N.A. Los prompt siguen, el Outlaw Queen sigue… Gracias por sus valiosos mensajes. Ustedes piden, yo escribo.

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Prompt por OutlawQueenEndGame: La hija de Robin y Regina es quien rompe la primera maldición.

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Una historia no contada

Henry estaba doblemente decepcionado. Por un lado, Regina continuaba con la hostilidad de siempre, intentando por todos los medios que Emma se marchara de la ciudad, lo de la señorita Blanchard había llegado demasiado lejos. Y, por otro lado, la misma Emma permanecía incrédula, sin aceptar que la maldición era real, empeñada en que conseguiría sacar a Henry del pueblo de algún modo.

Ya no era sólo una madre con quien tenía que lidiar, ahora eran dos. Estaba seguro que ninguna cedería, ninguna aceptaría que la otra ganara.

Todo aquello era demasiado trabajo para un niño de diez años. Estaba cansado. Quizá, era momento de darse por vencido antes de que alguien más resultara lastimado.

Por eso había ido al muelle. Necesitaba estar lejos de las dos madres que peleaban por él. No deseaba que nadie sufriera, ni siquiera Regina; ser la Reina Malvada ya debía ser suficiente problema. A esas alturas, ya no estaba seguro de que las cosas que había creído fielmente cuando fue a buscar a Emma. Regina, su madre, sí lo amaba. Ella intentaba, en verdad intentaba, ser mejor persona… eso debía significar algo.

Henry suspiró mientras hojeaba su libro de cuentos sobre las piernas. Tal vez sólo debía dejar todo por la paz. Obligar a Emma a creer no era la solución, mucho menos molestar aún más a Regina. Él no quería decepcionar a ninguna de las dos.

De pronto, tuvo una sensación muy extraña, como un escalofrío en la nuca, igual que si alguien estuviese mirándolo. Giró rápidamente hacia la izquierda, hacia la bodega de los pescadores y notó que un par de ojos azules lo observaban, atentamente, detrás de un bote de basura. Henry alzó la cabeza para ver un poco mejor, pero los ojos se escondieron en un segundo.

Con curiosidad, Henry se levantó de la banca donde había estado sentado y se dirigió lentamente hacia la bodega.

—¿Hola? —preguntó con un poco de cautela—. ¿Hay alguien ahí?

Silencio. Sólo se escuchaba el sonido de las aves que descendían, de vez en cuando, al puerto. Henry se acercó con reserva. Los ojos volvieron a aparecer y lo observaron fijamente.

—Hola, soy Henry, ¿quién eres tú? —preguntó un poco confundido.

De pronto, una niña salió de entre las sombras. Henry pensó que quizá era un par de años menor que él, con el cabello color chocolate, oscuro pero brillante, y la piel aperlada. Además de poseer esos poderosos ojos azules que lo miraban como escudriñándolo. Sus facciones definidas le recordaban a alguien, pero no estaba seguro a quién. Iba vestida con un vestido color verde, con un abrigo azul marino encima, usaba unas botas rojas y cargaba una mochila rosa sobre la espalda.

—¿Te he visto antes? —preguntó Henry arrugando la nariz—. En la escuela quizá, ¿cierto?

La niña negó con la cabeza, parecía demasiado tímida como para responder.

—¿Cómo te llamas? —volvió a preguntar Henry, aunque no estaba seguro de que ella hablase en algún momento.

—Hope —respondió la niña con una voz delgada y suave.

Henry sonrió.

—Hola, Hope —asintió el niño—. ¿Vives aquí cerca?

—No —negó de nuevo la niña.

—Oh, vaya… —dijo Henry y luego miró hacia todas partes, quería asegurarse de que hubiese alguien más allí— ¿están tus padres conti…?

Pero cuando él se giró para hablar de nuevo con ella, la niña ya había desaparecido.

—¡Henry!

La voz fuerte de Emma hizo que el aludido saltara un poco y saliera de sus pensamientos. La rubia se acercó al muelle rápidamente.

—¿Qué haces aquí, chico? Te busqué por todas partes.

—Sólo he estado por ahí —dijo Henry encogiéndose de hombros.

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En el auto, Henry iba muy pensativo y callado. Emma también. Mientras conducía, sospechaba que ella tenía un poco de culpa, pues los últimos días habían sido caóticos y vertiginosos para el niño.

—Sabes que debo llevarte con tu madre, ¿cierto? —dijo Emma, intentando mejorar la situación.

—Lo sé —respondió Henry sin mirarla siquiera.

—Entonces, ¿qué sucede? —preguntó la rubia, un poco intrigada.

—Nada.

Henry se quedó callado un par de minutos y poco antes de llegar a la calle de Mifflin, volvió a hablar.

—Emma, ¿tú crees en fantasmas?

La rubia desaceleró y aparcó justo frente a la casa de la alcaldesa. Henry la miraba como esperando una respuesta urgente.

—¿Fantasmas? —preguntó Emma un poco pensativa—. Yo… supongo que… no.

Henry suspiró resignado.

—Oye, tú pediste mi opinión —respondió Emma un poco mosqueada.

—Sí, lo sé —respondió el chico.

—Henry… —Emma no quería decirlo, no quería hacerlo, en verdad, pero debía aclararlo— ¿esto es como todo eso sobre los cuentos de hadas? Porque si es así…

—Olvídalo.

Dijo Henry tajantemente, bajó del auto amarillo rápidamente y soltó la puerta de un golpe. Corrió a través de la vereda hasta la mansión Mills y echó una última mirada de decepción a Emma.

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La puerta se escuchó e inmediatamente Regina se levantó del sofá, tenía visibles lágrimas en los ojos. En cuanto Henry la vio, agachó la cabeza y se dirigió escaleras arriba, hacia su habitación.

—Henry… ¿no vas a cenar? —preguntó ella, con un tono suave.

Henry se detuvo en el rellano de la escalera y miró a su madre, luego esbozó una tímida sonrisa.

—Sí, mamá.

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Regina preparó una ensalada de lechuga y manzana con nueces y como plato fuerte sirvió espagueti a la boloñesa. De nuevo, después de mucho tiempo, madre e hijo cenaban juntos, en medio del silencio de la mansión.

Durante las últimas noches, Regina se había ido a la cama con una manzana y un té completamente sola, pues Henry pasaba todo el tiempo con Emma, y algunas veces cenaban en el departamento de Mary Margaret, aunque ella se lo prohibiera.

Henry ya no era el niño dócil y gentil que ella había criado. Ahora parecía molesto, con una actitud retadora. Cenar juntos era todo un suceso. Regina tenía un gesto de complacencia, por fin volvía a tener a su hijo con ella, aunque fuese por un momento.

—Mamá, ¿estabas llorando? —preguntó de pronto Henry.

Regina, tomada por sorpresa, terminó el bocado, se limpió las comisuras de los labios y negó con la cabeza.

—No, cariño, ¿por qué piensas eso?

—No lo sé… —respondió Henry un poco entristecido.

Regina esbozó una sonrisa para tranquilizarlo.

—Creo que has visto mal, jovencito.

Henry suspiró, estaba seguro de que su madre había estado llorando antes de que él llegara a casa. Eso era justo lo que quería evitar. No quería seguir lastimándola, después de todo ella no lo merecía.

Cuando terminaron la cena y Regina alzaba los platos para ponerlos en el lavaplatos, Henry se acercó a ella.

—Mamá, ¿podríamos leer algo antes de dormir?

Regina miró a su hijo como si éste fuese irreal. ¿Era posible que Henry volviera a ser el niño de siempre? Ella sonrió, conmovida, intentando ahogar las lágrimas que luchaban por salir.

—Claro, vamos.

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Aunque su cama era suave y reconfortante, con las sábanas limpias como siempre y el edredón acolchonado, Henry no podía dormir. Hacía casi una hora que había leído unos cómics con su madre y que ésta le había dado un beso de buenas noches.

Desde entonces sólo había estado observando el techo. La lámpara en la mesita de noche era lo único que iluminaba la oscuridad. No podía conciliar el sueño porque pensaba en la niña del muelle. Estaba seguro de que nunca la había visto en la escuela, ni en el parque, ni en Granny's, pero su rostro le era familiar.

El gélido viento de octubre mecía los árboles. A Henry nunca le había gustado el sonido que éstos hacían, algo así como un silbido inquietante.

De pronto, unos golpecitos se escucharon en la ventana. Henry asomó la cabeza por encima de las sábanas. Pensó que quizá su imaginación estaba yendo demasiado lejos, tal y como Emma siempre lo decía. Pero los golpecitos volvieron a escucharse, alguien arrojaba pequeñas piedras al vidrio.

Henry se levantó y se dirigió a la ventana, con cautela levantó la madera y dejó que el frío viento entrara en su habitación. Miró con curiosidad hacia el jardín y allí, muy cerca del árbol, estaba Hope, la misma niña del muelle, con un curioso gorro de lana sobre la cabeza.

—Tú… ¿qué haces aquí? —preguntó Henry un poco asustado.

—Necesito tu ayuda.

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Henry se mordió el labio, como cada vez que estaba nervioso. Debía pasar de medianoche. Si su madre descubría que estaba levantado, con la ventana abierta y conversando con una niña desconocida, lo castigaría de por vida.

—¿Estás segura de que no eres un fantasma? —preguntó Henry para asegurarse.

—No, no lo soy, tonto —sonrió Hope.

Su sonrisa era encantadora y estaba marcada por unos hoyuelos. Henry, aunque todavía inseguro, no tenía miedo. Parecía una niña real.

—Espera allí —dijo él y luego se alejó.

Hope asintió y esperó un par de minutos. Luego, Henry apareció de nuevo en la ventana, vestido ya con ropa abrigadora, una bufanda y un gorro también, listo para salir.

—¿Por qué huiste? —preguntó Henry con curiosidad—. ¿Quién eres?

—Ya te lo dije, mi nombre es Hope —respondió la niña con una dulce voz.

Continuará…

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N.A. Querida OutlawQueenEndGame, tu prompt me ha gustado tanto que creo que merece más tiempo y espacio para contarse. Mientras lo escribía pensé en que iba a llevarme más trabajo de lo que pensé en un inicio, por ello propongo que esta historia se convierta en un fanfic aparte. ¿Qué te parece? Creo que es una historia con demasiados giros dramáticos que pueden llevar a un buen lugar. Tengo algunos prompts en espera, por ello sólo pido paciencia, quiero que todos tengan finales felices. ¡Gracias! Espero ansiosa los comentarios.