Capítulo 7

Tu nombre

Emma se mantuvo en silencio, ese día su padre había decidido unirse a ella en su caminata por el jardín. El rey mantenía una conversación animada de la cual quería hacerla participe; pero Emma continuaba inmersa en sus pensamientos. No podía soportar la idea de que Rubi no quisiera hablar con ella, recordaba claramente cada palabra de su compañera de juegos, lo furiosa que estaba, hasta la acuso de utilizarla para hacer algo tan horrible como hablar con la Reina Malvada; de repente se sintió muy abrumada. Respiro hondo, deteniendo su paso para mirar inexpresiva al hombre que aleteaba a su lado con ese aire imponente de un rey. Los rasgos de su padre eran suaves, esos ojos azules siempre parecían sonreírle. Sus ropas de seda dorada a Emma siempre le parecían tan brillantes como el oro. Un arco y una espada era la insignia escarlata sobre el pecho de su padre, clara representación de su reino.

-¿Te sientes bien?-palmeo los rubios cabellos de su hija-Llevas varios días callada.

-Estoy bien-sin duda su madre lo había enviado hablar con ella.

Inicio la marcha entre los rosales, su padre la siguió respetando por cortos minutos su silencio.

-Tu madre está preocupada, ya sabes cómo es-dijo el rey con voz suave-Le cuesta aceptar que estas creciendo y que ya no te resulta tan divertido que te tome entre sus brazos para volar.

-Nunca dejara de ser divertido-se detuvo junto a una columna de rosas amarillas.

-¿Entonces no hay nada de qué preocuparse?- la escruta con la mirada.

Como respuesta la rubia eleva los brazos hacia su padre y este sin dudarla la toma para revolotear con ella alrededor del jardín, cuando las risas cesaron su padre la deposita nuevamente sobre el suelo.

-Tu madre y yo estaremos en una reunión importante tendrás que almorzar sola-hizo una pausa para mirarla con semblante serio.

-¿Puedo ir al bosque?

-¿Te refieres a la casa de tu amiga Rubi?-los ojos de su padre se rencontraron con los de su hija buscando respuesta.

-Solo al bosque a caminar-se mordió los labios desviando la mirada.

-Puedes hacerlo en nuestros jardines.

-No es lo mismo padre-sus pupilas cayeron en las de su padre con un expresión triste-Me gustaría ir al lago.

-Me he enterado que te gusta mucho ir allí, sin embargo tu madre se pone muy nerviosa cuando estas afuera-se mantuvo un momento en silencio como ordenando en su cabeza lo que necesitaba exponerle a su hija-Estaba pensando en que... bueno... yo podría mandar a hacer un lago para ti.

-¡Noo!-no pudo ahogar un grito de asombro. La idea de su padre la golpea como una bofetada.Lo mira con pánico, las pulsaciones de su corazón subieron rápidamente y al ver lo turbada que se encuentra, el rey intenta acercarse, pero Emma no permite que la toque retrocede un paso-Eso suena a mamá, tú no puedes tener una idea como esa, ¿es ella verdad? ¿Por qué necesita controlarme de esa manera?

-Solo es una idea tonta querida no tienes por qué ponerte así-deslizo las manos por las mejillas empapadas-Me rompe el corazón el verte llorar.

-Se supone que estas de mi lado y que solo finges que la escuchas-las lágrimas atrapan su garganta, bajo la vista al suelo ocultando el temblor de sus labios -La forma en que lo has dicho es como si te hubiera convencido.

-No estoy del lado de nadie.

-Pues hoy sonaste mucho a estar de su parte.

El aleteo se detuvo, abstraída Emma levanta la mirada, lo que ve frente a ella la deja desconcertada. Sus ojos viajan rápidamente a los pies de su padre y luego a su rostro, del rostro a sus pies.

-Oh padre-la sorpresa la deja por un momento sin poder cerrar la boca-Mamá gritaría mucho si viera lo que estás haciendo en este momento.

-A mí no me parece que tocar el suelo sea equivalente a imperfección- se encoje de hombros restándole importancia-Mi pequeña lo hace y para mi sigue siendo tan hermosa y perfecta.

-Soy incompleta padre y eso nada lo va a cambiar-susurra dolida.

-Eso no es cierto.

-No tengo alas, no puedo volar, cada vez que me miran caminar me siento como si estuviera haciendo algo muy malo.

-Emma yo...

-Por favor solo vuela, no tienes que demostrarme nada ya sé que me amas-sonrió para tranquilizar a su padre -además sabes que mamá parece tener ojos en el cielo que la alertan, en cualquier momento puede aparecer y podrías tener problemas.

El rey se quedó mirándola unos instantes en silencio como si muchas cosas pasaran por su cabeza. Acaricia la frente de la princesa con la punta de su dedo.

-Soy el rey, puedo hacer cualquier cosa-responde con un poco de humor para suavizar el momento.

Emma se lanza a los brazos de su padre sintiendo que cada pedacito de su cuerpo saltaba de emoción.

-Yo haría cualquier cosa por no verte triste, por secar tus lágrimas, por hacerte feliz. Esto-señala sus pies clavados en el húmedo césped-Esto, no es nada comparado con lo que soy capaz de hacer, porque te amo Emma lo haría todo. Lo que me lleva a aclarar que esas cosas tan extremas de tu madre no son más que esa manera tan de ella de demostrar su amor. Ya sé que es demasiado radical pero solo teme que te hagan daño.

-Nadie quiere hacerme daño, eso solo pasa en la cabeza de mamá.

La expresión de su padre se volvió más seria.

-Todos los reinos tienen enemigos.

-¿Qué enemigos tiene nuestro reino?-había una extraña mezcla en los ojos del rey que no supo descifrar. Sabía muy bien que él no le daría ninguna respuesta. Allí estaba ese patrón que seguían sus padres, sus posturas se volvía rígida, su mirada se perdía en algún punto lejos de ella para luego quedarse en silencio un par de minutos. Ahora mismo es lo que está haciendo el rey.

-Por favor no te vayas a meter en problemas-no podía faltar el radical cambio de conversación- Si te metes en problemas no estaré de tu lado.

-Gracias padre.

-Y Emma-se detiene a unos pasos de ella.

-Si padre.

-No vuelvas a decir que finjo escuchar a tu madre, eso sí puede meterme en muchos problemas.

Durante un largo tiempo permanece sentada con la barbilla descansando en sus rodillas y los brazos rodeando las mismas.

¿Había desobedecido a su padre?

Quizás no.

Ella no se estaba metiendo en problemas, solo había ido por Rubi, su amiga rechazo su pedido de hablar, no mientras aun siguiera con la idea de volver al Reino Oscuro. Suspira, abrazándose fuertemente a las rodillas; nada podía ser más importante que su amistad con la loba, eso estaba absolutamente fuera de discusión; pero también quería estar allí, en ese lugar donde sus pensamientos no parecían consumirla.

¿Cómo le hacía entender, como explicarle a Rubi las cosas tan agradables que sentía si ella misma no sabía cómo nombrarlas?

Abre los ojos para mirar en torno a ella. Sus pupilas verde azul lo estudiaban todo. Ante ella se presentaba un bosque en su estado más puro, era hermoso, tanto que la belleza podía parecer insultante; de seguro ese lugar por completo era fascinante, anhelaba conocer cada rincón de aquel reino. Los dominios de la Reina Malvada sin duda eran una reliquia natural.

Grandes árboles se erguían impetuosos; furia que se aminora por unos sutiles rallos de luz que jugaban entre las ramas, una iluminación opaca bailaba entre una maraña de tallos horizontales que no parecen terminar nunca. La joven podía sentir los latidos de la misma naturaleza, libre, sin ser sometida de ninguna forma. Era muy diferente en el reino de su madre, donde cada ser, cosa, era controlado; donde la misma naturaleza estaba bajo las sombras de la reina. La belleza de la naturaleza, su estado más salvaje estaba siendo reprimido.

La princesa estaba prendada a ese entorno que emerge de forma arrebatadora, un dominio que pide a gritos mírame, escúchame y Emma se abandona a ese pedido, a esa tierra fría y sombría que asusta; pero con esa misma facilidad te sorprende. Todo alrededor es magnífico. Tanto que la princesa llega a tener una sensación de insignificancia, emoción que se triplica cuando esos ojos marrones la miraban como lo hacían justo en ese momento. Si, la Evil Queen podía hacer que cualquiera quedara reducido con una sola de sus miradas.

Rápidamente Emma aparta los ojos de la mujer.

¿Porque insiste en venir? se pregunta en silencio.

¿Qué es lo que espera de esas visitas?

Las conversaciones eran escasas. La mayoría de ellas eran llevadas en solitario por la princesa; la morena no estaba muy dispuesta a cooperar. Emma se deja caer de espaldas sobre el suelo saturada de tantos pensamientos; debería estar en ese momento con Rubi buscando alguna excusa para que disculpara su comportamiento, para que su amiga dejara de estar molesta. Pero no, ella sigue de testaruda regresando al mismo lugar donde no parece ser bien recibida, donde su acompañante solo sabe gruñir y lanzarle miradas exasperadas.

No podía culpar a la morena, en su propio reino no era deseada, que podría esperar de una extraña. Todos sus temores reaparecieron o quizás estaba demasiado sensible ese día. Quién sabe. La cuestión es, que siempre se sentía rechazada por las personas, la creciente melodía de sus voces susurrando lo imperfecta que era le cierra la garganta. Aprieta los parpados reusándose a llorar, el rechazo era un sentimiento horrible y abrumador que la golpeaba constantemente. La única persona que la miraba sin ningún indicio de que las diferencias entre ellas cambiarían algo, era Rubi. Le sobrevienen unas crecientes ganas de llorar al pensar nuevamente en su amiga; incluso el entusiasmo que la invadía con cada visita a la Evil Queen se iba mermando. Los minutos se congelaron en el momento que le vino a la cabeza la idea de que esa mujer la odiaba.

Su estado de ánimo va en picada.

Regina permanecía impasible concentrada en su lectura. Levanta la vista del libro contemplando el cuerpo tendido en el suelo. Ese día Emma había permanecido en silencio, extrañamente no busco entablar ninguna conversación, solo había llegado para sentarse a cierta distancia, algo que en primera instancia sorprendió a la reina.

Regina la observa, sus ojos se cruzan y la rubia esquiva su mirada, nunca la había visto tan pensativa podía asegurar que algo no iba bien. Emma no sabía lo que era guardar silencio. La vio removerse sobre el suelo y cubrirse el rostro. Definitivamente algo estaba pasando.

-¿Debo preocuparme por tu silencio?-pregunto con voz áspera mientras ocultaba su mirada tras el libro.

-No tiene caso hablar sola.

-Estoy hablando-siseo enfadada.

-Y estoy sorprendida.

Regina capta ese tono de ironía. Cerró el libro con fuerzas, el ruido provoca que Emma abra los ojos buscándola.

-Eres demasiado atrevida, además nunca te he dado la confianza para que me trates sin ningún tipo de respeto, no olvides que te diriges a una reina-se levanta clavando esa mirada severa sobre la princesa.

Al ver la figura amenazante acercarse hasta ella, Emma se apresura a ponerse en pie.

-Hoy no estoy para juegos, te advierto que estoy llegando a mi limite-la expresión de rabia sobresalta a la más joven-Te preguntare una última vez ¿De dónde vienes?

-Y yo ya respondí esa pregunta muchas veces-la examina con el ceño fruncido-Vengo del otro lado.

Es la tercera vez en varios días que se enfrentan de esa manera. Regina cierra los ojos aguantando las ganas de torcerle el cuello. Intenta visualizar ese momento y para su sorpresa no le llega ninguna imagen, si alguna empieza a formarse algo dentro de ella la expulsa de su cabeza. La invade un malestar insoportable.

-¿Que reino?-susurra amenazante.

La princesa guarda silencio como todas las otras veces en las que tenían esa misma conversación.

-Sabes que puedo encerrarte en un calabozo hasta conseguir lo que quiero, puedo sacarte el...-la oración muere abruptamente en sus labios.

¿De verdad estaba pensando amenazarla de esa manera?

¡Mierda Regina! ¡Mierda, mierda!

Maldita sea, ¿qué está pasando contigo?

La reprende su subconsciente. Lo peor de todo es que Emma le sostiene la mirada como incitándola a continuar.

Desde cuando le importaba a ella, la maldita Reina Malvada asustar a una estúpida niña.

-¿Sacarme el corazón? sé que podría –le dedico una de esas sonrisa brillantes-Pero una reina no rompe sus promesas -hace una pequeña reverencia-Y usted majestad, dijo que nunca me haría daño.

-¡¿Te burlas de mí?!-quiera ser dura, le hierve la sangre por no poder serlo. Ansiaba con todo su ser poder lanzar fuego hasta por los ojos de pura furia, pero nada de eso llegaba a suceder, una estúpida sonrisita de Emma era como una balde de agua helada para su cólera.

-No, nunca haría eso alteza, pero también me gustaría preguntar.

-Hasta que no respondas, no tienes derecho a nada.

-Eso no suena nada bien, parece un chantaje-respondió con tranquilidad.

-¡¿Ahora si sabes lo que significa?! Te estás haciendo la tonta conmigo y eso es algo que me enfurece-gruñe con fastidio poniéndose a la altura de la rubia para clavar su oscura mirada en esas brillantes pupilas.

-¿Entonces no me hablas porque no respondo tus preguntas?-Regina la reprende con la mirada y la rubia entiende el mensaje-Lo siento, nada de confianza-se disculpa bajando la mirada hacia sus pies- Usted puede hacer preguntas pero yo no, eso no parece justo.

-Para mí lo es.

-Ni siquiera me ha querido decir su nombre. Su alteza sabe el mío, tengo al menos el derecho de preguntarlo.

-Soy la Reina Malvada-enfatiza cada palabra para dejarle claro que no estaba dispuesta a continuar con el tema.

-Eso no me suena como un nombre-afirma sin dejar de mirarla.

-No necesito un nombre.

-Yo si-no la cohíbe para nada esa mirada abrasiva que le lanza la morena-no puedo llamarla Reina Malvada, es muy difícil hacerlo. No pudo pronunciar las dos palabras, ni siquiera relacionarlas, la miro y la palabra reina y malvada no me combinan para nada. Lo dejo simplemente en Reina.

La Evil Queen no dijo nada, se separa unos cuantos pasos para asimilar ese tirón en la boca del estómago que la obliga a guardar silencio. Había dado por sentado que Emma era una niña tonta pero con cada una de sus visitas descubría que era muy astuta y testaruda. Con disgusto se dio la vuelta para recoger el libro que descansaba sobre el madero. Estaba muy lejos de doblegarse ese día. ¿Para que un nombre? si lo único que necesitaba era ser recordada como la maldad personificada, Reina Malvada era lo único que había escuchado durante muchos años. Ese fue su pensamiento antes de volverse y enfrentarse con esa intensa mirada. Casi puede sentir que la rodea como unos fuertes brazos que le cortan la respiración.

-Esta es la conversación más larga que hemos tenido-musito la rubia encogiéndose de hombros –Me hace muy feliz este pequeño avance.

Los ojos oscuros de la reina no muestran nada. Una ansiedad dentro de ella empieza a devorarla a grandes bocados.

Por todos los dioses que le estaba sucediendo.

-¿Te sientes... Se siente bien?-la rubia la mira preocupada.

-Si-

-No lo parece.

-Estoy bien Emma- contesta de forma automática.

La princesa no puede reprimir la sorpresa que le causa escuchar su nombre de los labios de la Reina Malvada.

-Vaya... creo que mi felicidad se hizo un poquitín más grande-enrojece y baja la mirada.

Regina hace todo lo que puede para contenerse, eso no debe ser demasiado para ella. Tiene que resistir... resistir.

Trata.

Resiste... resiste.

Yfalla.

Así que cuando una sonrisa afable se asoma entre sus rojos labios ella es la primera en sorprenderse.

"Emma"

Esa voz del otro lado de la barrera le recordaba que la visita había llegado a su fin.

-Ru-la demostración de alegría por parte de Emma al escuchar esa voz sorprende a la reina.

Regina observa a la rubia, su rostro está pintado de pura emoción. No recordaba haberla visto en ninguna de sus visitas con tantas ansias de marcharse.

-Prometo que la próxima vez mis modales mejoraran alteza-musita en tono educado.

Y nuevamente la ve alejarse con una carrera precipitada hacia la barrera, intenta controlar esa arrebatada reacción de su cuerpo, trata de recuperar la compostura.

No debo caer, no puedo ceder.

Está prohibido

No debo hacerlo,

Sus ojos negros se clavan en esa delgada figura que se aleja, simplemente las fuerzas y el control se evaporan.

-Emma-la llama antes de que desaparezca por la barrera. La rubia se vuelve mirándola intensamente-Regina-dice forzando las palabras-Mi nombre es Regina.

Continuará...