Hola!

Disculpen la demora... Espero que les guste tanto como a mi este cap.; dejenme saber que piensan parece...

Gracias!


Capítulo 9

Realmente Malvada

-Hola- la infantil voz provoco que la los puños de la Evil Queen se cierren con fuerza.

Los minutos se sienten como hora, el corazón late en su pecho acelerado. Esa voz la alcanza como un remolino lleno de furia; recuerda y cada pieza suya se mueve, se encuentran, se lastiman mientras agitan todo el dolor, la rabia también fluye. Levanta la mirada del suelo, entonces ambas pupilas se encuentran, las de Emma mostrando recelo y las de la reina esa batalla interna para contenerse y no lanzarse por ella y terminar con todo allí mismo... Contrólate Regina... contrólate... lo que no sería posible, era ocultar esa sonrisa burlona que se instalaba en sus labios, quería mostrarse tal cual era, le importaba poco que esos ojos verde azul la contemplaran con temor, ni mucho menos que por primera vez la sonrisa que pintaba el rostro de Emma desapareciera.

Avanza unos pasos y su pequeña visitante un poco intimidada retrocede.

-Hola Emma- ese tono profundo y amenazador le da la bienvenida a la princesa- Pereces asustada.

Lentamente se saca los guantes negros mientras en sus labios crecía una sonrisa y sus pupilas chispeaban de emoción.

-Y usted parece molesta, muy... muy molesta- la voz se pierde entre sus labios en un murmullo débil que la reina casi no puede escuchar.

-¿Eso crees?- todos los sentidos de Regina se activan con el único propósito de hacer daño.

-Sus ojos... son... son purpura- susurra la rubia antes de retroceder dos pasos; la morena no puede reprimir un gruñido al verla alejarse un poco más.

-Quédate donde estas- hace una mueca de disgusto, no puede permitirse fracasar.

Aprieta los puños, clavándose las uñas en las palmas de las manos, el dolor debe ayudarla a controlar esa descarga de magia que le hormigueaba en la punta de los dedos, sin embargo, sabía que no podría contenerse por mucho tiempo, la desobediencia de Emma la desquiciaba de forma excesiva. Era extraño, realmente no sabía lo que estaba pasando con ella, tenía claro que necesitaba ser despiadada, estaba sedienta de ello; maldijo por lo bajo, bufa una y otra vez cabreada ¿Por qué... por qué no podía serlo con ella? Se llena de ira solo de pensarlo... no puede ser débil, estrictamente está prohibido para ella. Poco a poco las palabras de Cora van tomando fuerza, segundo a segundo es llevada por los recuerdos y la voluntad de su madre. Es su obligación ser poderosa, cruel; no tiene opción, ella es la Reina Malvada.

-Volveré otro día- murmura la pequeña apresurada.

Los intentos por respirar pausadamente apenas pudieron relajarla, Regina simplemente no pudo contenerse más.

-¡Te di una orden!- grita al borde de la desesperació los brazos para alcanzarla pero solo encontró el aire; Emma se había escapado de su agarre, las alarmas dentro de la cabeza de la morena se encienden enviando una orden. No podía dejarla escapar, eso jamás. Como una bestia hambrienta se lanza al ataque, se mueve a toda velocidad cortando la distancia y la princesa intenta correr. Esta vez no tiene escapatoria, pierde el equilibrio, cae pero rápidamente se levanta iniciando una nueva carrera que es interrumpida cuando un tirón en su muñeca frena su escape. En el rostro de la morena se dibuja una horrible sonrisa de victoria, comienza a arrastrarla lejos de la barrera hasta estamparla contra uno de los árboles, inmovilizado con una fuerza innecesaria las frágiles muñeca -No te han enseñado que a una reina no se le desobedece –le lanza una mirada helada.

Por treinta segundos la aludida se quedó congelada, tiempo en el que también se mantuvo en silencio; de alguna manera Regina se las arregló para ignora ese mohín de dolor en los labios apretados de la rubia. Eso sí, rio bajito al sentirla temblar, ni siquiera la forma en que Emma la mira la detiene, el miedo en esos ojos no borra esa idea que se ha clavado en ella.

-Quiero respuestas-la sacude con brusquedad-¿Cómo diablos cruzas la barrera?

-No... No lo sé-musita asustada.

-Claro que lo sabes, habla -hace énfasis - ¿Quién te ha enviado?

Emma pega un gritito de dolor por la fuerza con que la sacude. Hace esfuerzos para liberarse moviéndose hacia la izquierda o la derecha ganándose que las uñas de la bruja se hunden con saña en las rosadas mejillas; en el rostro de la princesa el gesto de dolor es mayor.

-Por favor me haces daño- suplica.

Fue tan solo un momento en que el agarre se debilita, ocasión que aprovecha la intrusa para empujarla y liberarse. Regina la ve correr hacia la barrera... ya basta de juegos ella es una reina... Se queda en su lugar contemplándola como un animal que asecha a su presa mientras se cree a salvo. Disfruta cada segundo en que la ve correr y creer que escapaba; porque justo cuando está por lograrlo con un simple movimiento de muñeca Regina provoca que su fugitiva caiga sin ninguna delicadeza. El rostro de la pequeña impacta con furia contra la dureza del suelo; un lamento desgarrador es el sonido que se produce después de la caída, sonido que le eriza la piel. La sonrisa cruel y victoriosa de la Evil Queen se borró en un santiamén.

-¡Maldición!- la carrera para llegar hasta donde permanecía el cuerpo tendido de la rubia duro solo unos segundos, el tiempo suficiente para que el pulso de la bruja se desbocara y una sensación terrible le apretara el pecho-¡Emma!

La pequeña se mueve aturdida pero esto no evita que se aparte, gatea con dificultad lejos de su agresora quien da un paso atrás permitiéndole ponerse en pie.

Despacio, Emma se gira y la enfrenta.

Los labios de Regina se separan en busca de aire, apenas y puede respirar por la impresión de verla en ese estado. El rostro lastimado de la rubia muestra un corte por encima de la ceja izquierda; herida que comienza a sangrar humedeciendo sus cabellos. Fue allí cuando se dio cuenta de lo que estuvo a punto de hacer.

Intenta avanzar, en el instante que lo hace Emma le lanza una mirada cargada de terror que la paraliza.

-Dijiste... dijiste... que nunca... me lastimarías-las lágrimas no tardaron en hacer acto de presencia- No sé nada de ninguna barrera, no necesitabas lastimarme para que te dijera la verdad.

No le importa. Realmente no le interesa si esa mocosa se siente afectada por sus palabras, ella es una villana, los malos mienten y rompen promesas. No le importa ese temblor en los labios de la rubia, ni mucho menos esos ojos verde azul abatidos por el dolor, realmente no le importa demasiado que esas hermosas pupilas se vallan enrojeciendo hasta colmarse de lágrimas. Ella es la Reina Malvada, en absoluto el dolor de los demás llegaba a significar algo.

Así debía ser... pero no lo es.

-Me mentiste… Regina.

Apenas fue un murmullo pero en el instante en que escucho su nombre el suelo se movió bajo sus pies. Cada sensación, cada palabra la desestabiliza, simplemente no podía con esa mirada de decepción que le estaba lanzando Emma, ni mucho menos con el sonido de su voz empapado de dolor al pronunciar su nombre. Los labios de Regina se abren y cierran pero no logra organizar las palabras. Nunca, jamás le habían hecho falta las palabras como en ese momento; algo malo le estaba sucediendo porque esas ganas inmensas que tenia de abrazar a la rubia y consolarla no eran normales. Aquel pensamiento le provoco un inesperado sentimiento... Sentimientos… eso no podía estar pasándole había aprendido a prescindir de cualquier emoción que no fuera el odio, ella no podía sentir, era absurdo, el solo pensarlo la inquietaba demasiado y no quería pensar, lo único que le interesaba en ese momento era saber si Emma estaba bien. Avanza un par de pasos pero cada intento por acercarse provocaba que el rostro de la más joven se llenara de pánico.

-Emma- la mira preocupada, parte de esa rebelde cabellera rubia comenzaba a teñirse de rojo-Lo... lo siento, no sé qué me paso, por favor deja que revise esa herida, necesito saber cuan profunda es para poder curarte.

-Aléjate de mí, Rubi tenía razón, eres mala- exclama al tiempo que nuevas lagrimas llenan sus ojos- Solo quiero irme a casa.

La observa en silencio, no puede despegar la mirada, ni siquiera ese dolor que le causan sus palabras la hacen desistir, el temor que siente es más grande... Le ha hecho daño... había jurado no hacerlo. Cruza los brazos sobre su pecho queriendo con esto aplacar las ansias de abrazar a la joven rubia; el que ella quiere consolarla y secar sus lágrimas es una idea descabellada... dios está perdiendo la cordura... no podría continuar así, aspira con fuerza buscando calmar esa tortura. Conforme el llanto de Emma crecía, respirar se le hacía cada vez más difícil a la reina.

Emma da un par de pasos para poner distancia, sus movimientos son torpes. La bruja permanece alerta a cualquier reacción. La ve tantear con la mano derecha su frente, mira sus dedos manchados de sangre mientras abre y cierra los labios, quiere gritar, Regina está segura que esa es la intención de la rubia al ver como el rostro se le va desfigurando por culpa del pánico.

-Regina...-gime desesperada cayendo de rodillas.

-Estoy aquí-sus brazos rodean la frágil figura haciéndola descansar en su pecho.

-Juro... que no se... nada- murmurar con voz apagada.

-Lo sé, pequeña- la mirada triste que le lanza la rubia le encoje el corazón. Eran demasiadas emociones para ella en un solo día.

-Suéltame-las lágrimas se precipitan por las pálidas mejillas al tiempo quese remueve insistentemente entre los brazos de la reina quien pone todo su esfuerzo por mantenerla pegada a su cuerpo.

-Emma...

-Suéltame- se sacude ya sin fuerzas.

Regina ignora su infantil voz, dedicándose explícitamente a escrutar el rostro lastimado, requería calmarla para poder ver que tan profunda es la herida y así poder curarla pero la pequeña no estaba por hacer las cosas fáciles.

-Necesito que te calmes.

-Eres mala...

-Eso lo sé.

Despacio, sus ojos se buscan, pupilas marrones fijas en ese tono verde azul que ahora brillaba por culpa las lágrimas. La pequeña batalla de la princesa cesa. Un angustioso y agudo dolor le estrecha el estómago, sensación que se va agrandando al percatarse de esa mirada tan distinta que le lanza Emma.

-Emma... lo siento.

La punta de los dedos de Regina bajan por el contorno de su frente, donde los rubios cabellos se tiñen de rojo deslizándose hasta el infantil rostro, sus manos tiemblan cuando la pequeña se aparta del contacto.

-Te... te odio- musita antes de caer vencida sobre el pecho de Regina, quien siente como si un latigazo le cortara el aire de un solo porrazo mermando los latidos de su corazón.

Baja la mirada contemplándola desvanecida en sus brazos.

Era su culpa.

Deseaba nunca haber escuchado esas últimas palabras, se resiste... resiste un poco pero el dolor es tan real. La única persona capaz de llegar a su corazón, literalmente fue su madre después de aquello había levantado una barrera para nunca quedar expuesta y sin embargo todos esas emociones que se agitaban dentro de ella se empeñaban en comprometerla. Se negaba a exponerse de esa manera... se rehúsa... tiene que ser fuerte.

Apoya la mano en la mejilla empapada de Emma, tragando con fuerza para liberarse de ese nudo que le cierra la garganta ¿Dónde estaba esa barrera... donde quedo esa fortaleza que tantos años le costó edificar... dónde? La misma muralla que tenía que cuidarla para no sentir se había desplomado, dejándola desnuda mientras se sentía la persona más repulsiva del mundo.

Continuará…