No era necesario ser un gran observador para entender que aquel cajón era diferente a los demás. El estado de la madera apenas con tenues rayones lo delataba, así como el excesivo polvo que se posaba sobre la manilla acusaba su abandono.
Abrigada por las cobijas, incluso estando sostenida por el abrazo del pelinegro, Videl se sentía como un témpano de hielo al mencionar la existencia de ese cajón que no había sido abierto desde hace muchos años. Sólo recordaba la última ocasión, después del funeral de su madre.
Por primera vez odiaba tener el cabello tan corto porque no era capaz de esconder tras él su mirada perdida, sus ojos rojos y sus incipientes lágrimas. Le daba tanta rabia como vergüenza mostrarse tan vulnerable y en particular frente a Gohan, quien ya tenía sus propios problemas como para agregarse a sí misma, pero mientras más trataba de aguantar las lágrimas venideras sentía que le golpeaban aún con más fuerza. Gohan permanecía en la misma posición porque presentía que ella no aguantaría mucho más… Y así fue.
Se comenzó a quejar lastimeramente, ahogándose en sus propias lágrimas mientras con sus manos se cubría el rostro y estrujaba sus cabellos, como si con eso pudiera calmar su desesperación desatada sin remedio a pesar de los brazos que le rodeaban con cariño. Le abrazaba, pegaba su rostro a sus cabellos desordenados tratando de darle seguridad, buscando calmar su llanto con su sola presencia porque sabía que no podía hacer nada más... Comenzaba a entender que muchas veces las palabras sobraban, que no existía fuerza sobrenatural contra eso y que en esta ocasión tan solo podía esperar que la tormenta amainase, pero Videl parecía sumergirse cada vez más en su angustia y en un intento de hacer algo distinto la arrastró hacia sí mismo y le hizo el gesto para que llorara en su pecho a lo que ella accedió mecánicamente.
Las lágrimas que humedecían su polera le traían recuerdos que creía enterrados. Como fragmentos de una película, pasaban por su mente los momentos en los que había tratado de ser fuerte frente a Chi Chi en los primeros días de la ausencia de Goku posterior al juego de Cell, enfrentando con valentía la culpa que lo atormentaba en cada momento, pero no fue hasta que se enteró del embarazo de su madre que la culpa lo desmoronó irremediablemente. Iba a privar a su hermano de un padre… Lo que jamás le desearía a alguien por el dolor de haberlo vivido el mismo, se lo había hecho a su propia sangre. Recordaba que se había quedado helado ante la confesión de Chi Chi e incrédulo comenzó a llorar bajo el abrazo de su madre… Días después, ya cuando se encontraba más recompuesto se había prometido estudiar y cumplir con los deseos de su madre, que él comenzaba a comprender que iban más allá de una carrera. Ella quería que él fuera un hombre ejemplar, un excelente amigo… y un excelente padre y fue por eso que prometió entonces que jamás sería un padre ausente…
Perdido en sus recuerdos se preguntaba si Videl también tenía algún sentimiento de culpabilidad respecto a su madre… ¿Cómo lo habría llevado Mr. Satán? Había tantas cosas que quería saber de un momento a otro, pero estaba resultando demasiado agotador incluso el paso más pequeño. Se perdía entre los recuerdos con el señor Piccolo, el regreso de su padre… Y de pronto se encontraba esperando su llegada desde algún lugar del universo. Tantas cosas que había ido dejando guardadas en su cerebro sin analizar.
Desconocía cuánto tiempo había pasado y el sopor en el que habían caído le impedía pensar con normalidad. Entre sus brazos Videl parecía estar despierta en un estado de sequedad absoluto, tan decadente que le parecía irreconocible pero a pesar de todo sentía que ya había pasado lo peor, o al menos eso quería creer. El saiyan se acercó con cuidado al cajón apenas moviendo a Videl quien con su vista perdida permanecía silente. Delicadamente lo arrastró desde la manilla hacia afuera y le llamaba demasiado la atención de que a pesar de su importancia, ese cajón no tuviera llave. Se preguntó si acaso Ireza iba a su pieza cuando la visitaba. ¿Desde cuándo se conocían? Conociendo a Videl, probablemente antes de la fama de su padre pero tenía algunas dudas.
Una vez expuesto se quedó absorto mirando el contenido de aquel cajón. Contrario a lo que esperaba, no estaba lleno de un millón de recuerdos y hasta el más mínimo detalle. Felicidad e inocencia lo colmaban tan solo con unas pocas fotografías. Eran muy antiguas y a pesar de los años parecían no haber perdido su color, su resplandor.
En la que estaba encima de las demás aparecía una pequeña Videl sentada sobre un escritorio, rodeada de libros antiguos. Su cabello era el mismo que ocupaba cuando se conocieron pero la expresión que mostraba en aquella foto era completamente diferente. Una sonrisa le surcaba el rostro de extremo a extremo y sus ojos transmitían una calidez y ternura que llegó a sentir abrigo en su corazón.
Con delicadeza usó las yemas de sus dedos para apartar aquella imagen y darle paso a otra, donde aquella pequeña aparecía en los brazos de su madre, en lo que parecía ser el escenario de algún concierto. Eran como dos gotas de agua saludando a la cámara, de una tez tan clara casi transparente regalando a la gente lo que eran en esos instantes: paz, felicidad, suspiros de cariño y amor. El resto de las fotos seguían la misma línea pero cada una representaba un contexto distinto: bibliotecas, campos de flores, canchas de tenis. Sin embargo había un delgado hilo que las unía. Todas aquellas tenían sentimientos blancos, el color ideal para resaltar el dulzor, la ternura del rosado y sobre todo, idóneo para el celeste de los ojos de madre e hija.
Ver a la niña de las fotos más de 10 años después escondida bajo las cobijas escondiendo su rostro en sus manos era también un enorme contraste, pero de esos llenos de fatalidad. Eran precisamente los contrastes los que le indicaban a Gohan que ambos tenían en común más cosas de lo que pensaba en un principio. Él quien apenas pudo llevar una vida normal de pequeño, recién ahora estaba tratando de vivir como alguien más al igual que ella… Sentía que sus caminos entrelazados eran la respuesta, la inflexión que ambos necesitaban para estar conformes con sus vidas. Quería ser el causante de su felicidad, aún desconociendo las implicancias de aquel pensamiento. Ella no sólo era preciosa, también era astuta, honesta, valiente y aún así él sabía que no era feliz. Sin darse cuenta fue dedicando sus pensamientos día a día a querer conocer más de ella, descubrir sus gustos, indagar dentro de sus pensamientos lo que la hacía feliz a pesar de que su actitud fue bastante agresiva desde el principio. Iba comprendiendo que Videl no sólo había perdido a su madre, también había enterrado sus recuerdos en aquel cajón junto a todas esas pequeñas cosas que la llenaban de felicidad.
Sentía que era el momento preciso para prestar atención a los detalles… Tenía una voz suave y ya le daban ganas de imaginarla cantándole agradecida a la vida. La veía con el rostro entre sus manos y recordaba que siempre le había llamado la atención lo delicadas que eran. Lo notó aquella vez que se sacó los guantes en la Montaña Paoz; eran pequeñas pero de movimientos sutilmente refinados… ¿Sabría tocar piano? Se preguntaba la razón por la que ocupaba guantes, no era un accesorio muy común en las chicas por lo que se había podido dar cuenta… ¿Podría ser que quería ocultar esos recuerdos? Pero aún así… Videl prefería lanzar patadas, rodillazos o codazos y generalmente evitaba golpear con los puños… Tal vez ella quería preservar esos recuerdos sin saberlo.
Gohan miraba la foto donde acompañaba a su madre en el asiento del piano y a los ojos de cualquiera, aquella pequeña amaba el piano y todo lo que la rodeaba. Lo mismo que reemplazó por las artes marciales, apartando todo lo que le recordaba a su difunta madre… Ella en verdad amaba las artes marciales, pero por primera vez se le cruzó por la mente que las aprendió para no odiar a su padre. Videl y su carácter eran un mundo de posibilidades en el que aún no se podía manejar del todo bien.
Decidió devolver las fotos a su lugar, cerró el cajón con la fuerza de su ki para apenas tocarlo y se volvió a Videl quien seguía escondida en la misma posición.
—Soy la persona más cobarde que pueda existir… —bajó sus manos y él vió como las lágrimas nuevamente alcanzaban sus labios—. Quería olvidarlo todo… y aceptar lo que me tocara vivir. Pero no puedo Gohan, no puedo…
Rápidamente la abrazó desde un costado con ambos brazos, refugiándola en su pecho. Su concepto de la muerte no era el de una persona común gracias a las esferas del dragón con las que había crecido, pero antes de aquello recordaba muy bien la primera vez que perdió a su padre cuando apenas era un niño, pensando que era para siempre.
—Podemos recuperar tu pasado y las cosas que te hacían feliz. Seremos felices, Videl, seremos felices.
En su vida había sentido un poco de admiración por sí mismo. Justo aquellas palabras eran las que Videl necesitaba oír para dar el primer paso. La expresión de su rostro se había calmado, había esbozado una sonrisa pero mostraba un dejo de confusión.
— ¿Tú crees que podremos ser felices?
—Por supuesto. Podemos avanzar juntos siempre que tú lo desees.
—Gracias… Yo… nunca había hablado de esto con nadie. En realidad… no te he dicho nada —acompañó la pausa con un suspiro—. Pero entiendes lo principal… Siento que si estoy contigo puedo enfrentar aquellos fantasmas.
— ¿Crees que los fantasmas son malos?
—No lo sé… pero míralos. Al menos estos son los más buenos de todos. La única mala soy yo por ignorar sus saludos y encerrarlos en un cajón.
—Eres tan mala que estarías dispuesta a sacrificarte por otros…
—Lo hacía para evadir… Porque no pensaba realmente que alguien de verdad me echara en falta una vez muerta —Gohan tuvo el impulso de alzar la voz.
— ¿Y también te sacrificarías por mí sólo por evadir?
El corazón de la ojiazul se detuvo unos segundos antes de responder. Tenerlo frente a sí, tan decidido a escucharla hacía que quisiera empezar a ser valiente de verdad.
—Me sacrificaría sólo porque eres tú…
—Entonces no eres mala —aflojó el abrazo y con su mano le acarició la cabeza—. Yo creo… creo que… Eres muy linda.
—G-gracias… —No podía evitar sonrojarse cuando él le hablaba con ese tono tan sereno e infantil a la vez.
—Si quisieras… Déjame conocer ese lado que has ocultado —tomó su cara entre sus manos— estoy seguro de que aún puedes ser más linda. ¿Había alguien que le hubiese dicho algo tan sincero, tan directo y a la vez tan bueno?
—Te quiero, Videl. Quiero que sonrías sin cadenas.
Le abrazó de vuelta con todas sus fuerzas mientras volvía a llorar, aunque esta vez el sentimiento era distinto. No sólo se sentía colmada de felicidad, también estaba conmovida por su sincera dulzura, lejos de cualquier rencor e interés del que se rodeó por largos años. Él deseaba que ella fuera feliz y estaba ahí para lo que necesitara.
—Gracias… yo —se separó unos centímetros— estoy muy feliz de que estés aquí conmigo. No sabes cuán importante es para mí tu compañía.
— ¿Cuán importante es? —le preguntó como una suave burla. Ella pensó en darle una escala con 10 de 10, pero su mente le rebobinó la pregunta con alevosía… Gohan no estaba dando puntada sin hilo.
—Te quiero… Como nunca he querido a ningún hombre. ¿Responde eso tu pregunta? —le miró con una mezcla entre vergüenza y diversión.
No le respondió con palabras. Aprovechando su descuido al terminar la pregunta, Gohan le había dado un corto beso en sus labios y apenas se había separado unos centímetros de su rostro aún sonrojado por su atrevimiento. La respuesta que le había dado no era suficiente para él, lo podía entender al tenerlo frente a sí misma, con su mirada azabache fija sobre sus ojos azules, tan sereno como ansioso esperando el siguiente movimiento.
Ya casi sentía que lo amaba al corresponder aquel primer beso, tan suave como inexperto. Lleno de dulzura desataba suavemente las frustraciones que había guardado durante su adolescencia, alzando los miedos más profundos y las alegrías más sinceras que esperó conocer.
Frente a ella tenía a la persona que le correspondía, sin prisas, sin sorpresas, simplemente siendo él.
~ o ~
Hola a todos. Primero que nada, mis disculpas por haber demorado tanto en actualizar. Mis estudios me han tenido completamente agobiada, sin tiempo y completamente fatigada; por otro lado tenía claro lo que quería en este capítulo pero iba agregando cosas, sacando otras como en un ciclo sin fin en el que nunca quedaba conforme con el resultado. Opté por un capítulo más breve pero intenso para poder dejar la actualización, la que de todo corazón espero que sea de su agrado. Estaré atenta a cualquier comentario, tomatazo o dedazo que se me haya pasado. Ah! y nunca es tarde para dar las felicidades por el nuevo año cuyo primer mes ya está por acabar. Un abrazo a todos y muchas pero muchas gracias por todos sus favs, follows y reviews. Significa mucho para mí! Nos vemos :D
