Cinco años después...
4 de julio de 2016 / 5:00 am
Me despierto violentamente al sentir el roce de una mano sobre mi cuello, concretamente, de la mujer con la que me acosté ayer y que aún, duerme plácidamente. ¡Dios pero qué resaca!. Mira que juré no volver a involucrarme en misiones que tuvieran alguna relación con las fiestas, pero nunca aprendo. Siempre acabo igual: borracha hasta el culo, drogada y en la cama de alguien.
Poco a poco me desperezo con un inmenso dolor de cabeza, intentando hacer memoria de lo ocurrido. A ver, Lexa, piensa...llegaste, encontraste al tipo...cómo siempre jugaste con él...mierda, hay un espacio de tiempo en blanco...piensa, piensa...vale, fuimos a su despacho... y...¿lo maté o no?. ¿Cómo puede ser que no me acuerde?.
Aún intentando recordar algo, me doy cuenta de que pronto va a amanecer. Me recaigo suavemente en la cama, y me estiro, para despertar cada parte de mi anatomía que se encuentra tensa.
Voy por toda la habitación, encontrando partes de mi ropa interior e incluso algunas que ni son mías. Me las poniendo sin prisa hasta detenerme, al ver un chupetón en mi ingle. Volteo la mirada hacia la chica que se encuentra desnuda en la cama, con una fina manta que le cubre un poco su vientre, y analizo sus labios. Definitivamente, ella no me hizo esto. ¿Cómo lo sé?, intuición. Y no, nunca me falla.
Voy hacia la cómoda y cojo mi sujetador negro de encaje, el cual combina perfectamente con mi parte inferior y me lo pongo. Continuo buscando el resto de mi ropa por toda la habitación pero no la encuentro. Investigo por la cama sin mover a la sexy rubia que parece que está en el séptimo sueño,pero no la hallo. Aunque, algo si encuentro, y es un envoltorio de un condón. Vale...no entiendo nada.¿Qué se supone que hice anoche?. Analizo cada rincón de la habitación intentando recrear pieza a pieza lo sucedido en mi mente: la habitación está medio rota, por lo que parece que no fuimos las únicas en estar aquí; hay ceniceros repletos de colillas ya consumidas, está bien, me acuerdo de que fume algunos; la ropa interior de la chica está en el suelo, es más que evidente suponer lo que hicimos; el envoltorio del condón que tengo entre mis dedos... llegando a la conclusión de que, o hice un trío o no es mío...¡espera!, ¿una cartera?. Me muevo hacia la mesilla para hallar alguna pista en el interior de ésta: doscientos dólares, dos condones de la misma marca, una tarjeta de un prostíbulo de lujo y...¡bingo!, su tarjeta de identificación.
¡Oh...mi...madre! .
¿Me he acostado con un hombre?. ¡Qué puto asco!. Y por lo que veo, ella es su esposa o su amante...bueno,no lo sé, pero tiene una foto de ella en uno de los bolsillos de la cartera así que tiene que ser alguien especial. Vaya cagada monumental, si es que siempre me pasa lo mismo: bebo, bebo, bebo, no controlo y se me va el santo al cielo.
La amante o novia del tipo empieza a removerse con leves gruñidos por la cama, seguramente causado por el ruido que estoy haciendo. Me inclino hacia la cama, apoyando los puños contra el colchón y la beso tímidamente en los labios para que siga durmiendo.
- Sigue durmiendo, cariño - le susurro dulcemente. La sexy rubia somnolienta, asiente y se vuelve a quedar dormida.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo erizándome la piel. A pesar de ser verano, la brisa californiana es muy fresca en el amanecer, por lo que, con una camisa blanca que encuentro en el suelo, me cubro del frío.
Antes de disponerme a salir de la recámara, rebusco cuidadosamente entre los cajones hasta hallar mi pistola y escondérmela en la espalda para ocultarla con ayuda de la camisa. Para después, atascar la puerta con el fin de que la chica no salga durante el asesinato que voy a cometer.
Sí, han pasado los años y me he hecho un poco más madura, bueno...madura no, considerada. No sé si realmente está enamorada de él, lo cual es una pena, ya que el amor apesta. Es cómo una jodida maldición que te embauca para luego destrozarte en cualquier momento. ¿Y por qué digo esto?, mejor ni me preguntéis...ya ha pasado mucho tiempo desde que...lo siento, pero no pienso hablar de ello... ya he pasado página.
Al llegar casi al final de las escaleras me doy cuenta de que no tengo los cuchillos para defenderme. Vaya puto desastre...
Octavia va a matarme.
Pero literalmente, cómo se entere... va a descuartizarme viva. Octavia, es mi compañera de asaltos junto con Raven. Se puede decir que somos como los Ángeles de Charlie pero no de la C.I.A, sino de la mafia de los Grounders.
Realmente no sé cómo lo haré, pero ya puedo comprarle una buena mercancía de cuchillos, o quizás darle un buen polvo para que me perdone. Mmm... creo que no, a pesar de habernos visto las tres desnudas, y las veces que hemos jugueteado en noches de borrachera...nos vemos como hermanas. Puede que hayamos tenido algún desliz cuando era mi aprendiz, al igual que con Raven, pero ahora...quita, quita, qué imagen más desagradable. Además, son novias, bueno..."novias", muuuuy liberales.
Una vez que llego hasta el final de las escaleras, me detengo al escuchar una dulce melodía que procede de la planta de abajo:
No sé dónde o cuando he escuchado esa canción antes...me suena demasiado familiar. Lentamente avanzo hacia la planta de abajo aún con la canción en mi cabeza, intentando recordar algo que ni recuerdo, algo que no sé por qué, pero me lleva hasta mi infancia.
La melodía viene del salón de juegos. Antes de entrar, me aseguro que la pistola esté bien situada y con el seguro puesto, no es en plan de pegarme un balazo en la nalga.
No sé si será el frío o la dulce melodía, pero de manera constante, hace que un escalofrío recorra toda mi columna. Es una agradable sensación, y si tuviera más tiempo, seguramente me quedaría a escuchar la canción entera. (River Flows in you -Yiruma).
- ¿Te he despertado? - me asusta el mafioso poniendo una mano en mi hombro.
- No, ya estaba despierta - disimulo mirándole con una dulce sonrisa.
Éste con dos vasos de leche con whisky, se pone delante del tocadiscos y disfruta de la canción con los ojos cerrados.
- Es una linda canción - dice casi con un susurro - acompáñame - se gira hacia a mí, ofreciéndome el vaso.
Con cautela, me acerco y antes de beberlo, me aseguro de catar con un mini-sorbo de que el contenido no esté envenenado.
-¿Sabes?, anoche estuviste muy bien pero me gustaría conocerte más en un terreno más... personal - me propone con una ceja alzada, a la vez que se bebe el contenido de un golpe. Lo imito e intento disimular mi asco por lo ocurrido.
- ¿Y por qué quieres conocerme? - le pregunto coqueta lamiéndome el labio superior aún con leche. Éste se ríe.
- Porque no sé quién eres, pero me caes muy...pero que muy bien - se acerca lentamente a mí y me da un pico en los labios - puede que te convierta en mi segunda esposa, o quizás, en mi fiel compañera de trabajo.
- No creo que lo quieras... - le acaricio con los dedos su torso desnudo - no creo que debas fiarte de las apariencias. Y menos de mí.
- Lo sé, pero más o menos, intuyo quién puedes ser - disimulo exitosamente mi sorpresa y con cautela, me llevo la mano a la pistola por si la cosa se descontrola - eres una criminal como yo - afirma.
- Pero no igual de buena -le miento. En realidad, soy la mejor - soy solamente una vulgar ladrona.
- Pero yo te puedo enseñar.
- ¿Ah sí? - me aparto un poco y me muerdo el labio con gracia sin dejar de mirarlo pícaramente.
- Sí - me mira de arriba a bajo con deseo - elije una canción.
- ¿Una canción? - le pregunto extrañada.
- Te he dicho que quería conocerte y según la canción que elijas, sabré lo que quieres transmitirme.
- Está bien.
Me acerco hasta el ordenador, el cual, está conectado con los altavoces y elijo la canción. Éste mientras tanto, me observa fumándose un puro.
/Sucker For Pain - Lil Wayne, Wiz Khalifa, Imagine Dragons/
I torture you
(Te torturo)
Take my hand through the flames
(Toma mi mano a través de las llamas)
I torture you
(Te torturo)
I'm a slave to your games
(Soy una esclava de tus juegos)
I'm just a sucker for pain
(Soy una adicta al dolor)
I wanna chain you up
(Quiero encadenarte)
I wanna tie you down
(Quiero atacarte)
I'm just a sucker for pain
(Soy solamente una adicta al dolor)
I'm a sucker for pain
(Soy una adicta al dolor)
I got the squad tatted on me from my neck to my ankles
(Tengo al escuadrón tatuado en mí,desde el cuello hasta los tobillos)
(...)
- Eres realmente un encanto, nena - dice riéndose sonoramente mientras le da una calada al puro - ¿quieres? - me ofrece.
- No, no me gustan los puros - vuelvo a mentir descabelladamente. Obviamente me gustan, y más la marca que está fumando, pero claro, estoy de servicio.
- ¿Entonces qué? - se acerca a mí y con los dedos de la otra mano del puro, me acaricia suavemente los labios - ¿vas a torturarme? - sus ojos desprenden un brillo de pura excitación.
- Ponte cómodo - le sugiero, mordiéndole traviesamente uno de sus dedos.
Al ritmo de la canción me dirijo hacia el escenario donde hay una barra de pole dance, muy sensualmente. Siento cómo esté me sigue, detallándose y disfrutando de mi perfecta anatomía. Por lo que, tengo mucho cuidado en los movimientos para que no se me note "la sorpresita" que tengo escondida en mi trasero.
El mafioso de pelo rapado y ojos verdosos se sienta muy cómodamente en su sofá de piel para deleitarse de mi bailecito. Aún no he comenzado a moverme y observo desde arriba cómo su pequeño amiguito ya está animado. Así que...¿quién soy yo para no darle una pequeña fiestecita?.
Con una mano agarro la fría barra sin dejar de perder contacto visual con el sujeto. Me muevo muy sensualmente, demasiado, haciendo que éste se meta la mano en el bolsillo para ocultar su erección. Continuo así moviéndome de una manera jodidamente sexy, rozando mi entrepierna contra el frío metal, alternando los movimientos...
Tras un rato, veo que el hombre no va aguantar mucho, así que decido acabar ya con el show: con una mano me agarro fuertemente a la barra para que con la otra, pueda girar en el aire haciendo círculos y caer muy sensualmente. Hago lo mismo repetidas veces pero cayendo cada vez de diferente forma. La canción está apunto de acabar, así que con un susurro en el que le canto el estribillo, agarro de nuevo la barra y elevándome boca abajo me deslizo para caer nuevamente, pero con las piernas abiertas.
- Joder - se levanta enérgicamente del sofá y levantándome, me empotra contra la pared, besándome y toqueteándome desesperadamente.
- Ey, más lento - le regaño dulcemente. ¡Joder, me ha clavado toda la pistola con el golpe!.
- Nena, voy a estallar - gruñe bajándose desesperadamente la cremallera del pantalón.
La canción acaba y yo saco mi pistola presionándola en su entrecejo.
- ¿Qué mierda haces? - ruge sorprendido.
- ¿No querías conocerme? - con un movimiento de pistola le obligo a bajarme. Éste retrocede unos pasos - ¿no te acuerdas de mí? - doy un paso hacia delante y él dos hacia tras -Deja que te refresque la memoria: partido de póker, un millón de dólares y cuatro kilos de cocaína.
- Heda... - murmura con asco mi apodo - no fue culpa mía...me traicionaron - intenta excusarse.
- No tienes que darme explicaciones - quito el seguro - vengo a saldar mi deuda.
De repente, al verse acorralado, saca su pistola y me apunta.
- ¿Crees que me das miedo? - digo casi destornillándome de risa.
- Deberías tenerlo, zorra. Además, mis hombres están apunto de llegar.
- Mierda, se me olvidaba esa parte.
¡BAM!
Disparo limpio justo en medio de la cabeza.
Rápidamente, subo las escaleras para ponerme algo que encuentre en el armario de las otras habitaciones, antes de que vengan sus hombres; decantándome por una camiseta negra sin hombros, unos pantalones rotos vaqueros y unas botas negras.
Bajo nuevamente a la sala con la mochila negra en mano,y de un disparo, logro reventar la caja fuerte. No es gran cosa, pero ya me encargaré de duplicarlo luego. Escucho un ruido y mi mirada se dirige hacia la ventana.
Hora de salir cagando leches.
Veinte hombres armados hasta en el culo, salen de varias furgonetas negras y se adentran en la la pistola en mano y la mochila a la espalda, cojo "prestadas" las gafas de aviador del mafioso ahora muerto y me dirijo al garaje silenciosamente. Increíblemente, logro despistarles y empiezo a desesperarme por no saber que vehículo elegir.
Pito,pito, gorgorito...
Varias pisadas se aproximan a mí, haciendo que me pierda en la canción y me tenga que decantar por una honda negra deportiva, en vez de un Ferrari rojo o un todoterreno jaguar blindado.
Los hombres llegan justamente cuando termino de hacer el cableado a la moto. Así que, con un giro violento de manillar, salgo despavorida provocando una gran humareda y que estos sin ninguna visión,disparen hacia todos lados.
Empiezo a sortearlos por el parking, hasta ver que la puerta del exterior está a punto de cerrarse. Con otro giro de manillar, acelero llegando casi a 150 kilómetros por hora en cuestión de segundos e inclinándome, salgo victoriosamente del lugar.
(...)
Son las diez de la mañana, y hace un calor del carajo en la carretera. Enserio, si fuera un maldito helado no estaría ni derretida, sino evaporada. ¡Dios Santo, si es que parece el puto infierno!.
Han pasado unas cuantas horas desde que dejé atrás la casa que se encontraba en Los Ángeles, para adentrarme en la ruta sesenta y seis. Sí, la famosa ruta. Y no, no voy a recorrerla entera, solamente voy a Las Vegas a por dinero.
A pesar de estar a hora de la ciudad de las apuestas, necesito parar. No puedo más con el calor y menos con el hambre. Así que, en la primera salida de la autopista, me desvío y llego a una bar llamado "Golden Breakfast". Es pequeño pero no tiene mala pinta; una mezcla entre el viejo oeste y los moteros de los años ochenta. Me gusta.
Aparco la moto entre dos todoterrenos para disimular. No me fío que ronde por ahí, algún policía paisano.
Me adentro en el bar y el aire acondicionado me enfría al momento. ¡Oh sí, bebé!,¡enfríame todo lo que puedas!. El lugar está medio desértico, quitando por las dos o tres mesas que están ocupadas de las diez del local. Huele a café recién hecho; café americano...uf, creo que me voy a correr aquí mismo.
Mis pies que andan por sí solos, me dirigen hacia el final del bar. ¿Me siento a la derecha o a la izquierda?. Mmmm...debería no importarme,pero cómo siempre, mi intuición que sale de mí por sí sola, me indica que me siente justo a la derecha, así que sin rechistar lo hago.
Y como era de esperar, si me hubiera sentado a la izquierda tendría que haber soportado los escupitajos del horrible y maloliente camionero,y además, me he ahorrado que el desayuno de ese señor cayera en mi ropa, y lo digo por el evidente tropezón que se ha pegado la camarera al no esperarse el palmetazo en el trasero que le ha dado ese mismo asqueroso señor.
Esa situación me ha puesto de muy mala leche, pero tengo demasiada hambre para ponerme a discutir. Ahora cuando salga me encargaré de rayarle el coche, eso lo aseguro. De momento, me concentro en leer los diferentes platos que me ofrece la carta.
En menos de un minuto escojo mi pedido: unas tortitas con sirope de arce y mantequilla, tres salchichas escocesas, dos huevos, un café americano y un zumo de naranja sin pulpa. Agg, odio la pulpa. ¿Qué?, ¿es demasiado?. ¡Ni hablar!, seguro que me quedo hasta con hambre. ¿Cómo creéis que mantengo ésta estupendísima y sensual figura?, porque os aseguro que con ensaladas, no. Además, hablando de cosas que odio, también está el color verde. Cómo decía un conocido mío: "el verde es el color de la mala suerte". Y que conste que yo no he hecho el refrán para excusarme, yo solamente soy una mera predicadora.
Cierro la carta y con un movimiento de muñeca le indico a la camarera que ya tengo mi pedido. Ésta, con los cascos puestos y masticando el chicle con la boca abierta y de una manera súper hortera, se acerca hasta mí arrastrando los pies de muy mala gana.
- Hola, buenos días. Bienvenida al Golden Breakfast, soy su camarera Steisy. ¿En qué puedo servirle? - me suelta el discurso perezosamente.
Una vez que le pido mi orden, me quita la carta con la misma mala gana con la que ha soltado el discurso y se pone sus cascos de música para dirigirse hacia la cocina, y gritarle al cocinero mi pedido con acento australiano. ¿Y cómo sé que es australiano?, porque yo nací allí, aunque no os lo creáis. Pero también, he vivido en más países como Rusia, México, Italia, España, Argentina y ahora me he decantado por América del Norte. En los lugares donde he pasado más tiempo viviendo y le tengo más cariño es en Australia y España. Así que, evidentemente, tengo la inmensa suerte de saber muchos idiomas, pero dominar, dominar, solamente el español, el inglés y el italiano. También, se desenvolverme en ruso y en francés, pero lo que menos sé es chino, japonés y árabe. ¿Qué?, soy una chica de mundo, tengo que adaptarme al mercado ilegal.
Pasan diez minutos y aún mi pedido no ha llegado. Durante el tiempo transcurrido, me he distraído quitándome unas pequeñas costras que de seguro me dejarán cicatriz, pero vamos, una más una menos, todo mi cuerpo es un lienzo de éstas, así que, no es que me importe mucho. Pasan dos minutos más, y ya me encuentro con una desesperación de niña pequeña.¿Cómo puede ser que tarden tanto?. Decido levantarme para estirar las piernas, pero en vez de salir a fumarme un cigarro como tenía pensado, me dirijo hacia la zona de chucherías, souvenirs y revistas de la tienda.
De vez en cuando alzo la vista por encima de una revista de prensa rosa para ver cuando llega mi pedido. Una revista, dos revistas, tres revistas...mira que estoy por entrar en la puta cocina y hacérmelo yo.
- Le va a dar propina su puta madre... - murmuro entre dientes estampando con furia la revista en la estantería.
- No deberías ser tan agresiva - escucho que me regaña una chica al escuchar mi comentario.
Me giro con la intención de responderle con alguna grosería, pero no sé por que, pero me quedo en blanco. Literal, estoy parada viéndola sin decir nada, sorprendida. Estos son los momentos en el que las personas normales suelen llamar flechazo a primera vista, pero obvio, para nosotros los criminales es una ilusión que nos dura una noche, una hora, unos días...
- ¿Sabes que no es de buena educación mirar a las personas con la boca abierta? - me vuelve a regañar cerrando mi boca, la cual, no se por qué cojones la había abierto. Sin querer, la miro de arriba abajo, deleitándome más tiempo justamente en sus voluptuosos pechos, cubiertos por fina camisa. Ésta al darse cuenta, se ruboriza y se cierra dos botones disimuladamente.
A ver, a ver, a ver... ¿qué cojones está pasando?. Me estoy quedando embobada por cada cosa que hace...¿es una especie de maldición o algo así?. Y no es diga que la chica es una miss universo, porque estaría mintiendo, pero es una belleza rara, quiero decir... es especial, una belleza diferente a la de las demás. Es... indescriptible, mira que he visto chicas en mi vida, incluso más guapas que de las revistas, pero ninguna como ella. Es como...como una mezcla entre lo sensual pero lo sencillo, no sé si me estoy explicando bien. Ella es alta pero no muy alta, estatura media, concretamente yo soy media cabeza más alta que ella, pero es que yo ya de por sí soy alta; es delgada pero con músculo, no palo de escoba. A diferencia de mí, ella tiene unos voluptuosos y maravillosos pechos, ¿cómo lo sé?, intuición...tiene el pelo rubio claro con algunos mechones castaños; su piel es bronceada pero de un bronceado de verano, y sus ojos...sus ojos son azul celeste, un azul que nunca había visto...totalmente hipnotizantes.
Soy consciente de que me la estoy comiendo con la mirada,pero me da igual, no quiero dejar de mirarla.
Una vez que termina su compra, se aleja de mí incómoda, para sentarse en la mesa que está justo detrás de la mí repente, salgo de mi ensimismamiento al ver que la camarera por fin llega con mi orden a la mesa. Por lo que, agarro algunas chuches para disimular, las pago y vuelvo para desayunar.
Mira que lo intento pero se me ha cerrado el estómago. A pesar de ello, me obligo a comer ya que me queda un largo camino.
Estoy desayunando a la vez que la miro, pero esta vez soy más disimulada, es cómo si necesitara desnudar su alma y saber todo de ella. Me es excitante pero pervertido al mismo tiempo. Nunca he sido así, y me siento mal, me siento posesiva.
Durante el tiempo que he seguido mirándola, me he dado cuenta de unos pequeños detalles: cómo cuando se pone nerviosa y se acicala el flequillo para cambiárselo de lado, o simplemente, ponerse un mechón detrás de la oreja para disimuladamente mirarme.
Llega su pedido, y a diferencia de mí, la camarera es simpática con ella. Por lo que, la rubia muy simpáticamente, se lo agradece con una sonrisa. Una sonrisa que acaba de matarme, helarme y arder en el mismísimo infierno. ¿Cómo puede ser que sea tan perfecta?, me siento mal hasta de pensarlo. Más bien, mal no es cómo me siento, sino envidiosa...envidiosa de que seguramente tendrá un novio perfecto que no la trata cómo debe.
Espera.. ¿whaaaat?.
Alexandra Woods, ¿pero tú te estás escuchando?. ¿Estás tonta o qué?.
Mira paso, no sé que me está ocurriendo. Mi cuerpo hoy está en mi contra,y encima mi suerte dudo que mejore a lo largo del día.
Me obligo a dejar de mirarla, y ya sin hambre alguna, termino mi desayuno de mala gana sin levantar la vista.
No entiendo que me pasa... yo no soy así y nunca lo he sido. Bueno, una vez lo fui, hace cinco años, y como una idiota, ciega de amor...mira cómo acabe: sola y con un corazón roto. Prefiero estar cómo estoy: soltera, de flor en flor y sin complicaciones.
Cuando voy a comerme la última tortita, con el estómago a punto de estallar y con el resto del desayuno en la garganta, con una angustia que flipas...siento un movimiento extraño enfrente mío. Ni me limito a mirar, me llevo el tenedor a mi boca y continuo con mi desayuno. O eso intento, porque unas vibraciones extrañas me invaden advirtiéndome de que hay peligro; y mi mirada inevitablemente quiere deleitarse de lo que está ocurriendo, pero me contengo. Así que en vez de mirar, agudizo el oído:
- Nena, ¿estás sola? - pregunta un hombre con una voz sumamente grave, que me da muy mala espina, intentando iniciar una conversación de coqueteo - ¿quieres que te acompañe?.
- Sí, estoy sola pero no gracias - le contesta muy secamente la chica misteriosa. Intento no reírme por el corte que le acaba de pegar, así que comienzo a beberme el café.
Sigo sin establecer contacto, pero me hago la idea de lo que está ocurriendo. Así que, básicamente sigo concentrada en su conversación:
- Venga,princesa, no te hagas de rogar - pero que tío más pesado e insistente. Cómo siga así voy a meterme aunque quede cómo una imbécil.
La chica no responde ante la insistencia, simplemente lo ignora, lo que hace que le sienta como una patada en los huevos. Éste con un gruñido,invade su espacio sentándose, y lo sé, por el chirrido de la silla al desplazarse.
- ¿En algún momento te he dado permiso para sentarte?. Es para saberlo, porque no me he dado cuenta - le dice irritada al hombre.
No me pregunto cuando he entrado en contacto visual con la escena, y por obra del destino, ella parece percatarse de mi interés cuando su mirada se cruza con la mía.
El hombre prácticamente está hablando solo porque ella solo fija su mirada en mí. Su atención la acaparo yo, pero no de la misma manera de antes, no, ahora es más de comprender algo, el qué, no lo sé, pero me gustaría averiguarlo.
De repente, el hombre sin vergüenza alguna, se lleva el café de ella a sus labios para bebérselo, haciendo que toda su atención vuelva a enfocarse en él. Esta desconexión me ha dolido, más de lo que esperaba. Ahora mismo quiero estrangular al hombre con mis propias manos.
- ¿Se puede saber qué haces? - le pregunta hecha una furia, arrebantándole el café y manchándole los pantalones. El camionero enfurecido por el ardor del café en sus muslos, se levanta de un salto.
- ¡Maldita zorra, mira lo que me has hecho! - exclama tan fuerte que toda la atención del local se concentra en ellos.
Pensaba que la chica era de carácter, pero ahora mismo, tiene la expresión de un animal acobardado. Me muero de ganas de ayudarla, pero cómo dicen: " aquí,cada uno mea en su tiesto". Ni es mi asunto, ni estoy involucrada en ello. Además, siento que no es bueno que me acerque a ella. Y esta vez no es intuición sino premonición.
- Ahora mismo me limpias los pantalones - le exige el muy subnormal. Acabo de llegar a un punto en el que parezco un caldero hirviendo de la impotencia que tengo.
- Ya te gustaría, flipado - se defiende la rubia,sacándole el dedo corazón con valentía.
La tensión se puede palpar en el ambiente.
- Ya te pillaré puta, y no tendré piedad de ti - murmura en tono amenazante para que el resto no se entere de su disputa.
Ambos se quedan fulminándose con la mirada durante un tiempo, hasta que la chica se levanta y con mala leche, vacía el contenido de su café en el pecho del hombre haciéndolo gritar por el quemazón.
Ni me acuerdo cuando me he levantado ni el por qué. Bueno sí, con el tiempo he aprendido el lema de acción y reacción; y cómo mi trabajo se basa en eso, es obvio que iba a saber lo que iba a ocurrir a continuación. Así que antes de que el hombre la golpee, he saltado ágilmente sobre mi mesa para seguidamente lanzarme sobre él y de un puñetazo estamparlo contra el suelo y golpearlo hasta dejarlo inconsciente.
¡Dios, que bien sienta!.
Cuando me levanto agotada, después de la tunda que le acabo de meter. Veo todos los ojos enfocados hacia mi persona, incluso los de la chica que me mira con una expresión totalmente aterrorizada.
Genial, mira que no quería que supiera ni de mi existencia, pero ahora me tomará por una criminal. Espera...soy una criminal, bueno, por una mala persona...mierda, esto no mejora.
-¿Alguien quiere que le dé otro repaso? - grito amenazando a todas las personas del local sin querer. Y digo "sin querer" porque cuando estoy tensa o nerviosa soy así, amenazante o borde. Así que cómo era de esperar, salen todos del lugar, acojonados, menos ella.
- ¿Por qué mierda no huyes cómo los demás? - le pregunto intrigada. No quería sonar muy brusca pero es que el hecho de que no se haya ido, ha provocado que me ponga más tensa aún. En sí su presencia y lo que provoca en mí, me resulta intrigante y un poco molestia. No me he dado cuenta de ello hasta ahora.
- Gracias - me responde con un carraspeo al darse cuenta que ha sonado un poco asustada.
Se endereza y pone sus manos por detrás de su espalda sin dejar de mirarme. Ese acto es de ocultamiento, lo aprendí de mi maestro, el cual era muy bueno leyendo el cuerpo de las personas. Así que básicamente lo hace para ocultarse de algo: ya sea de su identidad, como forma de barrera para que no me acerque, o de nervios. Creo que será de nervios ya que he notado cómo se ha vuelto a poner un mechón de pelo justo detrás de su oreja. Además, con un inocente mordisco de labios.
- No tienes que darlas - le respondo muy secamente. Y no lo hago por parecer borde, es que no quiero cagarla más de lo que he hecho.
Aún con la atención curiosa de la chica en mí, me acerco a mi mesa y me bebo el culo del vaso de zumo de naranja que me quedaba. Agarro la mochila y saco un billete de cincuenta dólares que dejo en la mesa. Obviamente el desayuno no vale eso, pero que más me da, si dentro de unos momentos voy a duplicar el dinero por tres y si tengo suerte por cuatro.
Cojo las gafas de aviador y me las pongo cruzando la mirada con la rubia que he pillado analizando mi cuerpo. ¿Lesbiana, bisexual, heterocuriosa...?. Y no me vengáis ahora con tonterías de: "ay, que solo te está mirando". Mi radar nunca me falla y te digo que la forma con la que se estaba deleitando con mi trasero no es muy heterosexual que digamos.
Paso al lado suyo e inconscientemente abro mis fosas nasales para impregnarme del olor que no he podido apreciar cuando he estado cerca. Huele a coco, pero no a coco de fruta sino mezclado con una extraña flor, la cual desconozco. Sin esperarlo, un sentimiento extraño se ha apoderado de mi cuerpo, el cual hace tiempo que no sentía, no sabría describirlo pero...bah, dejémoslo.
Cuando salgo por la puerta del lugar siento alivio, pero se me pasa en cuestión de segundos, sustituido por remordimiento. Pero remordimiento por qué...¡Ah, claro!, obviamente se ha quedado sin desayuno y no sé si tiene para volver a pedirse otro, o sino, por dejarla sola con ese cretino que puede despertar en cualquier momento, o...menos mal que no he estudiado psicología cómo me recomendó mi mentor, seguro que volvería locos a mis pacientes.
Me adentro de nuevo en el local, con tal de darle dinero a la chica y no volver a verla jamás,y así quedarme con la conciencia tranquila. Así que, me dirijo como cual robot hacia su mesa con una inexpresión en el rostro, y le dejo dos cientos dólares justo al lado del café, ahora vacío.
Sin pararme ni mirarla, me muevo con indiferencia hacia la puerta hasta que mi cuerpo se detiene tensándose por el agarre de unos delicados y suaves dedos que rodean mi muñeca.
- No los necesito - me los devuelve enfadada - ni que fuera una cualquiera para aceptarlos. Sé valerme por mí misma.
- No lo he hecho pensado eso - me suelto bruscamente de su agarre y se los devuelvo irritada - además, ser una "cualquiera" no es nada malo - la miro de arriba abajo con desprecio - por lo que veo que eres una estirada reprimida...nadie soltaría un comentario tan patético como el tuyo - y dejándola con la palabra en la boca salgo del local.
Me dirijo hacia mi moto enfurecida, la cual ahora se encuentra entre un Chevrolet y una autocaravana. Pero no puedo evitar girarme al sentir los ojos de alguien sobre mi nuca.
- ¿Qué pasa?. ¿No tienes otra cosa mejor que hacer que seguirme? - le pregunto con una sonrisa burlona mientras camino hacia atrás - eres una desagradecida. - le acuso - Primero me llamas agresiva, y luego, encima que te ofrezco dinero para que desayunes...¿eres tan mal pensada que crees que voy a pagarte por otra cosa? - la rubia ha comenzado a fulminarme con la mirada mientras camina sin decir nada.
¡Ah! y lo de estirada lo digo por su ropa, seguro que es una pija consentida: pantalones altos de pseudooficina (sí, me he inventado la palabra), una camisa seguramente de importación y unas sabrinas demasiado coquetas para mi gusto. Y claro, que no falte el : "fulaaaar" en el cuello. Pija, estirada y consentida.
Me detengo para encararla, ya que lo que más odio es que me ignoren, y básicamente es lo que ella ha estado haciendo. Pero la muy...mira porque me he prometido no insultar más, pero la muy descarada ha pasado de largo dejándome en medio del parking con cara de gilipollas.
No sabe con quién se ha metido.
Camino con prisa hacia ella y la agarro de la cadera para deternerla y ésta comienza agitarse. Fuerzo más el agarre para que no se escape de entre mis brazos y los aflojo cuando no tiene más remedio que relajarse.
- ¿Qué pasa que ahora quieres ligar conmigo? - me suelta ruborizada y a mí dejándome a cuadros.
- Creída, estirada,malpensada... ¿algo más para la lista?. Santurrona, ¿tal vez? - le recito riéndome con burla. Ésta tensa la mandíbula intentando controlarse - ni que fueras de mi tipo - le digo con desprecio.
- Con que eres una de esas... - comienza a decir con asco sin terminar la frase.
De repente, mi mirada inevitablemente se va a la cruz de su collar que hasta ahora no había reparado en ella.
- ¿Una qué? - le reto a decir con una sonrisa burlona pero la muy cobarde no dice nada. Solamente se limita a empujarme hasta soltarse de mi agarre - Vamos dilo - le vuelvo a retar acercándome más a su cara,insinuándome.
- Una lesbiana - me responde la jodida con valentía. ¡Vaya par de ovarios tiene para retarme!.
Simplemente me río, cruzando los brazos y con un gesto de chulería, situando mis gafas en la cabeza. Inevitablemente, ésta se pierde en mis ojos. No es que me guste presumir pero es que son demasiado llamativos.
- No voy a negarlo - me relamo los labios disfrutando del momento - Se puede decir, que vosotros "los normales" - hago un gesto con los dedos - lo llamaríais así, pero yo no soy muy fan de las etiquetas - digo esto último, inclinándome hacia ella, de una manera, tan jodidamente sensual, que hago que retroceda dos pasos - tranquila...cómo te he dicho no eres mi tipo, y ni creo que seas el tipo de ningún hombre heterosexual. Eres una maldita reprimida - y dicho esto, la dejo de nuevo con la palabra en la boca para dirigirme de nuevo hacia mi moto.
- Pues siento decirte, pero mi novio no piensa igual - me contradice, poniéndose delante de mío, impediéndome el paso - además, un consejito: seas lo que seas, espero que tengas una buena técnica para ligar con tus "chochitos".
-¿"Chochitos"? - sin poder evitarlo me descojono en su cara haciendo que pierda la poca paciencia que tiene y comience a golpearme con pequeños manotazos, hasta que dejo de reírme - tranquila fiera - le agarro las muñecas con demasiado fuerza y ésta me mira los labios. Espera, ¿qué? - y sí, tengo una técnica para mis "chochitos" - vuelvo a recalcar esto último, reprimiendo una sonrisa.
- Claro, seguro que tu técnica es súper romántica y ñoña... - me dice poniendo los ojos en blanco.
- ¿Quieres escucharla? - le propongo con una voz pícara.
- Sorpréndeme - suelto el agarre de sus muñecas y entrelazo mis dedos con los suyos, sujetándola con la otra mano en la cadera e inclinándome hacia su oído para susurrarle:
- Oh, princesa... - le susurro con una voz tan ronca que hasta yo misma hago que me estremezca - ven y... - cierro los ojos y me impregno del olor a coco de su precioso pelo.
- Y... - suelta en un débil jadeo.
- Y enséñame una teta - finalizo con una carcajada que se prolonga hasta que empieza a dolerme demasiado la barriga. Ésta me pega un empujón que me desequilibra, haciendo que me caiga hacia atrás, y ella conmigo, al seguir nuestras manos entrelazadas.
- ¿Estás bien? - le pregunto aún riéndome por la situación.
- Déjame en paz, imbécil - dice con la voz rota. No sé si está llorando o está a punto de hacerlo, pero me ha puesto mal por ponerla mal, no sé si me explico...joder, es que a veces puedo ser un poco bestia pero que yo sepa en esta ocasión no lo he sido.
La rubia se levanta dejándome en el suelo y con paso rápido se mete en el coche que resulta ser el Chevrolet que está al lado de mi moto, bueno, de "mi supuesta moto". Por lo que, la chica en ningún momento me ha estado persiguiendo.
- Joder, mierda - maldigo, levantándome rápidamente del suelo para seguirla hasta su coche.
Cuando ésta arranca, toco con los nudillos en la ventana pero ésta, haciendo caso omiso a mis golpes. Da marcha atrás.
- ¡Ey, ábreme! - medio le suplico con un golpe en el cristal. La rubia me mira enfurecida y sin dejar de retroceder, abre la ventana - quiero pedirte perdón.
- ¡Vete al demonio y olvídame! - furiosa, gira el volante de manera brusca, y hace que vuelva a caerme hacia atrás, dándome en la nunca contra el suelo.
¡Será zorra!.
Lo haya hecho adrede o no, se ha quedado sin coche por graciosa. Además, que necesitaba uno porque paso de arriesgarme a ir con esa moto tan ostentosa en dirección a Las Vegas.
- ¿Te he hecho daño? - me ofrece la mano para levantarme, y yo la acepto a regañadientes - lo siento, es que a veces cuando me cabreo...
-¡Eres una histérica! -le grito furiosa.
Con descaro, me subo en el asiento del conductor. Lo vuelvo a arrancar, cerrando todas las puertas y ventanas, y la dejo con una cara de estúpida en el parking.
Ahora los roles se han cambiado y es ella la que suplica que le abra, pero claro, no lo hace educadamente ,así que para hacerla un poco sufrir, me paseo en el coche por el parking a diez por hora y ella al lado mío furiosa, como si fuera un perrito faldero.
Y pensar que hace nada me ponía nerviosa esta tía...ahora mismo se ve patética: tiene la cara roja perdida de cólera,y sus andares de estirada son súper dramáticos. Me está dando pena y todo.
- Sube, estirada - le digo deteniendo el coche.Ésta se para frente la ventanilla y no articula palabra, solamente me mira con incredulidad y asco.
- ¿Te vas a quedar todo el día ahí o qué? - le pregunto desesperada, rodando los ojos al ver que no me responde.
- Baja..de...mi...puto...coche - me dice lentamente cómo si no entendiera dónde estoy subida. Aunque el problema más evidente, es que la que no se está enterando de la situación es ella - ¡Ya! - exclama rabiosa.
- Nop - le respondo con una sonrisa burlona. Ésta abre la puerta violentamente y con fuerza dirige su puño a mí, pero al ser más rápida, lo esquivo ágilmente y le apunto con la pistola en el cuello, sorprendiéndola - a ver, este es el trato: yo conduzco, yo te llevo a dónde me de la gana, una vez que lleguemos, te olvidarás de mí y...nada de policía. ¡Ah!, y debes estar en todo el trayecto calladita. ¿Entendido? - le explico el procedimiento con una sonrisa en el rostro. ¡Dios! cómo estoy disfrutando de su cara de terror y desconcierto. ¿Ahora quién es la dominante y la sumisa?.
- No te creo, es un farol - me contradice con su sonrisa perfecta, intentando convencerse de que es una broma.
- ¿No me crees? - le reto aún con la pistola apuntando a su cuello y con una sonrisa de estúpida en el rostro. Lentamente me inclino hacia ella mirándola pícaramente - ¿quieres averiguarlo? - le susurro al oído, dándole un pequeño mordisco en el lóbulo. Ésta a pesar de disimular muy bien su estremecimiento, asiente con la cabeza.
¡BAM!
Disparo en el techo y se le queda una cara de estúpida que no puede con ella. Intenta por todos los medios salir del coche,pero al tener el seguro no puede, por lo que empieza a gritar desesperadamente. Haciendo caso omiso a sus súplicas y a sus gritos, acelero y nos alejamos de aquel bar.
(...)
- ¿Quieres dejar de llorar? - le suplico desesperada. Lleva desde nuestra salida llorando tanto, que aún no sé cómo no ha inundado el coche- ni que fuera una mala persona.
- ¡¿Ni que fuera una mala persona?! - me repite fuera de sí, limpiándose las lágrimas con rabia - ¡esto es un claro secuestro!.
- No, no lo es - le digo divertida.
- ¡Y encima te ríes de la situación! - exclama ofendida.
- A ver, que no es para tanto...lo estás dramatizando todo, estirada - la miro divertida, pero pierdo rápidamente la sonrisa al ver que de verdad no le está haciendo ni puta gracia - mira, no te voy a hacer nada. Te voy a ser franca, sí soy una criminal, y necesito ir a un sitio porque me pisan los talones. Solamente has tenido la mala suerte de toparte conmigo, así que, no te culpabilices más -intento más o menos tranquilizarla.
- ¿No me vas a violar? - me froto la cara con las manos frustrada.
- No - nuestras miradas se cruzan - eres atractiva y eso...vamos que eres un ocho pero no soy de ese tipo de personas. Me va más lo consentido - digo con orgullo.
- ¿Es en serio? - me mira ofendida - ¡¿un ocho?!.
- Oh, por dios - me llevo la mano a la cabeza, intentando no reírme.¡Pero qué egocéntrica!- sí, serás toda una chica de Victoria Secret, pero tu personalidad y tu temperamento de ñoña, remilgada y santita no va conmigo - me mira con el ceño fruncido, dándome un palmetazo en el muslo.
- Yo de ti tendría cuidado con los golpes, niña bonita - me río concentrada en la carretera- a mí me va el sado,así que no te aconsejo que hagas eso...podrías provocar otras reacciones en mí - ahora sí la miro y tiene hasta la boca abierta de incredulidad.
- Eres una pervertida.
- No - le contradigo - seguro que ni lo has probado.
- Eso es para enfermos - evita el contacto visual conmigo.
- Santita,santita,santita... - canturreo - no lo es, y si lo fuera...no me da pena en contarlo. No soy una reprimida.
- Estás loca... - me dice con una sonrisa que intenta reprimir. Enserio, adoro hacerla sonreír - y no soy ninguna reprimida - recalca.
- Entonces hablemos de sexo - palmeo animadamente el volante.
- ¡No! - exclama escandalizada - no te conozco y es algo muy íntimo - y ahí vuelve su espíritu reprimido.
- ¡Ves cómo eres una reprimida! - exclamo de manera triunfal.
- No, lo soy - la muy terca, me vuelve a contradecir - soy reservada.
- Dos sesiones conmigo, y te juro que te hago ninfómana - me giro para mirarla y veo que se ha puesto roja como un tomate - por favor, no te ruborices que estamos hablando entre amigas.
- Eres una neardental - se lleva las manos a las mejillas - y no estoy ruborizada, solamente tengo calor - prende el aire acondicionado.
- ¿Estás cachonda? - le sonrío pícaramente.
- No.
- Sí - le contradigo.
- Que no - vuelve a contradecirme irritada.
- Que sí.
- Ag...eres una egocéntrica - con un suspiro se intenta relajar y nos quedamos en silencio por un rato.
(...)
- ¿Al menos puedo saber cómo se llama mi secuestradora?- me pregunta intrigada rompiendo el silencio.
- No debería decírtelo, por si me delatas y eso, así que...para ti soy: señorita Egocéntrica - se ríe ante mi comentario. Dios, pero que preciosa es cuando sonríe. Debería hacerlo más y así,no tener esa cara de estreñida que tanto detesto - o sino neardental ninfómana.
- Me gusta neardental - concluye con otra sonrisa que acaba por derretirme.
- Entonces, señorita Neardental será - le devuelvo la sonrisa y extrañamente, ella se pierde en mis labios - ¿y usted: señorita estirada, ñoña y santurrona...?¿Cual es su nombre?-
- Entonces, señorita Neardental será - le devuelvo la sonrisa y extrañamente, ella se pierde en mis labios - ¿y usted: señorita estirada, ñoña y santurrona...?.¿Cual es su nombre? - le pregunto más bien intrigada que por cortesía - Y no me diga que también es criminal porque no la creo...además, sino me lo dice me encargaré de buscarla personalmente.
- ¿Sabes?, creo que me estás empezando a caer bien...- me halaga poniendo su mano en mi muslo, el cual, empieza a arder al instante. Lamentablemente, esa sensación reconfortante, acaba justamente al darse cuenta de lo que ha provocado en mí- me llamo Clarke.
