Hola!

Espero que les guste; dejenme saber que les parece la historia...

Gracias!


Capítulo 8

Debilidad

Había quebrantado la primera regla que su difunta madre le había impuesto, ella no necesitaba un nombre. Tantos años de disciplina, dolor, se habían ido a la mierda en un par de semanas. No era posible. Se muerde el interior de la mejilla furiosa.

¿Quién eres?

¿Quién eres Emma?

¿Qué es lo que quieres?

Emma... Emma y la barrera

Sus pensamientos arden, rebusca en su cabeza algún detalle que se le haya escapado. Nada. Esa pequeña cruzaba cada semana la barrera como si esta nunca hubiera existido. Aprieta la mandíbula maldiciendo mil veces; esta perturbada. Los latidos de su corazón se aceleran cada vez que la imagen se repetía una, otra y otra vez en su cabeza.

Cierra los ojos. Solo un momento, es necesario calmarse.

-Nadie puede cruzar la barrera mágica alteza.

-¡Nadie!-en ese suspiro que se le escapa no hay ningún alivio, al contrario, solo se inquieta más.

-¿Sucede algo querida?-la mujer pasa los dedos con desespero por sus rubios cabellos, mira a la morena intensamente haciendo que esta se mueve irritada por la estancia.

-¿¡Estas segura que es imposible Mal !?

-Pues recuerdo que llevamos once años intentando cruzarla-camina por la habitación, imponiendo ese traje oscuro, con cuello alto y elegante de tela estilizada.-¿Me puedes decir a que se debe este interrogatorio?

-No es ningún interrogatorio.

-¡Ah no!-se sienta frente al espejo para terminar su tocado en el cabello, Regina guarda silencio mientras la ve colocarse esos emblemáticos cuernos, un elemento que tanto la caracterizaban-Llevas diez minutos haciéndome la misma pregunta y yo te he dado la misma respuesta.

-¿Y estas segura?

-¡De que Señora!-sus pupilas se cruzan en el espejo.

-No es nada Maléfica, olvídalo. Y Ya te he dicho que no me llames señora me haces sentir como una anciana.

La Reina descubre esa peculiar mirada que suele tener Maléfica cuando intenta desafiarla.

-Siento que pasa algo y no quieres decírmelo.

-Solo olvídalo.

-Cómo puedo hacerlo cuando pareces perturbada ¿Paso algo en tu última visita al bosque? Has estado irritada todos estos días.

-Y si algo se nos ha escapado-Regina se mueve por la habitación con su elegante, poderoso y largo vestido negro con pedrería y bordados alrededor de un acentuado escote. Peinado recogido y labios muy rojos acompañaban su extravagante y hermoso atuendo.

-¿Cómo qué?

La morena se deja caer en la silla, no podía decirle a Maléfica lo que lleva presenciando durante semanas. Tenía que estar segura, ¿Pero qué otras prueba necesitaba? La ha visto con sus propios ojos cruzando esas barrera, había demasiada magia blanca de por medio. Ni ella misma con todo su poder pudo hacer nada para desaparecerla ¿Cómo esa pequeña he insignificante criatura lo había logrado? ¡Magia!. Eso era un acto imposible.

Estaba segura que no la tenía; lo pensó una y otra vez hasta que la cabeza comenzó a dolerle.

-Sabes, es solo esa maldita frontera, me tiene tan harta-susurra la Evil Queen entredientes.

-¿¡Harta! O es que anhelas lo que hay más allá. Tu reino ya no es suficiente? -Probablemente en otros tiempos le hubiera sacado la lengua; pero Maléfica era más que uno de los grandes generales de su ejército, ella era su sombra, sus ojos, Mal ayudaba a que sus pies permanecieran en la tierra cada vez que la oscuridad quería arrastrarla al abismo.

-Lo único que quiero, lo que más anhelo es destruir todo lo que ama Snow. Nada será suficiente mientras ella y su principito sigan respirando.

-Casi había olvidado cual era el fin de toda esta guerra-murmura la rubia, incluso se atrevió a reírse con burla.

El intento de Regina por sonreír se convirtió en una tosca mueca.

-Yo nunca podré olvidar Mal, no cuando siempre me arrebata todo.

-Creo que es un sentimiento que ambas deben compartir.

La postura de Regina se vuelve rígida.

-¿A qué te refieres?-la ira resplandece en sus pupilas.

-A que ambas se han arrebatado muchas cosa querida.

No tuvo que mirar a la morena directamente para darse cuenta que sus palabras la cabrearon, pudo percibir la magia agitándose en el cuarto. Continúa sus últimos arreglos frente al espejo sin ignorar que la mujer tras ella, su Reina, estaba controlándose para no carbonizarla.

-¿La excusas?-su voz suena ronca.

-¡Claro que no! recuerde que también estoy condenada, al igual que mi señora, soy una villana.

-¿Te complace matar por tu reina?-cuestiona con voz tensa. Frunce el entrecejo esperando la respuesta de su amiga.

-Estoy para complacer a mi reina- mientras se gira para mirarla, Maléfica hace una pequeña reverencia. La intensidad de la conversación había ido subiendo rápidamente, hacía mucho que no veían la reina tan perturbada.

-Pero...

-Tiene que haber un pero-replica cruzando la piernas frente a una morena que parecía estar perdiendo la paciencia.

-Dímelo tú-la mira de manera intensa.

-¿Puedo decirlo con toda libertad?-la sonrisa de Maléfica se borró, en su lugar solo queda una leve mueca de tensión.

-Espero que no me estés pidiendo permiso para hablar cuando ya has rebasado los límites.

La rubia la miro directamente a los ojos sin ningún temor.

-Esta guerra, hace mucho tiempo se convirtió en una estupidez. ¿Que pasara si logramos derribar esa barrera? muchos hombres no sabrán porque irán a luchar. Son jóvenes majestad, solo conocen la historia por sus padres; pero ¿por qué luchamos, a quien vengamos? ¿Solo es por puro odio? La realidad es que muchos no están seguros de querer pelear por vengar a Cora, una reina tirana que nos condenó a este destierro.

-Cómo puedes permitirle que hable así de nuestra madre-chillo una voz desde la puerta. La delgada figura irrumpe en los aposentos de la Reina, con la sola intención de castigar a quien había ofendido a su difunta madre-Eres una víbora, traidora te voy a enseñar a respetar.

-Basta Zelena-advierte la morena en voz baja.

El cuerpo de la reina comenzó a templar. Se aferraba a la silla para permanecer sentada, pero le resultaba difícil, la sinceridad de su general la había golpeado. Las palmas de las manos comenzaban acalambrarse de tanto contenerse. La magia quería fluir, sentía que explotaría si no la dejaba salir.

-Debes enseñarle a respetar, es un sirviente como todos- dijo con voz cortante.

-¡Te dije que te callaras!-el grito se escuchó fuera de la habitación. La ira rechinaba en ella, el brazo de la silla no lo soporto más y se hizo añicos entre sus dedos.

-Como permites que hable así de nuestra madre, que ponga en duda nuestra venganza cuando sabe muy bien que todo es por culpa de los Charming- contesta rabiosa.

-Me pregunto si la muerte de Snow nos dará paz, ¿Se borrara todo el dolor?-resoplo frustrada la Reina- ¿Recuperaremos tantos años perdidos?

Las otras dos mujeres la miraron como si se hubiera vuelto loca, para ella misma era abrumador todo lo que pasaba por su cabeza.

-Nos quitaron todo-chillo la más joven.

-Este no es un tema para hablar contigo. No tienes la edad suficiente, y yo no tengo por qué darte explicaciones.

-Lo único que me interesa es exterminarlos a todos-muerde cada palabra con rabia.

-Zelena… ¿no estas cansadas de esa rabia?-pregunta con angustia la morena.

-Descansare cuando tenga sus cabezas y haya vengado a nuestra madre.

Porque tenía que pasar ella por todo eso, cargar con la rabia de los demás la agobiaba, controlar sus propios sentimientos ya era algo que le pesaba demasiado. Una carga que cada día era más pesada, incluso había momento en que cerraba los ojos para volver a respirar con tranquilidad. Ese era el plan; pero nunca resultaba, ella no conocía la tranquilidad, está la evade constantemente. Ha visto cara a cara la agonía y el dolor, ellos la acarician cada día recordándole que siempre estarán presentes; sin embargo la tranquilidad, el amor, son sus fugitivos constantes.

No sabía cómo solucionar todo lo que estaba pasando por su cabeza.

-Cuantos hechizos, cuantos años intentándolo y no hemos podido- cierto toque de tristeza empañaban los ojos de la reina.

-Te estas rindiendo-grita, examinando a su hermana de pies a cabeza como si viera a una desconocida.

-¡Nooo!-responde indignada, como diablos iba a rendirse, ella no conocía ningún otro propósito que no fuera destruir a Snow ¿por cuánto tiempo persiguió a esa estúpida, quince o quizás veinte? Cuantos años de su vida invertidos en esa lucha. Podía asegura que desde su primer respiro su madre la preparo para a odiar a Snow.

-Entonces porque te escuchas así-sisea entre dientes-Te estas volviendo blanda... ¡Es eso!

Regina se levanta tan rápido. Zelena retrocede asustada al ver esa mirada oscura que tanto conoce. Cuando la alcanza sus dedos se hincan sin ninguna contemplación en el brazo de la joven. Con la mano libre aferra salvajemente la rubia cabellera tirando tan fuerte de ella que su hermana no pudo contenerse. Gime adolorida.

-¡No te permito que me hables de esa manera!-tiro más fuerte del cabello-Soy tu reina.

-Por favor ya dejen de discutir-las dos se vuelven a mirar a la mujer, los labios rojos de Regina se mueven en una mueca- Es solo una niña Alteza

-Hermana…yo-gimotea pero Regina la ignora; sus dedos se ciñen en la blanca piel, presionando con rabia. La más joven de las rubia lloriquea al sentir las uñas hiriéndole el brazo, la morena no se conmueve, tira con más fuerza de la rubia melena.

Tenía demasiadas emociones mezclada, la barrera, Emma, el odio, su venganza, Zelena. Su corazón latía aceleradamente. Ni siquiera podía centrarse en cual de todas la tenía furiosa. Permanece unos segundos contemplando el rostro de su hermana el que mostraba un par de lágrimas. Zelena solo había puesto el dedo en la llaga removiendo recuerdos, cada uno de ellos era una cicatriz que se habría y sangraba.

-Desaparece de mi vista-gruñe soltándola tan bruscamente que la hace trastabillar.

-Lo siento-murmura bajito la joven princesa, la mirada que le lanza su reina la hace moverse sin volver a chistear.

-Zelena-la más joven se detiene en la puerta- Si vuelves hablarme de esa manera te coseré los labios lentamente hasta ver como sangran. Entonces, solo entonces quiero escucharte decirme blanda.

Se hizo un silencio en la habitación, las facciones de Regina se contrajeron. No era la primera vez que su hermana menor se le enfrentaba; pero si en la que ella perdía la calma. Frunce el ceño anotando mentalmente que esa situación no puede repetirse. La magia crepitaba en ella alocadamente.

-Suéltalo ya-habla entre dientes, luchando todavía con el descontrol en su interior.

-¿Haz amenazado a tu hermana?

-Gracias a tu intervención solo fue una amenaza-contesto con sequedad.

-¡Majestad!- los ojos de Maléfica se agrandan al máximo, no podía creer en esas palabras.

-¿La has escuchado?-su rabia era demasiada-Ha utilizado esas palabras.

-Estoy segura que no tenía ninguna intención...

-De lastimarme... de escucharse como ella... como Cora-el corazón le dio un vuelco, nadie podría escucharse como su madre-Recuérdame porque no la he matado-se sienta en la cama evitando la mirada de desconcierto de su general.

-¡Es tu hermana!-respondió Maléfica severa.

-Deberías ser un poco más elocuente cuando intercedes por la vida de alguien querida- responde con voz imperturbable.

-No es gracioso.

-Lo sé-ignoro la mirada de reproche que le lanzaba la rubia-te juro que a veces me dan ganas de cocerle esa boquita, escuchar su rabia por los Charming me dan nauseas. Es solo una jovencita de catorce años, deben preocuparle otras cosas, no una venganza-cubre su rostro con ambas manos, no sabe lo que le está sucediendo quizás es la frustración y sus continuas interrogantes por la maldita barrera. El no poder controlar lo que pasa a su alrededor comienza hacer mella -Ni yo misma se porque sigo con esto, mi madre se buscó su destino.

-También es su madre, no la vio como tú.

-No, claro que no, me ocupe de que todo fuera mejor para ella-Regina hizo una mueca de disgusto.

-Dale tiempo sabrá entenderte-Maléfica se acerca, deja un suave toque en su hombro.

-No tengo tiempo para perder -se pone de pie apartándose del contacto, lo siguiente que sale de su boca no deja opción a replica - La próxima vez que me falte el respeto será castigada.

-Pero...

-Ya basta-la interrumpe con severidad-No quiero hablar más del tema, tengo cosas más importantes que atender.

-¡Que! ¿A dónde vas?

-Al bosque, necesito acabar con un problema.


Estaba allí por una razón. Esta vez no la dejaría ir sin conseguir una respuesta, estaba dispuesta hacer lo que fuera para conseguir que esa niña tonta le dijera la verdad. Antes de que ese día acabara se iba a deshacer de esa abrumadora sensación.

Bien, solo tenía que sacarse esa rabia que la estaba consumiendo. Así que, permanece rígida mirando ese lugar por donde siempre aparece; todo lo que ansiaba era aniquilar esa agitación que le estaba robando el sueño. Necesitaba respuesta ya. Comienza una caminata desesperada, los tacones de sus botas de cuero negro se hunden en la humedad de las hojas. Lo que comienza apoderarse de ella era incontrolable. Es pura furia.

Sus pasos van de un lado a otro repitiendo en su cabeza una letanía.

"No soy blanda,

Jamás lo seré, No soy débil"

Odiaba tanto esa palabra, era inexplicable todo lo que provocaba; las entrañas se le revuelven con solo recordar la frase que su madre solía utilizar para castigarle. Lleva su mano al pecho. Las cicatrices de esas palabras aún están en su corazón, Cora se había encargado de rasgarla y retorcerla a su antojo.

Los recuerdos la golpean frenéticamente. Dentro de su cabeza la palabra blanda estaba escrita a fuego, brasas crepitantes que activan su ira. Las imágenes cobran vida paseándose solemnes ante sus ojos y es tan difícil detenerlas. Oh...no...no- gime internamente.

"Blanda"–el dolor se aviva en su pecho. Vuelve a experimentar como los dedos de Cora le rodearan el corazón aferrándose a él sin delicadeza–"Cobarde"– las piernas le tiemblan al recapitular la escena.

Cierra los ojos. Evoca claramente la presencia de su madre con su ostentoso vestido purpura y su larga cabellera negra, Regina recuerda haberse quedado muy quieta, solo era una pequeña de ocho años atemorizada por la presencia de su progenitora. Era la primera vez que la reina entraba a su habitación y la pequeña Regina no estaba segura de sentirse feliz o estar aterrada.

Su madre se despoja de los guantes negros haciéndole una seña para que se acercara "¿Sabes porque me llaman la reina de corazones querida?" –acaricia los suaves cabellos, sus mejillas, bajando por sus hombros y deteniéndose en su pecho, Regina recuerda ese miedo que sentía y el escalofrió que le provoco el contacto "Porque me gusta sentirlos palpitar entre mis dedos, la sensación es exquisita; pero nada se compara con aplastarlos, estrujarlos y ver el dolor en los ojos de su dueño"Sin previo avisolos dedos de Cora invaden su pecho, recuerda sus gemidos de dolor rogándole que se detenga; pero su madre no la escucha, continua sumergiéndose hasta que se aferra a su órgano palpitante "Eres débil, para mi hija la debilidad no te está permitida, deja de sentir, entiende que eso es lo que te hará más fuerte"

Apenas puede respirar, las palabras suenan tan altas y claras como si su madre las murmurara en ese instante cerca de su oído, se siente como si la misma muerte la arrullara. Por instinto sus manos buscan su pecho queriendo protegerse de ese dolor.

-Dios son solo recuerdos pero estoy asustada-tiembla.

Recordar la manera en que la antigua reina solía martirizarla; la doblega, era como un torbellino que la arrastraba hasta el fondo llevándola a muchas parte de ella misma a las que no necesitaba enfrentar. Los sucesos le traían a una Regina adolorida y llena de lágrimas.

"Ódiame, si puedes odiar a la mujer que te pario los demás no significaran nada, ¡ódiame!, deja de ser tan blanda. No me quieras solo tienes que despreciarme, el amor es debilidad Regina, el amor es solo una estupidez, la excusa de cualquier ser vivo para aliviar la soledad, amar es dependencia, no necesitas nada de eso –la mano de Cora aprieta más fuerte, el pecho le ardía de tanto dolor –"Soy una mujer poderosa, he tenido que arrancar muchos corazones para llegar a donde estoy, muchas batallas para tener éxito, ¿crees que debo permitirme una hija cobarde y tonta? Ya tengo suficiente con la debilidad de tu padre par tener que cargar con la tuya. Pero tranquila, aquí está tu madre, yo te enseñare"

En aquella fría mañana su madre supo enseñarle que el amor y el dolor suelen caminar de la mano.

"Congela tu corazón, si las emociones te invaden, yo estaré aquí para recordarte que el amor duele cariño ¡Lo sientes! –Regina revive ese dolor tan insoportable y sofocante– "Lo sientes querida, sientes como te ama tu madre, ¿Es doloroso verdad?"-no puede borrar esa sonrisa siniestra que le regalo Cora mientras sus dedos se deleitaban dentro de su pecho–"Así es el amor querida, sufrimiento, dolor, debilidad. Serás mi sucesora, te necesito capaz de seguir mi legado. Olvida todo lo que sientes, todo lo que eres; olvida hasta tu nombre no lo necesitas yo solo te quiero como una reina, serás mi Reina Malvada.

Ese día, la felicidad la abandono, toda alegría se ausento en su vida cuando su madre tomo las riendas de ella, dejo de ser Regina para convertirse en la reina que su madre anhelaba su Reina Malvada

"Entonces hija mía respóndele a tu amada madre ¿Que necesitas para ser una verdadera reina?"

Los recuerdos, las emociones, acompañando esas imágenes lacerantes son una amalgama peligrosa, el aliento de Regina se escapa en un contenido gemido, quizás con la idea de así poder liberarse de los recuerdos de su madre, de sus torturas que día con día la perseguían. Ese día era el peor de todos para rememorar los desagradables momentos con Cora.

Una ligera brisa sopla por uno de los costados envolviendo a la Evil Queen en un suave aroma a flores frescas. El rostro de la reina adquiere una expresión adusta.

Mira por encima de su hombro, soltando una maldición cuando la oscuridad de sus ojos se colisiona con esa mirada brillante de Emma. En ese instante la voz de su difunta madre hace acto de presencia con más intensidad que cualquier otro día.

"¿Que necesitas para ser una verdadera reina?"

-Odio y poder-musita.

Continuará...