás —dijo Regina con la mirada.
—Si es así, que se parezca a ti.
Ella sonrió. Robin la besó dulcemente. Una nueva esperanza se gestaba para ellos. Regina había estado llorando todo ese tiempo en el cuarto de baño, pues haberse enterado de que estaba embarazada cambiaba toda su historia. No había querido creerlo cuando comenzó a sentirse extraña, ni siquiera cuando compró la prueba de embarazo.
Sencillamente, no podía creerlo, pero quería creerlo. De pronto, aquella dolorosa decisión que tomó cuando bebió la poción delante de su madre, quedaba en el olvido.
Ahora, ella iba a ser madre de nuevo, tendría un hijo de Robin. La maldición ya no existía y tampoco la oscuridad.
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N.A. Gracias por enviar el prompt lunediose, he disfrutado escribiéndolo. No lo olviden: ustedes sugieren, yo escribo. ¡Hasta el siguiente prompt!
