Hola!

Estoy de regreso un poco tarde.

Espero que les guste; esta vez tratare de publicar más seguido.

Gracias!


Capítulo 5

Calidez

Regina actúa fríamente.

Se interroga constantemente

¿Porque regresa a ese lugar?

Tal vez, la respuesta es la misma de hace siete años atrás, ninguna. Sabe que algo la lleva a ese sitio, pero no encuentra nada, ese magnetismo tira de ella y aunque se resista siempre llega al mismo lugar. Semanas tras semanas contempla las fronteras del reino de las hadas; era cierto que cerca de la barrera una calidez se insinuaba, susurrándole como si la llamara a seguirla, lo peor de todo es que ella anhela encontrarla. Durante un instante sus pensamientos se quedan en blanco.

¿Desde cuándo, ella la reina del bosque oscuro anhelaba tanta luz?

Otro intercambio de pensamiento se enfrentan entre sí, su único anhelo debe ser más y más odio, para ella ya no parecía ser suficiente. Los dedos largos y finos aprietan el puente de su nariz, allí silenciosa escucha los fuertes latidos de su corazón, es el único momento donde recuerda tenerlo.

Con un movimiento de su muñeca y el danzar de sus dedos, la copa de los árboles se mueve sutilmente dejando pasar la luz como un sigiloso ladrón entre las ramas. Sin embargo, el ritual no tiene el efecto deseado, la calidez no llega ni a traspasar su piel.

-Esto me gusta-la chillona voz hace que con un brusco movimiento todo vuelva a la normalidad, los árboles se estremecen sobre su cabeza dejando un manto de hojas sobre el suelo-Lo siento, no quise asustarte.

Una salvaje e incontrolada carcajada se escapa de la garganta de la fría reina, era casi dulce la inocencia de esa mocosa. En seguida las pupilas marrones se llenan de rabia, le jode demasiado ese pensamiento cursi, tanto que la irritación le comprime las entrañas.

-¿Qué demonios haces tú aquí? Creo que fui muy clara cuando te dije que no debías volver.

-Buscándote -mira en todas direcciones, no parece importarle la mirada fría que intenta atravesarla, ni la voz ronca antes lanzada por Regina-solo quería saber ¿cómo estabas hoy?

Emma la mira en silencio, señal de que aun esperaba su respuesta.

-¿Qué quieres que te diga? soy una bruja fría y mala, no me importa como esta mi día solo…

-Bien o mal, solo eso estaría bien-su sonrisa se agranda, tan sincera que obliga a la morena a aguantar un segundo la respiración, seguidamente resopla con fastidio-Es algo incómodo hablar con alguien y no saber cómo nombrarla, ¿puedo llamarte alteza hasta ser digna de ganarme su nombre?

-Soy la Reina Malvada...

-Eso no es un nombre-la interrumpió sin ninguna delicadeza. A la reina se le eriza la piel, la ira relampaguea en sus ojos, es inconcebible que una mocosa no tenga ningún respeto hacia ella-Prefiero llamarte Alteza.

Emma sonríe y la ira que borbotaba en la morena rápidamente se aplaca.

-¿Nunca dejas de sonreír verdad?- la mira detenidamente, nada de mechones rebelde; a diferencia de otros días su cabello está recogido en una elaborada trenza que revelaba sus pequeñas facciones. La piel de Emma es pálida, a simple vista se ve que es una niña delicada, descartaba por completo que fuera una chica corriente; un color rojizo se acumula en sus mejillas resaltando esos deslumbrantes ojos, esa mirada tan profunda produce que una parte de la reina retroceda y quiera blindarse para no sentir.

¿Pero realmente que era lo que estaba sintiendo?

Aparta la mirada algo turbada.

Maldita sea, ¿qué carajos estaba pasando? gruñe internamente, le desesperaba esa sensación de no poder controlar todo a su antojo, era una de esas cosas que no podía permitirse, el dominio era lo más importante para ella. Resopla fastidiada regresando la atención a su visitante; Emma se mese de adelante hacia atrás con impaciencia; definitivamente allí ocurría algo pero no lograba descifrarlo.

-Mmm…no lo sé, quizás cuando estoy triste-la escucha murmurar-se nota que a ti no te gusta sonreír.

-No-contesta cortante.

-Eres como una de esas villanas de los cuentos que solo ríe y es feliz cuando hace algo malo-el rostro de la más joven se vuelve serio.

Una mirada severa fue lanzada por la Reina mientras abandona su asiento habitual, aquel tronco seco.

-Mucho peor-respondió sin ningún titubeo acercándose a la rubia

Los tímidos ojos verde azul miraron hacia otro punto del bosque, por escasos momentos su carita se opaca, Regina no sabe descifrar ese silencio; Emma era un completo acertijo para ella, estaba desesperada por encontrar respuesta pero la mocosa no parecía dispuesta a dar información.

-Entonces ¿te gusta ser malvada?-musita, el temblor de los rosados labios pasa desapercibido ante los ojos de la reina.

-¿No es obvio?-la mueca de sus labios no es para nada una sonrisa-créeme, no hay cosa mejor.

La mirada ausente de Emma cayó sobre ella, hubo un corto silencio en el que ambas se miraron, pupilas café en aquellas verde azul. Aspiran, exhalan. Serenas, calladas, ambas se estudian. La mirada verde azul no incomoda a la reina. Ante el semblante serio de Regina, Emma ni se inmutaba, algo que a la morena le era imposible creer, ¿cómo es que esa jovencita no se intimida con su sola presencia? Por alguna razón eso la intrigaba.

Emma paso ambas manos por su rubia cabellera. Se le veía profundamente concentrada.

-Quisiera poder creerte; pero es difícil cuando no pareces feliz-la escucha murmurar y ese tono triste no pasa inadvertido para Regina, aprieta los puños esa niña era insoportable.

¡La fatigaba!

¡La mareaba!

¡La irritaba!

Un conjunto de emociones agobiantes que no llegaba a verbalizar. Si tanto le molestaba, porque no la desaparecía, sería tan sencillo con solo un movimiento de muñeca pero...

Antes de que pueda continuar con sus divagaciones un contacto la hace salir súbitamente de ellos, el dedo índice de Emma atrapa afectuosamente el de la morena inmovilizándola por completo.

Emma sonríe, sus pálidas mejillas se han ruborizado por completo, Regina impetra internamente que lo que está sintiendo se detenga. Pero nada de eso ocurre, es todo lo contrario, el efecto se incrementa. Nota como una calidez se va adentrando por su cuerpo; la sonrisa despreocupada de la rubia crece, el corazón de la monarca salta disfrutando esa nueva sensación.

Pero en minutos todo desaparece, el sol deja de brillar intensamente y la calidez se va.

-Creo que hoy tampoco me he ganado tu nombre... alteza-la inocente he infantil voz suena lejos de ella- Quizás la próxima vez.

No le importa que se vaya, realmente no le importa. De hecho los gestos amables no es algo que le interese.

¡Demonios!.

Con cada paso que la rubia daba el vacio se iba agrandando. En absoluto le importa, se repetía internamente. Pero se siente tan jodidamente bien cuando Emma estaba cerca.


Emma se movía lentamente por el bosque, el único sonido que la acompañaba era el crujir de las hojas bajo sus pies, los pensamientos iban y venían dentro de ella llenándola de angustia.

Esa mujer es mala, muy mala. La innombrable Reina Malvada que solo sabe regocijarse en el sufrimiento de los demás, una asesina; si esas eran las palabras textuales de Rubi. A pesar de todas ellas en su corazón no llegaba a entrar ningún sentimiento de rechazo, todo lo contrario, había algo dentro de ella que la empujaba a volver, esa misma cosa en su interior la vuelve tonta, como una niña que no puede resistirse a abrazar aquel enorme peluche, así se siente con la Reina Malvada, es incapaz de controlar ese impulso de querer tocarla; aunque después se llena de vergüenza. Si esa cosa que hace que su corazón lata tan rápidamente tiene la culpa de que sus mejillas se vuelvan como un tomate, avergonzándola a cada instante. Suspira moviendo la cabeza de un lado a otro sintiéndola demasiado llena de ideas y pensamientos. Si fuera adulta, quizás podría tener respuesta sobre esas cosas que estaba experimentando, pero solo era una chica que pronto cumpliría doce años, que sentía una gran fascinación por la rival de su madre, Emma tuerce los labios en una apagada sonrisa, si su madre se llegara a enterar de seguro la acusaría de traición.

Vuelve a suspirar encogiéndose de hombros, el regreso le dejaba una sensación indescifrable, como si dejara algo olvidado, una carencia que le estrechaba el estómago, la necesidad de ir por eso que le estaba haciendo falta cada semana se hacía más incontrolable.

¿Pero qué era eso que le faltaba?

Arrastra los pies como si al regreso le pesaran demasiado, como si una parte de ella se resistiera a volver.

Por fin llega a la Cueva Luminosa, la guarida de sus atesorados huevos donde Rubi la esperaba justo a la entrada, podía descifra ese gesto en el rostro de la loba, tenía ese destello rojo en los ojo que le anunciaba que la espera no le había agradado para nada.

-¿Se puede saber dónde te metes?-reclama molesta-no puedo estar siguiéndote a ciegas, si la reina se entera de esto que has estado haciendo ¿sabes que no solo caerás tu verdad?, también recibiré mi castigo por estar cubriéndote.

-Lo siento Rubi- sonríe de forma apagada, pasando a su lado para entrar a la Cueva.

-¿Eso es todo lo que vas a decirme?- la detiene antes de que se aleje.

La más pequeña fija la mirada en la mano que la retiene para que luego sus pupilas se encuentren con la de la peli negra, debatiéndose en iniciar una discusión.

-¿Qué es estás haciendo Emma?-pegunta en un tono más conciliador-Llevas semanas marchándote ¿has encontrado algo más interesante que los huevos, es eso?

-¡Eso no es cierto!-la voz le sale apagada.

-Algo que no puedes compartir conmigo-Rubi miro a su amiga de manera dura.

-Me estas escuchando-la miro igualmente molesta-Nada puede ser más importante que nuestros huevos.

-Habíamos quedado que tomarías uno de eso libros de tu madre para saber de dónde provienen-se había mantenido demasiados días en silencio, pero ya no pudo más, las constantes desapariciones de la princesa llegaron a colmarla- además son tuyos, esas cosas y yo no simpatizamos, aparte que ni siquiera sabemos si son de alguna bestia peligrosa o si en realidad saldrá algo de ahí y te advierto que no volveré a entrar a esa cueva mientras tú me abandonas por algo más importante que nosotros.

-Estas imaginando cosas Ru-con una sonrisa disfrazo el malestar que le causaba mentirle a su mejor amiga-no hay nada más importante que nuestra amistad-eso si era la verdad absoluta, no existía en todo los reinos la persona que pudiera remplazar a su fiel compañera.

Nada!-se acerca hasta invadir el espacio de la princesa-Eso que tu llamas nada te está haciendo mentirme, la nada Emma, no huele a manzanas.

La acusación de su compañera la golpeo con furia.

-Comí algunas manzanas en el camino.

Rubi soltó una sonora carcajada.

-En serio Emma ¡¿manzanas?!-su risa seso de golpe, la morena le dedico una mirada cargada de tristeza- No hay árboles de manzanas en este reino, acaso olvidas que tu madre las odia, se encargó de acabar con todos.

-Rubi...yo-un flujo de lágrimas se asoma por sus parpados al ver como la loba retrocede cuando intenta tocarla.

-Si te hace sentir mejor creer que me engañas, pues sigue así.

-Rubi...

-No Emma yo arriesgo demasiado con solo estar aquí; pero tú no pareces ser consciente de eso, no somos unas niñitas mimadas, creo que si lo fueras estarías jugando al té con una de tus bobas doncellas en tu lujoso palacio; pero, estas aquí, en el bosque y hace mucho rebasamos los límites que nos permitió la reina, ¿eres consciente de eso Emma, de los riesgos de todo esto?-durante variosminutosse miraron en un silencio incomodo- Eres demasiado madura para que tenga que estar dándote lecciones a estas alturas ¿oh, me equivoco Emma? Dime si tengo que empezar a llamarte princesa porque solo a la realeza se le sigue a ciegas, a los amigos... a los amigos se les sigue porque existe la confianza-se limpia las lágrimas que no había podido contener mientras expresaba con pasión lo que se había guardado, suspira dándose la media vuelta para recoger su capa roja.

-Estuve con la Evil Queen.

Continuará…