Título: Irregularidades en el destino
Summary: Harry no sabe cómo, pero gracias a un hechizo mal empleado hizo un viaje a otro tiempo. Ahora está en un lugar donde no conoce a nadie, y no sólo eso, sino que en dicho lugar está pasando desastre tras desastre. ¿Qué hará el niño que vivió para volver a su tiempo?
Personajes: Severus S; Harry P; Sasuke U; Naruto U.
Disclaimer: Los personajes utilizados en este fanfic no me pertenecen, excepto los de mi autoría.
Advertencia (s): escenas subidas de tono.
Sostuvo su cabeza, adolorido. No sabía dónde estaba, y lo último que recordaba era que estaba en su pequeña habitación, y ahora estaba en medio de un bosque. Harry estuvo a punto de maldecir todo cuando escuchó un llanto cerca de él.
Harry volteó a ver, preocupado. A su unos pasos de él había una chica pequeña, su cabello era de un color rojo intenso, y le llegaba hasta los hombros. Su piel era pálida, y tenía unas cuantas pecas, y sus ojos marrones estaban húmedos a causa del llanto. Se acercó con cuidado, para así no asustarla, y cuando estuvo cerca de ella la cargó. Empezó a musitar una nana, y lentamente la niña se fue durmiendo. Hacía mucho frío, y Harry fue consciente de que ya no se podía preocupar sólo por él.
—Tranquila, Phoenix. Ya estoy contigo —musitó Harry en voz baja con una pequeña sonrisa en su rostro. Phoenix lo miró con los ojos entreabiertos, adormilada sonrió, para después balbucear:
—Haddy.
—Sí, soy yo. Ahora no te preocupes, buscaré ayuda. —Harry sonrió una vez más, para así emprender camino.
El niño que vivió empezó a caminar, con cuidado de no hacer ruido y atraer la atención. Se estaba comenzando a cansar, pero sabía muy bien que quedarse en el bosque no era la mejor idea, y, cuando estaba a punto de tomar un descanso vio movimiento a una distancia considerable. Acercó a Phoenix hacía él, porque cabía la posibilidad que esas personas no fueran buenas, y si tenía que huir no lastimar a Phoenix. Mientras más se acercaba a las personas más atención ponía de no pisar una rama suelta o una hoja, no fuera a alertar de su presencia sin saber que le podían hacer.
Dejó escapar un suspiro cuando estuvo cerca de la puerta, pero al parecer cantó victoria demasiado pronto, porque no pasaron ni dos segundos cuandos dos individuos estuvieron detrás de él. A Harry le pareció extraña la vestimenta de aquellos individuos, ya que de cierta forma le hacía recordar a los antiguos guerreros, sin embargo, no bajó la guardia. No quería que más seres queridos murieran por su culpa.
—¿Quienes son ustedes? —preguntó uno de ellos, sin embargo, Harry frunció el ceño al no entender. Sin que se dieran cuenta, murmuró un hechizo traductor para así responder.
—Yo soy Harry, y ella es Phoenix. —Ambos hombres miraron a la bebé con curiosidad. Phoenix no los miraba como una infante, sino con una intensidad digna de alguien mayor.
—Vengan con nosotros, los llevaremos con la Hokage. —Harry los siguió, porque al fin y al cabo no tenía opción, y por los momentos, habían sido amables con él.
Durante el trayecto hacia la "Hokage", muchos aldeanos se quedaban mirando a Harry y a Phoenix. Harry no los podía culpar, porque si lo pensaba bien, era él junto a Phoenix quienes parecían unos completos extraterrestres, y también porque él estaba haciendo lo mismo. Se sintió un poco más tranquilo cuando pararon frente a una puerta.
—Shizune, ¿podemos pasar? —La mujer inspeccionó a las personas delante de ella, y después de unos segundos asintió. Los ninjas, con más confianza, abrieron la puerta.
Harry miró el lugar asombrado. Éste era espacioso, y en él sólo había un escritorio, donde estaban amontonados muchos libros y papeles, y detrás de estos había una mujer con un gran busto. También observó por el rabillo del ojo que había una ventana donde se podía observar toda la aldea.
—¿Quienes son ellos? —preguntó con desinterés la rubia.
—Hokage-sama, no sabemos quienes son, sólo que aparecieron de la nada en el bosque —explicó uno de los ninjas con respeto.
—Está bien, pueden irse. Yo hablaré con él. —Se tronó los dedos, y después de un rápido asentimiento, los ninjas desaparecieron dejando un rastro de humo—. Muy bien, ¿cual es tu nombre?
—Soy Harry Potter —respondió con la frente en alto, pero aún así sosteniendo con fuerza a Phoenix.
—Muy bien, chico, no te voy a lastimar, y mucho menos a una bebé. Así que puedes bajarla para así poder hablar mejor —comentó tranquila Tsunade, dándose cuenta de que mientras la bebé estuviera bien el chico estaría relajado.
Con desconfianza, Harry bajó a Phoenix, sólo para que ésta al estar en el piso abrazara sus pies, temblando visiblemente. Parece que realmente se quieren, pensó Tsunade levantando una ceja, interesada.
—Sólo sé que estaba en mi cuarto con Phoenix, y al minuto siguiente estaba en el bosque —explicó tranquilo.
—¿Entonces quieres que me crea que llegaste aquí como si nada? —habló inexpresiva Tsunade. Harry se mordió el labio, nervioso, ¿debía decirle la verdad? Por una parte sospechaba que estaba muy lejos de casa, y si no quería tener problemas con la mujer tendría que decirle la verdad, o al menos, una parte de ella.
—Es que soy un mago. —Harry se sintió ofendido y molesto al ver como la mujer se comenzaba a reír como si no hubiera un mañana. Le acababa de decir algo que lo podía meter en miles de problemas, ¿y ella lo único que hacía era reírse? Tsunade se tranquilizó al ver que la expresión del adolescente delante de él no cambiaba, y después de aclararse la garganta preguntó con voz seria.
—¿Puedes demostrarlo? —Harry sacó su varita, y con un ligero movimiento convirtió uno de los tantos libros en un conejo. La expresión de la Hokage era difícil de explicar, y miraba cierto tiempo a Harry para después observar al conejo que estaba en su escritorio.
—¿Ahora si me cree? —preguntó sarcástico Harry, para así convertir al conejo de nuevo en un libro.
Aún con el asombro plasmado en su rostro Tsunade gritó:
—¡AMBUS! —En unos segundos dos hombres (distintos a los de la entrada) aparecieron, y se quedaron callados esperado la orden de su Hokage—. Llamen a Uzumaki Naruto.
Ambos asintieron, solemnes, para así irse. Con la partida de los ninjas se formó un silencio incómodo, ya que aunque Tsunade no lo admitiría nunca, se sentía impresionada e interesada por el adolescente que estaba frente suyo, y Harry no decía nada, porque sinceramente, no sabía de qué podía hablar, por lo cual observaba a Phoenix, la cual parecía a punto de dormirse. Poco le falto para suspirar aliviado cuando un rubio entró por la puerta. Éste no parecía muy alto, e incluso se atrevía a decir que eran del mismo tamaño, y tenía unas extrañas marcas en sus mejillas. En su rostro había una gran sonrisa plasmada, como si nada pudiera dañarlo.
—¿Ves al chico con la bebé? Aprende sus rostros, porque vivirán en tu casa.
En toda la aldea se escuchó el grito de Naruto y Harry.
