Notas del autor: Sean bienvenidos a un nuevo capítulo de mi proyecto, Judas, agradezco mucho a las personas que se han dado el tiempo de darle una ojeada, y muchas gracias a las personas que aparte de leer, me han dado un poco más de su valioso tiempo dejando un review, en verdad se los agradezco. No he tenido suficiente tiempo de escribir por temas de instituto (Estoy a casi un año de titularme), sin embargo eso no me ha impedido formar ideas en mi cabeza y plasmarlas por aquí y por allá (Agradezco siempre andar con lápiz y papel a mano).

Haré una pequeña aclaración con respecto a nuestros personajes que, en este caso, son artistas, unos más conocidos que otros.

Cada uno tiene un nombre clave distintivo, ya sea por cuestión de imagen en sus proyectos o por protección de su nombre, y con ello, su vida real. A algunos simplemente le importarán una mierda que ya tengan en la mira su nombre y parte de su vivir en conocimiento público, más ese no es el caso de Orihime/Vermouth, quien si se habrán dado cuenta, está empeñada hasta en forzar su imagen y esencia para no ser descubierta, más en estos momentos no tengo la intención de aclarar la razón.

Vamos a lo nuestro, sigan disfrutando de este pequeño proyecto.

Advertencia: Puede llegar a haber contenido sexual explícito, lenguaje vulgar u obsceno, entre otros. Los personajes pertenecen a sus autor correspondiente, nada es mío más que la historia.

Cuando las campanas se funden con el silencio.

Todo estaba listo para recibirles, incluso aquello que ellos deseaban evitar, la prensa. Orihime sentía los nervios a pleno en su estómago, mas cuando Rangiku y Tesla tomaban de sus manos, estos desaparecían. Sabían que a pesar del tiempo ella era la misma chica dubitativa que había cruzado por la puerta de aquel estudio cargando una guitarra negra a sus espaldas.

Agradecía una y otra vez el haber cruzado su camino con gente tan formidable que, incluso si apenas estaban libres para descansar se acompañaban en sus presentaciones como un pilar de fuerza. Iban a abrirles la puerta, no había segundo para dudar en salir.

—Confía en mí, todo saldrá bien, no voy a dejarte caer, después de todo, estamos juntos en esta obra.— dijo el castaño mientras acariciaba suavemente su mano con el pulgar.

—Nunca habría probado un fruto tan sublime como la ópera de no ser por ti, Bourbon, si tú saltas, yo salto.— dijo la pelirroja mientras entrecerraba los ojos dulcemente.

—La gente nunca recordará otra presentación de Madama Butterfly, seremos los mejores y haremos historia a partir de hoy.— aparte de sus palabras, le entrega una confiada sonrisa.

—¡Esperen, no se olviden de mí, malvados!— les gritó una celosa Rangiku.

—¡Lo sentimos Kirsh!— le respondió el dúo a fuertes carcajadas.

—Ya van a ver...

¡Clack!

Se produjo un silencio seco, ahí estaban, dejándose ver lentamente a través de a puerta; periodistas absteniéndose de brincar como hienas hambrientas a sus presas, guardias manteniendo el margen, público en plena euforia.

La primera en salir fue Rangiku, a pesar de ir como acompañante, no pasaba desapercibida para los asistentes, después de todo, ella era una Popstar reconocida de un extremo al otro en Japón. Los gritos y el mar de flashes dirigidos a la protuberante mujer no se hicieron esperar, sin embargo, Ran no perdía los hilos y caminaba hacia adelante con su habitual elegancia y sensualidad mientras saludaba, robando el aliento de muchos seguidores con tan solo una mirada.

—Nunca pierde el tiempo, ni su toque, eh.— sonreía resignado, enviar a Rangiku primero, era intensificar aún más las llamas.

—Normal, ya estoy acostumbrada a ver esto, Ran es Ran después de todo. — sonreía muy congraciada ante tal comentario. —Nuestro turno.

Tesla decide salir, todo el ambiente enmudece, parecía como si el tiempo se hubiera detenido, la gente, quien iba a darle la bienvenida, quedó perpleja ante su veloz actuar. Ya fuera del vehículo, en vez de seguir adelante se voltea y se arrodilla en dirección al vehículo mientras extendía su mano.

Hermosa, grácil y delicada, revelando su presencia ante la luz del día, tomando la mano de un gran hombre dispuesto a cubrirla y defenderla a capa y espada. El público ya no aguantó más y rompió histérico entre aplausos, gritos y hasta llantos.

Parecían haber sido sacados de un cuento, Tesla se puso en pie, ofreciéndole el brazo y Orihime aceptando, comienzan a avanzar. El mar de flashes seguía siendo algo incómodo para la pelirroja, pero ya no importaba estando en tan buena compañía. La gente había sacado hasta carteles, no pudieron evitar reír por lo bajo al ver a una chica portando un cartel que decía "I SHIP IT". Si conocieran la verdad sobre Tesla...

—Luego me tratas de escandalosa, si te has lucido.— decía mientras aplaudía contenta la rubia .

—De vez en cuando hay que superar al maestro.—

—Chicos...—

La puertas se cerraron a sus espaldas, apenas podía oírse a la gente fuera, fue entonces cuando se escucharon pasos en dirección al trío y estos fijaron la vista al frente.

Más que justo a tiempo, un hombre de cabellos y ojos castaño oscuro les esperaba, vistiendo un smoking negro el cual le otorgaba aún más una presencia elegante y a la vez imponente.

—Me agrada su sentido de la responsabilidad.— arqueó levemente una de sus cejas. —Han mejorado con el tiempo.

—Vamos viejo, estamos unas horas antes de lo que has pedido, podrías relajarte un poco. ¿No crees?— bufó la rubia mientras se cruzaba de brazos y fruncía el ceño.

—Y tú podrías dirigirte a mí de un modo más respetuoso, eres incorregible Matsumoto— dijo a la vez que levantaba la mano haciendo un gesto despreocupado que mostraba a la rubia total desinterés de entablar una discusión.

—Señor... — interrumpió Tesla. —Estamos listos.

—Me parece bien.— respondió secamente para luego indicar con su mano hacia un pasillo algo estrecho. — El área está asegurada, vayan a que los cambien y maquillen.

Ambos asintieron y se pusieron en marcha, pero el hombre de cabellos castaños detiene levemente a la pelirroja.

—Inoue...—

—Dígame señor.— dijo deteniendo su andar y volteandose hacia él.

—He acomodado todo para que esto no quede descubierto.— señala su cabello. —Puedes estar tranquila.

—Agradezco el cuidado que mantiene sobre mí y mi imagen, mi señor.— dicho esto retoma su andar.

Y entonces quedan solos, Rangiku y Aizen, fue entonces cuando la rubia decidió evitar tensión alguna cortando por lo sano.

—¿Cuánto tiempo va a seguir así?— le espetó la rubia.

—El tiempo que crea ella que es necesario, yo me encargo de su carrera, no de ser su psicólogo. Ella ha decidido confinarse bajo ese aspecto y esa identidad, no tengo muchos detalles del motivo por el cual no quiere ser descubierta; no me importa, mientras siga rindiendo de esta forma, yo estaré contento y le concederé lo que ella me pida.— le respondió el castaño fríamente.

—No te importa en lo más mínimo, sólo te importa cuánto puede darte el producto al cual estás dando forma, eres repugnante.— soltó acompañado de un gruñido que al mismo tiempo generó una mueca de descontento total.

—Como todo dueño de una industria musical, no te sorprendas, tú menos que nadie, ya son cinco años mi estimada.— le aclaró mientras le daba su mejor sonrisa, lo cual hizo que a Rangiku se le pusiera la piel de gallina.

—No tienes que recordármelo, tampoco es que sea una desagradecida.— dijo mientras dejaba ir un suspiro de resignación, es verdad, el era una mierda, pero también la había sacado de la suya propia, quizás no era tan malo después de todo, o de eso trataba de convencerse al menos.

—Entonces...— dejó ir manteniendo su misma indiferencia.

—Olvídalo, no tiene caso seguir con esto.— es entonces cuando le da la espalda y comienza a poner marcha hacia el lugar donde estaría observando a sus amigos.

Orihime era una niña en el fondo, Ran habría hecho lo que fuera para ayudarla, pero no debía excavar más de lo necesario en su vida si no le era permitido. La pelirroja tenía miedo, de que precisamente no sabía, y le fastidiaba.

Pero tampoco podía ser tan hipócrita, como podía esperar que confiase plenamente en ella su pasado y sus temores, si ella tampoco había hablado de su antiguo infierno y de los miedos que ya había aprendido a guardar bajo siete llaves.

Llegando a su asiento, se desliza en este lentamente, como si hubiera tenido que caminar diez kilómetros para llegar, tomando una bocanada de aire y soltando un lento pero extenso suspiro.

—No tiene por qué seguir cargando una máscara tan pesada, espero que sea libre un día de estos... —

—Lo dice quien estuvo escondida como rata por lo menos como unos tres años y medio, más o menos, no tengo que recordártelo siempre, ¿verdad?.— escupió bruscamente a la vez que se sentaba a su lado; un peli azul con un peinado hacia atrás medio alborotado, ojos del mismo color y con la apariencia filosa como las cuchillas, vistiendo una camisa blanca desabotonada hasta un poco más abajo de sus marcadas clavículas, en vez de llevar humita o una corbata normal llevaba una correa con púas al igual que su cinturón, pantalones de tela blanca y zapatos negros con terminación en punta. Cruzaba sus piernas despreocupadamente mientras clavaba su penetrante mirada en la rubia.

—Así que ha venido el gatito también.— le sonrió de forma burlesca. —Deberías centrarte en tus propios asuntos.— dijo mientras le ofrecía su mejor cara de seriedad.

—¿Lo mismo va para ti, no? Déjenla en paz, ella sabrá cómo vivir en este ambiente.— dicho esto, quitó la vista de Ran y fijó su vista al frente.

—Como si la conocieras mejor que cada uno de nosotros, solo eres un...—

—Le conozco un poco más de lo que ustedes y ella pueden imaginar.— le interrumpió y finalizó la conversación dejando entrever una sonrisa medio ladeada.

Mientras esperaban el comienzo de la función con un incomodo silencio, a unos asientos distantes una figura blanca y estilizada, de cabellos negros se sentaba tranquilamente sacando un reloj de bolsillo, ya casi era hora.

... ... ...

El personal corría de un lado a otro, tramoyas cuidando de que no se estropease ningún elemento de la escenografía, estilistas dando los últimos retoques al elenco y la mayoría del último grupo mencionado, haciendo calentamientos para no desafinar en medio de la obra.

Los nervios de Orihime ya se habían esfumado por completo, Vermouth se había unido al juego y ya estaba lista para la acción.

Tesla estaba ensayando sus expresiones a su lado, frente a un espejo; que perfeccionista que era, el nunca quería regalarle algo mal forzado a sus espectadores, Orihime en verdad le admiraba por su excesiva devoción a su público, y por ello iba a responderle a la misma altura.

—Todo va a salir bien, eres el mejor.— le sonreía frente al espejo mientras le daba una suave palmada en su hombro.

—Lo sé.— le devolvió la sonrisa. — Y para el mejor Pinkerton de la historia, la mejor Cio-Cio San de la historia.— dijo mientras le abrazaba y la hacía dirigir su mirada al espejo. —Eres perfecta Hime-chan, como si el mundo real te hubiera secuestrado de un libro, o de alguna majestuosa pintura.—

—Basta ya.— le pidió mientras escapaba de ella una risa muy tímida. —Vas a hacer que me ponga tan roja que ni el maquillaje va a poder ocultarlo. Estoy muy feliz de compartir el mismo escenario contigo, Tesla.— finalizó mientras entrecerraba sus ojos y le entregaba una sonrisa.

Justo en ese momento comienzan a sonar las primeras campanadas de un templo cercano al teatro.

—Es tan hermoso.— suspiró la pelirroja.

—Y va a ser mucho más hermoso cuando veas y escuches el espectáculo de cerca, pero hoy no, ya es hora Hime.— interrumpió sutilmente el castaño mientras le daba palmaditas en el hombro a su compañera para romper el hechizo de las campanas

—Si.— acató entre risas.

En ese instante llega una persona avisando a todos que deben ir a sus puestos, todos se dirigen a paso veloz. Mientras tanto, del otro lado del telón, la gente está impaciente por la obra que va a comenzar.

—Si alguien se cae, empezaré a pensar que esta obra promete más de lo que especulan. — bufó el peli azul.

—A callar Grimmjow.— le advierte la rubia.

—Ahora no es momento para comportarse como si estuvieran en una guardería.— sentenció Aizen, quien estaba sentado a la izquierda de Grimmjow.

Fue en ese instante que la luz se esfumó, dando paso a otras que solo se enfocaban al escenario; dejando ver claramente lo que sería una antigua minka* situada en una colina de Nagasaki, de aspecto rustico como las de los siglos XIX/XX, pero con bellísimos detalles y cerezos artificiales muy bien hechos a sus costados.

...

El primer acto se desenvolvió de forma normal, una que otra risa forzosamente silenciada se escapaba de la boca de algunos espectadores ante el pretencioso y descarado papel de Tesla, quien encarnaba a Pinkerton como si fuesen uno mismo; aparte de cantar muy bien, se desenvolvía en su papel a la perfección e invitaba a reír al público cuando interactuaba con quien representaba el papel del casamentero Goro.

Después de unos gratos momentos frente al inicio de la obra, por fin llega el momento esperado donde Orihime hace su aparición representando a una joven quinceañera hermosa pero a la vez ingenua que cree que su matrimonio será para toda la vida, mientras que el novio solo le ve como una aventura en lo que encuentra una esposa adecuada de su nación. El público no puede evitar suspirar ante ello, como si Butterfly hubiera estado esperando por años a ser representada por alguien como Vermouth, si tan solo los presentes supieran cuanta similitud habría entre Butterfly y la artista que había frente a ellos, seguramente habrían explotado en lágrimas compartiendo los dolores pasados.

Durante el transcurso de la obra, se escuchó la segunda ola de campanadas para variar, justamente en el momento en que la joven es maldecida por su tío por haber hecho conversión del Budismo al Cristianismo y casarse con un estadounidense; las campanas siguen sonando mientras los asistentes a la boda de Pinkerton y Butterfly abandonan como ordena el monje budista, a la vez que reniegan de la novia. El sonido de las campanas desapareció cuando la pareja se casa de todas formas y dan lugar a su apasionada y primera noche de amor. La gente despedía el primer acto con aplausos recatados para no destrozar el momento, estaban encantados con la interpretación del dúo, "Viene la sera" había sido un éxito interpretada por ambos.

En el siguiente acto, el público liberó un mar de conmoción; personas sufriendo ante la espera de Butterfly por Pinkerton durante tres años a pesar de que su doncella Suzuki insiste en que no volverá, las insistencias del casamentero Goro para que vuelva a contraer matrimonio y la visita del cónsul americano que trae una carta que podría hacerla marchitar, y al igual que los otros dos trata de persuadirla para que se case nuevamente. El público estaba boquiabierto en su mayoría, esperando el siguiente movimiento de Vermouth.

Mas la protagonista les quita el aliento, ante su revelación donde le dice al cónsul que ha tenido un hijo de Pinkerton y se los devuelve convertido en un mar de lágrimas cuando toma a su hijo en brazos comienza a cantar su dolorosa aria "Che tua madre dovrá".

Lágrimas vienen y van, pero no solo de los espectadores, quizás, muy en el fondo, la misma Orihime se encontraba llorando ante aquella escena, pero como ha decidido no permitirse llorar y llevar a toda costa su profesionalismo, prefiere entregar sus lágrimas en dolorosas tonadas para la gente y esta las acepta respondiendo entre lágrimas, llorando en su lugar.

El segundo acto es cerrado por una Butterfly feliz al creer su amor triunfante, después de ver el barco de su amado en camino; pidiendo y ayudando con su hijo Dolore a su doncella a decorar la casa con flores, debido a la promesa del regreso de su amor en primavera y esperan toda una noche la llegada de este.

El tercer acto es el más fatal, puesto que si bien Pinkerton ha vuelto, ha sido en compañía de su nueva esposa, quienes una vez conocen de la existencia de Dolore, deciden llevárselo a América. Es entonces cuando la gente queda perpleja ante la reacción de Tesla frente a la minka* decorada completamente con flores; actuando como Pinkerton, quien admite haber errado y ser un cobarde y no tener cara para hacerle frente a Butterfly sale corriendo, dejando tras de sí la escena y un público sorprendido y el cual aplaude su desplante.

Rangiku estaba hecha un mar de lágrimas, mordiendo su pañuelo con una dolorosa expresión por la obra, estaba orgullosa y muy feliz de ver triunfar a Tesla y Orihime frente a millones de personas, Aizen se veía totalmente satisfecho ante el trabajo de sus artistas y Grimmjow tenía una expresión de estar harto de tanto drama, el pobre se había prometido negarse con más convicción en el futuro ante Aizen para que no le hiciera asistir a obras tan corta venas, definitivamente era un rollo con el que no quería familiarizarse.

Finalmente el público ve a una Orihime, quien resignada ante la noticia que le es dada por el cónsul, su doncella y la nueva esposa del marino, se muestra conforme con entregar al niño si su marido viene a verla; mientras se le ve pidiendo perdón ante una estatua de buda, se decide de su hijo tapándole los ojos y se retira a sus aposentos.

Es entonces cuando se hace presente la tercera ola de campanadas. "¿Cuantas más van a haber?" se decía a sí misma, sorprendida para sus adentros. Justamente para la escena donde decide quitarse la vida con la cuchilla de su padre, que ironía, las campanas anunciaban el fin de Butterfly.

Cierre del telón, luces que se apagaron y la gente levantándose gritando, llorando y aplaudiendo, todo al mismo maldito tiempo, el show había sido un éxito.

Para cuando volvieron las luces, estaba todo el elenco bien formado y tomados de las manos, en medio de todos, Orihime y Tesla, conocidos como Vermouth y Bourbon, se habían convertido en las estrellas más brillantes de aquel día. El público aplaudía aún con mucha más fuerza, retumbando hasta el último rincón de aquel teatro.

...Una hora después...

Corriendo desesperadamente entre los pasillos internos del teatro como si su vida dependiera de ello, Orihime simplemente no podía creerlo, entrar como ama y señora a su nuevo templo y salir de este como fugitiva, pero ya era como el pan de cada día.

Aizen les había advertido salir lo más pronto posible, más por Orihime que por Tesla; últimamente mucha gente de la prensa intentaba descubrir su identidad y no dudarían traspasar su espacio personal para descubrirla, Tesla en cambio podía caminar mucho más tranquilo, su nombre real y parte de su vida personal ya estaban en manos de la prensa y el resto de la ciudad, aunque poco le importaba. Que envidia, pensaba Orihime mientras corría, pero ella no podía darse el lujo de revelar su identidad, simplemente no podía.

Sentía que ya no podía más, y eso era un peligro, teniendo un par de paparazzis corriendo detrás de ella, los demás se habían rendido, pero parecía que estos tenían pila de sobra.

—¡Jodidos buitres, déjenme en paz!.— gritaba mientras corría.

—¡Solo queremos que nos dé algo de su tiempo señorita Vermouth, por favor deténgase, no tiene otra opción!— le gritaba uno de los hombre que la seguía.

—¡No estoy obligada, me niego, me niego rotundamente y si tengo opción, seguir corriendo, bola de acosadores!— respondió con ira a aquel hombre.

La pelirroja estaba casi al límite, y para variar corriendo con tacones altos. Se maldijo una y otra vez por no haber elegido algo más cómodo, con ese ritmo, eso le dolería un montón las horas siguientes; pero ese no era el problema ahora, no, el problema ahora eran los gorilas que la perseguían.

Era el fin, se estaba agotando y no se formaba una idea en la cabeza de como despistarlos, pero de pronto todo se volvió muy confuso, unos brazos la atraparon y la arrastraron a una sala oscura, ni siquiera pudo reaccionar hasta que intentó gritar de pánico.

—Guarda silencio mujer.— dijo una voz ronca al mismo tiempo que con una mano le tapaba la boca. —Si gritas estás muerta, ya que no quieres enfrentarlos.— advirtió aquel hombre, quien tuvo como respuesta a una mujer moviendo la cabeza en señal de negación más lo que interpretó como un gruñido. —Te quitaré la mano de la boca, no grites y sígueme.— después de esto la soltó y se dio media vuelta.

Cuando Orihime fue liberada, esta se volteó en dirección al hombre, mas no pudo distinguir quién era, debido a la falta de luz, pero podía ver algo de su oscura silueta dirigiéndose a una puerta, seguramente. Iba a abrir la boca para preguntarle quién era, pero se retractó al recordar la petición de ser silenciosa y se limitó a seguirle.

Cuando atravesó dicha puerta, el hombre que se encontraba con ella arrastró algo que selló la vía por la que había pasado hacia quien demonios sabe.

—Un pasadizo secreto, quien lo habría imaginado.— se atrevió decir con gran sorpresa. —¿A dónde nos lleva?— preguntaba con gran curiosidad a lo que podría considerar como... su salvador o algo así, también podría haberlo visto como su secuestrador debido a su reciente acto de tomarla en contra de su voluntad, pero le estaba salvando el pellejo, tampoco podía ser injusta con él.

—Hacia lo alto, por ahora no podemos salir del teatro, sería un suicidio, hay muchos buitres de la prensa por todas las salidas, saben que no has podido salir de aquí.— le comentó indiferente.

—¿Y tú por qué me ayudas?— le dijo un tanto desconfiada.

—Yo odio a esos carroñeros de mierda tanto como tú, no me malentiendas, no tengo otras intenciones, mujer.— le aclaró.

—Oh... — se quedó sin palabras, le había pillado.

—Sígueme, no podemos quedarnos aquí por siempre, tenemos que subir las escaleras.— entonces se detuvo, para voltearse hacia la chica y agacharse. —Voy a quitarte esos tacones, ten cuidado.— dijo tranquilamente.

—¿Qué?— soltó muy sorprendida.

—Has estado corriendo un buen rato con zapatos tan incómodos, lo lamentarás si sigues así, ha sido mucho por hoy.— le argumentó severamente.

—Oh, bueno, si lo ves de ese modo... ¡Oye!— mientras le contestaba se ha dado cuenta de que ha pasado de ella y le ha quitado uno de los zapatos de tacón. —Eres un atrevido de lo peor...—

—¿Así te diriges a quien te salvó el pellejo? Mejor guarda silencio.— le cortó junto con un gruñido de claro disgusto.

Ahora, más atenta, Orihime pone más atención al tacto del hombre, quien le quitaba el segundo zapato, tenía un tacto delicado, como si estuviera tratando con el cristal más frágil que jamás hubiesen tocado en la tierra. Orihime casi pudo sentir un cosquilleo que le hacía estremecer por un segundo.

—Ten, no pienso cargarlos el resto del camino.— dijo haciéndola sostener sus zapatos con una de sus manos.

— ... Nunca te pedí que lo hicieras.— dijo con desagrado, ahora estaba molesta, descalza y cogiendo sus zapatos en una de sus manos.

Había cortado aquel momento con su actitud, tan fría como un iceberg; pero volvió a tomarla por sorpresa, ahora le estaba cogiendo la mano que le quedaba libre para guiarla, cuando simplemente ella podría haber ido detrás de él. No podía entender en absoluto a su salvador, era brusco y sutil, tan cambiante como el clima.

Estuvieron mucho tiempo subiendo escalones, fue una muy buena idea dejar de usar sus tacones, le habría ido fatal, y eso que ya estaba recibiendo el cobro de su carrera pasada con ellos. De pronto llegaron al final de las escaleras, estaban en medio de una sala; entonces su mano es liberada y el hombre se aproxima a abrir una puerta, sin embargo se detiene.

—Adelante. — le ofreció.

—¿No vas a abrirla completamente?— dijo extrañada.

—Te concedo el placer verlo primero, yo en cambio, ya he estado cientos de veces aquí.— le respondió a la curiosa mujer.

Entonces Orihime se aproxima a atravesar dicha puerta, para encontrarse con la vista más hermosa. Estaban en la cima del teatro, en la estructura que parecía ser una torrecita a la que nadie podía acceder, incluso si no se acercaba a los extremos de la cercada estructura, podía ver claramente todo lo que le rodeaba, era tan hermoso, y también pudo ver la iglesia de donde provenían las campanadas.

—Te ha gustado, que bien, disfrútalo en lo que hacemos tiempo para huir de aquí, en cuanto se disuelva el infierno.— dijo mientras salía a la luz.

—A pesar de que eres muy borde, te lo agradezco.— dijo mientras soltaba un suspiro. —¡En verdad, te lo agradezco!— dijo a la vez que se giraba esbozando su mejor y más hermosa sonrisa para su salvador.

Grande fue su sorpresa al verle, eran las mismas esmeraldas que había visto de camino al teatro, como si estuviera hipnotizada, se acerca lentamente al misterioso hombre y llevando sus manos a el rostro de este, por un segundo pareció haberle visto sorprendido ante su actitud, pero ahí estaba, tranquilo como una estatua.

—¿Q-Quién eres tú?— preguntó al hombre, manteniéndose estupefacta.

—Schiffer... Ulquiorra Schiffer.— sentenció el hombre.

—No eras un sueño, Ulquiorra...— dijo en voz baja.

Y entonces resonaron por cuarta vez, las campanas se hicieron presente en aquel momento, en aquel lugar. Todo parecía apuntar a algún tipo de presagio.

1 de Diciembre, Karakura, Teatro Karasu, 4:40 pm.

Continuará...

Espero que disfruten este segundo capítulo, he escrito un poco más para compensar el tiempo que me ha tomado en actualizar, malditos parciales, una vez más, mis disculpas.

.-Minka* son las antiguas casas tradicionales de Japón, o más bien dicho, casa de plebeyos.

Con respecto a los reviews, me encantaría revelar quién es nuestro villano rompecorazones, pero prefiero tomarles por sorpresa, espero puedan perdonar mi maldad jaja.