Gracias a todos los que siguen la historia, los reviews que me animan a continuar escribiendo.
Disfruten del capítulo.
Capítulo 10
"Cariño"
Nunca se había sentido tan tonta; aprieta los parpados con fuerza. Las palabras de Rubi acuden corriendo a su memoria sin darle tregua, van destrozando vilmente todos los argumentos que había utilizado para defender a la mujer que hoy se transformó en su agresora. Aprieta los parpados con más fuerza para no llora. Ella la lastimo como nunca antes lo había hecho otra persona; la Reina Malvada le enseño su verdadero rostro, o quizás nunca quiso verla tal cual era; la mujer malvada con las manos manchadas de sangre, la bruja que su mejor amiga le advirtió que era.
¿Por qué las cosas nunca salen como ella lo espera? Siempre cree en lo mejor de la gente pero todos parecen odiarla.
Ojalá todo haya sido una pesadilla es su esperanza interna mientras se hace un ovillo entre las sábanas aferrándose fuertemente a ellas como si fueran su única salvación. No siente ningún daño en su cuerpo, el dolor de cabeza ha desaparecido, sin embargo, la pena interna no se ha ido, esta va estableciendo territorio en su lado izquierdo, no la abandona, puede notar como la garganta se le aprieta dificultándole el tragar y es que el dolor físico sería más fácil de sobrellevar porque el pesar que experimenta en su corazón la sofoca. Aspira con fuerza para aguantar las lágrimas, momento en que se da cuenta que ese no es el olor de sus sábanas, -¿Manzanas?- sin abrir los ojos se esfuerza por distinguir algún sonido conocido. Lo único que logra escuchar es su propia respiración, la que comenzaba a agitarse.
Lentamente, abre los ojos para luego cerrarlos de golpe. En el mismo momento que la ve, pierde los últimos rastros de fortaleza que le quedaban, la desesperación va dando golpes y patadas a su tranquilidad haciendo que la abandone por completo. Emma se abraza a las sábanas, la esperanza de que todo fuera un sueño se esfuman junto con sus excusas para no llorar.
Empezaba a ser consiente del lugar en donde estaba y eso la aterraba. Cuando la cama se hunde en señal de que alguien se ha sentado a su lado, contiene la respiración esperando lo peor.
-Por favor, no llores- suplica la voz a su espalda. Es tan suave y dulce que duda que sea la misma persona que la ataco en el bosque.
-Ya le dije que no se nada- aparta el rostro cuando siente un contacto en su mejilla.
-Olvida la barrera, solo quiero saber si estás bien.
-¿A dónde me ha traído, va a tortúrame?
-¿Qué? ¡Claro que no!-responde con indignación.
-¿Dónde estoy?-pregunta de nuevo con la voz impregnada de miedo.
-Emma mírame, por favor-pero la rubia se niega apretando más fuerte los parpados-Sé que estas molesta y tienes toda la razón para estarlo pero; por favor, necesitamos hablarlo.
-Querías matarme-abre los ojos pero evita mirarla directamente.
-Lo siento, sé que piensas que te estoy mintiendo- busca la mirada de la pequeña pero esta la esquiva nuevamente- Te estoy siendo totalmente sincera Emma, lo que ha sucedido este día lo voy a lamentar por mucho tiempo.
-Quiero irme-los labios vuelven a temblar por la amenazas del llanto.
-Emma.
-No quiero estar aquí, quiero irme a casa... ¿Dónde estoy?
-En mi castillo-contesto Regina sin saber muy bien cómo llegar a la rubia-Esta es mi habitación.
Los ojos de Emma abandonan el escrutinio de sus propios dedos, para estudiar con curiosidad la estancia. El toque de la reina estaba en cada equina. Tonos sobrios ocupaban la mayor parte de la decoración de esa hermosa habitación. Era fabulosa en todos los sentidos, le fascinaba ese enorme ventanal que ocupaba de canto a canto una de las paredes; el que, desde la cama le permitía disfrutar el azul del cielo. La vista es hermosa el decorado magnifico, nada parecido a lo que imagino, más bien, había pensado en un castillo tenebroso, lleno de telarañas, cuervos y alimañas con un caldero hirviendo en medio de la estancia.
-Emma- la toma con delicadeza de la barbilla para obligarla a que la mire.
-¿Me dejará ir casa?- las pupilas tintadas de rojo enfrentan directamente a la reina.
Regina siente una punzada en el pecho cuando se topa con esos hermosos ojos hinchados por culpa del llanto. ¿A qué viene todo eso? Lo lógico era haberla dejado en el bosque, no debió importarle su estado, total, su cometido era lastimarla hasta hacerla hablar. Pero, nada más escucharla gemir de dolor, arruino todo sus planes, ¿Cómo describir lo que sintió al verla sangrar? Turbación... El simple hecho de volver a ser consiente de ese conjunto de emociones que toman su cuerpo, le contraen el tórax, sentimientos que aun en ese momento continúan provocando un intolerable desacuerdo interior.
Todo lo que quiere es que dentro de ella, esas partes que parecen que se han removido y han formado un desastre en su interior vuelvan a su sitio. Le urge que las cosas estén como antes.
-No voy a hacerte daño Emma ni hoy, ni nunca; como tampoco eres una prisionera, solo te he traído para que te recuperaras- afirma la reina con la voz más apagada de lo normal.
-Ya no puedo confiar en su palabra.
¿Desde cuándo unas simples palabras dolían tanto? En su mundo frío y cruel eso no debía afectarla. Se levanta de la cama para luego ir hasta el enorme ventanal desde donde podía ver la torre de guardia. La frialdad con que la estaba tratando Emma la estaba irritando.
-Lo sé, me odias eso lo tengo muy claro.
-¡Intentaste matarme!-la acusa molesta.
Había lastimado a muchas personas y a otras tantas les hizo demasiado daño hasta terminar con sus vidas ¿Por qué esta vez era diferente? La asalta el doloroso recuerdo; ese preciso instante donde utilizo su magia para atacar a Emma; las pulsaciones del corazón de la monarca se atenúan mientras el resto de su cuerpo va descubriendo nuevas sensaciones para nada gratificantes.
-Solo quería asustarte- murmura mirando hacia la distancia, recordando que el susto se la había llevado ella.
-Si hablara conmigo, se hubiera dado cuenta que solo estuve en el lugar equivocado, que nadie me ha enviado a nada, solo fue mi curiosidad metiéndome en problemas pero recuerdo muy claro que sus conversaciones estaban llenas de interrogatorios, gruñidos y miradas de advertencias-se incorpora lentamente-Creo que realmente la que me odia es usted -Regina se vuelve para mirarla encontrándola de pie a uno metros de ella, esa figura delgada quiere imponerse de alguna manera en esa enorme estancia, sin embargo, a los ojos de la morena solo es una indefensa avecilla, incluso cuando parece que quiere desafiarla y mostrase fuerte, el miedo permanece aún en los ojos verde azul. Puede contemplar como el dolor afloraba en ese pálido rostro provocando que se vea tan frágil y desamparada, con el pelo desaliñado, los ojos y mejillas enrojecidos-¿Me odia verdad? Es porque vengo del Gran Reino ¿Por eso debemos ser enemigas?
La voz de la princesa se fue apagando, la pena que reflejaba su voz paralizo a la reina. Emma muerde sus labios para aguantar un sollozo no así las lágrimas, estas comienzan a deslizarse con rapidez por sus mejillas.
Si existían los límites para la reina este era uno de ellos, se aferraba a ese lado perverso en ella, pero este poco a poco iba soltando su agarre dejándola a la intemperie luchando contra un enemigo del cual no sabe cómo defenderse. Debe tomar precauciones; está lo suficientemente cerca de perder esa batalla, Emma llorando, recordarla lastimada y peor aún sangrado sobre su cama mientras utilizaba su magia para curarla hace mella en esa maldad, vileza que por años ha sido su armadura y bandera en cada batalla; se niega a recordar lo desesperada y confundida que se sintió, como si la rubia fuera a perder la vida en ese momento por un sencillo corte en la cabeza y una nariz rota, más no puede alejar ese recuerdo que abraza su cuerpo hasta estrujarlo como una hoja seca.
Con un sentimiento sórdido en su pecho Regina avanzar un paso y como en el bosque la pequeña rubia retrocede pero, esta vez la mujer no se detiene, disminuye la distancia; por unos momentos duda y se detiene insegura, no estaba preparada para nuevamente ver esos ojos llenos de pánico. Ya le era insoportable verla la llorar. Da otro paso y otras más.
-No eres mi enemiga, nunca lo serás-apenas con la yema de los dedos roza esas pálidas mejillas borrando las huellas de unas lágrimas que no dejaban de brotar.
-Claro que lo soy, me atacaste-la rubia pierde el control golpeando la mano de Regina para apartarla-Solo porque soy del otro lado.
-Emma, no.
-Mentirosa.
Cierra los ojos... Respira...respira profundamente... expresa internamente la reina, mientras se oprime el puente de la nariz sintiéndose traicionada por su propia fortaleza. Probablemente todo lo que necesita es estar sola para blindarse nuevamente, coger suministros y acorazarse para volver a ser la misma. Cuando vuelve a abrirlo lo que encuentra provoca que su corazón se salte un latido, su joven visitante tiembla de pies a cabeza. Siempre fue un deleite observar el miedo reflejado en la mirada de los demás, era como cosechar manzanas deliciosas y frescas; el efecto de ver hasta qué punto llegaba su poder a través de los ojos de otra persona era como un narcótico que le provocaba desear más y más; aunque nunca llegaba a encontrar la satisfacción completa. No obstante, esta ocasión el resultado fue inverso, para Regina era demasiado tener que admitir que no encontró ningún placer ver a Emma tiritando de miedo. Sus pulmones se vacían por completo cuando se da cuenta que su acto solo le dejo un sabor amargo que le sube a la garganta y le provoca unas incontenibles ganas de vomitar.
-Soy malvada, manipuladora, una bruja mentirosa y dañina. Todas esas cosas que te han dicho son ciertas, nunca te las voy a negar-no estaba en ella expresarse- Emma mírame, estoy siendo honesta-pero la rubia continua con la mirada clavada en la punta de sus pies, la forma en que sus labios tiembla conteniendo el llanto es descabelladamente adorable- Lo único que voy a lamentar de ser tan perversa es de haberte hecho daño, lastimarte ha sido un error muy, pero muy grande.
- Ya no quiero estar aquí; solo quiero ir a casa-solloza.
¿Cómo es que Emma hace que pierda el aliento de esa manera?
-Emma...
-Por favor quiero irme-retrocede un paso para alejarse de los brazos de Regina que intentaban alcanzarla.
-Está bien... está bien- anuncio con voz pausada- Voy a utilizar magia para enviarte a la barrera.
Emma evita hacer contacto visual, solo se encoje de hombros. Estaba claro la rubia ya no la miraba con el mismo brillo de antes; considera cuidadosamente la posibilidad de que esa sería la última vez que se verían. Para su sorpresa la idea le golpea la boca del estómago dejándole unas insensibles huellas de dolor que rápidamente se iban esparciendo.
-Emma te juro que no volverá a repetirse-mientras su corazón va recuperando sus latidos normales, trata de averiguar ese efecto que provoca el ver la tristeza que reflejaban esas hermosas pupilas, esa estreches en su garganta no es normal -Emma... por favor... yo.
-Solo envíame a casa, Regina-se mordió los labios mirando hacia el suelo.
¿Cómo es que la pequeña consigue que solo su tono indiferente al pronunciar su nombre le duela tanto?
La monarca suspira dejando caer la cabeza hacia atrás visiblemente afectada con lo que estaba pasando. Lleva demasiados minutos experimentando una enorme impotencia, espera que el alivio llegue de alguna parte; ante sus ojos las posibilidades se van esfumando y estrechándose sin dejarle ninguna rendija por donde escapar. La fragilidad la sostiene entre sus brazos, con aquella sonrisa socarrona que tanto odia; la sensación de que va a dejarla caer de un momento a otro es como caminar descalza sobre piedras afiladas. No tiene planeado desplomarse, pero tropieza, con Emma trastabilla; en cortos minutos lo hace una y otra vez sin poder contenerse, su orgullo no es más que un niño de pecho olvidado en una esquina. Ella, la reina malvada estaba siendo doblegada por una criatura indefensa.
Movió las muñecas y de inmediato un humo purpura comienza a envolver el delgado cuerpo de Emma.
-Lo siento, cariño –por unos segundos sus pupilas vuelven a encontrase, ese hermoso brillo la deslumbra, por un instante porque al siguiente ya se había ido.
Continuará…
