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Día 2. Martes
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Era el segundo día sin Gokudera; Haru parecía haberlo asimilado un poco mejor, llevaba su vida en casa con normalidad. Claro que no podían faltar los mensajes de "buenos días" de su parte, no recibía respuesta inmediata pues sabía que el chico se negaba a responder ese tipo de cosas; pero en el transcurso del día él le mandaba mensajes preguntándole si ya había comido, si estaba en la escuela o en casa, para Hayato esas cosas eran más importantes.
Haru había decido ir al departamento de Hayato antes o después de la escuela, ya fuera para limpiar la casa o simplemente para estar ahí, el peliblanco le había dado un juego de llaves desde hacía tiempo atrás; pero como hoy se había levantado tarde, se fue directo a la escuela.
Miura desde siempre ha sido una chica muy curiosa que todo quiere saber; con el tiempo y la vida que llevó junto a Tsuna y compañía comprendió que había cosas que era mejor no saber pero aún así, muchas veces la curiosidad le ganaba y buscó la mejor forma posible de enterarse de las cosas sin arriesgarse tanto, razón por la que decidió estudiar Idiomas.
La escuela a la que iba era mixta pero en su clase abundaban más las mujeres; se llevaba bien con la mayoría de sus compañeros pero debido a su personalidad un tanto ingenua a momentos, se entendía mejor con los chicos pues veían en ella a una chica frágil que debían proteger, además de que en su grupo de amigos había pocas mujeres y Haru estaba más acostumbrada a tratar con los hombres.
Y si a eso le agregamos que se ganó el odio de muchas chicas de su escuela cuando la vieron con Hayato… sólo podemos decir que Haru Miura es una chica muy optimista y que no se deja vencer por nada ni nadie. Ella estaba consciente de ese odio hacia su persona e incluso las justificaba: Hayato parecía un chico inalcanzable, ella misma aún pensaba que era un sueño ser la novia de semejante hombre italiano. Le era gracioso recordar que cuando se conocieron no podían dejar de discutir y ahora no podían estar el uno sin la otra, que vueltas daba la vida.
Pensando en ello, el tiempo en la escuela se le pasó sin darse cuenta; cuando pensaba en Gokudera las horas se le iban volando y las cosas las hacía de forma automática, por suerte para ella, era aplicada en sus estudios porque de no serlo más de una vez habría estado a punto de reprobar.
Las clases terminaron y decidió ir a casa del albino pero antes pasaría por un helado pues, con o sin novio, la castaña no podía dejar pasar el hecho de disfrutar un delicioso helado.
Cantarina, la chica caminó por la zona céntrica de su ciudad, viendo una que otra tienda y soñando con lucir uno que otro vestido que le gustaba.
Una vez dentro de la nevería y con su helado de choco chip en mano, se sentó a degustarlo con total tranquilidad; estaba feliz y concentrada en ello cuando un joven de cortos y castaños cabellos se acercó a ella.
—¿Puedo sentarme aquí?— la sacó de sus ensoñaciones
—¿Hahi?— aún no se le quitaba la costumbre de decir esa frase
—¿Estás sola, no?— apenas iba a sentarse el chico cuando dos personas entraron corriendo al lugar llamando a la castaña
—¡Haru-nee!— dos adolescentes se acercaron a ella
—¡Lambo-chan! ¡I-pin-chan!—
A su mesa llegaron los integrantes más jóvenes de la familia Vongola, bueno, Lambo era el guardián de Tsuna e I-pin era una gran artista marcial que, de momento, era una estudiante de secundaria normal con un trabajo de medio tiempo en un restaurante de comida china.
—¡Lambo también quiere helado!— entre pidió y exigió el joven adolescente, que no dejaba de ser un chico un tanto engreído, pero qué se podía esperar si el chico había estando pasando tiempo con Gokudera.
Aún cuando el "niño vaca" vivió su infancia en la casa Sawada y se aprovechó todo lo que pudo de Tsuna; cuando estaba a mitad de la primaria Lambo regresó a casa de la familia Bovino pero cierto día se tomó la decisión de que Gokudera se encargara de supervisar los estudios del chico. Y aunque el peliblanco lo trataba con la punta del zapato, gracias a la intervención de Haru aprendieron a llevarse un poco mejor y, con el paso del tiempo Lambo agarró cierta estima por su "maestro" aunque éste no dejaba de ser estricto con el guardián del rayo.
Además de que, al provenir ambos de Italia y que Lambo ya era un poco mayor tenían algunos temas en común de los cuales conversar y, aunque Hayato no lo admitiera, Haru sabía que el chico bomba le tenía bastante estima al adolescente, daba por hecho que Gokudera serían un gran padre.
—¡Claro chicos, pidan el helado que quieran!—
Ella se levantó y se acercó con la dependienta de la nevería dejando en el olvido al chico que le había hablado, el cual vio a los pequeños con frustración pues él había pensado en cortejar a Haru pero los recién llegados habían interrumpido su labor. Con lo que no contaba era con que ellos le iban a regresar la mirada, la "niña" le veía con reproche y el "niño" con burla y superioridad; esto ocasionó enojo en el muchacho por lo que se marchó sin decir nada.
—Lambo-chan, I-pin-chan ¿de cuál quieren? ¿Hahi? ¿No había otra persona allí?—
—No pasa nada, Haru-nee— Lambo se acercó a ver los sabores de nieve que había —es gente sin importancia—
—No se preocupe por esas cosas, Haru-san— cortés pero fría, así era I-pin, no era su intención serlo pero así era ella
Y haciendo caso a los pequeños, los tres comieron sus helados con total felicidad; era cierto que Haru disfruta de los helados sola, pero estar con personas que gustaban de lo mismo que ella, la hacía sentirse mejor y más porque tenía tiempo que no veía a esos pequeños traviesos.
La tarde había caído y los chicos acompañaron a Haru hasta su casa, ella lo agradeció sinceramente, aún cuando en su interior se entristecía por no haber ido a casa de Gokudera por lo que decidió madrugar al día siguiente para ir a su departamento antes de sus clases.
Ya en el camino a sus respectivas casas, Lambo e I-pin conversaban.
—Fue divertido ¿verdad?—
—Fuiste grosero con el hombre aquél, Lambo—
—¿Y qué? Él se acercó a lo que no debía—
—Eso es cierto… él se lo buscó—
—¿Lo ves?— sonrió victorioso —lo del día de hoy de va a salir caro a "escupidera"—
Por su parte, en Turín, Gokudera estaba en su departamento escribiendo en su laptop su reporte del día.
—Vaya con estas gentes… necesitan que uno venga a decirles cómo se trabaja, ese caballo es muy suave con sus subordinados— murmuraba eso cuando vio que su celular se iluminaba
—Ya era hora— leyó el mensaje —¡Estúpida vaca!— y colocó de forma brusca el celular donde antes estaba, volvió a escribir en la laptop, cesó unos momentos y no evitó sonreír de forma maliciosa —al menos hizo bien su trabajo—
Y continuó con su reporte con una sonrisa retorcida plantada en su rostro, algo se maquinaba en la mente de Hayato Gokudera.
Aunque estaba en otro país, el italiano seguía al tanto de lo que pasaba en Japón, concretamente, de lo que pasaba con Miura Haru; sabía que había exagerado con sus precauciones y aunque había hecho algo que jamás pensó hacer, se decía a sí mismo que valía la pena y por suerte Tsuna le había apoyado en su idea sin dudarlo; estaba en deuda con el décimo y eso era una razón más para hacer bien su trabajo.
Ahora lo que faltaba era hacerse un poco de tiempo para comprar uno que otro recuerdo para su mujer, porque Haru era una mujer que atraía a varios hombres que debía alejar de alguna forma, debía pensar en algo que demostrara que ella era suya, además, tenía que llevarle algo al décimo y a su futura esposa y… tal vez al resto de los guardianes Vongola… sólo tal vez.
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Wola! Aquí de nueva cuenta, al fin el capítulo 3 de este fic, espero y disculpen la demora =)
Intenté hacer este capítulo un poco más largo pero no fue la gran cosa –lo siento sariel- pero estoy procurando que los siguientes se expandan un poco más (al menos 5 páginas de Word, jeje)
Griisle, espero que esta parte sea también de tu agrado =)
Y como antes, dije, dudas, quejas comentarios y sugerencias no duden en dejar un review que será bien recibido y eternamente agradecido n.n
Saludos y que estén bien!
P.D.: Tranquila karin-chan, Gokudera no tiene pensado engañar a Haru =)
P. : Bueno… el próximo capítulo tal vez también quede corto… la persona invitada no coopera mucho ñ.ñu
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