Me despierto con un increíble dolor en el hombro. Ya ni me acordaba de que me habían disparado. Abro los ojos poco a poco recuperando por completo la consciencia pero no puedo ver nada, al tener la cabeza cubierta con una especie de bolsa de tela. Todo está muy oscuro y empiezo a agobiarme. Odio la oscuridad, le tengo fobia, por lo que, mi reacción inmediata es llevarme las manos a la cabeza para quitarme esta puta bolsa que me está agobiando, sin embargo, tengo unas esposas en mis manos y una cuerda en mis pies, que me aferran fuertemente a una silla. Poco a poco, empiezo a agobiarme más, hasta un punto que ya no respiro sino que pego bocanadas violentas de aire.

Me detengo al escuchar unas pisadas y una puerta se abre.

- ¿Estás ya despierta? - me reclama un hombre a lo lejos.

¿Dónde mierda estoy?. ¿Me han capturado?. ¿Clarke...? .

No sé ni por qué ese nombre me ha venido a la cabeza. Siento tal asco en mí misma, solamente por haberme acordado de esa sucia rastrera,que si me apuro, me entran hasta arcadas.

Dios quiera, que no vuelva a cruzarse en mi camino...

- ¿Qué pasa?. ¿Te ha comido la lengua el gato? - me vuelve a hablar el hombre pero no le hago caso. De nuevo, he vuelto a estresarme, irracionalmente, al sentir el final de la tela alrededor de mi cuello. Me estoy ahogando.

- No - hago todo lo posible para calmar mi respiración -¿puedes quitarme, de una vez, la bolsa de la cabeza? - el hombre se ríe.

- ¿Por?. Creo que estás bien así - seguro que está disfrutando.

- Venga...si me vais a matar, al menos, tened la decencia de permitirme veros la cara... - me excuso muy malamente, con tal de quitarme esta angustia que va de mal en peor. El sudor ha empezado a empapar todo mi cuerpo.

- No tengo permitido eso, niña - su voz suena más cerca, se ha aproximado a mí.

- Elije: ¿o me quitas la puta capucha de mierda o empiezo a moverme? - le exijo desesperadamente.

Ya no tomo bocanadas de aire... creo que me va a dar un colapso.

- Haz lo que quieras - se ríe maliciosamente.

- Está bien, pero que yo sepa tu jefe me quiere matar personalmente - doy un salto con la silla hacia delante - y no creo que le haga mucha gracia que me suicide... - doy otro salto hacia delante y rozo con mi pie su pierna.

Parece que no lo ha notado.

- Sé que es un farol, niña - su voz resuena en mi oído. Creo que se ha inclinado para aproximarse a mi rostro, puedo sentir su aliento rozando mi piel - sé quién eres y no pienso caer en tus jueguitos.

¡PUM!, y de un giro violento con la silla, me lanzo de espaldas contra él y lo chafo. La silla se rompe y quedo libre,por fin. Con desesperación, me llevo las manos a la cabeza y me quito con violencia el saco para coger una gran bocanada de aire.

¡Dios, que bien sienta!.

Sin perder el tiempo, registro el cuerpo del matón y le robo su navaja. Me es suficiente para defenderme; no solamente soy buena con las pistolas, aunque sí es mi punto fuerte... se puede decir que tengo la puntería del mismísimo Robin Hood. A pesar de tener las manos inmovilizadas por las esposas, con un giro de muñeca, abro la navaja y rajo de un tirón, las cuerdas que rodean mis pies.

¿Pero dónde demonios estoy? - digo en voz alta analizando mi alrededor. Se puede decir que estoy como en una especie de ¿bodega?, y hay dos cuadros... que más que arte, parece que le han lanzado un cubo de pintura y con eso han hecho una pintura "artística".

Lamentablemente, no sé ni dónde estoy ni a dónde me dirijo. Si hubiera estado consciente en el momento en el que Clar... ¡Relájate, Lexa!. Bueno, aquella y bonita "persona casual",que se ha cruzado en mi vida...probablemente hubiera sabido orientarme por el viento, pasos, ruidos...

Quitándole importancia a lo ocurrido, decido salir de la bodega pero no antes, sin mirarme el hombro, el cual, no ha parado de dolerme...bueno, más bien incordiarme desde los movimientos violentos que acabo de realizar hace unos segundos,y que han dejado al hombre inconsciente. Bueno, eso creo...De todas maneras me acerco a él para asegurarme, y sí, si está inconsciente. Al menos, uno que se ha salvado de mi lista de asesinatos. Los cuales llevo... a ver... hagamos cuentas: si la primera vez que maté a un hombre fue a los ocho años...bueno... eso fue accidente...da igual, pero se unos... no sé, pero más de quinientos fijo. Vamos, que si me enchironan, espero que no exista la reencarnación porque ni en tres vidas más, me salvo.

Espera un momento... - me rajo la camiseta justamente en el hombro, al percatarme de que probablemente debería estar muerta, ya que yo no me he curado la herida. ¿Por qué me han dado puntos?.

-Vaya con los asesinos de hoy en día... - murmuro riéndome mientras inspecciono la herida. Reconozco que han hecho un buen trabajo - son amables y todo...al menos, espero tener la oportunidad de agradecérselo - guiño,guiño. Y sobretodo, a una rubia.

Espera un momento... - me detengo y levanto los brazos por encima de mi cabeza haciendo la postura de crucifixión. Cierro los ojos.

Mi cuerpo empieza a moverse de un lado a otro muy levemente. ¿Estoy en un barco?.

Abro la navaja e intento hacer palanca contra la esposas para desatarme, pero muy a mi pesar, son de buena calidad, así que no lo consigo. ¿Último remedio?, el aceite del candelabro. La verdad es que no entiendo por qué hay uno en la bodega, es decir... ¿madera más aceite y fuego?. No soy yo quién deba juzgar, pero deberían ser un poco cautelosos. Lo que sea...agarro el candelabro y de un golpe dejo caer el aceite. Seguramente a cualquiera persona normal, le dolería, ya saben, por el aceite ardiendo y eso... éste comienza a deslizarse lentamente por mis manos y y muñecas,y yo las muevo hasta poder liberarlas.

Tan poco ha sido muy difícil... Ahora sí, con la navaja en la mano, me dispongo a salir con cautela.

La parte de abajo es inmensa. El punto bueno es que haya muchos botes para poder esconderme y avanzar con facilidad, pero el punto malo, es que estoy siendo muy lenta con la escapada. No es muy fácil ir asfixiando matón por matón. Cada uno significa unos tres minutos de constante lucha. Finalmente, llego a lo que parece el final de la bodega con dos tipos armados. Al final, se encuentran las escaleras de subida.

Casi diez minutos he tardado esta vez. Claramente podría haberlo hecho con la navaja,pero claro, tardarían en desangrarse unos treinta minutos: en el estómago y unos diez en el corazón. Le hubiera dado vía libre para llamar a sus compañeros y matarme, puesto que sólo tengo una navaja. Así que, antes de salir, le cojo "prestada" su metralleta y le quito el seguro.

Subo las escaleras lo más sigilosamente que puedo, pero al llevar botas, no puedo evitar que se escuche un leve eco. La zona de arriba parece despejada, lo cual aprovecho para avanzar rápido por las sombras, al percatarme de varias cámaras de seguridad. Me guío por los múltiples pasillos, por intuición, hasta que logro encontrar la trampilla que da al exterior. Lo más probable es que tenga que robar un bote o una lancha, ya que este barco, parece uno de transporte por sus dimensiones... seguramente tendrá algunos como vía de escapatoria.

- ¿A dónde crees que vas? - me pregunta el tipo que he dejado minutos antes inconsciente. Si es que ya sabía yo, que tenía que haberlo matado.

- Pues,me voy a coger un barco, ya sabes...me encantaría quedarme a vuestra fiesta pero soy más de montarme las mía -le comento con toda la normalidad del mundo subiendo la escalera de la escotilla.

¡BANG!.

El hombre ha disparado por encima de mi cabeza haciendo que pierda el equilibro y caiga al suelo.

- ¡Me cago en la puta! - maldigo levantándome mientras me froto el culo dolorido. Levanto la mirada y me llevo una grata sorpresa.

- Tranquilo, Tony - le palmea en la espalda,Clarke, reprimiéndose una sonrisa al ver la cara de asco y furia que he puesto - yo me encargo de ella.

¡Encima la muy perra ha sido la que ha disparado!.

Aún sale humo de la boquilla de su pistola.

-Eso Tony - le hablo pero sin dejar de mirarla con malicia. No sabe la que le espera... - déjame hablar con mami a solas - cargo la pistola y ésta me dedica una sonrisa con burla pero jodidamente sexy.

El matón "Tony" le hace caso y se marcha a regañadientes. Creo que es su jefa.

- ¡Pero qué casualidad! - exclamo con sarcasmos. Ni casualidad ni hostias.- si nos hemos vuelto a encontrar... - mi rostro pasa de una sonrisa encantadora,a uno, totalmente serio. No creo que aguante un minuto más con ella...¡me está quitando el oxígeno del coraje!.

- ¿Has visto las vueltas que da la vida? - me devuelve la pulla apuntándome con la pistola. La imito.

- No,si al final, va a ser verdad que te has enamorado de mí... - le digo con la mandíbula tensa- perra psicópata... - escupo las palabras con rabia.

- ¿Resentida? - la muy... me está enervando la sangre.

- Para nada.

- ¿Entonces a qué esperas para comenzar el tiroteo?.

Eso mismo me pregunto yo.

- No va haber ningún tiroteo.

Em, ¿hay algún psicólogo por aquí?. Creo que me han poseído.

- ¿Ah, no? - das dos pasos acercándose a mí y yo reacciono dando los mismos pero hacia atrás, chocándome con la barandilla.

- No - digo firme subiendo la metralleta al ver que ésta la ha bajado.

- Entonces, vuelve a la bodega - me ordena quitando el cargador de su pistola. ¿Pero esta tía está loca?.

- No - digo firmemente sin salir de mi asombro - te aconsejo que vuelvas a cargar la pistola. Me gusta jugar de manera igualitaria.

- Bueno...no creo que sea un juego igualitario cuando tu tienes una metralleta y yo una simple pistola - ahí tiene razón.

- Solamente necesito una bala para matarte - me excuso muy malamente.

- Pues hazlo - y a mí se me encoje el pecho solo de pensarlo.

- No - pero ganas me dan.

- ¿Qué pasa que te ha venido la regla o qué? - ahora sí carga la pistola - ¿quieres de una puta vez, acabar esto?. ¡No tengo todo el tiempo! - se ha enfadado.

- Eres una pesada... - disparo vagamente hacia un extremo de la habitación para asustarla - ale, he fallado. Nos vemos - me pongo la metralleta en la espalda y pongo mis pies para subir la escalera.

- ¡Y una mierda! - me agarra de la cinta y me vuelve a tirar de culo contra el suelo - ¡de aquí no te vas!.

Furiosa,me levanto y tiro mi metralleta al suelo sin seguro y sin nada. Acto seguido,le golpeo de un manotazo la pistola, lanzándola al otro extremo del pasillo y la agarro con firmeza del cuello, para encararla.

- Que sea la última vez que me tocas... - le amenazo con tranquilidad. Su respiración a comenzado a agitarse, y su pecho se eleva arriba y abajo desesperado por coger aire. Ésta reacciona aferrando su mano contra la mía para aflojar mi agarre, y cómo si me quemara, la aparto, dejándola libre - la última - la amenazo por última vez, y me voy de nuevo hacia las escaleras con el corazón acelerado, muerta de la vergüenza.

Creo que necesito sexo ya... estas actitudes de adolescente hormonada no son normales.

- Antes de irte, me gustaría saber algo - me detengo de manera brusca, en mitad de la escalera, intentando no maldecir internamente.

- ¿Qué? - me giro sosteniéndome en la barra.

- ¿Por qué no me matas? - eso mismo quiero saber yo - te conozco Lexa, y sé que eres de sangre fría. Además, acabas de mostrármelo con el recorrido de hombres acabas de matar por el camino.

- Simplemente, porque no quiero - le respondo de manera cortante.

- ¿Y por qué no? - insiste haciendo que pierda la paciencia.

- ¡PORQUE ERES JOVEN Y ESTÁS A PUNTO DE CASARTE! - mentira más mala... - ¿o es mentira, también?, porque me ha quedado claro que lo de "chica normal y legal" ha sido puro teatro.

- Yo en ningún momento te he mentido, sino que lo he omitido.

- Eres una cínica... - intento controlar de nuevo mis impulsos para no matarla. Odio que me mientan y más que jueguen así.

- ¿Ah sí?. ¿Dime en qué te he mentido?, porque que yo sepa sigo teniendo el título de psicóloga, estoy prometida - lo cual me da una rabia que flipas. Y no es por mó, sino por el pobre novio que seguramente ni sabrá a lo que se dedica su linda esposa - y me dirigía a Nuevo México pero por casualidades de la vida, me crucé contigo - finaliza.

- Buena coartada - admito irónicamente - ¿cómo te llamas?.

- Me llamo de la misma manera - me responde cruzándose de brazos. Error, significa que está mintiendo.

- ¿Cómo te llamas? - le repito nuevamente, acercándome hacia ella de manera intimidante. No me responde - lección numero: "el que le de usted la gana querida psicóloga", cuando responda...no haga gestos de defensa - miro sus brazos y ella los deshace dejándolos caer contra la pared.

Punto para mí.

- Vuelve a la bodega - me vuelve a ordenar irritada, y yo me acerco, aprisionándola contra la pared.

- Dime tu nombre completo - le ordeno poniendo mis manos alrededor de su cabeza.

¿Ahora quién es la que manda?.

- No - acerca sus labios contra los míos.

- Esta vez no me vas a ganar con ese juego, pequeña - los acerco aún más y ella retira su cabeza hacia atrás, perdiendo.

- ¿Para qué quieres saberlo?.

- Tú dímelo - ya no estamos jugando, pero vuelvo a acercarme a sus labios.

Es una sensación reconfortante para mi cuerpo. Ya ni me interesa su nombre, solamente una cosa...

- Me llamo igual.

- Segundo nombre y apellidos - le susurro con una voz extremadamente ronca y llevándome una mano a su cadera. Sus ojos van a parar a mis labios y a mí me da un iptus y una parada cardíaca.

De repente, la alarma que avisa a la tripulación del desembarco, interrumpe nuestro momento.

- Nos vemos - se despide de mí con un abrazo, clavándome un tranquilizante que había sacado de su bolsillo, en mi cuello.

Creo que es la primera vez que me dejo vencer, y solamente, para que durante diez segundos maravillosos, pueda disfrutar de nuevo del tacto y la suavidad de su piel, junto al delicioso olor de su ropa y cabello.

De nuevo, quedo inconsciente pero esta vez, entre sus brazos.

(...)

Me despierto con el cuerpo dolorido, sintiendo aún el cosquilleo anestésico del tranquilizante. Entreabro los ojos y vuelvo a tener la cabeza cubierta. Está vez no me agobio y me dejo llevar por los hombres que me agarran por las extremidades, cargándome cómo si fuera una mísera bolsa de patatas.

Uno de ellos se tropieza con una caja y los tres restantes, pierden el equilibrio haciéndome caer.

- ¿Está despierta? - dice uno de ellos al escuchar mi gruñido ya que he caído con el hombro de la herida.

- No lo creo...me dijo que le había inyectado la dosis necesaria para despertar, una vez que esté reunida con el jefe - dice el hombre que está al lado de mi cabeza.

Aguántate...aguántate - al final acabo estornudando.

¡Mierda!.

Los hombres ante la evidencia, empiezan a agarrarme pero me resisto con todas mis fuerzas, intentando golpearlos en cualquier parte de su cuerpo pero no lo é que eran menos de los que imaginaba, y los golpes que me están propinando son demasiados para mi cuerpo agotado.

De nuevo, me vuelven a dormir, y mi cuerpo se relaja, dejándose llevar por el anestesiante.

FLASHBACK

8 de enero del 2000 / 10: 30 am.

- Han pasado dos días y mis papis no han vuelto a por mí...ni si quiera Zeus ha venido a darme los regalos de mi cumpleaños...No sé que está pasando realmente, pero lo pienso averiguar - escribo en mi diario mientras lo redacto en voz alta.

No entiendo por qué los hombres no me dejan salir de mi cuarto. He conocido a algunos de ellos...pero no me dicen sus nombres. Tampoco sé a qué se dedican, ni si tienen familia...están constantemente pendientes de mí, de que no me falte nada pero yo no me fío de ellos. Mi padre siempre me ha dicho que soy muy intuitiva, es decir, siempre sé cuando las cosas están yendo mal. ¿Quién diría que tengo nueve años?. Sí, los he cumplido hace dos días y nadie me ha regalado un pastel...

No quiero pensar, que estos hombres les han hecho algo malo...mis padres son valientes y aventureros...seguramente mi papi estará hablando con su hermano perdido para pagar mi rescate. Aunque no sé si realmente esto es un rescate... se supone que el secuestro comienza cuando acabas con la libertad del otro, y yo...bueno, no me puedo quejar, solamente no me dejan salir de mi cuarto.

Las pisadas de varios hombres se detienen en la puerta. Escondo rápidamente mi diario debajo de mi cama.

- Hola, pequeña - me saluda un hombre alto y de piel morena - ¿cómo has dormido?.

No le respondo. Me quedo observando cada detalle de él, desde sus movimientos, sus expresiones hasta sus cicatrices faciales.

- Me han dicho que eres muy lista... - me sonríe. Tiene una bonita sonrisa pero nada convincente - ¿es verdad que sabes escribir poesía? - asiento - ¿y que sabes contar sumar y dividir cantidades mentalmente?.

- Sí - rompo mi silencio - incluso sé álgebra y varios idiomas.

- ¡Vaya! - se arodilla asombrado para ponerse a mi altura - me habían dicho que eras de pocas palabras...

- No, me caéis bien y quiero volver con mis papis - digo firmemente, fulminándolo con la mirada.

- Y volverás, lo que pasa es que se han ido de viaje - me intenta acariciar el pelo y yo me alejo.

- Eres un mentiroso - le digo con tranquilidad.

- No lo soy - se defiende sin perder la sonrisa. Sigue mintiendo, sé que es un hombre de poca paciencia, y se le nota mucho cuando fuerza los ojos cómo en este momento - ¿sabes como me llamo, pequeña?.

- Jaha - se ríe nerviosamente.

-¿Cómo lo sabes? - se levanta. Lo he puesto nervioso - ¿eres adivina o qué?.

- Tus hombres me lo dijeron - los miro.

- Eres una mentirosa - me acusa divertido - y un poco manipuladora.

- Yo no soy mentirosa - digo enfadada - ellos hablaron en voz alta y yo lo escuché.

- ¿Y cómo me has reconocido? - se vuelve a poner a mi altura - que yo sepa es la primera vez que nos vemos.

- Intuición - vuelvo a la cama y le doy la espalda, tanto a ese tal Jaha como a sus guardianes.

- Está chica es un genio... - le oigo murmurar - en diez minutos salimos. Encargaos de que esté preparada.

- ¡Yo no pienso ir a ningún lado con ustedes! - les grito incorporándome furiosa de la cama.

- Eso es lo que tú te crees... - murmura con una sonrisa maliciosa.

(...)

No me acuerdo del momento en el que entré en el coche...estaba en mi habitación...me tomé un vaso de agua y de repente...aparecí aquí. Seguramente fue por no haber dormido toda la noche.

Estoy en una especie de todoterreno blindado. No puedo escuchar ni ver nada del exterior, aunque sí, el murmullo entre varios hombres. Probablemente es que porque me he despertado. El coche se detiene.

- Baja del coche - dice de manera borde un hombre encapuchado. Me hago la sorda.

- ¿Es qué no escuchas? - me grita irritado - ¡que te bajes del puto coche!.

- ¡Eh, que es una cría! - le regaña uno de ellos. Ambos me miran y yo me mantengo en mis trece - vamos, pequeña - me dice amablemente uno de ellos.

- Me cago en la puta - saca una pistola y me apunta - ¿quieres salir de una puta vez?. ¡No soy tu niñera! - lo miro y ni me inmuto. Varios de ellos se ríen.

- Vaya huevos tiene la cría - carcajea uno de ellos.

El otro hombre pierde la paciencia al ver que lo he avergonzado y me saca de un tirón de orejas. Le pego una patada en la espinilla haciendo que, de nuevo, se rían de él y echo a correr desesperada por el campo campestre que desconozco.

Corro y corro, lo más rápido que puedo, por la maleza. Creía había sido buena idea, pero no...estoy en medio del monte y atrapada en unos terrenos totalmente amurallados. No tengo más remedio que volver...

Al llegar de nuevo al coche, me encuentro a Jaha hablando con una mujer rubia. Éste me mira y da unos pasos hacia mí.

- ¿Te has cansado ya del paseo? - me pregunta con sarcasmo, riéndose - creo que es hora de que te presente tu nuevo hogar.

- ¿Mi nuevo hogar? - intento reprimir con todas mis fuerzas las lágrimas.

- Sí - me coge en brazos y me lleva por el sendero.

Caminamos durante cinco minutos, en completo silencio, hasta llegar a una casa de campo abandonada.

- ¿Te gusta? - le niego con tristeza - ya verás que sí - me intenta convencer pero sé que no va a ser posible. Siempre he vivido en una mansión llena de lujos y yendo a un colegio privado. ¡Espera!, ¿y mis amigos?.

- Mañana tengo escuela - intento convencerlo para volver a mi hogar.

- Lo sé, pero no va a ser posible que vayas... - se detiene y nuestras miradas se cruzan - un tutor privado vendrá a enseñarte. No te preocupes - ambos entramos en la casa.

Pensaba que no me iba a gustar...pero que tengo que decir...me he llevado una grata sorpresa. Exterior demacrado, interior lujoso. Incluso tengo una habitación más grande que la que tenía antes: llena de peluches, juguetes e ¡incluso libros!. Puede que no viva tan mal hasta que vengan mis padres a por mí...

(...)

- ¿Ya te has bañado? - me pregunta Jaha cuando entra en el enorme y lujoso comedor con una bandeja llena de comida.

- Sí - le respondo triste con mi cabezita enterrada entre mis brazos. No quiero que me vea llorar.

- ¿Han sido amables contigo? - asiento.

Las mujeres de esta casa son encantadoras, casi iguales de amables como mi mami...La extraño tanto...

- Aquí tienes - pone la bandeja, la cual, lleva un actimel, una coca-cola y una hamburguesa con patatas fritas. Jaha me sonríe dulcemente - tu cena.

- No quiero irme a dormir - me seco las lágrimas con la tela del jersey que me han dado.

- No tienes que irte a dormir ahora mismo - aproxima la bandeja hacia mí - puedes quedarte viendo la televisión en tu cuarto. Recuerda que aquí eres libre de hacer lo que quieras pero si nos haces caso.

- Me estás mintiendo - me mira sin entender a lo que me refiero - si me tomo esto, seguramente me quedaré dormida cómo cuando me disteis el vaso de agua - le rechazo la bandeja, alejándola.

- ¿Por qué dices eso? - intenta disimular.

- Me habéis drogado con escopolamina - abre los ojos como platos y se empieza a reír nerviosamente - no veo la gracia en ningún lado - suspiro abatida - podríais haber fallado con la dosis, y yo haber muerto.

- ¡Enserio, eres increíble! - carcajea muy fuerte - eres toda una joya en bruto.

- ¿Lo soy? - no entiendo nada...es abrir la boca y se sorprende.

- Lo eres - me da unas palmaditas en mi pequeña espalda - Eres especial...diferente a los otros niños - coge mi coca-cola y le pega un sorbo.

- ¿Cuando vienen mis padres? - cambio el rumbo de la conversación. Su sonrisa se desvanece.

- Pronto, pequeña... - me abraza - pronto...

FIN FLASHBACK

(...)

Por tercera vez, vuelvo a recuperar la consciencia en un periodo de no sé cuantas horas. Ahora sin la cabeza tapada, me hallo en unas duchas viejas y mugrientas, boca abajo en el suelo y completamente desnuda.

Me levanto poco a poco sujetándome a la barandilla de la pared con una mano y con la otra mi estómago, el cual, creo que me va a jugar una mala pasada. Y en efecto lo hace, tan pronto como me levanto, echo toda la bilis, puesto que no he ingerido ningún alimento desde esta mañana. El sudor aparece por todo mi cuerpo, al igual que un insoportable ardor por toda mi garganta. Giro la manivela de la ducha y no cae el agua. Lo más probable es que venga alguien ha rociarme con agua helada de una manguera o un cubo. Muchos lo hacen como tortura pero eso es para novatos, los que llevamos mucho tiempo en el negocio, lo vemos como un mero paseo innecesario que te va a llevar al jefe y del jefe a un supuesto disparo.

Me examino la herida del hombro y parece que no está infectada, incluso ya tengo costra y todo, a pesar de que probablemente hayan pasado unas tres o cuatro horas según mis cálculos, se ha cerrado bastante bien. Tengo un cuerpo bastante resistente y con facilidad de cicatrización, y eso lo he ido adquiriendo a lo largo de los años. El cuerpo es como un molde, cuanto más lo machacas más se adapta.

Intento sentarme en algún lado para descansar mi cuerpo, pero no hay nada, así que me conformo con estirarme en el suelo y relajarme. No pasan ni diez minutos cuando empiezo a escuchar unos pasos acercarse a mí. Disfruto de mis últimos segundos antes de entrar en acción.

- ¡Deja de dormir y ponte en marcha, pedazo de vaga! - me levanto tan rápido como si me hubieran dado un calambrazo, causado por el chorro de agua a presión de la manguera, que ha ido a parar justo en mi cara.

- ¿Sexy? - me quedo en el sitio helada. La cabrona me lanza la esponja justo en la cara, haciéndome salir de mi asombro.

- ¿Cuándo vas a dejar de llamarme así?. Soy Octavia, no " sexy" - me mira con una sonrisa en el rostro intentando parecer enfadada.

Me aproximo lo más rápido que puedo, aún sin salir de mi asombro y sin importándome una mierda el dolor y el cosquilleo anestésico, y le planto un beso en todos los , la abrazo muy fuerte.

- Eres "sexy" y te callas - ambas nos reímos y nos miramos, aún abrazadas.

- Eres una terca - me da una pequeña bofetada.

Una ráfaga de viento atraviesa la ventana y me eriza la piel, no creo que deba recordar que aún sigo desnuda. Seguramente quien viera esta escena le parecería un tanto erótica,o al menos, creería que acabaría en sexo pero no; "sexy" y no Octavia, es una de mis mejores amigas más leales, al igual que Raven. Nos tenemos tan vistas que ni se nos pasa por la cabeza pasar vergüenza. Además, somos como hermanas y es imposible que haya malos rollos entre nosotras. Si os soy sincera...les he echado de menos...pero ¡eh!, que es un secreto. Yo no echo de menos a nadie.

- ¿Por qué estoy aquí, Octavia? - rompo el momento.

- Se puede decir que te hemos rescatado... - sus dedos recorren mi clavícula evitando mirarme. No quiere hablar de ello y no voy a presionarla. Seguramente ha sido el jefe.

- ¿Y Reyes? - le pregunto presionando sus grandes cachetes. Parece una ardillita.

- En la enfermería esperándote. Así que mueve el culo y deja que te limpie, porque chica...das asco - ambas nos reímos. La verdad, es que si doy todo el asco, estoy súper demacrada y el sobaco me huele tela.

Sexy coge un mini-cajón de la esquina, el cual se me había pasado por alto y me siento. Empieza a masajearme la espalda con la esponja suavemente, llenándome de placer y erizándome la piel.

Dios que bien sienta...

Puedo sentir cómo mis músculos se han relajado después de tanto tiempo en tensión. Presiona levemente la manivela de la manguera y esta vez, el agua caliente recorre mi piel con suavidad, aliviando cualquier dolor. Cierro los ojos y pasa con delicadeza su mano enjabonada por mis pechos, sin querer, suelto un gemido.

- ¡Dios Lexa, pero si tienes el pezón durísimo!. ¿Cuando fue la última vez que follaste? - me masajea con cuidado el pecho, al ver que lo tengo muy sensible - creo que si no tengo cuidado, vas hasta a correrte - se ríe la jodida disfrutando de mi debilidad.

- Fue hace dos días. ¡Y cállate!, que no es para tanto... - agarro la esponja y la tiro hacia atrás con intención de darle pero fallo - me has pillado con la guardia baja - me defiendo molesta.

Yo no sé que me está pasando, pero mi cuerpo está reaccionando cada dos por tres, como cuando tenía catorce años, y estaba más salida que el pico de una esquina. A ver si alguien me está metiendo hormonas y yo ni me estoy inmutando.

- A lo mejor ha sido por aquella chica - abro los ojos como platos. ¿No se referirá a...?.

- ¿Qué chica? - le pregunto intentando parecer lo más inocente posible.

- Ya sabes... a aquella chica rubia y de ojos azules que llevaste al casino - no puedo ver su rostro, pero seguramente está disfrutando con una sonrisa de este momento.

- No sé de que me hablas...

- Sí que lo sabes - continua enjabonando mi cuerpo con la esponja y el agua - Raven me dijo que estabas muy cómoda con ella. Y encima, en medio de una misión... ¿o me equivoco? - sonríe triunfalmente, alzando una ceja.

- ¿Y qué tiene que ver Reyes en todo esto? - me giro, sorprendiéndola. Ésta agacha la cabeza y continua enjabonándome - no me digas que ella era la espía infiltrada.

- No debería decir esto... - suspira cogiendo fuerzas, sabiendo que se está yendo de la lengua - desde que te fuiste,hace dos años, la empresa ha decaído... la mayoría de los nuestros se han pasado de bando y el jefe está perdiendo dinero.

Vaya... y yo que pensaba que estaban mejor sin mi presencia.

- ¿Y por qué los Knifes me buscan?.

- Porque eres justamente la que necesitan en su plantilla para acabar finalmente con nosotros - me río con tristeza.

- Ellos saben que nunca aceptaré. Antes muerta que volver a... - me hago un ovillo agarrando mis piernas.

- Lo sé, no tienes que hablar de ello - me acaricia suavemente los hombros.

El resto de la ducha no hablo, y me alegro de que Octavia no me fuerce a ello. Me es muy doloroso recordar el pasado. Hay algunas cicatrices que están cerradas pero otras aún siguen abiertas...y no veo la forma de cerrarlas. Creo que nunca lo conseguiré.

Repentinamente, el silencio acaba cuando escucho el grito de Octavia y el agua de la manguera saliendo a presión. Me giro ¿y a quién veo?:

- Mira que eres capulla, Latina - me descojono al ver la imagen de una Raven, con una sonrisa maliciosa en el rostro y con la manguera en alto. Miro a Octavia, y está empapada de arriba a abajo, seguramente con agua fría, y con una expresión endemoniada.

- ¿Me estás jodiendo, Raven? - dice furiosa quedándose en sujetador y bragas - ¡madura un poco!.

- ¿Para qué?. ¿Para volverme una aburrida como tú? - la está comiendo con la mirada - y tranquila, que te joderé, ya sabes...en tu cama - le sonríe pícaramente y Octavia rueda los ojos, secándose con la toalla.

- Pero a quién tenemos aquí... - me mira moviendo la manguera como si fuera un látigo - si es nuestra queridísma heda, en bola picada - me mira pícaramente. Abre la manguera y me rocía con agua mucho más helada que antes.

- ¡Serás perra! - me río deteniendo el chorro con mis manos. Me acerco poco a poco y le arrebato la manguera, empapándola.

- ¡Para, Lex, por favor! - me suplica con los ojos cerrados, intentando no reírse para no tragar agua. Divertida, agarro el mango y se lo meto entre el canalillo de las tetas.

- Eso te lo debo por espiarme - aunque me esté riendo, en realidad, me ha dolido. Sé que es su trabajo...pero joder, que me avise o algo.

- ¡Oye, que fue cosa del jefe! - se defiende apagando la manguera y agarrando un par de toallas.

- Pues no le hagas caso.

- Cómo si fuera tan fácil - resopla.

- Vamos, sabéis que el jefe es un huevón - levanto las manos y Raven me tapa con una toalla. Obviamente, la muy descarada disfruta antes, de mi anatomía - le sacáis una teta y listo.

- Claro... habló su ojito derecho - ruedo los ojos.

Eso no es cierto, no soy su ojito derecho, sólo que lo conozco desde los quince años y claro, hay confianza.

- Anda, vamos a la enfermería para que te cure esa herida - señala la herida de mi hombro - a este paso me vas a ganar con las cicatrices.

- ¿Esto es una competición, miss Latina?.

- ¿Aún sigues llamándonos por esos estúpidos motes? - mira a Octavia y ésta asiente - dios, esta tortura no va a acabar nunca.

- Y no lo voy a dejar de hacer - me río de satisfacción, llevándome sus miradas asesinas - por cierto, te voy ganando y sabes que no debes competir conmigo...

- Eso lo veremos Woods.

- Menudas infantiles... - murmura Octavia resoplando.

- Te hemos oído - decimos a la vez con una sonrisa.

- Anda, id ya, que luego yo me llevo la bronca - nos empuja hacia la salida mientras que ella se queda recogiendo todo.

- Por cierto - vuelvo para darle la toalla - si esta noche te jode miss Latina...y queréis experimentar... contad conmigo - le doy un pico y salgo corriendo infantilmente. Ésta me lanza el champú pero falla.

- Eres una infantil, Alexandra Woods - la escucho riéndose al final del pasillo.

Una vez que llegamos a la enfermería y Raven me da un beso en condiciones, me cura las heridas y me da el uniforme de los Grounders: camiseta de tirantes negra o azul, pantalones medio anchos del mismo color, botas negras, mi placa de identificación y un cinturón para las armas.

Me visto y me miro al espejo. Parece que me ha pisado un camión, y lo digo, por la mano vendada por los golpes en los nudillos; el hombro vendado; el ojo medio morado; el labio partido y las peores heridas que son las que no se ven pero duelen como el demonio.

- Estás horrible - me mira divertida a través del espejo - al menos tus tatuajes siguen igual de bonitos.

- ¿Aún está la promesa de hacernos el nuestro junto a Octavia? - me recojo el pelo en una cola, dejando libre un mechón de pelo.

- Ya sabes que ella no es muy de agujas.

Lo sé. No entiendo como una tía que puede trabajar con cuchillos, lanzarlos tan bien e incluso no sentir dolor si se los clavan, llegar a desplomarse por una simple aguja.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? - me mira con "esa mirada". Y cuando me refiero a "esa mirada", es aquella en la que inclina la cabeza pensativa y me analiza.

- Miedo me da... - suspiro sabiendo que no me va a gustar - adelante.

- ¿Qué hacías con esa chica?.

Sabía que por ahí iban a ir los tiros.

- Em...es una larga historia - esquivo la pregunta.

- ¿Te gusta? - suelta repentinamente y yo casi me ahogo con mi propia saliva.

- ¡¿Estás loca?! - me giro molesta. ¿Por qué me enfado si es una estúpida pregunta? - obvio no, y además...ella es de los Knifes.

- ¿Estás segura? - otra vez "esa mirada", pero esta vez, con una sonrisa reprimida.

¿A dónde quieres llegar, Raven Reyes?.

- ¿La conoces?.

- Dependiendo lo que diga...¿cómo te lo tomarías? - este jueguito ya me está empezando a aburrir.

- ¡Si sabes algo dímelo ya! - exclamo frustrada. Y ella se ríe.

- Entonces, ¿te gusta? - más que una pregunta ha sido una afirmación.

- No.

- Ya... - me da la espalda riéndose - será mejor que vayas a ver al jefe. Te está esperando.

- Bien - salgo frustrada del lugar, dándole una patada a la papelera.

(...)

- ¿Se puede saber que quieres? - digo entrando furiosa en su despacho.

- Hola a ti también, Lexa - se gira en su sillón y nuestras miradas se cruzan. Está fumándose un puro.

- Hola, Wallace - le saludo con cara de pocos amigos.

Me siento sin pedir permiso y elevo las piernas en su escritorio, nerviosa. Él se ríe.

- Dos años y no has cambiado,en absoluto. Y deja de llamarme Wallace, para ti soy Cage - le da la última calada y apaga el puro.

Cage Wallace, tú tampoco has cambiado, en absoluto... aún sigues con tus trajes pijos, tu corbatita bien ajustada y tu pinta de mafioso ricachón.

- Eso me han dicho... - muevo los pies nerviosamente - y no voy a dejar de llamarte Wallace.

- A lo mejor, tendré que pegarte un tiro si no lo haces - se ríe mientras se enciende otro puro.

- ¿Para eso me has traído? - me levanto molesta.

- Por favor, Lex. ¿Dónde ha quedado tu sentido del humor?.

-Cuando se supone que me creía que me habían secuestrado los Knifes, y resulta que habéis sido vosotros. ¿Qué queréis de mí? - apoyo mis manos en su precioso escritorio de madera pulida - sé que estáis en quiebra. Y no, no voy a participar...pero tampoco, os voy a traicionar.

- ¿Te lo ha contado, Blake?.

- No. Los rumores vuelan.

- Lex, no me tomes por tonto que te conozco desde antes que te salieran esas dos preciosas tetas - inevitablemente me río - ¡ves!. Esa es la Lexa, que he estado buscando.

- Cállate de una vez y cuéntame - agarro un puro de la mesa y él me lo enciende con su mechero pulido en oro.

- Está bien, te lo contaré esta misma noche cuando reciba todos los documentos necesarios.

- Pensaba que ya tenías un plan - le doy una calada al puro y expulso el humo,sintiendo el recorrido de éste por mis pulmones.

- Y lo tengo, pero quiero que salga a la perfección - me sonríe poniendo los pies en su escritorio y sus manos por detrás de su cabeza - pero antes, necesito que conozcas a alguien.

- ¿A quién? - le pregunto sorprendida.

- A tu nuevo ojito derecho - me guiña el ojo, mordiendo el puro.

- Que yo sepa, mis únicos ojitos son Reyes y Blake - le doy otra calada y lo apago - ¿no será otra tía que te estás follando?.

- ¡Pues claro que no!.¿Por quién me tomas? - le miro con el ceño fruncido - he cambiado, ¿vale?. Recuerda que no me folle ni a Reyes ni a Blake - se defiende.

- ¡Porque no te dejé, maldita sea! - sin querer pego un golpe en la mesa, sobresaltándolo.

¿Cómo iba a dejar que les hicieran eso?. Tan solo eran unas pubertas cuando entraron en el negocio. Yo tenía dieciocho y ellas unos dieciséis.

-Tranquila, Lexa- apaga su puro - ya no soy el cabrón de antes.

- Lo sé... - me siento en el sillón decaída - lo siento...he tenido una mala semana.

- Si necesitas algo, sólo tienes que decírmelo...ya sabes: mujeres, alcohol, drogas, dinero...todo está a tu disposición - se levanta y me da un beso en la nuca - recuerda que eres como mi sobrina.

- Lo sé, tito Cage - pongo voz infantil y él se ríe - Wallage - bromeo, y su risa es sustituida por un gruñido.

Cage va hacia los archivos para coger el perfil de mi "nuevo ojito derecho". Mientras tanto, me entretengo moviendo las botas al compás de un ritmo silencioso.

- Aquí tienes todo lo que debes saber de ella - me lanza un archivo pesado en su escritorio. Uf, que pereza.

- ¿No me vas a invitar antes a una copa? - cojo el archivo y lo abro pero aún sin leerlo - ya sabes que los buenos negocios se cierran con una - sus ojos se han vuelto brillosos de la emoción.

- ¿Es una indirecta, Woods? - saca del segundo cajón de su escritorio un ron valorado en dos mil dólares y lo sirve en dos copas - porque ya sabes que estoy viejo para las indirectas.

- Es una indirecta muy directa - cojo los dos vasos y le introduzco dos rodajas de limón.

- ¿Eso es un sí? - alza la copa y yo se la choco, aceptando - que sepas que si algún día muero... tú te quedarás con la empresa.

- Y de manera gustosa lo haré - ambos nos tomamos el ron, sin gruñidos ni arcadas, de golpe - ahora háblame de la nueva - la verdad es que me he quedado intrigada.

- Veintitrés años, psicóloga, metro setenta, guapa, ojos azules y rubia - me río nerviosamente. Debe estar de coña - ¿pasa algo?.

- ¿Esto es una especie de broma oculta?. Porque no tiene ¡NI PUTA GRACIA! - me levanto agitada y empiezo a andar nerviosamente por toda la habitación.

- ¿A qué te refieres?. No te entiendo...

- ¡NO!. ¡Sí me entiendes! - le grito al perder la paciencia. Vuelvo a reírme nerviosamente, más fuerte, debido a la presión y a la incertidumbre del momento. Quién me viera, diría que estoy loca - dime su nombre - le exijo.

- ¿Pero qué te...?.

- ¡QUÉ ME DIGAS SU PUTO NOMBRE! - le grito al borde del colapso ,haciendo que salte sobresaltado de su silla. Parece un chihuahua acobardado.

- Clarke Griffin.

En vez de caminar, me lanzo al escritorio para leer el documento:

DOCUMENTO CONFIDENCIAL

(Foto Wattpad)

Nombre: Clarke Griffin

Fecha de nacimiento: 24 de Octubre de 1993 (23 años).

Nacimiento: Sidney, Australia; Los Ángeles, Estados Unidos (residente).

Características: complexión delgada pero fuerte, ojos azules y pelo rubio.

Historial médico: 0 + / Ningún tipo de heridas, roturas o cicatrices.

Identidad falsa: Elyza Lex McCauley

Precio por cabeza: 500.000 dólares.

Delitos: traición a la C.I.A, secuestro, robo a mano armada (dos bancos), traficante de drogas y lavado de dinero.

Cárcel: condena de cuarenta años / Duración: dos días (?)

Estudios: licenciada con honores en psicología, historia y medicina forense.

Especialidad: gran puntería con la pistola, extorsión y manipulación.

Coeficiente intelectual: 145 .

Clasificación: superdotación intelectual alta ( 0,11% de la población).

Datos a añadir: nada por el momento.