Título: Irregularidades en el destino
Summary: Harry no sabe cómo, pero gracias a un hechizo mal empleado hizo un viaje a otro tiempo. Ahora está en un lugar donde no conoce a nadie, y no sólo eso, sino que en dicho lugar está pasando desastre tras desastre. ¿Qué hará el niño que vivió para volver a su tiempo?
Personajes: Severus S; Harry P; Sasuke U; Naruto U.
Disclaimer: Los personajes utilizados en este fanfic no me pertenecen, excepto los de mi autoría.
Advertencia (s): escenas subidas de tono.
—Vamos Phoenix, ¡tú puedes hacerlo! —animó Harry.
Naruto sonrió al ver a el mago junto a la bebé, la cual estaba aprendiendo a caminar. Naruto no sabía a ciencia cierta cómo es que habían llegado hasta ese punto, pero no se arrepentía, es más, si era sincero consigo mismo, entendía que nunca había sido tan feliz. Ya había pasado unos días desde la llegada del mago, y ya todos sus amigos lo conocían, y, al igual que Sasuke, tomaron una actitud defensiva hacia Harry. A Naruto no le molestaba eso, porque poco a poco veía como esas barreras se rompían —exceptuando a Sasuke, obviamente—. Aunque quiso hablarles a sus amigos de las habilidades de Harry, no lo hizo, ya que había hecho una promesa y no quería romperla.
—Naruto, voy a hacer el desayuno. ¿Puedes estar pendiente de Phoenix? —preguntó el moreno mientras se paraba del suelo.
—Por supuesto, tú ve tranquilo —respondió feliz Naruto, para así tomar el puesto de Harry.
El rubio observó con felicidad a Phoenix, la cual con una gran sonrisa se acercaba a Naruto. En un principio Naruto tuvo miedo de tener a un ser tan delicado cerca suyo, y por varios momentos pensó que todo lo que le decían los demás aldeanos era cierto, pero Harry viendo la duda que tenía Naruto le explicó algo que lo dejó frío, pero al mismo tiempo le dio la valentía que necesitaba. Negó con la cabeza, no quería recordar esa charla en esos instantes. Alzó a Phoenix, la cual no tardó en carcajear contenta.
Las cosas para Naruto no podían estar mejor, ya que no se sentía solo, y por fin podía vivir la experiencia de tener una hija. Esperaba que cuando se casara los hijos que tuvieran fueran igual de bellos y amables que Phoenix. La arrulló en sus brazos para así dirigirse a la cocina, ya que el olor a comida se hacía a cada segundo más intenso.
—¿Qué haremos hoy? —indagó curioso Harry.
—Planeaba en visitar a Sasuke. ¿Te molesta? —Los ojos de Naruto brillando, demostrando lo emocionado que estaba de poder visitar a su amigo, en cambio, Harry torció el labio.
Harry no sabía el por qué, pero había algo en el Uchiha que no le gustaba del todo. Desde el día en que lo conoció —que fue también su primer día en la aldea de Konoha—, notó como éste lo miraba con odio, y cada vez que se acercaba a Naruto, ya sea para preguntarle algo o hablar con él, fruncía el ceño a más no poder y no apartaba sus ojos de él (incluso podía jurar que en algún momento vio sus ojos rojos con comillas). Quería decir que sí, que le molestaba, y mucho, pero no podía. Sasuke podía ser un hijo de puta total, pero Harry entendía que de alguna forma había conseguido ser importante para Naruto.
—Tranquilo, no hay problema —comentó con una sonrisa forzada.
Aprovechando que Naruto seguía comiendo cargó a Phoenix para así cambiarle la ropa, y mientras lo hacía volvió a fruncir el ceño, recordando. Había otro problema, y es que de alguna forma Sasuke logró que Phoenix le tuviera cariño. No entendía lo que había hecho el Uchiha, pero no le gustaba nada ver como la bebé se animaba al verlo. Observó curioso a la bebé, quien también hacía lo mismo. Sonrió; no había manera de que pudiera enojarse con su querida Phoenix.
Ya cuando volvió a la cocina se dio cuenta de que Naruto ya había terminado de comer, y no sólo eso, sino también lo estaba esperando. Forzó una sonrisa para así empezar a seguirlo. Mientras caminaban a la casa del Uchiha Harry sentía diversas miradas encima suyo. No era que no estuviera acostumbrado, ya que al ser el niño que vivió tenía constantes miradas encima suyo, pero notaba que esas miradas eran diferente. Éstas no estaban llenas de admiración, sino de odio y asco, y sabía muy bien que éstas iban la mayoría del tiempo dirigidas a Naruto, y aunque se moría de la curiosidad de saber el porqué de esto no preguntaba, ya que no quería incomodar a el rubio.
Suspiro cansino cuando estuvieron al frente de la imponente casa del Uchiha. Como había sido desde la primera visita, ya Sasuke estaba esperando al rubio en la entrada de su casa. Sin esperar o avisar Naruto corrió hacía el pelinegro y lo abrazó, y algo que notó Harry y posiblemente Naruto no es que mientras compartían el abrazo Sasuke sonreía de forma leve.
—Hola, Naruto —habló tranquilo el Uchiha.
—Sasuke, ¡no sabes lo que me pasó! —Naruto hizo una pequeña pausa, para así continuar—. Shika me invitó a su casa junto a Kiba y Chouji a pasar un rato juntos. —Cuando escuchó esto Harry sintió un mal presentimiento.
—Que bueno —comentó Sasuke, aún con tranquilidad, aunque su ceja temblaba—. ¿Por qué me lo dices ahora?
—Lo que pasa es que ya voy a su casa, pero no quería que Harry y Phoenix se quedaran solos, por lo cual creí que sería genial que pasaran un tiempo juntos. Ya sabes, para que se lleven mejor —explicó entusiasmado.
Sasuke pudo jurar que por algunos momentos vio todo rojo. Estaba feliz de que Naruto se reconciliara con sus amigos de la infancia, pero lo que no le hacía nada de gracia era tener que estar haciendo de niñera de aquel extraño ser. Sasuke podía ver cómo éste se llevaba muy bien con Naruto, y aunque el Uchiha quisiera negarlo sabía que esto no era más que celos, porque sentía que ese mocoso sería capaz de arrebatarle a Naruto de su lado. Comprobó este hecho al ver que se llevaba bien con la bebé, ya que incluso se llevó la sorpresa de querer algún día una hija como Phoenix.
Forzó una pequeña sonrisa para así mirar los brillantes ojos de Naruto, para así hablar:
—Por supuesto, no tengo ningún problema.
Y mientras Naruto se alejaba, lo único que pensaban Harry y Sasuke era que no haría algo demasiado malo sólo por Naruto, y mientras eso pasaba por su mente, Phoenix los miraba con una mirada inquisidora (muy impropia de un bebé, cabe decir).
