Prompt por autumnevil5: Robin y Regina han comenzado a vivir juntos, él es extremadamente cariñoso con ella, pero Regina no está acostumbrada a recibir tanto afecto y sin darse cuenta se vuelve muy esquiva con él, esto genera su primera gran discusión.

-x-

El amor es una debilidad

Robin era un espléndido cocinero y no tenía reparo en demostrarlo. En más de una ocasión, Regina había sido testigo de sus elaborados platillos dignos de concurso. De hecho, desde que se mudaron juntos, tres semanas atrás, ella había subido un par de kilos. Pero valía la pena, cada gramo. Sin embargo, aquella mañana, antes de ir al trabajo, Regina notó los estragos de medir una talla por encima de la normal, mientras intentaba ajustar el último botón de su blusa.

—Maldita sea… —musitaba ella, mientras forcejeaba contra su propia imagen frente al espejo.

Robin salió del cuarto de baño, con sólo los calzoncillos puestos, miró a su novia con una sonrisa.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó él, divertido.

—No puede ser posible que he engordado tanto —decía Regina, conteniendo el aire—. Todo es culpa tuya… por… alimentarme…

Se dio por vencida, el botón nunca iba a cerrar; en cambio, sus pechos saltaban a la vista por debajo del ajustado sostén. Robin se acercó a ella, la rodeó por la cintura y dijo a su oído:

—Yo creo que se ve mejor así.

Sin embargo, antes de que él pudiese siquiera besar el lóbulo de la oreja de Regina, ésta se apartó de inmediato con cara de pocos amigos.

—Se hace tarde, debo ir a trabajar —dijo ella soltándose del abrazo de Robin.

Él la observó mientras ella se ponía un suéter por encima de la blusa y luego se calzaba los tacones con prisa.

—Amor, ¿en serio te molesta?

—¿Qué? ¿Ser una ballena inmensa? —preguntó con ese dejo de sarcasmo que solía utilizar cada vez que estaba enojada por algo y que Robin ya sabía detectar muy bien.

—Para mí estás hermosa y eso no va a cambiar —sonrió Robin.

Regina lo miró fijamente por unos segundos con el ceño plegado y luego salió de la habitación sin decir nada. En cuanto Robin escuchó la puerta del departamento cerrarse soltó un suspiro.

-x-

Días después, Regina estaba convencida en que volvería a su talla a como diera lugar. Sin embargo, aquello era muy difícil, Robin seguía cocinando como para un banquete de diez personas: huevos fritos, lasagna, chili con carne, patatas fritas, tacos, etc. Además, su vida sedentaria no ayudaba mucho, pues pasar seis horas sentada en la silla de la oficina no era muy saludable.

Pero, ¿qué podía hacer? Amaba a ese hombre. Sí, lo amaba, aunque no lo decía ni lo demostraba tantas veces como él. Era una mujer afortunada, lo sabía. Aunque a Regina le costaba un poco más demostrar sus sentimientos, había ocasiones en las que olvidaba todos los muros que alguna vez construyó para que nadie la lastimara emocionalmente y se dejaba ser y sentir con Robin. Cuando hacían el amor, Regina era capaz de olvidar sus propias reglas, capaz de dejarse amar.

Una tarde, mientras veían una película que pasaban por la televisión acurrucados en el sofá, Robin no podía dejar de observar a Regina. Ella comía palomitas de maíz distraídamente, hasta que sintió la mirada de él.

—¿Qué pasa? —preguntó ella, mordisqueando una palomita.

—Nada… —Robin se rio, como sintiéndose ridículo— sólo que… te amo.

Él lo dijo así, como si nada, de una forma natural. Regina tragó la palomita y esbozó una sonrisa.

—¿Vas a ponerte todo cursi justo cuando hay una persecución? —se burló ella echando un vistazo al televisor.

—No soy cursi, sólo quiero que sepas que te amo y que me vuelves loco —siguió Robin acariciándole la mejilla.

—Robin, en serio, ¿qué pasa contigo? —Regina se rio y siguió comiendo palomitas como si nada.

Robin estaba un poco decepcionado. Dejó de mirarla y se concentró en la película, igual que ella.

-x-

Por la noche, cuando ambos estaban acostados, Robin no podía dormir. Tenía los brazos cruzados por debajo de la nuca y hacía rato que miraba al techo fijamente. Regina, en cambio, se había acurrucado en su lado de la cama, con los ojos cerrados, abrazada a una de las almohadas.

—Regina… —decía la voz de Robin casi en un susurro.

—Mmm… —se quejó ella.

Robin se aproximó un poco a ella y le tocó el hombro.

—Amor… —insistía Robin.

—¿Q-qué pasa? —preguntó Regina con voz adormilada.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Sí…

—¿Me amas?

La voz de Robin había sonado extraña. Regina abrió los ojos en medio de la oscuridad y miró a Robin, o lo que alcanzaba a ver de él, con un gesto de curiosidad.

—Por supuesto, ¿por qué me preguntas eso?

—No lo sé —respondió Robin con un dejo de preocupación—, algunas veces tengo la sensación de que no te gusta estar conmigo.

—Me encanta estar contigo, no seas tonto —rio Regina, despreocupadamente—. Ahora duérmete, ya es muy tarde.

Regina volvió a girarse hacia su lado de la cama. Robin no quiso decir más, sin embargo no estaba menos preocupado.

-x-

Un sábado por la mañana, Robin regresó de correr, fue hacia la nevera y se sirvió un vaso con jugo. Regina estaba dándose una ducha, cuando de pronto el teléfono sonó. Robin contestó sin mucha prisa.

—Diga —preguntó Robin descolgando el auricular.

¿Sí?, ¿quién habla? —preguntó a la vez una voz femenina del otro lado del auricular.

—Robin.

¿Robin?, ¿qué Robin? Oh, Henry… creo que otra vez he marcado mal —decía la voz de una mujer—. No es Regina.

—¿Buscaba a Regina? —preguntó Robin de pronto, confundido.

Sí, busco a Regina. ¿Quién habla?

—Robin, su novio.

¿Novio?

—Sí… ¿quién habla? —esta vez fue Robin quien insistió.

Soy su madre —respondió la voz al otro lado de la línea con firmeza—. Lo siento, Regina no mencionó que estuviese saliendo con alguien.

Robin sintió que las orejas le hervían. Sin embargo, en ese momento Regina salía del cuarto de baño, envuelta en la toalla y con el cabello mojado.

—Hola —sonrió ella en cuanto vio a Robin—, ¿qué tal tu caminata?

—Tienes una llamada —respondió Robin a secas, extendiéndole el auricular.

Regina lo tomó un poco confundida.

—Diga… ¿mamá? Oh, estaba en la ducha…. Bien… Sí, estoy bien… ¿Robin? Oh… eso… bueno, yo…

Regina miró de reojo a Robin, quien seguía en la cocina bebiendo jugo como desentendido, y poco a poco fue alejándose hasta meterse de nuevo en el cuarto de baño donde él no pudiese escuchar la conversación que tenía con su madre.

Pasaron unos minutos y, finalmente, Regina regresó a la salita para colgar el teléfono, ya se había vestido con sólo unos jeans y una sencilla blusa.

—Uff… mi madre, no dejaba de hablar —se quejó ella, aparentando normalidad.

Pero Robin no dijo nada, esperó a que ella fuese a la cocina a servirse cereal y entonces habló:

—Regina, ¿le has dicho a tus padres que estamos viviendo juntos? —preguntó Robin, acercándose a ella.

—¿Qué? —replicó Regina incrédula, con una risa nerviosa—. Por supuesto que sí.

—Parecía que tu madre no tenía siquiera idea de quién era yo —siguió Robin.

—No seas tonto, por supuesto que sabe. Le he hablado mucho de ti —dijo Regina sirviéndose cereal en un plato.

Robin se plantó frente a ella, mirándola a los ojos. Regina le devolvió la mirada con un poco de nerviosismo y, de pronto, se dio por vencida.

—Bien, no se lo había dicho. Pensaba hacerlo pronto —explicó ella.

—¿Cuándo? —cuestionó Robin con los brazos cruzados—. ¿Cuando nos casáramos o tuviésemos tres hijos?

—¡Wow! No… espera —intervino Regina un poco aturdida—. ¿Casarnos?, ¿hijos? ¿No crees que vas demasiado rápido, amigo?

—Regina, cuando acordamos vivir juntos creí que se trataba de un compromiso, pero lo único que pienso ahora es que sólo soy un… un compañero más de piso para ti. De pronto no quieres que me acerque, no te gusta cuando te dirijo algún cariño y algunas veces cuando te tomo de la mano me sueltas de inmediato.

Robin parecía muy dolido, Regina escuchaba con el ceño fruncido. Todo lo que Robin decía era cierto: Regina solía rehuir a las demostraciones de afecto, sobre todo públicas, que él solía tener con ella.

—Lamento si yo no soy así como tú, ¿de acuerdo? —respondió Regina, esta vez irritada—. No todos hemos tenido una familia perfecta, ni amigos perfectos, ni una vida perfecta…

—Eso es muy injusto, ¿sabes? Desde que comenzamos a salir he hecho todo para que seas feliz. ¿Qué importa todo lo demás?

—¡Por supuesto que importa, Robin! —exclamó Regina, enfadada—. ¡Tú no tuviste un matrimonio fallido ni has tenido que lidiar con eso todos los días! Pero, ¿sabes qué? Olvídalo. No puedo ser la mujer perfecta que tú esperas.

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Robin, desconcertado.

—¡Tú mismo lo dijiste! —exclamó Regina—. Quieres que nos casemos, que tengamos hijos… Creí que esto se trataba sólo de ti y de mí.

—Se trata de ti y de mí —afirmó Robin, intentando calmarse—. Pero no sabía que tenías miedo al compromiso.

—¿Te parece poco? —inquirió Regina, incrédula—. Hace un año firmé el acta de divorcio y ahora estoy aquí viviendo con un hombre que conocí en el subterráneo… ¡Dios, déjame respirar, Robin!

Regina se apartó un poco, como cada vez que él se acercaba a ella.

—Dios, si no estuviera loco por ti te diría que aquí se acabó todo —dijo Robin, verdaderamente molesto.

Regina no dijo nada, apretó muy fuerte la mandíbula. Robin no podía mirarla siquiera en ese momento, así que se dirigió hacia el cuarto de baño.

—Voy a ducharme.

Él dio un portazo y enseguida la regadera comenzó a escucharse. Regina, recargada sobre la barra de la cocina, soltó un suspiro. Aquella había sido su primera gran pelea y no podía negar que tenía miedo... miedo de perderlo.

En los últimos seis meses, Robin había sido, prácticamente, perfecto. Sin embargo, ella aún recordaba cómo se sentía eso: tener una buena relación y que luego todo se echara a perder.

Regina había estado casada durante dos años con Graham, su novio de la universidad, quien creyó alguna vez que era su alma gemela. Sin embargo, se acabó de un día a otro. Desde entonces, ella había decidido no entregarse a un hombre de la misma manera en que hizo con él, se dedicó a evadir cada oportunidad de volver a estar con alguien. Después de todo, recordaba las palabras que su madre siempre repetía, quizá desde que tuvo uso de razón: "el amor es debilidad, Regina". ¿Y quién era ella para negarlo? Después de todo, su divorcio con Graham fue tan doloroso que creyó que nunca se recuperaría. Pero Robin apareció, y rompió todos sus esquemas. Y allí estaban: viviendo juntos, aunque ella no entendiese muy bien el concepto de "juntos".

Regina tomó su bolso y las llaves y salió del departamento. Cuando Robin salió de la ducha quiso arreglar las cosas, pero ella ya no estaba.

-x-

Regina regresó al departamento y encontró las luces apagadas, luego escuchó el ligero ronquido que provenía de la sala: Robin estaba dormido allí.

Ella lo contempló unos segundos, las luces de la ciudad se colaban por la ventana, iluminando el rostro de Robin que dormía apaciblemente.

Regina se acercó a él, se puso de rodillas y susurró a su oído.

—Despierta, guapo —dijo ella en un susurro.

Robin parpadeó un poco confundido y tardó unos segundos para comprender dónde estaba, qué día era y, sobretodo, que Regina estaba allí.

—Hola —dijo él con la voz áspera—, estuve esperándote.

Regina lo miró con detenimiento: Robin no era Graham, Robin no iba a traicionarla, Robin no iba a acostarse con su mejor amiga y luego irse con ella. Robin era sólo Robin. El hombre que había demostrado amarla, cuidarla y curarla.

—Roland —dijo de pronto Regina.

—¿Cómo dices? —preguntó Robin, todavía desperezándose.

—Me gusta el nombre de Roland —respondió Regina.

—No entiendo, ¿para qué?

Regina esbozó una sonrisa nerviosa, suspiró y luego agregó:

—Si tú y yo tenemos un bebé, me gustaría llamarlo así: Roland.

Robin, aunque en un inicio no comprendía, sonrió.

—¿Estás bien? —preguntó él, incrédulo.

Regina asintió, se aproximó un poco más, tomó sus manos entre las suyas y lo miró a los ojos. En la oscuridad de la habitación, con la poca luz que entraba por la ventana, ambos podían reconocerse.

—Perdón —comenzó a decir Regina—, he sido una tonta. Pero es que tenía miedo. No ha sido fácil, ¿sabes? Me cuesta aceptar que tengo una segunda oportunidad contigo. No soy el ideal de mujer cariñosa o sensible, pero te amo profundamente… Por supuesto que imagino toda mi vida contigo, no podría ser de otra manera. Y si tenemos un hijo, o dos o tres, con tu sonrisa, seré muy afortunada.

Robin esbozó una sonrisa y acarició el rostro de Regina.

—Regina, lamento si te sentiste forzada por mí. Tienes razón: por ahora sólo importamos tú y yo. Nada más. Dejemos que el tiempo se encargue de las cosas del tiempo.

Regina asintió, tenía la mirada cristalizada. Robin la besó, lentamente.

Quizá, el amor era la debilidad más férrea de Regina, pero ella tenía el corazón más resistente.

-x-

N.A. Gracias autumnevil5 por el prompt. Espero que sea de tu agrado. ¡Siguen los prompts sumándose a la lista! Gracias por sus comentarios, me siento muy halagada. Recuerden: ustedes sugieren, yo escribo.