El conejo blanco

"aquello era el aroma de la santidad. Las fragancias que brotaban de las otras flores del jardín no podía opacarla"

Al ver la hora corroboró que llevaba más de una hora allí esperándolo. En cualquier otra situación la espera era casi un gozo para ella; al igual que Shinku, Souseiseki era una ávida lectora y disfrutaba cualquier momento libre para leer. Sin embargo la ansiedad que sentía desde la tarde le impedía concentrarse en la novela que llevaba consigo para matar el tiempo.

Sacó de nuevo el celular para revisar que no hubiese ocurrido algún imprevisto que le hubiera impedido venir, pero al abrirlo, en la pantalla apareció el menaje que le había llegado en la tarde. En él le informaba que llegaba esa misma noche a Japón. Esbozó una suave sonrisa con solo saber que pronto estaría aquí. No era para menos, durante dos años ella había vivido bajo su tutoría. Él se había esforzado por enseñarle todo cuanto podía y en algún punto habían desarrollado una relación casi de padre e hija; un tipo de afecto que no había podido sentir hasta ese momento. "ni creo que llegue a sentir jamás con alguien más".

Se levantó de su asiento al recibir un mensaje en el que se le indicaba que ya había bajado del avión. Tras una espera que sintió eterna, la joven pudo ver por fin que al hombre que espera.

-Mi señor Weiss- Dijo ella llevando su mano derecha al lado izquierdo de su pecho haciendo una venia.

-Joven Suiseiseki rosenkreuz- respondió el imitando el saludo.

-los viajes comerciales suponen una gran pérdida de tiempo para un hombre tan importante. Padre hubiese optado por la comodidad de un vuelo privado.

-Tu padre hubiese optado por llevarlas a todas a su presencia antes de venir el mismo a verlas.- ambos se vieron a los ojos por un instante para luego soltarse a carcajadas. La joven perdió la postura que había guardado desde que lo saludó para ir a abrazarlo, el hombre correspondió el abrazo- Ha pasado mucho tiempo mi niña, ¿Cómo te encuentras?-

-Muy bien, Japón ha resultado ser un país muy bueno para vivir- tras su abrazo ambos se encaminaron a la salida del aeropuerto- al principio me costó acostumbrarme al cambio de horario. Creo que a todas nos costó, en especial a Suiguintou. Pero por lo demás es un país muy acogedor.

-Gracias por la información- dijo el hombre con una sonrisa un tanto pesarosa- creo que a mi edad cuesta aún más acostumbrarse a esos cambios de horarios.

"lo olvide completamente" debido a su apariencia cualquiera podría tener confusión acerca de su edad. Aquel señor podría fácilmente decir que estaba en sus treinta y cualquiera le creería. Pero la verdad era que ya estaba cerca de los sesenta. La limusina ya los esperaba frente al aeropuerto cuando ambos salieron, Souseiseki y su acompañante se montaron y la doncella al volante puso el vehículo en dirección a la mansión.

-cierto. Ahora que lo recuerdo, ustedes habían venido a este país para conocer a un joven- el hombre comentó como si el tema recién se le viniera a la cabeza, pero Souseiseki sabía que era su forma de entrar de lleno en los temas que le interesan.

-así es. El joven en cuestión se llama Jun sakurada. Padre nos había dicho que era una persona con talento para la alquimia. Pero que carecía del conocimiento necesario.

-y como han estado llevando las cosas.- el hombre se acomodó en su asiento. Al parecer estaba muy interesado en el tema.

-Shinku decidió que lo mejor sería que nosotras le enseñáramos todo dese el principio. Así que cada una ha intentado guiarlo por distintos niveles-

-dices que han intentado, debo suponer que no ha avanzado mucho ¿correcto?-

-así es. Varias cosas han pasado y se ha visto muy confundido. Por lo que no ha podido dedicarse de lleno a esto-

-era de esperarse. A decir verdad no esperaba que avanzara rápido. Pero lo que no avanza en cuestión de conocimiento lo lleva por otras partes- Souseiseki no podía negarlo. Desde que se habían conocido con Jun, la alquimia se había vuelto mucho más tangible para ellas.- Tu padre me contó que ya habían hecho contacto con Elizabeth. Cuéntamelo todo con detalles por favor- Souseiseki le contó todo lo que había escuchado de parte de Hinaichigo y Kanaria sobre Elizabeth y sus encuentros con ella.

-ya hablé con Shinku, y lo único que se puede sacar de esto es que Elizabeth también está interesada en Jun- Souseiseki aún se sentía extrañada por lo sucedido con Hinaichigo y Kanaria, pero no había otra conclusión que se pudiera sacar.

-y tu ¿no has intentado acercarte a él para conocerla?- le preguntó su acompañante.

-no. me he dedicado solo a observar y esperar ver qué sucede. Por ahora me interesa más lo que puedan llegar a hacer mis hermanas- sonrío con algo de picardía- creo que la situación se puede poner muy entretenida alrededor de él.

-ya veo- respondió el sonriendo de la misma forma- bueno eso no es algo en lo cual me deba inmiscuir. Pero si me interesaría conocerlo lo antes posible.

Souseiseki, al igual que sus hermanas, sabía que el debió ser uno de los más interesados en conocer a Jun "si no es que ya lo conoce" esto le daba curiosidad y le sembraba algunas dudas. Pero aun así decidió ayudarlo en todo lo que pudiera.

-mañana tenemos clases. Si lo desea por la tarde, mientras Shinku está en su casa con él, podremos ir a visitarle.

-esa es buena idea. Así dispondría de la mañana libre para conocer un poco la ciudad- el hombre le dio una sonrisa un tanto frágil- por ahora me gustaría ver a tus hermanas-

"no. en realidad quieres ver a Shinku" Souseiseki sabía que los socios de su padre confiaban plenamente en ella, a tal punto de que mantenía informada de todas las decisiones que tomaban entre los tres "no dudo que ella sepa todo lo relacionado a Jun". Sin embargo, durante el tiempo que vivió con él, aprendió que muchas veces la persona que guarda silencio, aprenden a escuchar a las paredes hablar.

Jun se encontraba en su cuarto repasando las lecciones de la tarde por parte de Tomoe y Shinku. También tuvo que soportar las caras enojadas de Suiseiseki y las bromas de su hermana al verlo siendo regañado por sus compañeras; además, ya cuando se despedían, Kanaria y Hinaichigo habían venido a verlo, y de paso, regalarle un libro.

-una historia muy linda sobre un gran alquimista- había dicho Hinaichigo.

-además una historia que todo aspirante de alquimia debería leer- añadió Kanaria.

Dejó a un lado los libros donde tenía los apuntes de la tarde y tomó el libro que le habían regalado. El príncipe, era el nombre del libro al parecer era un cuento sobre un príncipe en la época del renacimiento. No era precisamente una historia muy llamativa pero serviría distracción de sus deberes. En la primera página, había dibujado un hombre sentando en un jardín. La imagen era en cierto modo llamativa; no sabía cómo definirlo, pero era como si esa imagen ya la hubiese visto en algún momento. Cuando estaba por pasar de página su celular dio la alerta de mensaje, tomó su celular y miró el número; hace varios días no recibía nada suyo y llegó a creer que en verdad era spam, pero al parecer estaba equivocado.

R.G.: tienes el libro en tu mano?- decía el mensaje. Jun no supo cómo se enteró del libro o si hablaba de otro libro pero decidió seguir el juego.

: si estaba a punto de leerlo.

R.G.: Es una historia muy bonita; algo triste, pero creo que eso es lo que la hace llamativa. Después de todo ambos compartimos un gusto por lo sentimental.-Jun no respondió, no sabía que es lo que esta persona quería, y no sabía cómo tratar con ella.

R.G.: Bueno espero que estés listo para leerla; esta historia está diseñada especialmente para ti y creo que deberías mentalizarte un poco. Otro detalle que debes saber, el conejo blanco ya está aquí.- Jun se mostró extrañado según había entendido el conejo blanco era como le decían a un conocido del padre de Shinku y sus hermanas que venía a visitarlas. No entendía como esa persona sabia acerca de eso pero eso lo puso en estado de alerta.

: quien eres, y como sabes eso.

R.G.: Simplemente lo sé. Aunque eso no es lo único que sé. También conozco a la niña que aparece cuando estas con las chicas rosenkreuz. Y también sé que no sabes nada de lo que está pasando.

: lo de la niña no es difícil saber si conoces a alguna de las hermanas rosenkreuz. Además, lo de que no sé nada tampoco es complicado de saber si te percatas de lo perdido que estoy cuando ellas me hablan.

R.G.: bueno, veo que tienes dudas acerca de mí pero te ayudare. Para empezar dime Jun, que hacías unos días antes de volver a estudiar.- no era algo que a Jun le gustará recordar, aun así respondió con sinceridad.

: Antes de retomar las clases estaba viviendo una alegre vida de Hikikomori-

R.G: Cierto. Pero recuerdas exactamente qué hacías?- Jun lo pensó por unos momentos pero el recuerdo vino fácilmente a su memoria.

: Navegar en internet, dormir y comprar cosas en línea. Creo que así podría definir mi vida en eso días.

R.G.: no te negaré que existió en algún momento un sakurada Jun que tenía esa costumbre. Pero desafortunadamente tú no eres ese Jun.

: a que te refieres exactamente- aquella declaración lo alteró completamente. No tenía sentido lo que decía pero al percatarse de los detalles perdidos en su memoria pensó en que ella podría saber lo que en verdad ocurre "aunque no tiene sentido lo de que yo no soy ese Jun, solo existe un sakurada Jun ¿o no?"

R.G.: te gusta dibujar?- la pregunta lo tomó por sorpresa. Cierto que debido a su hobbies tuviera algo de practica para el dibujo, pero jamás podría decir que era su pasión.

: no se me da mal dibujar, pero no es algo que me llame mucho.

R.G.: bueno, ya es muy tarde y debo retirarme a descansar. Pero antes te recomiendo que le eches un vistazo a tu viejo block de dibujo. Buenas noches.

Jun no se molestó en responder el mensaje y empezó a buscar su viejo block de dibujo, Lo abrió cerca de la mitad y pagina por página empezó a revisarlo. Los viejos dibujos le recordaban la razón de haber dejado la escuela, pero para su sorpresa, no tenía ningún sentimiento de infelicidad referente a eso "¿en verdad hay otro Jun que sienta eso?" se preguntó al ver su estado de ánimo.

Una a una fue pasando las paginas en busca de algo desconocido hasta que al fin encontrar algo que le llamo la atención. Un dibujo en el cual se mostraba una muñeca con los ojos cerrados; sin embargo, la muñeca se le hizo familiar "no puede ser cierto"