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Día 3. Miércoles

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Lo había conseguido. La castaña se levantó temprano y se fue directo al departamento de Hayato; como ventaja, su clase de hoy iniciaba hasta pasado el medio día por lo que podía limpiar el lugar con toda calma.

—¿Cómo estará el clima en Italia? Hayato no cuenta mucho

Sintió decaer su ánimo por unos instantes pero volvió en si convenciéndose de que así era la naturaleza del italiano y que no podía cambiarlo, sólo tratar de entenderlo.

Ya en el departamento del chico, Haru se concentró en su labor de limpiar, no había mucho desorden pues, a pesar de la forma de ser del chico, explosiva, Haru debía admitir que Gokudera era un chico muy ordenado, su habitación no era desastrosa como vio en algunas ocasiones la de Tsuna o la del hermano de Kyoko; contrario a lo que ella imaginaba, Hayato era muy organizado, incluso Bianchi era más "libre" en su orden.

Sonriendo al saber de que no pelearía con el peliblanco por cuestiones de limpieza, Haru, continuó con lo suyo. Cuando terminó de asear se asomó por la ventana y descansó un poco viendo el azul limpio del cielo cuando vio algo que llamó su atención: un ave amarilla se paseaba por la zona donde ella se encontraba.

—¿Hahi? Esa ave se parece a la que tiene Hibari-san— dudó unos momentos y la vio con detenimiento —no, no es posible, Hibari-san tiene cosas más importantes que hacer que andar por aquí, además, no es la única ave amarilla de su tipo — con esa idea, Haru retornó a la casa para revisar que todo estuviera listo e irse a su escuela.

Salió de la casa a paso tranquilo, llevaba buen tiempo por lo que no consideraba necesario apresurarse hasta que vio que dos chicos venían caminando en dirección contraria a ella, los reconoció de inmediato puesto que viven en el mismo edificio que su novio y más de una vez le habían hecho propuestas indeseables sin importarles que Gokudera estuviera con ella y éste saliera en su defensa.

Se detuvo por unos instantes pensando en qué hacer, hacia dónde caminar pero no había muchas opciones, la más viable era regresar unos cuantos pasos y dar vuelta en la calle más cercana y eso estuvo a punto de hacer cuando se percató de que los chicos ya la habían visto y se dirigían claramente hacia ella.

—¡Hey, castaña linda!

Haru se paralizó unos instantes, nerviosa los vio y dio contados pasos hacia atrás.

—¿Y ahora qué hago?— quiso dar otro paso pero sintió chocar con alguien —Disculpe, yo…

Miura ya no sintió miedo, sintió pavor cuando reconoció a la persona con quien había chocado.

—Hi-Hiba…— las palabras no se formaron hasta que vio a cierta ave amarilla posarse sobre el hombro del joven adulto de cabellos negros – Hibari-san…

La castaña quedó inmóvil en ese momento, el pelinegro apenas y la volteó a ver sin darle mucha importancia y vio a los chicos que se acercaban

—Hey… ¿ya cambiaste al idiota aquél?— habló un rubio teñido

—Te lo dije— el castaño que le acompañaba le seguía el juego —se nota que ella sólo quiere diversión

—Pues podemos divertirnos los tres— el chico la miró de pies a cabeza, pero a la castaña no le gustó la forma en que la vio —deja a ése y vente con nosotros

Ella se asustó, tanto por la incomodidad del momento como por la reacción que Hibari pudiera tener, bien sabía ella que él odiaba ser molestado y las multitudes y en ese momento estaban ocurriendo las dos cosas. Otro paso dieron aquellos molestos chicos y Kyouya no se limitó. Sin decir más, él se dispuso a hacerles frente; no fueron varios golpes pero los que les dio fueron contundentes y cayeron inconscientes al momento.

Una vez hizo esto, Hibari se quedó viendo a la chica.

—Vas tarde, nunca debes llegar tarde

Ella reaccionó y apresuró su paso, cuando tomó debida distancia se detuvo y, con nervios, volteo a ver a su salvador.

—Hibari-san… Gracias— y corrió tan rápido como pudo

El aludido no dijo nada, ella tampoco esperaba respuesta, conocía al chico lo suficiente como para saber eso. Bastante había sido con que le ayudara y no la desconociera.

Kyouya la vio irse y volvió a tomar su camino en la misma dirección que ella; cuando pasó cerca de uno de los cuerpos que había dejado en el suelo, vio que uno de ellos comenzaba a despertar, Hibari sonrió divertido.

—Deberían ver primero con quien se meten, herbívoros— y se marchó.

Apenas y había salido de esa calle cuando vio acercarse a su "mentor".

—Buen trabajo, Kyouya— como siempre, Dino saludaba con alegría

—¿Qué quieres?— y como siempre, Hibari lo trataba con su "cordialidad" habitual

—Vine a ver a Haru-chan

—Ya no está

—Sí, los vi… no creí que vinieras. Cuando Tsuna nos dijo el plan tú sólo te marchaste sin decir nada… ¡Justo como en este momento!—le gritó al ver al pelinegro pasarlo de lado sin voltear a verlo —¡Kyouya!

Dino le dio alcance y caminó junto a él —Tantos años han pasado y sigue siendo igual

—Tú también

—De acuerdo, le diré a Tsuna que todo salió bien… aunque parecía que él ya sabía de esto porque cuando le dije que vendría me respondió que no era necesario, que confiaba en ti

—Ese herbívoro tampoco ha cambiado— y una diminuta sonrisa se formó en sus labios

—Aún así, tú no le vas a informar nada ¿verdad?— Dino sólo recibió una mirada neutra por parte del pelinegro —¿lo ves? Siempre me toca responder por ti… pero bueno, Gokudera me deberá un favor

—Yo hablaré con él

—¿Tú hablarás con Gokudera? ¿Por qué?— el rubio no ocultaba su sorpresa

—Es algo de antaño

—Hmm

Y sin hablar más, los dos continuaron caminando juntos.

Mientras tanto, en su departamento actual, Hayato revisaba varias carpetas que contenían información detallada de varias personas.

—¡ ¿Y esto de qué me sirve? ! ¿Para qué necesitamos saber que al secretario del noveno le gustaba la jardinería? Si el noveno ya no está… ¡El secretario menos!— aventó la carpeta y abrió otra que decía "datos actualizados"

—Oh, ese viejo sigue vivo y está haciendo lo que le gusta— sonrió derrotado —Entiendo… sin duda, el décimo sabe lo que hace

Continuó con su trabajo cuando vio que le llegaba un correo nuevo.

—Es de Dino-san ¿qué quiere?— leyó con atención —es un tonto, tantos años y sigue sin entender el comportamiento de Hibari— se alejó del escritorio y camino hacia la ventana —pero no lo puedo culpar, creo que sólo el décimo y Reborn-san son los que pueden lidiar con él

Se quedó de pie junto a la ventana, iba a abrirla pero se dio cuenta de que estaba lloviendo bastante fuerte.

—Mitad de semana—sonrió complacido y encendió un cigarrillo para degustarlo mientras veía la lluvia caer.

Colocó una silla junto a la ventana, hojeó una de las tantas revistas que le dejaban algunos subordinados para que "se relajara" porque no les gustaba que por todo les gritara; no les ponía interés lo único que quería era distraerse un poco del trabajo puesto que, desde que había llegado a esa ciudad no había salido más que una vez para reportar a Dino su llegada. Su habitación ya olía a tabaco por completo.

Suspiró largamente, vio su celular; no era tan tarde pero no quería interrumpir los sueños de la castaña, sabía bien que ella era de dormir pronto y pesadamente. Varias veces le había jugado bromas aprovechando que ella dormía, sonrió ampliamente al recordar la broma más reciente donde le puso un bigote postizo y cuando ella se dio cuenta él sólo le dijo que quería ver si se parecía a su papá.

Recordó varios momentos y la sonrisa no le abandonaba; se había dado cuenta de que, desde que Haru estaba en su vida él siempre sonreía, no vivía sonriendo como ella pero sólo ella sabía cómo hacerlo sonreír y que las sonrisas fueran sinceras y duraderas.

Y aunque nunca se lo dijera, Hayato se sentía agradecido por tener a Haru a su lado; su vida en la mafia no había sido muy alegre que digamos y menos al saber que no era hijo legítimo y, aunque Bianchi lo aceptaba e intentaba acercarse a él de la mejor forma, Hayato la rechazaba porque sentía que no podía confiar en nadie.

Conocer a Tsuna, a Haru y al resto de los Vongola, sin duda, había sido algo muy bueno. Se sentía afortunado y, aunque aún tenía ese carácter grosero y seco, con el tiempo Hayato había aprendido a ser mejor persona o, mejor dicho, a mostrar la gran persona que en verdad es, porque Tsuna había sido de los primeros en ver en Hayato a un chico enérgico e impetuoso pero, sin duda, confiable y que siempre estaría allí para ayudar a quien lo necesitara.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que la lluvia había cesado pero detuvo su vista en una hoja particular de una de las revistas, allí estaba aquello que sería el regalo adecuado para esa hiperactiva castaña que tanto amaba.

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Y aquí finaliza nuestro capítulo de hoy, espero y les haya gustado. Como antes dije, Hibari no coopera mucho, lo bueno fue que Dino llegó para hacerlo hablar un poco más, en serio, cuando andaba buscando la forma se hacer un poco más largo esto, el rubio llegó y trajo a Gokudera consigo n.n aunque ni con eso logre que fuera muy largo esta vez… pero creo que lo conseguiré en el siguiente capítulo.

Karin-chan, hice lo posible porque Gokudera estuviera presente; lo de Lambo, creo que te lo voy a deber.

Pczzitoo, gracias por tu mensaje… tienes buena intuición n.n

Nos leemos en el próximo capítulo, saludos, que estén bien, gracias por seguir esta historia y por sus reviews.

Nos vemos!

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