Prompt por lunediose: Durante el hechizo "Shattered Sight" la Evil Queen se encuentra con Robin Hood.

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Despiadado y peligroso

Al salir de la bóveda, Regina olfateó el olor conocido del bosque. No había rastro de Emma Swan o de la otra escuálida rubia que la acompañaba. Osaron burlarse de ella y, encima, escaparon igual que un par de cobardes.

Regina estaba decidida a encontrar a Emma y tomar venganza, de una vez por todas. Se paró en seco, cruzó las manos y justo cuando estaba por desaparecer en una espesa nube púrpura, un brazo la tomó por el cuello.

—Yo no contaría con eso, su majestad.

Regina reconoció la voz de Robin Hood, el proscrito. Éste la rodeaba con el antebrazo para inmovilizarla.

—Quítame tus sucias manos de encima —gruñó Regina y enseguida, con magia, repelió al hombre que intentaba detenerla.

Robin saltó en cuanto la magia oscura de la reina se impactó contra él. Regina se había apartado y lo miraba con un gesto adusto.

—Métete en tus propios asuntos, ladrón —dijo Regina, con un tono amenazador.

—Quisiera hacer eso, su alteza, pero curiosamente usted es uno de mis asuntos —dijo Robin mientras se levantaba de la grava y poco a poco apuntaba a Regina con su arco y flecha.

Regina, quien tenía un gesto de seriedad, de pronto soltó una sonora carcajada, digna de ella. Robin seguía apuntándola sin inmutarse.

—¿Yo soy uno de sus asuntos? —preguntó la reina todavía riéndose—. ¿Acaso pretendes hacerme daño con… eso?

—Una sola flecha y cobraré justicia, su majestad —decía Robin concentrado.

—¿Y por qué exactamente? —preguntó Regina, desafiante.

—Porque usted es un ser despiadado y peligroso… su cabeza vale más que cualquier saco de oro —respondió Robin con la voz grave.

Regina esbozó una sonrisa cínica.

—Matar a la Reina Malvada no te dará ningún prestigio, nunca dejarás de ser un simple ladronzuelo —dijo Regina, arrastrando las palabras.

—Si no mal recuerdo, hace un par de días, en su bóveda, yo no era sólo un ladronzuelo, majestad —dijo de pronto Robin, con una mirada perspicaz.

El rostro de Regina se tensó, encendiéndose de rojo. Robin tenía una ligera sonrisa de satisfacción. Luego de unos segundos, ella volvió a tomar compostura, se irguió y comenzó a caminar lentamente hacia él.

—Si la memoria no me falla, aquella noche yo tampoco fui exactamente un ser despiadado y peligroso para ti —dijo ella mirándolo a los ojos, de pronto la distancia entre el arco y la flecha de Robin y Regina fue mínima, él podía atravesar su pecho en cualquier momento, pero por alguna razón ni siquiera lo intentó—. Y creo que debo decir que esa fue, en mucho tiempo, la experiencia más… más… patética y mediocre que he tenido.

De pronto, con una mano Regina hizo una bola de fuego e incineró, en segundos, el arco de Robin. La flecha cayó al césped y él se quedó desarmado. Sin embargo, no se inmutó, siguió mirando a la reina malvada que le sonreía satisfecha.

—¿Eso es todo lo que tienes, ladrón? —preguntó la reina desafiándolo con la mirada.

Robin estaba como abstraído de sí mismo, pero la reina lo retaba frente a frente; su pronunciado escote y su mirada fiera lo franqueaban.

—Usted no ha visto todo lo que tengo, su majestad —dijo Robin, también aproximándose a ella.

De pronto, no había ningún espacio personal entre ambos. Regina inclinó la cabeza a un lado y le dirigió una mirada lasciva. Luego, estiró la mano hacia el cuello de Robin, pero en lugar de apretarlo o hacerle daño, lo tomó por la camisa y lo atrajo hacia sí, besándolo de buenas a primeras, sin ningún miramiento. Al diablo, Emma Swan, al diablo todo… la venganza podía esperar… al menos unos minutos.

Robin correspondió al feroz beso de la reina. Después de unos breves segundos, se separaron, mirándose fijamente a los ojos, en ellos sólo había deseo. Respiraban agitados, como si algo más poderoso los consumiera.

El ladrón se arrojó de nuevo a los labios de la Reina Malvada. Ella besaba muy bien, ella besaba mejor que cualquiera de las mujeres con las que él hubiese estado antes. Pero no iba a decírselo, pues en ese momento no estaba seguro de si la odiaba o la deseaba más que nunca. Rodeó su estrecha cintura, ceñida por el corsé del ajustado vestido, y la empujó contra la corteza de un árbol. Regina esbozó una ligera sonrisa.

—Así que a los forajidos como tú les gusta jugar con lo salvaje —susurró ella.

—Personalmente, su alteza, prefiero llamarlo "despiadado y peligroso" —dijo él, besándola arrebatadamente de nuevo.

En unos segundos, Regina despojó a Robin de su chaleco y camisa, mientras él intentaba quitar el pesado vestido de ella. Sin embargo, la voz firme y tajante de Regina le ordenó que dejara eso.

—Cógeme —dijo la Reina Malvada, al oído del proscrito.

Robin, sin saber bien por qué, obedeció. Repentinamente, levantó las caderas de Regina, apoyándose en el árbol, subió la falda del vestido y la despojó de los pantalones de montar, mientras acariciaba sus torneadas piernas y encontraba allí, en medio de la oscuridad, la suavidad de su clítoris.

—¿Acaso he escuchado a la reina rogar por algo? —inquirió Robin Hood, mientras desabrochaba su cinturón.

—No es una súplica… es una orden.

Sin embargo, Regina estaba ávida de él, de su cuerpo. Robin esbozó una sonrisa y de pronto introdujo su miembro en la vagina de ella con brío; empujó con fuerza, haciendo que ella gimiera y se quedara sin aliento por unos segundos, con un gesto de dolor. Sin embargo, luego él comenzó a moverse dentro, con cadencia. Regina podía sentir la erección en su interior.

En la oscuridad del bosque no se veía nada y lo único que podía percibirse eran los gemidos de la Reina Malvada y Robin Hood que follaban contra un árbol.

Robin levantaba las piernas de ella mientras la penetraba y, luego, con una sola mano, comenzó a acariciar sus pechos por encima del corsé, hasta conseguir desabrocharlo un poco. Sus pezones quedaron visibles y él pudo saborearlos más de una vez.

—¿Qué tal esta vez, su alteza? ¿Sigo siendo un sucio ladrón? —decía Robin entre dientes, mientras disfrutaba de cogerla, de ver su rostro crispado en placer, placer que él mismo estaba dándole.

—Lo eres… esto es lo único funcional en ti —dijo Regina, mientras mordía uno de los labios de Robin—. Y date prisa, porque tengo que ir a cobrar la vida de alguien.

Él buscó su lengua con la suya, para hacerla callar. Luego la sujetó por el espeso cabello negro que llevaba recogido sobre la cabeza, mientras la penetraba con más ímpetu. Ella soltó un gemido y se retorció contra el árbol.

—No sólo eres un sucio ladrón… también eres un canalla mentiroso —siguió Regina, con la respiración entrecortada—. Tú y tu maldito "honor" de mierda.

Robin escuchó sus palabras y sintió que algo lo quemaba por dentro. Regina lo miraba, desafiante, pero en sus ojos, en los ojos de la Reina Malvada, había algo de dolor también.

Estaban bajo la maldición de la Reina de las Nieves, aquéllas eran las peores versiones de sí mismos, pero eso no significaba que el sufrimiento fuese menos.

—He sido un ladrón toda mi vida, su majestad, pero no un mentiroso —dijo Robin, posando sus ojos sobre los de Regina—. Al diablo el maldito honor...

—¿Qué quieres decir? —preguntó Regina, frunciendo el ceño, confundida.

—Que desearía que Marian nunca hubiese regresado —respondió Robin, sin reserva.

Regina lo miró fijamente a los ojos, con el ceño fruncido, sin poder entender lo que él había dicho. Robin seguía penetrándola, sin apartar la mirada de ella y, de pronto, tuvo un orgasmo, tan doloroso como placentero. Soltó un gruñido y dejó que el placer lo invadiera. En cuanto Regina sintió que él se vaciaba dentro de ella, todo su cuerpo se estremeció y también alcanzó el clímax, sin aviso previo.

Ambos jadeaban, uno contra el otro. Regina sujetó las manos de Robin y las apartó de sus caderas, poniendo los pies sobre la tierra y evadiendo la mirada del ladrón. Rápidamente se colocó la ropa encima, casi a tientas. Robin respiraba agitado, mientras volvía a cubrirse y a abrocharse los pantalones.

Sólo se escuchaba el sonido de los grillos. Regina se acomodó un mechón que colgaba de su frente y echó una mirada de desprecio a Robin.

—No te confundas, ladrón —dijo ella, recuperando el aliento—. No significa que he acabado contigo.

—Lo mismo digo, su majestad —respondió él, esbozando una sonrisa cómplice—. Con gusto esperaré su venganza.

Regina arqueó una ceja y desapareció en una nube púrpura. En cuanto Robin la vio esfumarse, recogió la flecha que estaba en el césped, luego sonrió y abrió una mano: en ella lucía la ropa interior de encaje negro de la Reina Malvada, lo único que Robin Hood pudo robarle esa noche.

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N.A. ¡Servida, lunediose! No sabes cómo me he divertido escribiendo esto. La próxima vez recordaré no escribir cosas así mientras estoy en una biblioteca. Gracias por sus prompts y por sus comentarios, estoy encantada de recibir sus ideas y de escribirlas también.